Fotografías realizadas en Olite con Canon EOS 3 y Kodacolor 100. Las cuestiones técnicas de las fotografías las encontraréis como de costumbre en Carlos en Plata.
Ya comente hace unos días mi breve viaje mañanero a Olite, en el que acompañé un ratito a unos amigos que querían visitar la ciudad navarra y su palacio real. Pero yo ya conocía el lugar y tenía más cosas que hacer. Así que me volví en el primer tren de vuelta disponible esa mañana, después de hacer unas cuantas fotografías.
Entre ellas, un rollo de película fotográfica para negativos en color que hice con una de mis cámaras fotográficas más potentes para ese medio. No están nada mal. Aunque iba un poco justo de sensibilidad para la luz que había a esas horas. Pero bien.
Fotografías realizadas con Fujifilm X100VI y Panasonic Lumix G9 II durante el viaje. Las cuestiones técnicas relacionadas con las fotografías las encontraréis en Carlos en Plata.
No es la primera vez que hago un viaje similar. A este u otros destinos. Y es posible que haga alguno más con el tiempo. Una de mis amistades tiene un viaje de trabajo a un lugar interesante o agradable, y me invita a acompañarle en un trato que nos beneficia razonablemente en los financiero a ambos y nos permite relajarnos durante unos días. Aunque sean pocos. Una escapadilla. El caso es que las orillas del Øresund, uno de los Estrechos Daneses que comunican el Báltico con el mar del Norte a través, también, de los estrechos de Kattegat y Skagerrak.
En esta ocasión, tras volar a al aeropuerto de Copenhague-Kastrup, nos alojamos en Malmo. Asevera esta amistad mía que compensa las diferencias de precio en los hoteles entre esta ciudad sueca y la capital danesa con el gasto del desplazamiento en los trenes que comunican ambas orillas del Øresund. No lo tengo claro, del todo. Por ahí irá la cosa. Pero sé que es ella la que organiza y principal interesada, y que Malmo es una ciudad muy agradable. La tarde en que llegamos, con tres horas de luz y día soleado, vino bien para dar un amplio paseo por la ciudad.
Al día siguiente, esta persona tenía unas reuniones de trabajo, con comida incluida, en Copenhague. Yo lo dediqué a recorrer, de nuevo, porque ya estoy familiarizado con ella, una llamativa parte de la capital danesa. Con una dosis de lluvia que hubiera preferido que no hubiese, pero que tampoco me impidió hacer el paseo que tenía pensado.
Hacia las tres de la tarde, en la estación de Nørreport nos volvimos a reunir y cogimos un tren en dirección al Museo de arte moderno Louisiana en Humlebæk. Tampoco es un lugar nuevo para nosotros. Pero es uno de los museos que conocemos que más nos gusta. A orillas del Kattegat, con amplios jardines y vistas al mar y una serie de salas de exposición en distintos edificios e inclusos en galerías subterráneas que va por debajo de los jardines. Y cada vez que vas es distinto por que hay distintas exposiciones, en esta ocasión Sophie Calle y Lucian Freud, e incluso las obras expuestas de la colección permanente van variando. Salvo las de Giacometti, que allí están siempre.
Al día siguiente nos aventuramos a ir hasta Karlskrona. Habíamos leído que allí había un elemento declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Se trata de la base naval del siglo XVII, de las mejor conservadas de la época y sobre la que se construyó la ciudad. El problema con el que nos encontramos es que tan bien conservada está que todavía está en uso por las fuerzas armadas suecas. Y a los militares no les gustan los turistas haciendo fotos en sus bases. Por lo que sólo se puede apreciar una parte de lo que incluye el patrimonio de la humanidad. Aun así, la ciudad está bien y es una visita agradable. Coincidimos con la fiesta del orgullo gay, además, y estaba muy animada.
Finalmente, el último día, con un tiempo regular, visitamos la ciudad de Landskrona, próxima a Malmo. Sí. Un nombre parecido a la anterior. Pero es la anterior la que adquirió un nombre inspirado en esta del último día antes de volver. Tiene una importante ciudadela fortaleza, y aun otras fortificaciones en una isla próxima. Que no visitamos porque el tiempo es malo. Y actualmente, buena parte de esa otra isla es reserva natural de aves y no se puede acceder.
Por la tarde aun nos dio tiempo de visitar la reconstruida fortaleza vikinga de madera en el lugar arqueológico de Trelleborg. Aunque esperábamos más de esta ciudad. No obstante, como el tiempo seguía inseguro, volvimos pronto a Malmo, a cenar pronto y dar por cerrada la parte turística de este corto viaje.
Fotografías realizadas con Fujifilm GFX 50R y Fujinon GF 80 mm. Entrada publicada también en Substack.
Ahora os cuento lo de esta mañana. Aunque esto va de fotos, no voy a redactar entrada en Carlos en Plata, porque lo que pueda contar ya está dicho en lo que se refiere a la combinación de cámara y objetivo, que se ha vuelto muy popular en mi bolsa de paseo fotográfico en los últimos tiempos. Sería volver a decir lo mucho que me gusta la nitidez de la óptica y qué bien se lleva con los muchomegapíxeles de la cámara. Pues ya está. Dentro de unas semanas ya hablaré del rollo de película que he hecho también.
La cuestión es que he estado un ratito, a primera hora, en Olite. Como iréis viendo, a lo largo del verano hemos ido recorriendo la línea ferroviaria entre Zaragoza y Castejón. Madrugamos. Cogemos el tren a las seis de la mañana, hacemos algunas fotos en el entorno de la estación en la que bajamos (Alagón, Gallur, Luceni,…), y nos volvemos en uno de los dos trenes que nos permiten estar de vuelta en Zaragoza entre las 11:00 de la mañana y las 12:00 del mediodía.
No hace falta estar más. Hace calor. La luz no está tan bien con el primeras horas entre las 6:30 y las 8:00. Y además luego no hay trenes utilizables hasta por la tarde. Y no es cuestión de estar zascandileando por ahí con el calor en los pueblos de la ribera alta del Ebro. Estamos activos cuando hace fresquito y la luz es mejor, y luego a casa. Bien.
Pero para hoy, los compañeros dijeron que podíamos llegar hasta Olite, que no lo conocían, hacer las fotos de primeras horas de la mañana. Después, hacer turismo visitando el palacio y esas cosas, y volver por la tarde. Pero a mí no me apetecía quedarme todo el día. Ya he visitado en un par de ocasiones el castillo y en mejores circunstancias. Pero he decidido mantener el plan de los otros días.
Así que como en sábados previos, hemos cogido el tren a las seis de la mañana. Claro que, aunque hemos visto la salida del sol cuando llegábamos a Tudela desde el tren, a lo que hemos llegado a Olite eran cerca de las 8:00 de la mañana. Pensaba que se habría pasado lo mejor de la luz de la mañana. Pero no ha sido así. Me pregunto si los incendios en las Cinco Villas (o en algún otro lugar que desconozco) ha dejado polvo o algo en la atmósfera, pero la luz suave y cálida de la llamada hora dorada ha durado bastante más que de costumbre para la época del año. Mejor. Además. La temperatura era fresquita en el sentido de muy agradable.
Olite no tiene mucho misterio. Es una población muy agradable de visitar, presidida por el palacio real con alguna iglesia interesante como Santa María la Real. Y un casco histórico entretenido de visitar y fotografiar. Yo me he vuelto en el tren que venía desde Pamplona y llegaba a Olite poco antes de las 10:00 de la mañana, para llegar antes del mediodía a Zaragoza-Miraflores, a diez minutos de casa. Pues más o menos lo de los sábados anteriores, pero más lejos y más mono.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Comentario sobre la Hasselblad 500CM con Kodak Gold 200 en Tudela.
Cerramos trimestre viajero. El primer trimestre del año, desde el punto de vista de los viajes, siempre se ha caracterizado en mi caso por las escapadas en el día, generalmente a puntos de la geografía no muy lejos a Zaragoza. Aunque este año hice una un poquito más prolongada a La Mancha. En el segundo trimestre están planificados viajes con más entidad, de varios días, incluso de un par de semanas. Ya los iremos viendo.
De momento, aunque normalmente no tocaba en un domingo hablar de uno de los viajes pasados, para cerrar los comentarios fotográficos sobre los realizados en los que llevamos de año, traigo aquí las fotografías realizadas con película de formato medio en la escapada que hicimos a Tudela hace unas semanas. En sentido estricto, aun quedan algunas fotografías por comentar de ese viaje… aunque ya veremos como lo hago. Porque son pocas y muy específicas.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Recorriendo el Campo de Criptana y Alcázar de San Juan .
Tercera y última entrada con fotos de mi escapada manchega a principios de marzo, Campo de Criptana y Alcázar de San Juan. Ya os lo conté nada más volver con las fotografías digitales, y hace unos días con las de película en blanco y negro. Pasémonos de nuevo al color. Las cuatro primeras son del Campo de Criptana.
Y es que después de lo bien que me fue en Gerona, he vuelto a llevarme de viaje la veterana cámara de los años 60 y de formato de medio fotograma, que tan divertida me parece de usar. Una forma de. pasear ligero de equipaje cuando se viaja y se opta por la película fotográfica en lugar de la tecnología electrónica con captura digital. Cosas que me gustan. Las cuatro siguientes son de Alcázar de San Juan.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Daroca y su riqueza geológica.
Realizada esta excursión a Daroca con ASAFONA Asociación Aragonesa de Fotógrafos de Naturaleza el 15 de febrero pasado, ya hablé de ella en su momento, nada más disfrutarla e ilustrándola con las fotografías digitales que hice durante la misma. Pero, como de costumbre, también me llevé alguna cámara para película fotográfica. El rollo, ya revelado, me llegó recientemente y ya puedo mostrarlas.
Lo cierto es que estoy satisfecho. Tanto las fotografías del casco urbano de la población, como las de la riqueza de su geología y en los alrededores de la misma, me quedaron bastante bien, en detalle y color. Es cierto que, con una pequeña cámara compacta, con una distancia focal fija, hubo alguna cosa que no pude fotografiar a gusto, salvo con la cámara digital. Pero supongo que no se puede tener todo. Y si a veces me llevo una digital compacta con una cámara para película más versátil, en esta ocasión, con alguna toma de aproximación y la expectativa de las aves de por la tarde, fue al contario. Porque no me apetece llevar más peso de la cuenta.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. El casco histórico de Tudela, Navarra, en formato medio digital.
El jueves, una amiga me propuso unirme a un viaje a Tudela el sábado por la mañana. Ella tenía que hacer unos trámites familiares en la ciudad navarra, un par de amigos más se habían apuntado para pasar la mañana allí, y me preguntaron si me apetecía. El plan era salir en el tren que sale de Miraflores a las seis de la mañana y volver a las diez y media, si terminaba pronto, o después de comer si se demoraba la cosa. Dije que estaba cansado, y que no iba a madrugar un sábado para ir a Tudela.
El viernes por la noche volvió a contactar. Que se le había rebelado todo el mundo, por la hora, y que tras contactar con el abogado navarro con el que tenía que tratar, había accedido a citarse por la tarde. Que la idea era salir a las dos y media de la tarde de Miraflores, en mi caso, el resto de la gente subirían algo más tarde en El Portillo, y volver en un tren a las siete y diez de la tarde. Eso me pareció bien. Y así lo hicimos. Salvo que como me propusieron otros amigos quedar a tomar unos chismes y cenar algo por el cumpleaños de uno de ellos, acabamos cogiendo un tren media hora antes (sin contar los retrasos).
Por lo tanto, se trataba de ver y fotografiar Tudela entre las 3:30 y las 6:30. Tres horas. Sin que tuviéramos mucha idea de lo que nos íbamos a encontrar. Yo había estado en Tudela en una ocasión. Mejor dicho, en la estación de Tudela. Fotografiando un tren histórico. Lo fotografié por la mañana en Casetas, al mediodía cogí un tren a Tudela, lo fotografié evolucionando en la estación, y cuando partió, cogí otro tren de vuelta. Os dejo un par de fotos de entonces, un 5 de abril de 2008, hace casi casi 17 años. La primera en la estación de Casetas, la segunda en Tudela. Qué deprisa pasa el tiempo.
Pero no salí de la estación en aquel momento. Iba a lo que iba. Así que en esta ocasión, al menos, había que recorrer el centro histórico de la ciudad. Así lo hicimos, dedicando un buen rato a visitar la catedral y su claustro. Al final, no nos sobró tanto tiempo como pensamos al principio. Y fue entretenido. Salvo porque había un viento relativamente intenso, que hacía que la sensación fuera de frío, aunque las temperaturas no eran demasiado bajas. En fin, es lo que hubo.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
Comenté hace casi cuatro semanas mi escapada en el día a Madrid. Una de esas escapadas frecuentes sin un propósito específico de ver algo, visitar algo, ni nada de esto. Hacer algunas compras, ver a la gente que quiero y que, por algún motivo que nunca entenderé, vive en semejante lugar… airearme en general. Viví un año en la capital, estudiando mi especialidad y haciendo estudios de posgrado, y luego la he visitado en numerosas ocasiones.
Por supuesto, siempre hago fotos. Incluso cuando paso por enésima vez por paisaje muy conocidos y muy trillados. Siempre hay alguna cosa que me llama la atención. O nuevas condiciones de luz. O algo que ha cambiado. Ningún paisaje, y menos los urbanos, son inmutables. Y como de costumbre en los últimos tiempos, dedico especialmente mi afición fotográfica a la película sensible tradicional.
Lo más destacado de ese día es que estuvimos caminando un rato, mientras mirábamos algunas tiendas y nos desplazábamos a otra zona de la ciudad, por Malasaña. Un entorno habitualmente animado, aunque no entre las tres y las cuatro de la tarde. Pero siempre surgen oportunidades. Y luego, conforme volvíamos por la tarde en dirección a tomar alguna cerveza y volver a la estación, por esa colección de reyes medievales de los reinos hispánicos, anacrónicos en sus atuendos y modales, que ornamentan la plaza de Oriente, frente al lateral del Palacio Real. Siempre nos generan alguna risa por su absurdo y falta de rigor histórico.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
Esta es la segunda parte de mi experiencia fotográfica con película tradicional en Gerona el pasado 29 de enero. Ya comenté hace unos días el viaje ilustrándolo con las fotografías digitales realizadas para un uso más o menos inmediato, con una compacta digital. Más recientemente, la primera parte de las que realicé con una cámara para película fotográfica de medio fotograma, en las que se obtiene el doble de fotografías por rollo que en las que tienen unas dimensiones del fotograma más estandarizadas, de 24 x 36 mm.
Hoy cierro el ciclo de fotografías de ese viaje con las que realicé al caer la tarde, agotado el rollo que he mencionado de medio fotograma, con una cámara de fotograma completo. Y película con una sensibilidad superior, ya que fue utilizada cuando la tarde empezaba a estar algo más avanzada, algunas nubes amenazaban en el cielo de Gerona, y la luz era algo más escasa. Especialmente entre las estrechas calles del centro histórico de la ciudad, de carácter tan típicamente mediterráneo. Espero que os gusten.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Aquí se reproduce parcialmente el texto de esa publicación.
Ayer hubo excursión en el día de ASAFONA Asociación aragonesa de fotógrafos de naturaleza, con destino a Daroca y la laguna de Gallocanta. Guiados por una socia de la asociación darocense, durante la mañana realizamos un recorrido por algunas de la zonas menos conocidas de esta localidad aragonesa, al sur de la provincia de Zaragoza, prácticamente lindando con la de Teruel.
Daroca es una población que tuvo su importancia en la edad media. Muchas de las leyendas que se cuentan de la ciudad tienen que ver con su posición dentro de la Hispania musulmana. Y aunque se habla mucho su condición de población fronteriza entre el reino cristiano de Aragón y los reinos musulmanes, lo cierto es que cayó en poder de Alfonso I sólo dos años después de la caída de Saraqusta.
Lo que recorrimos fueron algunos de los restos arqueológicos de las fortalezas que protegían la ciudad durante el siglo XI, con las murallas correspondientes, así como la Mina, un diversión de las aguas torrenciales que eventualmente asolaban la ciudad, a través de un túnel de más de medio kilómetro de longitud excavado bajo el cerro de San Jorge, realizado a mediados del siglo XVI, una impresionante obra de ingeniería para la época. Canaliza las aguas torrenciales hacia el río Jiloca, evitando el centro de la ciudad.
Tras comer en el albergue Allucant en Gallocanta, recorrimos diversos observatorio alrededor de la laguna con la esperanza de observar, y en el mejor de los casos fotografiar, las grullas y otras aves de esta cuenca endorreica que constituye una lugar de máximo interés ecológico. En estos momentos, con la mejoría del tiempo, las grullas están en plena migración hacia el norte, haciendo escala en su viaje en la laguna de Gallocanta. Estos días se pueden oir cuando sobrevuelan Zaragoza en grandes bandadas en dirección norte.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta pueden verse, comentadas desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata.
En esta semana me han ido llegando las fotografías realizadas con rollos de película fotográfica para negativos en color. Tras varias pruebas, los rollos con película de 35 mm los he remitido a un laboratorio, donde suelen dejar un equilibro del color y los tonos más agradable y sin dominantes extrañas que en otros, y los rollos con película tipo 120 los he remitido a otro donde ofrecen un tamaño de archivo en megapíxeles mayor, que aprovecha mejor la información del negativo de formato medio, con un coste similar o muy poco superior. En general, bien. Las de hoy son fotografías procedentes de un rollo de película de 35 mm, pero en una cámara de medio fotograma, por lo que en un rollo de 36 exposiciones se obtienen más de 72. A mí me han salido 76 y media. Es decir, el primer fotograma está parcialmente velado.
Las fotografías corresponden al viaje en el día a Gerona del que os hablé hace unos días. Y han quedado bastante bien. Las condiciones de luz eran muy agradables. Estuvo soleado todo el día, pero con la presencia de un velo de nubes que quitaba dureza a la luz y evitaba los contrastes excesivos. El resultado me ha gustado bastante, teniendo en cuenta que el medio fotograma nunca puede ofrecer la calidad intrínseca de imagen que otros tamaños de negativo más grandes. Pero son cámaras ligeras y agradables de usar, como explico en el enlace que he puesto al principio de esta entrada.
Ayer estuve en Madrid. Al igual que el día anterior en Gerona. Pero con amigos de Madrid. Y de Sevilla. Con el AVE, es muy cómodo el viaje. Salvo que Renfe, o el administrador de infraestructuras ferroviarias, con su cada vez peor gestión y peor mantenimiento, decida alargarnos absurdamente los desplazamientos. Más de la mitad de los viajes con trenes de alta velocidad que he hecho en los últimos nueve meses han llevado un retraso apreciable. Por cierto… estoy reproduciendo de forma casi exacta la publicación que he redactado para Carlos en Plata.
Como en otras ocasiones que he visitado en el día la Villa y Corte, quedé a comer con mis amistades madrileñas, con el fin de pasar la tarde juntos paseando, tomando algún café, o alguna cerveza cuando nos cansásemos de pasear. Hizo bueno. Fresco… al fin y al cabo es invierno,… pero soleado.
Pero por la mañana, con la buena amiga que venía desde Sevilla, y mientras los demás estaban en sus centros de trabajo, nos dedicamos a visitar algunas exposiciones. Muy cerca de la estación de Puerta de Atocha, en la Serrería Belga, una sobre la Revista Afal, una revista de fotografía que existió entre 1957 y 1963 o 1964, y que sucumbió acosada por la censura y por la falta de monetario. Un intento digno e interesante, pero poco apropiado para las circunstancias de la España de la dictadura franquista.
Nos interesaba a ambos la exposición sobre la Alemania de Weimar que se puede ver en CaixaForum Madrid. Antes evitaba estas exposiciones, pensando que tarde o temprano llegarían a Zaragoza, pero he comprobado que no es así. Y ese periodo de la historia alemana nos apasiona. Debería servir de aviso sobre lo que pasa hoy día en el mundo… pero probablemente el mensaje caerá en saco roto. Y los que visitan la exposición, probablemente, ya serán conscientes. Nos gustó. Circunstancialmente, vimos una sobre dinosaurios argentinos, que nos divirtió.
Y muy interesante también la exposición dedicada a Max Ernst en el Círculo de Bellas Artes. Nos gusta el surrealismo. Aunque yo particularmente aborrezca una de sus principales relaciones, el psicoanálisis de Freud, teoría pseudocientífica, más próxima a una religión que a otra cosa. Pero el arte surrealista me atrae muchísimo. Con su simbolismo. Con sus imágenes. Con sus diseños.
Fotográficamente hablando, poco hay que añadir a lo que ya comentaba ayer en la entrada dedicada a la excursión a Gerona. La pequeña Sony ZV-1 como fiel blog de notas que me permite ilustrar esta publicación y comentar el viaje en las redes sociales. Y otra cámara con un rollo de película, aunque de la que probablemente no saldrá nada particularmente interesante. Al fin y al cabo, ayer no fue un día para hacer turismo, sino para cuidar y restablecer relaciones humanas.