Como vengo haciendo desde hace unos años, decidí llevar en mi reciente escapada a Copenhague, y otras ciudades cercanas danesas, una cámara fotográfica para película tradicional, además del equipo digital. Como las fotografías del equipo digital, siempre en formato RAW, son por defecto en color, independientemente que luego se puedan trabajar en blanco y negro, la película fotográfica que me llevo es en blanco y negro.
Aquí os pongo una muestra de las fotos que hice. Los detalles técnicos de cómo las hice, las cosas que fueron bien y las que fueron menos bien, los podéis encontrar en Por Dinamarca con película en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super 400. La verdad es que en este viaje he quedado contento con mi pequeña Minox y los resultados que he obtenido con ella.
Nuevamente uno de los últimos y diversos rollos que expuse durante la segunda mitad del mes de agosto pensando en la #CrappyCommieCameraParty de la que os he estado hablando durante todo el verano, en la que he participado utilizando mis cámaras y objetivos fabricados en los países del antiguo bloque prosoviético durante la guerra fría. Siempre he sido más «de ópticas» que «de cámaras». Siempre me han interesado más los objetivos que los cuerpos de cámara, especialmente durante la época de la película tradicional. Los vidrios que atraviesa la luz antes de llegar a la superficie sensible influyen mucho más en la calidad final de la imagen que la cámara. Esta es importante por otras cosas. Lo segundo que influye en esta calidad es la superficie sensible, es decir, la calidad o características de la película o la calidad o características del sensor digital.
La óptica que me interesó en esta ocasión fue el minúsculo objetivo soviético Industar-50-2 50 mm f3,5. Con una fórmula óptica de cuatro lentes en tres grupos, no deja de ser una copia más de los Tessar de Carl Zeiss. El resto de cuestiones técnicas sobre las fotos las podéis encontrar en Blanco y negro con el pequeño Industar-50-2 – Canon EOS 650 e Ilford HP5 Plus 400. Pero como de costumbre en este Cuaderno de ruta, aquí me centraré en mostrar las fotos.
Tengo por costumbre, por aquello de mantener el músculo cardiaco en forma, de dar amplias caminatas los sábados por la mañana, también los domingos si puedo, por los alrededores de Zaragoza. Entre 8 y 18 kilómetros tienen mis recorridos, según el tiempo del que disponga. Y suelo llevar conmigo una cámara fotográfica por lo que pueda surgir. Pero hace un poco más de un par de semanas, no sabía muy bien qué llevar. El día prometía ser muy caluroso, y las condiciones de luz,… lo propio del verano. Dura con escenas muy contrastadas. Así que consideré la posibilidad de poner a alguna cámara con película en blanco y negro y la sensibilidad espectral extendida al infrarrojo cercano.
Todo ello un poco masoquista por mi parte,… porque fue uno de los días más calurosos de este verano, incluso saliendo de casa a las nueve de la mañana. Aunque me llevé bebida fresca en la mochila, cargar con la réflex y el trípode, y el ajetreo de montarlo y estabilizarlo en cada una de las tomas… pues volví cansado. y un poquito deshidratado. Nada grave… pero ya no me apeteció hacer nada más el resto del día. La caminata no es de las más largas, casi nueve kilómetros, entre mi casa y el barrio de Santa Isabel, no por la ruta más corta; pero si normalmente me cuesta dos horas, incluyendo el hacer alguna foto de vez en cuando, en esta ocasión fueron tres horas y media, contando que cada foto incluye todo el ajetreo del trípode, enfocar sin filtro, poner el filtro, hacer la foto usando el temporizador de la cámara, etc.
En general estoy satisfecho con los resultados. 36 fotos en el infrarrojo en una mañana son muchas fotos, por lo que no todas pueden ser interesantes, ni mucho menos. Pero me ha servido para probaralgunas ideas en las composiciones, algunas con más fortuna y otras con menos. A lo largo de la entrada os he ido dejando ejemplos. Espero que la experiencia os sea útil. Una alternativa para los días más calurosos, en los que la radiación infrarroja es más abundante. Aunque nuestros ojos no la vean nuestras cámaras, con la película adecuada, sí que la ven. Los detalles técnicos en Fotografía infrarroja en lo más tórrido del verano – Mir-1 37/2,8 con Hoya IR72.
Nunca he sabido extraer el potencial creativo, asociado a la falta de calidad intrínseca de las Holga, cámaras de plastico a medio camino entre una cámara de fotos y un juguete barato. La baja nitidez de sus lentes de plástico, la escasa capacidad de intervención sobre los parámetros de exposición, el extremo viñeteo mecánico que presentan en ocasiones los fotogramas, el riesgo constante de que entren filtraciones de luz,… o simplemente de que se «desmonte» por su precario sistema de fijación la tapa trasera que protege la película. En fin… cosas.
Pero es que en esta ocasión además metí la pata. A pesar de las escasas opciones de ajuste de los parámetros de exposición, me equivoqué en uno. En fin… lo explico todo en Nunca se me ha dado bien fotografiar con la Holga…
Como vengo haciendo desde hace unos años, decidí llevar en mi reciente semana de vacaciones en Suiza una cámara fotográfica para película tradicional, además del equipo digital. Como las fotografías del equipo digital, siempre en formato RAW, son por defecto en color, independientemente que luego se puedan trabajar en blanco y negro, la película fotográfica que me llevo es en blanco y negro.
Vistas de Berna. En el encabezado, Aareschlucht (garganta del Aar) y paso de Brünig desde el tren del Zentralbahn.Rathaus de Basilea. Vista sobre el Rin desde el Pfalz.Gran glaciar Aletsch desde el Jungfraujoch. Vista del Mittelhorn desde Grindelwald First.El Jungfraujoch Bahn pasa por Eiger Gletscher. Vista de la cara norte del Eiger desde Grindelwald First.
Aquí os pongo una muestra de las fotos que hice. Los detalles técnicos de cómo las hice, las cosas que fueron bien y las que fueron menos bien, los podéis encontrar en Suiza con película en blanco y negro – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super 400. La verdad es que en este viaje he quedado contento con mi pequeña Minox y los resultados que he obtenido con ella.
Músicos en las calles de Zermatt. Glaciar del Gornegratt.Gornegrat con el Kleine Matterhorn al fondo. El Breithorn mientras descendemos hacia Zermat por el Riffelhorn.Navegación por el lago de Lucerna y subida al monte Rigi en el ferrocarril de cremallera del Rigi Bahn.Leon herido de muerte en Lucerna. Recorrido en tren por el Oberland bernés.Lluvia y celebraciones de la fiesta nacional suiza en Gruyères.
Sip… nunca se sabe que va a pasar. A pesar de sus peculiaridades ergonómicas, me encanta usar la Zenit 3M «50º aniversario de la Revolución de Octubre» (que fue en noviembre). Pero es frecuente que tenga algún que otro incidente. Y en esta ocasión fue que me jugué casi la mitad del rollo por una rotura de la película en el rebobinado.
Estoy durante este verano en una «fiesta» fotográfica de las que se montan en las redes sociales. La gracia de esta es que para participar tienes que hacer las fotos con cámaras u objetivos fabricados en los países de la órbita soviética durante la época de la guerra fría. Que tienen unos controles de calidad… unos dicen que inexistentes, otros dicen que aleatorios… más bien poco rigurosos. Ya contaré alguna de mis peripecias en su momento.
El caso es que me hizo gracia cargar una de estas cámaras de la antigua DDR, con un objetivo de la antigua CCCP, con una película de muy baja sensibilidad, originalmente pensada para duplicar o copiar película cinematográfica, y que pertenece a una marca que también fue propia de la antigua DDR cuando la guerra fría, aunque originalmente, antes de la guerra mundial, fue parte de Agfa. Detalles técnicos del asunto en Película negativa en blanco y negro de muy baja sensibilidad – Praktica MTL5 y Lomography Fantôme 8. Como de costumbre, aquí os dejo fotos.
Hace unas semanas recibí algunos rollos de película en blanco y negro de muy baja sensibilidad. No os voy a poner aquí el tostón de explicar los detalles técnicos de este asunto. Ya tengo mi otro blog, donde los podéis leer en Película negativa en blanco y negro de muy baja sensibilidad – Leica M6 y Lomography Babylon 13. Aquí os dejaré algunas fotografías que hice paseando la ciudad y los parques de la misma con esta película, en un fin de semana en el que no siempre lució el sol.
Es algo que ha muchos les apetece. Usar un rollo de película de las «normales» de 35 mm de ancho con doble perforación… lo que todo el mundo usaba, sobre una cámara de formato medio, con el fin de obtener fotografías panorámicas. Y recientemente me agencié un adaptador para mi Hasselblad, para tener más precisión en el procedimiento.
El sábado pasado amaneció lluvioso. Y permaneció nublado, incluso después de la lluvia, durante el resto de la mañana. Eso hizo que la ciudad se sumergiera en una luz blandita, con pocos contrastes. Desde luego muy lejos de lo que se puede esperar en vísperas de la entrada del verano, en los días más largos del año y con el sol más alto que nunca sobre el horizonte.
Así lo dicen los modernos… «vintage». Que viene del francés «vin agé» o «vin d’age», vino añejo; nunca he sabido cual de las dos opciones es exactamente. Pero hoy en día se aplica a todo lo que es antiguo, aunque no sea vino, pero resulta «guay». O «cool». Porque lo que es antiguo pero no es «cool»… eso no es «vintage». Sólo es viejo. Mi objetivo Leitz Elmar 50/3,5 de 1951 será clasificado por la mayor parte de los aficionados como «vintage», porque es «cool». Al fin y al cabo es un Leitz… o Leica, para los que se me despisten.
Hace unas semanas me reencontré con Luis. No es su verdadero nombre, pero por motivos que no vienen al caso no lo voy a dar, y modificaré ligeramente sus circunstancias personales, de forma pactada con él, cuando me dio permiso para hablar un poco de su historia personal en esta entrada sobre fotografía. A Luis lo conocí cuando hice mi primer curso de fotografía. Yo había empezado a trabajar recientemente en mi «empresa» actual, tenía 29 años. Luis es más joven. Todavía estudiaba. Tendría entonces 22 o 23 años.
Luis estaba estudiando todavía, pero tenía posibles. Y se había comprado un capricho. Él mismo lo reconoce. Es un caprichoso. Sus compras, más allá de la necesidad o el interés funcional que tengan los objetos, siempre tienen un punto de capricho. Eso nos sirvió para conectar, aunque nuestra amistosa relación no duró mucho, porque se fue a trabajar y a vivir a otra ciudad. Ahora nos hemos reencontrado. Y siguiendo su tradición de persona caprichosa, se compró en su momento una de las mejores cámaras que Canon realizó para su gama de cámaras de enfoque automático para película tradicional. Y la tiene y me la ha dejado. Los detalles técnicos están en La Canon EOS 3 de Luis, con un EF 50/1,4 USM e Ilford FP4 Plus. Aquí os dejo algunas fotos.