Pues Colonia… si le quitas la catedral y algún museo… igual decepciona un poco

Viajes

Hoy ha amanecido francamente nuboso sobre Colonia. El impresionante edificio del hotel Azimut, donde nos alojamos, aparece un poco ominoso con esta luz. Pero en su interior, los servicios son buenos y las habitaciones agradables.

Como es domingo, hay múltiples misas en la catedral. Así que antes de visitarla, nos damos una vuelta por el centro. La verdad es que nos defrauda un poco. Supongo que la gran destrucción sufrida por la ciudad en la Segunda Guerra Mundial hizo que se conservase poco de la ciudad de entonces. Queremos visitar el antiguo ayuntamiento, pero por motivos no explicados, justamente hoy, no abre.

Convencidos de que como a las once no hay programada ninguna misa, puede ser un buen momento para la visita a la catedral, allí nos dirigimos. Pero no. La misa de 10 es con toda la parafernalia del mundo, y un "gorila" con sayas nos impide firmemente el paso. Habrá que esperar mejor ocasión.

Aprovechamos el rato visitando el Museo Ludwig. Este museo de arte contemporáneo nos ha sido recomendado vivamente, y no nos defrauda. Tiene una colección muy interesante. Y además hay una exposición temporal de Roy Lichtenstein que nos gusta mucho. Son muy celosos en el tema de la prohibición de hacer fotos, y decidimos no arriesgar. Salvo en la librería donde pasamos un rato, y compramos algún pingo. Imanes para la nevera. Y postales de pinturas de Gerhard Richter.

También aprovechamos para comer en su restaurante, que es muy mono, y con pequeño trío musical que nos ameniza con musiquita de jazz y bossa nova. Nos ponemos al lado. Claro.

Por fin entramos a visitar la catedral, donde nos sentimos abrumados por la altura e inmensidad del edificio. Lo que no queda claro si se hizo así para mayor gloria de la deidad católica, o de los arzobispos, y príncipes electores del imperio al mismo tiempo, de Colonia. Que cosas nos pasan por ser unos escépticos.

También nos llama la atención que hay mucha gente joven que acuden al culto. En otros sitios, la gente de las velitas y esas cosas suelen ser mayores. Pero aquí no. Se ven padres con hijos, o gente relativamente joven en las capillas.

En las vidrieras del crucero que dan al sur, apreciamos las composiciones de Gerhard Richter, a quien hemos mencionado antes, para sustituir las que fueron destruidas durante la guerra, a pesar de que el templo quedó relativamente intacto.

Habiéndose puesto a llover al salir de la catedral, optamos por descansar un rato en el hotel. Después tomamos el metro, que se parece más a un tranvía subterráneo que a otra cosa, y nos dirigimos hacia la estación de Zoo/Flora. Buscamos un nuevo medio de transporte.

Se trata del telecabina que atraviesa el Rin, uniendo el parque zoológico con el Rheinpark, en la otra orilla. Hay mucho niños que con sus padres han aprovechado el domingo para visitar el zoo, y ahora vuelven a sus casas.

El chaparrón que cae mientras hacemos el viaje, nos impide disfrutar de las vistas... Lo que más nítido se ve es el puente que cruza por debajo de nosotros.

El paseo por el parque es muy agradable. Sólo echamos de menos que el trenecillo que circula por estas vías no esté en funcionamiento. Pero ya ha pasado la hora de actividad.

Llegamos hasta el Hohenzollernbrücke, donde tropezamos con un murete dedicado a homenajear a Michael Jackson... Ese friqui... Las cosas que leemos, nos ponen los pelos como escarpias. Lo borrega que es la gente. Es posible que le dedique al tema otra entrada. Como a los candaditos del amor que mencioné ayer.

De todos modos, el objetivo era contemplar una de las vistas más conocidas de la ciudad. Que resulta un poco tristona, a pesar de que ha dejado de llover, y las nubes no están tan tupidas.

Volvemos a cambiar de orilla, y en el paseo del Rin que la noche anterior tan animado estaba, en esta tarde de domingo apenas se ven pasar algunas personas. Después de pasear un rato, cenamos algo,... y hasta mañana.