Sobrevolando Nueva Inglaterra.

Carlos Carreter
http://carloscarreter.com
Sobrevolando Nueva Inglaterra.

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Todos los años a mitad de agosto intento hacer una escapada de cuatro o cinco días. Y este año ha tocado visitar, de nuevo, la capital alemana. Cosa que ya hicimos en fechas similares en 2009, en aquel momento con la excusa de la exposición de la Bauhaus. En esta ocasión, las excusas han sido otras, pero bienvenidas sean las excusas. Esta es una ciudad siempre interesante de visitar.
Mientras saco tiempo para ir «revelando» las fotos y elaborando el diario del viaje, os dejo con unas cuantas imágenes de la visita a la ciudad, a modo de resumen. Espero que os gusten.

Cómo no, uno de los símbolos de la capital alemana, la Berlin Fernsehturm, vista desde la animada Alexanderplatz.

Han cambiado la «decoración» reivindicativa la estación del S-Bahn de Savignyplatz; han quitado al miliciano de Capa, y han puesto alusiones al periodo nazi, ya que este año es el 80º aniversario del ascenso al poder de esa «gente».

El asunto nazi, junto con el asunto comunista, son dos de los negocios turísticos más boyantes berlineses; aquí un lienzo del infame muro en la East Side Gallery.

Hubo bastante tiempo para dedicar al arte en una ciudad plagada de museos interesantes; un visitante «alucina» ante los motivos que encontraba en una copia atribuida a Lucas Cranach el Viejo del Juicio Final del Bosco. La verdad es que El Bosco pintaba unas cosas alucinantes, buenísimas. Modernísimas.

Dedicamos bastante tiempo al arte moderno y contemporáneo, entre otras colecciones a la Berlinische Galerie, museo de arte moderno, fotografía y arquitectura, establecido en Kreuzberg desde hace menos de una década.

El Tiergarten es un lugar que me suscita sentimientos ambivalentes. Por un lado, lo que daría yo porque en el centro de mi ciudad hubiera un bosque como este. Sin embargo, a la que te descuidas te aparece algún monumento al militarismo prusiano de los que está plagado. Como la conocida Siegessäule, la columna de la Victoria.

Lo que sí que es estupendo es tomarse unas cervezas relajadamente a orillas del Spree. Hay varios sitios indicados para ello, como estas terrazas frente a la Hauptbanhof, la estación central de ferrocarril.

Fuimos a visitar los ferrocarriles de vapor del Hartz, con estupendas locomotoras como esta que vemos en el depósito de Wernigerode. Paradójicamente, con lo que a mí me gustan estas cosas, yo era partidario de ir a pasar el día a orillas del Báltico. Hacía tan bueno…

Al atardecer, bandadas de estorninos sobrevuelan la ciudad. Por ejemplo, sobre la Berliner Dom (catedral luterana de Berlín) y el Lustgarten.

En mis primeras visitas a Berlín, pude contemplar todavía ese horror de fealdad que fue el Palacio de la República o Cámara del Pueblo de la RDA; en 2009, ya lo habían demolido. Desde que visité por primera vez Berlín, había oído que pretendían reconstruir de la nada el antiguo Palacio Real de Berlín. Y parece que va en serio. Han empezado las obras, y los explican en esta Humboldt Box.

En esta ocasión no visitamos ninguno de los museos de la Museuminsel, pesar de que estaba literalmente a tiro de piedra del hotel. Aquí podemos ver como la atraviesa el expreso Berlín-Varsovia mientras esperábamos a que abrieran la librería Walter König en la Burgstrasse.

En cinco ocasiones que he visitado la capital alemana, es la segunda vez que paso por el postizo Checkpoint Charlie. Y en esta ocasión ha sido casi sin querer. Sin embargo, por motivos que no acabo de entender, es una aglomeración de turistas, que no se daba la otra vez que lo vi, allá por el año 2000.

Mientras nos dirigíamos a visitar una exposición retrospectiva de la artista surrealista Méret Oppenheim, suiza nacida en Berlín, pasamos por la Topographie des Terrors, que combina las exposiciones sobre el terror nazi, con una sección del muro. Ahora recuerdan el 80º aniversario de la llegada al poder de los nazis en 1933. Hablando de Méret Oppenheim de hizo famosa, y ahí es donde la conocí yo, porque posó para Man Ray en su serie de desnudos «Erotique Voilée», cuando tenía 20 años. La retrospectiva se expone en el Martin-Gropius-Bau, donde hace cuatro años estaba la exposición Modellbauhaus.

En mi primer viaje a Berlín, en 2000, me sorprendió que era una ciudad en obras. Y así ha seguido siendo. Parece que nunca terminan de hacerla. Y como su subsuelo es rico en filtraciones de agua, son características las tuberías de desagüe del agua que bombean al excavar los cimientos de los nuevos edificios. Estas, así de rosas, atraviesan la Postdamer Platz.

Desde hace años, el memorial por los judíos asesinados en Europa forma parte de mis lugares favoritos. Pero o yo no lo entiendo, o sus autores se equivocaron al diseñarlo, o es la mayor parte de la gente la que no lo entiende. Se supone que tiene que invitar a la reflexión seria sobre las barbaridades que perpetra el género humano. Pero tal efecto parece que sólo se produce en una minoría de nosotros; la mayor parte de la gente lo ve como una lúdica oportunidad de jugar al escondite.

Como de costumbre, imposible ver la Puerta de Brandemburgo, que suele quedar oculta por escenarios, ferias, pistas deportivas provisionales, o lo que sea. En esta ocasión, el SPD (partido socialdemócrata alemán) celebraba su 150º aniversario. No sé si los partidos socialdemocratas están últimamente para muchas celebraciones.

Uno de los motivos del recuerdo del 80º aniversario de la llegada al poder de los nazis es del fin de la diversidad en la sociedad berlinesa y alemana en general. Por ello encontramos en diversos puntos de la ciudad, como ante el Bundestag, estos cilindros con las fotografías y las biografías de destacados personajes de la sociedad alemana que en el mejor de los casos tuvieron que exiliarse, y en el peor,… os lo podéis imaginar.
Como es costumbre, de cada viaje que realizo elaboro un diario con algo de texto y sobretodo fotos. Después del experimento con Wix par el de mis vacaciones de Semana Santa por Italia, he vuelto a la comodidad y simplicidad de Blogger, y ya podéis encontrar el diario de viaje de Escocia 2013. Cuyo enlace desde hoy podéis encontrar también en la columna lateral de este Cuaderno de ruta, en la sección de viajes.
Espero que os guste. Comentadlo si es así.
Ahora estoy preparando el libro de fotografías. No sé si seguir con los tradicionales de Blurb, o rascarme el bolsillo con algo más pico del tipo Milk+Moleskine. Ya veré. Y os lo contaré.
Durante una semana he buscado el fresquito del norte de la Gran Bretaña, Escocia, para huir de los calores y de los follones cotidianos. Vacaciones. He ido mandando algunas imágenes tomadas con el teléfono móvil estos días atrás. Pero creo que es momento de hacer un resumen de lo visto y oído. Si es que la lamentable conexión a internet con la que me he encontrado a la vuelta me lo permite. No ha sido un viaje que ha buscado batir récords de cosas a visitar. De hecho, una parte de los recorrido ya lo conocía. Pero aun así, ha cundido y ha estado bien. Como siempre, lo cuento con fotos. Es larga la entrada. Aviso.
En los próximos días, elaboraré el diario de viaje y prepararé el libros de fotografías del mismo. Os iré manteniendo informados.

La vista más característica de Edimburgo probablemente sea la del castillo sobre la gran zona de jardines de Princes Street Gardens.

Los tejados de la estación de Edinburgh Waverly, la más importante de la ciudad, están pensados para proteger a los viajeros del temperamental clima escocés. Pero en días de calor, raros pero los hay, pueden hacer un efecto invernadero, y convertir el paso por la estación en un agobio. Sucedió este pasado martes.

Muy jovencitos este grupo de chavales que tocaban música con aires celtas con gran entusiasmo en la Royal Mile de Edimburgo.

Holyrood Park es una zona verde privilegiada de Edimburgo. De origen volcánico, tiene su «ben» (montaña), la Silla de Arturo, algunos «lochs» (lagos) y algunos «glens» (valles de origen glaciar), junto con una vegetación que hace que reproduzca en miniatura el paisaje de las Highlands.

En el castillo de Stirling tuvimos la oportunidad de escuchar un agradable concierto de una coral de adolescentes, que la verdad es que lo hacían muy bien.

Algunos empleados del castillo de Stirling, caracterizados de época, dan explicaciones de las estancias que sirvieron de palacio.

El Estudio de Culross es uno de los edificios más característicos de esta conservada población medieval a orillas del estuario del Forth.

Uno de los jardines privados de la ladera orientada al sur sobre la que se asienta Culross estaba al público a cambio de donativos para la British Heart Foundation. El trato nos pareció bastante justo. El jardín es muy bonito, con estas amapolas de color lila tan estupendas.

Culross dispone de una vistosa abadía, parte en uso y parte en ruinas, con su correspondiente cementerio. Llama la atención que un lugar tan estupendo tuviera tan escasa afluencia de turistas.

Me encanta que los británicos hayan conservado los semáforos de palanca en muchas de sus líneas férreas, como estos que vemos al paso de un tren en la estación de Stirling.

El largo paseo por los bosques de Cruach Tarbeit fue estupendo. Y estas curiosas tallas en madera que encontrábamos de vez en cuando dan un aspecto de escenario de historia fantástica al lugar.

Queríamos pasear junto al mar. Y llegamos hasta Aberdeen, que es una ciudad cuidada pero sin especiales atractivos.

Más interesante fue el circuito senderista en Stonehaven que, entre otros sitios, nos llevó por el frondoso bosque de Dunnottar.

El hito principal del circuito de Stonehaven es el castillo de Dunnotar, en una península a orillas del mar del Norte.

Además de por el castillo de Dunnotar, se puede pasear por las calas que lo rodean, disfrutando un poco del ambiente marino. El mar del Norte estaba muy calmado esos días, pero probablemente habrá momentos de menos paz en estas costas.

Un memorial dedicado a los caídos de la Gran Guerra domina el paisaje de los alrededores de Stonehaven.

Muchas horas de tren para acercarnos hasta Inverness y el famoso lago Ness. Pero se compensan por los bellos paisajes, ya que la ruta ferroviaria cruza los Cairngorms.

Recorrimos parcialmente el Loch Ness, en su zona más próxima a Inverness, en un barco que nos llevó hasta el castillo de Urquhart.

El castillo de Urquhart es uno de los más famosos de Loch Ness, y recibe muchos turistas. Pero a mí me gustó más el de Dunnottar que vimos el día anterior en la costa del mar del Norte.

El último día lo pasamos en Glasgow, donde es característica la estatua de Wellington con un cono de tráfico en la cabeza. Puesto que está en la entrada de la Gallery of Modern Art, llegamos a pensar que se trataría una expresión artística contemporánea. Pero parece que se trata de una tradición humorística de los habitantes de Glasgow que tiene ya unos treinta años de antigüedad.

Aunque muy oscura por fuera, la catedral de San Mungo en Glasgow es estilizada y muy vistosa en su interior.

Junto a la catedral de San Mungo se extiende la Necrópolis de Glasgow, un amplio cementerio que se extiende por una colina. Aquí comencé yo hace ya 17 años mi costumbre de visitar cementerios en mis viajes.

También junto a la catedral de San Mundo está el Royal Infirmary de Glasgow, gran hospital de gran tradición, donde Lister, cirujano que había oído de los trabajos de Pasteur, comenzó con las prácticas de antisepsia que revolucionarían las ciencias y las técnicas quirúrgicas al evitar las temidas infecciones.

El Kelvingrove Art Gallery and Museum es un museo peculiar. Lo mismo encuentras un Spitfire «sobrevolando» avestruces y elefantes, que un cuadro de Van Gogh o una crucifixión de Dalí. O te explican el follón sectario entre católicos y protestantes de la ciudad de Glasgow.
Lo que sí ha sido realmente agradable ha sido la visita al jardín botánico, especialmente uno de los invernaderos con plantas carnívora y helechos arborescentes. Con el buen tiempo, todos los parques estaban a revisar de gente tomando el sol. Y alguno colorado como un cangrejo.
Con esta en tirada despido el diario del viaje por Escocia. La siguiente entrada será ya de vuelta en casa.

Carlos Carreter
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Curiosa ha sido la visita al museo de Kelvingrove, de temática poco definida. Lo mismo te muestran un impresionista francés que un sarcófago griego, que se lamentan del sectarismo entre católicos y protestantes en la ciudad, que exhiben un avión de guerra en una sala dedicada a la historia natural. Raro, pero bien.

Carlos Carreter
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En Glasgow no puede faltar la visita a la catedral de san Mungo, y a la amplia necrópolis que hay detrás.

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El hecho de ver la solemne estatua ecuestre de Wellington con un como carretero por sombrero ante el GoMA me ha hecho preguntarme si sería una intervención artística como la del caballito de juguete de Trafalgar Square en Londres. De hecho haya venden imanes de nevera en el museo con este motivo. Pero no. Parece que simplemente es una tradición algo irreverente para el héroe británico señas guerras napoleonicas.

Carlos Carreter
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No podía faltar una parada en el pequeño pero coqueto museo (Gallery) de arte moderno de Glasgow.

Carlos Carreter
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Pues sí, para finalizar, a pasar un día soleado, nada escocés en la rival de Edimburgo por excelencia. Glasgow. Bien cercanas y bien distintas.

Carlos Carreter
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