[Cine] Silencio (2016)

Cine

Silencio (Silence, 2016; 022017-0901)

Siempre me da miedo el ir a ver una película de Martin Scorsese. Siendo uno de los maestros del cine desde hace varias décadas, siendo un señor que me cae muy bien y con el que he disfrutado mucho leyendo alguno de sus libros, por algún motivo, sus películas, no importa lo bien hechas que estén, no me suelen llegar. Por algún motivo, no estamos en la misma honda. Existen películas suyas que me parecen maravillosas desde luego. Por no necesariamente disfruto de su cine por sistema. A esto hay que añadir que el tema religioso me da mucho miedo… Hay muy muy muy muy pocas películas que hablen sobre la creencias religiosas que me hayan llegado. Y encima, los horarios de las sesiones en versión original eran tan malos e inconvenientes, que acabamos acudiendo a la versión doblada. Que de verdad, no os podéis imaginar hasta que punto el doblaje de las película es una calamidad…

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Por supuesto, fotográficamente nos vamos a Japón… en el que las mezcla de creencias es considerable y uno cree apreciar que entran más en el ámbito de las supersticiones que en el de los credos organizados.

Pero bueno. Es obligatorio ir a ver las películas de Scorsese. En este caso, estamos hablando de la segunda adaptación que se realiza para la gran pantalla de una novela del mismo título de Shusaku Endō. En ella, se nos cuenta las peripecias de dos jesuitas portugueses, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garrpe (Adam Driver) a finales de la década de 1630 e inicios de la de 1640, cuando se dirigen a Japón desde Macao con el fin de conocer el paradero y situación de otro jesuita que les precedió, Ferreira (Liam Neeson), este último una figura histórica. También buscarán apoyar a las comunidades cristianas clandestinas en la abrupta costa de la región de Nagasaki. Y tendrán que evitar a los inquisidores del samurai Inoue (Issei Ogata).

La película tiene tres partes claras, la llegada de los jesuitas a Japón, su interacción con los campesinos y pescadores cristianos y, finalmente, el tira y afloja de Rodrigues e Inoue, representado muchas veces por su intérprete (Tadanobu Asano), cuando el samurai busca conseguir la apostasía de Rodrigues. El ritmo del filme es pausado, de acuerdo a la naturaleza reflexiva del mismo, representada en las dudas de Rodrigues. Es no es malo en sí mismo. Lo que si sucede es que a partir de determinado momento, la película entra en una situación repetitiva, recreándose en los tiras y aflojas entre los principales oponentes mediados por las escenas de tortura a los campesinos cristianos. Se llega a hacer pesada, sin que realmente se aporte nada a expuesto.

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La película, con su mensaje, nos desconcertó. Durante buena parte del metraje, el mencionado tira y afloja entre las dos posturas irreconciliables, es llevada con cierta ecuanimidad. Es cierto que las escenas de torturas reiteradas pueden condicionar al espectador poco informado en contra de los argumentos de los japoneses. Pero hemos de  recordar al respecto, si quieres mantener la ecuanimidad ante lo que ves, que hay una serie de hechos históricos que ponen en perspectiva la situación. Los repasaremos:

La motivación principal de Japón para oponerse al cristianismo viene dada de dos aspectos. Mientras que sus religiones propias, la tradicional sintoísta y la importada budista, no se oponen unas a otras y conviven de forma sincrética, el cristianismo y especialmente su versión católica es exclusivista. No admite sincretismo alguno con otros credos. Aunque este exista. Siempre he pensado que el catolicismo español es un politeísmo camuflado, que probablemente esté en su origen relacionado con las religiones politeístas indoeuropeas. Aunque formalmente un solo dios, las devociones a la virgen o a los santos han sido practicadas de forma confusa por muchas gentes iletradas a lo largo de los siglos como un politeísmo encubierto. Por otro lado, los japoneses ya habían constatado una cosa. Una vez introducida la religión católica en un país, a continuación llegaba la dominación económica y política… Por lo tanto, esta religión extranjera fue rechazada por motivos básicamente políticos.

Eso mismo estaba sucediendo en Europa. Tras una Edad Media de uniformidad religiosa en Europa, la llega de la Edad Moderna trajo la reforma protestante que surgió en paralelo a los principios de la formación de los estados modernos, que se culminaría más tarde tras la ilustración. Inglaterra había conformado su credo anglicano para potenciar su independencia política. La Monarquía Hispánica, en esos momentos un mismo rey de la casa de los Habsburgo o Austrias como se les llamaba en la península, reunía bajo su corona todos los reinos hispánicos y varias posesiones por el resto de Europa. Y el denominador común de los mismos era su férrea defensa de la fe católica. En los principados del Sacro Imperio, se va a estar en guerra durante 30 años, y una de las causas de alineamiento entre los estados involucrados va a ser el mantenerse fieles a la ortodoxia católica u optar por hacer oficial en los mismos una forma alternativa derivada de las reformas protestantes. En Francia, Enrique IV, el rey para el que París bien vale una misa, había promulgado el Edicto de Nantes por el que permitía cierta permisividad ante el calvinismo, aunque con el catolicismo como religión dominante. Pero en 1630 ya estaba en cuestión su eficacia, recordad las aventuras de los Tres Mosqueteros, y acabaría con el Edicto de Fontainebleau, promulgado por Luis XIV unas décadas más tarde.

Las actividades inquisitoriales eran tradicionales en la Iglesia Católica y fueron acogidas también con cierto entusiasmo en algunos principados protestantes. Durante la Edad Media se formaron diversos cuerpos inquisitoriales para la represión de las herejías. Algunas de ellas mucho más sangrientas que cualquier persecución que haya sufrido la Iglesia Católica, como la de los cátaros en el sur de Francia. En los reinos hispánicos funcionaba la Santa Inquisición. Calvino se empleaba con saña en churruscar disidentes religiosos en Ginebra. Y en muchos países de Europa, e incluso al otro lado del Atlántico, se produjo el curioso y cruel fenómeno de la caza de brujas en el que murieron miles de personas víctimas de la intolerancia, fundamentalmente mujeres.

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Como vemos, la actitud nipona no se desviaba gran cosa de lo que la civilizada Europa estaba haciendo incluso a una escala muy superior. Por lo tanto, el cargar las tintas en el tema de la tortura me parece que sin apartarse de la verdad, sí que da una visión exagerada del fenómeno e introduce una carga tendenciosa. Por lo tanto, lo realmente importante podría ser el debate entre los protagonistas. Especialmente ante la ausencia de ese Dios, que con su silencio provoca las dudas del protagonista. Rodrigues no identifica a Dios en ninguna parte. La crisis de fe es un hecho plausible.

Sin embargo, la escena final y las dedicatorias de Scorsese rompen la ecuanimidad del debate y la reflexión del espectador, tomando partido y convirtiendo la película de repente en un producto de propaganda, no muy distinto de ciertos péplums de los años 50. Así lo veo yo, y me defrauda.

La película, por supuesto, está excelentemente realizada en los aspectos técnicos, con una excelente cinematografía. Pero nadie ha negado nunca el oficio a Scorsese y los equipos que forma para realizar sus películas. Las interpretaciones las suponemos correctas, aunque el nefasto doblaje nos impide apreciarlas. Especialmente en su protagonista. Aprecio más las interpretaciones de los actores nipones. No los doblan, y los escuchamos en su natural ser. Y lo hacen realmente bien.

Globalmente, no he quedado satisfecho con este filme, que me parecía una buena ocasión para retomar el material de origen, y darle una vuelta adaptada al siglo XXI. Pero no es allí donde desde mi punto de vista ha llegado Scorsese que, a sus 74 años, más parece que viendo su vida ya bastante avanzada, quiera ponerse a buenas con su dios. Que dándole una vuelta a algo que dijo una vez Richard Dawkins, no sería más que uno más a parte de los “ocho millones” que tiene el panteón sintoísta nipón, o de los muchos y permanentemente enfrentados que se reparten a lo la largo y ancho del planeta. Eso sí me parece un buen motivo de reflexión.

Para que quede claro,… aborrezco de todas las confesiones religiosas, japonesas, españolas, germánicas, indias, itálicas, hebreas, árabes, o de donde sea, que en cualquier momento de la historia hayan usado la violencia para imponerse. Aborrezco la violencia en cualquiera de sus formas.

Valoración

  • Dirección: ***
  • Interpretación: ***
  • Valoración subjetiva: ***

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[Cine] The Wolf of Wall Street (2013)

Cine

The Wolf of Wall Street (2013), 24 de enero de 2014.

He visto esta película en su versión original en inglés, subtitulada en castellano, por lo que conservo su título original. No obstante, para aquellos que lo prefieran, en la cartelera española es posible encontrarla doblada al castellano con el título literalmente traducido, El lobo de Wall Street.

Ya he comentado en alguna ocasión las contradicciones que experimento ante la figura del director de este filme, Martin Scorsese. Nadie va a negar a estas alturas, yo no desde luego, su nivel  como autor y realizador de cine. Pero bastantes de sus películas, incluso algunas de las más celebradas, han fallado a la hora de interesarme realmente. Tal es así que, cuando estrena película, siempre estoy un poquito a la defensiva hacia la misma. Lo cual contrasta con el hecho de que es un autor cuyos libros y artículos me encanta leer. Es un señor que, en la medida en que se muestra al público, me cae estupendamente. A estas contradicciones he de sumar las que me produce Leonardo DiCaprio. Con su aspecto aniñado, es un intérprete que sufrió una sobreexposición mediática en los años 90, en los que alternó largometrajes de razonable calidad con otros francamente olvidables, y que lleva años intentando que se le tome en serio como actor versátil y de calidad. Y creo que hay elementos para considerarlo así, pero también creo que arrastra algún problema. Si a estas consideraciones sobre su director y actor protagonista, añadimos las tres horas de metraje anunciadas, he de reconocer que nos acercamos a la película con cierta aprensión.

La película nos cuenta la historia de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), un agente de bolsa neoyorquino que en los años 90 se hizo multimillonario a partir de un negocio de carácter oscuro que básicamente estafaba a la gente sobre las expectivas que despertaba en los productos financieros que les vendía. Con un grupo de colaboradores de similar catadura moral entre los que destacaba Donnie Azoff (Jonah Hill), y habiéndose casado en segundas nupcias con una supermodelo, paradigma de la esposa florero, que en la película recibe el nombre de Naomi Lapaglia (Margot Robbie) (en la vida real se trataba de la modelo Nadine Caridi), vive en medio del exceso, con fiestas continuadas, una afición desmedida al alcohol, el sexo y las drogas “recreativas”, hasta que un agente del FBI, en la película Patrick Denham (Kyle Chandler), pone su objetivo en su derribo.

El toro de Wall Street,... que no está en Wall Street

El símbolo de Wall Street parece más un “toro” que un “lobo”… aunque además, no está en Wall Street. Da igual. A los chinos, les encanta.

La película está basada en el libro que escribió el propio Belfort con el mismo título, y desconozco en qué medida describe con precisión la realidad de los hechos que sucedieron.Ya sabemos que muchos de los personajes son ficticios, aunque basados en los reales. Entiendo que al menos deja planteados correctamente los mecanismos de corrupción y estafa a los que recurrieron Belfort y sus secuaces. Sin embargo, hay elementos confusos en el mensaje que se nos quiere transmitir. El primero de ellos viene del hecho de que parece que es una adaptación autorizada del libro del estafador, por el que cobrará los correspondientes derechos. Un individuo que todavía no ha restituido el dinero que estafó a sus incautos clientes. Quizá un acercamiento más independiente a la historia, libre de las influencias de su instigador hubiese merecido la pena. Por otro lado, hay un hecho claro,… en muchos momentos del filme se ofrece una visión humorística y hasta simpática de los excesos y los desmanes del protagonista, que por momentos se convierte en una especie de “héroe”. Lo cual me produce algunas molestias. Cierto es que en una demostración de que la justicia nunca es igual para todos, esta historia es una demostración más de que el que parte de una situación de riqueza o poder tiene más probabilidades para salir de rositas a pesar de sus delitos.

La película es larga. Muy larga. Demasiado larga. Y el recurso al narrador externo, en este caso el propio protagonista narrando su propia historia, no siempre funciona bien, y en mi caso suele funcionar peor que con la mayoría de la gente. Es un recurso que en pocas ocasiones llevo bien. Bien es cierto que la película tiene momentos de gran cine, propios del oficio y saber del director. Pero me pasa lo que en bastantes de los filmes de Scorsese; en su conjunto no termina de funcionar bien para mí, y llega un momento en que me cansa. Y empiezo a mirar el reloj.

Wall Street

De todo lo que vi en Nueva York, probablemente Wall Street fue uno de los lugares más decepcionantes.

En lo que se refiere a la interpretación… estamos ante una continua exposición al personaje protagonista, que DiCaprio interpreta bien. Pero sigue siendo difícil diferenciar a este DiCaprio del que vimos haciendo de Gatsby o de J.Edgar o de Candie en otros filmes… Aunque con el tiempo ha mostrado que es capaz de muy buenas interpretaciones, sigue teniendo una serie de modos, de tics, que hacen que veamos más al actor que al personaje que interpreta. Eso es que, desde mi punto de vista, le falta algo para ser el intérprete excelente al que aspira. Entre los secundarios destaca la breve pero jugosa aparición de Matthew McConaughey, así como el buen acompañamiento de Hill. La chica muestra maneras de ser algo más que una mujer estupenda, de hecho realmente guapa tirando a espectacular; pero limitada por la propia naturaleza del papel.

Como resumen he de decir que estamos ante una película que está bien, y que seguramente gustará mucho a los incondicionales tanto del director como del actor. Pero yo no lo soy. Y simplemente opino que está bien. El tema de la ética en los negocios financieros, en lo que pasa en Wall Street ha estado mejor tratada en otros filmes, pareciéndome como ya he dicho confuso el mensaje sobre el personaje de esta que nos ocupa ahora. Como ya he mencionado, un acercamiento un poco más sobrio, más dirigido y más independiente al personaje me hubiera parecido de agradecer.

Valoración

  • Dirección: **** Scorsese es un maestro, aunque no siempre me convence lo que me cuenta.
  • Interpretación: *** Buenos intérpretes; no geniales, pero buenos.
  • Valoración subjetiva: ***  Imposible suspender esta pelícual; bajo ningún concepto. Pero también le encuentro pegas suficientes para hacerla pasar del punto medio.
Wall Street

Un lugar feo, lleno de gente poco interesante,… pero que dan mucho por el saco al mundo…

[CineTren / CineFoto] Una de Scorsese que hay que ver, y una en la que se puede ver a la guapa de Karen Gillan,… y poco más

Cine, Fotografía, Trenes

Dos adiciones a mis colecciones de Cine y fotografía y Cine y ferrocarril.

La invención de Hugo (2011) en CineTren

La reseña de la película, que me gustó mucho, la pudisteis leer hace unas semanas.

Si tenemos en cuenta que este encantador cuento de Scorsese tiene como localización principal la estación de Montparnasse en París, la antigua bonita, no la actual fea, creo que no hace falta muchas más excusas para incluirla en mi colección de películas en la historia del ferrocarril. Aunque su principal elemento temático sea un homenaje al cine como “nos gustaba” que fuese.

We’ll Take Manhattan en La fotografía en el cine

Normalmente este largometraje realizado para la BBC y dirigido por John McKay me hubiera pasado desapercibido. Probablemente, nunca lo hubiera visto. Pero me llegó por ahí la noticia de que tenía dos características que me atrajeron hacia él. La primera es que narra los comienzos del famoso fotógrafo británico David Bailey en quien está inspirado el protagonista de otra película de esta colección, y su relación con Jean Shrimpton, la que muchos consideran primera top model en el sentido moderno de la palabra. La segunda es que el personaje de Shrimpton estaba protagonizado por la guapa, simpática, y escocesa Karen Gillan, celebrada acompañante del Doctor en los últimos años. Así que a por ella.

Si uno quiere ver las fotografías que dieron lugar a la película, un reportaje en el Vogue británico en 1962, sugiero buscar en Tumblr con la etiqueta Jean Shrimpton. Todas las fotos en las que aparezca un osito de peluche en Nueva York son de aquel reportaje.

Ya que nos hemos paseado por Londres acompañando a los protagonistas de la película con tema fotográfico, pues unas fotos con temas londinenses.

Roadster en el West End

Los "roadsters" son coches muy queridos a los británicos, como este que pudimos ver cerca de Charing Cross Road hace unos años.

Teatros del West End

No menos londinenses son los teatros del West End, donde cualquier estreno es un acontecimiento.

The Stables, Camden Markets

Y este pequeño recorrido por la capital británica lo cerramos yéndonos de compras a The Stables, en Camden Markets.

[Cine] Hugo (2011)

Cine

Hugo (2011), 24 de febrero de 2012.

Esta película ha sido vista en versión original y por ello se respeta el título original de la misma. También es posible encontrarla en la cartelera española en versión doblada al castellano como La invención de Hugo, título más próximo a la novela de Brian Selznick en la que se basa, The Invention of Hugo Cabret.

Siempre he tenido sentimientos contrapuestos respecto al cine de Martin Scorsese. Veréis. En su momento leí algún libro suyo sobre cine, y me gustaron mucho. Me gustó lo que me contaba, me gustó lo que aprendí, me gustó cómo me lo contaba, y sobretodo, me gustó lo que intuí de la calidad humana del prestigiado director. Sin embargo, no me siento atraído por muchas de las películas que ha hecho. No voy a poner en cuestión aquí su categoría como uno de los directores de referencia de los últimos cincuenta años. Pero a mí, algunas de su obras, incluso de las que son consideradas como obras maestras, no consiguen engancharme. Cosas que pasan. No obstante, con los antecedentes que hemos escuchado de la película que hoy considero, acudimos con entusiasmo a verla.

La actual estación de Montparnasse es un monstruo de hormigón que ha perdido todo el encanto de las viejas estaciones parisinas. Eso sí, los trenes son los rápidos y modernos TGVs.

Nos encontramos en algún momento del período de entreguerras en París, probablemente a principio de los años 30, y el escenario principal de la acción es la imponente estación de Montparnasse, donde continuamente entran y salen los trenes con sus locomotoras de vapor, la gente va y viene y la vida bulle en sus andenes, en sus cafés, en sus tiendas. Y allí, entre pasadizos ocultos a la vista del público vive Hugo (Asa Butterfield), un huérfano que cuida de los delicados mecanismos de los relojes de la estación. Su padre (Jude Law), relojero y conservador de un museo, murió cuando este se incendió, no sin antes haber recogido de sus almacenes un autómata mecánico con intención de repararlo. El niño fue recogido por su tío Claude (Ray Winstone), un borracho que le enseñó a cuidar los relojes de la estación y luego lo abandonó. Hugo obtiene su alimento de los hurtos que realiza en las tiendas de la estación, y las piezas que necesita de la pequeña tienda de reparación de relojes de Papa George (Ben Kingsley) un viejo gruñón, que lo atrapa y le roba la libreta de su padre que le sirve de guía para reparar al autómata. Con la ayuda de Isabelle (Chloë Grace Moretz), la ahijada de Papa George, también huérfana, una ávida lectora de su edad deseosa de correr aventuras, intentarán recuperar la libreta y reparar el autómata. También tendrán que sortear la persecución del amargado inspector Gustave (Sacha Baron Cohen), policía de la estación, dañado físicamente durante la guerra mundial, y enamorado secretamente de la simpática florista de la estación, Lisette (Emily Mortimer). La historia tomará nuevos rumbos cuando descubran que Papa George es George Méliès, uno de los principales precursores del cinematografo como fabrica de narraciones y de sueños, ahora caído en el olvido, y que junto su esposa Mama Jeanne (Helen McCrory) acogió a Isabelle como a su propia hija cuando sus padre murieron.

El borrachín tío Claude aparece ahogado en los muelles del Sena, justo para amargarle la vida una vez más al bueno de Hugo.

Toda la película tiene dos objetivos claros. Por un lado, realizar un monumental homenaje a Méliès como precursor inevitable e ineludible del cine como fábrica de sueños y de aventuras, con su capacidad de alterar la realidad a modo de un prestidigitador, y sumergirnos en mundos y vidas alternativas y apasionantes. Por otro lado, reivindicar este tipo de cine, tanto como parte fundamental de la historia del medio, como dirección a seguir en un futuro para atraer a las miradas más limpias a las salas de cine. No se han escatimado medios. Con una monumental recreación infográfica de la ciudad de París y en especial de la antigua estación de Montparnasse, un rodaje en 3D, que como suele ser habitual nos llama la atención los primeros minutos pero luego pasa a un discreto segundo plano por el interés de la obra y es totalmente prescindible, con una magnífica banda sonora de Howard Shore, con una fotografía impresionante, que creo que se apreciaría mejor sin el malhadado 3D, y con el rescate de una estupenda colección de secuencias de las películas de Méliès, así como de otras figuras de las primeras épocas del cine como Harold Lloyd, Buster KeatonDouglas Fairbanks, u otros muchos que no voy a citar por no ser prolijo.

En las interpretaciones, los niños están bien. Mejor Chloë Grace Moretz, que Asa Butterfield, aunque tiene un papel más insustancial. Formidables Ben KingsleyHelen McCrory. Histriónico, aunque no mal Sacha Baron Cohen. Desaprovechada Emily Mortimer. Como lo está Christopher Lee, en su papel de librero, que alimenta el destino de la niña. O la escasa pero interesante presencia de Jude Law, como padre del chaval. En general, el reparto en su conjunto cumple con buena nota, aunque abrumado por la presencia de los escenarios y los homenajes cinéfilos.

Uno de los modernos TGVs acaba de abandonar la estación de Montparnasse, y recorre los "arrondissements" parisinos antes de salir al campo libre.

¿Qué podemos decir del conjunto del filme como resumen? Podríamos ponernos puntillosos sobre algunas consistencias en el argumento. Sobre algún fallo en el ritmo global del conjunto. Sobre la intrascendencia de algunas historias paralelas. Desde luego sobre la pertinencia de apuntarse a la moda del 3D, que hace mucho tiempo que deseo que sea una moda pasajera, por lo menos tal cual se practica hoy en día. He visto escrito sobre todo esto por ahí. Pero lo cierto es que a mí la película me enganchó y mucho. Soy de los que realmente se deja llevar por la magia del cine, por la posibilidad de vivir las vidas de otros que no somos nosotros, y hacerlo con intensidad. Es una aventura, la de los niños, dentro de otra aventura, la de los pioneros del arte cinematográfico, dentro de la aventura de homenajear esa forma de hacer cine y de proponer su perdurabilidad en el futuro. Y yo me apunto. Y además, el filme consigue emocionarme profundamente, hasta el punto de que se me humedezcan los ojos en varios momentos del largometraje. Pero con una emoción sincera y aceptada, y no forzada como hacen otros cineastas de renombre. Así que sin duda, esta película va a quedar como una de mis favoritas. Durante mucho tiempo. Ya me apetece volver a verla para rescatar muchos de los detalles que seguro que se me han perdido. U otros que no. Que alegría ver un a modo de Django Reinhardt tocando en la cafetería de la estación. Por poner un ejemplo. Qué bien. De verdad. Y los trenes, muchos trenes. Y los homenajes a algunas viejas fotografías del pasado. Y la belleza de la mecánica. Ya me callo.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: ****
  • Valoración subjetiva: *****

Hay cosas que no cambian, aunque la película la dirija Scorsese; en una película de producción norteamericana, París es una película en la que, te pongas como te pongas, desde cualquier punto de vista, siempre se ve la Torre Eiffel.