[Cine] Please Stand by (2017)

Cine

Please Stand by (2017; 15/20190306)

La semana pasada fue una semana complicada. Malas noticias en el entorno del grupo de amigos que acudimos al cine juntos habitualmente nos trasladó a un estado de animo particular que, cuando encontramos un momento para airearnos y distraernos, dificultó la elección de qué película nos apetecía ver. Nada demasiado sesudo, algo que nos transmitiese un poquito de optimismo. Y esta película, que llega con bastante retraso a nuestra cartelera, dirigida por Ben Lewin y con un reparto prometedor, parecía un posibilidad como cualquier otra. Decir que una vez más el titulador de películas en castellano ha dado muestras de sus múltiples trastornos de personalidad, y nos ofrece la versión doblada bajo el peregrino título de Larga vida y prosperidad, en lugar del apropiado título original.

Sinceramente, hoy no se me ocurría cómo ilustrar adecuadamente esta película, y me he limitado a poner algunos paisajes en blanco y negro de esa zona gris donde termina la ciudad y empieza eso que llamamos “el campo”.

Estamos ante una película por otro lado bastante típica y tópica, en la que predominan los buenos sentimientos y el buen rollismo. La prometedora Dakota Fanning encarna a Wendy, una joven de 21 años con un trastorno del espectro autista que vive en un centro de acogida para personas con esta condición, dirigido por Scottie (Toni Collette). Y aquí, con el nombre de este personaje, empiezan los guiños a la franquicia Star Trek. La joven tiene una hermana, Audrey (Alice Eve, ¿otro guiño a la franquicia?), casada y con un bebe, y mantienen una relación difícil. Básicamente, Audrey se siente incapaz de lidiar con las dificultades de relación de Wendy. El caso es que esta última tiene como afición escribir, y puestos a escribir, ha escrito un guion para una película de Star Trek, que presta especial atención al personaje del doctor Spock. Clara alusión a los problemas de expresar sus emociones y sus afectos a los demás. Y decide presentarlo a un concurso. Pero a partir de aquí… todo se complica, y entramos en una pequeña odisea (no olvidemos que odisea es el viaje de Odiseo de regreso a Ítaca y a su familia) para Wendy su núcleo más cercano de relación.

Película de autosuperación, tan del gusto del público yanqui, y que poco a poco se contagia al resto del mundo, aunque en muchas ocasiones estas historias se nos presenten inverosímiles en grado extremo. Y con efectos negativos porque cargan sobre la responsabilidad individual alcanzar logros que en la vida real sólo son posibles mediante mecanismos cooperativos y de soporte y apoyo mutuo o social. La película se queda pues un tanto coja en sus planteamientos, rozando la ñoñería en algún caso. Y la inverosimilitud casi absoluta de que un policía de Los Ángeles resuelva una compleja situación difícil hablando en klingon.

No obstante, en la valoración global logra un pase, por dos motivos. El buen que hacer de sus intérpretes, que no están a su mejor nivel, pero tienen oficio de sobra para sacar adelante la historia, y por los momentos de humor que alivian el ñoño drama que flota constantemente en el ambiente. Al final, consiguió su propósito. Distraernos durante un rato de ciertas duras realidades, y hacernos salir del cine con aire escépticamente optimista, pero optimista al fin y al cabo.

Valoración

  • Dirección: **
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

[TV] Atípicos, neurotípicos y estereotipados

Televisión

No voy a entrar a valorar seriamente una serie de animación japonesa, Jūshinki Pandōra [重神機パンドーラ], que Netflix presentó recientemente. Producción chinojaponesa, con un título occidental de lo más vulgar, Last Hope. Es la típica de monstruos que amenazan la humanidad, que los hace frente en un mundo postapocalípitico donde se mantienen algunas ciudades tecnológicamente avanzadas, usando robots tripulados más o menos grandes, más o menos armado, más o menos voladores. No tan tosco como Mazinger Z, pero descendiente conceptual. Cometen la banalidad de utilizar el “apellido” “cuántico” para cualquier cosa, lo que desde hace décadas es signo de mala escritura en ciencia ficción. Cuando quieres dar un aura misteriosa pero científica a algo, le llamas “cuántico/a”  y ya todo vale. Sólo cuando algún episodio se sale de su esquema habitual, con más sutileza argumental, la serie presenta algún interés.

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No tengo fotos que se me ocurran especialmente adecuadas para la entra de hoy; pero algunas fotos del Festival Asalto 2018, que siempre se preocupa por la integración y la diversidad en la sociedad, nos valdrán. Si el domingo os enseñaba fotos tomadas con película en blanco y negro, hoy serán fotos digitales en color.

Así que vamos con lo realmente interesante de esta semana, la segunda temporada de Atypical, que ha pasado de 8 a 10 episodios, de media hora de duración, que ya adelanto me han sabido a poco. La primera temporada fue un poco de presentación y, aunque nos adelantaron algunos conflictos y algunas tramas interesantes, dejaba la sensación de no haberse metido a fondo en la historia. Sí que nos dejaron algunas claves, girando las tramas alrededor de Keir Gilchrist, su protagonista, que interpreta a un adolescente con un trastorno del espectro autista, pero altamente funcional, así como de su familia, la tesis es que estas personas no serían enfermos, sino variantes atípicas de la normalidad, que necesitarían la ayuda y la solidaridad de su entorno para poder funcionar en una sociedad pensada o diseñada por y para las personas denominadas neurotípicas.

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Aunque por mi profesión pueda tener una opinión mejor informada que la población general sobre estas cuestiones, estando lejos de ser un especialista, lo cierto es que no me voy a meter en ese jardín y no entraré en valorar la plausibilidad científica de las situaciones presentadas. Asumiré mi ración de suspensión temporal de la incredulidad, como ante cualquier relato de ficción, y me centraré en el hecho de que en esta segunda temporada nos hemos encontrado con un intérpretes, de por sí de buen nivel, bien asentados, y una tramas más interesantes y mejor llevadas. Ambos padres, interpretados por Jennifer Jason Leigh y Michael Rapaport, son dos valores seguros, que cumplen bien. Se confirma que la chica que hace de hermana, Brigette Lundy-Paine, es una potente robaescenas, que ha rato me recuerda a Brie Larson en United States of Tara. Con una diferencia; Larson era realmente un adolescente interpretando a una adolescente, mientras que Lundy-Paine está a mitad de la década de los ventitantos interpretando a una chica que cumple 16 años.

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Hay algún pero… Bueno, hay situaciones forzadas por culpa de lo “políticamente correcto”. Se fuerza la diversidad racial/étnica. El personaje de la psicóloga de origen asiático tenía importancia en la primera temporada, pero en la actual da la impresión de que está ahí para mantener la cuota. Lo mismo que la nueva amiga de las sesiones de terapia que es afroamericana. Y han forzado una salida del armario de uno de los personajes protagonistas, que tampoco sé si tiene mucho que ver con lo importante. Que además de que se veía venir, no sé si aporta mucho al tema central. En cualquier caso, la introducción de lo que últimamente vienen siendo nuevos estereotipos presentes en las series de televisión tampoco hace daño excesivamente a la serie en su conjunto. Serie que, como he dicho, me parece muy entretenida, y que me ha sabido a poco en esta temporada.

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