[Libro] La bailarina de Izu – Yasunari Kawabata

Literatura

No es habitual que escriba sobre libros los domingos. Pero es que me he encontrado con el hecho de que en estos momentos tenía ocho libros leídos sin comentar. Uno leído antes de comenzar mis vacaciones hace tres semanas y nada menos que siete se han acumulado en estas tres semanas. Y podría haber caído un octavo si no fuera porque el viernes en el tren que nos traía de Bilbao, después de ver en el iPad el último episodio de la primera temporada de las aventuras de Galadriel y Sauron en la Segunda Edad de la Tierra Media, muy interesante, ya comentaré, se me vino un encima un dolor de cabeza que me impidió centrarme en la lectura.

La bailarina de Izu, en japonés Izu no Odoriko [伊豆の踊子], es lo que podríamos denominar un clásico moderno o contemporáneo. Esta novela corta de Yasunari Kawabata, premio nobel japonés, del que ya he leído previamente algunas cosas, se publicó por primera vez en 1926 y desde entonces se instaló fuertemente en la cultura del País del Sol Naciente. En la región donde transcurre la acción, la península de Izu, no faltan los recordatorios al texto, hay personas que gustan de recorrer el camino de los protagonistas del libro, e incluso el nombre comercial de los trenes que unen Tokio con esta región reciben el nombre Odoriko, que habitualmente se traduce como bailarina/bailarín (el idioma japonés carece de género gramatical y las palabras no varían en este sentido).

Como tal relato, es un relato mínimo. Un joven de 20 años, de buena familia, estudiante en la universidad, en medio cierta crisis personal, con sentimientos de soledad y melancolía, aprovecha sus vacaciones al final del verano para recorrer caminando la península de Izu, no muy lejos de Tokio. En un momento dado, coincide en una posada con una familia de músicos ambulantes, con los que continúa su viaje hasta Shimoda, donde tomará un ferry de retorno a Tokio. Con la familia viaja la joven Kaoru, de catorce años, que baila y toca la pandereta, y de cuya gracia y belleza queda prendado. Y en cierta medida correspondido. Aunque de fondo está la diferencia de edad, clase y educación. Del joven, nunca sabremos el nombre [watashi 私, en el original, una de las formas de decir yo en japonés, de uso preferente habitual entre las mujeres o en ambos sexos en un entorno de comunicación formal].

El relato es una verdadera delicia de lectura. Está lleno de poesía, y en él, más que la atracción física entre los protagonistas, hay una idealización del otro. Especialmente de la joven bailarina, o pequeña bailarina para el joven estudiante, en la que ya apunta la guapa mujer en la que se está convirtiendo, pero que constantemente tiene detalles todavía que indican que no ha abandonado del todo la niñez. No hay procacidad alguna en el relato. Y además ya se encarga la abuela de la familia de asegurarse de que nada apropiado sucede entre los dos jóvenes, aun con la cálida acogida de la familia de músico hacia el estudiante. Al final, inevitable, hay separación. El joven vuelve a Tokio, la familia se dirige hacia la isla de Ōshima, de donde son y donde residen en invierno.

Novela corta absolutamente recomendable, ópera prima de Kawabata, pero que ya nos da una muestra de porqué es uno de los escritores más apreciados en lengua japonesa y, para muchos, uno de los mejores escritores del siglo XX a nivel mundial. Tres son los autores japoneses galardonados con el Nobel. Además de Kawabata hay que saber de Kenzaburō Ōe y de Kazuo Ishiguro, aunque este último, nacido en Nagasaki, está nacionalizado británico y escribe en inglés. Tengo que ponerme con la obra de Ōe en algún momento, que de los otros dos ya he leído varias cosas.

[Libro ilustrado] Los sueños de Helena

Literatura

Hace unos meses tuve la oportunidad de conocer los excelentes libros ilustrados de la editorial de los Libros del Zorro Rojo, a través de dos muy interesantes relatos ilustrados de Murakami (1 y 2). Me hice el propósito de dar más oportunidades a esta editorial y a este tipo del libros, pero luego no encontré oportunidad para hacerme con algún otro título. Hasta el segundo domingo de julio, cuando dimos una vuelta por el mercado de las Armas. Además de una interesante historieta que voy leyendo poco a poco, se vino conmigo este libro del uruguayo Eduardo Galeano, con ilustraciones de Isidro Ferrer.

Los sueños de Helena
Textos de Eduardo Galeano, ilustrado por Isidro Ferrer
Los Libros del Zorro Rojo, 2011

Nos dejaremos transportar hoy por imágenes sencillas.

Nos dejaremos transportar hoy por imágenes sencillas.

Galeano flirtea con el subconsciente en este libro, recopilación de los sueños de su tercera esposa Helena Villagra. No hay una unidad de relato, cada sueño es un microrrelato o simplemente un pequeño poema en prosa, que nos traslada al mundo del subconsciente, de lo onírico, de las pesadillas, bien sea de un mundo imaginado o del mundo real. Hay temas en los sueños. Está la familia, está el amor, está lo cotidiano, está la política, están los exilios, están los miedos o la muerte. También, en ocasiones, el ensueño adquiere personalidad propia, ee interrelaciona con la persona soñadora.

Procedentes del mundo real, pero con capacidad evocadora.

Procedentes del mundo real, pero con capacidad evocadora.

Todo ello viene ilustrado, pero no por las ilustraciones al uso, dibujos realizados con una técnica u otra. Estamos ante pequeñas esculturas o collages realizados con objetos cotidianos que Ferrer compone y luego fotografía, consituyendo las escenas que ilustran los sueños de Helena. Con elegancia, con aparente sencillez. Que nunca con simplicidad.

Es un libro para leer,… como quieras. Nada te obliga a leerlo de tirón. Quizá incluso sea contrapoducente. Porque entonces se diluyen los sueños, unos con otros. Mejor tenerlo a mano, y de vez en cuando cogerlo, y leer uno sueño o dos. Y releerlo. Asumirlos. Incluso soñarlos uno mismo mientras se está despierto. Imaginarlos. Ponerse en el lugar de Helena. Introducirse en ese subconsciente que tan generosamente se nos ofrece. Muy recomendable.

Que nadie dijo que todos los sueños se tuvieran que soñar mientras se duerme.

Que nadie dijo que todos los sueños se tuvieran que soñar mientras se duerme.

[Libro] Li

Literatura

Quiero dejar bien claro que el hecho de que hoy me toque hablar del libro de un poeta griego nada tiene que ver con las turbulencias políticas del país helénico que tanto están dando que hablar estos días. Tampoco tiene que ver con ese «derrumbe de uno de los pilares de la cultura helénica» que al parecer supone la muerte de Demis Roussos. No. El hecho es que en los días de fiesta que tuve para fin de año, como ya he contado, compré unos cuantos libros de tipo relato corto y relato ilustrado en Cálamo, y uno de ellos era del poeta griego nacido en Manchuria, Nikos Kavadias, Nicos Cavadías o Nikos Kavvadias, que de las tres formas lo he visto transcrito.

Li
Nicos Cavadías, traducción de Mercè Guitart Ribas
Los Intempestivos, Editorial Funambulista; agosto de 2014

Li es un relato corto, probablemente de corte autobiográfico. Cavadías fue un poeta que pasó buena parte de su vida trabajando como marinero de la marina mercante. Y uno de sus viajes, probablemente más de uno, le llevó hasta el puerto de Hong Kong, donde tenían que entregar un mercante a sus nuevos propietarios. Y hasta que esto se produjo estuvo viviendo unos días en su camarote del barco, en el puerto de la ciudad china, entonces colonia inglesa. Y allí, entre los sampanes del puerto vivía una niña de 10 años, Li, que subió a bordo cuando lo hicieron las prostitutas que vinieron a ofrecer sus servicios a los marineros cuando llegaron a puerto, y le ofreció sus servicios como sirvienta. Una niña de 10 años, viva, despierta, que acarreaba consigo un niño de corta edad, su hermano. Aseguraba Li que nunca había pisado la ciudad, que su vida transcurría permanentemente entre los sampanes. Y sin embargo la conocía en la cabeza como si la recorriera todos los días. Y Cavadías nos cuenta esos días con esa niña.

No he tenido la oportunidad de visitar Hong Kong... todavía... porque tentarme me tienta. Así que tiraré de otra ciudad portuaria para ilustrar el relato de un marino, Hamburgo.

No he tenido la oportunidad de visitar Hong Kong… todavía… porque tentarme me tienta. Así que tiraré de otra ciudad portuaria para ilustrar el relato de un marino, Hamburgo.

El libro está escrito en prosa, pero el escritor es poeta. No trata de contarnos una historia. Trata de contarnos unas sensaciones, unos sentimientos. Nos transmite como un pintor con palabras un paisaje humano de los niños del puerto de Hong Kong y del entorno que les rodea, representados por esta niña, no bonita físicamente, pero inteligente y bella de espíritu, indudablemente inspiradora para e poeta entre la sordidez de la vida portuaria.

No hay moralidad barata. No hay cuestionamientos sobre la justicia o injusticia del entorno, de la pobreza, de la degradación de las prostitutas, de la venta de niñas, aunque están hay descritos, aparecen en el relato para que el lector aprehenda toda la información pertinente al entorno de la relación entre la niña y el marinero. Que cada cual saque sus conclusiones. El relato, en cualquier caso, no es oscuro, y tiene momentos de luz, paréntesis de felicidad entre los esfuerzos por la supervivencia cotidiana. Y de solidaridad, incluso de amor, fraternal sobre todo.

El libro se puede leer enseguida. Es cortito. Pero yo recomiendo una lectura sosegada. Que te dure varias noches, poco antes de dormir. Apreciando las sutilezas del lenguaje de la prosa poética de Cavadías, y aprendiendo a ver y a mirar a Li a través de sus hijos. Una de las cosas que me pregunté yo a mi mismo cuanto terminé el libro… ¿por qué diablos alguien querría escribir un libro en prosa poética sobre un burro cuando hay tantos seres humanos que pueden inspirar al poeta?

Me he enterado que hay una película de Marion Hánsel de los años 90 que adapta el relato con Stephen Rea en el papel del marinero. A ver cómo hago yo para verla.

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Aunque en tal puerto no falta referencias al gigante chino, no.

 

[Libro] El gato que venía del cielo

Literatura

Todavía mantengo cierta esperanza de que a mitad de septiembre me voy de viaje a Japón, aunque hay algunas cosas en mi entorno que tengo que empezar a ver más claras para que eso sea así. En cualquier caso, sigo con mi plan de irme acercando a la cultura de aquel país desde diversos puntos de vista, y en esta ocasión ha tocado una novela corta de Takashi Hiraide, que venía muy recomendada, y que desde luego tiene un planteamiento que se sale de lo habitual.

El gato que venía del cielo
Takashi Hiraide; traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Editorial Alfaguara, 2014
Edición electrónica

Gato

Dicen que todos los aficionados a la fotografía tienen su «época gatos»… vamos… que les da por fotografiar gatos cuando empiezan a soltarse con la cámara.

Calificada como en comentado en el primer párrafo como novela corta, a duras penas encontramos en esta obra el esquema general que aprendíamos en el colegio de planteamiento, nudo y desenlace. Más bien nos encontramos con la descripción de las vivencias del escritor, desconozco si son biográficas o ficticias, cuando se traslada con su esposa a vivir a un agradable vecindario, con una no menos agradable casita, en un tranquilo barrio de Tokio, con el fin de dedicarse a tiempo completo a su profesión de escritor, abandonando su empleo como editor en una editorial de la capital japonesa. Y las vivencias de la pareja durante el tiempo en que viven en esta casita y su ajardinado entorno están en relación con su relación con el gato de los vecinos, a quien adoptan a tiempo parcial. O más bien es el gato quien les adopta a tiempo parcial. Una relación que sirve para ir transmitiendo otros sentimientos y otras vivencias que simultáneamente experimenta la pareja, y en particular el escritor.

Gatos

Yo pensaba que no era mi caso; que como empecé en la época de las cámaras para película, y esta costaba dinero, uno no se dedicaba a tirar tontamente fotos a los gatos.

Recuerdo cuando muy jovencito en el colegio, el profesor de lenguaje y literatura nos hablaba de los géneros literarios. Nos hablaba de las diferencias entre prosa y poesía. Y nos hablaba de cuando ambas se encuentran en lo que nos enseñaban como prosa poética. El ejemplo tradicional del género, Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Obras escritas en prosa, pero en las que el relato no existe o tiene una importancia secundaria, estando subordinado a los aspectos más líricos o estéticos del escrito. Pues al igual que el famoso asno de Jiménez, el gato de Hiraide va por esos tiros. Lo más importante del libro es la transmisión de sentimientos, de estados de ánimo, de sensaciones, de la belleza de los momentos. El relato de fondo de cómo el matrimonio se traslada a vivir, se relaciona con los vecinos y en un momento abandona la casa y se muda de nuevo no es más que un marco. Y el gato no deja de ser una metáfora de un tiempo vivido con armonía y con intensidad. Que da su comienzo cuando aparece el felino y convive con ellos, y tiene su final cuando el animal deja de estar en sus vidas.

Gato

Pero hace unos días repasé mis fotografías hechas con la Canon EOS 60D, mi primera DSLR comprada de segunda o tercera mano,… y en 2007… fue mi «year of the cat», aparentemente.

Desde luego, obra no apta para quienes el ideal de literatura sea el best seller de acción o de romances más o menos creibles o verosímiles, para consumo rápido de personas que si no no leería nada. Esta obra obliga a adoptar un estado de ánimo, una predisposición a una lectura serena, a prestar atención al detalle, a la metáfora, a la fotografía literaria. Si uno está dispuesto a entrar en este juego, disfrutará de la obra. Será recomendable. Conocerá otros modos de pensar, otras culturas, otras formas de relación familiar o vecinal, otros planteamientos vitales. Si no… mejor abstenerse. Y en cualquier caso, que nadie se asuste, la prosa de Hiraide, por lo menos tal y como nos la han traducido del japonés, manteniendo esa dimensión lírica, es bastante más asequible que la de Juan Ramón Jiménez.

Gato

Ahora estos mininos me vienen bien para ilustrar la entrada. Las dos primeras fotos, en Uncastillo. Las dos últimas, en Medinaceli.