Slumdog Millionaire (2008)

Cine

Slumdog Millionaire (2008), 2 de marzo de 2009.

Nos encontramos ante la sensación de la temporada. Bendecida por una oscarización masiva, asumida por los británicos como si tratase de los suburbios de Liverpool en lugar de los de Bombay, con un montón de críticos y espectadores alabándola, parecía obligatorio ir a ver el filme firmado por el británico Danny Boyle.

La película nos narra mediante flashbacks la vida de un joven de los suburbios más pobres de la metrópoli India desde que queda huérfano junto con su hermano al morir su madre en los altercados entre musulmanes e hindúes siendo todavía muy niño, hasta el momento en que con 18 años tiene la oportunidad de ganar 20 millones de rupias (en el orden de los 300.000 euros, los 50 millones de las antiguas pesetas) en la versión india de ¿Quien quiere ser millonario? y es detenido por la policía como sospechoso de fraude.

A partir de ahí se construye una historia que tiene tres líneas temáticas. Una de ellas sería la vida de pícaro, cuando los dos niños se convierten en una variante asiática del Lazarillo de Tormes para sobrevivir, primero en los suburbios de Bombay y después en Agra y en otras partes de la India. La segunda línea temática sería la denuncia social ante la tremenda pobreza, la violencia y la corrupción existente en determinadas zonas del subcontinente. La tercera línea temática sería la del amor contra viento y marea entre el protagonista y su compañera de andanzas de la infancia, de la que se separa en un momento dramático y con la que se reencuentra al comienzo de la adolescencia y en su juventud. Relación que actúa para el joven como motor de cambio y de escape de un destino nefasto.

La película esta realizada de forma muy agresiva, en algunas ocasiones con una imagen un poco mareante y con una iluminación muy característica, dura, contrastada, especialmente cuando la acción transcurre en los suburbios de Bombay. El guion es impecable ya que te va metiendo poco a poco en un historia donde es fácil confundir las causas con los azares… motivo por el cual está bien que el motor de la historia sea la participación en el concurso televisivo. Sin embargo, todavía no he decidido si me gusta o no el final… del que no comentaré nada más para no destripar la película a quien no lo haya visto.

En la interpretación, sería injusto decir que el protagonista es Dev Patel, que representa al personaje protagonista a los 18 años. O que la guapísima Freida Pinto es la chica protagonista. Sería una injusticia para todos los niños y adolescentes que los representan y que lo hacen muy bien a lo largo de todo el filme. También están muy bien acompañados por todos los secundarios que componen un reparto muy consistente y convincente.

En resumen, una buena película, aunque me parece excesiva la cosecha de premios que ha recibido dejando sin nada a otros filmes también meritorios, dentro de un panorama global de relativa mediocridad. A mí, hay otras películas recientes que me han tocado o me han emocionado más. El filme es totalmente recomendable… aunque eso sí, que nadie piense que va a ver una historia de amor estilo Bollywood… o por lo menos no en un 95% del largometraje. Yo le pongo un ocho, con otro ocho en la interpretación y un siete en la dirección.

No entraré en las polémicas sobre el filme realmente representa a la sociedad india o si es una visión sesgada del mundo occidental sobre el tema. No tengo elementos suficientes de juicio.

Como son los niños los verdaderos protagonistas durante buena parte de la película, pondremos una foto con niños… más felices que los de la película. Espero.

Disfraces y foto

Carnaval Infantil 2009, Zaragoza - EF 24-105/2,8L IS USM

The Reader (El lector) (2008)

Cine

The Reader (El lector) (The Reader, 2008), 16 de febrero de 2009.

Una semana más tarde voy al cine a ver una película en la que se analiza una relación entre un hombre y una mujer que dura casi una vida. También en esta ocasión existen diferencias en la edad de los dos protagonistas. Pero el carácter de este filme nada tiene que ver con las andanzas de Benjamin Button. En absoluto.

El filme dirigido por Stephen Daldry se plantea en tres fases, revisitadas en forma de flashbacks a partir del personaje masculino principal.

En la primera, nos transporta a la Alemania de posguerra, a una ciudad no bien especificada (Neustadt, nos dicen; hay muchas ciudades alemanas con este nombre). Allí asistiremos a la relación iniciática entre una mujer madura, Hanna (Kate Winslet), hacia la mitad de sus treinta, y un adolescente de quince o dieciséis años, Michael (David Kross; de adulto, Ralph Fiennes). Conocemos a un joven lleno de vitalidad, pero profundamente enamorado de la mujer, y a una mujer con un aire triste, que sólo recupera algo de alegría en sus encuentros con el joven. Un ascenso de la mujer en su lugar de trabajo provoca su marcha a no sabemos dónde, finalizando una etapa para el joven. Algo esconde esta mujer que desconocemos; hay dos secretos que sólo constataremos más tarde.

Años más tarde, Michael es un estudiante de derecho que acude con su profesor y algunos compañeros a un juicio contra unas cuantas mujeres, antiguas guardianas de las SS en el campo de concentración de Auschwitz. Una de las mujeres es Hanna. Todo va mal para ella en el juicio, y es Michael quien conoce lo suficiente de la mujer para saber que no son ciertas algunas de las cosas que se «demuestran» en el mismo. La mujer es condenada a cadena perpetua.

En la tercera fase, asistimos a la relación en la distancia entre ambos personajes, uno un abogado de éxito con una vida familiar no excesivamente afortunada. La otra una triste presa en una cárcel alemana. El espectador ya tiene las claves para entender lo que ha pasado, y asiste a la resolución personal de los defectos vitales y de la relación entre ambos personajes.

Hay un epílogo en dos partes, que sirven de catársis para el personaje masculino. Una notable escena con una mujer (Lena Olin), que estuvo en el campo de concentración bajo la guarda de Hanna cuando era niña, y que cierra de algún modo, siempre incompleto, las heridas derivadas de ese episodio de la vida de Hanna. La otra es la escena final en la que Michael comienza a contar la historia a su hija, lo cual debemos entender como una acción de confesión liberadora.

A priori, es una historia de amor. Amor imposible, cronológicamente disléxico. Pero la película tiene otros temas, no todos ellos bien resueltos. Por un lado se toca de forma poco profunda pero que está ahí, presente en determinados comentarios de los compañeros de facultad de Michael así como de su profesor (estimable Bruno Ganz), el tema de la culpabilidad y del sentimiento de culpabilidad de los alemanes ante los crímenes del nazismo. Es un tema controvertido y no del todo resulto. Históricamente apasionante. Pero la película se centra en la relación entre ambos protagonistas, y queda como una cuestión tangencial.

El otro tema, que desde mi punto de vista es más importante que la relación amorosa es el miedo, la vergüenza y la cobardía que asalta a los dos protagonistas en el punto central de la historia, en el que ambos dejan de hacer algo, y como consecuencia, una vida queda totalmente arruinada, y la otra queda marcada y atormentada. Un cuaderno en blanco con un lapicero encima representa ese momento para la mujer. Una fría tarde de invierno en el patio de una cárcel alemana es el momento para el joven. Ambos tienen una oportunidad para que se haga justicia… ninguno actúa.

La dirección y la producción de la película es excelente, con una notable ambientación de la época de la posguerra alemana. Es una película de tiempos y realización marcadamente europea, a pesar del respaldo de capital norteamericano en la producción. Creo que todo ello redunda en la credibilidad del filme, en que nos llegue con más facilidad que si todo estuviese visto bajo el prisma norteamericano.

Las interpretación son también excelentes. El trabajo de todos ellos nos hace a los personajes más que creibles. Vemos a las personas, de una determinada época a las que representan. Además de los actores mencionados, hay una pléyade de secundarios, actores y actrices alemanes que contribuyen al alto nivel del filme en lo que se refiere a la interpretación.

En resumen, una película altamente recomendable, que a mí me ha gustado mucho. No me atrevo a extrapolar este gusto a todo el mundo, ya que algunos de los temas que se tocan han sido de mi interés personal en los últimos años. Temas como las historia alemana del siglo XX y de la posguerra europea me han interesado, y he leído. En cualquier caso, yo a la película le doy un nueve, con la misma nota en interpretación y un ocho en la dirección.

La foto de hoy, algo tiene que ver con la profesión de Hanna en la película.

Tranvia en Alexanderplatz

Tranvía en Alexanderplatz, Berlín (Alemania) - Fujifilm Finepix F10

Un gran día para ellas (2008)

Cine

Un gran día para ellas (Miss Pettigrew Lives for a Day, 2008), 19 de enero de 2009.

Una vez más, ese peligroso ser, especie a exterminar, que es el traductor de títulos originales al castellano ha actuado. Y si bien esta vez el sentido del título no ha sido totalmente cambiado, ha sido innecesariamente pluralizado. Por que el gran día no es «para ellas» en el sentido del título de la película en inglés o de la novela en que se basa, sino para Miss Pettigrew, el personaje interpretado por Frances McDormand.

Esta comedia romántica dirigida por Bharat Nalluri comienza con aires de «screwball comedy«, pareciendo que la cosa va de cómo la alegre cantante y actriz interpretada por una guapísima y sensual Amy Adams se dirige hacia el encuentro con su verdadero amor mientras va amargando la vida de sus tres pretendientes. Pero pronto vemos que los personajes jóvenes no son más que un reflejo de los personajes importantes, que son los personajes maduros. Miembros de lo que se ha dado en llamar la «generación perdida», los jóvenes que vivieron y sufrieron la Primera Guerra Mundial, y que en el momento de la acción y a las puertas de la Segunda, afronta la vida con una mezcla de escepticismo y resignación.

El día en el que Miss Pettigrew vive es como un paréntesis, o más bien un punto y aparte. Marca un final en la vida de los personajes, para afrontar una nueva vida en la que todos cambian, todos avanzan… siempre desde el punto de vista de que no deja de ser una comedia romántica, en la que las relaciones amorosas marcan lo que es importante. Aunque detalles sobre lo que significa comer o no comer, dan un pequeño toque social al asunto.

Es una película que va a más, que se comienza a ver con escepticismo, que no sabes por donde te va a salir, pero en la que te vas metiendo poco a poco hasta que al final te deja satifecho. Es más, tiene regusto… y vas saboreando lo que has visto en las horas siguientes. Te das cuenta de que es un poquito más que una comedia al uso.

Perfectamente ambientada en los años treinta del siglo XX, en el Londres de preguerra, conlleva un notable esfuerzo de producción.

Las interpretaciones están bien. La McDormand tiene mucho oficio y aun en faenas de aliño tiene un buen nivel; además se ha adaptado muy bien a su propio envejecimiento personal. Adams luce guapa, permitiéndose interpretar un personaje más joven que su edad real; tiene algún momento muy sensual, y se defiende con dignidad en algún momento dramático, como cuando canta con Lee Pace el clásico If I Didn’t Care. Este último actor, me cae bien de sus apariciones televisivas, pero parece que se está encasillando como buenazas romanticón. Cumple. Más presencia tiene el veterano Ciarán Hinds, interpretando a un maduro y escéptico galán, con mucho oficio.

En resumen, una comedia que deja buen sabor de boca, con mucha más enjundia que las habituales comedias románticas de hoy en día, y que puedo recomendar para pasar un rato agradable en el cine. Le pongo un siete, con la misma nota en dirección e interpretación.

Ya que estamos en tono de comedia, la foto de hoy es un particular autorretrato tomado el pasado sábado en San Juan de Busa, Biescas (Huesca).

San Juan de Busa - Multiplicity

Trastorno de personalidad múltiple o de identidad disociativo en la puerta de San Juan de Busa - Panasonic Lumix LX3