He de confesar que últimamente estoy desanimado con la fotografía instantánea. No me salen los resultados que esperaba, me desaliento, pierdo concentración, y todavía es peor. Es cierto que las cámaras de las que dispongo no son para tirar cohetes, y que el tipo de fotografía que pretendo hacer no se ajusta a la intención inicial de estas cámaras. Pero esperaba haber evolucionado mejor.
Mi último intento fue con la película y cámara Polaroid, con película en blanco y negro. En otras ocasiones es con el sistema Instax de Fujifilm. Pero no me fue bien. Lo comento en una publicación de Carlos en plata. Estoy considerando dar un descanso de este tipo de fotografía, interrumpiendo durante un tiempo mi actividad en la cuenta de Instagram correspondiente. Ya veré.
Lo prometido es deuda. Dije que algo hablaría de la versión en blanco y negro de la mejor sorpresa que el cine de monstruos ha dado desde… ¿siempre? ¿el King Kong original? ¿ha habido alguna otra película sobre monstruos que me haya gustado realmente más allá de considerarla un divertimento puntual? Y cuando digo monstruos digo monstruos monstruosos. No me refiero a malvados muy malos, o a malvados muy feos, o a personas deformes, ni a extraterrestres, ni a dibujos animados. Tampoco a cuando salen monstruos de refilón, como los dragones en los medioevos fantásticos, o los gusanos asteroidales en las aventuras espaciales. No. Me refiero a cuando un monstruo monstruoso. Grande, peligroso, que llene la pantalla con facilidad… y tal. Lo que se dice… MONSTRUOS. Godzilla, King Kong, dinosaurios a cascaporrillo, dragones como protagonistas, otros kaijus diversos,… Ya me habéis entendido, ¿no?
En realidad, hoy, recién llegado de un viaje, tocaría hacer el resumen fotográfico del mismo. Pero es que llegué pasadas las once de la noche ayer a casa y he tenido que ir a trabajar. Así que no me ha dado tiempo casi ni a descargar la tarjeta de la cámara digital, y no digamos lo de enviar y revelar los rollos de película argéntica. Mañana, pues. Por eso aprovecho para hablar de esta versión en blanco y negro del Godzilla genuinamente japonés más reciente. El que realmente recoge la esencias del original, lo reinventa siendo fiel a la idea, mejora la idea, mejora la realización hasta la enésima potencia, le da sentido y la hace apta para todo el mundo. La hace apta para todo el mundo con dos dedos de frente y no sólo para los consumidores compulsivos de palomitas con exceso de sal y aceite u otras grasas, para deleite de otro tipo de monstruos, los cardiólogos, cirujanos cardiacos, intensivistas coronarios, neurólogos en unidades de ictus, y otras ciencias médicas afines.
Pero vamos a ver. Sobre la película, cuando se estrenó en cines, ya hablé. Estupenda. Un hallazgo. Un joyita inesperada. Lo de que se emita en los cines japoneses, y de algunos otros países, a partir de enero de 2024 una versión en blanco y negro, ¿tiene sentido desde un punto de vista creativo? ¿estamos ante otra película? ¿es al menos una variante de interés de la versión en color? ¿o es un mero truco de mercadotecnia para conseguir más beneficios, vendiendo más entradas, incluso al público que ya vio la versión en color? Pues sí, no, sí, y probablemente también. Desgranaré estas cuatro respuestas a estas cuatro preguntas.
En realidad, la primera y la tercera son más o menos lo mismo. Así que argumentaré primero la respuesta a la segunda pregunta. No estamos ante otra película. Se nos cuenta la misma historia, se nos lanzan los mismos mensajes. La valoración global de la película no cambia gran cosa. No estoy de acuerdo en los que argumentan que básicamente estamos ante otra película. Nop. Bajo ningún concepto.
Pero. Sí, creativamente es distinta. Es una variante muy interesante de la película. La expresividad es totalmente distinta. La película en su concepción comercial inicial, no sé si en su concepción original, en color, está muy bien. La gradación del color de la imagen es muy buena. Contribuye a establecer un tono, un estado de ánimo y un sentimiento. Y necesariamente nos remite a la época en que suceden los hechos que se narran… o mejor dicho, a la filmografía de la posguerra japonesa. Frente al en ocasiones chirriante Technicolor de los Estados Unidos,… en Japón… la verdad es que no se rodaba en color. No había ni dinero ni disponibilidad técnica. Por lo que hasta los años 60 no se empezó a experimental con el color en el cine japonés. Por lo tanto, la versión en color juega con la idea de generar una impresión sobre una época y un lugar… que no es real, porque no hubo cine con estas características, hasta esos años 60. En algún lugar he leído que la segunda película de la saga, de 1955, estaría rodada en color, pero en IMDb dice que en blanco y negro. La tercera película, de 1963, sí que se rodó en color. En Technicolor… o sea qué… difícilmente tendría las características de color de la reciente película dirigida por Takashi Yamazaki e iluminada y fotografiada por Kōzō Shibasaki. De hecho, salvo acentos de color en determinados momentos, como el azul de los rayos del monstruo, la película es casi monocromática, aunque con cierta mezcla de tonos cálidos y fríos, de ocres y azules. De ocres fríos y azules cálidos. Casi monocromática es la clave. De ahí a quitarle el color completamente, no va nada.
Pero no es solo eso. No es simplemente una cosa de quitarle el color. El ajuste del contraste y la reproducción de los tonos no ha sido una labor rápida y sobre la marcha. El cuidado en la conversión al blanco y negro es mucho más cuidado que todo eso. Esos rayos azulados, de repente se convierten en un blanco extremadamente luminoso, impactantemente luminoso. Y las ominosas lesiones en la piel de algún personaje protagonista, sin el color, adoptan otro significado incluso más ominoso todavía. Y de ahí que me haga una pregunta que no he podido responder buscando por la red de redes. Rodada en digital… es rodada en color. Pero, ¿pudo estar pensada inicialmente para ser una película en blanco y negro a la hora de su exhibición? La cosa cuadra bastante viendo la versión Minus color, que en España no se ha estrenado en salas, que yo sepa, desde luego no en Zaragoza, y que hemos tenido que ver directamente en Netflix. Una pena. En salas hubiese sido mucho mejor.
Así que vamos con la última de las preguntas, si es una maniobra de mercadotecnia, para vender más y obtener más recaudación. Pues, hombre… mujer… Sí. Claro. Nadie se mete en esto por mero amor al arte. De hecho, como Will Gompertz escribía, ni los más grandes artistas hacían arte por amor al arte. Todos querían ganar dinero. Dejémonos de tontadas. Lo que yo me planteo, y no sé si alguien me podrá responder, o si algún día en algún artículo encontraré la respuesta, es si al final decidieron estrenarla en color para no espantar a la posible clientela. Para luego, comprobando que la cosa funcionaba, y muy bien, estrenar la versión en blanco y negro que tan bien le va a la película. Es una hipótesis. Es algo que se me ha ocurrido. Y es que las dos versiones me gustan, pero finalmente, la de blanco y negro más. Aunque sea la misma película. Está muy bien. La tenéis que ver. De todas formas, no la consideraré como un nuevo estreno. Para mí, es la misma película, o una variante de la misma película. Valoraciones globales, las mismas. Altas.
Hoy ando, como suele suceder últimamente, con el tiempo un poco escaso. Y tengo mucho de lo que podría hablar. Un montón de libros en espera de comentario. Tres largometrajes vistos en salas de cine de los que no he hablado. Y otras cuestiones de las que quizá me gustaría hablar. Pero no encuentro el momento ni la ocasión para ordenar mis ideas. Hace un tiempo que quería diversificar este Cuaderno de ruta con otros temas… pero no me centro.
En cualquier caso, por lo menos muestro algo de lo que hago en fotografía en los tiempos recientes. Porque sigo intentando encontrar momentos para caminar, y para hacerlo con una cámara de fotos al hombro. El fin de semana pasado, fotografías instantáneas para alimentar mi cuenta de Instagram dedicada a este tipo de fotografía. Y aunque rápida, mi publicación en Substack sobre las cuestiones técnicas de las fotografías.
Nada de especial hoy. Algo rápido, porque tengo el día muy ajetreado. Incluso tengo que trabajar por la tarde, algo absolutamente extraordinario en un viernes. Incluso tuve que trasladar a ayer jueves mis compras habituales semanales.
Pero aun así, ayer dejé programado un comentario en Substack, sobre unas fotos que hice para comprobar que los problemas que me dio la Minox 35 GT-E durante el viaje a Japón fueron unas baterías a punto de agotarse y nada más. Como así ha resultado, afortunadamente.
Ya mostré hace unos días algunas fotografías realizadas con una cámara que compré recientemente para usar con mis ópticas, la mayor parte de ellas fabricadas en los países que estuvieron bajo la influencia soviética y durante los años de la Guerra Fría. Probando la compra mientras paseo por Zaragoza, fotografiando algunos de los paisajes urbanos típicos de la ciudad.
Por supuesto, en el apartado técnico, sigo comentando las características de la cámara, pero eso lo podéis leer en mi publicación en Substack correspondiente. Ya sabéis que los interesado en las cuestiones técnicas podéis visitar carlosenplata.substack.com, que es donde en estos momentos estoy publicando mis comentarios técnicos. Es una plataforma muy cómoda para ello. Muy ágil y rápida.
He comenzado una serie de publicaciones en Substack sobre una estupenda cámara comercializada en 1964, aunque mi ejemplar vendría a ser fabricada entre el 1967 y el 1968. Poco a poco iré comentando allí sobre sus características. Y aquí poniendo algunas de las fotos realizadas con ella.
Pero en la primera publicación aprovecho para insinuar el morro de algunos fabricantes actuales de objetivos que venden versiones de ópticas de hace siete u ocho décadas, muchas de ellas de gama baja por su concepción, a precios de artículos de lujo… o casi. En fin…
A principios de mayo me entró el interés por explorar los restos de la antigua cartuja de la Concepción, que dan nombre al barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Se cuenta que Zaragoza tenía un cinturón de nueve monasterios cartujos de los que queda íntegra la cartuja de Aula Dei, y elementos del antiguo monasterio que he comentado en este barrio zaragozano.
En un primer acercamiento, un sábado por la mañana, hice unas cuantas fotografías, tanto con película para negativos en blanco y negro como en color. En esta entrada muestro algunas fotos del rollo en blanco y negro, de cuyas cuestiones técnicas hablo en la correspondiente publicación en Substack. Más adelante pondré fotografías en color. Pero me quedó pendiente el volver a una hora con una luz más agradable para fotografiar, que no sean las horas centrales del día. Estamos ya en pleno verano, tiempo poco propicio para esa luz agradable… así que probablemente será ya en otoño cuando retomemos esta cuestión.
Os mostraba el lunes fotos de las «guerras» napoleónicas tal y como algunos las «recrean» hoy en día. En color y esas cosas, pero con película fotográfica tradicional. Pues bien, hasta el parque del Tío Jorge fui caminando y fui haciendo fotos, pero en blanco y negro. Con un viejo objetivo Sigma, comprado de segunda mano hace más de 30 años.
Sí queréis saber más de las cuestiones técnicas, podéis visitar Un viejo objetivo que apenas uso… con razón- Pentax MX con un 28 mm f2.8 de Sigma e Ilford HP5 Plus a IE 200. Pero aquí simplemente os dejo algunas fotos de aquel paseo hasta el parque donde estaba el campamento de los ejércitos «enfrentados».
Cuando hago fotografía estenopeica, que últimamente no es con frecuencia, siempre recuerdo una cita de Bernard Plossu que voy a citar de forma aproximada. No encuentro ahora la cita literal.
Una fotografía puede estar desenfocada. No importa. El corazón a veces también esta un poco desenfocado.
Me parece una cita magnífica. Muy en línea con una de mis canciones favoritas, el Desafinado de Antonio Carlos Jobim, en la que el magnífico cantante y compositor brasileño, sobre la letra de Newton Mendonça, nos recuerda…
Que no peito dos desafinados também bate um coração.
En las proximidades de la primavera, en las últimas semanas de un benigno invierno, tomo la decisión de volver a una fotografía sencilla, sin experimentos, sin inventos. Y dedicar un tiempo al blanco y negro. Últimamente hago color la mayor parte del tiempo. Y se me ha oxidado un poco mi visión en blanco y negro. Lo explico un poco más despacio en…
Por lo demás, las fotos son sencillitas. Jugar un poco con las sombras, con las rejas, con las perspectivas. Documentar alguna de las moderadas avenidas del Ebro de este año. Esas cosas. Simplemente pasear por la ciudad, sin complicaciones. La buena vida es simple… tiene que ser simple. Creo.
Lo más curioso del asunto es que a estos jóvenes, inicialmente se les hizo un poco cuesta arriba el tema. Nada grave. En cuanto reamueblaron ligeramente sus neuronas, empezaron a disfrutar de la cosa, y enseguida dominaron la cuestión y se centraron en lo creativo. Las fotos que muestro son las que hice yo, no las que hicieron ellos, aunque me encargué yo del revelado y de digitalizarlas. Pero a ellos corresponde cuándo y cómo quieran hacer públicas sus cosas. Son gente inteligente, de alto nivel de estudios, terminando sus grados o en posgrados diversos. Algunos de ellos de carreras científicas o técnicas, por lo que no les costó mucho entender los principios del funcionamiento de la cámara. Pero esta choca, a pesar de su simplicidad, porque es muy muy muy simple, con la costumbre de usar el teléfono móvil para hacer fotos. Que es mucho mucho mucho más complejo,… pero lo usan en automático y con una enorme pantalla táctil como visor. En fin… lo pasamos bien e hicimos fotos. Qué más podemos pedir.
Mezclo cosas. Siguiendo con mi revisión de las series de fotografías que voy haciendo, y después de haber priorizado las de viajes recientes, vuelvo a las que hice a finales de año. En concreto, el último rollo de negativos en blanco y negro que hice en el 2023. Pero en lugar de publicarlo en mi lugar habitual, donde tarde o temprano pondré una copia del artículo, he estado probando el servicio Substack, que me parece que tiene algunas ventajas interesantes. De momento son, eso, pruebas. Pero me ha gustado como me he sentido redactando el artículo que aparecerá, todavía está en borrador y tengo que refinar alguna cosa, en
Pero por lo demás, os dejo a continuación algunas de las fotografías de ese rollo realizadas al caer la tarde en la ribera del río Ebro a su paso por Zaragoza,…
o al día siguiente, mientras daba un paseo matinal, por algunos de los parques de Zaragoza. Fueron días de estar de fiesta y relajarse.