Libro: El nombre de la rosa

Literatura

stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

El verso latino con el que encabezo esta entrada es el que a su vez cierra el libro que hoy voy a comentar. Por primera vez comento una relectura de un libro. Leí por primera vez la más celebrada novela del alessandrino Umberto Eco cuando tenía unos 22 ó 23 años. Recuerdo que un amigo lo iba leyendo mientras realizábamos un viaje interminable, un viernes por la tarde, entre Zaragoza y Jaca en el entrañable canfranero. Era la segunda vez que lo leía; decía que tendría que hacerlo varias veces para sacarle todo el jugo. A las pocas semanas, me hice con un ejemplar y lo leí. Siempre supe que, efectivamente, leerlo una vez no bastaba. Pero también supe que para sacarle el jugo adecuado, había que adquirir un bagaje de conocimientos históricos y culturales, que en ese momento no tenía. No sé si ahora los tengo, pero se presentó la ocasión y lo he vuelto a leer. Y aquí va lo que opino.

El nombre de la rosa
Umberto Eco
Círculo de lectores; Barcelona, 1984
ISBN: 8422616467

Nos encontramos en Italia, en noviembre de 1327, en algún lugar no revelado entre el centro y el norte de la península, no lejos del mar, pero introducidos en las montañas, donde una abadía benedictina impone su ley sobre los territorios circundantes, y su influencia política sobre distintas facciones de las luchas entre el papado de Aviñón y el emperador del Sacro Imperio. Estamos en la Baja Edad Media, y ya el Renacimiento empieza a asomar en la península italiana. Es un periodo de crisis, y tanto las estructuras políticas como religiosas que han cohesionado Europa tras la caída de la civilización clásica se tambalean. Las ciudades surgen, los idiomas vernáculos triunfan, y las nuevas ideas se transmiten con mayor facilidad. Hacía la abadía se dirige un franciscano inglés, Guillermo de Baskerville y su ayudante, Adso de Melk, un novicio benedictino de familia noble alemana que actúa como su secretario. Es este último quien narra la historia en primera persona. Al llegar a la abadía, donde se va a celebrar un encuentro político de alto nivel entre representantes del papado, de los franciscanos y del emperador, el abad decide confiar en Guillermo la resolución del misterio de una muerte, que pronto son dos y aun más. Y todo ello, bajo el riesgo de que el encuentro político fracase.

Aunque con los años he adquirido mucho más conocimiento histórico y mucha más cultura que cuando tenía 22, no me consideraré capacitado para hacer reflexiones sesudas sobre los múltiples significados y referencias que encontramos en el libro. Para mí básicamente hay cuatro elementos de interés. Que no son pocos:

  1. Por un lado, el libro nos cuenta una historia de intriga en el que se homenajea a un personaje real, Guillermo de Ockham, y a otro ficiticio, Sherlock Holmes, en la figura del protagonista principal de la novela, el franciscano de Baskerville. Me parece una de las historias detectivescas más apasionantes que he leído nunca. Esto lo podría haber dicho ya la primera vez que leí el libro.
  2. Por otro lado, está la intriga política, con las luchas de poder entre papado, imperio y otros actores, que representan la dinamización de un periodo histórico, tras los años de relativa oscuridad que supusieron los siglos medievales. Sí, yo soy de los que opinan que estos siglos supusieron un paso atrás en la civilización occidental, un travesía en el desierto. Aunque se me enfaden los acérrimos defensores de este periodo. No obstante, considero también un periodo apasionante desde diversos puntos de vista.
  3. Es un fresco magnífico de la vida en la Europa occidental de aquella época, de su economía, de su política, de su paisaje, de sus costumbres. Se aprende mucho sobre cómo se vivía en aquel momento y sobre cómo eran sus gentes.
  4. Es un homenaje espléndido a la historia del pensamiento humano, de las interrelaciones de distintas corrientes filosóficos, del avance de nuestra especie en el conocimiento del mundo que nos rodea.

Por todo ello, no lo considero sólo un libro recomendable, sino que lo considero un libro fundamental, que debiera leer todo aquel que quiera presumir de un cierto amor hacia la literatura, hacia la historia y hacia el pensamiento humano.

Por cierto, el largometraje realizado en 1986, que habitualmente es tan bien valorado, incluso entusiásticamente, por muchos de los que lo han visto, a mí nunca me gustó. Ciertas concesiones al público y a lo comercial desvirtúan por completo la historia que el libro nos narra. Para mí es una película proscrita que nunca he vuelto ni no volveré a ver.

Danubio

El Danubio en Szentendre, Hungría; unos 300 kilómetros más al oeste, río arriba y en sus mismas orillas, se encuentra la abadía de Melk, desde la que Adso no cuenta esta historia de su juventud - Panasonic Lumix GF1, Leica DG Macro-Elmarit 45/2,8

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