Libro: El festín de Babette

Literatura

Creo que poca gente sabe quién es la escritora de este relato, novela corta o cuento largo, no sé muy bien. Sin embargo, si recordamos que Isak Dinesen es el pseudónimo bajo el cual firmaba sus novelas Karen Blixen, es posible que este último nombre suene más. Porque es el personaje principal de una afamada película, Memorias de África, que se llevó un Oscar, adaptación del libro de la misma escritora que narraba sus vivencias durante los dieciocho años que vivió en el continente cuna de la humanidad.

Pero nunca me atreví a leer estas memorias, porque nunca me interesaron mucho los amoríos de la pija danesa con un presuntamente apuesto aviador. Pero hace unos años se adaptó otro relato de la escritora al cine, que ganó también un Oscar, en este caso a la mejor película de lengua no inglesa, y que me encantó. Me pareció una delicia de filme. Así que viendo la esplendida edición que estaba a la venta hace unos días en una librería zaragozana, me decidí a leer este libro.

El festín de Babette (Babettes gæstebud)
Isak Dinesen (con ilustraciones de Noemí Villamuza)
Ediciones Nórdica, Madrid, 2007
ISBN: 9788493557898

El libro nos cuenta una historia cortita, que se puede leer en una tarde. No sé muy bien si entraría dentro de la denominación de novela corta, relato corto o cuento. Pero quizá esto sea lo de menos. Esta historia nos habla de un par de solteronas que viven en una pequeña comunidad de la costa noruega, hijas de un pastor protestante luterano, pertenecientes a una comunidad donde viven la religión con una especial integrismo. Austeridad, continencia, frialdad, y muchos rezos. De jóvenes, cuando no habían visto nunca a un católico romano, los imaginaban terribles… Ambas han dejado atrás en su juventud la posible felicidad con dos hombres que volverán a aparecer en su vida.

Uno de ellos les envía a una joven francesa, una comunard huída de la represión (estamos en el año 1871), a la que por piedad tomarán como críada y cocinera. 12 años pasará la mujer en esta nórdica comunidad protestante, durante los cuales se hará imprescindible por su buen hacer en la cocina y en la administración de la casa. Al cabo de esos 12 años, le tocará la lotería, y decidirá ofrecer un banquete de agradecimiento a sus anfitriones nórdicos. Y esto es lo que nos cuenta el relato, junto con la consecuencias que para estos austeros luteranos tendrá el enfrentarse a la voluptuosa cocina francesa.

El libro es de una lectura ágil y fácil. La descripción de los caracteres y ambientes está perfectamente conseguido, y te transmite los sentimientos que en cada momento aparecen en los personajes del relato.  Realmente, se hace corto; sabe a poco. No obstante, es una de esas raras ocasiones en las que piensas que el filme supera a la obra literaria de origen. Le saca más partido del que la lectura ofrece. Aunque esto habla también del interés del relato.

El libro está ilustrado con los dibujos de Noemí Villamuza, que desde mi punto de vista capta perfectamente la esencia de los personajes, y enriquece la edición.

En resumen, un libro altamente recomendable, y para un público muy amplio. A por él. Que sólo dura una tarde.

Opera

La Opera de París no está lejos del Boulevard des Italiens, donde estuvo el Café Anglais, en el que la protagonista del relato, Babette, ejerció como cocinera - Pentax P30N, objetivo desconocido

Sopa & fufu, fotos, y lo que para mí a dado de sí la Expo 2008

Expo 2008, Fotografía

Como comentaba ayer, la Exposición Internacional de Zaragoza 2008 ha terminado. Se acabó. Ahora, a recoger y todos para casa. Después de la limpieza, a preparar los nuevos edificios y equipamientos urbanos para lo que sea que se vayan a dedicar, y a currar. Como los enanitos de Blancanieves. Ay ho, ay ho…

Mi balance personal es sencillo de realizar. Aunque satisfecho con la realización del evento por los “efectos secundarios” que para la ciudad ha tenido, especialmente en materia de contrucción de nuevas infraestructuras y reforma de las viejas, en ningún momento he sentido una tensión ante el acontecimiento. Mi natural “alergia” a los acontecimientos multitudinarios, a las filas, al calor, al cemento,… hicieron desde el principio poco atractiva para mí la idea de pasar días y horas en el recinto de la Expo. Aún así, me he acercado al lugar en tres ocasiones.

  • 28 de junio de 2008: Mi hermana me ofrece unas invitaciones para gastar necesariamente en esa fecha. Lamentablemente un sábado, los días de mayor afluencia, y en vísperas de mis merecidas vacaciones anuales. Así que pasee un rato por la mañana, entre las doce menos cuarto y las dos, y un rato por la tarde, entre las seis y media y las nueve y media. Básicamente, lo que hice fue pasear, tomar fotos del conjunto, y entrar en algunos pabellones con filas moderadas o nulas como el Pabellón Puente, la Torre del Agua y algún pabellón nacional más o menos anecdótico. También me propuse como objetivo, tomar fotografías del pasacalles El Despertar de la Serpiente que, producido por el Cirque du Soleil, ha animado todos los mediodías los paseos del recinto.

Cabalgata Cirque du Soleil

(Canon EOS 40D; EF 200/2,8L USM)

  • 29 de agosto de 2008: Unos amigos tienen la ocurrencia de ir a cenar a la Expo. Ni siquiera llevamos reserva. Es un viernes. Llegamos a las diez de la noche y pagamos religiosamente nuestra entrada nocturna. Nos acercamos al Pabellón de España, donde preguntamos. Quince minutos más tarde estamos cómodamente sentados en el restaurante, gestionado por Maher-Cintruénigo, donde damos cuenta de una deliciosa cena,… que sale cara pero bueno, es una ocasión única. Luego, un cubatita en una terraza y a casa.

Troncos

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

  • 12 de septiembre de 2008: Cuando ya parecía que había agotado las posibilidades de volver al recinto de la exhibición internacional, un amigo me dice que tiene algunas invitaciones, con lo que el viernes anterior al cierre de la muestra, me planto a las seis de la tarde para en buena compañía de amigos, dar un nuevo paseo y tomar algunas fotografías más. El planteamiento es parecido al de mi primera visita. Pasear y entrar en algún que otro pabellón sin muchos follones. Quizá lo más destacado es que acabamos cenando en el Pabellón de Nigeria. Muy divertido. Menú tipo “Soup&Fufu”. Algo muy típico del África Occidental. Luego, vemos algo de animación nocturna, y nos vamos a tomar una copichuela al centro de Zaragoza.

Sopa y fufu

(Canon EOS 40D; Tokina AT-X Pro 12-24/4)

Bailarinas

(Canon EOS 40D; EF 24-105/4L IS USM)

En general, como veis, una participación muy modesta, pero que ha dado lugar a una colección de fotografías que podéis ver en mi galería de Flickr. También he encargado un libro en Blurb para tener un recuerdo propio y permanente del acontecimiento, con mis fotografías. Espero recibirlo en diez o doce días.

Y esto es todo. Hasta el próximo evento internacional que me pille a mano, seguiré con mis cositas de siempre.