[TV] Cosas de series; vinos, divorcios y venganzas… a la japonesa (o así)

Televisión

No todas las series que traigo hoy aquí son de nacionalidad japonesa, pero las tres tienen relación con el País del Sol Naciente. Dos de ellas basadas en manga, no necesariamente todas las de nacionalidad japonesa. Y los resultados son… dispares. Aunque con todas me he entretenido.

En IMDb nos dicen que el título original de la primera de las series es Drops of God. Pero es una producción multinacional de Apple TV, EE.UU. – Francia – Japón, multilingüe, francés – inglés – japonés – italiano, y supongo que los títulos Les gouttes de Dieu o Kami no Shizuku [神の雫], todos ellos significan lo mismo, Las gotas de Dios, pueden ser válidos igualmente. Por supuesto, se ve en Apple TV. Y me decidí por ella porque en algún lugar aseveraban y argumentaban que era una de las mejores adaptaciones de un manga a acción real. Lo cual, por lo que he visto hasta ahora… quizá no sea muy meritorio porque hay pocas buenas. Está basado en un manga japonés, Kami no Shizuku [神の雫], que no he leído, y que por lo visto tuvo bastante éxito en su momento, tiene una trama más larga y compleja, aunque con las mismas premisas o muy parecidas, y que ya había sido adaptada previamente a una serie de acción real en Japón.

El argumento va de que a la muerte de un enólogo francés de enorme prestigio y con una gran fortuna, que residía en Tokio, extrañado de su esposa y su hija francesas, deja establecido en su testamento que su fortuna irá a parar a su hija, francesa (Fleur Geffrier), o a su discípulo más destacado, japonés (Tomohisa Yamashita), hijo de una prestigiosa familia local. Para dilucidar quién se lo lleva se establece una competición con una serie de pruebas. Quien más puntúe, se lleva la herencia. Por supuesto, hay una serie de tramas paralelas que afectan a ambos protagonistas, que se irán desvelando poco a poco. La serie empieza fuerte, y tiene un final relativamente previsible. No está mal. Pero las catas y descripciones de los aromas y sabores de los vinos, y la habilidad casi mágica de los personajes para adivinar los vinos, ponen a prueba duramente mi suspensión temporal de la incredulidad, y de vez en cuando me desconectaron de la serie. Son otros los elementos que dan carácter e interés a la serie, y que quedan desconectados a veces por estas historias de catas y competiciones, que no deberían ser más que el macguffin de la historia y no el elemento central. En fin, que podría ser mejor.

Rikon shiyou yo [離婚しようよ], también conocida en inglés como, Let’s get divorced (Divorciémonos), es una comedia romántica japonesa reciente, de 2023, que me pareció simpática y fui viendo poco a poco. No es de Netflix, pero está disponible en Netflix. La pareja protagonista son un matrimonio joven formado por una actriz popular y prestigiosa (Riisa Naka), y un joven político (Tôri Matsuzaka), parlamentario, que ganó su escaño gracias a la fidelidad del electorado a su padre, que sostuvo el escaño durante años, y a la popularidad de su mujer. Pero todo amenaza con derrumbarse cuando se descubren sus infidelidades con una guapa periodista (Lisa Oda), su mujer le pide el divorcio, y se convocan elecciones anticipadas, en un distrito conservador donde todo esto sienta mal, y encima se presenta como oponente un hábil político de la oposición (Kôji Yamamoto). Tiene su gracia. A veces mucha gracia. Por supuesto, el tipo de campaña electoral que vemos no tiene nada que ver con las de aquí. Y los valores de la sociedad japonesa tampoco son similares. Pero los intérpretes lo hacen bien. No pasará de forma destacada a la historia de la televisión, pero se deja ver. Y tiene un final razonable. Complaciente, pero razonable, sin edulcorantes artificiales innecesarios.

Y finalmente tenemos Mitarai-ke, Enjō Suru [御手洗家、炎上する; La casa Miratai se incendia], internacionalmente Burn the house down, localmente Cenizas del pasado. Serie producida por Netflix y estrenada recientemente, está basada en un manga del mismo título. Un manga orientado a un público más adulto de lo habitual. Una joven, Anzu (Mei Nagano), se emplea como asistenta del hogar en una casa acomodada, pero con un nombre prestado por una amiga. Su objetivo es investigar a su antagonista principal, la actual esposa de su padre (Ren Hanami). Sospecha que fue la causante del incendio de su casa trece años antes, aunque las sospechas del público recayeron sobre su madre amnésica. Busca restitución y venganza. Y entra en un juego del gato y el ratón, donde el papel de gato y de ratón va variando con la acción. Y donde además está implicados su hermana, los hijos de la mujer de un anterior matrimonio, y su pusilánime padre. Las historias de venganzas, especialmente con mujeres despechadas por uno u otro motivo, suelen ser interesantes, si bien suelen estar llenas de tópicos y tender al guilty pleasure. En este caso, la serie es irregular. Tiene serios altibajos, es demasiado larga, se repite a sí misma, y se va haciendo progresivamente más previsible. El reparto es irregular y, si bien las dos protagonistas tienen buen nivel, otros personajes son considerablemente más flojos. En su conjunto, entretiene bastante. Parece que está teniendo cierto éxito dentro de la plataforma, pero hasta cierto punto es un quiero y no puedo.

Y esto es todo por hoy.

[TV] Primer asalto; versión china de los Tres Cuerpos

Televisión

A finales de 2017, principios de 2018, afronté la lectura de la afamada novela del escritor chino Liu Cixin, El problema de los tres cuerpos. Fue una lectura interesante. La publicación de la novela original data de 2006, pero no es hasta su traducción al inglés en 2015 cuando se hace popular; traducción que fue premiada en el ámbito de la literatura de ciencia ficción y atrajo la atención de numeroso público, algunas figuras públicas incluidas. La novela se sigue de dos secuelas que conforman una trilogía que conviene leer entera, aunque no es sencilla para quienes no tengan una base razonable de conocimiento en ciencias. Las segunda y tercera novelas de la trilogía, desde diversos puntos de vista, me parecieron mejores que la primera entrega. Y las leí casi seguidas, en el final del invierno y principio de la primavera de 2018.

Mi valoración general de la trilogía es positiva, pero no sin algunas objeciones. Creo que Liu no es un escritor brillante de novelas, de las que he leído alguna más con valoraciones entre normalitas/intrascendentes y regulares tirando a malas. Sin embargo, se defiende mucho mejor en el campo del relato corto, de los que he leído alguna recopilación que me gustó bastante. Tiene ideas muy interesantes, pero su capacidad de estructurarlas en obras largas es irregular. Por otro lado, me molesta su talante acomodaticio con la retórica de la clase gobernante autocrática de la dictadura china; no duda en justificar la ausencia de democracia y libertades en su país bajo el rancio argumento del «pueblo chino no está preparado para la democracia y no le preocupa la falta de libertad individual»… más o menos. La versión inglesa de su biografía en inglés habla más de este asunto. El caso es que es obvio que se esfuerza en estar a las buenas con el régimen de Pekín, lo cual se refleja en los destellos de patrioterismo que salpican aquí y allí sus novelas. Es la versión china del patrioterismo de las teleseries y las película estadounidenses, que en ocasiones cansa mucho

Ante el éxito de las novelas, tanto en su país de origen como en sus traducciones internacionales, comenzó el interés por la adaptación de su historia a medios audiovisuales. Consta una adaptación al cine de su primera novela, que no debió trascender las fronteras de su país de origen, donde podría ser que en estos momentos ni siquiera esté disponible. No estoy seguro de los avatares de esta producción, pero debía ser bastante mala. Hay alguna otra adaptación de obras de Liu, como un largometraje que se puede ver en Netflix, donde se refleja ese patrioterismo heroico en una aventura espacial con pretensiones de superproducción. El caso es que la trilogía de los Tres Cuerpos, conocida en inglés como Remembrance of Earth’s Past (Recuerdo del pasado de la Tierra) no es fácil de adaptar. Pensando sólo en la primera novela, hay que considerar tres escenarios. El primero, el tiempo contemporáneo en China, pero también en otros puntos del planeta Tierra. El segundo, la China de la Revolución Cultural y la estación montañosa con el radiotelescopio. El tercero, el video juego de los tres cuerpos, quizá el más complejo de representar correctamente. En las adaptaciones de las otras dos novelas, hay otras complejidades a considerar. Y por otro lado es una obra compleja en su estructura, en su argumento y en sus conceptos. Ya he dicho que es difícil disfrutar de la lectura de las novelas sin una cierta cultura científica, especialmente en física.

De repente, hace unos meses surge la noticia de que Netflix ha adquirido los derecho para adaptar esta obra, que está ya en producción, que ya se ha publicado incluso un avance, y que está previsto su estreno en enero de 2024. Y simultáneamente nos enteramos que ha principios de este año se ha estrenado en un plataforma china una versión de esa nacionalidad en forma de teleserie de la primera novela de la trilogía. Titulada Sān tǐ [三体, Tres cuerpos], que es también el título original de la novela en mandarín, consta de 30 episodios con una duración variable, pero con unos 45 a 50 minutos de duración en su mayor parte. Y curiosamente, se puede ver en otras plataformas. Y en Youtube, donde se puede ver de forma gratuita. Aunque con algún problema. Básicamente, su banda sonora musical es un refrito de músicas de distintos orígenes, más que una composición de encargo y específica para la serie, y por problemas de copyright hay algunos segmentos en los que no es posible escuchar la banda sonora original de la serie, incluidos los diálogos, y se oye una música que la sustituye. Con suerte, sí que se pueden leer los subtítulos de los diálogos. La serie está en versión original con subtítulos en inglés y en mandarín. No causa gran quebranto a la hora de seguir la historia, pero es molesto. Y el tema de la música de la serie no deja de ser una cutredad tremenda. La banda sonora en su conjunto es muy mala, tanto por la música, como por los efectos de sonido, como por los doblajes de los personajes no chinos, incluso cuando están hablando en inglés. Están muy mal hechos.

La serie es totalmente fiel al original literario y lo que pueda decir del argumento es lo que ya hablé en su momento. Pero el interés y la factura de los distintos escenarios es diverso. Me gusta mucho la historia de la joven Ye Wenjie (Wang Ziwen), un personaje muy atractivo y muy bien interpretado, que da para un desarrollo global de la historia desde su punto de vista que podría ser más interesante que el del físico que trabaja con nanomateriales, Wang Miao (Zhang Luyi), y el policía que le acompaña, Shi Qiang (Yu Hewei), y eso que este último personaje está también muy conseguido. En general, en los personajes con más protagonismo hay un buen trabajo actoral, que se queda en normalito o frío con muchos secundarios, y nefasto cuando se trata de los intérpretes de personajes occidentales. También está razonablemente llevado a la pantalla el vídeo juego de los Tres Cuerpos. Es cierto que sus efectos gráficos generados por ordenador pueden llegar a cantar mucho… pero como es un videojuego, tampoco pasa nada. Y luego está toda la parte del liderazgo chino en el mundo que se alimenta de ese patrioterismo que ya hemos comentado, que es cutre comparado con el ya bien conocido y aborrecido patrioterismo usamericano, proponiéndose a sí mismos como los (potenciales) salvadores del mundo y líderes del mismo… bueno… las memeces de las ideologías dominantes y lo que debería ser el mundo de la cultura al servicio de estas memeces.

Me lo he pasado bien con la serie, lo reconozco. Podría ser más cortita. Podría estar adaptada con menos fidelidad al original literario, pero con más adecuación sin perder las esencias. La historia de Ye Wenjie es estupenda, se le presta atención, pero se podría haber organizado de otra forma para dar un sentido dramáticos más profundo. Y desde luego, podría ser menos cutre en unas cuantas cosas, que bajan mucho la consideración hacia la serie. Mis felicitaciones por el trabajo actoral, eso sí. Y sólo queda espera a Netflix… pero conociendo determinados antecedentes, será mucho menos cutre,… pero, soy pesimista, no necesariamente mejor.

[TV] Cosas de series; a propósito de una simpática actriz surcoreana

Televisión

Sinceramente, hoy pensaba hablar de la adaptación de una de las novelas más interesantes de la ciencia ficción contemporánea que, aunque manifiestamente mejorable, la novela, tiene suficiente abundancia de ideas interesantes como para que en su momento me enganchase a ella y, especialmente, a sus dos secuelas, superiores en calidad literaria y expositiva. Sin embargo, como hace apenas tres días que la terminé, y con 30 episodios tiene mucho que digerir, lo dejaré para la semana que viene. Por lo tanto, iré esta semana con algo ligero, tres series surcoreanas que tienen en común la actriz protagonista, Gong Seung-Yeon, que me ha resultado simpática, especialmente como actriz de comedia.

Kkotpadang: Joseonhondamgongjakso [꽃파당: 조선혼담공작소], cuyo título en inglés, Flower Crew: Joseon Marriage Agency, viene a ser la traducción más o menos literal del original, es una comedia romántica de época, con intrigas políticas incluidas, y una premisa de partida un tanto rebuscada. La protagonista, Gong Seung-Yeon, es una huérfana que perdió a su familia, y que va a casarse con el hijo de un herrero. Pero resulta que este mozo es en realidad hijo del rey que acaba de morir, y de repente es elevado al trono, cuando se iban a casar por los buenos oficios de una agencia de casamenteros cuyo líder es el hijo de un ministro del gobierno, intrigante político y principal villano de la serie. Ahí es nada. Por supuesto, hay una antagonista de buena familia y aparentemente malvada, hija de otro ministro del gobierno, intrigante político, antagonista del anterior y villano secundario. A partir de ahí… las intrigas y tópicos habituales de estas series de época surcoreanas. Pero es divertida. Los intérpretes lo hacen bastante bien, tienen buena química entre ellos, y sacan adelante una serie que, por lo demás, no pasaría de la clasificación de guilty pleasure. Pero yo le pasé bien con ella durante unos fines de semana. Está en Netflix, pero es posible que sólo la encontréis si configuráis la aplicación de la plataforma en idioma inglés. Duración típica de 16 episodios de 70 minutos.

My only love song, título original en inglés, es una serie que está en Netflix desde 2017, y que ya empecé a ver por aquel entonces. Pero es una serie que le cuesta coger ritmo y la abandoné. Al ver que la protagonista de la serie es también Gong Seung-Yeon la he retomado. Duración atípica de 20 episodios de 30 minutos, por lo que es más corta de lo habitual. Y es una parodia. Gong hace de una famosa actriz que está rodando una serie de época sobre un personajes histórico de quince siglos atrás, cuando todo empieza a derrumbarse a su alrededor, por lo que harta, coge una simpática furgoneta, una Subaru Sambar de los años 90 que parece una Volks Waggen type 2, la furgoneta de los jipis de los años 60.Este tipo de furgonetas (y también coches pequeños), los kei car, son pequeñitas, de escasa potencia, muy económicas y fiables y populares en Japón y Corea del Sur, probablemente también en otros países asiáticos. Aunque un Smart sería un kei car, pero no económico. Bueno… pues la Sambar la llevará, junto con un polizón que se ha quedado dormido a bordo, al pasado histórico, a la época correspondiente a lo que estaba rodando. Y se verá involucrada en un enredo romántico con un hombre de la época, un personaje histórico real, por ficticia que sea la historia, y en los enredos políticos de la época. Todo ello en clave de humor, parodia y, como digo, enredo romántico. A esta serie le cuesta coger momento, pero también tiene momentos divertidos. No al misma nivel que la anterior, pero tiene su gracia. Siendo producción propia de Netflix, se puede encontrar fácilmente por todos los abonados hispanos.

Y cuando todavía estaba viendo la anterior, comprobé que Gong Seung-Yeon protagoniza otra serie que podemos ver en Star, o sea, en Disney+. Sobangseo Yeop Gyeongchalseo [소방서 옆 경찰서, la comisaría de policía al lado del parque de bomberos], es conocida en inglés como The First Responders o en castellano como Unidad de intervención rápida. Y es la historia de las colaboraciones entre una comisaría de policía y un parque de bomberos, uno al lado del otro, en un distrito o ciudad del área metropolitana de Seúl. Gong Seung-Yeon es la enfermera de los bomberos. Teóricamente la hipotenusa en un triángulo latente formado por ella, uno de sus compañeros bomberos y un heterodoxo policía empeñado en destapar escándalos de corrupción por doquier y que arrastra un pasado tormentoso. Son doce episodios de una hora que terminan en un enooooorme cliffhanger, que parece se resolverá en breve porque a partir de finales de agosto, creo, llegará una segunda temporada en la que además de los polícías y los bomberos estarán los forenses, que ya apuntaban maneras, una forense, en la primera temporada. Es otra de esas series que se salva más por el trabajo de sus intérpretes, que caen muy bien, que por la racionalidad o el interés de sus previsibles tramas, llenas de tópicos y estereotipos. Pero la chica protagonista funciona peor en este drama que en las comedias. Aunque puede deberse a que en muchos episodios parece más un florero, ya que el policía se come mucho del protagonismo. Y es que por otra parte, el drama alrededor de una enfermera de los bomberos sólo lo puedes estirar televisivamente hasta cierto punto, por mucho respeto que me merezcan estos profesionales.

Y esto es todo por hoy. Series poco trascendentes, pero entretenidas para relajarse los fines de semana.

[TV] Cosas de series; reencarnaciones y terrores posmodernos

Televisión

Normalmente comento las series de televisión agrupadas por ciertos criterios. Series occidentales, series con un determinado tema, placeres inconfesables surcoreanos, animación japonesa (o de otros países)… lo que sea. Pero hoy, voy a mezclar. Porque aunque podría haber hecho una entrada dedicada a los placeres inconfesables surcoreanos, he decidido que agruparé varias series de este país que ya he visto con otra que estoy en proceso, por compartir protagonista femenina. Mientras, estoy muy interesado en una serie china que adapta una novela que me interesó mucho, siendo que la serie también tiene su punto, pero tiene 30 episodios. Y hay un par de series más en las que voy avanzando cuando encuentro tiempo. Que no siempre tengo tanto como les parece a algunos. Especialmente teniendo en cuenta que yo, a partir de las 9:30 de la noche, habiéndome despertado a las 6:30 de la mañana, y sin dormir nunca siesta… no valgo nada y estos pensando en que me quiero ir a dormir. Soy como los niños, si no duermo mis horas soy un zarrio. En fin vamos con una emblemática serie de este siglo XXI y con un placer inconfesable (o confesable) surcoreano.

Fotográficamente, nos iremos a Inglaterra, país de origen de una de las series de hoy.

Mucho se ha hablado de Black Mirror desde su impactante estreno en la BBC allá por diciembre de 2011, y las obligaciones impuestas a un primer ministro británico por el secuestrador de una princesa. Actualmente una serie exclusiva de Netflix, en esta sexta temporada hemos percibido una deriva en el tono y en los temas. Originalmente, la serie estaba orientada hacia la reflexión sobre los retos y los peligros que imponen las nuevas tecnologías de la información, con mucha atención a los desarrollos de las redes sociales, los mundos y realidades virtuales y las (llamadas) inteligencias artificiales. Aunque de vez en cuando han flirteado con el género de terror, normalmente anclado en lo anterior. Pero si esta temporada comenzaba con un episodio claramente heredero de su tradición e intenciones iniciales, un fenomenal Joan is awful, poco a poco ha ido derivando a un predominio del género de terror, el cual ocupa por completo el último episodio de la temporada, Demon 79, homenaje al terror demoniaco de los años 70 y 80 del siglo XX, que no ha gustado mucho al público votante de IMDb, pero que a mí me ha parecido fenomenal, lo cual es notable dado que no soy especialmente aficionado al género de terror. Y con un episodio central, Beyond the sea, a caballo entre los dos géneros y la ucronía, con aventura espacial incluida, que también está muy bien, muy bien. Son los otros dos episodios de la temporada los que me resultan más de relleno. Quizá la serie esté lejos de sus mejores momentos, y no soy especialmente partidaria de la deriva hacia unos temas distintos de los que la inspiraron. Pero reconozco que hay buenos materiales en ella todavía. La duración de algunos episodios, más de 75 minutos, los convierte en pequeños largometrajes, mejores que mucho de lo que se estrena habitualmente en la pantalla grande. De momento, me seguiré apuntando a temporadas futuras.

Recientemente me he encontrado con un fenómeno curioso. Tres series surcoreanas. En dos de ellas, la protagonista recuerda sus vidas pasadas (eso de la reencarnación es muy propio de Asia en general, aunque pocos entiende bien cómo «funciona»). En dos de ellas, hay peleas entre familiares por el poder empresarial en un hotel de lujo y prestigio. O sea, hay una que mezcla las dos cosas. Por lo que hasta que me puse al día, nunca sabía cual estaba viendo. Bueno…. dos de ellas todavía están en marcha en Netflix, pero Geunomi geunomida [그놈이 그놈이다, ese tipo es el tipo], conocida internacionalmente por títulos en inglés como To all the guys who loved me o Men are men, entre otros, se puede ver entera porque es una serie de 2020. Es de esas series que sólo te aparecen en la oferta de Netflix en España si configuras la interfaz para el idioma inglés. Creo que si la configuras en español no aparece. El caso es que es un triángulo rectángulo amoroso, en la que la hipotenusa y uno de los catetos se han criado como hermanos, estando él colado por ella, mientras que el otro cateto y la hipotenusa fueron pareja/matrimonio/novios en sus tres vidas anteriores, con finales trágicos. Y ambos recuerdan (él) o han recordado pero olvidado (ella) esas vidas anteriores. Por otra parte, ella ha decidido no casarse nunca y ser una mujer profesional e independiente, editando o creando webtoons, un género muy pujante en Corea del sur. La mayor parte de la serie está en clave de comedia romántica, que es donde mejor funciona, especialmente por la buena química entre los protagonistas, liderados por la chica Hwang Jeong-eum. Pero también tiene su parte de drama e intriga… que funciona peor. Al final, podría haber terminado sin problemas en el episodio 14 de los 16… pero lo prolongan tontamente hasta ese número total en dos episodios sin interés. No es ninguna maravilla, pero entretiene. Y hay un tema que te mantiene intrigado. La chica, ya una mujer de 37 o 38 años, 32 para el personaje de la serie… pero constantemente te da la sensación de que ha pasado por una remodelación en profundidad de «chapa y pintura» en algún cirujano plástico… y no acabas de sentirte cómodo. No sé si es cierto o no. Es simplemente una sensación, que compartí con alguna que otra amistad que vio algún episodio de la serie. Estas coreanas se operan demasiado, de forma para mí totalmente incomprensible. Nota: No confundir la serie con un largometraje adolescente, también de Netflix, con un título similar, norteamericano, pero con protagonista de origen asiático.

[TV] Cosas de series; (malas) series de espías y ladronas de alta burguesía

Televisión

Sinceramente, salvo la entretenida serie sueca que comentaré dentro de unos párrafos, mi recorrido por estrenos de series de espías que he visto en las últimas semanas se podría considerar casi catastrófico. Vistas por los comentarios relativamente elogiosos de algunos artículos vistos por la red de redes, me ha sorprendido hasta que punto las plataformas de contenido en línea están rebajando sus niveles de exigencia últimamente. Han dejado de competir por la calidad o el prestigio. Ya no sé en qué compiten. En lo que a mí se refiere, tengo la sensación de que por muy abundante que sea actualmente la oferta de ficción televisiva, la llamada «edad de oro» de la televisión ha terminado. O lo parece.

Rincones y escenas captados por mi cámara fotográfica durante mi última visita a la capital sueca. Volveré a Estocolmo dentro de unas semanas. Por temas familiares, con cierto aire festivo; y aprovecharemos para hacer algo de turismo, claro, aunque ya conozco la capital sueca.

Citadel se puede ver en Amazon Prime Video, aunque no lo recomiendo. Ni siquiera los complacientes votantes de IMDb le otorgan su confianza, puesto que una puntuación de 6,1 en esta plataforma hay que considerarla baja. Ojo… no es que los votantes de IMDb tengan siempre el criterio afinado, que les he visto despreciar, sobre todo en el cine, cosas estupendas, mientras que babean ante la pirotécnica mediocridad de los productos superheroicos. Pero precisamente por eso, pensaba que esta serie de conspiraciones dentro de las conspiraciones entre organizaciones de espías, acompañada de acción en abundancia, les podría satisfacer. Pero ni esas. Y encima, la química entre los dos protagonistas interpretados por Richard Madden y Priyanka Chopra Jonas es floja floja floja. Con una trama típica de organización de espías «buenos», que solo asesinan a los malos, que se ve traicionada y mueren a capazos, aunque algunos sobreviven (esto lo utilizó hasta George Lucas para «deshacerse» de los jedis con su famosa orden 66). Y los que sobreviven… pues a buscar la verdad. Primero tienen que recuperar la memoria, porque se la borran y esas tontás… Nah… que es muy mala a pesar del entusiasmo de algunos plumillas de la red de redes, generación millenial que no ha visto de la misa la media y se creen que saben y les encanta cualquier cosa con algo de pirotecnia y una chica guapa. Evitar.

En algún momento leí que The Night Agent, un título que a priori no me atraía mucho, era uno de los estrenos más destacado en los últimos tiempos, y bien situado en general, dentro de Netflix. Y a este propósito, leí un par de artículos que se mostraban complacientes con la serie. Así que le di la oportunidad. Menos fantástica que en la anterior, mezcla la acción de los agentes secretos con las conspiraciones políticas en la Casa Blanca. La premisa también está vista mil veces. El típico agente del FBI que tiene que proteger a una chica, civil, que sabe algo que los malos no quieren que sepa, hay persecuciones, unos malos malísimos… y varios desenlaces muy previsibles. Aunque camine por caminos muy trillados, la cosa, si está bien hecha, podría funcionar. Pero no. Los diálogos del guion son espantosos. Los personajes protagonistas acaban importándote un rábano. Pero tampoco los malos te inspiran nada en ningún sentido. Frases hechas, escenas prefabricadas, actuaciones mediocres (el protagonista de la serie, Gabriel Basso, es casi catastrófico, aunque el resto del reparto no acompaña). Es cierto que entiendo que al principio de la serie los defectos no se notan. Comienza con las típicas situaciones de acción típicas para atrapar la atención del espectador, lo que puede explicar la audiencia destacada, y que el final arregla un poco lo que hay entre medias… pero bueno… Regular tirando a mala. Curiosamente esta sí que es aprobada por los votantes de IMDb, que se comportan como esperaba también en la anterior. Por cierto, si ayer comentaba que Hong Chau estaba últimamente en todas parte… también aquí. Aunque en esta ocasión, el nefasto guion hace que se sume a la mediocridad general. Las dos series parece que tendrán continuación. Qué se le va a hacer. En principio, que no cuenten conmigo.

Barracuda Queens es una serie sueca con una primera temporada de sólo seis episodios que, basada en un caso real, nos habla de un grupo de cinco amigas, cuatro de ellas en sus 18 o 19 años, y la otra algo más joven, hermana de una de las anteriores, que tras una noche loca acumulan unas deudas que no saben como pagar. Aunque todas menos una pertenecen a familias pudientes, residentes en una de las ciudades dormitorio de mayor nivel en el área metropolitana de Estocolmo, no quiere que sus familias se enteren de esos y otros problemas que acumulan. Y para salir adelante, deciden comenzar a desvalijar algunas de las casas de su vecindario de familias con pastuza, aprovechando que conocen el percal. Pero claro, no son precisamente profesionales, opinen lo que opinen las despistadas policías que van tras ellas, y van dejando pistas y rastros por todas partes. Esta es una de esas series poco apreciada por los votantes de IMDb que, curiosamente, a mí me entretuvo bastante. Me parece bastante ágil y suelta en su desarrollo, las interpretaciones son razonables, y combina la acción derivada de la actividad delictiva de las chicas con la crítica con cierta dosis de mala leche hacia la alta burguesía sueca. Lo cual siempre tiene su punto de diversión. No porque sea sueca, sino porque es alta burguesía… que rima con hipocresía. Tiene pinta de prometer segunda temporada, que veré. Supongo.

[TV] Cosas de series; culebrones y musicales

Televisión

La reina del culebrón moderno, más o menos sensacionalista, generalmente bien hecho, y que oscila entre el guilty pleasure y producciones realmente interesantes es Shonda Rhymes. Hoy traigo dos series de su factoría, y un simpático musical de Apple TV.

Parece apropiado desplazarnos a Londres para ilustrar la entrada de hoy… y si no comprobad el contenido de la misma.

Grey’s Anatomy, de la factoría de Rhymes, que se puede seguir en Disney+, con diecinueve temporadas a cuestas, lleva 18 años en la cartelera televisiva, con audiencias elevadísimas en su país de origen. Sus primeras temporadas me parecieron interesantes, pero pronto se convirtió en un placer culpable que se me pegó como un chiclé y del que soy incapaz de deshacerme. Otras series han intentado situarse al mismo nivel de guiltypleasurismo, y han fracasado. Comentar el argumento y los detalles de la serie es un ejercicio banal, porque lleva demasiados años siendo más de lo mismo. Hoy en día con muchas dosis de lo políticamente correcto. Pero esta temporada ha sufrido muchos cambios en su reparto, con nuevas incorporaciones entre los médicos residentes, pero sobretodo con destacados abandonos, entre los que destaca el personaje que durante dieciocho temporadas y media ha sido su protagonista, Meredith Grey (Ellen Pompeo). De momento, la serie parece que no se ha visto afectada en sus audiencias, pero habrá que darle tiempo. Teniendo en cuenta que se había convertido en uno de los personajes que más me desagradaba de la serie… no creo que sea el desencadenante de mi abandono de una serie que hace tiempo que tendría que haber mandado a freír espárragos. Pero todos tenemos nuestras debilidades. A Pompeo se la acredita en los 420 episodios rodados de la serie, aunque en el último tramo de esta última temporada sólo actuaba como narradora.

Queen Charlotte: A Bridgerton Story es una derivada de una de las series de bandera de Netflix, Bridgerton, otra serie de Shondalandia. En su extraña y multirracial alta sociedad británica del salto entre los siglos XVIII y XIX, en la que hay personajes teóricamente reales, pero que se parecen a la realidad histórica como un huevo a un bicicleta, destaca la reina Carlota del Reino Unido (Golda Rosheuvel, adulta; India Amarteifio, adolescente), nacida Charlotte de Mecklenburg-Strelitz, duquesa alemana de uno de los muchos estados que constituía el Sacro Imperio Romano Germánico, en lo que hoy en día es el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. En la serie, interpretada por sendas actrices británicas de ascendencia mixta africana (o de la diáspora africana) y europea. Con la curiosidad de que la madre de Amarteifio es de origen alemán. No voy a entrar en la ucronía de una sociedad multirracial que no fue. Es una ficción y ya está; si la quieres, la coges, y si no, la dejas. Al personaje real se le describía como «de mediana talla, tendiendo a alta, fina figura, buen andar, fino cuello y manos, cabellos castaños, cara redonda, ojos azules, boca más bien grande, labios rosa«, si tal cosa te interesa. La trama se desarrolla en paralelo en los años jóvenes de la reina, cuando siendo adolescente se casó con Jorge III, y ya madura cuando está desesperada porque sus muchos hijos no le dan nietos ni le aseguran el porvenir de la dinastía. Buena parte de la trama se sitúa en torno a la enfermedad de Jorge III, un trastorno mental grave de posible origen orgánico, porfiria o envenenamiento por arsénico se sitúan entre los posibles culpables, y que condicionó el matrimonio y el reinado. La cuestión está en que esta serie, de sólo seis episodios, me ha parecido mucho más interesante y menos placer culpable que el original del que deriva, con una trama bien hilvanada y con buenas interpretaciones, por encima de la serie principal. La considero muy visible. Salvo que seas un purista de la fidelidad a los hechos históricos, que hará que te retuerzas dolorosamente en el sillón mientras la contemplas… aunque ya digo que, en el ámbito en el que estamos, eso da igual.

Finalmente, Schmiggadoon!, la simpática comedia de situación musical de Apple TV, en la que una pareja resuelve sus problemas cuando se pierde y acaba llegando a lugares fantásticos inspirados por los musicales clásicos de Broadway. Si en la primera temporada salvaban su matrimonio cuando llegaban a Schmiggadoon, un trasunto de la mítica Brigadoon, en esta, Josh (Keegan-Michael Key) y Melissa (Cecily Strong) salen de su depresión por su incapacidad para concebir un hijo cuando buscando Schmiggadoon acaban llegando a Schmicago. Que sería el trasunto de Chicago, con insertos aquí y allí de Hair (hagamos un homenaje al recién fallecido Treat Williams, que interpretaba a un carismático personaje en aquella película de Milos Forman, que inspira alguno de los personajes de la segunda temporada de la serie que comentamos hoy). La serie sigue siendo simpática, pero en la segunda temporada pierde el efecto (agradable) sorpresa, y la trama no está tan conseguida y bien hilvanada como en la primera temporada. Desde mi punto de vista, pasa de ser muy interesante a normalita tirando a interesante. Aunque el público votante en IMDb parece pensar al contrario que yo, valorando más los episodios de esta segunda temporada que de la primera. Qué cosas.

[TV] Cosas de series; las series coreanas, en mi casa, tendencia a la baja

Televisión

Pues sí. Últimamente, las teleseries coreanas, los k-dramas, o como las queráis llamar, que durante unos años, muchas veces como placer inconfesable, tanto me han entretenido en los ratos tontos de los fines de semana, me llaman menos la atención. Me cuesta más encontrar series que me enganchen. Incluso hay algunas que he comenzado y se han quedado después de dos, tres o cuatro episodios colgadas, sin muchas ganas de retomarlas. En fin… cosas que pasan. Pero aun así tengo algunas que he visto y no he comentado todavía. Y como comprobaréis, son series de corta duración.

Taegbaegisa [택배기사, el repartidor], conocida internacionalmente como Black Knight es una drama de aventuras posapocalípticas. En seis episodios de 45 minutos, de producción por a para Netflix. Así que nada que ver con las tradicionales series de 16 episodios de 60 o 70 minutos de duración. El protagonista (Kim Woo-bin) es un repartidor de bienes imprescindibles para sobrevivir en una península de Corea de un mundo posapocalíptico, en el que el aire y el agua escasean, y la sociedad está fuertemente estratificada entre los privilegiados, los del montón y los parias refugiados. Tras unos asesinatos que incluyen a la hermana pequeña de una oficial del ejército/policía (Esom), ambos, junto con un refugiado (Kang You-Seok) tendrán que colaborar para descubrir a los culpables y cambiar la injusta realidad de este catastrófico mundo. Es uno más de los diversos intentos de los coreanos de jugar en las grandes ligas de la ciencia ficción, con buenas intenciones, pero con resultados que no siempre consiguen lo que buscan. A ratos se deja ver, a ratos cae en lo obvio, en lo trillado o en lo redundante. No acaban de dar con la fórmula después de producciones tan interesantes como cierta divertida película de aventuras espaciales, también con un trasfondo posapocalíptico.

Soundtrack #1, con el título original en inglés, es una serie surcoreana de cuatro episodios de 44 minutos de duración que se produjo por o para Disney+. Es una cosita muy simple y muy trillada. Dos jóvenes, pero ya plenamente adultos, chica (Han So-hee) y chico (Park Hyung-sik), que son amigos desde la infancia, desde hace 20 años, tienen que convivir durante unas semanas, en las que ella tiene que sacar adelante un importante encargo, ya que es letrista de canciones, y le ha surgido la ocasión de aportar la letra de una canción de un famoso y popular cantante. La cosa es que él está colado, perdidamente enamorado de ella, desde hace tiempo, mientras que ella se siente cómoda en el ámbito de la amistad. Hasta que la obligada convivencia haga tambalear los sentimientos de ambos, especialmente cuando terceras personas entre en juego en la relación. No es nada original, está llena de tópicos, pero están bien combinados. Y si a ello sumamos que la pareja protagonista es agradable, pues con sólo cuatro episodios es una serie cómoda de ver, de forma razonable, y sin que sea necesario siquiera ponerle el apelativo de guilty pleasure. Pero tampoco va más allá. La actriz protagonista ya me resultaba conocida de alguna serie anterior, alguno de ellas bastante interesante, y ya la tenía fichada como buena actriz.

[TV] Cosas de series; asesinos, sexo y catástrofes desde Asia oriental

Televisión

Como en los últimos tiempos se me han acumulado muchas series para comentar, voy a darle al tema algunos empujones. Y hoy iremos con cosas que vienen de Asia oriental, de diversas nacionalidades, y que me han llamado la atención de una forma u otra. En general para bien, aunque hay alguna que es una mera curiosidad.

Mófǎng fàn [模仿犯, el imitador] denominada internacionalmente Copycat killer, en español El asesino mediático, es una adaptación taiwanesa de una novela de éxito japonesa de la escritora Miyuki Miyabe, de quien no he leído nada hasta el momento, del mismo título, 模倣犯, aunque de pronunciación diferente… pero no mucho, Mohōhan. Bueno… uno de los caracteres no es exactamente igual, por los procesos de simplificación de caracteres en distintos países, que no siempre coinciden. En cualquier caso, los protagonistas son un fiscal con un pasado problemático por determinados acontecimientos en su adolescencia, y una joven periodista que busca encontrar su voz y su carácter en su trabajo, pero sin perder la honestidad. Y un asesino en serie de mujeres jóvenes, que parece imitar a un asesino del pasado. Una serie que tiene altibajos, pero que globalmente me ha parecido muy interesante, especialmente en sus interpretaciones y en su ambiente, quizá es el guion o el desarrollo de la trama el que presenta algunas inconsistencias. Pero como va de menos a más, se perdona.

Fotográficamente nos desplazamos a Taipei, capital de Taiwan, uno de nuestros destinos televisivos de hoy.

Risqué Bussines: Japan es una serie surcoreana de tipo documental, pero que transcurre en Japón. En Tokio principalmente. Y la premisa es que, siendo Corea del Sur un país conservador y moralista, viajan al país vecino donde la industria del sexo, en sus diversas dimensiones parece más boyante y decidida. Por supuesto, no dedican ningún episodio a la prostitución, pero sí a los supermercados de productos para el sexo, a los fabricantes de dispositivos para la autosatisfacción sexual, al AV (adult video, es decir el cine/vídeo pornográfico), a los clubs con camareros macizorros para mujeres, y a las costumbres de citas y relaciones entre las parejas niponas. Es dinámica, agil, y los dos presentadores hacen bastante el payaso fingiendo escandalizarse de las cosas que ven o encuentran. Es más anecdótico que interesante. Yo no soy nada pacato, pero la visión acrítica del vídeo/cine porno no me acaba de convencer; no muy convencido de la ética de estas producciones, nunca, lo vistan como lo vistan. Las otras cuestiones me parecen más propias de la libertad de cada cual. Parece que habrá futuras temporadas en otros países asiáticos, siendo Taiwan el anunciado para un futuro más o menos próximo.

100man-kai ieba yokatta [ 100万回言えばよかった, ójala pudiera decirlo un millón de veces], internacionalmente conocida en inglés como Why didn’t tell you a million times, es una serie japonesa que combina el drama romántico con la investigación de una misteriosa desaparición y de un asesinato. La protagonista (Mao Inoue), tras años de relación amistosa, comienza una relación con su amigo de la infancia (Takeru Satō), un tipo muy majo, cocinero en una pequeña cafetería restaurante. Ambos convivieron juntos con una familia de acogida cuando sus propias familias no pudieron atenderlos siendo preadolescentes. Pero este desaparece y comienza su búsqueda. Y coincide que el desaparecido aparece implicado de alguna forma con el asesinato de una mujer. La trama implica a la protagonista, a un policía con quien empatiza (Kenichi Matsuyama), a otra mujer que estuvo con la familia de acogida, y una organización de oscuros fines. La serie oscila entre el drama y momentos más ligeros, y tiene toques fuertemente fantásticos, preternaturales, y tiene fuertes afinidades argumentales con una conocida y afamada película de principios de1990. A mí me entretuvo mucho, la chica protagonista es ubercharming, algo muy propio de los dramas románticos nipones. A mí, en estos momentos, esta serie me ha resultado simpática y amena, sin embargo, la «afamada película» hace tiempo que se me atraganta por empalagosa. Como curiosidad, en su sistema de numeración tradicional, un millón se dice 100 miriadas [100万, hyakuman]; en lugar de agrupar los grandes números de tres en tres cifras, lo hacen de cuatro en cuatro. Una miriada es igual a diez millares.

The days es otra serie japonesa, con su titulo original en inglés, basada en hechos tristemente reales; el accidente nuclear de la central Fushima Daiichi [Fukushima nº 1], que sucedió al terremoto y tsunami del nordeste de la isla de Honshu en Japón el 11 de marzo de 2011. Está basada en distintos documentos, fundamentalmente un libro realizado por un periodista, que se entrevistó con unos 90 implicados en el control del desastre, los informes oficiales de la empresa, y el llamado Testimonio Yoshida, realizado por Masao Yoshida (interpretado en la serie por Kōji Yakusho, principal carácter de la misma), ingeniero nuclear y gerente de la planta en aquel momento, que tomó decisiones trascendentes, incluso en contra de las órdenes recibidas, para controlar los reactores dañados. Actualmente hay ya un gran reconocimiento a la labor de los trabajadores y directivos que estuvieron en la planta conteniendo la desestabilización de los reactores, al mismo tiempo que se sigue criticando la acción del gobierno y de la empresa en general, pero durante tiempo fueron incluidos entre las críticas. Hoy hay consenso en que sin las decisiones de Yoshida y el trabajo de su gente, las consecuencias pudieron ser terroríficas. La serie dramatiza lo sucedido, ya avisa que no es del todo fiel porque simplifica por motivos de presentación argumental, en esto son claros, y claramente es un homenaje a los trabajadores, expuestos a radiación durante aquellos tiempos. Aunque sólo se han reconocido dos muertes potencialmente relacionadas con la exposición, además de los dos muertos por la acción del tsunami en el momento en que impactó con la central. Y los estimados 2202 muertos debidos a la evacuación (accidentes, desestabilización de enfermos crónicos y ancianos, y otras contingencias). No estoy seguro de la fiabilidad de estas cifras. La serie está bien, muy entretenida, aunque con exceso de escenas mostrando caras de sacrificio y determinación, de momentos heroicos. Pero nada grave. Obviamente está realizada a la estela de la excelente serie dedicada al accidente de Chernobil, es claramente inferior, pero no está nada mal. Es muy visible, incluso recomendable.

[TV] Cosas de series; fantasía, ciencia ficción y política ficción… o sea, todo un género parecido

Televisión

En los dos últimos meses he acumulado bastante series cuyas temporadas he terminado. Y parece que he cogido un ritmo de series cortas que puede aumentar la cosa. Por lo que he acumulado retraso… Y me empiezo a olvidar de lagunas de ellas. No de las que traigo aquí hoy, que son bastante interesantes.

Por diversos motivos, las fotos más adecuadas para ilustrar esta entrada eran algunas de la ciudad de Londres. Como así veréis. Pero no he podido sustraerme a esta foto con Yoda que me hice hace unos días en San Francisco. Brrrrrr, qué poco me gustan las fotos que me hacen otras personas, pero es lo que hay.

The Mandalorian es probablemente el mayor pelotazo que ha dado Disney en la adaptación del universo Star Wars al medio televisivo. No la mejor, categoría que reservaría a otra que ha pasado mucho más desapercibida, pero muy entretenida en sus dos primeras temporadas. La trama de la tercera temporada ha ido de la unión y reunión del pueblo mandaloriano disperso por la galaxia. Y por supuesto, el avance hacia el surgimiento de la Nueva Orden, o como se llame, y la insurgencia de la nueva rebelión, o como se llame. Entretenida, sí. Visible, también. Entrañable, como las dos temporadas anteriores, nop. De hecho, la presencia de Baby Joda en esta temporada esta cogida muy por los pelos. Pero es que han debido considerar que si el muñequito la serie todavía tendría menos tirón. En fin. Serie que todavía se mantiene pero que empieza a languidecer.

Carnival Row es una serie de fantasía, un steam-punk alternativo de finales del siglo XIX y principios del XX, con personajes fantásticos distintos de los humanos, con un reparto interesante encabezado por Orlando Bloom y Cara Delevingne. El primero lo hace muy bien, la segunda no lo hace nada mal. Pero con un cuadro de personajes secundarios que también son muy sólidos. El caso es que la primera temporada me pareció una simple presentación de lugar y tiempo que habría de desarrollarse en futuras temporadas. Pero no ha habido futuras temporadas. Ha habido una temporada más que ha puesto punto final a la serie. Por lo menos ha habido un cierre. Ha sido muy entretenida, yo me lo he pasado bien. Y han tenido la sensatez de pasar la trama romántica a un segundo plano, sólo funcionaba bien a ratos, y dedicar el tiempo a la trama política y a la aventura. Globalmente me ha gustado, me ha dejado con ganas de más, hay muchos temas que se han insinuado o presentado con rapidez, pero que merecían más detalle… y es una pena que no le hayan dado un par de temporadas más, pero es lo que hay. El apresuramiento final ha lastrado una serie con una gran potencialidad. Se ve en Amazon Prime Video.

Y finalmente tenemos The diplomat, serie de Netflix que reúne dos pesos pesados de las series de la década pasada, Keri Russell, estupenda en The Americans, y Rufus Sewell, no menos estupendo en The Man in the High Castle. En esta ocasión tenemos un trama política-diplomática con un tono ligero, en el que va saltando entre la comedia y el drama. Como consecuencia de un ataque contra un portaviones británico, con el trasfondo de la invasión rusa en Ucrania, hay una escalada de la tensión política en el mundo, y Estado Unido enviado a una diplomática de carrera especialidad en Oriente Medio como embajadora a Londres (Russell), casada con otro diplomático de carrera de gran prestigio (Sewell), un matrimonio con sus más y sus menos. El entorno es de políticos ficticios pero reconocibles; da igual el nombre que les den en la serie, podemos identificar al destalentado primer ministro británico, el añoso presidente norteamericano, a la vicepresidenta de este país y a otros personajes de la actualidad. La serie es de la factoría Shondaland y se nota en la agilidad de los guiones y los diálogos, que son llevados a la perfección por un reparto que, más allá de sus protagonistas, es muy solvente. Yo me lo he pasado de maravilla. Tanto con las tramas principales de los protagonistas, como las tramas secundarias de los personajes de apoyo. Y después del enorme cliffhanger con el que terminó la primera temporada, estoy deseando que llegue la segunda. Una de las series que más he disfrutado en los últimos tiempos.

[TV] Cosas de series; quizá las series coreanas de Netflix estén de bajón… o yo mismo

Televisión

Sinceramente, últimamente me cuesta mucho más encontrar series coreanas para los fines de semana que sean entretenidas y que mantengan los mínimos de calidad que en los últimos años empezaban a tener. Lo que empezó siendo un fenómeno de guilty pleasure, placer inconfesable, por su carácter de productos adictivos a pesar de sus deficiencias, poco a poco se fue depurando, y empezamos a ver producciones con buenas interpretaciones, dirección de producción cuidada, e historias un poco más cuidadas. Pero en el último par de meses me ha costado encontrar series con esas características.

Ilustro con fotografías de Suwon, ciudad que no estaría lejos del ficticio lugar donde viven los protagonistas de una de las series de hoy, la más destacable por su calidad.

Sajangnim-eul Jamgeumhaeje [사장님을 잠금해제] traducido, parece que con razonable precisión, como Unlock the boss o Unlock my boss (desbloquear al jefe) es una historia de aventuras en entorno empresarial en el ámbito de las nuevas tecnologías. Aparentemente, tras un intento de agresión, la mente del director general de una empresa de software e inteligencia artificial queda atrapada en un teléfono móvil. Y un pringado, aspirante a actor, se encuentra el teléfono y ocupa el puesto de este individuo en la empresa, y con la ayuda de la asistente, intentará desentrañar el misterio de la agresión y de la conspiración que involucrará, como de costumbre, a ricos empresarios, familias influyentes, políticos y demás. Con su dosis de comedia/drama romántico, entretiene… pero al cabo de unas semanas lo empiezas a olvidar rápidamente.

Más interés despierta Naui Haebangilji [나의 해방일지], conocido como My liberation notes, My liberation diary o, en castellano, Mi diario de liberación. En tono de drama, nos habla de tres hermanos, entre los treinta y los cuarenta años, cuya vida ha entrado en una rutina devastadora, con poco éxito en las relaciones y en el trabajo, con relaciones tóxicas que les amenazan por todos lados. Trabajan en Seúl, pero se desplazan todos los días un largo recorrido a una población de la conurbación metropolitana, en un entorno casi rural. Y allí conviven con sus padres y un empleado de la serrería del padre, un misterioso desconocido, alcohólico, que empezará a atraer la atención de la hermana más joven (Kim Ji-Won), que dijéramos tiene el papel más protagonista en un drama coral. Es la serie más destacada de las que traigo hoy. De hecho, tiene interpretaciones bastante buenas, y tiene la historia y los guiones más sólidos y coherentes. Quizá su tono, relativamente pesimista, hace que atraiga menos. Pero realmente deberíamos considerarla como una serie bastante recomendable, sino fuera porque últimamente prefiero cosas más ligeras. Así que no hay que desdeñarla. Probablemente de lo mejor en la plataforma en los últimos 12 meses. De hecho, está disponible en la plataforma desde junio del año pasado.

Queenmaker es un drama que mezcla la política y las venganzas. La responsable de gestión de crisis de una familia adinerada y poderosa abandona su puesto ante la impunidad de uno de los miembros de la familia que ha violado y provocado el aparente suicidio de una empleada, y que aspira a convertirse en el nuevo alcalde de Seúl en las próximas elecciones. En su venganza, decide ser la jefa de campaña de una abogada laboralista, conocida por su belicosidad y por su integridad, que competirá también por el puesto. Una campaña en la que todo valdrá para conseguir sus objetivos. Especialmente por el lado de los malos. Esta serie es entretenida,… pero es claramente un guilty pleasure. Se complace en el exceso. Los malos son tan malos que dan risa en ocasiones. Son los que se ríen en plan muajajajajajá… y esas cosas. La cuestión es que aunque este arco argumental queda cerrado, el final deja abierta la posibilidad a nuevos arcos argumentales, supongo que variaciones sobre el mismo tema. Ya veremos, que dijo un ciego a otro ciego.

[TV] Cosas de series; remesa de comedias japonesas

Televisión

Creo que ya lo he comentado con anterioridad. Netflix adquirió recientemente un lote importante de series de televisión japonesas, no recuerdo ahora de qué cadena televisión nipona, y algunas están bien, otras son curiosas, y otras… pues mejor pasar de ellas. Mucha diversidad. Ya he comentado algunas de ellas en los últimos tiempos. Ahora voy con otras dos con el aviso previo de que ya las vi hace unas semanas, y que después no he encontrado otras que me apeteciese ver. En fin… veamos…

Como no tengo fotos ni de Mishima ni de Yokohama, lugares donde transcurre la acción de las series de hoy, buscando un entorno urbano, he optado por ilustrar con fotos del distrito de Umeda en Osaka.

Gomenne seishun! [ごめんね青春!, Lo siento, juventud], conocida internacionalmente en inglés como Saving my stupid youth (Salvar mi estúpida juventud), me llamó la atención por su protagonista femenina, Hikari Mitsushima, a quien hemos podido ver últimamente como dejo constancia aquí y aquí, y con buenos modos. Aparte de aparecer en el mundo de la música y del espectáculo de formas diversas como en este vistoso vídeo musical, donde es la bailarina que recorre la ciudad.

La serie es peculiar, a veces puro dadá, aunque no creo que lo hagan voluntariamente, muy divertida, siempre que la consideres como una parodia con un cierto punto de desfase. Y detrás de un guion manifiestamente mejorable, hay ideas que merecía mejor suerte, y unos personajes con los que llegas a simpatiza a pesar de su naturaleza excesivamente paródica. Una comedia en medio escolar, de institutos de bachillerato, con los chicos de instituto budista y las chicas de un instituto católico en la ciudad de Mishima, que es real, y cuya oficina de turismo debió aportar algo a la serie para promocionar la ciudad. La serie es de 2014, tiene unos años ya. Y la cosa es de que, por necesidades económicas, se ven en la necesidad de fusionar ambos institutos, convirtiéndose en uno solo mixto, y pluriconfesional, lo cual es complejo porque unos sucesos años atrás generaron una malquerencia entre ambos institutos. Unos sucesos en los que estuvieron implicados el protagonista masculino (Ryô Nishikido), uno de los profesores de los chicos, y la hermana (Haru) de la protagonista femenina (Hikari Mitsushima), una de las profesoras de las chicas. Como ya digo, roza el absurdo, o se adentro en él, en varias ocasiones. Pero a pesar de todo es buenrollista y entretenida.

Peculiar también es la serie Nigeru wa Haji da ga Yaku ni Tatsu [逃げるは恥だが役に立つ, Huir es una vergüenza, pero util], conocida de diversas formas fuera de Japón, como The Full-Time Wife Escapist (El escapista con esposa a tiempo completo) o We married as a job (Nos casamos como un trabajo). Es una adaptación de un manga que se suele vender en países anglófonos bajo el primero de los títulos en inglés. La premisa es la siguiente. Una joven graduada en psicología (Yui Aragaki) no consigue un trabajo razonable y digno tras un tiempo en diversas empresas, y sus padres le anuncian que tras la jubilación dejan Yokohama y se van a vivir al pueblo, por lo que se queda sin casa y con poco dinero para mantenerse… salvo que se vaya al pueblo con los padres. Y consigue trabajo para asistenta del hogar con un ingeniero informático diez años mayor (Gen Hoshino), soltero y solitario empedernido, que no quiere ataduras con mujeres, pero a quien el trabajo de la chica le conviene mucho. Así que para resolver ambas situaciones deciden simular un matrimonio bajo determinadas condiciones contractuales. Aunque oficialmente es un matrimonio real, y no contractual. Parece que los matrimonios contractuales, tal y como funciona la institución matrimonial en Asia oriental, en los que uno de los cónyuges cobra un sueldo y recibe unos beneficios por estar casados, en los que no se incluyen las relaciones íntimas, no hablamos de sexo aquí, se dan en aquellos lares. El caso es que por supuesto todo se complicará. Con los amigos, con la familia, con los entornos laborales,… y entre ellos. Puesto que al fin y al cabo es una comedia romántica.

Aragaki es una de las actrices más conocidas y populares en su país, y tiene mucho encanto, y Hoshino es un cantante y autor de canciones también frecuente en las listas de éxitos. La serie tuvo un gran éxito en el País del Sol Naciente. Realmente es entretenida y la interpretación es buena, dentro de las aspiraciones de la producción. Tiene un fuerte componente pedagógico, supongo que buscando educar y modernizar la mentalidad conservadora y anticuada de los maridos, o matrimonios en general, japoneses. La serie propiamente dicha son diez episodios, y se emitió en 2016. Pero en 2021, tras lo peor de la pandemia de covid-19 hicieron un especial de dos horas de duración, en la que se buscaba levantar la moral tras la situación epidémica, y de paso introducir la cuestión de la maternidad y el papel de los hombres en el cuidado de los hijos, dentro de esa intención pedagógica y modernizadora. Como curiosidad, el cierre de todos los episodios contiene una canción del protagonista, titulada Koi ( , una de las palabras para decir amor, en japonés, especialmente referido al amor romántico) que se hizo especialmente popular por el divertido baile que realizan los protagonistas y secundarios principales de la serie durante los créditos de cierre.

[TV] Cosas de series; madres, hijas, padres, psiquiatras, abogadas (que no lo fueron… o sí)…

Televisión

Hoy tenemos cosas muy variadas en nuestra entrada televisiva semanal. En general, bien. Entre muy entretenidas y entretenidas. Y con distinto tono.

Ginny and Georgia, en su segunda temporada, me ha gustado más que en su primera. La historia de una madre soltera sureña (Brianne Howey), desvergonzada, arribista, acostumbrada a las huidas hacia adelante cuando pintan bastos, y que no duda en flirtear con el crimen para encontrar una salida a sus apuros ha aumentado su interés conforme el conflicto entre ella y su hija adolescente (Antonia Gentry), que empieza a no saber si quiere escapar de su madre o asumir que es mucho más parecida a ella de lo que querría reconocer, se ha hecho más agudo. Los mejores momentos vienen de la interacción entre las dos, y Georgia, la madre, nos ha dejado momentos estupoendos. No es que Ginny, la hija, haya estado mal. Pero los dilemas adolescentes que trata palidecen en comparación con otras series más dedicadas a los problemas de ese mundo. Pero está muy bien. Es una serie realmente recomendable, con algún episodio, o par de episodios, que llegan a merecer el calificativo de antológicos, especialmente hacia el final de la temporada, ya que la serie ha ido muy claramente de menos a más. Se ve en Netflix.

Apenas tengo fotografías de Turín. Un puñado de cuando pasé por allí camino de Génova. Así que he optado por ilustrar la entrada sin salir de Italia, pero en el Veneto, recorriendo el Naviglio del Brenta, en el otro extremo de la llanura padana respecto a Turín.

Shrinking es una comedia de situación con tono dramático que podemos ver en Apple TV. Se ha destacado esta serie como incursión de un octogenario Harrison Ford en el mundo televisivo de las series (atención que pese a la edad llega la quinta de Indiana Jones…), como una psiquiatra, alma y corazón de un clínica ya de edad avanzada y con un Parkinson a cuestas, que brega por reconectar con su hija y su nieto, alejados en la costa opuesta de los EE.UU. Pero Ford es uno más en esta comedia dramática coral, que gira en torno a un compañero psiquiátrica de la clínica interpretado por Jason Segel, y su hija adolescente encarnada por una interesante Lukita Maxwell, que perdieron en un accidente un año atrás a la esposa/madre, duelo del que todavía no se han recuperado. Está muy bien. Es muy fresca. Muy dinámica, y los muchos intérpretes que aparecen en cada uno de los 11 episodios de poco más de media hora, cada uno con un desarrollo adecuado de su carácter, y con unas tramas muy bien interconectadas, lo hacen muy bien. He disfrutado con la serie, y espero con ganas nuevos episodios.

Finalmente tenemos una serie italiana, La legge di Lidia Poët, que se puede ver también en Netflix. Está basada en un personaje real, la primera mujer que se licenció en la facultad de Derecho en la universidad de Turín en 1881, que aprobó el examen de ingreso a la abogacía, pero cuya inscripción en el colegio de abogados fue rechazada en los tribunales repetidamente simplemente por ser mujer. Aunque ejerció trabajando de ayudante en el bufete de su hermano. Finalmente fue admitida en el colegio de abogados en 1920 a los 65 años, pudiendo ejercer ya que fue muy longeva. Sobre esta base, y gracias a la actriz protagonista, una estupenda intérprete y muy atractiva Matilda De Angelis, nos encontramos con un drama con toques de humor aquí y allí, que tiene más de procedimental detectivesco que de drama legal, y que se desarrolla en seis episodios de unos 42 minutos cada uno. Es muy entretenida, a ratos muy divertida, menos cuando se pone dramática, aunque nunca pierde la cara. No es que sea algo de otro mundo, pero es muy visible. Como rigor histórico… pues no. De hecho, está repleta de anacronismos. La bicicletas que usan los protagonistas en 1881 no se habían desarrollado todavía, las de esa época eran más primitivas. Por poner un ejemplo, de las diversas situaciones que chirrían. Pero bueno… si aceptamos la famosa suspensión voluntaria de la credulidad… Una amiga mía la comparó con un drama policiaco español que vimos recientemente en Amazon Primer Video… pero creo que la serie italiana es superior. Empezando porque la solidez interpretativa de De Angelis es superior a la de Garrido. Y otros diversos detalles en los que no me voy a entretener. Se puede ver sin problema. Es razonablemente recomendable. Y a mí me ha servido para refrescar mi oído al idioma italiano, que hablo un poquito, pero que entiendo bastante bien.