Llegamos a Colonia, y como es sábado, hay mucho ambiente festivo

Viajes

Con un ligero retraso sin consecuencias, el vuelo de Ryanair llega al aeropuerto de Weeze y nos disponemos a trasladarnos a la estación de ferrocarril para comenzar el viaje hacia Colonia. Sol, buen tiempo.

En la estación central de Krefeld cambiamos de tren. Allí empezamos a encontrarnos grupos de mozos o mozas ataviados para lo que obviamente son despedidas de solteros o solteras, según corresponda. Parece que todos van a confluir en Colonia, donde comprobaremos que, efectivamente, en la tarde del sábado se llena de estos grupos.

Nos llevamos la grata sorpresa de que el hotel está junto a la estación de Köln-Hansaring, lo que va a facilitar mucho las comunicaciones con el mundo. Y además, dado que entre esta estación y la principal no hay ninguna otra, y ante lo improbable de coincidir con el revisor... pues que los desplazamientos al centro nos van a salir muy baratos.

Una vez instalados, rápidamente salimos a dar una vuelta, hay que aprovechar lo que queda de luz. Y desde la estación junto al hotel comprobamos la distancia, no mucha, que tenemos hasta el monumento más característico de la ciudad; su catedral.

Hay gran cantidad de gente en el entorno de la catedral, especialmente gracias a la buena tarde que hace. Mucho turista, claro, pero comprobamos que gran parte del turismo es nacional. De la nación alemana, quiero decir; salvo algún asiático despistado, parece que a esta altura de la temporada, el turismo extranjero es escaso. Mejor. Eso quiere decir que nos estamos ahorrando muchas multitudes.

Fotografíar una catedral, tan alta como esta, y con una plaza no muy grande frente a su fachada, no es cosa fácil. Pero hay que aprovechar la cálida luz del atardecer, y se hace lo que se puede.

Hoy no vamos a poder visitar el interior. Hay misa. Y nos damos cuenta de que al día siguiente va a ser complicado. Es domingo, y fiesta de guardar para los católicos. Veremos cuando encontramos un hueco. De momento, nos quedamos cariacontecidos ante la entrada, por este pequeño e intrascendente chasco.

Dirigimos nuestro paseo hacia el Hohenzollernbrücke, puente ferroviario de sextuple vía por el que constantemente están pasando trenes de pasajeros. Con dos pasos peatonales a cada lado del puente, hasta aquí ha llegado la moda de los candaditos del amor. Creo que les dedicaré una entrada en exclusiva un día de éstos.

Retrocedemos sobre nuestros pasos para dirigirnos al paseo a orillas del Rin, y de repente no nos dejan pasar. Un tipo simpático pero firme, nos dice que tenemos que circular por los laterales de una plazoleta a espaldas de la catedral y del museo Ludwig.

Pronto encontramos la causa. Esta plazoleta es, a su vez, el tejado del auditorio de la Filarmónica de Colonia. Y en ese momento están en concierto. Hay que evitar que las pisadas molesten a los espectadores.

Entre los jardines a orillas del Rin, han instalado pequeñas carpas donde se realizan actividades de inspiración en la cultura islámica. En algunas dan de comer, en otras, como en la imagen, se ofrecen muestras musicales de esta cultura. Desde lejos, nos pareció que cantaban flamenco. De verdad. No exagero.

A pesar de que la noche va cayendo, la buena temperatura hace que numerosos grupos de gente permanezcan en los jardines charrando y tomándose unas cervezas. Tienen que aprovechar los últimos días del verano.

Como es sábado, las calles están muy animadas. Nos parece curioso que algunos salgan a tomar unas cervezas vestidos con trajes tradicionales alemanes. No conseguimos saber si es que les gusta, o si pertenecían a algún grupo de algún tipo.

También las señoras, por supuesto. En fin. Que la noche cayó, y aunque nos tomamos algunos chismes entre las muy animadas calles de lo que suponemos que podemos considerar el casco viejo de la ciudad renana, para fotos no dio más de sí.