[TV] Cosas de series; entre los fantasmas victorianos y el tren sobre hielos

Televisión

Hoy traigo a estas páginas televisivas un comentarios sobre dos series que se pueden ver en Netflix. Una de ellas es un estreno relativamente reciente y la otra, una segunda temporada de una serie que llegó con muchas expectativas, pero que aún estamos esperando a ver hasta que punto es capaz de satisfacerlas. Vamos a ello.

Ambiente ferroviario, con una línea ferroviaria que se suele rodear de nieve en invierno, aunque lejos de las dimensiones monstruosas del Snowpiercer; el ferrocarril de vía estrecha del Harz, con sus molonas locomotoras de vapor.

Snowpiercer ha llegado a su segunda temporada. Basada en unas historietas de origen francés, estas fueron también adaptadas a una película del surcoreano Bong Joon-Ho, hoy más recordado por su oscarizada película sobre el sistema de clases en las sociedades desarrolladas que por aquel postapocalíptico drama de acción. El caso es que si bien la primera película, con matizaciones, viene a contar un historia similar a los primeros volúmenes de la historieta y a la película, aunque con estilos diferenciados, la segunda temporada tiene otro estilo narrativo. Con los mismas temas de fondo del material original, ahora tenemos más un difícil equilibrio entre dos “países” con sistemas políticos distintos, y ambos con tensiones internas. He de reconocer que la primera temporada me dejó relativamente insatisfecho, porque la adaptación al cine de la historia que hizo Bong Joon-Ho fue muy potente, es una película que hoy en día valoro más que cuando la vi por primera vez, y la serie no se acercó a todo ese potencial. Pero la introducción de un Wilford encarnado por Sean Bean, que probablemente es uno de los personajes que mejor lucen en esta segunda tanda de episodios, da alicientes a esta segunda temporada que supera a la primera tanto en la trama como en el interés. Otra cosa curiosa de esta serie… los personajes secundarios y sus intérpretes suelen ser mejores o más interesantes que los principales, salvo los buenos momentos, que no son todos, de Melanie Cavill (Jennifer Connelly). Nos queda, por lo tanto, comprobar si la tercera serie sigue la tendencia al alza… o si hemos llegado al máximo de lo que esta serie, puede ofrecer. Una serie que se deja ver a pesar de ser una serie fallida hasta cierto punto.

Netflix tiene una fuerte querencia, excesiva desde mi punto de vista, por el género fantástico y paranormal. Y eso se manifiesta, una vez más, en The irregulars, una serie que me estuve pensando si ver o no. Ya os adelanto que el público votante en IMDb no la aprecia. Aunque no es tan catastrófica. De hecho, tengo curiosidad, no enorme pero alguna, por ver por donde va en un futuro. Esto va de una adaptación de una historieta con un un grupo de chavales huérfanos como protagonistas, que viven no muy lejos del 221B de Baker Street, en un sótano, saliendo adelante apoyándose mutuamente. Hasta que un día un tal John Watson, médico, residente en el mencionado domicilio, solicita su ayuda para resolver un crimen… que nos sumergirá en un mundo de amenazas fantásticas, paranormales o de dimensiones extrañas en el Londres victoriano. Efectivamente, estamos ante la enésima revisión del personaje de Sherlock Holmes, aunque sea un personaje virtual durante unos episodios, secundarios en otros, alcanzando sólo cierto protagonismo al final. La serie sufre de unos guiones un tanto caóticos, de la introducción en la trama de personajes con poco sentido, como uno de los hijos hemofílicos de la reina Victoria, y de exceso de barroquismo visual, junto a una alteración de los caracteres tradicionales del universo “sherlock” quizá excesiva. Y de unas interpretaciones pobres para lo que son los estándares de una serie británica. Aunque es posible empatizar con algunos de los personajes de la historia, casi todos muy planos, con alguna excepción. Es una serie floja. Aunque según parece ha tenido más audiencia de lo que parece, y con una acogida de la crítica menos negativa que de los espectadores que se manifiestan.

[TV] Cosas de series; mujeres “asesinas” y trenes postapocalíticos

Televisión

En la colaboración que llevamos adelante con nuestros amigos con hija preadolescente para localizar las mejores series de animación, especialmente japonesa, me topo con un extraño producto, Happy Sugar Life, que me deja anonadado. Con estética muy sweet y kawaii (かわいい), me enfrento, porque soy incapaz de dejar de ver los 12 episodios en Amazon Prime Video, con un extraña serie que en el fondo es una historia de terror motivada por relaciones enfermizas. Maltrato infantil, violencia de género, abuso de menores, asesinatos, abusos en el medio laboral, sociópatas de la violencia, tanto infligida como sufrida,… disfrazados de historia de amor inocente entre una adolescente de 17 años y una niña de 7. O así. Todavía no he salido de mi asombro. Algo extraño pasa con la mentalidad de los nipones para que surjan historias como estas. Pero vamos a lo “más normal”.

Trenes de todo tipo para ilustrar esta entrada, claro. Ninguno tan gélido y cruel como el “Rompenieves”.

En HBO nos han ofrecido una extremadamente entretenida comedia bajo la forma de Why women kill. ¿Por qué las mujeres matan? ¿Qué os habéis imaginado? ¿Que después de cómo he comenzado nos íbamos a ir por caminos tranquilos y pacíficos? Tres historias separadas por décadas entre sí, de tres mujeres que con sus maridos/parejas vivieron en la misma casa, casi mansión, de Los Ángeles. Beth Ann (Ginnifer Goodwin) es un ama de casa de principios de los años sesenta del siglo XX, perfecta para lo que se esperaba en la época, que de la noche a la mañana descubre que su marido le es infiel con una camarera. Ambos arrastran el trauma de una hija pequeña muerta. Simone (Lucy Liu) vive en los años 80, con glamour y alto nivel social, cuando descubre que su marido británico es homosexual, en vísperas de la boda de su hija, producto de otro matrimonio anterior. Taylor (Kirby Howell-Baptiste) es una abogada progresista y de éxito de la actualidad, casada con un guionista que está atravesando un bache creativo, con el que tiene un matrimonio abierto, en el que ambos tienen relaciones con otras personas, hasta que una de ellas, una atractiva mujer, Jade (Alexandra Daddario), se les cuela en la casa y en la cama común. A partir de aquí, los acontecimientos se descontrolarán en las vidas de estas mujeres hasta llegar a un momento clave en el que alguien morirá. Por supuesto, pasarán muchas cosas y poco habrá de previsible en los desenlaces de cada historia. Pero las historias están contadas con gran dinamismo, imbricando las unas en las otras con gran habilidad, y con unas interpretaciones estupendas. Es muy divertida, visualmente muy atractiva, y con buenos guiones. Es muy recomendable. Parece que habrá segunda temporada, inevitablemente con nuevas protagonistas. Espero que tengan el mismo acierto en la selección del reparto y en los guiones. Las tres historias son divertidas, pero mi corazoncito se va con la que protagoniza Lucy Liu, a pesar de la horrenda estética ochentera, eso está claro, y de la aparente escabechina en forma de cirugía plástica que “luce” Lucy en su rostro. No tan claro. Ella afirma que nunca se ha operado ¡¡¡???. Pero a lo que importa, lo hace fenomenal, te olvidas de esos tontos detalles, y es la que más te emociona finalmente.

Snowpiercer es el título de una película del director surcoreano Bong Joonho, el mismo que dirigió el gran éxito del pasado año que arrebató el Oscar a los sospechosos habituales. He visto esta película en dos ocasiones, y es de las que mejoran en mi apreciación en la segunda pasada. Tiene miga. Está bien hecha. El director es un tipo competente, y sabe extraer petróleo de su reparto, que no estaba nada mal. Nada mal. Hace unos meses nos enteramos que Netflix tiene preparada una serie que transcurre el mismo universo, también llamada Snowpiercer. Recordemos que ambas proceden del universo de una historietas francesas, Le Transpierceneige. No queda claro si es una precuela de la película, o si estamos en una historia alternativa inspirada por el mismo universo. Sólo sabemos que a la lucha de clases que mueve la película, con la rebelión de la “cola” del tren contra el poder establecido en la locomotora, la serie se lanza con un caso policíaco que pone en contacto a los dos protagonistas de la serie, el detective de policía que se coló en el tren y vive en la “cola” (Daveed Diggs) y la jefa del servicio de asuntos generales (Jennifer Connelly), portavoz del todopoderoso Wilford. Dado que transcurre en un mundo congelado, con la Tierra en un episodio “bola de nieve”, quizá suene irónico decir que la serie me ha dejado un poco frío. No está ni de lejos a la altura de la película de Bong Joonho. Las interpretaciones son funcionales y no brillantes. Esperaba más de Connelly. Y los guiones no acaban de acoplar con brío e interés la historia del conjunto. Tiene momentos buenos, pero también tiene bajones e inconsistencias. Probablemente caeré en la tentación de ver la segunda temporada que supongo que llegará,… pero por los pelos.

[CineTren] Snowpiercer añadido a la colección CineTren

Cine, ferrocarril

Pues sí. Como era lógico. Como mis seguidores más fieles sabrán, mantengo una colección de reseñas de películas en las que el ferrocarril tiene un papel importante o principal. Así que la película que ayer reseñaba, Snowpiercer, que transcurre toda ella en un tren, aunque sea imaginario, ha entrado en la colección. Podéis acceder tanto a través de la página principal de CineTren, o bien directamente a su reseña individual.

Composición del Bergensbanen

Si la entrada de ayer iba acompañada de fotografías de una auténtico “transperceneige” en los Alpes, hoy nos iremos a Noruega, a la Bergensbanen.

Atravesando Hardangervidda

La línea de ferrocarril que une Oslo con Bergen atraviesa una parte de Hardangervidda, en torno a los 1000 metros de altitud.

Atravesando Hardangervidda

Y en esas latitudes, y a pesar de que el viaje se hizo a principios del mes de julio, la nieve reina en lo más alto.

Atravesando Hardangervidda

Uno de los más bellos viajes en tren que he realizado, eso sí en un tren cómodo y donde tratan bien a los pasajeros. A todos.