[Viajes – Lübeck] Tren, barco, otra vez el tren,… de vuelta en Alemania, ya estoy en la ciudad hanseática de Lübeck

Viajes

Por la mañana hemos tenido desplazamiento. Nos hemos ido a la estación de Copenhague para coger el tren de vuelta a Alemania. Mi colega hasta Hamburgo, que tiene que trabajar. Yo me he quedado a pasar una noche en la ciudad hanseática de Lübeck.

Viaje aburridete al principio, en un ICE pequeñito diesel, que tienen los daneses aunque pintado a la alemana. Pero se va cómodo.

Pero se ha animado porque al llegar a cierto punto, al Fehmarnbelt, uno de los numerosos canales o estrechos que separan las tierras danesas entre sí y con los vecinos, el tren ha embarcado en un ferry para una travesía de 45 minutos.

Las maniobras son rápidas. A lo que hemos salido del tren, el barco ya había zarpado. Poco se entretiene.

Y que fotos puedes hacer cuando estás en medio del mar. Pues al mar. Claro.

En fin, que al mediodía ya estaba en Lübeck, y tras descansar un rato en el hotel para evitar las primeras horas de la tarde, siempre horribles para hacer turismo, he salido a conocer la ciudad. En ese momento, el cielo estaba cubierto casi por completo, y hoy me lo he tenido que currar para pillar alguna foto. Una luz horrible.

Así que confiando que como de costumbre por estas latitudes, más adelante en la tarde se aclare un poco, he visitado la iglesia de Santa María. Interesante visita. Guardan en el sitio donde cayeron las campanas antiguas que se desplomaron tras un bombardo británico y el correspondiente incendio del templo.

Luego me he subido a la torre de Sank Petri, y ha empezado ha salir el sol. Con la tarde ya avanzada, era una promesa de mejores fotos.

La plaza del ayuntamiento es mona en dos de los cuatro lados. O lo sería si no la afeara el mercadillo que hay en medio. Se nota en la ciudad una mezcla de edificios viejos y nuevos. Supongo que como consecuencia de los destrozos de la guerra. Una pena. Antes de la misma debía ser realmente estupenda. Ahora se queda en mona.

Entre los horribles remolques y furgonetas que constituyen el mercadillo, este pequeño edificio alberga debajo una frutería y es de los más mono del mercadillo.

Después de visitar los monumentos más destacados, a callejear, que la tarde se ha puerto realmente muy agradable.

Las vistas más bonitas a orillas de uno de los varios canales que rodean el casco histórico de la ciudad.

No faltaba gente haciendo deporte. Han pasado varias de estas piraguas. Y los timoneles daban notorias veces tiránicas para animar el ritmo de los remeros, que eran de toda edad y condición.

En la Holsten Tor, uno de los monumentos más característicos, me ha hecho gracia lo de "S.P.Q.L.". O sea, "Senatus populusque Lubecensis" en ver de "Romanus". Esta puerta, junto con el casco histórico, es patrimonio de la humanidad de la UNESCO.

Y vuelta a los canales, que son muy entretenidos. Y bonitos al atardecer.

Después de cenar, todavía quedaba algo de luz para ir paseando hasta el hotel.

Al que ya he llegado anocheciendo, lo cual es relativamente tarde, por lo que se estiran las horas de luz en verano en estas latitudes.