La semana pasada ya me llegaron revelados los negativos con las copias digitales de las fotografías sobre película tradicional que hice en la escapada a Hamburgo y otras localizaciones del norte de Alemania a mitad de agosto. La verdad es que lo pasé bien, desde el punto de vista fotográfico, utilizando cámaras y tipos de película menos habituales durante el viaje. De forma más lúdica, más espontánea, pero con pocos compromisos reales sobre la calidad final de la imagen.
En esta primera entrada de las tres que dedicaré a estas fotografías recojo fotografías realizadas con la pequeña Olympus Pen EE3, una cámara de medio fotograma, permite hacer 72 fotografías en un rollo de 36 exposiciones, sobre película para negativos en color. La reflexión técnica fotográfica la encontraréis en la tradicional publicación en Carlos en plata. Aquí, como de costumbre os dejo algunos ejemplos de fotografías realizadas.
En estos últimos años, en los que la gente que ya tiene unos años empieza a tomarse el trabajo con más relajo, tenemos una serie de fechas, más o menos fijas en el calendario, en las que un grupo de amigos quedamos para hacer un viaje en el día a alguna población accesible por transporte público, preferentemente el tren, desde Zaragoza. El tren… no porque sea rápido y eficaz… quitando la alta velocidad, pensada para que la gente de provincias vaya a Madrid, el resto de la red es una calamidad. Pero bueno, es un medio de transporte en el que es fácil conversar y convivir. Mejor que los autobuses o el coche particular.
Sobre lo del tren… La línea de ancho ibérico que una Zaragoza con Madrid, línea principal antes de la entrada en funcionamiento de la línea de alta velocidad, tiene una densidad de tráfico bajísima. No tendría que haber problemas para que los trenes mantuviesen sus horarios de marcha. Sin embargo, en mis últimas experiencias en la misma, siempre cogen cinco o más minutos de retraso. Ayer, el tren de ida, que venía de Lérida, lo cogí en Miraflores más o menos en hora. Pero llegó a Sigüenza, nuestro destino, con veinte minutos de retraso. El tren de vuelta, que venía de Madrid-Chamartín, llegó a la población castellana con siete minutos de retraso. Por lo menos no cogió más. Mantuvo el retraso hasta Miraflores, donde me bajé. Lo peor es que en los últimos tiempos también es habitual que los trenes de alta velocidad lleven cinco o más minutos de retraso. Los cuatro últimos que he cogido llegaron a destino con entre cinco y veinte minutos de retraso. ¡Qué tiempos cuando Renfe se comprometía a devolverte el dinero del billete si el AVE llegaba con más de cinco minutos de retraso! Y soy consciente que hacían trampa, porque los tiempos de marcha programados eran muy holgados, por lo que les resultaba fácil recuperar los posibles retrasos. Ni me voy a molestar en sorprenderme que el viaje dure casi tres horas.
Pero vamos a lo sustancial, el destino, Sigüenza, en la provincia de Guadalajara. Es la tercera vez que la visito. La primera fue una experiencia desagradable. Verano. Estábamos de paso, después de llevar en el coche a un familiar a coger un avión en Barajas. Decidimos parar a visitar la ciudad medieval. Era verano. 35 ºC a la sombra. Íbamos decentemente vestidos con unos polos de manga carta y unas bermudas muy apañaditas. Lo propio de la época. En algún momento de 1996 o 1997. No nos dejaron entrar en la catedral porque no íbamos «decentemente» vestidos. Algo así me paso la primera vez que pretendí visitar la catedral de Toledo. Un absurdo absoluto, «digno» de unos clérigos que no es que no esté en el siglo XXI. Es que se han quedado en los tiempos de Torquemada. Nos fuimos inmediatamente, cambiamos la intención de visitar la ciudad y comer en algún restaurante de la misma, por otro destino. La segunda fue mejor, en 2007, de regreso de conocer el tren de Arganda. Qué sorpresa que el sitio web, Trenes de ayer y hoy, que hice para hablar de ferrocarriles históricos todavía esté en pie. Pensaba que habría desaparecido. Entonces sí que pudimos visitar la catedral. Pero no vimos mucho más, aparte de subir a tomar algo al castillo-parador nacional.
En esta ocasión, todo ha sido todavía mejor. Y aquí os muestro algunas fotografías de las realizadas ayer, con una pequeña cámara digital. El tiempo fue excelente. Fresco para la época, no pasó de 24 o 25 ºC. Pero despejado, con la atmósfera limpia, y algunas nubes algodonosas en el cielo. Muy tranquilo. Pensaba que habría más visitantes. Pero no. Muy poquitos. La ciudad merece más atención. Pero quizá el hecho de que haya que ir de propio, o hay que desviarse, la penaliza. Supongo que los fines de semana sí que estará muy animada. Recorrimos a conciencia el centro histórico medieval. Y en las casi seis horas que estuvimos nos dio para visitarlo de forma relajada, tomándonos nuestro tiempo para comer y para hacer alguna parada para tomar algún café o cerveza. Muy bien. Un lugar muy recomendable. Una bonita excursión en el día desde Zaragoza. A pesar de que pasas tanto tiempo en los trenes, como visitando la ciudad. Es lo que hay con los transportes públicos en este país. Salvo si vas a Madrid por la alta velocidad, con los potenciales costes asociados, son cutres.
Como de costumbre, mi resumen acompañado de fotografías de la reciente escapada a Hamburgo y otras ciudades hanseáticas (o no) del norte de Alemania. Como viene siendo habitual desde hace ya bastantes años, escapada a mediados de agosto, para hacer un paréntesis veraniego. Mis vacaciones principales se reparten entre primavera y otoño. No me importa trabajar en verano. Pero viene bien hacer un parón y huir unos pocos días de los calores de la estación. Cuando trabajaba en Huesca me acostumbré a coger días por la acumulación de festivos, locales y nacionales, y la mantuve cuando volvía a trabajar definitivamente a Zaragoza.
El destino en esta ocasión ha sido Hamburgo, más como una reunión social. El sobrino «predilecto» de una amiga y compañera de viajes habitual vive y trabaja desde hace unos años en Alemania, su pareja es alemana, han tenido una niña, y todas esas cosas. Y son gente muy maja. Y nos apuntamos a una visita. Aprovechando una estancia por trabajo del sobrino en la Ciudad libre y hanseática de Hamburgo (traducción fiel del nombre oficial de la ciudad-estado), tres visitantes desde España nos reunimos en la ciudad con la pareja entre el 15 y el 19 de agosto. Pero nos hemos movido mucho. Como todos conocíamos Hamburgo, a la ciudad le dedicamos un par de paseos, en la tarde de llegada el día 15, y en la mañana del día 19, el día del regreso. Lo que más nos apetecía era pasear por HafenCity, o como designa la Unesco a este lugar inscrito como Patrimonio de la Humanidad en 2015, el área de Speicherstadt y barrio de Kontorhaus. Con el nuevo edificio de la Elbphilarmonie, que no conocíamos al ser de 2017. Yo estuve en 2011 en la ciudad hanseática. Por cierto, los datos técnicos de las fotografías las encontraréis en la correspondiente publicación del Substack Carlos en plata.
Pero nos hemos movido mucho. Aprovechando los frecuentes trenes que recorren la densa red ferroviaria alemana. Aunque observamos que cada vez son menos puntuales y te dan algún disgustillo con fallos en las relaciones. Estábamos avisados. Alemania, en determinadas cuestiones, ya no es como era. Al final conseguiremos equipararnos a Alemania como llevamos diciendo desde hace 40 años, pero no en el sentido en que pensábamos y deseábamos. Una novedad importante que no conocíamos y que visitamos el viernes 16 por la mañana, comida incluida, fue el conjunto residencial de los duques de Mecklemburgo en Schwerin, inscrito este mismo año 2024 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Por la tarde del mismo día, seguimos con los lugares señalados por la Unesco, visitando Lübeck, que yo sí que conocía del año 2011. Con lluvia y tal, pero pasamos una tarde agradable y muy animada. Estaban en plena celebración del Orgullo Gay de la ciudad. Un poco tarde teniendo en cuenta que estas celebraciones suelen ser en junio en la mayor parte del mundo. Pero bueno. Animación con tiempo variable, chubascos dispersos y escalope empanado al estilo vienés para cenar, regado con una Hefeweizen de rigor.
Al día siguiente también conocimos lugares nuevos. Pequeñas ciudades vinculadas a la Hansa, a orillas del Elba, más o menos, pero más pequeñas, próximas a Hamburgo, dentro del estado de Baja Sajonia. Por la mañana, estuvimos en Stade, la más bonita, con un puertecillo, al estilo de Nyhavn en Copenhague, aunque más modesto en tamaño. También con chubascos de escasa entidad dispersos. Y pescado rebozado, muy bueno, con patatas para comer.
Por la tarde, a disfrutar de la Fiesta del vino de Buxtehude, un ciudad también coqueta, aunque no tan vistosa ni mucho menos, pero que estaba muy animada, con actuaciones callejeras y con abundancia de chiringuitos donde degustar los vinos de la región y de regiones vecinas, en su mayor parte blancos, aunque había algún rosado, e incluso algún tinto. Y puestos de comida, claro. Nosotros nos pedimos una botella de vino espumoso blanco, Mosecco, supongo que inspirado o imitando al Prosecco italiano, que no estaba mal, pero me resultó demasiado dulce, llevaba demasiado azúcar añadido para mi gusto. Pero lo pasamos bien.
En principio, el domingo 18 habíamos pensado visitar algún museo en Hamburgo, los hay interesantes de arte contemporáneo y de fotografía, y por la tarde acercarnos a Luneburgo o Brema, que yo ya conocía de mi viaje en 2011. Pero cuando ya nos íbamos a las habitaciones del hotel alguien planteó de repente la posibilidad de visitar la isla de Heligoland en el mar del Norte. Ir en tren hasta Cuxhaven, y allí coger el catamarán hasta la isla. El Catamarán sale desde Hamburgo. Pero sale muy caro hacer todo el recorrido en barco. El tiempo dedicado a la larga era parecido por las esperas. Pero podíamos aprovechar para pasear por Cuxhaven… que no tiene gran cosa. Aunque el día estaba agradable.
En general, todo fue muy bien. Aunque el regreso desde Cuxhaven a Hamburgo duró una hora más de lo previsto por una interrupción en la línea ferroviaria, que nos hizo llevar un recorrido más largo y con trenes más lentos, con más paradas. Pero en conjunto, un viaje corte de cuatro noches de estancia en el norte de Alemania, en el que nos hemos relajado, hemos disfrutado de la compañía de gente amiga, y hemos conocido nuevos lugares.
Afortunadamente, más sol y menos lluvia de lo esperado. Y varias calamidades con los ferrocarriles alemanes. Este país va en retroceso…. Algo me habían dicho ya.
Ya hace un mes del viaje en el día a Pamplona para cuestiones particulares, pero que aprovechamos para visitar con tranquilidad, dedicando la tarde para ello, el centro histórico de la ciudad. Una ciudad, que como ya comenté, había visitado en diversas ocasiones, pero que no había tenido la ocasión de recorrer con calma todavía.
Por supuesto, además de las fotografías digitales que me sirvieron para comentar en los días siguientes cómo fue el viaje, me llevé también una cámara con unos rollos de película fotográfico. Como es habitual, las cuestiones técnicas de las fotografías las podéis conocer en la correspondiente publicación en Substack. Ya he tomado la decisión de abandonar los blogs que dedicaba a esto, y utilizar sólo Substack, que va muy bien, es cómodo de usar, y rápido. Con el tiempo, el contenido anterior se perderá de la web… pero realmente casi nadie echa la vista atrás en internet, por lo que tampoco me penará. Y si algo quiero que esté, ya realizaré una publicación en Substack. Como hice ayer sobre la Leica D-Lux (Typ 109). Os dejo con unas cuantas fotos de Pamplona.
Hace ya un par o tres de semanas que os comenté mi viaje en el día a Madrid. Un viaje motivado en parte por cuestiones personales, gestiones a resolver con unos amigos, lo cual no nos llevó mucho rato. Por ello, tuve… tuvimos la ocasión de dar algún paseo por la villa y corte, visitando algunas exposiciones de PhotoEspaña en su edición de 2024.
Pero como tengo costumbre en estos viajes en el día por ciudades españolas, además de alguna cámara digital, me llevé una cámara para película fotográfica tradicional. Este viernes pasado recibí revelados los rollos que hice ese día, y en el viaje del día siguiente a Pamplona. Los detalles técnicos de las fotografías los encontraréis en mi publicación en Substack, como suelo hacer habitualmente. Para quienes no estéis interesados en esas cuestiones técnicas, como de costumbre, os dejo aquí algunas fotos de ese día.
Ayer estuve en Pamplona. Fue, en cierta medida, una continuación del viaje el día anterior a Madrid. Pero la parte de asuntos personales que conllevaba el desplazamiento a la capital navarra se solventó en veinte minutos. Cuarenta minutos, si cuentas el desplazamiento por la ciudad para llegar al lugar donde estábamos citados. Así que a pesar no haber madrugado, y haber ido en un tren que salía de Zaragoza a las once y cuarto de la mañana y llegaba a Pamplona casi dos horas más tarde, enseguida nos quedaron un montón de horas para conocer la ciudad. El tren de regreso salía a las ocho y cuarto de la tarde.
Yo ya había visitado Pamplona en diversas ocasiones. Las más lúdicas, a principios de los años 90 cuando pasamos la noche del 6 al 7 de julio, en el inicio de los sanfermines, en la ciudad, habiéndonos desplazado desde Logroño, y en 2007, cuando estuvimos unas horas por la mañana en los sanfermines chiquitos, antes de ir a comer a Sorauren, a pocos kilómetros de Pamplona. Otras visitas tuvieron otro carácter, alguna familiar, alguna de trabajo, pero… nunca había visitado propiamente la ciudad.
Recorrer sus calles, conocer algunos de sus momentos. Entrar a tapear tranquilamente en los bares y restaurantes de la calle de San Nicolás. Fotografiar algunos de los rincones más típicos o más interesantes del casco viejo de la ciudad. Y tantear un poco el ambiente que se vive. Para esto último, hacerlo en viernes está muy bien, porque mezcla las rutinas del día laborable por la mañana y primeras horas de la tarde, con el relajo y el comienzo del fin de semana en las últimas horas de la tarde.
Plaza del Castillo, plaza de San Francisco, calle Estafeta, la plaza Consistorial, el callejeo, la catedral, poco conocida… yo no había oído hablar de ella, pero que no está mal, la iglesia de San Nicolás, gótico temprano, y la de San Cernín o Saturnino, un pastiche gótico con un pegote barroco. En fin… que no da para mucho más allá de un día, pero que es un paseo agradable. Y con muy poquitos turistas. Pero muy poquitos. Para la inmensa mayoría de los extranjeros, España es Madrid y Barcelona. Para los más ilustrados, también Sevilla. Para determinados europeos, playas en islas y costas mediterráneas. Para unos cuantos pirados, el camino de Santiago, que pasa por Pamplona. Y para una minoría, el resto, que merece la pena tanto o más que lo anterior. Más. Porque la experiencia de visitar Barcelona o Madrid, hiperturistizadas, se ha vuelto una porquería. En fin. Un día agradable. Con un concierto final de una banda de chistus en la plaza Consistorial. Que solo estuvimos unos minutos, que para esto de los chistus hay que ser muy de por allí para que te vaya más allá de la curiosidad inicial. Que conste que los chistus no son exclusivos del País Vasco y Navarra como creen algunos de ellos. La flauta de tres agujeros, para tocar con una mano, está por toda Europa; en Aragón se llama chiflo. Aunque no es muy usada en los tiempos actuales.
Ayer estuve en Madrid. Todo el día. Por la mañana, resolviendo unas cuestiones de carácter privado con unos amigos. Unas cuestiones que tienen segunda parte, dentro de un rato, salimos hacia Pamplona. Así que, mañana, otra entrada viajera. Que no tengo ni idea de qué pinta tendrá. En cualquier caso, estuve en Madrid hasta tarde, cogí el tren de vuelta a las ocho y media de la tarde, para tratar de visitar algunas exposiciones de PhotoEspaña 2024. En ese sentido, conocí un centro cultural, con salas de exposiciones, en el que no había estado nunca. Y que me gustó. Muy cerca de la estación de alta velocidad en Atocha, junto al Caixaforum. Se trata de la Serrería Belga. Y además la exposición que allí vi, también me gustó mucho. Durante el día hice fotografía con película tradicional predominantemente, pero obviamente no está revelada todavía. Más adelante os hablo de ello.
Antes de comer todos juntos, entramos en el Jardín Botánico, que nos pillaba de paso. Y donde también suele haber un par de exposiciones del certamen fotográfico anual. Antes ponían allí la tienda, de donde siempre me llevaba algún libro. Pero ya no. En cualquier caso, paseamos también, para hacer tiempo, por los invernaderos de los jardines.
Después de comer, me centré, en compañía de algunos amigos aficionados al arte en general, en las exposiciones más destacadas que nos dio tiempo a visitar. Muchas menos que otros años en los que me dediqué en exclusiva a ver exposiciones de una forma programada y organizada. Pero aun dio de sí. De las exposiciones, ya hablaré otro día. Quizá el domingo.
Hacia el final de la tarde, comentando que a finales de enero habíamos querido visitar los invernaderos del Palacio de Cristal de la Arganzuela, pero que no pudimos por estar cerrado ese día de la semana, era lunes, uno de los madrileños se ofreció a acercarnos en coche hasta el lugar, para desde allí ir luego a la estación a coger el tren. El sitio es majo, pero me gustaron más los invernaderos del botánico por la mañana. Y con esto, despedimos la jornada.