[Recomendaciones fotográficas] Del arte contemporáneo y otras cosas que interesan a los fotógrafos… o deberían

Fotografía

Estamos en el segundo día del que va a ser un puente muuuuuyyyy largo para mí. Porque como andaba sobrado de días de fiesta, lo he prolongado hasta el martes de la semana que viene, incluido. Y como ayer por la tarde le dio por ponerse a llover, dediqué un buen rato a explorar algunas cosas relacionadas con el arte moderno y contemporáneo, del que la fotografía forma parte de modo fundamental, bien sea como medio de expresión principal, bien sea como herramienta para inmortalizar aquellas formas de arte contemporáneo efímeras por su naturaleza.

Aunque muy tímidamente, los colores del otoño llegan a la ciudad de Zaragoza. Me temo que, como ha pasado en los últimos años, muchos árboles de hoja caduca pasarán directamente del verde al suelo, sin pasar por la gama de ocres. Pero bueno… menos es nada.

Por ejemplo… en el canal de Youtube de Smarthistory pude ver un vídeo dedicado a dos de las últimas pínturas de Katsushika Hokusai, habitualmente conocido por una de sus Treinta y seis vistas del monte Fuji, la llamada Bajo una gran ola en Kanagawa, y que se puede considerar como un gran precursor y un adelantado de muchos elementos del arte moderno y contemporáneo. Un vídeo que, en poco más de siete minutos, enseña más sobre arte que muchas disertaciones sesudas que sueltan los expertos. Os lo dejo puesto.

Pero además recibí un correo de parte del Museum of Modern Art MoMA de Nueva York anunciando algunas novedades y cambios en su página web, que permite disfrutar del museo sin necesidad de visitarlo. Una de las mejores webs sobre arte que conozco. Dos secciones me interesaron especialmente, en audio. Eso sí, en inglés. Por una lado, las distintas colecciones de audios que permiten escuchar lo que artistas, conservadores y otras personas tienen que decir sobre las obras conservadas y expuestas en el museo. Por otro lado, la colaboración BBC Radio 3 para realizar la serie The Way I See It, un podcast en la que distintas personas con distintos perfiles profesionales o académicos nos cuentan cómo ver las obras de arte del MoMA y lo que significan para ellos. De lo más interesante. Y no faltan fotografías entre las obras seleccionadas.

Un post en Instagram de José Garrido, fotógrafo del Museo de Zaragoza que me gusta seguir por su saludable mezcla de visión y sentido del humor, me hace darme cuenta que tenemos nuevo Premio Nacional de Fotografía 2019 desde hace unos días, que no me había enterado, estuve muy liado esos días, y que se trata de Montserrat Soto. Y si recorremos un poco su obra, volvemos a lo que decía en el primer párrafo de la interrelación de fotografía y arte contemporáneo. Porque Soto a veces parece más una artista que realiza instalaciones que traslada a fotografías, que una fotógrafa propiamente dicha. O que utiliza la fotografía en sus instalaciones. Todavía no he tenido tiempo a revisar convenientemente su página web. Estoy en ello.

No hace mucho vi un hilo en Facebook, una conversación sería más apropiado decir, que criticaba a determinados sitios que promocionan o dan a conocer la obra de fotógrafos contemporáneos. Especialmente criticaban, a veces con mucha acritud, a LensCulture. Parece que la línea editorial de este sitio no era del gusto de los que conversaban virtualmente. Sigo a LensCulture desde hace años. Y como siempre con estos sitios, a veces te interesan más las propuestas de las que habla y otras menos. Pero por ejemplo, en el boletín que recibí esta semana por correo electrónico, con obras de Bérangère Fromont (instagram), Daniel Szalai (instagram), Stacey Tyrell (instagram) y Elinor Carucci (instagram), había poco desperdicio. Y mucho compromiso. Ético y estético. ¿Seré yo el raro… o es que los listos de la fotografía española están anclados en un cómodo conservadurismo? No sé. Sinceramente.

Oscar Colorado sigue presentándonos fotógrafos soviéticos del grupo Octubre. Lo cual está muy bien. Esta semana ha sido el turno de Eleazar Langman, aunque sinceramente, como ha sido cosa de esta mañana, no he tenido tiempo de enterarme muy bien. Pero os lo dejo.

Por cierto,… he hablado bastante de museos hoy, y hace unos días un artículo de Magnum Photos nos hablaba de la afición de sus afiliados a hacer fotos en los museos. Siempre he pensado que es un sitio estupendo para ello, aunque luego la política “fotófila” o “fotófoba” de los museos es de lo más diversa. Esta semana Sarah Urist Green, la presentadora y alma del canal de Youtube The Art Assignment (Web, instagram), nos hablaba de sus 40 reflexiones sobre el arte, y una de ellas era que no dudáramos en fotografiar aquellas obras arte que nos interesaran, que luego nos servían de memoria y de continuación del disfrute. Eso sí… que no contemplásemos las obras de arte exclusivamente a través del visor de la cámara… lo cual es razonable y obvio… salvo para muchos, claro.

A la gente de Carmencita Film Lab no les hace gracia el anuncio de Ilford Photo de poner a disposición de los fotógrafos la película Ilford Ortho Plus 80. Creo que es la primera vez que les veo hablar contra algo… Estoy de acuerdo que algunas de las propuestas que ellos hacen estarían muy bien… pero ponerse en contra de una mayor disponibilidad de una película fotográfica… Y a mí sí que me gusta el aspecto de las películas ortocromáticas. Y la de Rollei sólo tiene un ISO 25. Y los controles de calidad de Rollei e Ilford no son comparables. A favor de los británicos claro. Aquí no han estado finos los “carmencitos”… De quienes estoy esperando que me digan que han recibido mis carretes de película negativa en color de octubre… para empezar a revelarlos.

[Libro/arte] 100 Vistas de Tokio

Arte

Me llamó la atención este librito del ilustrador e historietista japonés Shinji Tsuchimochi ya desde hace un tiempo. No mucho tiempo, que al fin y al cabo hace pocos meses que ha salido al mercado. Pero supongo que desde que empezó a aparecer en los anaqueles de las librerías o secciones de libros de los grandes almacenes. Está publicado por Quaterni, editorial especializada en literatura japonesa y oriental en general.

Rebobinemos un poco hacia el pasado, más de tres años hacia atrás en concreto. En esa época, invierno de 2014, ya había empezado a interesarme la obra de Katsushika Hokusai, algunos de cuyos grabados como La gran ola de Kanagawa son mundialmente conocidos, perteneciente a la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji. En septiembre de ese año había realizado mi viaje a Japón, que activó en mi el interés por la cultura nipona, que todavía me dura, y en diciembre de ese año también, durante una estancia en París tuve ocasión de visitar en el Grand Palais una obra antológica de Hokusai que me encantó.

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En la exposición que podemos encontrar en el Museo de Zaragoza podemos ver estas páginas de un libro con un dibujo que representa una variante de la gran ola de Kanagawa.

Para acabar de redondear la faena, y mi afición a estos grabados ukiyo-e, en la primavera de 2015 pude visitar una entonces recién abierta exposición en el Museo de Zaragoza dedicada al arte en Asia oriental, sobre la base de la donación al museo de la colección del catedrático emérito de historia del arte Federico Torralba Soriano. Aunque etiquetada como exposición “temporal”, casi tres años más tarde sigue abierta al público. Es cierto que no todas las obras de la misma pertenecen o están depositadas en el museo, pero muchas sí. Esperemos que cuando eliminen la “temporalidad”, dejen de forma permanente alguna sala del museo a estas interesantes obras. En cualquier caso, la parte principal de las obras expuestas son los grabados de Utagawa Hiroshige, nombre artístico de Andō Tokutarō.

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Uno de los grabados de Hiroshige, pertenecidente a otra serie, la de las Cincuenta y tres estaciones de Tōkaidō, nombre de la ruta que unía Kioto, capital imperial, y Edo, capital política, durante el periodo Edo. Hoy en día las dos líneas ferreas que unen ambas ciudades, la de ferrocarril convencional y la de alta velocidad, también reciben el nombre de líneas Tōkaidō. La línea Tōkaidō del shinkasen fue la primera línea de alta velocidad de la historia y del mundo.

Tanto los grabados de Hokusai como los de Hiroshige corresponden a las décadas finales del periodo Edo, intervalo de la historia de Japón en la que la política estuvo dominada por el dominio de los shogunes del clan Tokugawa, y que mantuvo al país isleño en un régimen feudal, absolutamente extraño ya por esos tiempos a lo que sucedía en Europa. Sólo la restauración Meiji en 1867 permitió a Japón entrar en la revolución industrial y en la modernidad de un forma brutal, en todas las acepciones que se os ocurran del adjetivo. Por cierto, para quienes no se cosquen, Edo era el nombre que recibía en esa época la ciudad que hoy conocemos como Tokio, actual capital del país. En esa época, la corte imperial se encontraba en Kioto. Una de las series de grabados más famosas y conocidas de Hiroshige son las Cien famosas vistas de Edo.

En la página web del Museo de Zaragoza tenéis un par de documentos en formato pdf que os informarán más de algunas de las cosas que he comentado aquí. Uno de ellas sobre la estampa Nihonbashi, estación 1 de la serie Cincuenta y tres estaciones del Tokaido. El segundo es sobre el recinto del templo Fukagawa Hachiman, de la serie de Lugares famosos de Edo (distinto de la de las cien famosas vistas).

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Un plano de Edo, durante el periodo del shogunato Tokugawa. Ya entonces una de las ciudades más populosas del planeta.

Y aquí enlazamos con el libro de ilustraciones que hoy os traigo y os recomiendo. Tsuchimochi, en esta segunda década del siglo XXI, dedice seguir los pasos de Hokusai y especialmente Hiroshige, y realizar una serie de ilustraciones del Tokio moderno, en principio las 100 que indica el título de la obra. En realidad hay 101 correspondientes a escenas urbanas de la capital japonesa, más cinco que pertenecen a Osaka.

A continuación os muestro cuatro fotografías que realicé durante mi estancia en Tokio y que se corresponde con lugares que aparecen en las 100 vistas de Tokio de Tsuchimochi.

Hace ya tiempo que he comprobado que una de las señas de identidad de muchos de los ilustradores de historietas, manga, o de películas de animación, anime, en Japón, comparten algunos rasgos estilísticos. Fundamentalmente, un atención exquisita al detalle en los paisajes, naturales y especialmente urbanos, y escenarios en los que sitúan la acción de sus obras, mientras que los personajes son mucho más elementales. Frecuentemente comparten los rasgos generales, y los distinguimos por los detalles en el pelo y peinado o por las vestimentas o complementos. El color del pelo, una cinta, un lazo, una camiseta de rayas,… es lo que nos permite conocer quién es el personaje de forma constante. Pero los escenarios, los fondos… qué precisión, qué detalle. Y en esta ocasión estamos ante un nuevo ejemplo. Bien es cierto que, como he leído en algún sitio, el estilo de Tsuchimochi recuerde más a las viñetas de Hergé en sus aventuras de Tintin, que a los contemporáneos nipones del autor de estas 100 vistas tokiotas.

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Para los comisarios de la exposición del Museo de Zaragoza, esta es la pieza más representativa de las Cien famosas vistas de Edo de Hiroshige.

Las 100 vistas se acompañan de algunos planos, esquemáticos, pero intuyo que suficientes, que permiten realizar paseos y localizar los rincones de Tokio que han inspirado al autor. De esta moda, el libro puede convertirse en una guía para el viajero, que decida conocer el Tokio más recogido y auténtico. Lo que no encontrará el viajero, salvo con la imaginación, es a los pequeños seres fantásticos que recorren en distintas actitudes las escenas de Tsuchimochi, dándoles un sentido alegre y despertando nuestra imaginación. En fin, que queréis que os diga. Por el tratamiento que le he dado a esta entrada, ya podréis deducir que me ha gustado el libro y que me parece muy recomendable.

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Tanto Hiroshige como Hokusai tenían sus libros de modelos e ilustraciones para enseñanza y como base para sus futuras obras. Obsérvese el meticuloso detalle de estos animales marinos ilustrados por Hiroshige.