[Viajes] Resumiendo en fotos mi escapada al sur de Italia (y algo más)

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Normalmente, mi entrada resumen de un viaje lo publico inmediatamente tras llegar del mismo. Pero ayer no estaba en condiciones de hacerlo, y por eso opté por reseñar la impresionante, por su tema y calidad, película surcoreana que vimos antes de las fiestas primaverales. El lunes llegué de viaje cansado, no me dio más que para descargar las fotografías al ordenador… y ayer por la mañana hube de trabajar. Y con otros líos, hasta ayer de parte tarde no pude ponerme a seleccionar algunas fotos para este resumen.

Empecemos por Bari.

A la capital pugliese, de la región de Apulia, Puglia en italiano, muy animada y dinámica con sus más de 325.000 habitantes, nos llegamos cuatro amigos, tres desde España y una desde Milán, para pasar unos días en esta interesante región del sur de Italia. La que conforma el tacón de «la bota» que es la península itálica, a orillas del mar Adriático. Allí establecimos nuestro alojamiento, confiando en los transportes públicos para desplazarnos. Dedicamos toda una mañana hasta primeras horas de la tarde a visitar el interesante casco histórico de la ciudad, incluyendo de paso una exposición dedicada a Banksy en el Museo Teatro Margheritta.

Por la tarde nos desplazamos a Polignano a Mare.

Esta ciudad pequeña de 17.000 habitantes situada a media hora en tren regional desde Bari, tiene un pequeño pero coqueto casco histórico de casas encaladas, colgado en unos acantilados sobre el Adriático. Este día confirmó la tónica del viaje. Por la mañana visita cultural, histórica y turística; por la tarde, paseo relajante en alguna localidad costera, con spritz y cena agradable.

El día siguiente nos desplazamos a Alberobello.

Una amplia barriada de esta ciudad de casi 11.000 habitantes, en el interior de Apulia, a unos 50 km de Bari, está formada por trulli; trullo en singular, que debe pronunciarse con un doble sonido ‘l’, no como ‘ll’ o ‘y’. Trul-li o trul-lo. Nada que ver ni conceptualmente ni etimológicamente con el «trullo» al que van los maleantes tras el correspondiente juicio en nuestro país. Estas edificaciones, que ya se pueden ver desde Putignano salpicando el paisaje rural apuliense, entre los olivos y los frutales, son una evolución de edificaciones conocidas desde la prehistoria, y están reconocidas por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad.

Y tras comer una deliciosa ración de focaccia farcita y un no menos delicioso helado con tres bolas de exquisitos sabores, nos dirigimos a la costa, a Trani, para pasar la tarde.

El interés de Trani, algo más de 60.000 habitantes, va más allá de ser un lugar agradable para pasear a orillas del Adriático. Tiene un casco histórico muy interesante, una catedral románica de blancas piedras muy maja, y se come bien. Pescado, pulpo… aparte de las delicias tradicionales italianas. Muy agradable atardecer, con una luz estupenda.

Al día siguiente, nos fuimos a Lecce, con casi 100.000 habitantes, más centrada en el tacón de la bota.

El barocco leccese o las chiese barocche de Lecce, iglesias barrocas, no son todavía patrimonio de la humanidad reconocido por la Unesco, pero están en ello y se encuentran en la lista tentativa para su inclusión en este listado. Con un billete único para su visita y con recorridos claros bien organizados, vas visitando la cuatro iglesias incluidas en el listado, más la catedral, lugar donde comenzamos la visita. El barroco no es mi estilo arquitectónico y artístico favorito. Disfruto más del románico de las basílicas y catedrales visitadas en Bari y Trani. Pero no obstante la visita es absolutamente recomendable, con paradas eventuales en torno al anfiteatro romano o a comer, algo que siempre resulta placentero en Italia. El escudo de la ciudad muestra su vinculación al antiguo reino de Sicilia y, por ende, a la Corona de Aragón. Vamos… como estar en casa.

Y aunque el tiempo estaba modorro, nublado pero sin lluvia, por la tarde iniciamos el regreso hacia Bari, con una escala en Monopoli, a orillas del Adriático, cómo no, como en las anteriores tardes.

Con un casco histórico que va siguiendo la orilla del mar Adriático desde el puerto hacia el sur, esta ciudad de 50.000 habitantes, estaba de lo más animada en la tarde del sábado, a pesar del nublado y del fresco de la brisa marina. No eran turistas. Era la gente del lugar saliendo en masa a pasear, a encontrarse en cada esquina con los parientes y conocidos, y a disfrutar de la gastronomía del lugar. Un muy mediterráneo estilo de vida.

Y al día siguiente tocaba ir volviendo. Tras las despedidas, siempre algo tristes, en el aeropuerto de Bari, entre quien volaba a Milán y quienes teníamos que regresar a la Península Ibérica tras una escala en Fiumicino, llegamos al principal aeropuerto de Roma con una escala de seis horas. Así que pillamos un taxi entre los tres, y salimos escapados hacia Ostia Antica.

Yo ya conocía el lugar, que visité hace cuatro años. Una lugar arqueológico, fuera de la ciudad de Roma, pero al que se llega tras un tranquilo trayecto en metro. Calculamos que podíamos hacer un desplazamiento rápido en taxi y otro más tranquilo en metro más tren para aprovechar adecuadamente el desplazamiento. El coste de ambos desplazamientos, para tres personas, es similar. Aunque en el aeropuerto es «relativamente» fácil tomar un taxi, mientras que en los scavi no. En realidad, no puedes tomar un taxi de la ciudad de Roma para ir a Ostia Antica. Tienes que coger un taxi de Fiumicino. Y llegan con cuenta gotas a su particular parada en el aeropuerto. No es llegar y salir. Pero lo hicimos. El lugar es muy agradable. Con bonitos pinos piñoneros ornamentales, y las pulcras ruinas que tienen una afluencia de visitantes infinitamente inferior a las de la ciudad de Roma, por lo que es un lugar tranquilo, poco ruidoso, sin agobios, con la gente siendo muy amable los unos con los otros. Es curioso cómo cambia el comportamiento de las personas dependiendo de la masificación del lugar. En el aeropuerto nos habíamos aprovisionado de un taco de queso parmesano y algo de prosciutto, y comimos entre las ruinas y a la sombra, tranquilamente, disfrutando del sol y de la brisa. Brisa que se empezaba a convertir en vendaval cuando iniciamos el regreso al aeropuerto.

Llegados a Madrid, salíamos de Barajas pasadas las nueve de la noche. Dos de nosotros habíamos decidido pasar la noche en la capital en casa de una amistad. Al día siguiente, no nos apeteció cansarnos por Madrid, así que pasamos la mañana, y hasta después de comer, en Ávila.

En 1990 viví durante casi un año en la capital del país por estudios. Y en los meses de buen tiempo, solía quedarme por allí el fin de semana con el fin de hacer turismo. Visité Ávila un sábado de finales de mayo de aquel año, de forma imprevista. Es decir, salí del piso donde nos alojábamos para dar un paseo por Madrid con unos compañeros de la Escuela Nacional de Sanidad, pero al llegar a Madrid-Chamartín donde habíamos quedado, alguien propuso coger un tren próximo a salir en dirección a la ciudad amurallada, y fuimos. Pero no había cogido mi Pentax P30N, la cámara que usaba entonces, y no tengo fotos de aquella visita. Y curiosamente, mis recuerdos de la misma están desdibujados. Muchos dicen que el ir con la cámara evita disfrutar de los lugares… pero yo conservo memoria más fiel de los lugares visitados con mis fieles cámaras fotográficas, frente a los visitados sin ellas. Así que me pareció oportuno enmendar aquella omisión de hace casi 32 años.

Y este es mi resumen de esta agradable escapada primaveral de este 2022… algo que no habíamos podido hacer ni en 2020 ni en 2021. Que no se vuelva a interrumpir en el futuro.

[Viajes] Toledo con película en blanco y negro

Fotografía, Viajes

Ya comenté en su momento algunas cuestiones fotográficas relacionadas con el viaje en el día que hice a Toledo a principios de marzo. Sí… llevamos ya más de una cuarta parte del mes de abril y todavía estoy con experiencias fotográficas de principios de marzo. Pero es que este 2022 está siendo animado fotográficamente. Y dentro de una semana me embarco en el primer viaje al extranjero del año, de donde espero venir también con una buena ración de fotografías. Y cuando digo «buena ración» espero que sea en calidad, más que en cantidad.

El caso es que también me llevé a Toledo una cámara compacta con película negativa en blanco y negro. Como hago en estos tiempos en casi todos los viajes, grandes o pequeños. Y ha llegado el momento de mostrar los resultados aquí. Una vez encarrillado mi blog de técnica fotográfica, los aspectos técnicos de las fotos están en Viaje en el día a Toledo – Minox 35 GT-E con Kodak Tri-X 400.

[Viajes] Geoparque mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos con ASAFONA

Viajes

Ayer me fui de excursión con ASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza al Geoparque Mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos. No a todo el geoparque que es inmenso, sino a un par de puntos de interés próximos a Aínsa, acompañados por Anchel Belmonte, geólogo, coordinador científico del proyecto; las margas del Pueyo de Araguás y el barranco de Jánovas, con su hermoso anticlinal. Fue un buen día.

Las fotografías en color, de captura digital, fueron realizadas con una cámara que llegó recientemente a mi poder. Lo explico en Adiós parcial a Panasonic y regreso a Olympus – Olympus OM-D E-M5 III. Dentro de unos días espero poder presentaros fotografías realizadas con película fotográfica tradicional en blanco y negro.

Os recuerdo también que en las páginas de ASAFONA tengo una galería de fotos que, a mí por lo menos, me parece interesante.

[Viajes] Madrid con película negativa en color (1)

Fotografía, Viajes

Cuando estuve en Madrid a principios de febrero, me llevé una cámara para película tradicional y unos rollos de película negativa en color. Las fotos no están mal,… pero la película que usé la mayor parte del día no me acaba de convencer del todo. O metí la pata en algo, lo cual siempre hay que considerar.

Como de costumbre, la reflexión técnica fotográfica está en Madrid con película negativa en color (I) – Pentax MX y Kodak Gold 200. Aquí simplemente os dejo una muestra de las fotos. Fueron dos rollos, así que hay unas cuantas más.

[Viajes] Un sábado en Toledo

Viajes

Ayer sábado hice un viaje en el día a Toledo. Con trenes de alta velocidad es factible, y no demasiado pesado. Incluso si Renfe, qué poco se preocupa por sus viajeros esta empresa, se empeña en hacer difíciles y complicadas todas aquellas relaciones que impliquen un transbordo, y no empiecen o terminen en Madrid. Es demencial la forma de (des)organizar que tienen esta gente.

Catedral de Toledo.

Una amistad tiene que viajar con cierta frecuencia en los últimos tiempos a la capital castellano-manchega. Por unos asuntos familiares. Ya me propuso el viaje hace un par de domingos, pero los trenes convenientes para hacer la excursión en el día y aprovecharla estaban completos. En esta ocasión lo planificamos con tiempo y todo salió bien.

Sinagoga del Tránsito, hoy museo Sefardí, y antigua sinagoga de Santa María la Blanca.

Teníamos algo de miedo, al menos yo que es el que iba por turismo, de que saliese el día gris, bastante nublado como indicaban los pronósticos, y frío. Pero hubo ración más que suficiente de sol, con bonitas nubes adornando los cielos. No llovió nada. Y la temperatura, sin ser cálida, era perfectamente llevadera. Incluso, cuando a mi amistad se le complicó la cosa y no pudimos quedar a comer juntos, me permití el lujo de comer sentado al sol en el exterior de San Juan de los Reyes, unas lonchas de jamón que compré en una tienda de productos típicos y un par de manzanas. Nada complicado. Y manteniendo a raya, como llevo haciendo desde hace nueve meses, las calorías.

El bonito claustro de San Juan de los Reyes.

Por recomendación de una compañera de trabajo, compré una pulsera que por diez euros incluye la visita a siete monumentos de interés; San Juan de los Reyes, el Entierro del Señor de Orgaz del Greco en Santo Tomé, la antigua sinagoga de Santa María la Blanca, la antigua mezquita del Cristo de las Luces, la iglesia del Salvador con sus resto de antigua mezquita, el colegio de las Nobles Doncellas, y las vistas desde las torres de la iglesia de los Jesuitas o de San Ildefonso.

Colegio de las Doncellas Nobles e iglesia de San Román, museo Visigodo.

Y además de visitar los dos puentes más bonitos, el de Alcántara nada más llegar, y el de San Martín poco antes de partir, y recorrer las calles de la ciudad, entré también en la catedral, en la que hace casi 32 años no me dejaron entrar por visitar la ciudad en bermudas un día de casi 40 ºC de temperatura (rancios como antaño, entonces y ahora los clérigos de la Iglesia Católica), el museo Sefardí con la mezquita del Transito, y la iglesia de San Román reconvertida en museo Visigodo.

Restos de la mezquita en la iglesia del Salvador y antigua mezquita del Cristo de la Luz.

También me sirvió para familiarizarme con mi cámara viajera… aunque de esa peripecia,… hablaré otro día, especialmente en mi blog de técnica fotográfica. Espero haber dejado atrás una pequeña pesadilla que ha hecho que probablemente nunca vuelva a comprar un producto de Panasonic. Por lo menos, mientras el servicio técnico oficial en Zaragoza sea el que es en la actualidad.

Vistas del Tajo desde el puente de San Martín; en el encabezado, el puente de Alcántara.

Y bueno… no tengo mucho más que contar… porque fue un día tranquilo, si eventos desagradables. Todo bien, todo tranquilo. Relajado de mente, aunque cansado de cuerpo de todo el día de un lado a otro, caminando o de pie. Aunque antes de comenzar el retorno a la estación, en un bracito agradable y tranquilo del casco histórico nos tomamos unas IPA de factura artesanal toledana que nos supieron bien ricas.

Una puerta en las murallas, y vista de la vistosa estación de estilo mudéjar en Toledo.