[Cine] Under the Silver Lake (2018)

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Under the Silver Lake (2018; 01/20190103)

Primer película del año en la gran pantalla. Cuando llegó a las carteleras españolas esta película dirigida por el norteamericano David Robert Mitchell, nos quedamos sorprendidos por la tremenda diversidad en las opiniones. Entre quienes la consideraban una obra maestra y quienes pensaban que era una película confusa y absurda que no llevaba a ninguna parte. Estas divergencias se reflejaban en diversos sitios que agregan la opinión de distintos críticos, o entre el público votante en IMDb, por ejemplo. Aunque estos últimos no son muy fiables que digamos. Una transmisión de opinión menos “autorizada”, pero probablemente más fiable, es decir unos buenos amigos, nos recomendaron verla vivamente y fuimos.

Recorrer la ciudad de un lado a otro,… en definitiva, eso es lo que hace el protagonista de la película de hoy. Como yo en ocasiones, con mi cámara de fotos, buscando la luz adecuada.

Lo primero que me sorprende es que algunos digan que no la entienden. La película se explica perfectamente a sí mismo. Un “nini“, Sam (Andrew Garfield), un apático con la vida, pero más salido que un conejo, se lanza en una búsqueda detectivesca, remedo del género negro con detectives privados como protagonistas, para localizar a su guapa vecina desaparecida, Sarah (Riley Keough). A partir de ahí, recorreremos con él Los Ángeles, Hollywood más bien, moviéndonos entre una peculiar fauna, que si hemos leído y visto el suficiente cine en esta vida, nos resultará extrañamente familiar.

Porque la película de Mitchell se mueve en dos planos simultáneamente. Por un lado, lo que mueve a Sam, lo que hace que se lance en una búsqueda de no sabemos muy bien qué. Lo que sea que represente Sarah para él, algo que quedará desvelado, claro y diáfano en su debido momento. Por otro lado, la película es un constante diálogo con la mitología moderna que rodea Hollywood y la ciudad de Los Ángeles, que ya en La La Land se planteaba como la ciudad de los sueños, donde todo es posible. Y en esa mitología, generada en torno al cine y la literatura del siglo XX, pero también a la crónica de sucesos, encontraremos referencias a un sin número de situaciones. Asesinatos, desapariciones, sectas, gente guapa, hippies, drogas, música, más gente guapa,… y un “detective”, improvisado, que ha de navegar entre ellos, para resolver sus misterios.

En su conjunto, no deja de ser un proceso de superación de un duelo, de la pérdida del ser querido, y no quiero entrar en estos momentos en destripar las circunstancias y la naturaleza del ser querido. Pero todo ello está bien llevado por el buen hacer de su protagonista, rodeado de un reparto tremendamente variado y coral, cuya labor de conjunto es eficaz, aunque sea difícil evaluar las intervenciones individuales. Aunque sale mucha gente guapa; todas las chicas y las señoras salen muy guapas. Lo cual no deja de ser otro guiño a la mitología del lugar. Lolitas, mujeres fatales, hippies destalentadas, aspirantes a actriz que acaban en una agencia de chicas de compañía, cantantes,…

Rodada con un buen oficio lleno de referencias a otros maestros, la puesta en escena es un disfrute para el aficionado al cine. Y la continua referencia a otras obras, tanto cinematográficas como musicales o literarias, hace que incluso uno se pueda plantear un segundo visionado para identificarlas. Quizá cuando salga en vídeo. Incluso cuando la trama bordea con el absurdo, yo la he encontrado muy recomendable. E incluso el paso del tiempo, ha mejorado el recuerdo que me dejó al salir de la sala de cine. Así que ya veis; de la polarización que produce esta película entre quienes la ven, yo soy de los entusiastas. Y seguimos pasando olímpicamente de las película que compiten en la temporada de premios. De verdad, que no me voy a tragar hagiografía alguna de Queen y Mercury, por muchos premios que les den. Que los histriones nunca fueron santo de mi devoción.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: ****

[Cine] Silencio (2016)

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Silencio (Silence, 2016; 022017-0901)

Siempre me da miedo el ir a ver una película de Martin Scorsese. Siendo uno de los maestros del cine desde hace varias décadas, siendo un señor que me cae muy bien y con el que he disfrutado mucho leyendo alguno de sus libros, por algún motivo, sus películas, no importa lo bien hechas que estén, no me suelen llegar. Por algún motivo, no estamos en la misma honda. Existen películas suyas que me parecen maravillosas desde luego. Por no necesariamente disfruto de su cine por sistema. A esto hay que añadir que el tema religioso me da mucho miedo… Hay muy muy muy muy pocas películas que hablen sobre la creencias religiosas que me hayan llegado. Y encima, los horarios de las sesiones en versión original eran tan malos e inconvenientes, que acabamos acudiendo a la versión doblada. Que de verdad, no os podéis imaginar hasta que punto el doblaje de las película es una calamidad…

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Por supuesto, fotográficamente nos vamos a Japón… en el que las mezcla de creencias es considerable y uno cree apreciar que entran más en el ámbito de las supersticiones que en el de los credos organizados.

Pero bueno. Es obligatorio ir a ver las películas de Scorsese. En este caso, estamos hablando de la segunda adaptación que se realiza para la gran pantalla de una novela del mismo título de Shusaku Endō. En ella, se nos cuenta las peripecias de dos jesuitas portugueses, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garrpe (Adam Driver) a finales de la década de 1630 e inicios de la de 1640, cuando se dirigen a Japón desde Macao con el fin de conocer el paradero y situación de otro jesuita que les precedió, Ferreira (Liam Neeson), este último una figura histórica. También buscarán apoyar a las comunidades cristianas clandestinas en la abrupta costa de la región de Nagasaki. Y tendrán que evitar a los inquisidores del samurai Inoue (Issei Ogata).

La película tiene tres partes claras, la llegada de los jesuitas a Japón, su interacción con los campesinos y pescadores cristianos y, finalmente, el tira y afloja de Rodrigues e Inoue, representado muchas veces por su intérprete (Tadanobu Asano), cuando el samurai busca conseguir la apostasía de Rodrigues. El ritmo del filme es pausado, de acuerdo a la naturaleza reflexiva del mismo, representada en las dudas de Rodrigues. Es no es malo en sí mismo. Lo que si sucede es que a partir de determinado momento, la película entra en una situación repetitiva, recreándose en los tiras y aflojas entre los principales oponentes mediados por las escenas de tortura a los campesinos cristianos. Se llega a hacer pesada, sin que realmente se aporte nada a expuesto.

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La película, con su mensaje, nos desconcertó. Durante buena parte del metraje, el mencionado tira y afloja entre las dos posturas irreconciliables, es llevada con cierta ecuanimidad. Es cierto que las escenas de torturas reiteradas pueden condicionar al espectador poco informado en contra de los argumentos de los japoneses. Pero hemos de  recordar al respecto, si quieres mantener la ecuanimidad ante lo que ves, que hay una serie de hechos históricos que ponen en perspectiva la situación. Los repasaremos:

La motivación principal de Japón para oponerse al cristianismo viene dada de dos aspectos. Mientras que sus religiones propias, la tradicional sintoísta y la importada budista, no se oponen unas a otras y conviven de forma sincrética, el cristianismo y especialmente su versión católica es exclusivista. No admite sincretismo alguno con otros credos. Aunque este exista. Siempre he pensado que el catolicismo español es un politeísmo camuflado, que probablemente esté en su origen relacionado con las religiones politeístas indoeuropeas. Aunque formalmente un solo dios, las devociones a la virgen o a los santos han sido practicadas de forma confusa por muchas gentes iletradas a lo largo de los siglos como un politeísmo encubierto. Por otro lado, los japoneses ya habían constatado una cosa. Una vez introducida la religión católica en un país, a continuación llegaba la dominación económica y política… Por lo tanto, esta religión extranjera fue rechazada por motivos básicamente políticos.

Eso mismo estaba sucediendo en Europa. Tras una Edad Media de uniformidad religiosa en Europa, la llega de la Edad Moderna trajo la reforma protestante que surgió en paralelo a los principios de la formación de los estados modernos, que se culminaría más tarde tras la ilustración. Inglaterra había conformado su credo anglicano para potenciar su independencia política. La Monarquía Hispánica, en esos momentos un mismo rey de la casa de los Habsburgo o Austrias como se les llamaba en la península, reunía bajo su corona todos los reinos hispánicos y varias posesiones por el resto de Europa. Y el denominador común de los mismos era su férrea defensa de la fe católica. En los principados del Sacro Imperio, se va a estar en guerra durante 30 años, y una de las causas de alineamiento entre los estados involucrados va a ser el mantenerse fieles a la ortodoxia católica u optar por hacer oficial en los mismos una forma alternativa derivada de las reformas protestantes. En Francia, Enrique IV, el rey para el que París bien vale una misa, había promulgado el Edicto de Nantes por el que permitía cierta permisividad ante el calvinismo, aunque con el catolicismo como religión dominante. Pero en 1630 ya estaba en cuestión su eficacia, recordad las aventuras de los Tres Mosqueteros, y acabaría con el Edicto de Fontainebleau, promulgado por Luis XIV unas décadas más tarde.

Las actividades inquisitoriales eran tradicionales en la Iglesia Católica y fueron acogidas también con cierto entusiasmo en algunos principados protestantes. Durante la Edad Media se formaron diversos cuerpos inquisitoriales para la represión de las herejías. Algunas de ellas mucho más sangrientas que cualquier persecución que haya sufrido la Iglesia Católica, como la de los cátaros en el sur de Francia. En los reinos hispánicos funcionaba la Santa Inquisición. Calvino se empleaba con saña en churruscar disidentes religiosos en Ginebra. Y en muchos países de Europa, e incluso al otro lado del Atlántico, se produjo el curioso y cruel fenómeno de la caza de brujas en el que murieron miles de personas víctimas de la intolerancia, fundamentalmente mujeres.

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Como vemos, la actitud nipona no se desviaba gran cosa de lo que la civilizada Europa estaba haciendo incluso a una escala muy superior. Por lo tanto, el cargar las tintas en el tema de la tortura me parece que sin apartarse de la verdad, sí que da una visión exagerada del fenómeno e introduce una carga tendenciosa. Por lo tanto, lo realmente importante podría ser el debate entre los protagonistas. Especialmente ante la ausencia de ese Dios, que con su silencio provoca las dudas del protagonista. Rodrigues no identifica a Dios en ninguna parte. La crisis de fe es un hecho plausible.

Sin embargo, la escena final y las dedicatorias de Scorsese rompen la ecuanimidad del debate y la reflexión del espectador, tomando partido y convirtiendo la película de repente en un producto de propaganda, no muy distinto de ciertos péplums de los años 50. Así lo veo yo, y me defrauda.

La película, por supuesto, está excelentemente realizada en los aspectos técnicos, con una excelente cinematografía. Pero nadie ha negado nunca el oficio a Scorsese y los equipos que forma para realizar sus películas. Las interpretaciones las suponemos correctas, aunque el nefasto doblaje nos impide apreciarlas. Especialmente en su protagonista. Aprecio más las interpretaciones de los actores nipones. No los doblan, y los escuchamos en su natural ser. Y lo hacen realmente bien.

Globalmente, no he quedado satisfecho con este filme, que me parecía una buena ocasión para retomar el material de origen, y darle una vuelta adaptada al siglo XXI. Pero no es allí donde desde mi punto de vista ha llegado Scorsese que, a sus 74 años, más parece que viendo su vida ya bastante avanzada, quiera ponerse a buenas con su dios. Que dándole una vuelta a algo que dijo una vez Richard Dawkins, no sería más que uno más a parte de los “ocho millones” que tiene el panteón sintoísta nipón, o de los muchos y permanentemente enfrentados que se reparten a lo la largo y ancho del planeta. Eso sí me parece un buen motivo de reflexión.

Para que quede claro,… aborrezco de todas las confesiones religiosas, japonesas, españolas, germánicas, indias, itálicas, hebreas, árabes, o de donde sea, que en cualquier momento de la historia hayan usado la violencia para imponerse. Aborrezco la violencia en cualquiera de sus formas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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