[Viaje y arte] Agoncillo y su museo de arte contemporáneo

Arte, Viajes

Cuando estuve en Logroño a principios de mayo, y me quedé a pasar la tarde en capital riojana, visitando una exposición de arte contemporáneo me enteré de que a poco mas de quince kilómetros de la ciudad hay un museo de arte moderno y contemporáneo. Y a juicio de la persona que me lo contaba, que me dijo que estaba realizando su doctorado en arte contemporáneo tras haber cursado el grado de Historia del Arte, estaba bastante bien. Nos dijo que el museo estaba en Agoncillo, por si nos servía de referencia para localizarlo, que sí. Nos servía.

Se me quedaron las ganas de visitarlo, y lo comenté con algunas amistades, conjurándonos a escaparnos algún día entre semana. En modo slow travel, relajados. En transporte público y esas cosas. Sin prisas. Y ahí quedó el proyecto, hasta que este pasado viernes se hizo realidad. Como prometimos, nos desplazamos en transporte público, en tren, aunque el único tren que para en Agoncillo en el trayecto de Zaragoza a Logroño es una combinación de dos trenes, el primero de los cuales sale a las 6:00 de Miraflores, y tras un breve transbordo de cinco minutos en Castejón de Ebro, te deja en Agoncillo hacia las 8:15 de la mañana.

A mí no me importó madrugar. A esas horas disfrutamos de una buena luz para hacer algunas fotos en el centro de Agoncillo, cuyo ayuntamiento es un pequeño castillo del siglo XIV. Luego, para desplazarte al museo, puede esperar a un autobús que pasa cada hora, la línea metropolitana M7 de Logroño, y que también te sirve para ir al museo desde la capital riojana. Pero como hacía una mañana muy agradable, y son tres kilómetros y medio desde el pueblo, fuimos caminando. Había tiempo. Terminamos de hacer fotos hacia las nueve de la mañana, y el museo abre a las diez.

El museo se llama Museo Würth La Rioja y, en realidad, no está en Agoncillo. Se encuentra en el Polígono El Sequero, junto a una planta logistica de Würth en este polígono industrial, y se encuentra en el término municipal de Arrúbal, un pequeño municipio de apenas 500 habitantes a cinco kilómetros de Agoncillo. Forma parte de una red de museos y espacios culturales del grupo industrial, repartidos por nueve países europeos y próximos a plantas del grupo. El grupo dispone de una amplia colección de arte moderno y contemporáneo, que pone a disposición de sus empleados y el público en general, al mismo tiempo que organiza actividades culturales. Entre sus metas de responsabilidad social corporativa está la de mejorar el nivel cultural de sus empleados y proyectar esta acción cultural en las comunidades en las que se implanta. Incluye biblioteca, cafetería y una tienda con cosas bastante monas.

Fuimos los primeros en llegar. Y no hubo mucha gente visitando el museo durante el tiempo en que estuvimos allí. Deduje que en época lectiva recibirá entre semana frecuentes visitas de escolares riojanos. Pero estando todavía de vacaciones, la actividad era escasa. El edificio es moderno y muy agradable. Hay unas pocas obras como exposición permanente en las plantas superiores, pero el fuerte de la visita son las exposiciones temporales a partir de obras de la colección, que van cambiando periódicamente. La que actualmente está activa en La Rioja se titula De la cabeza a los pies; figura humana en la colección Würth, y he de decir que me gustó mucho. Merece la pena. Abrió en abril de este año y estará hasta febrero del año que viene. Estaremos al tanto, puesto que no descartamos ir haciendo escapadas al lugar cada vez que cambie la exposición temporal. Ya me he dado de alta en sus redes sociales para estar al tanto.

Tras la visita, volvimos a Agoncillo, pero por una ruta distinta, acercándonos a los sotos del río Ebro, muy próximo al lugar. Tras llegar a Agoncillo compramos algo de fruta y unos sobres de jamón para comer de pícnic en unos bancos a la sombra de los muchos que hay por el pueblo, y a las tres y veinte cogíamos el tren de vuelta a Zaragoza. De nuevo, el único que para en Agoncillo y comunica con Zaragoza, en esta ocasión sin transbordos. A las cinco y media ya estábamos en la estación de Goya, para distribuirnos a nuestras casas u otros quehaceres. Una día muy agradable.

[Viajes] Olite y Madrid con película negativa en blanco y negro

Viajes

No hace muchos días os presentaba fotografías realizadas con película en blanco y negro en Olite. Ese rollo de fotografía se agotó antes de que terminase mi excursión a la bonita ciudad navarra. Y lo cambié por otro, del que proceden las fotografías de hoy. Más contrastadas, más expresivas, ni mejores ni peores, distintas. Cada cual, según sus gustos preferirá unas u otras.

El rollo lo terminé en Madrid un par de días más tarde. Los detalles técnicos, para aquellos que podáis estar interesados, los encontraréis en Olite y Madrid con película en blanco y negro – Olympus mju-II con Kodak Tri-X 400.

[Fotos] Conociéndonos mejor con una nueva óptica para cámara digital

Fotografía

Hace tiempo, años, que un cierto objetivo para mis cámaras digitales más viajeras me había entrado por el ojo. Sin embargo, en el listado de pros y contras, que pasaré a comentar, no había un hecho decisivo que inclinase la balanza de la decisión hacia el platillo de la compra. Al final ha sucedido. Y comentaré el porqué, al mismo tiempo que en el enlace Sigma 56 mm f1,4 DC DN Contemporary para sistema Micro Cuatro Tercios os cuento las características técnicas de esta óptica, que creo bastante interesante.

Finalmente, una oferta de precio sustanciosamente inferior a su precio de salida al mercado y a lo que se veía en los últimos años, especialmente teniendo en cuenta que es nuevo, a estrenar, me ha decidido por su compra. Todavía lo he usado poco. Pero creo que no me arrepentiré. Es cómodo de usar y las fotos salen muy bien.

[Libro] Au prochaine arrêt – Hiro Arikawa

Literatura

Ya he decidido no desesperar. En mayo me empecé a bloquear en la lectura de forma muy intensa, como hace mucho tiempo. No consigo concentrarme. He leído alguna historieta… y he empezado cuatro libros, a priori muy interesantes, de los que no he conseguido pasar del primero o segundo capítulo. Yo, que he sido un lector constante, no intenso,… no de merendarme libros en un día o dos… más bien reposado, de dejar que se asimile lo que leo,… me he sentido, en cierto modo, desesperado. Pero bueno… me lo tomaré con calma y ya volverá mi capacidad de concentrarme en la lectura.

La estación principal de los ferrocarriles Hankyū se encuentra en el distrito de Umeda de Osaka, donde está también la estación «Osaka» de los JR (no la alta velocidad, que está en «Shin-Osaka», ‘nueva Osaka’). No cogimos ningún tren de esta línea en nuestro último viaje a Japón. Aunque, por error, sí cogimos uno en 2014, en Kioto, cuando nos equivocamos de línea en la estación de Kyoto-Kawaramachi. Error que corregimos sin graves consecuencias.

Pero el año pasado, que ya me empezó a suceder este fenómeno, que achaqué a la epidemia, aunque ya no lo tengo claro, me desatasque en varias ocasiones gracias a novelitas no muy largas de autores japoneses. Especialmente en viajes. Así que para el reciente viaje que he hecho a Dinamarca, un viaje corto, pero que me ha sentado muy bien, pillé una recomendación que vi hace unas semanas en Pen ぺン Magazine. El libro, de la escritora Hiro Arikawa, se titula originalmente Hankyū Densa 阪急電車, haciendo referencia a los trenes de una de las líneas de la red de ferrocarriles privados Hankyū, que presta servicios en la connurbación Osaka-Kioto-Kobe, no ha sido traducida al castellano todavía, y la he leído en francés, donde recibe un título que se traduce como En la próxima parada.

La escritora parece ser conocida por escribir novelas ligeras, ranobe ラノベ, que sería una evolución del pulp propia del País del Sol Naciente. Pero no calificaría yo dentro de este género esta novela. Bajo el esquema de historia de vidas cruzadas, en las que distintos personajes se cruzan de forman más o menos casual en el espacio y en el tiempo, el relato sigue el viaje de un tren de la línea Imazu de los ferrocarriles Hankyū. Es una línea secundaria de la red, que une las estaciones de Imazu y Takarazuka. Pero está formada por dos tramos sin continuidad entre sí, uno entre Imazu y Nishinomiya-Kitaguchi, con sólo tres estaciones. Y en esta estación hay que cambiar al tramo entre Nishinomiya-Kitaguchi y Takarazuka. Si alguien ha leído la estupenda novela de Tanizaki, Las hermanas Makioka, totalmente recomendable, el hogar donde viven tres de las hermanas está en Ashiya, muy cerca de Nishinomiya y de esta línea ferroviaria, entre Osaka y Kobe.

Mejor dicho, no es la historia del viaje de un tren, sino de dos trenes. En la primer parte del libro, asistimos al trayecto del tramo norte entre Takarazuka y Nishinomiya-Kitaguchi (Nishi-Nord la llaman en el libro, arruinando parte de la gracia, porque tanto nishi 西 [oeste] como kita 北 [norte] son dos puntos cardinales), en época de buen tiempo; en la segunda parte, asistimos al trayecto inverso, unos seis meses después, tras el año nuevo. Y cada capítulo se titula con el nombre de la estación a la que llega el tren. Ocho estaciones. Y los personajes son los mismos, o muy similares, alguno nuevo hay en el trayecto de descenso, que no aparece en el de ascenso al principio del libro. Las historias individuales tienen un tono romántico. Parejas que se forman, parejas que se deshacen, adolescentes conformando su futuro, amas de casa que no tienen claro cómo y con quien relacionarse a sus cuarentaytantos. Una abuela, algo excéntrica, yendo y viniendo con su nieta, y repartiendo sabiduría práctica a los más jóvenes.

El libro lo leí en los dos trayectos de avión entre Madrid y Copenhague y regreso. Un poco mimetizando el espíritu del libro. Son tres horas cada trayecto de avión, para contar lo que pasa en los 7,7 km de recorrido del tren. El libro tiene buen rollo, es optimista y te pone de buen humor. Pero tras su apariencia ligera, no deja de tener suficiente profundidad como para estar lejos de esas «novelas ligeras» de las que hablaba antes; bastante más profundidad, expresando una cierta filosofía personal a la hora de afrontar la vida y sus problemas. Y el mismo tiempo, un libro de viajes que, por mucho que sea el de un tren de cercanías, tiene un calado que no envidia a los libros sobre el Transiberiano, el Orient-Express, u otros trenes míticos que en la literatura han sido. A mí me gustó muchos y me parece muy recomendable. Lo único… que hay que saber francés o japonés para leerlo. En castellano no está. En inglés, creo que tampoco. He visto que hay una película del año 2011 que adapta el libro al cine. Igual la busco.

[Viajes] Suiza se resume en sus transportes públicos

Viajes

Ayer por la tarde llegamos a casa, regresamos de nuestro viaje de una semana por tierras suizas. A priori, no era un destino novedoso para nosotros. Ya habíamos recorrido el país helvético en otras ocasiones. Sin embargo, a pesar de la premura en la preparación, la reserva de algunos desplazamientos y alojamientos fueron con menos de una semana de tiempo a nuestra partida, y de la escasa planificación, no ha ido mal. Hemos vuelto a visitar lugares cuya espectacularidad y belleza justifican el viaje… más de una vez. Pero también hemos conocido muchos nuevos destinos, que han hecho que el viaje tuviera sus incentivos añadidos.

Una de las características, de las virtudes, del país alpino es su densa y comprehensiva red de transportes públicos. Especialmente interesantes para el viajero que quiere conocer el país, más que sus eficientes autopistas, son los trenes, especialmente los más tranquilos y recónditos, y cuando hay lagos, los barcos que los recorren. Seis personas nos juntamos en la ciudad de Berna como base para nuestros recorridos. La cantidad de excursiones a sitios interesantes que se pueden hacer desde la capital federal la hacen un lugar de alojamiento ideal. Tres acudimos desde España, Zaragoza o Sevilla, y estuvimos alojados siete noches, de lunes a lunes. Tres acudieron desde Milán o Ginebra, y estuvieron alojados con nosotros cuatro noches, llegando a última hora del jueves y hasta el lunes dos de agosto como nosotros.

Todos llevábamos el Swiss Travel Pass, que no es barato, pero se amortiza con facilidad. Nada es barato en el país helvético. Y especialmente porque desde que estuve en él por primera vez hasta ahora, el franco suizo ha pasado de tener un valor entre un 60 % del Euro hasta estar casi a la par con la moneda común de la Unión Europea en la actualidad. Los precios han variado desde 2009 hasta la fecha, pero no una enormidad. Sin embargo, la revalorización del franco suizo hace que para el visitante de la eurozona la cosa se haya ido encareciendo bastante. En cualquier caso para quienes adquirimos el Travel Pass de ocho días, los ocho lo usamos pues incluía los desplazamientos desde y hasta el aeropuerto de Zurich, aprovechamos un descuento sustancial por estar de promoción. El de tres días de nuestros amigos italianos estaba más en el límite de la conveniencia. Aunque al final, salieron las cuentas y lo amortizaron. El viaje en tren de Milán a Berna no lo pudieron cargar al Travel Pass, aunque a la vuelta si cargaron el desplazamiento desde Berna a Domodossola, y solo tuvieron que abonar el tramo italiano del viaje.

El Travel Pass incluye casi toda la red ferroviaria, autobuses de línea, transportes urbanos, y navegación en lagos en líneas regulares. Museos gratis, casi todos, aunque sólo visitamos uno, el Kunstmuseum Basel, especialmente el Gegenwart, la sección de arte contemporáneo, la pionera de este tipo de museos en Europa. Y descuentos sustanciosos en líneas turísticas, como son los ferrocarriles de cremallera, los teleféricos y otros remontes de Montaña, que van desde un 50 % en ferrocarriles como el Gornegrat, que permite usar el tren durante un día de forma ilimitada, o el ferrocarril del Brienzer Rothorn, o el acceso en telecabina al Grindelwald First, a un 25 % en las secciones de subida al Jungfraujoch, desde Grindelwald o Lauterbrunnen. Hasta esta localizaciones el Travel Pass en válido para la integridad del billete. Estos descuentos son los que determinan, y con ventaja, la conveniencia del Travel Pass, según nuestras cuentas.

Por otra parte, disponer del Travel Pass te permite adaptar tus necesidades a las circunstancias del clima u otros imprevistos. El domingo, primero de agosto y fiesta nacional suiza, aniversario de su declaración de independencia del Sacro Imperio Germánico en 1291, último día antes del regreso, estuvo de llover y con temperaturas que no superaron los 16 ºC de máxima. Pues nos montamos un recorrido ferroviario muy bonito, circular que nos llevó a Gstaad (Oberland bernés), Chateau d’Oex (Pays d’Enhaut de Vaud, viene a significar lo mismo pero en francés para el cantón con capital en Lausana), y Gruyères en la comarca de La Gruyère, patria del Gruyère, afamado queso, también en el cantón de Vaud. Y atravesando unos paisajes alpinos, deslucidos un tanto por la ocultación de las altas cimas, como Les Diablerets, por culpa de las nubes.

En resumen, que lo hemos pasado bien. Que nos hemos movido mucho. Y que nos ha cundido gracias a la maravillosa red de transporte pública de Suiza. Cuyos medios de transporte son atracción para el viajero por sí misma como son los cremalleras de subida a Zermatt, los trenes que nos llevan a Grindelwald o Lauterbrunnen y más allá, o la GoldenPass Line, que atraviesa el paso de Saanenmöser por fricción, sin necesidad de cremallera, o el Zentralbahn, entre Interlaken Ost y Lucerna, que si necesita auxiliarse de la cremallera para superar las rampas del paso de Brünig. Que delicia todo ello. ¿Se me ha olvidado decir que el cremallera de montaña del Monte Rigi que permite ir desde el lago Lucerna hasta la cima y luego volver por la estación de Arth-Goldau sí que está incluido integramente en el Travel Pass? Lo que pasa es que las nubes en la cima nos la tienen jurada. Arth-Goldau es el nombre de la estación, que sirve a tres localidades, Arth, Oberarth y Goldau.

[Cine] Kaze no denwa 風の電話 2020

Cine

Kaze no denwa 風の電話 (2020; 45/20210704)

El domingo pasado por la mañana no tenía ningún plan en especial. Salir a caminar por algún lado, quizá entrar en algún museo municipal, que sería gratuito por ser primer domingo de mes, algo. Me dio por mirar la cartelera de cine, y vi que había una película en versión original a las 12 del mediodía. Leí un poco de sus reseñas, y al fin decidí irme yo solo a ver esta película del japonés Nobuhiro Suwa, un director cuyas películas no me suena que hayan llegado a Zaragoza previamente, pero que tiene un cierto prestigio en el circuito festivalero.

Como el viaje comienza en las proximidades de Hiroshima, ilustraremos la entrada con fotos de esta ciudad, que también sufrió lo suyo. Supongo que la elección del lugar no es casual.

Este año ha sido el décimo aniversario del terremoto de Sendai, uno de los múltiples nombres que se le da a la tremenda catástrofe que azotó la costa nororiental de la isla de Honsu, la mayor y más poblada de Japón, y que dejó, oficialmente, casi 16 000 muertos y más de 2 500 desaparecidos. Seísmo que se complicó con el accidente nuclear de la central de Fukushima I, una de las varias que había en la región, de las cuales tres declararon incidentes, aunque sólo esta fue considerada accidente nuclear. Oficialmente sólo se ha reconocido un muerto como consecuencia del accidente, aunque se llegó a evacuar a 170 000 personas de una zona de al menos 30 km de radio alrededor del accidente, aunque hay imprecisiones en lo que se evacuó y lo que no. Lo del muerto en solitario… resulta difícil de digerir. Japón tiene grandes logros en su cultura,… pero su sistema político nunca ha alcanzado los niveles necesarios para pasar de ser definido como una «democracia defectuosa», aunque los puntos lo dejan muy cerca en estos momentos de que lo califique como tal

En la población de Ōtsuchi, prefectura de Iwate, una de las localidades más afectas por el tsunami posterior al seismo, existía un jardín privado en una colina, cuyo dueño había instalado una cabina telefónica con un viejo teléfono de disco, sin conectar a la red, desde el cual, simbólicamente, conversaba con sus familiares fallecidos. Tras el desastre, la gente comenzó a acercarse al lugar para hablar, simbólicamente, con sus fallecidos en el desastre. El dueño del lugar lo permitió e incluso se encargó de mantener en condiciones el lugar. Dicen que 30 000 personas habrían pasado por allí para conversar con sus finados. Basado en este hecho, Suwa construye una historia ficticia centrada en una joven de 17 años, Haru [Haruka 春香 en realidad, Serena Motola] que perdió a sus padres y su hermano menor, vive cerca Hiroshima con su tía, quien sufre una grave enfermedad repentina (probablemente un ictus, aunque no se dice), lo cual deja desolada a la chica, que inicia un viaje de más de 1 300 km desde su domicilio actual hasta las ruinas del que tuvo en Ōtsuchi (los kilómetros los he calculado basándome en que el hospital donde se ingresa a la tía parece ser uno situado en Kure, cerca de Hiroshima). Pero para hacer este viaje habrá de recibir la ayuda de una serie de gente… que es lo realmente importante de la película. Así que estamos ante una interesante road movie.

La película tiene dos intenciones básicas; el recuerdo y homenaje de las personas que sufrieron las consecuencias de la catástrofe, falleciesen o sobreviviesen, y hacer pedagogía sobre los problemas que sufren, algunos asociados con los propios problemas que arrastra la sociedad japonesa, que por muy interesante que sea, tiene sus problemas como todas. Y entre ellos los de discriminación por causas diversas de miembros de su propia población, la falta de atención del gobierno a todas las víctimas o la xenofobia que caracteriza a una sociedad muy homogénea culturalmente, que admite a los extranjeros con cuentagotas. Y en esta pedagogía, vamos siguiendo la vivencia y la evolución de la joven, desde un momento en el que se siente absolutamente sola, gritando al aire un desolado aitaiyo 会いたいよ (quiero estar con vosotros), hasta que asume su duelo al final del viaje.

La joven Motola, una modelo de origen mixto, padre italoamericano y madre japonesa, pero con un físico peculiar que le permite pasar por plenamente japonesa, está un poquito verde todavía en los aspectos interpretativos, pero ofrece algunos momentos en los que es plenamente convincente en su dolor y desolación personal. Pero quienes consiguen llegarte realmente son los personajes complementarios que se va encontrando en su viajen, y que de alguna forma completan la historia, nos hablan de los problemas de la gente, y de cómo la forma de superarlas está asociada a la solidaridad de los demás.

Película que busca estimular el «buen corazón» de las personas, en una sociedad, en esto no distinta a las del resto del mundo desarrollado, en la que predominan los sentimientos egoístas. Y con una tendencia en avance desde que comenzó el siglo. La película no es perfecta, pero es realmente interesante, con un buen trabajo de dirección y buen trabajo en interpretación, más por el colectivo del reparto que por la protagonista, que tampoco lo hace mal.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

[Fotos] Probando mi objetivo nuevo Pentax en distintos entornos con poca luz

Fotografía

Ya comenté hace unas semanas, que tengo un nuevo objetivo Pentax. Nuevo de segunda mano, claro. Que me llegó de Japón vía eBay, y que ya lo he probado para el uso para el que lo pensé. Con película fotográfica. Os dejo unas cuantas muestras, realizadas en algunos museos de Zaragoza, en Madrid y en un breve paseo en un día muy feo, gris, lluvioso…

Los detalles más técnicos, aunque no muchos, en Probando el Pentax SMC-M 50/1,4 en museos y en Madrid.

Museo de Zaragoza

Museo Pablo Gargallo

Un día en Madrid

Un paseo en un día gris

[Viaje/arte/fotografía] Un día de exposiciones en Madrid (y otras cosas que ahora no vienen a cuento)

Arte, Fotografía

Esta semana he estado de fiesta. Me quedaban días de libre disposición, de esos que te vas reservando por si pasa algo, pero de los que no puedes reservar más de cuatro a partir del quince de diciembre. Así que me he dejado tres días para los de Navidad, y me he gastado cuatro cogiéndome unas pequeñas vacaciones esta semana, unidas al fin de semana largo de la Inmaculada Constitución. No han sido para hacer nada en especial. Algunas cuestiones domésticas, más cine y poco más. Pero el martes aproveché para hacer una escapada a Madrid. Tenía algunos compromisos personales que atender. Y tiempo de sobra para, además, visitar algunas interesantes exposiciones.

Impresionistas y fotografía en el Thyssen-Bornemisza

Vi anunciada esta exposición hace ya un tiempo. Incluso había hojeado su catálogo, a la venta en una librería de Zaragoza. Pero no tenía muy claro si justificaba el desplazamiento a verla. Al fin y al cabo, el impresionismo me cansa ya un poquito, salvo excepciones. Y lo que había hojeado en el catálogo no me decía gran cosa sobre la fotografía… Pero como surgió el viaje por otros motivos, no había ninguna excusa para no aprovechar.

Decir que la entrada a la exposición es la misma que la entrada al museo, por lo que con ella puedes ver la exposición temporal mencionada, la exposición permanente y otra exposición temporal en la que se muestran las obras de la colección relacionadas con la Bauhaus, con motivo del 100º aniversario de la escuela.

Esta última está bien, pero es una única sala con unas cuantas pinturas, interesantes, pero que no te dan una idea real ni amplia de lo que fue la Bauhaus. La exposición permanente ya la conocíamos bien, pero aprovechando la posibilidad de revisitarla, lo hicimos dirigiéndonos directamente a aquellas obras que más nos interesaban. Curiosamente, algunas de las más antiguas, y las más modernas.

En cuanto a la exposición de interés… No está mal. Una selección curiosa e interesante de cuadros impresionistas, y también de pintores impresionistas cuando abandonaron este estilo, y otra selección en paralelo de fotografías de época, mostrando la influencia mutua entre ambas. Aunque lo cierto es que más habría que hablar de la influencia de la fotografía en la pintura impresionista. Muchas de las fotografías son albúminas y copias a la sal de los años 50 y 60 del siglo XIX, previas a la aparición del movimiento impresionista a principios de los 70 de ese mismo siglo. Se ha dicho que la aparición de la fotografía liberó a la pintura. Disponiendo de un medio que documenta con cierta fidelidad el mundo, la pintura se pudo dedicar a buscar otras formas de expresión.

También encontramos algunas fotografías más tardías, cuando algunos fotógrafos abandonaron el interés documental por el artístico, adoptando inicialmente el llamado pictorialismo, en el que buscaban emular las cualidades visuales de las pinturas, y estos sí fueron influídos notablemente por el movimiento impresionista.

No está mal. No dejan hacer fotos. Ni siquiera para tomar nota de las cartelas de las obras. Pero tampoco es una exposición de primera línea.

Eamonn Doyle en Fundación Mapfre (Bárbara de Braganza)

Había oído hablar y visto alguna obra de Doyle con antelación, pero nunca me había detenido mucho en dicha obra. No obstante, parecía evidente que dado que desde el Thyssen hasta Bárbara de Braganza es un cómodo paseo, y que no quedaba lejos del lugar donde había quedado a comer, tocaba visitarla. Gratuita si eres cliente de Mapfre. Bien, pues.

Lo cierto es que me sorprendió muy gratamente. Basada en cuatro series, por un lado, i, End y ON, que reflexionan sobre las ciudades y la vida en el entorno urbano, y por otro lado K, más intimista, conceptual, asociada a la muerte de la madre, la exposición presenta copias de gran formato que llenan de forma amplia las paredes de los dos pisos que ocupa la exposición. Es difícil con esta presentación individualizar las imágenes individuales, por lo que la visita se hace contemplando el conjunto de fotografías como un todo, y no está mal. desde ese punto de vista.

Me gustó. Más de lo que esperaba. La impresión que deja la obra de un artista cambia mucho según cómo se presente, y en este caso gana mucho. Un sobresaliente a la amabilidad del personal de la sala de exposiciones que contrasta con la eficiente pero fría cordialidad del Thyssen.

Francesca Woodman en Fundación Canal (Mateo Inurria)

Woodman es un fenómeno reciente. Una popularidad en diferido. La fotógrafa se suicidó joven con solo 22 años, tras haber dejado tras de sí un cuerpo de obra que aúna a la vez la frescura y la espontaneidad, las ganas de experimentar de la juventud, con una profundidad conceptual que normalmente se atribuye a artistas más granados y experimentados. La pena es que hace casi cuarenta años que nos falta, y que hasta hace poco poca gente se había preocupado por esta obra. Ahora se ha puesto de moda rescatar fotógrafos olvidados de todo género, y afortunadamente tenemos amplio acceso a la obra de Francesca Woodman.

Ya dispongo desde hace unos años de un libro sobre una parte amplia de la obra de Woodman y estoy familiarizado con ella. También había tenido ocasión de contemplar obra en algún museo de arte contemporáneo. No grandes series, muestras pequeñas de su obra. Pero en esta ocasión, la exposición que viene de la mano de una comisaria del Moderna Museet de Estocolmo, presenta de una forma muy sistemática y didáctica las distintas series que han sido seleccionadas para la exposición. Esta no es exhaustiva, pero sí que es representativa, incluyendo unos cortos vídeos grabados por la fotógrafa y que permiten comprender mejor el proceso creativo de la joven. Quitado algún «error» en la traducción al español de las cartelas y de los comentarios de la comisaria, lo cierto es que la labor de esta me parece encomiable a la hora de disfrutar de la exposición. Muy recomendable.

[Cine] Sesión doble: Billboards y Wonderstrucks (2017)

Cine

Estamos ya en plena temporada de películas con opciones a premios diversos. Y cada vez las distribuidoras y los exhibidores comprimen más la programación de estas películas en menos semanas. Después de un otoño y principio de invierno con la cartelera bastante floja, ahora se acumulan las películas interesantes. Tengo serias dudas de que esto sea beneficioso para la industria del cine,… pero bueno… hace tiempo que opino que no es una distribuidores y exhibidores tienen intereses incomprensibles las más de las veces. El caso es que hoy vamos con una sesión doble, de las dos películas vistas en la última semana. Para no aburrir, iré más rápido y escueto, aunque eso no quiere decir que las películas sean menos interesantes.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017; 03/20180114)

Una de las películas favoritas para ganar el Oscar, o varios oscars, es esta dirigida por Martin McDonagh, director irlandés que se prodiga poco, pero de la que recordamos con cariño una comedia ácida de hace unos años. Casi diez años.

En esta ocasión nos lleva a una ciudad pequeña del medio oeste norteamericano, donde una madre (Frances McDormand) contrata unos grandes anuncios en una carretera secundaria denunciando que la oficina del jefe de policía (Woody Harrelson) no ha resuelto el caso de la violación y asesinato de su hija tras meses desde que sucedió. Y esto producirá un gran revuelo y conflicto en esa ciudad, en el que pocos quedarán indemnes.

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Los dioramas del Museo Americano de Historia Natural tienen un papel importante en la película. Así que os dejo algunos como ilustración de esta entrada.

Se dice de esta película que es una peculiar mezcla de géneros. Desde el principio y con frecuencia flirtea con el drama y la tragedia, pero con frecuencia tenemos la sensación de asistir a una comedia negra. McDonagh parte de lo particular y circunstancial para hacer un retrato de la América de Trump, con todos sus defectos y con algunas virtudes. También hay terreno para reflexiones sobre la naturaleza individual del ser humano; sentimientos de culpa, posibilidad de redención,… A pesar de que los mimbres dan para acabar con un sentimiento fatalista sobre el destino de la especia humana, el director opta por un mensaje final relativamente optimista.

Grandes interpretaciones. De los dos mencionados, pero también del resto del reparto, destacando especialmente a Sam Rockwell, y más discretamente el joven Caleb Landry Jones. Sin desmerecer a ninguno de los varios otros que salen.

Realmente buena, podríamos decir imprescindible. No sé si es la obra maestra que algunos pregonan, pero se le acerca bastante.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****

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Wonderstruck (2017; 04/20180115)

Hace dos años, a algunos nos maravilló una película de Todd Haynes que pensamos que fue muy injustamente ninguneada en los Oscars. Más prejuicio del que creen arrastras los pretendidamente «progresistas» académicos norteamericanos. Así que cuando anunciaron una nueva película del director, nos aprestamos a ir a verla.

En esta ocasión también se basa en una obra literaria, pero de Brian Selznick, que además es el guionista de la película. Así que suponemos que será fiel… Hace unos años, Scorsese también se basó en un libro suyo para una espectacular película. Y también en esta ocasión, los protagonistas son niños que han perdido a sus padres de una forma u otra. Y abandonan sus casas para ir en su busca. Aunque en dos épocas distintas. Rose (Millicent Simmonds) en los años 20 del siglo XX. Ben (Oakes Fegley), a principio de los 70. Pero en torno al Gabinete de las Maravillas del Museo Americano de Ciencias Naturales, sus destinos confluirán.

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Estamos ante un cuento de carácter amable y buenrollista, que analiza la naturaleza de la familia, justamente cuando esta desaparece o se desvanece o desestructura. Sus principales virtudes están en la espontaneidad de los críos que la protagonizan, y en la magnífica fotografía de Edward Lachman, que también se lucía en la anterior película del director. Particularmente, la ambientación de los años 70 te hace pensar constantemente en fotógrafos en color como Joel Meyerowitz, William Eggleston, Stephen Shore u otros. Destacada presencia de Julianne Moore, y pequeña presencia, poco más que un par de cameos, de Michelle Williams.

No llega al nivel de Carol, pero es una película muy visible y disfrutable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ***

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Despedimos Corea del Sur con un paseo de tres horas por Seúl

Viajes

Como en otros viajes, la última entrada de fotos del mismo no la envío por correo electrónico durante mi periplo sino que la escribo ya sentado ante el ordenador de sobremesa de casa, con las peripecias del último día o las últimas horas del viaje.

Nada voy a comentar del largo viaje que comenzó hoy mismo, cerca de la una de la madrugada, en el aeropuerto internacional de Incheon. Que no está en Incheon. Ni en Seúl, aunque también se diga de él que es el aeropuerto de la capital surcoreana. En estos momentos en el reloj del ordenador se anuncian las 17:45 horas de la tarde, pero para mí es como si llevase tres cuartos de hora del día siguiente. Ya han pasado más de 24 horas desde mi última medianoche, y aun queda un rato para meterme en esa cama que tanto anhelo.

Pero si mi último envío desde Corea eran fotografías de la relativamente infructuosa mañana de compras en las horas antes de tomar el tren que me llevaría de Busan a Seúl, estas de horas corresponden a las más interesantes tres horas que pasé en la capital surcoreana antes de dirigirme al aeropuerto que la sirve.

Y con el bullicioso grupo de colegiales del encabezado, que ignoraban supinamente al fotógrafo que intentaba inmortalizar su excursión por el Seoullo 7017, comencé mi recorrido por esta pasarela, antigua vía para el tráfico rodado elevada que ha sido reconvertida en jardín botánico. Y es que había que aprovechar la mejor luz de atardecer que he tenido en todo el viaje. Con vistas a los alrededores de la estacicón central de Seúl.

Desde aquí, me dirigí a la zona de la puerta Namdaemun, con sus tiendas de fotografía con abundante material de segunda mano y ocasión, su antigua puerta y su mercadillo. Había que dar una tercera oportunidad…

No sé cómo se me quedó pegada en la mano esta «cosa» de la que os hablaré dentro de unos días, cuando la haya probado un poquito y tenga resultados.

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Ya con la noche caída, pero todavía con tiempo antes de ir a coger el tren expreso que une la estación central de Seúl con el aeropuerto de Incheon, cogí un metro y me bajé a dar un pequeño paseo por Dongdaemun Design Plaza, con el edificio obra del gabinete de arquitectos de Zaha Hadid, como el Pabellón Puente de Zaragoza, y hasta la puerta que da nombre al barrio.

Después de esto sí que cogí el metro para volver a la estación y comenzar el largo y tedioso viaje que me devolviese a casa. Hasta el próximo viaje.

[Libro] Viaje con Clara por Alemania

Literatura

Sin duda alguna, Fernando Aramburu es uno de los escritores de moda en España en estos momentos. Son muchos los que comentan el éxito de su último libro… y muchos los que me lo han recomendado. Pero en estos momentos, a punto de poner el blog en modo sólo fotos, leer algo sobre las consecuencias de las tontás identitarias que provocan unos u otros de todo tipo, signo y bandera, y no me refiero solo a los centrífugos, también a los centrípetos, me apetece tanto como que me den de patadas en el borde tibial anterior, o sea, en la espinilla. No obstante, curioso por leer algo del autor, di en encontrar este libro de viajes publicado en 2010, que se me prometía divertido por el sentido del humor que emanaba de sus páginas.

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No conozco todos los lugares visitados en el viaje por Alemania, pero algunos sí. Por ejemplo, Bremen, aunque era Brema cuando me contaban el cuento de los músicos cuando era pequeñito.

Este libro está narrado en primera persona por un individuo que supongo cuarentón o a punto de serlo, originario de un país innominado, pero que podemos suponer España, y casado con una alemana, profesora de lengua en un instituto de una pequeña ciudad costera del mar del Norte, en las regiones septentrionales del país germánico por excelencia. Parece que su dedicación habitual es cuidar de la casa y dar clases eventuales de su lengua materna. Cuando arrancan el relato, su esposa, Clara, el nombre del narrador no se menciona, «ratoncito» o «señor Ratón» son su apelativos más habitual, se ha pedido un permiso de sus deberes docentes con el fin de escribir un libro de viajes por el norte de Alemania, con referencias a los escritos por otros literatos alemanes en el pasado. Y ambos van a abandonar su casa durante unos meses. El libro es el relato de ese viaje desde el punto de vista del «señor Ratón» (¿Herr Maus?).

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Hamburgo, tanto paseando por la zona portuaria, en el encabezado, como por los barrios del pecado de Sankt Pauli.

Por supuesto, el libro no es un libro de viajes, exactamente. Más bien es un relato humorístico, a ratos sarcástico, a ratos irónico, a ratos paródico y a ratos tierno, de la convivencia matrimonial de esta singular pareja internacional sin hijos. Así como de sus relaciones con grupos  familiares o amistosos diversos, a cual más disfuncional y sin embargo típicos.

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La hanseática Lübeck, antaño conocida en español como Lubeca.

En un momento dado me planteé hasta qué punto el relato podría ser autobiográfico. Determinadas referencias del relato sitúan el viaje en 2003. Es conocido que el autor está casado con una alemana y vive en Alemania. Cotejé su biografía, y comprobé que hay diferencias notables. El protagonista del libro no terminó sus estudios, y conoció a Clara en una estancia de seis meses en Gotinga para aprender el alemán. El autor estudió filología hispánica en la Universidad de Zaragoza, ciudad donde conoció a la que sería su esposa. Así que, en principio, no. En el fondo, desconozco, puesto que no se narran en sus biografías, las peripecias de su devenir matrimonial.

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La coqueta Celle.

El narrador, o sea, la narración, tiene un punto borde. El marido es un cabroncete que aprovecha cada momento para darse la mejor vida que puede ofrecerse, teniendo un punto hedonista que básicamente se expresa por su afición a la comida, la bebida, determinadas partes de la anatomía femenina y el Werder Bremen. La esposa se nos presenta con un carácter seco y dominante, y un tanto neurótica e hipocondríaca, aquejada de fuertes jaquecas cada vez que sus planes se tuercen. No hace falta ser un lince para deducir que el autor está representando la adustez luterana germánica y el carácter irreverente y voluptuoso del catolicismo latino en sendos cónyuges, que entran con frecuencia en colisión, con la frecuencia victoria, al menos aparente, de lo germánico, pero con el latino viviendo a costa de lo anterior. Y a pesar de todo, no falta momentos de ternura, puesto que en realidad, aunque instalados en la rutina por dieciséis años de matrimonio, no pueden vivir separados, y se quieren.

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El macizo del Harz, aunque lo que yo conozco no coincide con lo recorrido en el libro.

No estamos ante un libro redondo; tiene algunos altibajos. Redactado con un estilo coloquial, como conviene al narrador principal, tiene momentos de notable hilaridad. Dada mi costumbre de leer en el autobús urbano durante mis desplazamientos por la ciudad, la cantidad de veces que he sido interpelado estos días por señoras de cierta edad que no podían contener la curiosidad por lo que me hacía reír, ha sido notable. Pero también tiene algún momento de bajo, y pasajes en los que el libro se estancaba en una situación determinada, sin un avance aparente. Dicho lo cual, me parece bastante recomendable, es divertido y se lee fácil. Hasta los más reticentes lectores deberían poder con él. Pero me la impresión de que no me prepara para el libro que todo el mundo me recomienda. Creo.

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Y terminan viaje en Berlín, aunque el «Monumento a los judíos de Europa asesinados» no debía de estar terminado en la época del viaje.

[Viajes] Resumen del viaje por Italia – ciudades umbras y toscanas

Viajes

Han sido seis días de viaje, para cinco de pleno aprovechamiento por el centro de Italia. Alojados en Perugia, en su casco histórico, en un hotel con sus habituaciones distribuidas por un edificio del siglo XIV, con lo de divertido y de incómodo que puede ser eso… Por decirlo de alguna manera, si estábamos en el planta segunda,… algunas habitaciones de esa planta estaban más o menos a esa altura, algunas casi en la tercera y otras casi en la primera… No sé si me explico.

Pero eso sí, con algunas salas estupendas, pintadas con frescos, unos más acertados y otros menos.

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Sala de lectura del «albergo».

En los próximos días comenzaré a redactar mi diario de viaje en las páginas que tengo habilitadas a tal fin. Pero de momento dejaré aquí unas impresiones generales del viaje con unas cuantas fotografías para ilustrarlas.

En primer lugar, hemos recorrido algunas ciudades de las regiones italianas de la Umbria y Toscana, regiones vecinas que comparte elementos culturales en común. Varios cascos históricos de origen medieval muy bien conservados, desde la populosa Perugia hasta la tranquila Gubbio.

Vista de Perugia, Umbria, al anochecer.

Vista de Perugia, Umbria, al anochecer.

Murallas y castillo en Assisi, Umbria, o Asís, en castellano.

Murallas y castillo en Assisi, Umbria, o Asís, en castellano.

El casco histórico de Gubbio, Umbria, domina la llanura próxima.

El casco histórico de Gubbio, Umbria, domina la llanura próxima.

Una soleada y agradable mañana en Arezzo, Toscana.

Una soleada y agradable mañana en Arezzo, Toscana.

Laberíntica y escarpada Crotona, Toscana.

Laberíntica y escarpada Crotona, Toscana.

Paseando por el casco viejo de Orvieto, Umbria.

Paseando por el casco viejo de Orvieto, Umbria.

Orvieto se encuentra sobre una meseta elevada sobre su entorno.

Orvieto se encuentra sobre una meseta elevada sobre su entorno.

Las ciudades italiana destacan sobre las españolas en que muchas veces la arquitectura civil puede ser tan vistosa como sus edificios religiosos. Pero desde luego sobre abundan las ermitas, iglesias, santuarios, monasterios, catedrales y demás,… indudablemente, se nota la cercanía de Roma y la influencia del papado sobre estas regiones.

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En un enclave natural privilegiado encontramos el eremitorio de las Cárceles (eremo delle Carceri), a unos cinco kilómetros de la basílica de San Francisco en Assisi. No hay transporte público salvo que te quieras pagar un taxi. La ida cuesta arriba, la vuelta cuesta abajo. Un buen paseo, que incluye atravesar el casco histórico de Assisi. O Asís.

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Contrasta la rica decoración de las dos plantas de la basílica de San Francesco en Assisi con la teórica pobreza de la que hacen gala los monjes de la orden que fundó el considerado santo por la Iglesia católica.

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No muy lejos, la iglesia del monasterio de la abadía de San Pietro muestra una austeridad que se ajusta más a lo que uno esperaba encontrar en la ciudad del austero monje.

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Perturbadoras las pequeñas pinturas de la basílica de San Pietro de Perugia, más propias de la ilustración de un libro del marqués de Sade que otra cosa, y que parece que corresponden, tras un poco de investigación, a las ocho torturas de Santa Cristina de Bolsena. Qué afición al gore tienen estos curas, oye.

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Más elegante, esbelta y estilosa la catedral de Orvieto… aunque también encontramos algunas escenas apocalípticas con diablos y condenados muy divertidas.

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Siempre he preferido los templos más sencillos, como la iglesia con planta de basílica de San Giovenale en Orvieto, de 1004, con frescos de los siglos XII y XIII.

Por supuesto, hemos dedicado algún tiempo a la riqueza artística, siempre tan amplia, de las regiones italianas, con visita a algún museo o algún lugar de especial significación artística. Más allá de lo mucho que hemos encontrado en los edificios mencionados.

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Nos preguntamos un buen rato si esta señora china sabría porque esta pintura del Perugino, una Anunciación, es realmente importante y merecía un lugar de honor en la Galleria Nazionale dell’Umbria, instalada en el Palazzo del Priori de Perugia. Un maravilla de pequeña pintura por otra parte.

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Dedicamos también un rato, en un día de lluvia por la mañana y viento frío el resto, a las exposiciones del festival de fotografía social y terapéutica que teníamos en el Museo Civico Palazzo della Penna, centro de cultura contemporánea de Perugia.

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Habiendo recorrido varias ciudades cuya historia se retrotrae hasta la civilización etrusca, todas las que se encuentran al oeste del Tíber, no podíamos dejar de visitar el Museo Nazionale d’Archeologia de Perugia, con abundantes ejemplos de lo que esta interesante cultura del primer milenio antes de la era común dejó para la posteridad. La fotografía no está al revés. El alfabeto etrusco está a caballo del griego y el latino en la evolución, pero escribían de derecha a izquiera, y las letras las escribían de forma especular a nuestros usos.

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Siempre me pregunto qué conseguirán registrar con sus inestables teléfonos móviles en las tenuemente iluminadas como las de la iglesia de Francesco en Arezzo. Regentada por los museos nacionales italianos, dispone tras el altar de un conjunto de frescos de Piero della Francesca de primer nivel.

Algunas curiosidades del viaje. Pues os las cuenta también ahora con algunas fotografías.

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Encantados con el minimetro de Perugia, un tendido ferroviario por el que circulan pequeñas cabinas automáticas con una frecuencia muy alta, nunca esperas más de un par de minutos, para salvar los grandes desniveles de la capital umbra.

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Salvo en Orvieto, tan apenas hemos encontrado follón turísticos. Aquí vemos algunos escolares franceses en Gubbio. Pero, por ejemplo, normalmente hay que reservar con antelación y con hora para ver los frescos de Piero della Francesca en Arezzo. Cosa que no hicimos y pudimos visitar sin ningún problema. Lo que es salirse de las rutas más convencionales.

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Hemos encontrado ciudades subterráneas. Perugia tiene un sistema de escaleras mecánicas para que sus ciudadanos salven los desniveles fuertes que tiene la ciudad. Y algunos de ellos pasan por las antiguas estructuras arquitectónicas de la ciudad como la Rocca Paolina, una antigua fortaleza sobre la que se encuentra construida la parte superior del casco histórico de la ciudad. Estratos sobre estratos de civilización.

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La ciudad subterránea de Orvieto es una atracción en sí misma, un sistema de galerías tras los edificios de la ciudad en los que encontramos pozos, prensas para el aceite, bodegas para el vino y otros víveres o columbarios (en el sentido de palomares, no de lugares para las cenizas de los muertos) donde vivían felices los pichones, hasta que el dueño del lugar los cogía para fomentar la rica gastronomía umbro-toscana.

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No es que Cortona necesite muchas excusas para ser visitada, siendo como es una ciudad muy bella. Pero esa pequeña «loggia» muestra orgullosa un cartel de haber servido de localización en exteriores para la película «Under the Tuscan Sun (Bajo el sol de la Toscana)», película floja pero protagonizada por una guapa Diane Lane.

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Parece que los años pasados tras la Segunda Guerra Mundial en los cuales los italianos se dieron la vuelta y cambiaron de bando no han bastado para que queden todavía infames recordatorios al fascista e infame Eje Berlín-Roma… Bueno, los italianos cambiaban el orden de las capitales, claro…

Por último, sólo me queda decir que hubiera estado bien disfrutar en más momentos de los paisajes entre estas ciudades, tanto la celebrada campiña toscana como los suaves montes Apeninos centrales que ocupan una buena parte de la Umbria. Pero bueno, en los días que hemos estado, menos de una semana, ha dado para lo que ha dado, y algo de paisaje hemos disfrutado, con lo que me despido.

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En las faldas de los montes en los que se encuentra Cortona encontramos el típico paisaje toscano, con olivos, cipreses, pinos y otros árboles y plantas mediterráneas.

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Y me despido también desde Cortona, donde pudimos disfrutar de un frío pero hermoso ocaso,… sobre el sol de la Toscana.