[Televisión] Cosas de series; las cuatro palabras y el punto final a las chicas Gilmore ¿o no?

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En el mes de junio, si no recuerdo mal, aparecía como disponible en el catálogo de Netflix las siete temporadas de Gilmore Girls, una de las comedias familiares más apreciadas de la primera década del siglo XXI. Para ese momento ya se había confirmado que se estaba preparando un cierre en diferido para esta serie, que sin ser de las más vistas en la televisión mundial, había adquirido una popularidad notable por contener determinados valores que la hacen apreciable. Este “revival” de los habitantes de Stars Hollow, el pueblo ficticio de Connecticut donde transcurre principalmente la serie, iba a ser estrenado en el fin de semana de Acción de Gracias por la cadena de emisión de contenidos televisivos bajo demanda. Momento ideal para realizar maratones y ver los anunciados cuatro nuevos episodios de entre una hora y media y una hora y tres cuartos de duración.

Pero hagamos un repaso a lo que fueron las chicas Gilmore, aunque ya he hablado de ella en los últimos meses, ya que dediqué el verano a volver a ver esta serie de la que conservaba y conservo muy buenos recuerdos. Aunque algunos asociados a momentos tristes. Los primeros se corresponden a algunos de los primeros capítulos que se emitieron en España. En aquella época, la primavera del año 2003, en la familia la vida la llevábamos muy atribulada. Fue el año que falleció mi madre. Y mi padre, esa primavera, también pasó quirófano. El caso es que yo tan apenas veía la televisión en casa; alguna película de vez en cuando y poco más. Pero cuando eventualmente pasaba algún rato largo en casa de mis padres, haciéndoles compañía o por el motivo que fuera, recuerdo que de vez en cuando aparecían en pantalla estas chicas de diálogos vertiginosos, amoríos inestables y situaciones estrambóticas o delirantes en ocasiones.

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Uno de los protagonistas principales de “Gilmore Girls” es Star Hollow, un cuco pueblecito de Connecticut. Como no tengo fotos de pueblecitos cucos norteamericanos, menos de Connecticut, Connecticut, tramperos de Connecticut, os dejo la de un pueblecito cuco francés, Le Bugue, a orillas del Vézère en el Perigord.

He contado todo esto para que se entienda cómo una serie que normalmente debería haber pasado desapercibida, nunca he formado parte de su público objetivo, acabó formando parte del recuerdo emocional de mi vida. Conforme la situación familiar se fue estabilizando y mis hábitos de consumo televisivo fueron variando, empecé a mostrar interés por esta serie. En aquellos momentos en Estados Unidos iban ya por la cuarta o la quinta temporada. Así que recupere la serie desde el principio, fue la primera que vi integramente en versión original, y ya la acompañé hasta su final en 2007. Sus valores principales estaban en una sabia mezcla de 2 partes de comedia, 1 parte de drama, 1 parte de absurdo, aderezado todo ello con las dosis adecuadas de romance, de acuerdo a la cadena que la emitía en su país de origen. Guiones muy buenos, diálogos vertiginosos, muy ingeniosos, repletos de referencias populares, y juegos de palabras cuyo sentido se perdía en muchas ocasiones en el doblaje al castellano. Motivo por el que preferí la versión original, lo cual acabó siendo la norma para todo tipo de ficción televisiva. La producción era muy estándar, abundancia de diálogos rodados en una más o menos clásica alternancia de planos y contraplanos de los dialogantes. Nada complejo cinematográficamente hablando. Pero como digo, la gracia estaba en los maravillos diálogos. Y en los personajes. Ambas chicas Gilmore, Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel), se hacían querer de inmediato, especialmente la primera. Hasta tal punto que se hacían perdonar las limitaciones interpretativas del reparto, especialmente de la segunda. Claro que había que sumar una constelación de personajes secundarios que tenían momentos sublimes, especialmente al entrar en el surrealismo y en el absurdo de la ficticia sociedad civil de Stars Hollow.

Se ha hablado de los valores progresistas de la serie. El protagonismo de una mujer que siendo madre adolescente, cría a su hija ella sola, trabaja con aínco para pasar de trabajar de camarera en un hotel hasta montar y dirigir su propio establecimiento. La versión progresista del sueño americano. Que si la comparamos con el significado de “progresista” o “feminista” en Europa, se queda en una idealogía moderadamente conservadora y razonablemente tolerante.

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La serie comenzó discretamente su andadadura, para ir captando poco a poco la atención del respetable, hasta alcanzar su legión de incondicionales. Cada temporada de entre 20 y 22 episodios de 45 minutos, si no recuerdo mal, comprendía un año en la vida de las Gilmore. Desde el comienzo de curso de Rory hasta la llegada del verano. En total fueron siete temporadas, desde que Rory comienza su segundo año de instituto (de los cuatro que tiene el equivalente al bachiller en Estatos Unidos) hasta que termina su cuarto y último año de universidad y tiene que salir al mundo. Por supuesto, a partir de determinado momento, cuarta o quinta temporada, la serie empezó a mostrar señales de desgaste. Y el productor ejecutivo (“showrunner”) principal de la séptima temporada no fue su creadora, Amy Sherman-Palladino, que además manifestó su disconformidad con el cierre de la serie. Sinceramente, yo siempre lo consideré muy apropiado. No eché en falta nada. Nada se cerraba definitivamente en las vidas de las Gilmore, la vida seguía. Pero con unas etapas, marcadas por la adolescencia y primera juventud de Rory, terminadas. En cualquier caso, se generó un nuevo mito. Las “cuatro palabras” que Sherman-Palladino dijo que había pensado para que terminara la serie, y que al no estar al cargo de la misma en su cierre, no se pronunciaron.

Nueve años más tarde… Qué coincidencia. Cuando se cierra la serie, el trabajo que va a tener la Rory Gilmore recién graduada es seguir la campaña de cara a nominación a la presidencia de los Estados Unidos de un joven senador por Illinois, un tal Barack Obama. El regreso de las Gilmore a la pequeña pantalla coincide con el final del segundo y último mandato de Obama en la casa blanca. Nueve años más tarde han regresado en una temporada especial, Gilmore Girls: A Year in the Life. Nada especial… ¿no? Todas las temporadas fueron un año en la vida de las protagonistas. Pero nos encontramos con que han pasado casi 10 años. Lorelai lleva ese tiempo conviviendo con Luke Danes (Scott Patterson), aunque no se han casado, y Rory se ha convertido en una reportera que ha alcanzado algún éxito puntual, pero no tiene una estabilidad en su carrera. Esencialmente, este revivir de la historia de las Gilmore no es otra cosa que mostrar al público el planteamiento, desarrollo y desenlace de un momento de crisis en la vida de estas chicas. También en paralelo se plantea la crisis de la “tercera” de las chicas Gilmore, la madre y abuela Emily (Kelly Bishop), marcada por su reciente viudedad. Obligada porque el actor que interpretaba al padre y abuelo murió en la vida real.

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No voy a entrar mucho en el argumento, que ha he esbozado “grosso modo” en el párrafo anterior. Para ver esta “nueva temporada”, organizamos un grupo de amigos un “maratón” televisivo. Veríamos los cuatro episodios de que se compone en dos noches seguidas. En dos casas distintas, y encargando para cenar comida a domicilio, al más puro estilo Gilmore. Italiana el viernes, japonesa el sábado. Ha sido muy divertido, y ha dado lugar a divertidas discusiones. Puntos en común en las opiniones, que yo comparto,… La historia que nos cuenta se podría haber contado en un único largometraje de 90 a 120 minutos de duración. Dentro de ese tradicional esquema de desarrollo de la ficción, planteamiento o presentación, nudo o desarrollo y desenlace, dedican dos episodios, 180 minutos al planteamiento, totalmente excesivo y condicionado a realizar constantes guiños a la legión de incondicionales que esperan ver a los personajes de siempre en situaciones similares.  Sin embargo, los guiños y las referencias a la cultura popular están metidos con calzador en muchas ocasiones, no fluyen con la naturalidad con la que lo hacían en la serie original.

El nudo de la historia está en el tercer episodio, que a mí me parece el más entretenido. Y en el que además Sherman-Palladino se permite homenajear a otra de sus series, fracasada en este caso, ya que dos de las tres protagonistas de Bunheads, que tenía un tono muy similar, tienen papeles en esta historia, Sutton Foster, cantando y bailando, en el demencial musical que se inventan para la ocasión, y Julia Goldani Telles, en un breve papel de joven empresaria de la información. Ambas actúan como espejos en los que se miran y se confrontan las dos protagonistas. Con más o menos éxito. La tercera protagonista de Bunheads, Kelly Bishop, lo es también de la serie que nos ocupa.

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Y llegamos al final… todo está dispuesto para un desenlace en el que todo lleve a que alguien pronuncia las famosas cuatro palabras que Sherman-Palladino tenía pensadas de siempre. En este final, se demuestra lo que yo decía. La serie va de progresista pero en realidad promueve una serie de valores familiares y sociales moderadamente conservadores. Y de alguna forma me resulta insatisfactorio. Alrededor del concepto “ciclo de la vida”, algo parecido a aquello que decía los cylones en Galactica, “todo esto ha pasado antes y volverá a pasar de nuevo”, resituamos a todos los personajes en una nueva posición. En la que de alguna forma ocupan cada uno en su generación la que ocupaban los de la generación anterior en la serie original. Lo que pasa es que para mí me deja una sensación. La gran historia de Lorelai Gilmore ya fue contada. Durante siete años y hasta hace nueve años. Y Rory Gilmore ha fallado en ser protagonista de su propia historia… ha sido siempre un apéndice de la de su madre. No voy a entrar en cuales han sido las cuatro últimas palabras. Evidentemente, están a tono con ese tono de ciclo eterno de la vida que se propone en este capítulo. Pero no tienen, ni de lejos el mismo sentido que tuvieron cuando fueran pronunciadas en algún momento en el pasado de Lorelai Gilmore. Y si en aquel momento supusieron el principio de una aventura de crecimiento personal, en esta ocasión y con las edades y circunstancias de las protagonistas, dejan a Rory Gilmore un poco como una mema.

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Probablemente el ciclo se considere ya cerrado. El final importa poco, el viaje ha sido divertido. Y con los defectos que tiene esta “nueva temporada” de las Gilmore, ha contribuido, a veces mucho, a la diversión. Pero evidentemente, el negocio es el negocio. La carrera de Alexis Bledel no es excesivamente brillante. Lauren Graham quizá ya haya pasado sus mejores momentos de su carrera. ¿Habrá lugar a que si el mercado lo permite construyan una nueva historia a partir de esas cuatro últimas palabras? Yo espero que no. De verdad.

PS: De los trabajos de los estrafalarios secundarios que pueblan el universo de las Gilmore, en este “año en la vida” de las chicas destacar a dos. Siempre el de Kirk (Sean Gunn), probablemente el más dadá y divertido de todos los vecinos de Stars Hollow. Y como novedad el doble papel de la actriz que interpreta a Gipsy (Rose Abdoo), con un nuevo personaje desconocido en el universo Gilmore, aunque resume a varias decenas de “ellas”, y que nos proporciona estupendos momentos de diversión.

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[Televisión] Cosas de series; del buen rollito con las Gilmore a la mala leche de los UnRealities.

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Parece que se me está pasando la modorra seriéfila, aunque estoy planeando una serie de propósitos para cuendo empieza la temporada de otoño-primavera. De momento, el sustento seriéfilo monomaniaco que me ha sustentado en los dos últimos meses, se me ha terminado. Sí… ya me he visto las siete temporadas de las Gilmore Girls lo cual me tiene entre asombrado y asustado. No voy a ponerme a comentar ahora la serie. Es, de alguna forma, un clásico de la comedia romántica o de la comedia familiar, con toques dramáticos eventuales. Y tiene altibajos, pero globalmente es muy disfrutable. Ahora, a ver qué nos ofrecen con la miniserie que nos mostrará a os protagonistas diez años después.

En cualquier caso, Gilmore Girls era el exponente clásico del buenrollismo aplicado a la televisión, e incluso cuando se ponían críticos en los rápidos diálogos entre Lorelai (Lauren Graham) y Rory (Alexis Bledel) sobre figuras de la cultura popular o de la política, la sangre no llegaba al río. Siempre he dicho que para mí la serie tuvo un cierre adecuado. Un episodio emotivo, que nos mostraba a Lorelai y al sieso de Luke (Scott Patterson) volviendo a su relación perdida, y a Rory, libre de ataduras sentimentales, comenzando con 22 años sus carrera de periodista siguiendo la campaña de un senador, un tal Obama, que pretendía ser elegido presidente al año siguiente al final de la serie.

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Como en otras ocasiones, aprovecho la entrada televisiva para mostrar ejemplos de lo que aparece por mi tumblelog viajero (enlaces al final). Como asomarnos a la Maison La Roche de Le Corbusier en París (encabezado), o contemplar a los pulpos del acuario de Barcelona.

Para contrarrestar la dosis de buenrollismo de las Gilmore, he seguido merendándome la segunda temporada de UnREAL, serie que sorprendió el año pasado por su forma de tratar el mundo de la telerrealidad. Ni que decir tiene que soy de los que opinan que se trata de una comedia-drama romántico sobre la “historia de amor” entre sus dos protagonistas, Rachel Goldberg (Shiri Appleby) y Quinn King (Constance Zimmer), interpretadas por las fenomenales. Mira que el reparto en su conjunto es bueno… da igual, cuando una de las dos está en pantalla, se merienda a todos los demás. En cualquier caso, la segunda temporada, que también ha sido muy entretenida y con momentos divertidos, con pasadas notables, no ha estado al mismo nivel que la primera, porque la historia, los guiones, se han enrevesado mucho y al final todo era un lío. Aunque el final ha quedado muy clarito, especialmente dejando diáfano que no necesariamente la que parece más loca es la que más lo está. Que hay varios que están en la pomada por ese título. Lo dicho, frente al buenrollismo, nada como dosis de mala leche por toneladas.

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También nos podemos dar un paseo por las calles de la judería de Córdoba.

Poco más de momento. Ahora estoy con otra serie en modo monográfico, que espero terminar este fin de semana, para seguir con otra la semana que viene. Mientras, para distracción en los momentos de relax e intrascendencia, me entretengo con la curiosa iZombie, una serie que parece que tiene pocas aspiraciones más allá de entretener, pero que no está mal interpretada, majeta la chica que hace de Liv (Rose McIver), la prota, y tiene más posibilidades de las que parece. En plan irónico, paródico, con dosis de mala leche también si le quieren poner. Ya veremos.

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O disfrutar del sol y la brisa marina entre las dunas de las playas de Falsterbo, en Suecia.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

De viaje con Carlos (tumblr)

Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; en los pueblos pequeños “usamericanos” puede pasar cualquier cosa…

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Sigo con mi crisis seriéfilo-televisiva. Hace ya una serie de semanas que acumulo episodios de algunas series que “quiero”ver, pero que “no me apetece” ver ahora, mientras, en un ataque de nostalgia me dedico a ver casi de tirón las siete temporadas de las Gilmore Girls. Vamos… que voy ya por la mitad.

Pero no creáis. En medio de esta “debacle” me ha dado tiempo a ver los ocho episodios de la primera temporada de una nueva serie que ha levantado cierta expectación; Stranger Things. Esta serie también ha gustado esencialmente porque ha despertado nostalgias. Muchas nostalgias. Ambientada en los años 80 del siglo XX en un pueblo o ciudad pequeña de algún rincón más o menos anodino de los Estados Unidos, ha mezclado varios géneros en uno. Las pandillas de críos metomentodos en bicicleta, los amoríos adolescentes, las conspiraciones gubernamentales, los monstruos de terror e incluso los universos paralelos… sólo ha faltado E.T. A mí no me ha parecido tan entusiasmante, aunque conforme avanzaban los episodios se hacía más entretenida terminando a un nivel razonable. Y como sólo son ocho episodios…

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Al igual que en otras entradas televisivas, repaso fotográfico a por donde está pasando mi tumblelog de viajes (enlaces al final). Y pasa por el Museo de la Guerra de Londres (encabezado), o la Piazza del Popolo de Rávena.

Pero si algo tienen en común las dos series mencionadas hasta ahora en esta entrada, y muchas otras que nos llegan desde la otra orilla del océano es el ecosistema de las poblaciones que dan cobijo a la acción. Me da igual que sea la ficticia Stars Hollw, en Connecticut, que la no menos ficticia Hawkins, en Indiana. Es cierto que tiene más presencia Nueva Inglaterra que el Medio Oeste, pero…

Los pueblos o pequeñas ciudades norteamericanas que sirven de marco a las series de televisión tienen una serie de elementos en común, que permiten que cualquier cosa pueda pasar. Al igual que en su momento en España, Crónicas de un pueblo sirvió para establecer el modelo deseado de sociedad franquista rural, diríamos que los productores de televisión norteamericanos tienen un manual de cómo es el modelo de su propia sociedad.

Existe una familia que expresa todas las bondades del “american way of life”, con mamá y papá como miembros activos y dignos de la comunidad alguna hija adolescente, un chaval algo más joven, y quizá un tercero de sexo indiferente y poco importante.

Siempre hay algún shérif que, o bien es extremadamente listo o bien extremadamente incompetente. Los ayudantes del shérif tenderán a ser no demasiado inteligentes, salvo que haya alguna chica joven que se encargue de demostrar que sus compañeros varones son especialmente tontos más allá de su afición a los dónuts y la cerveza.

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También por las calles de Bergen en Noruega.

El instituto… el instituto es un lugar terrorífico donde los adolescentes se dedican a putearse sin pudor, y aparentemente todo el mundo asume que es algo que es así y no puede cambiar. Se dividen en grupos estereotipados. Si un chico es deportista no puede ser listo. Si es listo no puede ser guapo y seguramente llevará gafas. Las chicas más monas solo piensan en chicos y en estar más monas todavía, menos una que es amiga de las feas y que estudia mucho. Y luego están los que saben de ciencias que por lo demás son una panda de tarados de mucho cuidado. Hay pocas variantes a este esquema general.

Los niños ya mayorcitos pero que no van al instituto van de un lado a otro montados en bicicletas y son mucho más listos que el resto de los habitantes del pueblo juntos. No queda claro en qué momento pierden la inteligencia y quedan sumidos en la medianía general. Seguramente cuando pasen al instituto.

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O las playas a orillas del lago Leman en Ginebra.

La virginidad de la adolescente protagonista es un asunto de interés máximo. Sobretodo porque lo más probable es que, en el caso de que haya crímenes, las chicas más precoces sexualmente serán de las primeras en morir y de las formas más desagradables.

En medio de toda esta situación, hay un montón de personajes secundarios, altamente pintorescos, cuando no parecen recién salidos de un frenopático y cuya única misión parece ser ocupar minutos para justificar la duración de la producción o producir confusión.

Por supuesto, sobre las características anteriores podemos empezar a realizar algunas variaciones dando más o menos protagonismo a  unos u otros para adaptarlos al tono y público previsibles. Y luego hay extremos, claro. Stars Hollow de las Gilmore Girls, Twin Peaks de la serie del mismo título o Cicely de Northern Exposure probablemente se llevan la palma en cuanto al nivel de excentricidad extrema de sus habitantes. Eureka es especial por definición… todos menos el shérif y su hija son científicos superdotados y con frecuencia de gran torpeza social. Y luego están todas las variantes de poblaciones con características estándar pero con peculiaridades… vampiros, hombres lobos, cúpulas, portales infernales, resurrecciones masivas, muertes masivas, desapariciones masivas, inmortalidades,…

Por lo tanto podemos decir una cosa… es como si en Estados Unidos hubieran decidido que buena parte de las series fueran variantes de Crónicas de un pueblo, pero con sabor “usamericano”. E igualmente monolíticas desde el punto de vista ideológico. Lamentablemente. Salvo honrosas excepciones.

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O más cerca de casa, por Utrillas, donde mantienen restaurada una simpática locomotora de vapor.

[Televisión] Cosas de series; Miss Fisher, las chicas Gilmore y mi grave crisis seriéfila

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Lo confieso. Lo veía venir desde hace un tiempo, y se ha confirmado con mi vuelta de vacaciones y el final de temporada (excelente) de Game of Thrones. Mi interés por las series de televisión está en grave crisis. Prácticamente no me he enganchado a ninguna de las novedades del verano. He abandonado algunas de años anteriores. Sólo me entretengo con series poco trascendentes que me producen un cierto entretenimiento, pero en estos momentos me horroriza pensar y me produce estrés la idea de estar al tanto de los nuevos episodios y llevar al día las series de televisión. No sé cuánto me durará. Ni siquiera si el proceso es reversible.

Durante buena parte de mi vida adulta he sido un consumidor escaso de televisión. Desde que me independice a mi propio domicilio hace ya un buen montón de años, a principio de la década de los noventa, opté por la televisión de pago con el fin de ver de vez en cuando alguna película íntegra, sin cortes publicitarios, y poco más. No me interesan las noticias tal y como las dan en televisión, ni los concursos, ni los programas de variedades, ni la telerrealidad, ni la mayor parte de lo que emiten las cadenas de televisión llamémosle convencionales. Y en estos momentos no entiendo la necesidad de estar pendiente de una programación televisiva, ni entiendo lo absurdo de los horarios de las televisiones en España, que llevan a aque los españoles vivan en su mayoría en un estado de “jet lag” permanente.

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En estos momentos, en mi tumblelog de viajes están apareciendo viajes o excursiones del año 2009 (enlaces al pie). En el encabezado, el valle del Escarra visto desde Formigal. Aquí mismo, puesta de sol desde la sierra de Alcubierre. Ambas en Aragón, España.

Lo único que en un momento dado, hacia la mitad de la primera década del siglo XXI, me sacó de este desinterés por la oferta televisiva fue la existencia de una propuesta de ficción televisiva en forma de series que empezaba a tener una calidad superior. Mi interés por ella no era más que un derivado de mi interés por el medio cinematográfico. Las series no son más que una adaptación del cinematógrafo a las posibilidades del medio televisivo. Pero en los últimos tiempos, siento que mi interés por las nuevas propuestas está decayendo a gran velocidad. Y como digo, ninguna de las últimas novedades en los últimos dos meses me ha resultado de ningún atractivo.

Coincide esto con mi suscripción desde hace unos meses a un servicio de televisión bajo demanda como Netflix. Esta cadena, aunque incluye algunos productos interesantes, también tiene mucha furrufalla, y por supuesto no incluye las propuestas interesantes de otras productoras o cadenas. Pero da igual. Siempre tiene algo que te proporciona un mínimo de entretenimiento, sin tener que preocuparte de nada más, cuando lo necesitas, a tu elección. Por ejemplo, en las últimas semanas, fue la serie australiana Miss Fisher’s Murder Mysteries, procedimental sin más pretensiones, pero con una agradable ambientación de época y personajes encantadores. Maximización del entretenimiento, con minimización del estrés que supone conseguirlo cuando te apetece.

Seracs en el Jungfraufirn

Seracs del Gran Glaciar Aletsch en el Jungfraujoch, Suiza.

O por ejemplo, recientemente a incluido en su oferta una serie que fue célebre entre 200o y 2007, Gilmore Girls, cuyos entretenidos capítulos, agudos diálogos y simpáticas protagonistas no me importa recuperar, en esta ocasión en versión original. Sin más preocupación. Hay otros ejemplos que podría mencionar… Por ejemplo, como en los últimos episodios salía Islandia, y tengo reciente el viaje, he repasado la primera temporada de Sense8, que es una serie cuyos guiones hacen más agua que lo que yo pensaba, aunque sea entretenida. Pero lo cierto es que todo ello no es más que unos síntomas claros que mi interés por la ficción televisiva está en crisis, que mis intereses y mi cabeza van por otro lado, y que lo único que pido en estos momentos es algo de entretenimiento mientras como o mientras ceno en casa.

En fin,… como decía… estoy en crisis televisiva seriéfila. Ya veremos si se pasa o no.

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Casas de los Maestros de la Bauhaus en Dessau, Alemania.

De viaje con Carlos (cuadernos de viajero)

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Una foto de mis viajes al azar…

[Televisión] Cosas de series; altas y bajas en mi cartelera particular

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En estas dos últimas semanas, con el final de las fiestas de fin de año, han ido recuperando el pulso las series de ficción de las diversas televisiones, en especial de las norteamericanas. Y como consecuencia he necesitado hacer ajustes en mi cartelera de series, porque mi tiempo es limitado y la calidad de las series es heterogénea. Para mí, las series de ficción son dosis de cine en pequeña pantalla y de tamaño más reducido. Algo de lo que disfrutar cuando no tengo ocasión ni tiempo para ver el cine como me gusta. En pantalla grande y con el desarrollo de la historia adecuado. Pero, con el tiempo descubrí que en esto de las series hay productos que superan con frecuencia la calidad del cine “de verdad”, y adquieren su propia trascendencia.

Vamos al repaso de novedades y abandonos.

Entre las nuevas series, las que han dado comienzo en estos días sus primeras temporadas,… pues poco que añadir:

1600 PennSitcom sobre la familia de un ficticio presidente de los EE.UU. No me ha enganchado. Incluso algún personaje me cae mal. He visto dos episodios, y… fuera.

Ripper Street: Ya comenté el primer capítulo de estos policías británicos de los tiempos de Jack el Destripador. El caso es que me gustó. Pero en el segundo me desenganché enseguida. Está muy bien hecha, bien interpretada, pero me desinteresé pronto. Fuera.

Mr. Selfridge: Basada en los principios de los grandes almacenes Selfridges de Londres. Demasiadas similitudes con The Paradise, pero desde mi punto de vista inferior. O con personajes menos atractivos. Fuera.

Utopia: Serie británica cuyo primer episodio comencé a ver ayer con ilusión, por las expectativas, pero que a los 20 minutos descubrí que no tenía claro todavía de que iba. Parece que conspiraciones en torno a un misterioso libro que predice vaya usted a saber que… No sé. Fuera.

Banshee: Un delincuente sale de la cárcel, se encuentra que su ex se ha ido con otro, y que no tiene los diamantes que robaron. Por circunstancias del destino, se encuentra en la situación de suplantar al que iba a ser el nuevo sheriff de Banshee, población de Pensilvania con sus amish y todo donde vive su ex, y donde hay un millonario malo que controla el cotarro. Y lo hace. No tenía muchas esperanzas, pero me entretuvo. Como enganche, tira mucho de enseñar culos y tetas. Mucho. En fin, ya veremos. De momento, es la única novedad que se queda.

Camden Locks Market

Mucha serie británica o de ambientación británica que, contra todo pronóstico, se caen de la lista. En cualquier caso, yo prefiero los mercadillos como el de Camden Lock a los grandes almacenes, como Selfridges.

Retornos. Nuevas temporadas, o temporadas cuya primera parte queda en un pasado remoto.

Ni siquiera me he planteado ver de nuevo House of Lies. Ni siquiera el primer episodio. Fuera.

Girls: Podrá ser muy interesante esta serie cuya primera temporada aguanté justito. Pero tras el primer capítulo de la segunda temporada me quedó claro que definitivamente no me motivan nada las desventuras de estas chicas neoyorquinas. Fuera.

Bunheads: En la línea que llevaba la primera parte de esta su primera temporada que se emitió en verano. Es entretenida, no llega al nivel de Gilmore Girls (Las chicas Gilmore), de quien es heredera. Pero bueno,… Se queda.

JustifiedShamelessCalifornication: Mucho tendrían que bajar de nivel para que borrara de mi cartelera a estas tres. Particularmente siguen inspirados los Gallagher de Chicago. Bienvenidos de nuevo todos ellos.

Despedidas de series con temporada en activo. Hay que dejar sitio a los recién llegados y a los viejos amigos.

Once upon a time: Definitivamente, esta serie siempre me había parecido poco seria. Pero te reías de ella. El problema es que se ha empezado a tomar en serio a sí misma en exceso. Así que un rollo. Fuera.

Don’t trust the B—- of the Apartment 23: Realmente, considero que las vida de estas chicas no avanza, ni para bien ni para mal. Y han dejado de hacerme gracia. Incluso la B—-. Fuera.

The new normal: Teniendo una familia tan divertida y cachonda como los de Modern Family, el buenísmo políticamente correcto de estos me estaba resultando empalagoso y estomagante. Fuera.

No descarto ulteriores purgas. Especialmente porque puede haber nuevas incorporaciones y, como digo, mi tiempo es limitado.

Refreshments

Refreshments… una más de las calles de Londres.

[Televisión] Inconmensurables Mad Men, y algunas novedades, unas más comentables que otras

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Se ha terminado la quinta temporada de Mad Men. Y esto es un acontecimiento. Luego lo comento. Mientras, van surgiendo algunas cositas para el verano. Como ya he contado, nada excesivamente llamativo. Evidentemente, ni me voy a molestar en hacer el mínimo caso de la nueva Dallas. Paso de lo que ya pasé cuando tocaba. Ha vuelto True Blood, haciendo más de lo que hace. Gore, risas, sexo, situaciones absurdas por doquier, y su protagonistas oficiales perdidos completamente en una trama sin pies ni revés, que se salva por las apariciones colaterales de secundarios con los que te partes. Ya veré si la termino. Bueno, eso digo siempre, y acabo viendo las temporadas completas de una forma u otra. Hace tiempo que perdieron el norte. Pero creo que les importa un rábano.

Un estreno que me ha llamado la atención. Amy Sherman-Palladino, la que fue responsable de aquella delicia tan divertida que fueron Las chicas Gilmore (Gilmore Girls), nos trae una nueva serie. Se llama Bunheads, y trata de una bailarina, Michelle (Sutton Foster) de Las Vegas que en un momento de bajón absoluto acepta una propuesta de matrimonio de un admirador, se casa, y se va con él a un pueblecito en la cosa californiana. Donde resulta que el admirador vive con su madre, una antigua bailarina de ballet, Fanny (Kelly Bishop), que dirige una academia de danza para adolescentes. Y parece que ambas tendrán que convivir. A ver. Esto es Las chicas Gilmore 2. La protagonista es prácticamente un clon de Lorelei Gilmore (Lauren Graham). La suegra no es que sea un clon de la madre de Lorelei. Es exactamente la misma actriz. Y a falta de una Rory Gilmore (Alexis Bledel) atorrando a la gente con su vida estudiantil y con sus novios entre lo macarra y lo metapijo, pues una colección de bailarinas adolescentes. Un pueblo raro, esta vez en la cosa oeste en lugar de Nueva Inglaterra, y una serie de vecinos friquis, que ya han apuntado maneras. La fórmula parece exactamente la misma. Lo que hace dudar de la frescura de las ideas. Salvo que el primer episodio, el piloto, es sumamente dinámico y divertido, a la altura de lo que recordábamos. Y sí. Estoy dispuesto a cambiar mi “amor incondicional” por la desaparecida por Lorelai, por su clon bailarín. Muy mona.

Mad Men (5ª temporada)

Yo cogí a los “hombres cabreados” ya empezados. Me perdí sus primeras tres temporadas. Y no las he recuperado. No sé si debería. El caso es que la cuarta temporada, me mantuvo pensando mucho si aquello que estaba viendo me gustaba o no. Por un lado, la producción de las serie, las interpretaciones, los guiones, me parecían de notable a matricula de honor, según momentos o situaciones. Pero los personajes de la serie… ¡qué poca empatía me producía! ¡Qué alejados me sentía de estos individuos machista, chulos,… no sé! Estuve en un tris de dejarla. Un producto puede estar muy bien hecho, pero si no te interesa de lo que te habla,… no hay nada que hacer. Pero aguanté. Y no quedé descontento de ello.

Esta quinta temporada ha sido distinto. No sé si es que desde el principio la vi con otros ojos, no sé si el zoubizou de Jessica Paré me dejó enganchado para siempre, o es que algo ha cambiado en la serie. El caso es que desde el principio quedé entusiasmado con lo que me estaban contando en mi ración semanal de estos doce capítulos (trece oficialmente, pero el primero fue doble y lo cuentan por dos). Todo el momento ha tenido su momento de gloria. Lo cual puede equivaler a tener su momento de infierno según los casos. Detallar ahora todos ellos sería largo, prolijo y complicado.

Pero sobre todo he empezado a apreciar el trabajo inmenso de quienes paren esta historia, de sus guionistas. Funcionan como un reloj. Los guiones parecen dibujados con tiralíneas para que el diseño encaje perfectamente. Por otro lado, a veces me da la impresión de que más que ver un serie norteamericana, estoy contemplando como los antiguos directores de la nouvelle vague se han reencarnado en quién sabe quién para devolvernos su mirada, de forma actualizada, al interior de las personas, de las parejas, de las relaciones en general. Renunciando eso sí a los modos de filmar de aquella notable generación francesa de realizadores de cine, para rodear el producto con el vistoso, cuidado, y nada improvidado envoltorio del Nueva York de los años sesenta.

Creo que no necesito decirlo. Lo que más lamento del final de la temporada, es lo que queda para la siguiente.

Rosas - Marinella Salvatore (PHE en el Matadero)

Al igual que estas adolescentes del montaje de Marinella Senatore en PhotoEspaña, hemos visto a la nueva señora Draper alejarse del mundo de la publicidad para dar el salto a Broadway, a donde sea que pueda y le dejen actuar. Si no la han contratado todavía, es que no vieron su baile de principio de temporada.