Ayer sábado estuve en Utrillas, en el Parque Temático de la Minería de Utrillas, donde visitamos algunas de las instalaciones de las antiguas minas de carbón y el museo dedicado a la actividad minera, instalado en el antiguo hospital de las minas. Aunque la estrella de visita es la “Hulla”, una pequeña locomotora de vapor de ancho de vía industrial, 60 cm, que maniobraba las vagonetas que llevaban el mineral por las instalacion.
El viaje en el día fue organizado por la Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ, distribuyéndonos los asistentes en coches particulares que salieron llenos desde Zaragoza. Creo que estuvimos 16 personas, entre aficionados a la fotografía y acompañantes. Incluyo la comida en un restaurante de la localidad. El ambiente fue excelente y lo pasamos realmente bien.
Fotografías realizadas en la estación de Castejón, Navarra, con Fujifilm GFX 50R y GF 80 mm. Disponible también en versión Substack.
No he elaborado entrada en Carlos en Plata explicando las cuestiones técnicas de las fotos. Con las fotografías digitales sólo lo hago cuando hay alguna novedad que merezca reseñarse. Pero este equipo Fujifilm ya ha pasado a constituir una parte importante de mis paseos fotográficos en este verano, sustituyendo en gran medida al equipo Canon que languidece en mi estantería, y comentar las fotos desde ese punto de vista sería rutinario.
Pero no así su contenido. Lo pasamos bien haciendo fotografías en Castejón, Navarra, ayer sábado a primera horas de la mañana. También hice fotografías con la Hasselblad, un par de rollos. De esas sí que hablaré. Pero el objetivo del viaje fotográfico era el “Platanito”. Oficialmente, la unidad eléctrica 443-001, un prototipo que empezó a circular por las vías españolas a finales de los años 70, con velocidades muy altas para la época. Demasiado moderno para su época y para el país que era España en aquellos momentos.
Llegó a hacer algún servicio comercial y servicios turísticos hasta que fue retirado en 1987. El tren acabó estacionado en Castejón en 1994 con intención de ser preservado de alguna forma. La segunda foto que muestro fue realizada en la primavera del 2000 y ya mostraba signos de decadencia con óxido y pinturas levantadas. Estamos en un país en que preservar la historia no parece interesar a nadie. Hay poco respeto para nuestra historia. Especialmente por los que más presumen de “patriotismo”, ¿patrioterismo?, que son los que más la desvirtúan o la ignoran.
Ayer llegábamos en tren a Castejón con el amanecer, un poco antes de las 7:20 de la mañana. Y estuvimos hasta las 8:50 en que salía el tren de regreso a Zaragoza. No merecía la pena estar más tiempo. Fue el rato de mejor luz del día. Aunque al final nos fue más corrido de lo pensado, por lo menos a mí, que hice dos rollos de película de formato medio, aunque no de la forma que pensaba, por un despiste. Ya lo contaré.
Como veis en las fotografías, desatendido y a la intemperie, vandalizado con grafittis, realizados por gentes que reivindican su derecho a expresarse con su arte, pero desprecian el producto del ingenio y la creatividad de otras gentes. Difícil será que respetemos su arte y a ellos mismos sino expresan un reciprocidad. Pero son ignorantes, no saben lo que están vandalizando. Tan ignorantes como los responsables políticos y culturales que no ponen los medios para preservar los elementos importantes de nuestra cultura y nuestro pasado industrial.
Aunque esto escriba, dudo que aunque alguien con capacidad de decisión lo leyese sirviese para nada. Muchos, mucho más autorizados que yo, un simple aficionado a la fotografía que encuentra una motivación estética en el mundo del ferrocarril, elevan la voz para denunciar esta desidia y esta incultura con efectos nulos. Y así será, porque ignoramos nuestra historia. Y ya lo dijo George Santayana,«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Qué pesimista me siento en los últimos tiempos respecto al futuro. Lo único que espero es que cuando pinten bastos yo ya haya abandonado este mundo. Pero igual soy demasiado optimista a este respecto.
Fotografías realizadas con Fujifilm GFX 50R, Fujinon GF 80 mm y lente de aproximación NiSi 77 mm. El detalle técnico de las fotografías lo podéis encontrar en Carlos en Plata. Entrada disponible también en Substack.
Cuando salgo a caminar unos cuantos kilómetros los días festivos, me gusta llevar objetivos fotográficos polivalentes. Que lo mismo pueda hacer un retrato de quien me acompaña, o realizar un paisaje urbano o natural, o fijarme en un detalle de la escena que se abre delante de mí, o acercarme a una planta o un pequeño animal para fotografía de aproximación.
Como no siempre es práctico llevar objetivos destinados a la macrofotografía, me gusta combinar los objetivos de focal estándar con accesorios como los tubos de extensión o las lentes de aproximación para cuando quiero acercarme a los pequeño objetos. Recientemente he adquirido una nueva lente de aproximación, de calidad, y estuve probándola ayer en el Parque Grande de Zaragoza. Estaba nublado, lo cual no le viene mal a los motivos que fui eligiendo.
Fotografías digitales del eclipse total sobre Zaragoza el 12 de agosto de 2026. Normalmente, en el Cuaderno de ruta sólo publico las fotos y un breve texto sobre las mismas. Pero para no romper la narración, traslado íntegro el texto publicado en Carlos en Plata con los aspectos técnicos de la realización de las mismas.
Este verano, de calores inclementes, muchos lo recordaremos como el verano del eclipse total de sol. Incluso puede que algunos recuerden el año 2026 como el año del eclipse. Y es que un eclipse total de sol, en tu ciudad, en tu casa, es algo que no pasa todos los días. Es algo que pasa en raras ocasiones. Yo ya había tenido la ocasión de contemplar algún eclipse parcial. Incluso hice un intento, fallido, muy mal planificado, de fotografiar uno. No es que no hiciese la foto. Es que la foto fue un burruño.
Preparando el equipo, con las gafas de protección, de obligado uso para proteger la retina.
Pero en esta ocasión, el fracaso no era una opción. O sí. Porque un elemento fundamental cuando contemplas un fenómeno como este es disfrutarlo; porque son muy bellos. Son fenomenales. Pero yo quería tener unas fotos dignas del evento. Y lo empecé a planear, aunque con poco rumbo, a principio de año. Afortunadamente, el taller que organizó ASAFONA Asociación aragonesa de fotografía de naturaleza, en primavera, enderezó y aclaró considerablemente ese rumbo. Así que ahí vino la compra de algún accesorio, y comenzar a ensayar y hacer comprobaciones.
La Lumix G9 Mark II y el Leica 100-400 mm con el filtro de Mylar.
Hay muchas fotos o posibilidades de hacer fotos en un eclipse. Pero salvo que seas un equipo de gente, es un error intentar abarcarlas todas. Yo sólo abrí dos frentes, y a punto estuvo de costarme caro. Pero, resumiendo mucho, o te orientas al lado estético, artístico si quieres, y te enfocas en el paisaje con el sol eclipsado, o te orientas al lado científico, e intentas conseguir la imagen de esos elementos solares que siempre están ahí, pero no los vemos, las manchas solares, las protuberancias solares, y la corona solar. Como soy un chico de ciencias, decidí priorizar esto.
Fase de parcialidad, en la que podemos observar algunas de las manchas solares sobre la superficie solar.
No obstante, dispuse una cámara, la Fujifilm GFX 50R con el GF 35-70 mm f4.5-5.6 sobre un trípode para, en la medida de lo posible, intentar obtener un paisaje con el sol eclipsado. Si era posible. La posibilidad se hizo más patente cuando mi sobrino Diego aceptó mi invitación a presenciar el eclipse conmigo. Yo prepararía la cámara y el encuadre, él pulsaría el botón del disparador. Y a confiar en que los parámetros previstos fueran los correctos. Como podréis comprobar, lo fueron. Este tipo de foto se puede hacer más compleja con exposiciones múltiples y esas cosas. Pero ya digo que hay que priorizar y centrarse en lo que realmente interese.
Este fue el momento en el que me tenía que acordar de quitar el filtro solar de Mylar
Y lo que me interesaba era lo otro. El primer plano del sol eclipsado. Como cámara, la Panasonic Lumix G9 Mark II con mi teleobjetivo más potente, el Leica DG Vario-Elmar 100-400 mm f4-5.6. Con un equivalente a un 800 mm en fotograma completo en el extremo más largo, era mi mejor oportunidad. Además la cámara es rápida y capaz. Como complemento indispensable, un filtro solar de mylar, un poliéster biorientado que sólo deja pasar una minúscula parte del espectro visible y bloquea por completo el ultravioleta y el infrarrojo. Y tres configuraciones personalizadas en la cámara con los datos de exposición adecuados para C1, la fase de parcialidad, C2, el inicio y el final de la totalidad, C3, la totalidad.
Mientras tanto, con la colaboración de Diego, pude hacer el paisaje con el sol eclipsado, sobre el Parque Grande de Zaragoza.
C1, la parcialidad es la más sencilla, el principal problema es enfocar correctamente, pero si lo consigues, es lo mejor para incluir las manchas solares en la fotografía. Mi filtro ofrece una dominante cálida, anaranjada, que me complace. C2, el inicio y el final de la totalidad es lo más complicada, porque transcurre en segundos, y nos sirve para contemplar las perlas de Baily, debidas a las irregularidades de la superficie lunar (montes, cráteres, valles) y las llamaradas de las protuberancias solares. C3, es la totalidad absoluta, en este caso de apenas 1’ 40”, en la que intentaremos obtener una buena imagen de la corona solar. Y quizá también las protuberancias solares más llamativas.
Cuando conseguí rehacerme, la luna empezaba dejar ver algunos de sus relieves, se veían varias protuberancias sociales, pero la cantidad de luz ya no favorecía la contemplación de la corona solar.
Todo fue bien……… ¡mentira! Olvidé quitar el filtro solar en el momento de llegar a la totalidad, y perdí un minuto sin saber porqué todo estaba negro en el visor y no veía el sol. Cuando me di cuenta tuve 30 segundos para recomponerme, maravillarme del paisaje que tenía ante mis ojos, y lanzar una ráfaga de fotos que que abarcaban el final de la totalidad y que salvaron la papeleta. Como colofón, unos minutos más tarde el sol, parcialmente eclipsado, ya sin el filtro, ocultándose detrás de los edificios del horizonte.
Un par de segundos después, el llamado “anillo de diamante”, que significa que la fase de totalidad ha terminado y comienza la fase de parcialidad final.
Al llegar a casa llevaba unos nervios horribles. No sabía qué tenía y qué no tenía. Me fui a dormir, dormí mal. Me fui a trabajar. Y al día siguiente por la tarde, ayer jueves, comprobé que me faltaba un minuto y medio fundamental del eclipse, pero que tenía varias fotos que me salvaban la experiencia. Además de la sensación de maravilla al contemplar el paisaje con el sol eclipsado mientras intentaba recomponerme de la posible catástrofe.
Ya sin filtro, aproximándose al horizonte, el sol se oculta tras las edificios del fondo, todavía eclipsado en gran parte.
Fotografías realizadas con Fujifilm GFX 50R y Fujinon GF 80 mm. Entrada publicada también en Substack.
Ahora os cuento lo de esta mañana. Aunque esto va de fotos, no voy a redactar entrada en Carlos en Plata, porque lo que pueda contar ya está dicho en lo que se refiere a la combinación de cámara y objetivo, que se ha vuelto muy popular en mi bolsa de paseo fotográfico en los últimos tiempos. Sería volver a decir lo mucho que me gusta la nitidez de la óptica y qué bien se lleva con los muchomegapíxeles de la cámara. Pues ya está. Dentro de unas semanas ya hablaré del rollo de película que he hecho también.
La cuestión es que he estado un ratito, a primera hora, en Olite. Como iréis viendo, a lo largo del verano hemos ido recorriendo la línea ferroviaria entre Zaragoza y Castejón. Madrugamos. Cogemos el tren a las seis de la mañana, hacemos algunas fotos en el entorno de la estación en la que bajamos (Alagón, Gallur, Luceni,…), y nos volvemos en uno de los dos trenes que nos permiten estar de vuelta en Zaragoza entre las 11:00 de la mañana y las 12:00 del mediodía.
No hace falta estar más. Hace calor. La luz no está tan bien con el primeras horas entre las 6:30 y las 8:00. Y además luego no hay trenes utilizables hasta por la tarde. Y no es cuestión de estar zascandileando por ahí con el calor en los pueblos de la ribera alta del Ebro. Estamos activos cuando hace fresquito y la luz es mejor, y luego a casa. Bien.
Pero para hoy, los compañeros dijeron que podíamos llegar hasta Olite, que no lo conocían, hacer las fotos de primeras horas de la mañana. Después, hacer turismo visitando el palacio y esas cosas, y volver por la tarde. Pero a mí no me apetecía quedarme todo el día. Ya he visitado en un par de ocasiones el castillo y en mejores circunstancias. Pero he decidido mantener el plan de los otros días.
Así que como en sábados previos, hemos cogido el tren a las seis de la mañana. Claro que, aunque hemos visto la salida del sol cuando llegábamos a Tudela desde el tren, a lo que hemos llegado a Olite eran cerca de las 8:00 de la mañana. Pensaba que se habría pasado lo mejor de la luz de la mañana. Pero no ha sido así. Me pregunto si los incendios en las Cinco Villas (o en algún otro lugar que desconozco) ha dejado polvo o algo en la atmósfera, pero la luz suave y cálida de la llamada hora dorada ha durado bastante más que de costumbre para la época del año. Mejor. Además. La temperatura era fresquita en el sentido de muy agradable.
Olite no tiene mucho misterio. Es una población muy agradable de visitar, presidida por el palacio real con alguna iglesia interesante como Santa María la Real. Y un casco histórico entretenido de visitar y fotografiar. Yo me he vuelto en el tren que venía desde Pamplona y llegaba a Olite poco antes de las 10:00 de la mañana, para llegar antes del mediodía a Zaragoza-Miraflores, a diez minutos de casa. Pues más o menos lo de los sábados anteriores, pero más lejos y más mono.
Fotografías realizadas con una Fujifilm GFX 50R y Fujinon GF 80 mm f1.7 R WR. Entrada publicada también en versión Substack.
Comprar en su momento una cámara de formato medio digital fue un capricho como otro cualquiera. Nada que realmente “necesitase”, suponiendo que algo que se adquiere para mantener una afición sea una “necesidad” en algún momento. Pero se me acercaba mi cambio de década (en edad) y decidí darme un premio. Y la adquirí por un precio no demencial, pero no barato. Pero bueno… comparado con los precios habituales de estos equipos,… “barato”.
La fui usando con el sencillo, pero muy eficaz, objetivo normal de focal simple con la que venía; muy nítido y agradable de usar. Luego, tampoco hace tanto, le busqué un sencillo, pero también muy eficaz, objetivo de focal variable, entre gran angular y focal normal larga. Más versátil, aún. Y me entró el gusanillo por disponer de una óptica muy luminosa. Y es que siempre me ha motivado más el mundo de las ópticas fotográficas que las cámaras. Las cámaras van y vienen. Los objetivos son para siempre, o pueden serlo, y tiene algo más “mágico”. Entre comillas, que soy de ciencias, y me apasiona esa parte también de la fotografía.
Fotos realizadas ayer en el Parque Grande de Zaragoza con Fujifilm GFX 50R, Fujinon GF 35-70 mm f4.5-5.6 y lente de aproximación de 3 ⅓ dioptrías. La descripción de los detalles técnicos de las fotos en Carlos en Plata.
Hoy tengo el día algo liado, pero he madrugado un poco y voy a escribir una entrada fotográfica no muy larga. Sobre algo que hice ayer, también muy a primera hora de la mañana, cuando fuimos al parque a hacer algunos retratos, pero acabé entreteniéndome también con algunas fotografías de aproximación en la rosaleda del Parque Grande de Zaragoza.
Utilizando un equipo “improbable” me dispuse a “perseguir” los bichos que pudiera encontrar. Pero en la tranquila y ligeramente nublada mañana de ayer no vi muchos. Los sempiternos áfidos que abundan en las rosas, y una ninfa de Tettigoniidae, una especie de grillo similar en su forma a un saltamontes, que este año me he encontrado con frecuencia durante la primavera. Y no están mal. Creo.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Fotografías de la capital de la Rioja Baja con Fujifilm GFX 50R y Fujifilm X100VI.
Como suele suceder por estas fechas desde hace unos años, entre la fiesta de San Valero, festivo local en la ciudad de Zaragoza, y algún día más que me cojo por mi cuenta, es el momento de comenzar la actividad viajera del año, aunque sea en escapadas cortas de un día. Desgraciadamente, este año va a ser sólo una escapada, realmente próxima. El mal funcionamiento en estos días de la red ferroviaria, en general, y la de alta velocidad en particular, sumado al mal tiempo anunciado en el destino previsto, han hecho que suspendamos uno de los viajecitos en el día.
Pero ayer sí que hicimos una escapada corta a la ciudad riojana de Calahorra. Situada a 115 kilómetros de Zaragoza, con el tren más rápido disponible, los Alvias que conectan Barcelona con Bilbao, son aproximadamente entre 75 y 90 minutos entre las dos ciudades del valle del Ebro. Si todo va bien. Que no siempre es así. Los trenes con más paradas… pues tardan más. Claro. Por las incidencias en la circulación de estos tiempos, llegamos a Calahorra con 50 minutos de retraso a la ida, y con 40 minutos de retraso a Zaragoza a la vuelta.
Lo de las empresas ferroviarias es de vergüenza. Hace unos meses, ante las quejas constantes por los retrasos de los trenes de alta velocidad de Renfe, se anunciaba por parte del ministerio de transportes que los trenes de alta velocidad de la empresa española ferroviaria por excelencia se habían quedado o se estaban quedando obsoletos. Y algunos de ellos especialmente, que llevó a la retirada temporal de los trenes que hacían los servicios (presuntamente) más económicos. No había que echarle mucha imaginación para deducir que a la antigüedad había que sumar un mantenimiento muy justito de los vehículo. La cosa del ahorro y el funcionamiento como empresa privada. Ahora, por el triste y desgraciado accidente de Adamuz y otros menores, pero alguno también triste por el costo en vidas, es el ADIF, la empresa pública gestora de la infraestructura ferroviaria la que se ha visto obligada a revisar los trazados y a realizar trabajos de mantenimiento que ya se deberían haber hecho. Como consecuencia, enoooooormes retrasos en casi todos los trenes, especialmente los que van por las vías de «alta velocidad». A pesar de ello, y sabiendo que no van a poder cumplir con los compromisos horarios, siguen cobrando como si fuera auténtica alta velocidad, no anuncia los nuevos horarios reales, nos los ficticios que publicitan, u ofrecen la posibilidad de anular sin coste el billete de unos viajes que se sabe positivamente que no va a cumplir con las condiciones previstas. Y esto vale para todas las empresas ferroviarias. Aunque no al mismo nivel que las pérdidas de vida, como es lógico y proporcionado, no deja de ser también, en su medida, triste y lamentable.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Paisaje con Fujifilm GFX 50R y Fujinon GF 35-70 mm f4.5-5.6.
El paisaje otoñal en las zonas verdes de Zaragoza no es como el que nos cuentan en las redes sociales, de una gran variedad de tonos ocres y rojos. De hecho, eso no sucede en España salvo en muy poquitos sitios. Esos míticos paisajes de tonos ocres y rojos son propios de América del Norte y algunas regiones de Asia, y más raras en Europa. Aun en los países más norteños. La gama de tonos del follaje otoñal, siempre que sea de hoja caduca va más entre el verde amarillento el amarillo anaranjado. Y en Zaragoza, en cuanto llega el primer temporal de finales de otoño o principios de invierno, con cierzo, el temido viendo del noroeste que se enfila por el valle del Ebro, estas hojas se vienen todas de golpe al suelo. Pero no deja de haber escenas otoñales que, si la luz acompaña, nos dejan imágenes serenas y razonablemente bellas, incluso con la mezcla de elementos naturales y urbanos que caracteriza nuestro entorno. Aprovechando las mañanas serenas de estos últimos días, y que me había llegado una nueva óptica de formato medio, los ratos en los que un virus invernal me ha dado algo de tregua, he salido a fotografiar esas escenas. Sin muchas más pretensiones.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Primera prueba de mi nuevo objetivo Tamron 90 mm macro (de segunda mano en realidad), adaptado a una cámara digital de formato medio.
Llevaba ya un tiempo dándole vueltas a la cabeza de adquirir un objetivo macro en condiciones, de buenas prestaciones ópticas, sólido, con cierta versatilidad a la hora de usarlo para otras disciplinas que no sean la macrofotografía. Apto tanto para digital como película fotográfica. Que se pueda usar en distintas cámaras. Y que me costara una cantidad razonable de dinero, muy razonable. O de una marca china si es nuevo, o de segunda mano si es de marca más prestigiosa.
Ya lo tengo. Y estas son las primeras fotos que hice con él. No son macrofotografía. Un par de ellas son fotos de aproximación a motivos florales. Pero nada más. En Alagón. Cerca de Zaragoza. Madrugamos para ir en tren a primera hora de la mañana. Y vimos salir el sol en la propia estación del tren al llegar. Luego nos dimos un largo paseo por el pueblo hasta que pasase un tren de regreso a Zaragoza. Y bien, oye.
Esta serie de fotografías que ilustran esta entrada de este Cuaderno de ruta puede verse, comentada desde un punto de vista de la técnica fotográfica, en Carlos en plata. Amanecer del sábado 5 de abril y maratón en Zaragoza al día siguiente.
Este fin de semana ha sido el del “quiero y no puedo”. Me hubiera volver a Utebo a seguir explorando fotográficamente el casco viejo de la ciudad del área metropolitana de Zaragoza. Pero es algo que estoy haciendo con otro compañero de afición y no le venía bien.
Como contrapartida, salí el sábado por la mañana para ver si habían despejado las nubes que trajeron tormentas la noche del viernes. El pronóstico era favorable. Pues no, las nubes estaban ahí. Tres cuartos de hora más tarde ya estuvo despejado, pero no se vio salir el sol que era lo que se pretendía. Aun así aproveché la buen luz de ese ratito.
Para el domingo hablamos de ir a fotografiar la Maratón de Zaragoza a su paso por los espacios de la que fue Expo Zaragoza 2008. Pero no nos aclaramos con la logística de la cuestión. El problema es que había que madrugar los suyo para estar allí en posición entre 8:30 y 9:00 horas. Esa parte del recorrido está al principio de la carrera.
Pero llegar allí no era baladí por los cortes en los recorridos de líneas de autobús urbano. Y es una parte de Zaragoza que nos pilla especialmente apartados. Así que el personal, con pocas ganas de madrugar, se rajó. Y yo, al despertarme tomé la decisión de aprovechar que el paso por los kilómetros 26 – 27 estaba en el Puente de Hierro, con un paso previsto del primer corredor entre las 9:45 y las 10:00 horas. Y allí estuve fotografiando el paso de los primeros correros de la carrera.
El viernes pasado me cogí un día de fiesta. Me quedan bastantes todavía de este año, y hemos entrado ya en el último tercio del año. No teniendo urgencias laborales para ese día… decidí prolongar el fin de semana. Y tras hablarlo con un viejo amigo con el que he reconectado recientemente, le propuse ir de exploración. Los campos de cultivo, la vega del río Jiloca a su paso por la comarca del Jiloca en la provincia de Teruel, hace tiempo que despierta mi curiosidad de cara a posibles fotografías de paisaje, especialmente de cara al otoño, cuando los colores sean más agradables. Pero una cosa es lo que ves al pasar con un coche o desde un punto determinado, y otra cosa es el continuo a lo largo de la comarca.
La idea me viene rondando de los dos años consecutivos que en el mes de octubre acudimos a fotografiar la flor del azafrán (y aquí, y aquí). Entonces me di cuenta que a lo largo de la cuenca del Jiloca, en las inmediaciones del curso del río, existían estas posibilidades paisajísticas. Pero antes de ir con todo el equipo, opté por explorar. Investigando rutas, encontré lo que es la Etapa 5 de la GR 160 Camino del Cid, entre Calamocha y Monreal del Campo. Esta denominación es confusa, porque también se denomina quinta etapa de la GR 160 a un tramo del sendero que discurre por la provincia de Burgos. O eso me encuentro al buscar en Google. En cualquier caso, si buscáis en Wikiloc encontraréis descripciones de la ruta que hicimos nosotros. Está razonablemente señalizada. Otra cosa es que sea el recorrido más interesante que se pueda hacer entre el punto inicial y el punto final.
Nos desplazamos hasta Calamocha en tren. Es la primera vez, que yo recuerde, que cojo el tren en la línea Zaragoza – Teruel – Valencia, cuya fama no es muy buena. Salida de Miraflores a las ocho de la mañana, con llegada a Calamocha a las diez,… más el retraso de un cuarto de hora. Lo cierto es que, en el recorrido que hicimos, el estado de la línea es correcto o bueno, y el único problema que tiene es que entre Cariñena y Calamocha, la línea es muy sinuosa y el tren no puede avanzar a gran velocidad. También que, desde que sale de su estación de partida en Miraflores hasta que enfila el valle del río Hueva en dirección sur se da una vuelta alrededor de la ciudad que le lleva un tiempo. Recorrimos caminando 22 kilómetros pasando por los núcleos de población de Calamocha, inicio del recorrido, El Poyo del Cid, Fuentes Claras, Caminreal, Torrijo del Campo y llegada a Monreal del Campo. Tan apenas nos detuvimos en los núcleos de población, salvo para comer alguna pieza de fruta y beber algo fresco, porque teníamos pensado regresar en el tren que para en Monreal del Campo cerca de las tres y media de la tarde. Nos sobraron 25 minutos,… más el retraso de un cuarto de hora.
El comienzo de la ruta, entre Calamocha y El Poyo del Cid, discurre paralelo o aprovechando una vía verde del antiguo Ferrocarril Central de Aragón en su recorrido entre Calatayud y Caminreal, donde confluía con la línea que venía de Zaragoza y seguir a Teruel y Valencia. Se supone que esta línea formaba parte de lo que luego se llamó el Santander – Mediterráneo, que nunca llegó a tener una continuidad total. Se aprecian los edificios de la estación de Calamocha y algunos taludes, trincheras y puentecillos. Después del Poyo, sigue por caminos rurales que comunican los núcleos de población mencionados con los campos de cultivo en la vega del Jiloca. Todo muy bien hasta que después de salir de Torrijo del Campo, en un bifurcación donde encontramos uno de los típicos peirones de la provincia de Teruel, el camino nos dirige a cruzar las vías del ferrocarril en activo, recorriendo el lado sur de la vía hasta Monreal, en un tramo de unos cuatro kilómetros de escaso o nulo interés. Deberíamos haber seguido por el camino asfaltado que une Torrijo con Monreal. Pero supongo que la GR 160 lo evita por el paso de vehículos motorizados. Pero paisajísticamente es más interesante que el secarral por el que transcurre oficialmente la GR.
Algo después de las tres y media de la tarde montamos en el tren de regreso, que sólo tardó una hora y tres cuartos, por ser un semidirecto que hace menos paradas. Y que procedía, para nuestra sorpresa, de Cartagena. Desconocíamos que hubiera una conexión directa en tren desde Zaragoza a Murcia y Cartagena. Quizá la aprovechemos algún día. Aunque el recorrido dura muchas horas. El tren venía lleno. Sin problemas porque habíamos sacado billete con reserva con antelación. Supongo que al ser viernes, había mucha gente regresando a pasar el fin de semana a sus hogares o los de sus familias.
En conjunto, el recorrido realmente tiene algunas buenas oportunidades, especialmente para atardeceres de otoño en los cuales se podrá hacer la misma combinación ferroviaria, pero regresando en el tren que pasa por Monreal del Campo cerca de las siete y media de la tarde, con paradas intermedias, suponemos que alguna de ellas facultativa, en Torrijo del Campo y Caminreal-Fuentes Claras, además de Calamocha, claro está. Fue una jornada agradable en la que afortunadamente no hizo mucho calor. Fotos realizadas con la Fujifilm GFX 50R y el GF 50 mm. Debería haberme llevado la Olympus OM-D E-M5 Mark III con un objetivo zoom o varios objetivos sencillos. Más ligera, e igualmente eficaz para documentar lo que me interesaba. Con película fotográfica tradicional, ya os contaré otro día.