[Viajes – Hamburgo] Fundamentalmente, viajar; muy espeso, hasta que he llegado a Hamburgo y todo ha ido mejor

Viajes

Este ha sido uno de los desplazamientos de principios de vacaciones más espesos que he hecho en mucho tiempo. Si bien el viaje en AVE hasta Madrid ha sido llevadero, y en compañía básicamente de Bill Evans, el avión a Hamburgo ha sido un rollo. Y eso que he ido casi todo el rato dormido, salvo cuando el personal de cabina nos ha molestado para invitarnos a una cerveza y unos raviolis. Para colmo, me han dolido los oídos al aterrizar como hacía mucho tiempo. En fin. No hay mal que cien años dure, y contra todo pronóstico (meteorológico) he llegado a Hamburgo, donde hacía sol y buen tiempo. Pero una temperatura muyyyyyy moderada. No más de 24º. Así da gusto.

Una vez instalado en el hotel, donde me he asegurado la movilidad durante los próximos 3 días; por cierto, que en esta estación había cordones de inspectores en las salidas de los andenes para pillar a los desalmados que viajaban sin billete.

Si, mi línea de metro en Hamburgo va a ser la más roquera; U2. La que me lleva del hotel al centro de la ciudad.

He quedado con el amigo que está trabajando aquí en la estación central. Como de costumbre en las ciudades alemanas, muy animada. Y fotogénica.

Sin muchas prisas, charrando y con tranquilidad hemos empezado a recorrer el centro de la ciudad. No habíamos hecho planes para esta tarde. Donde nos llevaran los pies.

Con una tarde de lujo, nos hemos acercado al Binnenalster (lago Alster interior), en cuyas orillas los hamburgueses se relajaban haciendo botellón. Pero del pacífico, del que es propio de estas latitudes cuando hace bueno.

No se ve mucho turista. Pero algunos había, haciéndose las fotos de recuerdo de rigor.

Todavía a orillas del Binnenalster, hemos pensado en acercarnos hacia el Rathaus (ayuntamiento) y pensar en comer algo, que acechaban las 9 de la noche. Aquí oscurece tarde en verano.

Y efectivamente en la plaza del ayuntamiento hemos pillado unas salchichas y unas cervezas de trigo y hemos cenado al estilo alemán.

Hemos pasado de sentarnos en la plaza y nos hemos ido a ver las esclusas de los canales que unen el Binnenalster con el Elba. A estas horas, no había nada de actividad naviera.

Algún pato y algún cisne que nadaba por las tranquilas aguas.

Después de pasear un poco más por la ciudad, hemos decidido dejarlo por hoy; la luz empezaba a escasear, y ambos estábamos cansados. Yo de viajar, mi amigo de trabajar. Que es a lo que está en la ciudad.

Me gusta la estación del metro de Legienstrasse; virtualmente hay un bosquecillo entre los dos andenes.

Los alrededores del hotel estaban más animados que el centro de la ciudad; y los neones alegraban el lugar. De todos modos. Me he venido al hotel a redactar esta entrada y a descansar para mañana. Os seguiré contando.