[Viajes] Excursión en el día a los chopos cabeceros del Alfambra

Viajes

Ya es casi tradición, llevamos cuatro años consecutivos así, que el 30 de enero me cojo fiesta y salgo de excursión con algunos amigos, dentro de Aragón. Los dos primeros años fue hacia el norte, hacia los Pirineos, hasta llegar a la frontera con Francia; el año pasado, buscando el mejor tiempo atmosférico, nos dirigimos hacia el sur, hacia Albarracín y los montes Universales. Este año, las nubes también nos indicaban que veríamos más luz dirigiéndonos hacia el sur. Y estos días atrás, el estupendo fotógrafo de naturaleza Uge Fuertes nos venía hablando en las redes sociales del Parque Cultural del Chopo Cabecero de Alto Alfambra. Ya hace un par de años, por lo menos, le pregunté dónde se podía fotografíar este característico paisaje y me comentó… así que lo estuve analizando.

Lo curioso es que hasta la víspera no teníamos claro dónde iríamos exactamente. Es una zona de la provincia de Teruel relativamente desconocida para mí. He visitado el Maestrazgo, las Cuencas mineras y la capital Teruel. Pero de lo que hay en medio de este triángulo, conozco poco. Hasta que me di cuenta que en el Alfambra se encuentra Galve, una población dentro del Territorio Dinópolis, que visitamos allá por el año 2006, si no recuerdo mal. Por lo de los dinosaurios. Pero no había caído que los sotos del río de Galve, que resulta ser el Alfambra, son de chopos cabeceros. Este río me desconcierta. Su curso hace una curva amplia. Cuando nace, cerca de Alcalá de la Selva se dirige francamente hacia el norte, pero al llegar a Galve ya está girando desde hace kilómetros para acabar dirigiéndose hacia el sur y encontrarse al Guadalaviar, o Turia, en Teruel. También recordé que había un restaurante que no estaba mal… aunque la probabilidad de encontrar estos restaurantes de pequeñas poblaciones abiertos entre semana es… remota.

El chopo cabecero no es otra cosa que un cultivo del chopo negro (Populus nigra), especie muy popular en nuestro país, en sotos o bosques en galería a orillas de los ríos, cuyas rectas ramas se podaban para su aprovechamiento, dándoles un aspecto característicos. Esta actividad económica ha ido desapareciendo, pero hay cierto interés en conservar el paisaje. Siempre he pensado que podía tener interés fotográfico y quería empezar a investigar. Lo cierto es que lleva un rato en el coche llegar hasta estas comarcas desde Zaragoza.

Así pues, nos plantamos allí en Galve hacia las 11 de la mañana y estuvimos caminando y recorriendo el paisaje y los sotos del Alfambra hasta la una y media, en la que se reunieron dos circunstancias que nos llevaron a terminar la actividad. Una… que las nubes se cerraron y el día se volvió más modorro, más gris, con un paisaje visualmente menos interesante. Dos… teníamos hambre. Era hora de comer.

Efectivamente, el restaurante en el que habíamos depositado ciertas esperanzas estaba cerrado. Nos ha pasado en tantas ocasiones esto… Se dice para los artistas que si dependes de la inspiración, lo mejor es que te pille trabajando. Pues para la hostelería aragonesa parece que lo de que si dependes de los clientes, que te pillen trabajando, no vale. El año pasado, en Albarracín, también estaban cerrados la mayor parte de los resturantes. Y llegamos al ciclo vicioso. Queremos turismo, visitantes… nos quejamos que no vienen los turistas, visitantes… que cuando van no tienen servicios… por lo que desaconsejan a otros potenciales turistas, visitantes, la visita de estos lugares, salvo en momentos puntuales, cuando va todo el mundo. O se llevan el bocadillo de casa. Y entonces decimos… “qué rancios que no se gastan un duro en los pueblos”. Pues eso. Ala, maños, a ver si os pillamos algún día trabajando. Por cierto. Si miras en Google y buscas el restaurante, te asegura que en esos momentos, a las dos de la tarde está abierto y hasta las cuatro. Es decir, que el horario que publicitan es como si estuvieran abiertos, aunque luego te los encuentras cerrados.

Pero a lo positivo. Nos gustó la excursión. No pudimos hacer todo exactamente como pensábamos. El río llevaba el deshielo de las recientes nevadas de la borrasca “Gloria”, y había zonas embarradas o encharcadas. La sensación es que el caudal iba ya de bajada. Pero no nos arriesgamos a meternos en algún berenjenal. No porque hubiera peligro, sino por no ponernos perdidos de barro. Hice algunas fotos con la compacta digital, de las que aquí podéis ver algunas, y luego terminé un carrete en color con la Canon EOS 650 y hice bastantes fotos como mi reciente adquisición de la que os hablaré más adelante. Con película en blanco y negro, en medio formato. Que no es lo mismo que el formato medio. Me refiero a los pequeños negativos de 18 x 24 mm aproximadamente, frente a los más comunes de 36 x 24 mm. Veremos que tal quedan.

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