Llegamos al final de 2024. Un año… marcado por el fiasco del viaje a China, que iba a ser el viaje principal del año, y quedó sustituido por un viajecito de una semana por Sicilia. Que no está mal. Y como relativa compensación, un viaje inesperado, no previsto, a Japón, el cuarto que hacemos, y que estuvo muy bien. Fuera de los destinos más masificados y trillados del País del Sol Naciente. Y así comienzo hoy el repaso de fin de año, fundamentalmente un repaso fotográfico, que es lo que me apetece, como de costumbre desde hace ya un buen montón de años en este Cuaderno de ruta. En mi carpeta con fotografías de viaje he registrado quince subcarpetas, es decir, quince viajes de mayor o menor duración. Van desde la excursión en el día a algún pueblo aragonés, incluso de la propia provincia de Zaragoza, en cuya capital vivo, hasta algún viaje intercontinental saltando al otro extremo del continente euroasiático durante una o dos semanas. Así que mi concepto de lo que es viajar con la cámara al hombro es muy amplio. Así que sin más, vamos con el repaso. Con fotos.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata. Comentario técnico de las fotografías realizadas durante el viaje a Japón entre el 30 de septiembre y el 7 de octubre de 2025 con Pentax 17 e Ilford XP2 Super.
En su momento ya hice el resumen fotográfico del viaje a Japón de principios de octubre, ilustrado en ese momento por algunas de las fotografías digitales que tenía ya disponibles. Es la gran ventaja de la fotografía digital, su relativa inmediatez. Pero ya sabréis que soy aficionado a otras técnicas fotográficas menos inmediatas, a la fotografía con película tradicional, en esta ocasión con negativos para blanco y negro.
Okayama y Kibitsuhiko-jinja.
La combinación utilizada de película y cámara es sólo relativamente novedosa. Es cierto que no la había usado todavía. Pero lo cierto es que cada una de ellas por separado sí que las había usado con mayor o menor frecuencia, y sé que son fiables a la hora de ofrecer resultados.
Kurashiki y Naoshima.
Y aquí os dejo una selección de esos resultado, espero que os gusten.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Tokio, alrededores de Senso-ji, en Asakusa.
Decidir en agosto que en los primeros días de octubre nos íbamos a Japón, determinó que leyera una serie de libros procedentes del País del Sol Naciente seguidos. Uno ya lo comenté recientemente. Y, como tengo muchos pendientes de comentar, hoy voy con los dos siguientes. Y especialmente me viene bien combinarlos en la misma entrada porque ambos tienen en común que sus protagonistas son mujeres que viven en el entorno del entretenimiento, la noche y el «placer». «Placer» entrecomillado, por que es el placer de los hombres y no de las mujeres, como ya comprobaremos. En cualquier caso, dos libros muy distintos, pero que nos perfilan muy bien algunas cosas de cómo ha sido la relación de los japoneses con el «mundo flotante» ukiyo 浮世, como se le llamó tradicionalmente. Vamos con historias de geisha 芸者, oiran 花魁 y otras mujeres de menor rango en los servicios de ese placer, fundamentalmente masculino.
Geishas rivales – Kafū Nagai
Kafū Nagai fue un escritor japonés activo en la primera mitad del siglo XX. Procedente de una familia de intelectuales, estuvo activo como escritor y como académico hasta que sus posturas contrarias al militarismo de los años 20 y 30 que culminó en la Guerra del Pacífico hizo que fuera relegado. En ese período de lúcida actividad intelectual y creativa escribió el libro que aquí nos ocupa, entre 1916 y 1917, en el que recorreremos el mundo de las geisha de Shimbashi y Asakusa, de los actores de teatro, de los hombres de negocio que mantenían a estas mujeres y las rivalidades entre ellas, cuando su carrera era corta pues estaba condicionada por el inevitable envejecimiento, cuando envejecer es llegar a los treinta o treinta y pocos años.
El relato se centra en una joven geisha de 23 años que se retiró unos años antes por un matrimonio con un rico provinciano… que falleció muy tempranamente dejándola viuda en una ciudad de provincias, muerta de aburrimiento, y con una familia política con la que empatizaba/simpatizaba poco, y sin haber tenido un hijo que garantizase su posición. Así que vuelve a Tokio, donde conecta con viejos conocidos, mientras navega entre el interés hacia aquellos hombres que la pueden mantener económicamente, y el enamoramiento por aquel actor de fama que le atrae. Pero es un mundo traicionero, donde surgen rivales entre las jóvenes de su gremio, y donde nunca hay nada seguro en el terreno de las relaciones y los sentimientos.
Hoy en día nadie confundiría en Japón a una geisha con una prostituta como tanta gente en occidente hace. Pero aunque en el Japón de antaño también había notables diferencias, había elementos difusos. Como se nos cuenta en la novela, no era infrecuente que una geisha fuera mantenida por un hombre, con el correspondiente intercambio de favores sexuales. Incluso por más de uno. No obstante, el negocio de la geisha era el entretenimiento; la compañía, el canto, la danza, la preparación del té, con refinamiento. Pero ese principio de siglo es tiempo de cambios, y la competencia es feroz, con nuevas geishas que abandonan el refinamiento por la voluptuosidad y la atracción sexual. Un mundo duro, donde ganarse el sustento, no sólo para comer sino para mantener la presencia, el vestuario y el estilo no es tan fácil como parece. Y comprobamos de forma espléndida en esta novela las dificultades de la joven Komayo para navegar en ese mundo, en el que sobra esa fondo de idealismo y romanticismo que tiene. Aunque la vida se encargará de ponerla en su sitio y encarrilarla. Me gustó mucho esta novela, en la que se aprende mucho del ambiente de la noche tokiota de principios del siglo XX.
A woman of pleasure – Kiyoko Murata
Esta novela es muy distinta. Kiyoko Murata es una escritora contemporánea, aunque de largo recorrido ya que nació en 1945. La novela, no obstante, es reciente. Tiene un fuerte componente feminista, dentro del concepto de sororidad que tan de moda se ha puesto en las últimas décadas. Y nos traslada al barrio rojo de Fukuoka, ciudad importante, portuaria, del norte de la isla de Kyushu, la más sureña de las cuatro islas principales del archipiélago nipón. Una historia de ficción inspirada en un hecho real, ya que fue el lugar donde se realizó la primera huelga de prostitutas del País del Sol Naciente, en protesta por las condiciones abusivas en las que se realizaba su trabajo. Unas condiciones que eran una servidumbre prácticamente a una esclavitud.
La protagonista es una adolescente de quince años, originaria de una pequeña isla del pescadores al sur de Kyushu, que es vendida por sus padres a un prostíbulo ante la imposibilidad de mantener a todos sus hijos. Tras un período de aprendizaje con una de las oiran del establecimiento, las prostitutas de primera fila, de lujo, que estaban en la cúspide de la sociedad de castas de la prostitución, comenzará a trabajar, a conseguir sus primeros clientes, para pagar la onerosa deuda que ha contraído con el propietario por el dinero que este dio a su padre. La relación con otras compañeras, y con la maestra, una antigua prostituta, también vendida por su padre, un samurái venido a menos por la restauración Meiji, la pondrá en el camino de rebelarse con el sistema de servidumbre con pocas esperanzas en el que ha entrado. Más siendo una joven inculta, que habla un dialecto difícil de entender para la mayor parte de la gente.
Como ya he dicho, es una novela de superación y de solidaridad entre estas mujeres que, a pesar de legislaciones recientes que deberían protegerlas, vivían en ese estado de semiesclavitud. Estamos en la primera década del siglo XX, todavía en la era Meiji. El país está cambiando, y las influencias extranjeras se hacen notar, pero muchas costumbres permanecen, y la sociedad no ha roto todavía con la sociedad de castas que dominó el período Edo. La novela ofrecerá esperanza; pero es una novela dura. Las descripciones del proceso, humillaciones y degradación de estas mujeres, de la joven protagonista, poco más que una niña, sin recrearse en ellas son lo suficiente duras como para que de vez en cuando pares de leer y dejes un tiempo a la digestión. No en vano, a pesar de la excelente calidad de la obra y del interés que me despertó, me llevó casi tres semans en terminarla. Pero indudablemente es de lo mejor que he leído este año, y es muy recomendable. Que yo sepa no está disponible en castellano, y la leí en inglés. Merece la pena.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Volvemos a las fotos de mi último viaje a Japón para ilustrar la entrada, el antiguo barrio de comerciantes Bikan de Kurashiki.
El último gran éxito de Studio Ghibli y Hayao Miyazaki, que en inglés/castellano se tituló The boy and the heron/El chico en la garza, en japonés se tituló Kimitachi wa dō ikiru ka [君たちはどう生きるか]. Literalmente, Vosotros, ¿cómo vivís?. Nada que ver, ¿verdad? Pasa con frecuencia con los títulos de las películas, libros y series japoneses. Sus traducciones directas no son consideradas como «comerciales» o «atractivas» por las distribuidoras, editoriales o plataformas de televisión. Y les ponen muy diferentes títulos. El caso es que el título de la película en japonés procede de la novela que traigo hoy aquí, escrita por Genzaburō Yoshino, que es considerada un clásico de la literatura juvenil japonesa del siglo XX. Obsérvese que, en los títulos originales en japonés, el sujeto, kimitachi 君たち, es plural. Pero en las traducciones al castellano se usa el singular. En las traducciones al inglés… pues es que you vale tanto para tú como para vosotros. Así que como gustéis.
Esta novela… más que una novela es una serie de episodios en la vida de un adolescente de quince años en los años 30, previos a la guerra mundial. Y me recordó mucho, al menos hasta cierto punto, al famoso libro del italiano Edmondo de Amicis, Cuore. En parte porque también sigue la vida de un escolar de clase acomodada que ha de relacionarse con compañeros de clases medias o trabajadoras, porque va acompañado de reflexiones de carácter ético, y porque ambos escriben una especia de diario con sus experiencias. Al mismo tiempo que reciben consejos de sus familiares adultos cercanos. El libro japonés no incluye cuentos o relatos autónomos, como lo hace el italiano. Pero las similitudes son similares. El protagonista es huérfano de padre, vive con su madre, y es apoyado en su educación por su tío materno.
Aunque dirigido a una audiencia juvenil, el libro me gustó bastante. Como he mencionado, las reflexiones son de carácter ético. No moral. Mucha gente no distinguen entre ética y moral. Yo sí lo hago. Moral viene del latín mores, costumbres, y es un código de comportamiento basado en las costumbres aceptadas por una comunidad, por una sociedad. Pero algunas de estas costumbres pueden tener consecuencias negativas para una parte de la comunidad, general discriminaciones y, en casos extremos, ser perjudiciales para el conjunto de la comunidad. La ética es un comportamiento que procede de la reflexión personal, de los valores propios, y se dirige a hacer lo correcto, incluso cuando eso suponga contravenir otros códigos de comportamiento aceptados por el conjunto o impuestos al conjunto de los integrantes de la comunidad. El tío del protagonista le ofrece pocas respuestas, pero le invita a plantearse muchas preguntas, a partir de las cuales el joven desarrolla sus propios valores y sus propias respuestas. Es curioso que el libro se publicó en una nefasta época en el sistema social y político japonés, con un gobierno militarista y autoritario que llevó a la catástrofe física y moral de la sociedad nipona. Y sin embargo, el libro destaca por sus valores de tolerancia.
No me atrevo a recomendarlo con carácter general, porque creo que las realidades de aquella época eran muy distintas, y los enfoques para hacer llegar a los jóvenes una reflexión ética y un desarrollo de los valores personales no pueden ser los mismos. No creo que funcionase. Me gusta valorándolo desde una experiencia de décadas de vida, pero ¿atractivo a jóvenes que no sean japoneses en el entorno de su propio sistema educativo, su historia y sus sistemas de valores colectivos? Difícil. Por otro lado, siguiendo con lo que he empezado, el libro fue una inspiración para la película de Miyazaki, pero su desarrollo no tiene nada que ver con la fantasía de desarrollo personal del filme. Inspira los valores, no el argumento.
Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata. Comentario técnico de las fotografías digitales realizadas durante el viaje a Japón entre el 30 de septiembre y el 7 de octubre de 2025.
Hasta hace poco más de dos meses, ni se nos había pasado por la cabeza que este año viajaríamos a Japón. Hicimos el tercer viaje al País del Sol Naciente el año pasado y, aunque dábamos por hecho que volveríamos, salvo imponderables que lo impidieran, no tan pronto. Pero el fiasco del viaje a China que no se produjo, y los cambios que en su vida laboral está realizando una de mis compañeras de viaje habitual nos empujaron a la posibilidad de hacer un viaje más corto de lo habitual a estas latitudes. No entraré en detalles de las causas y razones.
Okayama
La cuestión es que el martes 30 de septiembre llegábamos a Okayama, ciudad relativamente populosa, a medio camino entre Osaka e Hiroshima. Estos dos ciudades ya las conocíamos. Mi compañera tenía asuntos de negocios en Osaka… pero a mí no me apetecía meterme en esa ciudad. Muy animada y entretenida para tomarse unos chismes al atardecer y por la noche… pero menos atractiva que otras. Por ello, Okayama cuatro noches de hotel y Matsue otras tres.
Kibitsu
La elección de Okayama como primera ciudad base fue determinada por dos motivos. El tren de alta velocidad, al menos los Nozomi y los Sakura, van de una ciudad a otra en tres cuartos de hora aproximadamente, por lo que era una ciudad conveniente para mi compañera de viaje. Claro… para ella, más conveniente era Osaka. Pero ya hemos dicho que no apetecía en exceso y, además, los alojamientos son peores a igual precio, especialmente por el hecho de que todavía está en marcha, hasta el 13 de octubre, una Exposición Mundial, es decir, del mismo rango que la de Sevilla en 1992, no como la de Zaragoza de 2008, que fue de tipo Exposición Especializada. O sea… que mogollón de gente, follón en todos los sitios, etcétera. Okayama fue. Porque además, permitía el acceso a algunos lugares interesantes.
Kurashiki
Nos hemos movido fundamentalmente en tren, como es habitual en el País del Sol Naciente, armados de nuestras tarjetas Suica, tarjetas de prepago integradas en la cartera del móvil, que permite el acceso a los trenes locales y regionales, y a la mayor parte de los autobuses urbanos e interubanos. Desde Okayama, además de esta ciudad, visitamos un par de santuarios sintoístas en torno a Kibitsu, el área histórica Bikan de Kurashiki, y Naoshima, una isla del mar de Seto en la que en las últimas décadas se ha desarrollado como principal atractivo una red de museos de arte moderno y contemporáneo, con edificios diseñados por el arquitecto Tadao Andō. Todo más o menos dentro del área metropolitana de influencia de Okayama.
Naoshima
Esta ciudad nos desencantó un poquito. Sus principales atractivos es el castillo y el jardín Korakuen. El castillo es reconstruido, no es el original, y, aunque vistoso, no tiene el mismo carisma que los pocos castillos originales que quedan, 12 en todos el país, aunque alguno de los reconstruidos lo está con más gracia que este. En su interior me refiero. El jardín Korakuen se considera uno de los tres mejores de Japón. Otro de los tres mejores es Kenrokuen en Kanazawa, que visitamos en mayo del año pasado. Pero será porque la época no es la más adecuada, o porque la luz, muy dura ese día, no lo favorecía, comparado con el de Kanazawa, u otros menos considerados que hemos visitado, no nos llamó tanto la atención. Kurashiki y Naoshima sí que respondieron a nuestras expectativas. Naoshima ya nos la habíamos planteado en el viaje de 2019, aunque al final no nos vino bien. Y lo que superó nuestras expectativas fueron los santuarios de Kibitsuhiko y de Kibitsu. Magníficos santuarios sintoístas donde paseamos sin ningún agobio, coincidiendo con un pequeño puñado de visitantes, no más de una docena en cada uno de ellos.
Matsue
Luego atravesamos la región de Chugoku desde el sur próximo a la costa del mar interior de Seto para dirigirnos a Matsue, en el norte próximo a la costa del mar de Japón. El año pasado, ambos habíamos leído el cuarto quinteto de novelas cortas de la nipocanadiense Aki Shimazaki, que transcurría en su mayor parte entre Matsue y la próxima ciudad de Yonago, salvo una de ellas en Tokio. Y hace pocos meses un episodio de una serie de anime transcurría en la zona… y decidimos investigar. Además de Matsue, visitamos Iwami Ginzan, minas de plata ya sin actividad y el área de preservación histórica próxima, patrimonio de la humanidad según la Unesco, así como el Izumo Taisha, uno de los santuarios sintoístas más antiguos del país, vinculado a los mitos fundacionales del país.
Iwami Ginzan
El castillo de Matsue sí que nos gustó mucho, es uno de los 12 originales y, a pesar de la lluvia y la humedad del ambiente cuando lo visitamos, disfrutamos de su visita. También, próxima al castillo, hay un área de preservación histórica, con edificios de la época Edo y la era Meiji. Visitamos la casa de un samurái. Disfrutamos de una cerveza artesanal, bastante buena, dimos un paseo por una feria dedicada al sake… Muy bien. Iwami Ginzan y su paisaje cultural también nos gustaron. La visita a la mina es cortita y no tiene mucha historia, aunque está muy bien pasear por el denso bosque que la rodea e ir encontrando las bocas de otros pozos que están marcados por el paisaje. Pero el área de preservación histórica y cultural, el antiguo asentamiento minero de Omori Ginzan, también nos gustó mucho. Como lo hizo el gran santuario Izumo. Taisha 大社 es un santuario de cierta importancia, frente a jinja 神社 que es la denominación habitual para el resto de los santuarios sintoístas. Se dice que es el más antiguo de Japón. Más que el de Ise, otro taisha, que visitamos en 2019. Al igual que el de Ise, se reconstruye periódicamente. Es decir, el santuario tiene una continuidad de siglos, de más de un milenio, ya que se menciona en textos del siglo VIII, y se atribuye su fundación a la propia Amaterasu Omikami, diosa del Sol, y supuesta antepasada hasta la promulgación de la constitución actual del país de todos los emperadores del Japón. En fin… que, en la práctica, todo bien, oye.