[Televisión] Cosas de series; las cuatro palabras y el punto final a las chicas Gilmore ¿o no?

Televisión

En el mes de junio, si no recuerdo mal, aparecía como disponible en el catálogo de Netflix las siete temporadas de Gilmore Girls, una de las comedias familiares más apreciadas de la primera década del siglo XXI. Para ese momento ya se había confirmado que se estaba preparando un cierre en diferido para esta serie, que sin ser de las más vistas en la televisión mundial, había adquirido una popularidad notable por contener determinados valores que la hacen apreciable. Este “revival” de los habitantes de Stars Hollow, el pueblo ficticio de Connecticut donde transcurre principalmente la serie, iba a ser estrenado en el fin de semana de Acción de Gracias por la cadena de emisión de contenidos televisivos bajo demanda. Momento ideal para realizar maratones y ver los anunciados cuatro nuevos episodios de entre una hora y media y una hora y tres cuartos de duración.

Pero hagamos un repaso a lo que fueron las chicas Gilmore, aunque ya he hablado de ella en los últimos meses, ya que dediqué el verano a volver a ver esta serie de la que conservaba y conservo muy buenos recuerdos. Aunque algunos asociados a momentos tristes. Los primeros se corresponden a algunos de los primeros capítulos que se emitieron en España. En aquella época, la primavera del año 2003, en la familia la vida la llevábamos muy atribulada. Fue el año que falleció mi madre. Y mi padre, esa primavera, también pasó quirófano. El caso es que yo tan apenas veía la televisión en casa; alguna película de vez en cuando y poco más. Pero cuando eventualmente pasaba algún rato largo en casa de mis padres, haciéndoles compañía o por el motivo que fuera, recuerdo que de vez en cuando aparecían en pantalla estas chicas de diálogos vertiginosos, amoríos inestables y situaciones estrambóticas o delirantes en ocasiones.

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Uno de los protagonistas principales de “Gilmore Girls” es Star Hollow, un cuco pueblecito de Connecticut. Como no tengo fotos de pueblecitos cucos norteamericanos, menos de Connecticut, Connecticut, tramperos de Connecticut, os dejo la de un pueblecito cuco francés, Le Bugue, a orillas del Vézère en el Perigord.

He contado todo esto para que se entienda cómo una serie que normalmente debería haber pasado desapercibida, nunca he formado parte de su público objetivo, acabó formando parte del recuerdo emocional de mi vida. Conforme la situación familiar se fue estabilizando y mis hábitos de consumo televisivo fueron variando, empecé a mostrar interés por esta serie. En aquellos momentos en Estados Unidos iban ya por la cuarta o la quinta temporada. Así que recupere la serie desde el principio, fue la primera que vi integramente en versión original, y ya la acompañé hasta su final en 2007. Sus valores principales estaban en una sabia mezcla de 2 partes de comedia, 1 parte de drama, 1 parte de absurdo, aderezado todo ello con las dosis adecuadas de romance, de acuerdo a la cadena que la emitía en su país de origen. Guiones muy buenos, diálogos vertiginosos, muy ingeniosos, repletos de referencias populares, y juegos de palabras cuyo sentido se perdía en muchas ocasiones en el doblaje al castellano. Motivo por el que preferí la versión original, lo cual acabó siendo la norma para todo tipo de ficción televisiva. La producción era muy estándar, abundancia de diálogos rodados en una más o menos clásica alternancia de planos y contraplanos de los dialogantes. Nada complejo cinematográficamente hablando. Pero como digo, la gracia estaba en los maravillos diálogos. Y en los personajes. Ambas chicas Gilmore, Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel), se hacían querer de inmediato, especialmente la primera. Hasta tal punto que se hacían perdonar las limitaciones interpretativas del reparto, especialmente de la segunda. Claro que había que sumar una constelación de personajes secundarios que tenían momentos sublimes, especialmente al entrar en el surrealismo y en el absurdo de la ficticia sociedad civil de Stars Hollow.

Se ha hablado de los valores progresistas de la serie. El protagonismo de una mujer que siendo madre adolescente, cría a su hija ella sola, trabaja con aínco para pasar de trabajar de camarera en un hotel hasta montar y dirigir su propio establecimiento. La versión progresista del sueño americano. Que si la comparamos con el significado de “progresista” o “feminista” en Europa, se queda en una idealogía moderadamente conservadora y razonablemente tolerante.

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La serie comenzó discretamente su andadadura, para ir captando poco a poco la atención del respetable, hasta alcanzar su legión de incondicionales. Cada temporada de entre 20 y 22 episodios de 45 minutos, si no recuerdo mal, comprendía un año en la vida de las Gilmore. Desde el comienzo de curso de Rory hasta la llegada del verano. En total fueron siete temporadas, desde que Rory comienza su segundo año de instituto (de los cuatro que tiene el equivalente al bachiller en Estatos Unidos) hasta que termina su cuarto y último año de universidad y tiene que salir al mundo. Por supuesto, a partir de determinado momento, cuarta o quinta temporada, la serie empezó a mostrar señales de desgaste. Y el productor ejecutivo (“showrunner”) principal de la séptima temporada no fue su creadora, Amy Sherman-Palladino, que además manifestó su disconformidad con el cierre de la serie. Sinceramente, yo siempre lo consideré muy apropiado. No eché en falta nada. Nada se cerraba definitivamente en las vidas de las Gilmore, la vida seguía. Pero con unas etapas, marcadas por la adolescencia y primera juventud de Rory, terminadas. En cualquier caso, se generó un nuevo mito. Las “cuatro palabras” que Sherman-Palladino dijo que había pensado para que terminara la serie, y que al no estar al cargo de la misma en su cierre, no se pronunciaron.

Nueve años más tarde… Qué coincidencia. Cuando se cierra la serie, el trabajo que va a tener la Rory Gilmore recién graduada es seguir la campaña de cara a nominación a la presidencia de los Estados Unidos de un joven senador por Illinois, un tal Barack Obama. El regreso de las Gilmore a la pequeña pantalla coincide con el final del segundo y último mandato de Obama en la casa blanca. Nueve años más tarde han regresado en una temporada especial, Gilmore Girls: A Year in the Life. Nada especial… ¿no? Todas las temporadas fueron un año en la vida de las protagonistas. Pero nos encontramos con que han pasado casi 10 años. Lorelai lleva ese tiempo conviviendo con Luke Danes (Scott Patterson), aunque no se han casado, y Rory se ha convertido en una reportera que ha alcanzado algún éxito puntual, pero no tiene una estabilidad en su carrera. Esencialmente, este revivir de la historia de las Gilmore no es otra cosa que mostrar al público el planteamiento, desarrollo y desenlace de un momento de crisis en la vida de estas chicas. También en paralelo se plantea la crisis de la “tercera” de las chicas Gilmore, la madre y abuela Emily (Kelly Bishop), marcada por su reciente viudedad. Obligada porque el actor que interpretaba al padre y abuelo murió en la vida real.

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No voy a entrar mucho en el argumento, que ha he esbozado “grosso modo” en el párrafo anterior. Para ver esta “nueva temporada”, organizamos un grupo de amigos un “maratón” televisivo. Veríamos los cuatro episodios de que se compone en dos noches seguidas. En dos casas distintas, y encargando para cenar comida a domicilio, al más puro estilo Gilmore. Italiana el viernes, japonesa el sábado. Ha sido muy divertido, y ha dado lugar a divertidas discusiones. Puntos en común en las opiniones, que yo comparto,… La historia que nos cuenta se podría haber contado en un único largometraje de 90 a 120 minutos de duración. Dentro de ese tradicional esquema de desarrollo de la ficción, planteamiento o presentación, nudo o desarrollo y desenlace, dedican dos episodios, 180 minutos al planteamiento, totalmente excesivo y condicionado a realizar constantes guiños a la legión de incondicionales que esperan ver a los personajes de siempre en situaciones similares.  Sin embargo, los guiños y las referencias a la cultura popular están metidos con calzador en muchas ocasiones, no fluyen con la naturalidad con la que lo hacían en la serie original.

El nudo de la historia está en el tercer episodio, que a mí me parece el más entretenido. Y en el que además Sherman-Palladino se permite homenajear a otra de sus series, fracasada en este caso, ya que dos de las tres protagonistas de Bunheads, que tenía un tono muy similar, tienen papeles en esta historia, Sutton Foster, cantando y bailando, en el demencial musical que se inventan para la ocasión, y Julia Goldani Telles, en un breve papel de joven empresaria de la información. Ambas actúan como espejos en los que se miran y se confrontan las dos protagonistas. Con más o menos éxito. La tercera protagonista de Bunheads, Kelly Bishop, lo es también de la serie que nos ocupa.

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Y llegamos al final… todo está dispuesto para un desenlace en el que todo lleve a que alguien pronuncia las famosas cuatro palabras que Sherman-Palladino tenía pensadas de siempre. En este final, se demuestra lo que yo decía. La serie va de progresista pero en realidad promueve una serie de valores familiares y sociales moderadamente conservadores. Y de alguna forma me resulta insatisfactorio. Alrededor del concepto “ciclo de la vida”, algo parecido a aquello que decía los cylones en Galactica, “todo esto ha pasado antes y volverá a pasar de nuevo”, resituamos a todos los personajes en una nueva posición. En la que de alguna forma ocupan cada uno en su generación la que ocupaban los de la generación anterior en la serie original. Lo que pasa es que para mí me deja una sensación. La gran historia de Lorelai Gilmore ya fue contada. Durante siete años y hasta hace nueve años. Y Rory Gilmore ha fallado en ser protagonista de su propia historia… ha sido siempre un apéndice de la de su madre. No voy a entrar en cuales han sido las cuatro últimas palabras. Evidentemente, están a tono con ese tono de ciclo eterno de la vida que se propone en este capítulo. Pero no tienen, ni de lejos el mismo sentido que tuvieron cuando fueran pronunciadas en algún momento en el pasado de Lorelai Gilmore. Y si en aquel momento supusieron el principio de una aventura de crecimiento personal, en esta ocasión y con las edades y circunstancias de las protagonistas, dejan a Rory Gilmore un poco como una mema.

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Probablemente el ciclo se considere ya cerrado. El final importa poco, el viaje ha sido divertido. Y con los defectos que tiene esta “nueva temporada” de las Gilmore, ha contribuido, a veces mucho, a la diversión. Pero evidentemente, el negocio es el negocio. La carrera de Alexis Bledel no es excesivamente brillante. Lauren Graham quizá ya haya pasado sus mejores momentos de su carrera. ¿Habrá lugar a que si el mercado lo permite construyan una nueva historia a partir de esas cuatro últimas palabras? Yo espero que no. De verdad.

PS: De los trabajos de los estrafalarios secundarios que pueblan el universo de las Gilmore, en este “año en la vida” de las chicas destacar a dos. Siempre el de Kirk (Sean Gunn), probablemente el más dadá y divertido de todos los vecinos de Stars Hollow. Y como novedad el doble papel de la actriz que interpreta a Gipsy (Rose Abdoo), con un nuevo personaje desconocido en el universo Gilmore, aunque resume a varias decenas de “ellas”, y que nos proporciona estupendos momentos de diversión.

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