[Libro – ficción] El señor Nakano y las mujeres

Literatura

Segundo libro que leo de la japonesa Hiromi Kawakami, después del de hace poco menos de un año. Y pasamos de un romance atípico y profundo, a una película con un tono muy diferente, aunque con temas en común con el anterior.

Este libro en japonés se titula Furudōgu Nakano shōten [古道具 中野商店]; algo así como “La tienda de artículos de segunda mano de Nakano”. O como se menciona en la traducción de Marina Bornas “La prendería Nakano”. No conocía yo la palabra “prendería“; no he frecuentado este tipo de comercios y no estoy familiarizado con las nomenclaturas de los mismos. El caso es que la prendería del señor Nakano constituye un peculiar microcosmos que nos va a dejar de la mano de la escritura de Kawakami un libro absolutamente delicioso, verdadera colección de relatos cortos, unidos por el lugar en el que se desarrollan, por la presencia directa o indirecta en todos ellos de los cuatros pobladores de este microcosmos, y por los arcos argumentales que de fondo suponen sus vidas. Cada capítulo, o relato, lleva el nombre de un objeto que tendrán un papel más o menos relevante en el episodio que se relata.

Yanaka - Tokio

Para ambientarnos en el libro de hoy, dejaremos de lado los distritos más glamurosos o turísticos de Tokio, y nos daremos un paseo por Yanaka. Más normal, pero con cierto encanto. Y donde quizá te puedas encontrar una tienda como la del señor Nakano.

Es fundamental en esta obra de ficción el diseño de los cuatro caracteres. Hitomi, la empleada joven, aún no ha cumplido los treinta años, sin ambiciones, acomodada en una vida sin pretensiones. Takeo, el asistente, almacenero y transportista, osco pero considerado, que acaba siendo el objeto de los sentimientos de Hitomi. Masayo, la hermana del dueño, encantadora, probablemente la más “normal” de los personajes, la fuerza de la razón práctica y el sentido común en este microcosmos. Y cómo no, Nakano, dueño del negocio, casado, con una o varias amantes, voluble, vivaz y motor de la acción a través de sus decisiones que transforman las vidas de quienes no tienen energía para promover su propio cambio.

Porque de fondo tenemos a unos jóvenes apáticos. Necesitados de afectos, y también de contacto físico. Pero retraídos. Incapaces de dar los pasos necesarios para avanzar en su vida. Aparentemente destinados a la soledad. Entre el humor de los chascarrillos, la tensión de los eventuales dramas y alguna tragedia, vemos pasar un período de tiempo que ha de suponer la transformación de los dos personajes más jóvenes de la historia. Aunque para ello, deba desaparecer el microcosmos en el que se han encerrado y acomodado.

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Personalmente, he disfrutado de la lectura de esta novela más que con la anterior que leí de Kawakami. Aunque aquella haya recibido mayores reconocimientos de la comunidad literaria japonesa e internacional. Por algún motivo, hay elementos del libro que hoy os propongo con los que me he identificado en mayor grado. Y si no me reconozco en ninguno de los personajes del libro, muy distintos a mí, al menos en apariencia, sí reconozco que algunas de las situaciones presentan paralelismos con algún episodio de mi vida. Eso siempre hace que una obra de ficción te toque con más intensidad la fibra sensible.

Yo lo encuentro muy recomendable. Y me ha dejado con ganas de seguir leyendo obras de esta escritora japonesa contemporánea.

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[Cine] Paterson (2016)

Cine

Paterson (2016; 662016-2112)

Entre las buenas críticas que estaba leyendo y el boca a boca que me estaba llegando, me habían entrado muchas ganas de ver esta película. Pero al mismo tiempo, no encontraba con quien ir. Que “para la semana de Navidad que tendremos fiesta”, fue una contestación habitual. El caso es que temía que con la llegada de la época festiva, la versión original de esta película fuese fulminada dado “el interés de transmitir la cultura” que “suelen” manifestar los distribuidores y exhibidores de cine en determinadas fechas. Así que me fui solo a verla. No ha desaparecido de la programación, pero su presencia se ha reducido, y se la han llevado a un horario nocturno muy inconveniente. Lo dicho. Hay que dar paso a los “taquillazos” palomiteros.

Con Jim Jarmusch al mando, un director sobre el que tengo sentimientos contrapuestos, hay cosas que me gustan mucho de él y otras me resultan bastante indigestas, y con uno de los actores de moda, Adam Driver, que lo mismo se involucra en el cine independiente, que se asoma a las series de televisión de las cadenas más prestigiosas, que se convierte en el nuevo villano en una galaxia muy, muy, muy lejana.

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En Estados Unidos sólo he visitado Nueva York… así que representaré el espíritu de las ciudades pequeñas norteamericanas con las tranquilas calles de Kingston (Canadá). Aunque tal vez no necesariamente sea tan similares sociológicamente hablando. Es un pálpito que me entra viendo los desaguisados electorales en los EE.UU.

En esta película, Driver interpreta, muy coherente con su apellido, a un conductor de autobús urbano en la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, que se llama a su vez Paterson. Casado con Laura (Golshifteh Farahani), de la que está muy enamorado, su vida transcurre en una rutina repetitiva. Se levanta pronto para ir a trabajar, desayuna, conduce su autobús, vuelve a casa, saca a pasear al feo perro familiar, se toma durante el paseo una cerveza en el bar de Doc (Barry Shabaka Henley), y vuelta a la cama. Mientras, Laura, que se queda en casa, se muestra inquieta porque quiere más. Aunque de forma poco clara. O bien se dedica a decorar la casa con múltiples motivos geométricos en blanco y negro, o le propone a su marido tener gemelos, o se dedica a hacer pastelitos para el mercadillo del sábado, o quiere aprender a tocar la guitarra para convertirse en una estrella del country. Paterson rompe la monotonía escuchando a sus viajeros, conversando con la gente con la que se encuentra, pero sobre todo, escribiendo poesía.

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La película es sencilla y compleja al mismo tiempo. Comienza un lunes a las 6:15 de la mañana, y termina al lunes siguiente a la misma hora. Y acompañamos a Paterson cada día, con una rutina que cada día va cambiando ligeramente. Y así comprendemos que detrás de la calmada rutina, de la bonhomía pacífica y solidaria de la que hace gala, algunos conflictos están larvados. Jarmusch trata al espectador con inteligencia. No cuenta mucho sobre la historia y el trasfondo de los personajes, pero nos va dejando pistas en toda la película, en los decorados, en determinados sucesos que nos hablan de los conflictos internos de los personajes, que inevitablemente afloran. Todo ello enmarcado por la ciudad de Paterson, una ciudad aparentemente anodina a poco más de 30 kilómetros de Manhattan, pero que parece encerrada en sí misma, y excelentemente retratada por el excelente aunque poco intrusivo trabajo del director de fotografía Frederick Elmes.

Y como piezas fundamentales de este mecano, las contenidas pero altamente convincentes interpretaciones de su reparto, empezando por un sobrio pero fenomenal Adam Driver, que muestra que puede estar destinado a ser uno de los grandes actores, sin necesidad de caer en el exceso que muchas veces muestran los actores masculinos más notables. Perfecta en su papel Farahani, que nos transmite esa mezcla de candidez e inquietud, capaz de enamorar o volver loco a cualquiera. Actriz iraní que merece que se le den oportunidades, alejadas de la notoriedad alcanzada por motivos políticos. Está condenada al exilio en su país por haber aparecido parcialmente desnuda en alguna publicación, acto que respondía también a una denuncia de la falta de libertades, especialmente entre las mujeres, en su país. Y no nos olvidemos de esos personajes secundarios que van apareciendo por el filme y dejando sus pequeñas perlas, aportaciones siempre interesantes. Imperdibles las conversaciones de los extraños en el autobús urbano.

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Realmente, en estas fechas del año en las que todo el mundo pretende ir de buen rollo cuando tanta gente practica el egoísmo más recalcitrante, esta película nos traslada a unos valores mucho más auténticos, ejercidos en el día a día. De alguna forma, el modesto conductor de autobús Paterson en Paterson, Nueva Jersey, se convierte en un héroe de lo cotidiano. Una propuesta de hombre sencillo y tranquilo, pero sensible y creativo, quizá un modelo a seguir, del que además te puedes montar su propia historia con los datos que el director te va dejando aquí y allí. Muy recomendable.

Valoración

  • Dirección: ****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: ****

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