[Cine] Películas de «altos vuelos», o el cine en vuelos transcontinentales

Cine

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. Para aproximarse al mundo de la aviación comercial, nada como pasarse por las instalaciones de Airbus en Toulouse y el museo aeronáutico Aeroscopia.

Hubo un momento en que, cuando hacíamos vuelos transcontinentales o transoceánicos, veía muchas películas a bordo. Generalmente de cinematografías «exóticas», películas que difícilmente iban a llegar a la cartelera española. Y ciertamente, aunque no siempre acerté con mis elecciones, eso me permitió ver algunas producción muy dignas, e incluso más que dignas, películas realmente buenas que, lamentablemente, no van a llegar nunca a nuestro país. Entendámonos, la mayor parte de la oferta de cine en el avión suelen ser «éxitos» de Hollywood, por lo que el nivel medio es… mediocre, como el de la mayor parte de los éxitos de Hollywood. Es lo que hay.

Con posterioridad, dejé de ver cine en vuelo. Para evitar una afectación importante del desfase horario tras los vuelos, adoptamos una rutina en estos viajes que funciona razonablemente. Aunque siempre me veo afectado por el desfase horario en mayor o menor grado, especialmente tras el regreso. Cuando el avión vuela en un huso horario cuya hora no corresponde a las horas de sueño, no dormimos, aunque tengamos sueño. En estos casos, desde hace unos años, lo que hago es leer. Y he leído unos cuantos libros en estos vuelos. Y si en el avión atraviesa husos horarios en periodo nocturno, intentamos dormir. Ya digo que, hasta cierto punto funciona relativamente bien.

Pero en la vuelta de Japón de este martes-miércoles pasado funcionó a medias. Despegamos del aeropuerto de Kansai, próximo a Osaka, Kioto, Kobe y Nara, a las seis y diez de la tarde, con luz crepuscular, prácticamente de noche. Pero como fuimos persiguiendo al sol todo el viaje, o el sol nos fue persiguiendo a nosotros, cuando llegamos a Madrid eran las ocho menos cuarto de la mañana, con luz de la alborada, casi de noche todavía. Tuvimos una noche de veinte horas, divididas en diez horas de vuelo entre Kansai y Abu Dabi, tres horas de escala en el aeropuerto de la capital de los Emiratos Árabes Unidos, y siete horas de vuelo entre Abu Dabi y Madrid. En el primer vuelo conseguí dormir casi seis horas, con ese sueño incómodo de los aviones, pero en el segundo, teniendo en cuenta que para mi ritmo adquirido en Japón era ya de día contradiciendo lo que (no) se veía por la ventanilla, no conseguí dormir tan apenas. Y tampoco me centré en la lectura. Así que volví a ver cine en vuelo.

Tres películas vi. Una de ellas, un blockbuster reciente, que no nos atrajo lo suficiente como para ir a las salas de cine, Ballerina, protagonizada por Ana de Armas y dirigida por Len Wiseman, película de acción de una de esas franquicias de acción que no nos suelen interesar. Pero de Armas me cae bien, y decidí darle una oportunidad. La vi entera. Pero, a pesar de que en un momento dado, hace unos meses, llegué a leer críticas elogiosas, lo cierto es que es bastante mala, y muchos segmentos de su desarrollo argumental no tienen ni pies ni revés. Pone duramente a prueba la voluntaria suspensión de la incredulidad del espectador. Y encima sale el caracartón de Keanu Reeves, uno de los peores actores protagonistas de campanillas que he conocido, marcadamente inexpresivo. Y sin embargo, compruebo ahora en Wikipedia, la película recibió mayoritariamente críticas favorables. Cada vez me siento menos identificado con el mundo en que me toca vivir, aunque no tenga ningunas ganas de abandonarlo. No la integro en mi base de datos de estrenos, porque ya se estrenó en España y se cerró su ciclo comercial en salas de cine. Y sí… de Armas sigue estando muy mona, pero en esta película… lo de sus buenas artes interpretativas… bueno, hace lo único que se puede hacer en estas producciones. Lo que hacen todas las actrices que entran en este juego.

Otra película que vi fue un drama fantástico romántico surcoreano, Malhal su eopsneun bimil [말할 수 없는 비밀, un secreto que no se puede contar], titulada en inglés Secret: Untold melody. Es una versión de una película taiwanesa titulada Secret en inglés, que fue un éxito en su país y en otros países de Asia, realizada por la directora Seo You-min. Es el romance entre dos estudiantes de piano de un conservatorio en Seúl, pero con un toque de fantasía en el que no voy a entrar. No le voy a dedicar más tiempo. Es muy flojita. Eso sí… yo pensaba que iba a ser un «sexto sentido», pero no, el toque fantástico es otra cosa. Lo que me hace gracia es que la «chica» protagonista, supuestamente de veintipocos es una actriz de 34 años… Al más puro estilo Grease, supongo. Tampoco va a entrar en mi base de datos… en las condiciones en las que la he visto… pues no tocaría.

Y finalmente, una película que tampoco tocaría que entrase en mi base de datos, pero que me impresionó tan favorablemente que la voy meter. Y le voy a dedicar un comentario más tranquilo.


Himeul nael sigan [힘을 낼 시간] (Time to be strong) (20245; 45/20251007)

El K-pop, la música pop surcoreana está de moda. Fijaos la que se ha montado con el éxito en Netflix de una película, que a mí me pareció normalita, pero que está convirtiéndose en uno de los fenómenos cinematográfico-televisivos del año. Sony, su productora original, que no confió en ella para estrenarla en salas, debe estar tirándose de los pelos… Bueno, por otros lados les estarán entrando los ingresos. Pero ya comenté que la visión que se ofrece de las ídolos (así se les llama, como en Japón) del pop surcoreano es demasiado bonita. Comen lo que quieren. Salen a la calle por libre. Hacen lo que quieren. Y cualquiera que se haya preocupado un poco del tema sabe que la cosa no es así. Que la vida de estas chicas y chicos, salvo unos pocos que consiguen triunfar realmente ellos por sí mismos y hacerse un nombre duradero, es efímera en lo artístico, dura en lo cotidiano, y escasa en ganancias monetarias, por los leoninos contratos, próximos a la esclavitud, que firman con sus agencias. Y surgen con frecuencia problemas de salud mental. Abusos, algún suicidio que otro, afectaciones físicas y psicosomáticas de la salud… un panorama bastante menos bonito de lo que los y las fans imaginan.

Esta película, dirigida por Sun Namkoong (recientemente comenté otra película suya), y protagonizada por Choi Sung-eun (chica), Hyun Woo-Seok (chico) y Ha Seo-yoon (chica), se dirige precisamente a denunciar y poner encima de la mesa los problemas de la industria del pop surcoreano. Producida por una agencia paragubernamental independiente del ejecutivo surcoreano, prevista por ley, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Corea, sigue a tres jóvenes de unos 25 años que proceden de grupos de ídolos del k-pop fracasados de una forma u otra. Atados todavía en algún caso a sus agencias, aunque inactivos, con deudas por los «gastos de formación y promoción» (ya digo que el régimen de estos chicos y chicas se acerca en algún caso al de la esclavitud), no han tenido una vida normal. No han hecho las cosas normales que hacen los adolescentes y los veinteañeros. Y una de las cosas que no hicieron fue su viaje de final de estudios en el instituto a la isla de Jeju. Así que en pleno otoño, con tiempo más bien frío, se van de «vacaciones» a la isla.

Desde el principio notamos que se mueven con torpeza por el mundo. Les cuesta saber como salir del aeropuerto. Pierden una maleta. Se quedan sin dinero por el abuso de una individua al meterse en una pelea sin consecuencias. Y empiezan a conocer alguna gente, en un momento en que parecen que están tocando fondo, incluso con planteamientos en algún caso de acabar con su vida, ya tienen precedentes en compañeras de su grupo. Y esa gente, de una forma u otra, les irá mostrando otras formas de ver el mundo. Otros caminos. Otras formas de sentirse a gusto. Que ellos sea delgados y guapos, con problemas de trastorno alimenticio en algún caso, sean desgraciados, mientras que la chica que fue una de sus pocas fan, regordeta, sea alegre y feliz, trabajando en una oficina de objetos perdidos en los transporte públicos de la isla… pues son datos.

La película está dirigida con sobriedad, pero con tremenda solidez, con un excelente trabajo en la dirección de fotografía que, sin artificios, nos traslada el ambiente físico y emocional de estos jóvenes. Y con una banda sonora nada desdeñable. Y sobre todo, unas interpretaciones extraordinariamente sólidas, especialmente por parte de Choi Sung-eun, actriz que está excelente, sin desmerecer por ello el trabajo del resto. Esta chica habla sin palabras con una facilidad pasmosa. Un trabajo delicado y eficaz.

Como podréis deducir, la película me gustó mucho. Me pareció, en su sencillez, estará hecha con cuatro perras, muy potente, tanto en sus valores cinematográficos como en su mensaje. Y creo que debería ser de obligada visualización entre todos los aficionados al pop surcoreano, y en general a la industria del entretenimiento de masas. Pero dudo que llegue a nuestras carteleras o a las plataformas habituales de contenidos en internet. Es lo que hay. Cogeros en las próximas semanas o meses un avión de Etihad, y aprovechad para verla.

Valoración

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ****

[Libro] Biblioteca pública – Ali Smith

Literatura

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta pueden verse, desprovistas de texto, en fotos en serie. La escritora de hoy es escocesa y, aunque no sea de Glasgow, por esa ciudad pasearemos fotográficamente.

Ali Smith es una escritora escocesa que me gustó mucho cuando empecé a leer su tetralogía estacional, de la que tengo pendientes de lectura los dos últimos libros. En cualquier caso, aquí nos encontramos con unos cuantos relatos cortos. Todos con un hilo en común; lo libros, la lectura y la biblioteca. No me extenderé mucho porque en este sábado víspera del Pilar estoy tremendamente liado. Pero tengo tantos libros pendientes de comentario, probablemente hasta principios de diciembre a un ritmo de un comentario a la semana, que no quiero dejar pasar la oportunidad.

Ya he dicho que Smith es escocesa. Y puedo deducir de lo que he leído de ella que no es precisamente una fan de los gobiernos conservadores que predominaron en el Reino Unido durante los 2010. Bueno, si yo fuera escocés… Imagina, en 2014 evitaron que los escoceses votaran la independencia del Reino Unido en referéndum advirtiéndoles que si se independizaban saldrían de la Unión Europea. Y menos de dos años después impulsaban un referéndum para la salida de todo el Reino Unido de la Unión Europea. Imagínate por un momento que eres escocés… Pues eso. El cinismo de los políticos no tiene límites. En cualquier caso, en este libro, Smith denuncia el declive y el cierre de muchas bibliotecas públicas, de ámbito municipal en la mayor parte de los casos, a lo largo y ancho de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Esta es la motivación del libro.

¿Cómo lo hace? ¿Cómo lo plantea? Alternando testimonios de personas vinculadas a las bibliotecas públicas, sean bibliotecarios, escritores, lectores diversos, en los que se ponen de manifiesto los valores comunitarios, culturales y de encuentro que estas instituciones tradicionalmente han tenido, con relatos cortos de ficción en los que el amor a las letras, a los libros, o a las bibliotecas son el motivo principal que mueve el desarrollo del relato. Estos son muy diversos y no voy a entrar a detallarlos ahora. Pero en general están muy bien. Su diversidad, tanto en los planteamientos como en los desarrollos hace que haya cierta irregularidad, pero son interesantes e invitan a pensar, algo muy importante en cualquier texto literario, pero especialmente en el relato corto, como tesis planteada en pequeño formato y que suele llevar acompañada una idea fuerte, definida y muchas veces rompedora.

Quizá no esté al mismo nivel que las dos novelas que he leído de la autora, pero el fin me parece noble, y los medios adoptados adecuados. Me parece un libro bastante recomendable, que se lee bien. Y deprisa,… si así lo deseas. Pero con los relatos cortos, siempre he sido partidario de la fórmula «lee uno al día, y piénsalo y digiérelo antes de merendarte el siguiente». Y así lo hice. Y espero que, aunque hoy en día voy rara vez a una biblioteca, nunca desaparezcan estas instituciones. En épocas de mi vida fueron puntales importantes en el mantenimiento de mi actividad lectora.

[TV] Cosas de series; algunas series de anime de la temporada de verano

Televisión

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Fotos en serie. Los temas de alguna de las series invitan a ilustrar la entrada con fotografías muy recientes, de este lunes pasado, realizadas en el gran santuario de Izumo, en Japón.

Con el final de septiembre y el principio de octubre han ido cerrándose las temporadas de animación japonesa. Tanto aquellas que tienen una duración normal de entre 10 y 13 episodios, y que duran un trimestre, como las que se alargan hasta los 24-26 episodios y que venían emitiéndose desde la primavera. Hay algunas que he ido viendo durante este periodo que merecen un comentario. Así que vamos con ello.

Una de las sagas literarias que más adaptaciones ha recibido a televisión probablemente sea Anne of Green Gables, en castellano Ana de las Tejas Verdes. Pero aunque he visto comenzar alguna de estas adaptaciones, creo que nunca había visto terminar la historia nunca. Porque me empalaga mucho. Obviamente, son un conjunto de novelas que van desarrollando la vida de una joven huérfana canadiense en el cambio de siglo entre el XIX y el XX y en las primeras décadas del XX, y destinado a un público lector predominantemente femenino. Y aunque hay quienes han querido ver elementos de reivindicación feminista en el personaje, en realidad destila grandes dosis de nostalgia conservadora por un pasado agrícola y bucólico frente al ímpetu de la revolución industrial y la modernidad. La «bondad» extrema de todos los que aparecen me parece falsa, empalagosa e inverosímil. Pero en Japón, por motivos que ahora no vienen al caso, es un personaje popular, y de vez en cuando se adapta al medio televisivo. Como ha sucedido con la emisión en los últimos seis meses del anime Anne Shirley. No nos engañemos; mi opinión sobre el personaje y la historia no se ha modificado en gran cosa. Pero la serie está hecha con gracia, no es de extrañar que sea de las mejores valoradas por el público y la crítica. Adaptando momentos puntuales, los más significativos, de la historia global que abarca varios libros, consigue un buen ritmo narrativo sin que las elipses temporales despisten demasiado al espectador. Y por eso, al final, por primera vez, me he enterado del conjunto de la historia… o por lo menos de lo esencial. Por la autora, Lucy Maud Montgomery, estiró el personaje durante toda su vida, la del personaje y la de ella, al estilo de las «trilogías» de siete libros/películas actuales para «ordeñar» las gallinas de los huevos de oro…

Otra serie que ha abarcado dos trimestres, el de primavera y el de verano, es Kijin Gentōshō [鬼人幻燈抄, algo así como escenas de la vida de un hombre-demonio], que en en inglés/castellano se suele ver titualdo como Sword of the Demon Hunter: Kijin Gentōshō/Kijin Gentōshō: Cazador de Demonios. Es la historia de un joven que, en los últimos años del periodo Edo, tras una batalla con demonios [oni 鬼] para proteger a una sacerdotisa muy especial para él y para el pueblo donde viven, se convierte en medio hombre medio demonio. Pero en lugar de dejarse llevar por su lado demoniaco, dedica sus poderes a defender a otros seres humanos de los oni. Su privilegio y su maldición, es inmortal y no cambia, por lo que aquellos a los que conoce y ama irán envejeciendo y muriendo, mientras el permanece. A pesar de su lado fantástico y sus escenas de acción, tiene un tono muchas veces poético, y constantemente reflexiona sobre el significado de la familia y la amistad, del poder intrínseco de las relaciones humanas. Por lo que acabó enganchándome, por sus diversos, excéntrico y entrañables personajes secundarios, que acompañan al héroe. La mayor parte de la acción transcurre en las primeras décadas de la era Meiji, pero con flashbacks al pasado, y algún flashforward al presente actual. Es adaptación de una serie de novelas ligeras.

No sé muy bien qué me hizo empezar con Seishun Buta Yarō wa Santa Claus no Yume wo Minai [青春ブタ野郎はサンタクロースの夢を見ない, los sinvergüenzas no sueñan con Santa Claus]. Normalmente, no veo temporadas que son secuelas directas o segundas temporadas o sucesivas de otras ya pasadas. Pero la premisa de la serie me llamó la atención y la vi. Al final, he visto esta serie sin ver la original, pero viendo dos de los largometrajes que la precedieron y que me ayudaron a centrarme, este y este. La cuestión es que estamos en un universo en el que los adolescentes y jóvenes pueden ser sufrir un síndrome que les produce alteraciones como dejar de ser vistos por los demás, o sufrir heridas espontáneas, o viajar a otros universos paralelos donde sus alter ego, viven vidas distintas. Si en las series y películas anteriores (hay tres largometrajes y la serie original), el protagonista está en el instituto, ahora lo cogemos en la universidad, novio de una actriz y modelo de fama, y que, a pesar de su antigua fama de «sinvergüenza», sigue empeñado en ayudar a la gente que le rodea. En esta ocasión, una joven que se pasea vestida de Santa Claus, sin que nadie la vea salvo él. Y con una serie de premoniciones que hablan del riesgo de un ataque contra su novia. La cosa es que al final le cogí el tranquillo, y es otra de esas series japoneses que bajo su apariencia de drama de instituto con toques fantásticos, se dedica a hablar de los problemas de la adolescencia y la juventud que afectan a la salud mental de las personas en estas edades. Y está muy bien valorada por crítica y público, y es que a mí también me parece que está muy bien.

Y finalmente una serie que me ha parecido absolutamente encantadora, a pesar de que pasen muy muy muy poquitas cosas. Se trata de Ame to kimi to [雨と君と, contigo y la lluvia]. Basado en un manga, la protagonista es una joven escritora… en sus treinta y pocos diría yo. Que vive sola. Aunque tiene amigos y sociabiliza bien con sus vecinos y otras gentes con los que se encuentra, es introvertida y pasa tiempo sola en su casa, trabajando. Un día se encuentra un animal, que semeja un tanuki, aunque el bicho, que se comunica con un cuaderno y escribiendo, dice que es un perro, y se lo queda. El bicho es al contrario que se ama, extrovertido y causa de vez en cuando pequeños desastres, sin mucha consecuencia. El caso es que se genera una divertida interacción, mientras que por el camino la vida de la escritora se va ampliando con nuevos encuentros y con nuevos proyectos que, aun con dudas, abraza y sale adelante. De alguna forma, el «perro» es el reactivo que le permite avanzar en su vida. Una serie en la que pasan pocas cosas… aparentemente. Unos recuentos de la vida que son entrañables, a ratos poéticos, buenrollistas, y que te dejan muy buen sabor de boca. Yo acabé enamorado de la joven escritora. Qué queréis que os diga. Es la serie más adulta de las cuatro, aunque es tolerada para todos los públicos. Adulta por sus temas, no por sus truculencias. Y es de las que demuestran que la sencillez en los planteamientos no está reñida con la calidad y la profundidad de los temas.

[Viajes] Resumen del cuarto viaje a Japón

Viajes

Las series de fotografías que ilustran esta entradas de este Cuaderno de ruta están comentadas desde el punto de vista de la técnica fotográfica en Carlos en plata. Comentario técnico de las fotografías digitales realizadas durante el viaje a Japón entre el 30 de septiembre y el 7 de octubre de 2025.

Hasta hace poco más de dos meses, ni se nos había pasado por la cabeza que este año viajaríamos a Japón. Hicimos el tercer viaje al País del Sol Naciente el año pasado y, aunque dábamos por hecho que volveríamos, salvo imponderables que lo impidieran, no tan pronto. Pero el fiasco del viaje a China que no se produjo, y los cambios que en su vida laboral está realizando una de mis compañeras de viaje habitual nos empujaron a la posibilidad de hacer un viaje más corto de lo habitual a estas latitudes. No entraré en detalles de las causas y razones.

La cuestión es que el martes 30 de septiembre llegábamos a Okayama, ciudad relativamente populosa, a medio camino entre Osaka e Hiroshima. Estos dos ciudades ya las conocíamos. Mi compañera tenía asuntos de negocios en Osaka… pero a mí no me apetecía meterme en esa ciudad. Muy animada y entretenida para tomarse unos chismes al atardecer y por la noche… pero menos atractiva que otras. Por ello, Okayama cuatro noches de hotel y Matsue otras tres.

La elección de Okayama como primera ciudad base fue determinada por dos motivos. El tren de alta velocidad, al menos los Nozomi y los Sakura, van de una ciudad a otra en tres cuartos de hora aproximadamente, por lo que era una ciudad conveniente para mi compañera de viaje. Claro… para ella, más conveniente era Osaka. Pero ya hemos dicho que no apetecía en exceso y, además, los alojamientos son peores a igual precio, especialmente por el hecho de que todavía está en marcha, hasta el 13 de octubre, una Exposición Mundial, es decir, del mismo rango que la de Sevilla en 1992, no como la de Zaragoza de 2008, que fue de tipo Exposición Especializada. O sea… que mogollón de gente, follón en todos los sitios, etcétera. Okayama fue. Porque además, permitía el acceso a algunos lugares interesantes.

Nos hemos movido fundamentalmente en tren, como es habitual en el País del Sol Naciente, armados de nuestras tarjetas Suica, tarjetas de prepago integradas en la cartera del móvil, que permite el acceso a los trenes locales y regionales, y a la mayor parte de los autobuses urbanos e interubanos. Desde Okayama, además de esta ciudad, visitamos un par de santuarios sintoístas en torno a Kibitsu, el área histórica Bikan de Kurashiki, y Naoshima, una isla del mar de Seto en la que en las últimas décadas se ha desarrollado como principal atractivo una red de museos de arte moderno y contemporáneo, con edificios diseñados por el arquitecto Tadao Andō. Todo más o menos dentro del área metropolitana de influencia de Okayama.

Esta ciudad nos desencantó un poquito. Sus principales atractivos es el castillo y el jardín Korakuen. El castillo es reconstruido, no es el original, y, aunque vistoso, no tiene el mismo carisma que los pocos castillos originales que quedan, 12 en todos el país, aunque alguno de los reconstruidos lo está con más gracia que este. En su interior me refiero. El jardín Korakuen se considera uno de los tres mejores de Japón. Otro de los tres mejores es Kenrokuen en Kanazawa, que visitamos en mayo del año pasado. Pero será porque la época no es la más adecuada, o porque la luz, muy dura ese día, no lo favorecía, comparado con el de Kanazawa, u otros menos considerados que hemos visitado, no nos llamó tanto la atención. Kurashiki y Naoshima sí que respondieron a nuestras expectativas. Naoshima ya nos la habíamos planteado en el viaje de 2019, aunque al final no nos vino bien. Y lo que superó nuestras expectativas fueron los santuarios de Kibitsuhiko y de Kibitsu. Magníficos santuarios sintoístas donde paseamos sin ningún agobio, coincidiendo con un pequeño puñado de visitantes, no más de una docena en cada uno de ellos.

Luego atravesamos la región de Chugoku desde el sur próximo a la costa del mar interior de Seto para dirigirnos a Matsue, en el norte próximo a la costa del mar de Japón. El año pasado, ambos habíamos leído el cuarto quinteto de novelas cortas de la nipocanadiense Aki Shimazaki, que transcurría en su mayor parte entre Matsue y la próxima ciudad de Yonago, salvo una de ellas en Tokio. Y hace pocos meses un episodio de una serie de anime transcurría en la zona… y decidimos investigar. Además de Matsue, visitamos Iwami Ginzan, minas de plata ya sin actividad y el área de preservación histórica próxima, patrimonio de la humanidad según la Unesco, así como el Izumo Taisha, uno de los santuarios sintoístas más antiguos del país, vinculado a los mitos fundacionales del país.

El castillo de Matsue sí que nos gustó mucho, es uno de los 12 originales y, a pesar de la lluvia y la humedad del ambiente cuando lo visitamos, disfrutamos de su visita. También, próxima al castillo, hay un área de preservación histórica, con edificios de la época Edo y la era Meiji. Visitamos la casa de un samurái. Disfrutamos de una cerveza artesanal, bastante buena, dimos un paseo por una feria dedicada al sake… Muy bien. Iwami Ginzan y su paisaje cultural también nos gustaron. La visita a la mina es cortita y no tiene mucha historia, aunque está muy bien pasear por el denso bosque que la rodea e ir encontrando las bocas de otros pozos que están marcados por el paisaje. Pero el área de preservación histórica y cultural, el antiguo asentamiento minero de Omori Ginzan, también nos gustó mucho. Como lo hizo el gran santuario Izumo. Taisha 大社 es un santuario de cierta importancia, frente a jinja 神社 que es la denominación habitual para el resto de los santuarios sintoístas. Se dice que es el más antiguo de Japón. Más que el de Ise, otro taisha, que visitamos en 2019. Al igual que el de Ise, se reconstruye periódicamente. Es decir, el santuario tiene una continuidad de siglos, de más de un milenio, ya que se menciona en textos del siglo VIII, y se atribuye su fundación a la propia Amaterasu Omikami, diosa del Sol, y supuesta antepasada hasta la promulgación de la constitución actual del país de todos los emperadores del Japón. En fin… que, en la práctica, todo bien, oye.