[Viajes – Bremen y Hamburgo] Hoy, a pasar el día a Bremen,… o Brema, como se decía cuando nos contaban de niños el cuento de los músicos…

Viajes

Pues eso. Que hoy ha sido pasar el día en Bremen. Sólo, porque mi colega tenía que currar. Y aquí, llegando en el tren a la estación de la ciudad hanseática.

Como nada más llegar se ha puesto de llover, a visitar un par de templos. Ambos protestantes. Uno, antiguamente dedicado a Nuestra Señora, que no tenía gran cosa de especial.

El otro, el "Dom", o sea, la catedral, más vistoso.

Después de comer, ya con sol, a pasear la ciudad. Que en realidad se ve en un par de horas. Pero luego puedes pasear. Aquí el prusiano. En casi todas las ciudades alemanas, hay al menos uno de estos prusianos. Un "guillermo", u "otto", o lo que sea. Muy militarotes.

El Roland grandote este, junto con el ayuntamiento son patrimonio de la humanidad.

El ayuntamiento. Muy recargadito. Pero mono.

Ante la catedral, se nos han clavado estos coloridos coches. Supongo que irían de "propagandeo". Pues vale.

Una de las calles más típicas, la Böttcherstrasse, que junto con el barrio de Schnoor, son muy típicos, y llenos de tiendecitas para que los turistas compren.

Otra vista de la Böttcherstrasse.

Y por supuesto, no podía falta la escultura que representa a los protagonistas del famoso cuento de los hermanos Grimm, "Los músicos de Brema".

Ha dado tiempo a pasear por los abundantes jardines y parques de la ciudad, donde un vistoso molino casi nos hace pensar que nos hallamos en los Países Bajos. Lo cierto es que tampoco está muy lejos ni es muy diferente de estos lugares.

Aquí he estado a punto de comprar unos chocolates, que tenían una pinta bárbara. Pero justo al ir a entrar, el tipo ha estornudado justo encima de las chocolatinas que tenía delante... y se me ha pasado el hambre. Que hay mucho "coli" por estas latitudes...

Ya en el tren de vuelta, el "Metronom", especie de tren regional, cruza las tierras de la Baja Sajonia.

Y he llegado a Hamburgo con un bonito atardecer.

Algo de picar en la estación, que ya era tarde para buscar exquisiteces para cenar...

... y mira tú, qué arco iris al ir a coger el metro. ¡Pero si no había llovido!

No, efectivamente. Aquí llueve después del arco iris. Así ha sido la sorpresa al llegar con el metro a Billstedt, donde está mi hotel.