[Libro] Casa de Soles

Literatura

Cuando hace un par de meses releía El sol desnudo de Isaac Asimov, sin darme cuenta inicié una reacción en cadena que me ha metido en una situación curiosa. La “space opera” ha sido de siempre una de mis variantes preferidas del género de la ciencia ficción. Pero al mismo tiempo, también ha sido un subgénero en el que he encontrado muchos truños y que me ha hecho ser cuidadoso con lo que leo. Ahora accedo a una “space opera” literaria de ciento a viento, con cuidado, salvo ciertos autores que me proporcionan más entretenimiento que otra cosa. El caso es que tras la lectura de la obra mencionada al principio, me entraron ganas de leer la versión actualizada y renovada de una de mis favoritas, El viaje interminable de Marion Zimmer Bradley, que encargué en versión electrónica y en inglés, no parece estar traducida al castellano, bajo el título The Endless Universe. El Universo interminable.  Está en espera, porque tardó un tiempo en estar disponible, y alterno géneros cuando leo obras de ficción. El caso es que como consecuencia de este encargo, Amazon me mandó sugerencias sobre el género, y una de las propuestas era el libro que traigo hoy, de un escritor que no había leido nunca y que tenía curiosidad, Alastair Reynolds. Y en general, ya puedo adelantar que me he llevado una agradable sorpresa.

Casa de soles
Alastair Reynolds; traducción de Álvaro Sánchez-Elvira Carrillo
La Factoría de Ideas (Solaris ficción), 2012

Nos encontramos millones de años en un futuro, en una galaxia en la que se han desarrollado, y muchas veces desvanecido, un sinnúmero de civilizaciones humanas o de especies de origen humano, e incluso alguna de inteligencia artificial mecánica. Por el espacio viajan en ciclos de 200.000 años los “shatterlings” del clan Gentian, 999 de ellos clones de Abigail Gentian, con sexos diferenciados. Más uno de ellos que es la propia Abigail, integrada en su momento, seis millones atrás entres sus clones como uno más. Gracias a sus mejoras biológicas, su capacidad de viajar a velocidades relativísticas, y de dominar el paso del tiempo, son capaces de recorrer la galaxia, recogiendo la historia de la misma y realizando impresionantes obras de ingeniería espacial. Cada 200.000 años se reunen y ponen en común sus recuerdos y experiencias. Existen otros clanes de “shatterlings”, clones de otros contemporáneos de Abigail. Entre todos forman La Ciudadanía. Suele viajar solos. Pero hay una excepción. Campion en su Dalliance y Purslane en su Alas Plateadas de la Mañana, la nave más veloz de los clanes, viajan juntos. Y están enamorados. Lo cual no está bien visto. Se acerca el momento del nuevo encuentro del clan, pero una serie de peripecias les lleva a llegar tarde y con un invitado, Hesperus, una inteligencia mecánica. Esto les permite no caer en una emboscada que acaba con casi todo el clan, quedando poco más de 50 supervivientes, que tendrán que desentrañar el misterio de la emboscada, y algunos otros que llevan ocultos durante 3 millones de años.

Desgraciadamente no tengo fotos de las estrellas, supernovas o planetas que visitan Campion y Purslane; así que me quedo en este planeta, en Nueva York, en una tarde en el ferry de Staten Island en el que el sol fue el protagonista.

Desgraciadamente no tengo fotos de las estrellas, supernovas o planetas que visitan Campion y Purslane; así que me quedo en este planeta, en Nueva York, en una tarde en el ferry de Staten Island en el que el sol fue el protagonista.

La obra se divide en ocho partes. El primer capítulo de cada una de ellas está dedicado a conocer la historia de Abigail Gentian, en “flashback”, mientras que el resto de los capítulos son narrados en primera persona alternativamente por Campion y Purslane. Lo cual dinamiza mucho la comprensión global de lo que está sucediendo en la historia.

Esta obra me ha sorprendido muy positivamente. La capacidad de realizar con razonable dinamismo una aventura espacial que transcurre en miles de años, con naves que cruzan la galaxia a fracciones muy elevadas de la velocidad de la luz nos sumerge en una aventura sumamente entretenida, que curiosamente sólo flojea en los capítulos en los que los Gentian permanecen parados en un planeta. En general, Reynolds nos propone un universo capaz de ser escenario de historias de buen nivel, y en las que trata algunos de los temas universales de la literatura general, o la de ciencia ficción en particular. La amistad, el amor, el sentimiento de pertenencia a un grupo por disperso que pueda estar, el ancestra miedo de los seres humanos a las inteligencias artificiales que tanto ha dado de sí en la ficción literaria o cinematográfica, …

Es cierto que Reynolds, que es científico astrónomo de formación, es capaz de crear un universo que gustará a los partidarios de la ciencia ficción dura. Que respeta de forma razonable los postulados conocidos de ciencia moderna. Se toma alguna licencia, claro está, pero es bastante convincente. Sin embargo, aunque plantea los temas importantes de las relaciones humanas, no siempre los desarrolla con la habilidad necesaria. Crea dos personajes, Campion y Purslane, que son un bombón. Empatizas con ellos inmediatamente. Son los más humanos de todos sus congéneres, los más apasionados. Son audaces y generosos. Pueden defenderse, y pueden matar, pero no sin necesidad. Son aptos para la empatía con quienes son distintos. Y están enamorados. Y debén ser muy muy guapos. Uno se enamora de Purslane con facilidad. Pero Reynolds creo que no les saca todo el partido.

En cualquier caso, estamos ante una novela que me ha gustado bastante, incluso con sus altibajos y aspectos perfectibles. Tal es así que he buscado y leeré en cuanto pueda su antecesora, Thousandth Night, que siendo una historia independiente, sucede en el mismo universo y con personajes comunes. Es una novela corta. En fin, para quienes gusten de la buena ciencia ficción, una lectura recomendable, con momentos muy inspirados.

Y aun me queda alguna “space opera” extra que leer. Me va a llevar un tiempo todo esto, ya que procuraré intercalarlas con otras obras de otros géneros.

Programamos nuestro viaje en el ferry para coincidir con el ocaso, momento en que el sol que ilumina nuestras casas, se ocultó tras el horizonte en Nueva Jersey.

Programamos nuestro viaje en el ferry para coincidir con el ocaso, momento en que el sol que ilumina nuestras casas, se ocultó tras el horizonte en Nueva Jersey.

[Fotografía – astronomía] Estrellas, fugaces o no, y galaxias

Ciencia, Fotografía

Comentaba ayer que durante el fin de semana que pasé con unos amigos en Martín del Río, en la provincia de Teruel, habíamos dado un paseo para bajar la cena y, de paso, ver algunas perseidas. Y publicaba una fotografía de lo que podía ser una de ellas en una exposición de tres minutos con un angular de 24 mm en dirección hacia la constelación de Perseus. Durante el día he recibido algunos mensajes, alguno apoyando la tesis de que realmente se trataba de un meteorito y algunos con la otra posibilidad que planteaba ayer. Que se tratase de un origen artificial, algún vehículo humano. En estos momentos, parece que lo probable es que se trate de esto último. Pongo un recorte de la fotografía de ayer.

Estela de lo que posiblemente no fue una perseida, sino la trayectoria de un vehículo de origen humano.

Estela de lo que posiblemente no fue una perseida, sino la trayectoria de un vehículo de origen humano.

Hay que tener en cuenta que no planifiqué estas tomas. Llevaba una cámara muy competente, una Canon EOS 5D Mk. II, pero con unos objetivos generalistas, con un trípode no excesivamente bueno, que llevo por si acaso en el maletero del coche, y sin cable disparador. Lo cual quiere decir que para mantener las exposiciones prolongadas, hay que estar con el dedo apoyado en el botón disparador. Una cutredad. Pero es lo que había.

No obstante, he estado revisando el resto de las fotografías. Yo sabía que en algunas de las imágenes, algunas con exposiciones de tres minutos, habíamos visto caer algún meteorito en el campo de visión del objetivo. Por lo que no hay que desdeñar que fueran demasiado débiles para que se vean con claridad en la foto, lo cual apoyaría el origen artificial de la trayectoria de la foto anterior. Hay que decir también que aunque no había luna, la contaminación lumínica era mayor de la que nos parecía. Claro, muchísimo menor de lo que estamos acostumbrados en la ciudad. Pero veamos una de las fotografías obtenidas apuntando a Perseus.

Fotografía tomada con una exposición de 3 minutos con una focal de 24 mm, apuntando hacia Perseus.

Fotografía tomada con una exposición de 3 minutos con una focal de 24 mm, apuntando hacia Perseus.

Pero si hacemos un recorte justo donde está la constelación de Perseus, encontramos una debil trayectoria de lo que sí tiene toda la pinta de ser un meteorito de la familia de las Perseidas. Es muy débil pero se ve.

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Recorte de la fotografía anterior en la que podemos ver en el ángulo superior izquierdo la débil traza de un meteorito.

Como durante unos minutos, a simple vista vimos varios meteoritos en la región de la Osa Mayor, apunté con la cámara hacia esa región del espacio. Durante los tres minutos que duró la exposición, vimos un meteorito que seguro que estaba en el campo de visión del 24 mm. Pero aparentemente no se impresionó en el sensor de la cámara. ¿O sí? Todo es cuestión de mirar con cuidado, y tratar con cariño la imagen en el Lightroom. Veamos un fuerte recorte de la imagen en cuestión.

Débil trazo de un meteorito por debajo de la Osa Mayor.

Débil trazo de un meteorito por debajo de la Osa Mayor, apenas visible en el centro de la imagen. Las débiles líneas que recorren la parte superior de izquierda a derecha son líneas de alta tensión.

Realmente, el “oficio” de fotografía de meteoritos, y otros aspectos de la fotografía astronómica. Hay que cuidar la elección de la localización, el equipo, y una cuidadosa planificación, con el fin de controlar todas las variables que afectan a la toma fotográfica. No hay buenos resultados en fotografía, y menos en astrofotografía, sin trabajo y dedicación. La casualidad puede dar algún resultado, pero… difícil. Si alguien, que se maneje con el inglés, quiere saber algo sobre el tema, puede ver lo que nos cuenta David Kingham.

Hablando de otra cosa. Cuando era jovencito, al final de la mejor de las películas de la saga de Star Wars, me refiero a esa maravilla que es The Empire Strikes Back (El imperio contraataca), estupenda película de aventuras cuyo guion firmó Leigh Brackett, lo que en mi opinión marcó la diferencia, aparecía una maravillosa imagen de los protagonistas observando el esplendor de la galaxia desde una nave espacial situada fuera de ella. Lo que daría yo por poder experimentar una visión similar en directo. Aun a riesgo de hacer enfadar a los dueños de los derechos del fotograma, lo reproduzco aquí de modo ilustrativo.

Emblemático plano final de The Empire Strikes Back.

Emblemático plano final de The Empire Strikes Back.

Pues bien. Eso es imposible. Por enormes que sean las galaxias, para verlas en su totalidad hay que ponerse muy lejos, y la intensidad de su luz llega muy desvanecida. Si brillasen tanto como para que ese fotograma fuese real, el propio centro de nuestra galaxia, que podemos ver sobre nuestras cabezas en esa estela lechosa que llamamos Vía Láctea, sería tan luminoso que no habría noches. Siempre habría abundancia de luz sobre nuestras cabezas. Y vamos a ver en realidad como aparece ese galaxia nuestra en la realidad, que está mucho más cerca de nosotros que la galaxia de ficción respecto a los protagonistas de la película.

El centro de nuestra galaxia tras 30 segundos de exposición a 1250 ISO y f/2,8.

El centro de nuestra galaxia tras 30 segundos de exposición a 1250 ISO y f/2,8. Un espectáculo magnífico, pero nada que ver con la ficción galáctica.

Las maravillosas imágenes de galaxias extremadamente luminosas que nos ofrecen los astrónomos se consiguen con exposiciones larguísimas o con acúmulos de muchísimas exposiciones superpuestas, para recolectar pacientemente los escasos y cansados fotones que llegan hasta nosotros o los dispositivos que hemos colocado en órbita de nuestro planeta.  Veamos por ejemplo la Galaxia Andrómeda (M31) en una fotografía que podemos encontrar en Wikipedia.

Messier 31, Andromeda Spiral Galaxy Date2006. Source	Boris Štromar Author	Boris Štromar

Messier 31, Galaxia Espiral Andromeda, 2006, Autor Boris Štromar

Pues bien. Fijaos bien. La galaxia de la fotografía anterior, la más cercana a la Vía Láctea a sólo 2 millones de años-luz de distancia, tiene un diámetro aparente en el cielo terrestre mayor al de la luna. Sin embargo, habitualmente no podemos verlo. Aunque se coló en una de las fotografías que tomé hace dos noches, y la podemos ver débilmente en un recorte de la misma.

En el cuadrante superior derecha, como una "nebulosa", así se les llamaron al principio, la galaxia Andrómeda (Messier 31, M31).

En el cuadrante superior derecha, como una “nebulosa”, así se les llamaron al principio, la galaxia Andrómeda (Messier 31, M31).

Lo que me ha dado de sí unas pocas fotos del cielo tomadas de forma un poco chapucera durante un paseo en una noche de verano. Lo que podría ser con trabajo y planificación.