Llámame Lola

sociedad

No, por favor, no me llaméis Lola. Seguid llamándome Carlos. Pero Llámame Lola es el nombre de uno de esos miles de blogs que pululan por un internet pero que de vez en cuando nos llaman la atención.

Este está dedicado sobre todo al vídeo. Y lo que va haciendo es proponer vídeos que se pueden ver o descargar de internet y que destacan por su originalidad, por su calidad artística o por cualquier otro motivo que los pueda hacer interesantes. Entendámonos, no se trata de los típicos vídeos de chorradas con los que los amigos nos alegran/martirizan via correo electrónico. Busca algo más. Tampoco es que sea nada trascendente, pero para un domingo tonto de puente… ya puede servir para entretenerse un rato.

Los temas son diversos. Lo mismo nos propone un corto de animación propuesto para un óscar, o un curioso anuncio de coches acompañado de su parodia, una serie de fotografías con niños que demuestra que todavía existe imaginación en el mundo, o unos catálogos interactivos sobre vídeos de carácter claramente pornográfico. Ale, que lo paséis bien (en general, no me refería a esto último… exclusivamente).

Celebración del Día de Aragón en la festividad de San Jorge en Zaragoza

Plan oculto (Inside Man, 2006)

Cine

Inside Man (2006)

Hacía tiempo que no veía una película de Spike Lee. En sus tiempos mozos me interesaron algunas de sus películas de ambiente racial «afroamericano». Do the right thing o Jungle fever son películas que en su momento me gustaron mucho. Pero luego empezó a hablar de cosas que no me interesaban y le perdí la pista.

Ahora nos presenta una película de aventuras, versión «atraco a banco con rehenes» y con enfrentamiento personal entre lider de los ladrones (Clive Owen) y negociador de la policía (Denzel Washington). De lo más típico y tópico en lo que es el cine actual. Entre medio, una intrusión de una individua (Jodie Foster) con grandes influencias y «oscuros» intereses y poderes. Bueno. Pues en su conjunto no deja de ser más que una película de aventuras, con una realización técnica impecable pero no necesariamente novedosa, y con un guion que tiene cosas interesantes pero también sus debilidades. Especilamente, esto último en el final de la película que, aunque con presuntas sorpresas, no deja de tener una resolución un poco fría, relativamente previsible por toda la información suministrada durante el filme, y que no acaba de emocionar. La interpretación, más que correcta por la solvencia de los protagonistas, ayuda a que la película se vea bien.

En resumen, una película adecuada para pasar un rato, pero que tampoco creo pase a la historia del cine como una gran obra. Mi impresión subjetiva no va más allá del seis (aunque acepto darles un siete, tanto a la dirección como a la interpretación).

PS: Una vez más nos encontramos con una nueva fechoría del traductor de títulos hispano. ¡¡¡Qué cruz, Dios mío!!!

«Trapecista callejera» en la celebración del Día de San Jorge, Zaragoza

All Quiet on the Western Front (1930)

Cine

No es mi costumbre comentar aquí las películas que veo en la televisión; suelo reservar este espacio para mis incursiones a las salas de cine de la gran pantalla. Pero de vez en cuando, toca hacer una excepción. Y hoy es uno de esos días. Volvía yo a las cuatro de la tarde a casa, cansado de la jornada laboral, por lo que me he dispuesto a tumbarme un rato en el sofá con la «caja tonta» enchufada. Un breve zappping por el satélite, y me he encuentro en Cinemanía clásico con Sin novedad en el frente, película de 1930 dirigida por Lewis Milestone, basada en una novela del escritor de origen alemán Erich Maria Remarque. No he necesitado mucho rato para comprender que me encontraba ante un clásico de tomo y lomo, y si por casualidad se me había pasado por la cabeza amodorrarme un rato, no he tardado en despejarme y en seguir con interés (tendiendo a la pasión) el veterano filme.

No me extenderé mucho. Pero hay varios aspectos que puntualizar:

  1. No hace falta ser Spielberg, contar con medios modernísimos y montar una salchichería en pantalla para sentir el horror ante la guerra en una película. Un adecuado encuadre y expresión, una puesta en escena maestra, un hábil movimiento de actores y de figurantes, un uso de la cámara desde posiciones subjetivas, y uno puede sentir perfectamente lo que supone una carga de infantería contra posiciones fortificadas, la salvajada que supone y la estupidez de estos hechos.
  2. No es necesario que el «héroe» pertenezca al bando ganador de la guerra para que la historia tenga sentido, para que las personas sea personas y no estereotipos «satánicos» y de paso nos libremos de maniqueismos baratos, que no sirven más que para adocenar a los espectadores. Nuestros «héroes» son perdedores. Son los «malvados» «boches» de la Primera Guerra Mundial. Pero son los auténticos Héroes, los soldados de a pie que sufren las guerras. La película, no obstante, es norteamericana. ¡Cuánto se ha perdido en la primera potencia mundial a la hora de ser capaces de hacer reflexiones artísticas y cinematográficas, así como de ponerse en el lugar del otro!
  3. Quienes «pasan» de ver un clásico en blanco y negro del año 30 porque es una película «vieja»… son simplemente imbéciles, y no saben lo que se pierden.

Pues eso. Ya sabéis lo que opino.

Frente a la guerra, animación callejera; día de San Jorge en Zaragoza

Más sobre la cabalgata de San Jorge

ciudad, sociedad

Cuando yo era pequeñito me encantaban las cabalgatas. Estaba la cabalgata de Reyes, alguna que otra para el Pilar, y una en lo que se llamaban las fiestas de primavera que llamábamos el «Coso Blanco». Esta última sólia consistir en una serie de carrozas que representaban a los distintos países de Hispanoamérica. Como comentaba ayer, hoy en día ya no se llaman cabalgatas. Ahora es «animación callejera» u otras cosas por el estilo.

En la que se nos ofreció ayer en Zaragoza, llamada «Sanjorges y dragones», se nos insistió durante días que se iba a dar una visión alternativa del mito de San Jorge, en la que se iba a hacer hincapié en la integración con la naturaleza, y otras lindezas similares.

Con estos antecedentes, no dudé. Me dije: «Majo, cógete la cámara, la réflex pero en plan ligero por si llueve y hay que salir corriendo, y a documentar el hecho». Y allí fui.

Bueno. La verdad es que salvo por lo entretenido que estaba tirando fotos a todo monigote «viviente», me pareció un espectáculo bastante soso. Sin ritmo. Con muchos parones entre animación y animación, o entre carroza y carroza que diríamos antaño. Se mezclaban marionetas gigantes, con «zancudos», con los cabezudos de toda la vida, unos tipos haciendo demostración de doma caballar, tragafuegos… bueno,… de todo y de los más heterogéneo. Al final salió, hasta «Fluvi«. Sí, sí, la mascotita de la Expo 2008, sea lo que sea.

No entraré en detalles, pero no me pareció que hubiera una historia, un visión de algo, una alternativa a historias tradicionales. Me pareció una suma de elementos que no significaba nada de particular, salvo por las parrafadas que iban saliendo por la megafonía, para explicar lo que para mí no tenía más explicación que lo que he comentado. Una heterogénea sucesión de «atracciones» o «animaciones» callejeras.

Pero he aquí que me puse a escuchar a quienes me rodeaban. Casi todos los adultos eran papás y mamás de la multitud de niños y niñas que miraban el espectáculo. Y en general, parecía que les gustaba. Me dio la impresión que los niños eran más críticos espectadores. No había que percibir más que el mal que daban con los tremendos parones que tenía la cuestión. Cuando mejor se lo pasaron fue al final cuando salió «Fluvi«, que parece que ha calado entre la chiquillería.

El caso es que en general, la gente se lo pasó bien. Y ¡ay, pobre de mí, sempiterno escéptico insatisfecho! no sé si alegrarme de que la gente disfrute en un día de fiesta, o lamentar la nula capacidad crítica que va quedando en el personal. En fin. Que cada cual se quede con lo quiera.

San Jorge y dragones con 8 cilindros en V

ciudad, fórmula 1, sociedad

Hoy 23 de abril, día de San Jorge, es la fiesta popular/regional/autonómico/nacional de Aragón (táchese lo que no proceda según la sensibilidad política de cada cual; que tampoco vamos a ponernos a discutir por un día que es fiesta). En realidad, como es domingo, cuando realmente notaremos que es fiesta es mañana, que también es fiesta por estos pagos, para compensar. El santo en cuestión, figura más legendaria que histórica, es objeto de devoción entre el Moncayo y el Segre desde que, según cuenta la leyenda, en 1096 apareciose a los cruzados cristianos que guerreaban contra los musulmanes en Huesca en los llanos del Alcoraz, dando como lugar la caída de la capital oscense en aquellos momentos en poder de los agarenos. Se dice que en la aparición, se transportó desde Tierra Santa con un caballero cruzado alemán, que se lío junto al santo a dar mandobles por los alrededores de lo que hoy es un campo de fútbol de 2ª B. Pues bueno… si los aguerridos montañeses creyeron ver al santo capadocio, es más que probable que se hubiesen animado para la escabechina con unas cuantas botellas del más rico Somontano (y perdóneseme la anacronía).

Mientras los maños se han lanzado esta mañana al paseo para ver una cabalgata (ahora anunciadas a bombo y platillo como espectáculos de animación en la calle, aunque yo no tengo clara la diferencia), Fernando Alonso se concentraba para intentar ganar una nueva carrera en el mundial de Fórmula 1. Pero el aguerrido caballero alemán Schumacher, con su escudo con el cavallino rampante sobre fondo de oro, ha impedido que los feroces dragones francobretones con 8 cilindros en V se hicieran con la doncella, convertida en esta ocasión en el trofeo del Gran Premio de Imola. En fin. Otra vez será.

Animación callejera en la celebración del Día de Aragón, Zaragoza

Las 50 mejores adaptaciones al cine

arte música y literatura, Cine

Hace unas semanas, escribía en estas líneas sobre la iniciativa Cervantes Virtual para recopilar las adaptaciones al cine de obras literarias en español. Hoy seguimos en una onda parecida, ya que me entero a través de Blog de cine de una iniciativa del periódico británico The Guardian para someter a votación un listado de las que ellos consideran las 50 mejores adaptaciones al cine, con el fin de que sus lectores las ordenen, y decidan en qué orden deben aparecer, coronando de paso la mejor adaptación de un obra literaria al cine.

Pues oiga, me parecen muy bien estas iniciativas. Pero frente a la iniciativa antes comentada de Cervantes Virtual, que era integradora y exhaustiva, esta me parece reduccionista y sesgada. Por supuesto, se trata de obras en inglés únicamente, lo cual cuando se trata de decir cuál es la mejor ya me hace mirarla con escepticismo. No porque la mejor no pueda ser de una obra inglesa, sino porque en otras cinematografías hay excelentes adaptaciones. En segundo lugar, partir de esa lista de 50, me parece peligroso, ya que como se nos sugiere en el artículo de Blog de cine, hay filmes en esa lista que no parecen tan buenos y se echan en falta otros, que quizá tengan el «inconveniente» de no ser tan comerciales o permanecer lejanos en el tiempo.

Pero bueno, ahí está la lista. Ya veremos quien «gana«. Y por otra parte puede servir para recordar algunos largometrajes que realmente nos hicieron disfrutar de lo lindo. ¡Jo, cuanto más la miro más ausencias noto y más presencias me sorprenden!

Una cosa más, si me preguntan por mi favorita… To kill a mockingbird.

Algunas flores silvestres en los alrededores de Villahermosa del Campo, Teruel

La placentofagia y un tipo que se dice actor

Cine, sociedad

A través de Genciencia encuentro un artículo sobre una el hábito de devorar la placenta por parte de las madres mamíferas tras el parto de sus cachorros. Aunque los serios (que no aburridos) amigos del mencionado blog de divulgación científica no lo nombren, supongo que el artículo viene a propósito de las informaciones de que cierto «actor» de Hollywood, un tal Thomas Cruise Mapother IV, había anunciado que pensaba comerse la placenta de su recién nacida porque era muy nutritiva. Luego aclaró que era una broma. Curioso el sentido del humor del cienciólogo más famoso del mundo mundial.

En cualquier caso, dejando de lado el mal gusto de la tonta estrella jolibudiense, es un buen momento para recomendar el mencionado blog.

Por cierto, que entre los comentarios que en el artículo que he vinculo en el título de esta entrada hace el autor no menciona el que yo pensaba que era el motivo por el que algunas especies de mamíferos tienen esta costumbre. Siempre había creído, por diversas lecturas, que el hábito de comerse la placenta y el resto de los anejos fetales tras el parto responde a un mecanismo de defensa del neonato ante los depredadores. Lo primero que hace la madre de muchos herbívoros tras el parto es lamer a profundidad al cachorro y luego comerse los anejos fetales para evitar que el olor atraiga a los depredadores, ya que el neonato es especialmente vulnerable en las primeras horas de vida. Y sinceramente, siempre me ha parecido una explicación muy racional dado como funciona el mundo de los seres vivos.

Otra cosa. Los tontos de la prensa han comentado en algún artículo que el actorcillo de marras iba a comerse un pedazo de su señora. Pues no, oigan. Que la placenta es un anejo fetal. Si acaso se comerá un pedacito de su hija. ¡Ah, Cronos/Saturno redivivo! ¡Estos dioses del Olimpo jolibudiense, qué cosas tienen!

Entre Badules (Zaragoza) y Villahermosa del Campo (Teruel)

"House, M.D." (2004) y las teleseries de médicos

Televisión

Qué se le va a hacer. Es así. Hoy os hablaré de una serie de televisión. La ya famosa House, que emiten todos los martes en el nuevo canal, Cuatro. No es que a mi me mate la televisión. En líneas generales veo poca, fundamentalmente películas en los canales monográficos que emiten vía satélite. Pero siempre me ha gustado tener la opción de que haya alguna tele-serie, más o menos intrascendente, que me permita entretenerme un ratico sin complicaciones antes de irme a dormir o de hacer cualquier otra cosa. Cuestión cada vez más rara. Las de producción nacional hacen episodios que son verdaderos largometrajes, que una vez te has acostumbrado a determinadas producciones norteamericanas, resultan bastante cutres. En cuanto a las norteamericanas,… pues siempre se salva alguna… aunque tampoco me suelen enganchar.

Dentro de las teleseries, está el género de las de «médicos». Yo, de pequeñito, guardo recuerdos de cosas como el doctor Gannon (Chad Everett) de Centro médico, o del doctor Marcus Welby (Robert Young) en la serie del mismo nombre. El primero era la versión «superchachigranhospital del copón» del asunto, mientras que el segundo era el médico de cabecera de toda la vida, majete y buen amigo de las familias. Me encantaban. Debió coincidir también que por aquel entonces tome la decisión de estudiar medicina, aunque fuera por otros motivos. Y hasta ahora. La verdad es que una vez que me metí en los estudios y en la profesión, se me fueron las ganas de ver este tipo de telefilmes. La famosa Urgencias apenas me llamó nunca la atención, aunque algún capítulo que otro vi. ¿Y qué decir de esa aberración de producción local que es Hospital Central, mal remedo de la anterior? Cada vez que oigo decir que se basa en situaciones reales no sé si echarme a reír o a llorar. Reconozco que sólo la he mirado un par de veces y sin ver ningún capítulo entero. No tengo estómago para más.

Un médico de la «tele» que sí que me gustó fue el doctor Fleischman (Rob Morrow) de Doctor en Alaska,… aunque dada la intempestiva hora a la que la solía programar TVE, dudo que el motivo para verla fuese el simpático médico en el exilio… creo que la «culpa» la tenía esa inmensidad del género femenino que era la piloto Maggie O’Connell (Janine Turner). ¡Qué mujer! Bueno… la serie no estaba mal.

Llegamos por fin a la que nos ocupa. He de reconocer que si en la vida real hubiese conocido un médico en un hospital tan antipático, con tan mal trato con los pacientes, tan pagado de sí mismo, tan insolidario habitualmente con sus compañeros de todas las profesiones, tan… Bueno… en realidad si he conocido a algún individuo o individua con esas «cualidades». Y creo que deberían encerrarlos en algún sitio donde no hiciesen (más) daño a la sociedad. Y qué decir de los casos que diagnostican y tratan. El día que vi aquel episodio en el que una «pava» pilla una encefalitis de origen desconocido, que está a punto de cascar, y al final resulta que es una tripanosomiasis (enfermedad del sueño) que le ha pegado por vía sexual el mejor amigo de su marido, que estuvo en África de cooperante… Claro, el marido al final la deja… Impresionante… y no es necesriamente el más rocambolesco…

Y sin embargo, me he enganchado. Porque es una prueba clara de que en el cine, sea el de la gran pantalla o el teóricamente más modesto de la caja tonta, lo que importa es cuidar la producción y sobretodo contar bien una historia. Y fijaos lo que os digo. No me refiero a contar una buena historia, sino a contar bien la historia que sea. Pensad en Hitchcock. La mayor parte de sus películas corresponden a historias que no tienen pies ni revés. Pero son apasionantes.

Unos buenos diálogos, unos buenos personajes, una buena interacción entre ellos, un ritmo adecuado, vamos, un buen guion llevado con oficio a la pantalla, nos enganchará siempre a quienes amamos el cine y sus derivados. Y esto es lo que me pasa con el antipático Gregg House, excelentemente interpretado por el británico Hugh Laurie. Que por increibles o rocambolescas que sean sus historias, consiguen que me interesen. Y además,… o sorpresa,… de vez en cuando reflexionan sobre alguna cuestión interesante… Y bueno… qué es el héroe… que en todos los capítulos se le ve que tiene… su corazoncito. Y si nada de esto os convencé… pues está la doctora Allison Cameron (Jennifer Morrison), que aunque sale siempre con cara de estreñida, está como un queso. He dicho.

Un TRD en doble, avanza (relativamente) raudo entre Badules (Zaragoza) y Villahermosa del Campo (Teruel)

Azuloscurocasinegro (2006)

Cine

Azul oscuro, casi negro (2006)

Hacía tiempo, más de tres meses, que no iba a ver una película española… excepción hecha de Almodovar, claro, que siempre va aparte de lo que normalmente llamamos cine español. Por lo menos, desde mi punto de vista. Y es que últimamente, el cine español me pone poco. En general, cada vez resulta más difícil encontrar películas que nos maravillen, sea cual sea su nacionalidad. Pero bueno, me acerqué a ver este filme con la ilusión de que no son pocos los que han afirmado que estamos ante una gran película.

En primer lugar, decir que la historia se enmarca entre las numerosas de cine social que han caracterizado algunos de los mejores productos del cine español de los últimos años. Personajes de barrio, normalmente madrileños, que bordean la exclusión social, aunque no necesariamente estén en ella. Atormentados por sus fracasos y por las escasas oportunidades que la sociedad actual les brinda para triunfar. Poco a poco estas historias pueden ir agotando al espectador, como sucedió hace unos años cuando todos acabamos agotados de las películas de la postguerra española. Salvo que tengan alicientes añadidos. Y los alicientes han de venir de mano de los personajes. Personajes con los que sin llegar a identificarnos, al menos hemos de sentir a llegar cierta simpatía/empatía. Y esta es la gran virtud de esta película… al mismo tiempo que puede ser su gran defecto. Ya iremos afinando más adelante.

El director es novel como largometrajista. Daniel Sánchez Arévalo se ha fogueado abundantemente en el cortometraje, antes de estrenar este filme. Se le nota una buena base para el oficio, no metiéndose en complicaciones, pero tratando con gran dignidad a la historia y a los personajes. Sin riesgos, sí que es capaz de enfrentarnos cara a cara con los mismos, y salir airoso del trance.

En cuanto a los actores, existiendo un protagonista claro, Quim Gutiérrez, está rodeado de una serie de actrices y actores que deben dar vida a una serie de personajes imprescindibles. La más destacable es Marta Etura, una actriz joven de lo más interesante, que siempre aporta gran seriedad y madurez a sus interpretaciones, incluso en filmes que particularmente no me han llamado la atención. Sin embargo, su excelente interpretación se ve perjudicada por un tratamiento en su personaje que no acabo de entender. En un cine maduro, adulto, no necesitamos que una presidiaria sea «inocente» para que nos caiga bien, o para que la comprendamos. El guionista se ha visto en la necesidad, desde mi punto de vista innecesaria, de que este personaje sea «una buena chica» para que pueda llevar a alguna parte su relación con el protagonista. Creo que no es necesario que «Paula» sea una «víctima» para que tenga sentido su historia. Es un personaje demasiado explicado; y un poco más de «misterio» no le habría venido mal. Muy bien también Antonio de la Torre y Héctor Colomé en los personajes, estos sí necesarios para comprender al protagonista, del hermano y el padre del mismo. El personaje de «Antonio» es un ejemplo de lo que decía antes sobre el personaje de «Paula». Sabemos que está en la cárcel. Pero no sabemos por qué, y en ningún momento entra en posesión de él ningún maniqueismo redentor. No importa para que cumpla su función. El quinto personaje para mí fundamental es el de la vecina, interpretado por Eva Pallarés. que al tratarse de alguien más convencional ofrece menos margen al lucimiento, aunque el trabajo de la actriz es sólido y convincente. No vi tan necesarios, los personajes del amigo del protagonista y sus padres, cuya historia no me llega a interesar ni la veo necesaria para lo que realmente importa en esta película.

En resumen, es un buen ejemplo de buen cine español, del que se hace con bajo presupuesto y basado en buenas actrices y buenos actores. No me llegó a entusiasmar tanto como a otros, pero sí que pasé un buen rato y la recomiendo, especialmente para quienes no se sientan limitados por el empacho generalizado de cine de acción plana americano. Le pondré un siete (con su siete también en dirección, y sobretodo un ocho en interpretación).

PS: En este artículo he incluido el enlace propuesto por Blogcinema para promocionar la película mediante un boca-oreja en internet, y que me llega via Blogdecine. Sigue cualquiera de los dos enlaces anteriores para conocer más.

Uno de los tradicionales peirones que encontramos en algunas comarcas aragonesas, en las afueras de Villarreal de Huerva, Zaragoza

Un poquito de "arqueología" ferroviaria

ferrocarril

Con la «modernización» de los ferrocarriles en España, la rentabilidad económica ha primado de forma extraordinaria sobre el servicio social que este medio de transporte realiza a la sociedad. Así, hoy en día, sólo las líneas de alta velocidad y las líneas de cercanías son atractivas y cuidadas en nuestro país. Las viejas líneas regionales decaen poco a poco y sus estructuras son abandonadas.


Curiosamente, en una de estas líneas, la que comunica Valencia y Teruel con Zaragoza en lo que fue el antiguo Ferrocarril Central de Aragón, encontramos algunas de estas viejas estructuras ferroviarias todavía en buen estado. Como las que encontramos en la estación de Villareal de Huerva.


Así, encontramos mesas para el accionamiento de los desviós, las tradicionales lamparitas que señalizaban la posición de los mismos, antiguos depósitos y muellas de mercancías, que hoy en día no volverán a ser usados.


Porque hoy nos anuncian que la línea no va a desaparecer. Que se va a modernizar. Que trenes más veloces y eficientes van a recorrer la línea, que va a ser renovada.


Así que poco tiempo les queda a las viejas traviesas de madera que soportan el camino de hierro por el que en el pasado tantos trenes han pasado, lenta y cansinamente, recorriendo unas tierras duras y casi abandonadas, pero en cualquier caso bellas y dignas de reconocimiento. Esperemos que estas viejas estructuras, hoy arqueología industrial y ferroviaria, no desaparezcan. Que sean conservadas, dando sabor a un recorrido, y que permitan que no echemos, una vez más, la memoria colectiva del país a la basura o a los escombros.

Tardes fotográficas

Fotografía personal

Aprovechando el buen tiempo y los días de fiesta, estoy saliendo ha tomar fotografías a la caída de la tarde. Estos días estoy subiendo imágenes tomadas entre Bolea y Loarre en la provincia de Huesca. En los próximos días empezaré a subir otras tomadas entre Mainar y Cucalón, en el Valle del Huerva entre las provincias de Zaragoza y Teruel.

Castillo de Loarre, Huesca

Original y copia – Rashômon (1950) vs The Outrage (1964)

Cine

Algo que antes me gustaba mucho era comparar las primeras versiones de determinados clásicos (o no clásico) del cine, con versiones posteriores. Casi nunca las versiones llegaban a la altura del original, pero no siempre eran por ello malas. Hoy en día es algo que ya no me atrae. La carencia casi absoluta de ideas en el mundo del cine norteamericano hace que las segundas versiones aparezcan como los churros y, de paso su calidad sea… pues eso, un churro. Pero hoy comentaré un caso.

Hace muchos, muchos, muchos, muchos, muchos años… cuando todavía era un adolescente, allá por la transición vi en la televisión un western muy peculiar. Se trataba de un juicio por asesinato, en el que se acusaba a un mejicano de violar a una mujer y asesinar al marido. En el juicio se daban las versiones de los hechos desde el punto de vista de los tres implicados y de un testigo que pasaba por allá. Sí, también la versión del marido, a través de un chamán que se ponía en contacto con su espíritu. Las cuatro eran totalmente distintas. En cada una de ellas, quien lo cuenta queda dignificado, y los otros, a la altura del barro. No me quedé con el título de la película, pero sí que me pareció original dado el tono de las «pelis del oeste» que hasta el momento había podido ver.

Hace no tantos años, ya con un poco más de conocimiento sobre esto del cine, me agencié un clásico del cine japonés, Rashômon de Akira Kurosawa. Me dispuse a verla y… ¡oh, sorpresa! Ahí estaba la historia de aquel no olvidado western de mi adolescencia. La misma historia, el mismo desarrollo, los mismos personajes. Lo único que cambia, el entorno. Ya no estamos en el Oeste americano, sino en el Japón de los Samurais. Inmediatamente, me puse a buscar cuál era la película que vi hace tantos años, y gracias al IMDb.com la encontré. Se trataba de The Outrage, dirigida por Martin Ritt, e interpretada por Paul Newman ¡¡¡haciendo de mejicano moreno y renegrido!!!, Claire Bloom (guapa moza, sí señor), Lawrence Harvey y Edward G. Robinson. Intenté localizarla para volver a verla, siendo totalmente infructuosos mis esfuerzos hasta que hoy, llegó a casa de trabajar, pongo la tele por satélite, y en TCM me encuentro con… ¡¡¡chachán!!! una del oeste en blanco y negro que se titula en español Cuatro confesiones. La pillé. A verla, a disfrutarla y a compararla.

Bueno. No insistiré mucho en la comparación. A pesar del reparto de campanillas, ya se daba hace 40 años la misma situación que ahora. Las segundas versiones norteamericanas no les llegaban a los originales de otros países ni a las suelas de los zapatos. Pero, vale. Me lo he pasado bien. Me he divertido a pesar de todo. Y esta noche dormiré un poco más tranquilo. He recuperado mi memoria cinematográfica, y más o menos tengo claro porqué me llamó la atención este por otra parte mediocre filme… pero esto me lo guardo para mí.

Rama de cerezo en flor, Bolea (Huesca)