
Carlos Carreter
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Ayer estuve pasando el día en Madrid. Cogí el AVE sin madrugar mucho, para llegar a la capital del reino hacia las 11 de la mañana. Me salió a recibir una buena amiga, y nos pusimos a hacer lo que más nos gusta cuando llevamos tiempo sin vernos cara a cara. Hablar mucho, por los codos, mientras hacemos otras cosas por la ciudad. Cosas que las suelo elegir yo, que para eso soy el que viajo y me desplazo.

A punto de coger el AVE en Zaragoza-Delicias, que estaba muy animado. Y venía en doble composición. Dicen que la nueva política de precios de Renfe ha aumentado la demanda de billetes.

Por el camino, al atravesar la provincia de Soria, encuentro restos de la nevada de los últimos días; como iba distraído leyendo, me pierdo con la cámara los paisajes más vistosos.
Nos cogemos un cercanías y nos desplazamos hasta Nuevos Ministerios para ver la exposición de este fotógrafo mejicano, Álvarez Bravo, fotógrafo indudablemente interesante, cuyos temas fueron muy amplios. Abstracción, desnudo, industrial, social, político, para no aburrirse. Incluso hizo alguna incursión en la imagen en movimiento, aunque no se conservan muchas de sus películas. Muy recomendable.

La sala de exposiciones de Azca está rodeada de los vistosos rascacielos que pueblan el lugar, al norte de Nuevos Ministerios.

Expuestos, entre las abundantes fotografías, algunos de los libros técnicos de la biblioteca de Álvarez Bravo.

Muy importante fue la fotografía social y política. Su fotografía de un sindicalista asesinada es un icono de las reivindicaciones sociales en Méjico.
Me apetece pasarme por Fotocasión. Esta interesante tienda de fotografía madrileña es de las mejor surtidas de España, y tiene un estupendo mostrador de cámaras de segunda mano, ocasión y clásicas. Aunque voy utilizando de vez en cuando la Leica IIIf, y tengo en barbecho la Leica CL, hace tiempo que me pica el gusanillo de tener una auténtica Leica M. El modelo que sea. Así que nos acercamos a ver que hay. Tengo la suerte de ser atendido por el dueño del negocio, José Luis Mur, que resulta ser original de la provincia de Huesca y con el que mantengo una entretenida conversación. Finalmente, salgo de la tienda con una Leica M2 en un estado envidiable, que espero estrenar hoy mismo.

En el entorno de la Ribera de Curtidores hay abundancia de tiendas de antigüedades por lo que nos entretenemos un rato por la zona.

En el escaparate, entre otros objetos, una versión en francés de «La ciudadela» de A.J. Cronin, una de las novelas favoritas de mi madre, que en su momento también leí yo. Libro que trata sobre la ética en la medicina, el hospital que describe sirvió de modelo posteriormente para los del National Health Service británico.

Algunos anticuarios trabajan al aire libre restaurando sus piezas, aprovechando la luz natural y la bondad del tiempo atmosférico.

Horas más tarde, ya en casa, monto un objetivo sobre mi nueva Leica, para poder presentarla en sociedad.
Aunque ahora, la conversación es más animada, ya que se nos han sumado un par de personas más. Primero hemos atravesado Cascorro, para ir hacia la estación de metro de La Latina, donde hemos quedado todos juntos. Hemos comido en un agradable restaurante de Cava Baja, y luego hemos ido saliendo hacia Gran Vía, paseando tranquilamente para bajar las ensaladas y los huevos rotos con jamón que nos hemos metido entre pecho y espalda.

Cascorro, héroe de la guerra de cuba, disfrutaba hoy del tibio sol de finales de invierno.

Muy animados estaban los abundantes mesones y restaurantes de la calle Cava Baja.

Hemos pasado por la Plaza Mayor, donde nos han sorprendido las pinturas de mujeres raciales vestidas de rojo que se repetían en diversos puestos. ¿A todos los pintores se les ocurre el mismo tema?

También hemos encontrado un fotógrafo minutero en plana acción… aunque no nos hemos quedado a contemplar el resultado.

Y por la librería San Ginés, un rincón junto a la calle Mayor que me encanta.
La Fundación Telefónica estrenó hace unos meses instalaciones como sala de exposiciones, y la verdad es que está mucho mejor, con un ambiente más relajado, y con una experiencia mucho más agradable para el visitante. El artista invitado en esta ocasión es Virxilio Vieitez, un fotógrafo de pueblo, de los que iban de un sitio a otro de la provincia de Pontevedra realizando retrato social de los lugareños, y que ha sido descubierto en los últimos años por la indudable calidad de sus retratos, que convierten su cuidado y extenso archivo en un documento social de primera magnitud. Pero es que detrás de muchas de sus fotografías, además de su calidad técnica y cuidada composición, se descubre un sentido del humor acompañado de una suave y cariñosa ironía que hace que la experiencia sea estupenda. Muy recomendable también.

Gran cámara de banco que fue propiedad de Vieitez, aunque imagino que muchas de las fotografías en los pueblos las realizaría con cámaras más ligeras. Quizá la Yashica binocular que también se veía expuesta por allí.

Abundancia de fotografías, retratos principalmente, con tipos diversos, y poses muy personalizadas. Más de lo que uno podría imaginar.

Horrible contraluz, pero que nos permite ver las vistas de la Gran Vía desde las salas de exposiciones del Espacio Fundación Telefónica.

A veces, los retratos van en series, que no pocas veces, llevan consigo un irónico sentido del humor.
Ya os hablé hace unas semanas del libro que compré de Robert Adams, y que funciona como catálogo de esta interesante exposición. Paisaje alterado por el hombre, en el oeste americano. Un oeste nunca más virgen. Profundas reflexiones sobre el impacto, negativo, del hombre sobre la herencia recibida de la naturaleza y de nuestros antepasados. Excelente comisariada, la exposición está muy bien pensada para que, más allá de la contemplación de las fotografías, el visitante reflexione sobre la actitud del ser humano hacia el medio que lo cobija.

Llegamos al Museo Centro de Arte Reina Sofía, donde los sábados por la tarde, la entrada es gratuita. Pero no hay aglomeraciones. Más de turistas que de locales aprovechando la ocasión. Están más ocupados con las cosas del pelotón futbolero.

Además de la exposición de Robert Adams, visitamos también un interesante exposición sobre la convulsa historia de la América Latina en los años ochenta del siglo XX.

Poca gente en la exposición de Robert Adams, podemos visitarla sin agobios, deteniéndonos en las imágenes que más nos gustan o nos dicen algo.

Paseamos un rato por la terraza del edificio Nouvel, donde se encuentra también la librería, sucursal de la Central de Barcelona, donde nos perdemos un rato.
Nos hemos entretenido más de lo esperado en el Reina Sofía, y nos despedimos en sus puertas para que yo vaya rapidito a la estación, que afortunadamente está muy cerca. Llego al tren de todas formas con 10 minutos de antelación. Me relajo. Y me dejo perder en mis pensamientos por lo visto y hablado durante el día.

Salgo con prisas de la librería del museo. La estación está cerca, pero no me apetece llegar excesivamente justo de tiempo.

Es una pena tener que meterse ahora en el tren, la luz de la tarde invita a hacer fotografías.

Poco antes de la salida, los encargados del mantenimiento de los trenes, limpian los frontales de los insectos que mueren aplastados contra el tren, que avanza a ratos a 300 km/h.
… aunque a punto de coger el AVE de regreso. Cansado, pero contento.

Carlos Carreter
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Sí. Hace ocho años, comencé a tomarme en serio mi Cuaderno de ruta personal. La posibilidad de tomarme casi todos los días un paréntesis de tiempo en el que olvidarme de los bandazos que te da la vida, y calmar un poco ese estrés que nos acompaña casi constantemente. Lo empecé con una primera versión en Blogger, que ahora también podéis encontrar duplicada en WordPress. Luego, hace justo cinco años, cambié a la versión 2, en WordPress, que ha permanecido en activo hasta hoy. No voy a dar estadística de actividad o cosas por el estilo como he hecho otras veces. Simplemente, recordaré la fecha con fotos.
Cada una de uno de mis viajes por cada uno de los ocho años que he estado en activo. Todas tienen algo en común. Incluso la de 2011, que lo tiene por los pelos.
Para E., que sabe qué es.

2005 – Piazza Anfiteatro, Lucca (Italia)

2006 – Piazza del Duomo, Milán (Italia)

2007 – Ramblas, Barcelona (España)

2008 – Laguna Veneta (Italia)

2009 – Parapentistas sobre Interlaken (Suiza)

2010 – Grupo musical folclórico en la «Petite France» de Estrasburgo (Francia)

2011 – Stora Teatern, Gotemburgo (Suecia)

2012 – Primitivas cámaras Leica en el museo del aparato fotográfico de Vevey (Suiza)
Inevitablemente, si tengo que hacer este resumén que va a ser en tres partes de lo que ha sido mi año en fotos, he de incluir mis viajes. Un aspecto del que no me quejo este año. Aunque siempre pueda ser mejor. En cualquier caso, con fotos os lo cuento.

Primeros de marzo, y después de dos meses atascado en Zaragoza, una escapada a Barcelona que debía desde hace tiempo me vino de perlas. En la foto, la iglesia de Santa Ana.

Pero sin duda, mi primer viaje interesante fue mi escapada de cinco días por Italia. Qué agradable pasear por los «rampari» de Ferrara.

En ese viaje, estuve alojado en la bulliciosa pero bella ciudad de Bolonia, donde cada tarde abundante gente se daba cita en las piazzas de Nettuno y Maggiore.

También tuve ocasión de conocer en ese viaje las bonitas basílicas bizantinas de Rávena. Quizá la más espectacular la de Sant’Apollinare in Classe.

Aunque sin duda, y aunque ya estuviese en terreno conocido, el día fuerte de esa escapada fuera un día de paseo en buena compañía entre los canales y las «calli» de Venecia.

En mayo, cojo el coche, de lo poco que lo he cogido este año de abril a esta parte, y me acerco a las Cinco Villas para conocer el sitio arqueológico de Los Bañales.

En junio me acerco a Madrid para ver fotografía. MadridFoto, PhotoEspaña,… y en el Matadero, un grupo de jóvenes bailarinas preparando su espectáculo.

También en junio paso un de los mejores fines de semana de los últimos tiempos con unos amigos en Navarra y el País Vasco francés. En San Juan de Luz, estuvimos, donde fuimos testigo de una boda en la iglesia de San Juan Bautista.

Aquí, en Zuaztoi, un barrio de Azpilkueta en el valle de Baztán, fue donde alquilamos la bonita casa rural, Casa Indaburúa, donde pasamos tan buen fin de semana.

Las vacaciones principales del año las hice en Noruega. Fueron un tanto improvisadas, pero salieron bien. Aquí podemos ver el ayuntamiento de Oslo desde Aker Brygge.

Aunque claro, lo suyo en Noruega es la naturaleza. Los fiordos, los saltos de agua, las montañas,… como el área declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el Nærøyfjord.

O también patrimonio de la humanidad por la UNESCO, el barrio de los muelles, Bryggen, en la costera ciudad de Bergen.

O el gran fiordo de Hardanger, que nos acogió con una mezcla de nubes, nieblas y ratos de sol.

En agosto pude aprovechar unos días para escaparme con unos amigos a Ginebra. Unos días calurosos, pero muy agradables.

En los que nos pudimos perder no sólo entre las calles de Ginebra sino también en los de otros lugares a orillas del Lemán, como Lausana.

O visitar el vistoso Castillo de Chillón, en las mismas orillas del Lemán, cerca de la cola del lago.

Nos despedimos en la ciudad de Sion, protegida por sus castillos y fortalezas. No dejan de dejarme una cierta melancolía aquellas despedidas.

Intentando sacudirme las morriñas, me escapo el primero de septiembre a Madrid para ver la exposición de Edward Hopper en el Thyssen-Bornemisza, y me veo obligado a adelantar un poco mi vuelta a la estación para escapar de unas celebraciones futboleras en Neptuno.

El último viaje al extranjero del año es en octubre. A Londres principalmente, a relajarse paseando, viendo fotos y entrando en tiendas.

Aunque hay un momento para acercarse a Canterbury y a su imponente catedral gótica.

Y desde Canterbury, en un momento con el tren, a pasear a orillas del mar del Norte en Margate.

La última escapada es modesta. A principios de noviembre cojo el coche y me dirijo a visitar a la «Hulla», una veterana locomotora de vapor de Minas y Ferrocarriles de Utrillas, que ha sido restaurada y es encendida y puesta en la vía de vez en cuando. Esperemos que el 2013 sea interesante también en esto de conocer mundo.
El pasado viernes recibí en casa el álbum de fotos de mi viaje a Londres (y algo más), que como viene siendo habitual realizo y compro a través de Blurb. Aunque quiero probar algo nuevo. Ya os hablaré de ello más adelante. El caso es que por otro proyectillo que llevo adelante, durante los ventosos y fríos días del fin de semana estuve revisando las fotografías del viaje. Y me dio mucha rabia. Me di cuenta que había unas cuantas de ellas en las que no había seleccionado para el libro la mejor foto. Que en este caso, las prisas hicieron que hiciese una selección mediocre de imágenes. Tiene dos defectos el libro. Que he puesto demasiadas fotos, y que en determinados ocasiones no he seleccionado adecuadamente la que debería haber puesto. ¡Y me da una rabia! Os dejo con algunas de las que deberían estar.
Aviso. No es que sean mejores o peores, o buenas en lo absoluto. Es que eran o me parcen más adecuadas. Bueno. Algunas sí que son mejores.

Entre las fotos nocturnas del entorno de King’s Cross esta es mejor que las seleccionadas, por la presencia de los dos jóvenes, y se me pasó.

Estuve buscando una fotografía del entorno de Portobello Road, como vista general, y no vi nada de interés. Esta podría haber cumplido perfectamente.

Esta imagen es representativa del ambiente de la biblioteca del Victoria & Albert Museum, y dice más que alguna otra de las que puse.

No está mal la fotografía que subí con las librerías de ocasión en el South Bank, pero esta aporta más contraste e información.

Este paisaje del Támesis con las gaviotas, tiene menos gaviotas, es menos espectacular, pero en general está más equilibrado en su composición que el seleccionado para el álbum.

De entre todas las fotos de la sosa «performance» de la gente de Tino Sehgal en la Tate Modern, ahora estoy convencido que esta es de las que mejor aspecto tiene. Y mejor tratada está.

A pesar de la espectacularidad de la nave central de la catedral de Canterbury, no obtuve buenas imágenes de la misma, por no encontrar anclajes visuales buenos en el primer plano. Curiosamente, esta fotografía que deja la nave como en un plano secundario, funciona razonablemente bien y no la consideré.

El paseo en Margate, con una luz otoñal suave, estuvo lleno de oportunidades fotográficas. La fotografía que seleccioné de estas coloridas casas está bien en sus geometrías, pero carece del elemento humano que esta sí que tiene.

Estuve dando muchas vueltas en torno a las imágenes de esta torre con reloj en el puerto de Margate. Y no seleccioné ninguna. Esta sin embargo ahora me parece con posibles, salvo el punto oscuro que rompe la regularidad de la base. Que haciendo un poco de trampa se puede eliminar. También podría reconsiderar el equilibrio del color. Quizá en tonos más fríos. Se estaba haciendo de noche.

También en Margate quise contrastar la armonía de sus edificios más tradicionales con el horror urbanístico de algunas moles. Al final no me convenció ninguna, pero esta no funciona mal del todo.

No me preocupó mucho el patio del British Museum. Ni la luz, ni la afluencia de gente permitían en el breve intervalo de tiempo que tardamos en atravesarlo, mejorar fotos que tengo de algún viaje anterior. Pero puestos a escoger una, debería haber tirado de las geometrías de la que hoy traigo aquí. Que tampoco es una cosa del otro mundo, pero me convence más ahora que la elegida. O simplemente haber ignorado el lugar.

La alegre y erotico-festiva tienda de la esquina opuesta a Foyles me llamó la atención y le hice varias fotografías. Luego tan apenas me gustó ninguna, pero ahora esta la veo con un equilibro aceptable gracias a la vespa del primer palano y a la presencia humana.

Entre las ardillas de St James’s Park, esta está menos nítida, pero el movimiento le otorga dinamismo a la fotografía.

La nocturna del Palace Theatre con los carteles de «Singin’ in the Rain» que va en el álbum me gusta. Pero el contraste de los colores los colores complementarios, azul y amarillo, merecería tal vez una oportunidad.
En Weather.com anuncian bajadas de temperaturas importantes. Máximas en Zaragoza de 13ºC. Mínimas de 3ºC. Son las 9:23 de la mañana y estamos a 14ºC. Hoy va a ser un día raro. Lo presiento. Hay muchos otros pequeños indicios. Espero que sea raro pero bien. No raro pero mal. Eso no lo puedo definir todavía. En cualquier casos, no me voy a poner ahora a escribir de cosas de las que no tengo ganas.
Ayer tonteé con mi versión de escritorio de Snapseed. Otra forma de tratar las fotos. Es divertido. Pero las fotos tratadas de estas formas, en plan lo que llaman lo-fi, baja fidelidad, me cansan enseguida. No obstante, os dejo unas cuantas del paseo de hace tres semanas por Westbrook Bay, en Margate. Que os sea leve.




