Adiós, Paul, y gracias

Cine

Si tenemos que dar una característica propia de Paul Newman como actor, no es que fuera capaz a lo largo de su carrera de dar vida a un personaje que todos quisiéramos ser. Fue capaz de dar vida a muchos personajes que todos quisiéramos ser.

Si me dan a elegir, yo quisiera tener la pierna rota y acabar enamorándome de una inmensa, sensual y salvaje Liz Taylor. Pero tampoco me importaría ser un indomable. O asaltar bancos con un buen colega. O un viejo detective al que le entran picores otoñales con Susan Sarandon. O ser un viejo gángster, ya al final de su vida,… O un pícaro timador… O… lo que fuera.

Muchos han dicho o han sugerido que Paul Newman sería mejor considerado como actor si no hubiese sido tan guapo. No lo sé. Pero sé que si entre las mujeres gustaba como hombre, eso no impedía que los aficionados al cine más masculinos lo quisieran también. Le llegabas a perdonar que la chica que te acompañaba a la sala de cine fuese por el actor y no por la película. Con distintas motivaciones, tú también ibas por el actor y no necesariamente por la película.

Creo que es absurdo hablar mucho más. Sólo dar las gracias a este inmenso actor, y recordar que siempre nos quedarán sus películas, en las que seguirá siendo inmortal. Como tantos en el cine.

Paul Newman trabajó con Hitchcock en Torn Curtain (Cortina rasgada), y sus andanzas lo llevaron a la Alemania Oriental, que de alguna forma empezaba en la Puerta de Brandemburgo de la capital alemana, lugar donde se tomó la foto de hoy.

"Soldado soviético" en la Puerta de Brandemburgo

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