[Viajes] Escapada en el día a la Comarca del Jiloca

Fotografía, Viajes

El viernes pasado me cogí un día de fiesta. Me quedan bastantes todavía de este año, y hemos entrado ya en el último tercio del año. No teniendo urgencias laborales para ese día… decidí prolongar el fin de semana. Y tras hablarlo con un viejo amigo con el que he reconectado recientemente, le propuse ir de exploración. Los campos de cultivo, la vega del río Jiloca a su paso por la comarca del Jiloca en la provincia de Teruel, hace tiempo que despierta mi curiosidad de cara a posibles fotografías de paisaje, especialmente de cara al otoño, cuando los colores sean más agradables. Pero una cosa es lo que ves al pasar con un coche o desde un punto determinado, y otra cosa es el continuo a lo largo de la comarca.

La idea me viene rondando de los dos años consecutivos que en el mes de octubre acudimos a fotografiar la flor del azafrán (y aquí, y aquí). Entonces me di cuenta que a lo largo de la cuenca del Jiloca, en las inmediaciones del curso del río, existían estas posibilidades paisajísticas. Pero antes de ir con todo el equipo, opté por explorar. Investigando rutas, encontré lo que es la Etapa 5 de la GR 160 Camino del Cid, entre Calamocha y Monreal del Campo. Esta denominación es confusa, porque también se denomina quinta etapa de la GR 160 a un tramo del sendero que discurre por la provincia de Burgos. O eso me encuentro al buscar en Google. En cualquier caso, si buscáis en Wikiloc encontraréis descripciones de la ruta que hicimos nosotros. Está razonablemente señalizada. Otra cosa es que sea el recorrido más interesante que se pueda hacer entre el punto inicial y el punto final.

Nos desplazamos hasta Calamocha en tren. Es la primera vez, que yo recuerde, que cojo el tren en la línea Zaragoza – Teruel – Valencia, cuya fama no es muy buena. Salida de Miraflores a las ocho de la mañana, con llegada a Calamocha a las diez,… más el retraso de un cuarto de hora. Lo cierto es que, en el recorrido que hicimos, el estado de la línea es correcto o bueno, y el único problema que tiene es que entre Cariñena y Calamocha, la línea es muy sinuosa y el tren no puede avanzar a gran velocidad. También que, desde que sale de su estación de partida en Miraflores hasta que enfila el valle del río Hueva en dirección sur se da una vuelta alrededor de la ciudad que le lleva un tiempo. Recorrimos caminando 22 kilómetros pasando por los núcleos de población de Calamocha, inicio del recorrido, El Poyo del Cid, Fuentes Claras, Caminreal, Torrijo del Campo y llegada a Monreal del Campo. Tan apenas nos detuvimos en los núcleos de población, salvo para comer alguna pieza de fruta y beber algo fresco, porque teníamos pensado regresar en el tren que para en Monreal del Campo cerca de las tres y media de la tarde. Nos sobraron 25 minutos,… más el retraso de un cuarto de hora.

El comienzo de la ruta, entre Calamocha y El Poyo del Cid, discurre paralelo o aprovechando una vía verde del antiguo Ferrocarril Central de Aragón en su recorrido entre Calatayud y Caminreal, donde confluía con la línea que venía de Zaragoza y seguir a Teruel y Valencia. Se supone que esta línea formaba parte de lo que luego se llamó el Santander – Mediterráneo, que nunca llegó a tener una continuidad total. Se aprecian los edificios de la estación de Calamocha y algunos taludes, trincheras y puentecillos. Después del Poyo, sigue por caminos rurales que comunican los núcleos de población mencionados con los campos de cultivo en la vega del Jiloca. Todo muy bien hasta que después de salir de Torrijo del Campo, en un bifurcación donde encontramos uno de los típicos peirones de la provincia de Teruel, el camino nos dirige a cruzar las vías del ferrocarril en activo, recorriendo el lado sur de la vía hasta Monreal, en un tramo de unos cuatro kilómetros de escaso o nulo interés. Deberíamos haber seguido por el camino asfaltado que une Torrijo con Monreal. Pero supongo que la GR 160 lo evita por el paso de vehículos motorizados. Pero paisajísticamente es más interesante que el secarral por el que transcurre oficialmente la GR.

Algo después de las tres y media de la tarde montamos en el tren de regreso, que sólo tardó una hora y tres cuartos, por ser un semidirecto que hace menos paradas. Y que procedía, para nuestra sorpresa, de Cartagena. Desconocíamos que hubiera una conexión directa en tren desde Zaragoza a Murcia y Cartagena. Quizá la aprovechemos algún día. Aunque el recorrido dura muchas horas. El tren venía lleno. Sin problemas porque habíamos sacado billete con reserva con antelación. Supongo que al ser viernes, había mucha gente regresando a pasar el fin de semana a sus hogares o los de sus familias.

En conjunto, el recorrido realmente tiene algunas buenas oportunidades, especialmente para atardeceres de otoño en los cuales se podrá hacer la misma combinación ferroviaria, pero regresando en el tren que pasa por Monreal del Campo cerca de las siete y media de la tarde, con paradas intermedias, suponemos que alguna de ellas facultativa, en Torrijo del Campo y Caminreal-Fuentes Claras, además de Calamocha, claro está. Fue una jornada agradable en la que afortunadamente no hizo mucho calor. Fotos realizadas con la Fujifilm GFX 50R y el GF 50 mm. Debería haberme llevado la Olympus OM-D E-M5 Mark III con un objetivo zoom o varios objetivos sencillos. Más ligera, e igualmente eficaz para documentar lo que me interesaba. Con película fotográfica tradicional, ya os contaré otro día.

[Obituarios foto y cine] William Klein (1926-2022) y Jean-Luc Godard (1930-2022)

Cine, Fotografía

En los últimos tiempo, parece que está de moda morirse. Bueno, en realidad, es una actividad humana que no ha perdido vigencia nunca. Y que cuando se moda a lo bruto, ya saben,… guerras, epidemias, hambrunas,… pues es especialmente desagradable. Pero claro, en una sociedad humana en la que las desigualdades son una constante, también a la hora de morirse hay diferencias. Fíjense ustedes la que se monta si se muere una reina de Inglaterra y demás territorios del Reino Unido y la Mancomunidad de Naciones (la famosa Commonwealth). Quien dijo que estábamos en crisis. Si se nos muere la momia multimillonaria y coronada, el estado tira la casa por la ventana, mientras que otros mueren en la indigencia y el olvido. El caso es que la semana pasada estuvo también nutrido de otros obituarios, de gentes que, en mi humilde parecer, son más respetables que la momia de los Windsor, previamente Sajonia-Coburgo-Gotha hasta que el abuelo Jorge de la momia, cambió de apellido por haber entrado en guerra con su primo Guillermo, el de Berlín, y quedaba mal tener un apellido tan rebuscado y alemán.

Uno de los finados reciente fue el fotógrafo William Klein (1926 – 2022), nacido en Nueva York y fallecido en París. Nacido el mismo año que la momia de los Windsor, mira tú qué casualidad. En un momento dado de su vida adquirió la nacionalidad francesa, tras quedarse a vivir en el país vecino tras ser licenciado del ejército yanqui tras la Segunda Guerra Mundial. Conozco la magnífica y poderosa obra de Klein desde hace muchos años, prácticamente desde que comencé a interesarme por la fotografía en todos sus aspectos. Pero no hay nada como una buena exposición para que te enganches definitivamente a la obra de un artista. Y esa exposición, en el caso de Klein, la visité en el año 2012, un diálogo fotográfico con el japonés Daidō Moriyama en la Tate Modern Gallery, una de las mejores exposiciones sobre fotografía que he visitado en mi vida. También fue director de cine, aunque poco comercial, y con muchos cortos y documentales en su haber. Como curiosidad, tiene una aparición en el corto La jetée de Chris Marker, como «un hombre que viene del futuro».

Y también se nos ha ido, muy mayor también, el director de cine francés Jean Luc Godard (1930 – 2022) [en IMDb]. Fue uno de los exponentes más importantes de la Nouvelle vague del cine francés, muy influyente a nivel internacional. Y he de decir que de aquella generación de cineastas galos, probablemente sea mi favorito junto con Éric Rohmer y, quizá, Alain Resnais. Sí, por encima de Truffaut, que también goza de mis simpatías. No me considero especialista en el cine de Godard. Su filmografía es tremendamente extensa, ya que abarca seis décadas largas, entre 1955 y 2018, siendo bastane prolífico. En IMDb le acreditan 131 títulos entre largometrajes, cortometrajes, anuncios, televisión, etcétera. Pero sí que le he visto sus títulos más emblemáticos, sirviéndome para enamorarme de Jean Seberg, o de Anna Karina en más de una ocasión. Tengo serias dudas que los mejores directores de cine actuales dejen en mí el poso que dejaron estos directores franceses, a los que anómalamente en un momento dado de mi vida, temprano, y que para siempre estorbaron mis gustos cinematográficos, alejándome del común de los mortales y convirtiéndome en «un raro». Cosas que pasan.

[Fotocomentario] «Pasamos muy buenos ratos, echando pan a los patos…

naturaleza

… y cuanto más pan echamos, mejores ratos pasamos.»

Anónimo

Esta era la cancioncilla que cantábamos de adolescentes y hacíamos, más que el pato, el ganso. Parece como un pasatiempo nacional que si hay un curso de agua, o estanque, la gente, especialmente los mayores o quienes pasean con niños, se dedique a alimentar con sobras o con pan a las aves como patos y gansos. También están los que alimentaban con granos a las palomas en las más céntricas plazas de la ciudad. Las cuales, con el alimento fácil y asegurado, acaban por convertirse en una plaga para la propia ciudad.

Y la tendencia no parece cambiar. Cuando decido hacer ejercicio, caminando un buen rato y a buen ritmo, varias de mis rutas habituales discurren a orillas del Canal Imperial de Aragón. Y no es infrecuente encontrar rincones llenos de basura y excrementos de las aves por ser los lugares donde las gentes se dedican a alimentarlas. Cuando uno viaja por el resto de Europa, lo habitual es que encuentre avisos a la población informando que eso es algo que bajo ningún concepto se debe hacer. Por varias razones. Dos ya las he mencionado; por motivos higiénicos, para evitar acúmulos de desechos, y para evitar que estos animales se conviertan en plagas. En el caso de las palomas, con sus corrosivos excrementos, generan cuantiosos daños. Trabajé en hospital en Huesca que, cuando se producían tormentas torrenciales, el agua que caía sobre el tejado arrastraba estos desechos, que atascaban las bajantes de desagüe y producía eventualmente peligrosos desbordamientos que afectaban a las áreas de hospitalización donde estaban los enfermos.

Pero estos usos también afectan negativamente a las aves, ya que los alimentos que se les proporcionan en esta actividad lúdica están desequilibrados para sus necesidades. Y además de que pueden convertirse en plaga por su mayor capacidad para reproducirse, también pueden enfermar o transmitir enfermedades. Recuerdo los avisos que había a orillas del Ródano cuando desaguaba el lago Lemán en Ginebra: «No alimenten a las aves; son lo suficiente listas como para buscarse la alimentación que necesitan por su cuenta». Y los ginebrinos, respetaban estas señales. Aquí, el ayuntamiento de la ciudad, ni siquiera se cosca de que conviene incluir estas advertencias. Algún día aprenderemos. Quizá. Tal vez.

Las fotos de hoy proceden del rollo que describo en Viejas conocidas con garantía de resultado – Leica CL con Summicron-C 40 mm y Kodak ColorPlus 200.

[Fotocomentario] Los vecinos más tranquilos de la ciudad

Política y sociedad

Surgió a conversación este fin de semana mientras tomaba algo fresco en un terraza con unas buenas gentes. A mucha gente, los cementerios les producen repelús. La palabra repelús no existe meramente en el lenguaje coloquial como eufemismo de miedo o temor más o menos supersticioso, como yo pensaba. En el diccionario de la Real Academia Española aparece la palabra repelús como «temor indefinido o repugnancia que inspira algo». Sin embargo, dos de los presentes arqueábamos las cejas ante este repelús.

Mi padre trabajó de marmolista en un taller de su propiedad a medias con un socio y buen amigo durante tres décadas. Algo más que buen amigo; familia de la mejor. Previamente había ejercido la profesión como asalariado para otros. Y aunque preferían otros trabajos, relacionados con los complementos para muebles o las obras de baños y cocinas, de vez en cuando les encargaban y hacían lápidas para los nichos del cementerio. Y más de una vez en mi infancia subí con ellos mientras colocaban las lápidas. En ese rato, como niño que era, jugaba entre las tumbas sin mayor problema. Nunca, ninguno de los tranquilos y pacíficos residentes del lugar, me causo ningún tipo de problemas. Ni me dirigieron la palabra. Ni de niño sentí yo repelús alguno por el lugar.

Ese repelús, irracional, se extiende a otras gentes e instituciones. Por ejemplo, los hospitales psiquiátricos y las personas con trastornos mentales graves. Fue lo que desencadenó la conversación. El paso junto a la terraza de una persona con uno de estos problemas de salud, que saludó, y yo le contesté. Y se quedó mirando un rato sonriente. Lo cual… probablemente generó el repelús de alguno de los presentes. Injustificado repelús. También me habitué a su presencia desde muy niño. Tampoco he entendido nunca este repelús, también irracional. Y que nos cierra la posibilidad de algo importante y necesario; la solidaridad y el apoyo a estas personas. Una pena lo de los miedos irracionales.

Las fotografías de hoy proceden de este rollo de película; Suburbios y cementerios en formato medio – Hasselblad 500CM con Kodak Portra 400. Del que os dejo otras muestras.

[Recomendaciones fotográficas] De la fotografía asociada a la antropología y la etnología

Fotografía

Hace ya bastantes años, allá por el 2012, cuando volví a interesarme por la fotografía con película tradicional, después de casi una década dedicado exclusivamente a la fotografía digital, recorrí bastante la red de redes buscando recursos actualizados sobre esta forma de hacer fotografía. Y había uno en el que su autora, una antropóloga llamada Karen Nakamura, hablaba de fotoetnografía. Es decir, tal y como lo entendí en aquel momento, utilizaba la fotografía, con película tradicional, para su trabajo con antropóloga en temas etnográficos. Lo cierto… es que pueda que mis contactos con ese sitio fuesen muy anteriores, de principios de los primeros años del siglo XXI, cuando todavía no me había iniciado en la fotografía digital. Pierdo la noción del tiempo. Me he acordado de este sitio, porque muchos de los enlaces que he recopilado últimamente se pueden asociar a la mirada antropológica o etnográfica de muchos fotógrafos.

Una curiosidad histórica y antropológica puede ser Núremberg, ciudad que durante siglos fue una de las más cultas y abiertas de los principados que conformaban el Sacro Imperio Germánico, y que en el siglo XX acabó convirtiéndose en símbolo del nazismo. Ideología con concepciones extremadamente nocivas de lo que es una etnia o una raza.

Hay que mencionar, claro, que la noticia de la semana ha sido el fallecimiento de la reina Isabel II de Inglaterra y… de un montón de países reales o imaginados más (1926 – 2022). Por supuesto que el mundo de la fotografía se ha puesto nostálgico. Tanto por la enooooorme cantidad de fotografías que los reporteros gráficos le han hecho a la monarca británica en los últimos 70 (o más) años, como por el hecho de que con frecuencia fue vista con una cámara en sus manos. Eso sí… siempre de cierto nivel. Que la señora no fue nunca una pobretona. Me quedo con la página que le dedican en Blind. Por quedarme con alguna. A mi padre le gustaba mencionar de vez en cuando que eran «quintos». Yo siempre la recordaré como un señora muy rica, pero de aspecto muy cateto, cara de mala leche y pésimo gusto para vestir.

Situándonos en el ámbito de lo antropológico, me ha llamado el artículo en British Journal of Photography dedicado al trabajo de Alys Tomlinson (instagram), que afronta una amplia serie de retratos en diversas regiones italianas, principalmente insulares, que recogen las tradiciones y los modos de las culturas que en esas regiones se fueron desarrollando con los siglos. Me han gustado. Un blanco y negro muy elegante.

En otro orden de cosas, pero con indudable interés antropológico también, en Aperture nos hablan del trabajo del fotógrafo Marcus Leatherdale que, durante más de tres décadas fotografío el mundo del underground, característicamente el neoyorquino, pero no únicamente. Retratos del famoseo que surgió de ese mundillo de la cultura urbana, pero también de personajes anónimos. No conocía al fotógrafo, pero sus retratos me han gustado.

Hace no muchos años, tras la crisis del sistema de partidos políticos tradicional de la segunda mitad del siglo XX en Italia, cuando surgieron las opciones populistas de la derecha del norte de Italia, algunos de estos políticos empezaron a hablar de la Padania, el país en torno al río Po, y su independencia del sur de Italia. Y creo que todavía siguen por ahí con estos rollos. En American Suburb X recogen el trabajo de Tomaso Clavarino (instagram), que denomina, un tanto sarcásticamente, a esta región geográfica italiana como Padanistán. Otro trabajo que contiene un visión claramente antropológica.

Como lo tiene el de la fotógrafa norteamericana Whitney Hayes (instagram), y que es recogido en Booooooom, cuando dirige su mirada fotográfica a las gentes, y sus costumbres, que visitan una piscina natural de los bosques de Nueva Jersey, que es mantenida y conservada por voluntarios del lugar.

En 35mmc en conocido una iniciativa que también tiene su vertiente antropológica. Un grupo de fotógrafos norteamericanos, pero de origen asiático, han empezado con un proyecto llamado Asian Archives (sin contenido aún, mejor en instagram). En los últimos tiempos se ha tomado conciencia en la sociedad estadounidense de la violencia que se ejerce con frecuencia contra los ciudadanos inmigrantes o con ancestros asiáticos o procedentes de las islas del Pacífico. Un reflejo más de lo arraigado que está el racismo en la sociedad norteamericana. Tal vez en toda la especie humana. Por ello se han lanzado a documentar fotográficamente de una forma veraz, libre de estereotipos, las vidas de estas gentes. Me parece interesante. Algunas de las fotos que muestran están muy bien, aunque me parece que un poco verdes todavía en su proyecto.

[Fotocomentario] Monumentos con mucha monumentalidad

Cultura, Política y sociedad

Fue la primera vez que fui a esquiar a Andorra, a la estación de Pas de la Casa-Grau Roig. No recuerdo que año fue. En algún momento entre 1993 y 1995 probablemente, pero no puedo decir exactamente cuando. Junto con unos amigos, nos habíamos inscrito en un club de esquí, de cuyo nombre no me quiero acordar. Era bastante cutre. Pero organizaba fines de semana de esquí que nos interesaban, con la cuota de la asociación te incluía la de la federación y el seguro de accidentes, y te proporcionaban bonos de esquí más baratos. El caso es que en aquel viaje, íbamos en el autobús, con una moza que hacía de guía, y al pasar por la carretera camino de la estación de esquí, frente a la basílica santuario de Nuestra Señora de Meritxell, la chica soltó una frase que nos generó abundantes risas durante muchos años; «Aquí, a mi derecha, el santuario de Meritxell, un monumento con mucha monumentalidad«. Tal cual.

Cuando vas por el mundo, no faltan, en casi ningún país, los monumentos con mucha monumentalidad. Edificios, esculturas, estructuras diversas, de gran tamaño, pretenciosos, que pretenden demostrar algo… generalmente impulsado por sentimientos religiosos, nacionalistas/localistas, u oficialistas de regímenes que, incluso si son democráticos, tienen su ramalazo menos democrático. La ideología oficial, la historia oficial, el modo oficial de ser o pertenecer a un país… este tipo de conceptos que a mí se me atragantan y me producen acidez de estómago.

Por ejemplo, la pretenciosa basílica de estilo brutalista (o quizá futurista, una corriente artística tan querida por los fascismos) que se construyó albergar las tumbas y para honrar a los combatientes fascistas que mandó el régimen de Mussolini a la Guerra Civil Española, con la habitual connivencia entre la Iglesia Católica y los regímenes totalitarios fascistas. Bien es cierto que con la caída del fascismo en Italia, el régimen republicano que vino tras la guerra mundial forzó a que también recibieran sepultura los combatientes italianos del bando republicano.

Y qué decir de la colosal escultura de Alfonso I de Aragón, llamado El Batallador, que derribó la taifa de Zaragoza en medio del fanatismo religioso y guerra santa (o cruzada, como se llama en el cristianismo), dejando a continuación con su muerte un caos político que casi arruinó todo lo que había conseguido, fuere bueno o malo, por dicho fanatismo religioso y nula capacidad de gobierno y saber quehacer político. Y ahí esta, pétreo… con el espadón de dar mandobles y destripar y decapitar infieles, mirando a… bueno… con la mirada perdida en vete tú a saber que horizonte. Y estos son sólo dos ejemplos de los monumentos con mucha monumentalidad a los que nos hemos acostumbrado, pero sobre cuyo real significado debiéramos reflexionar con más frecuencia.

Las dos fotos proceden del rollo que comento en La mejor hora para la Adox Color Mission… o cualquier otra película – Leica M6 y Zeiss Planar 50 mm f2 ZM, donde hay otras fotos con objetos y paisajes urbanos con más plácido significado.

[Fotocomentario] Las fotos se ven sobre el papel… u otros medios físicos

Fotografía

«Fotografía»… de las palabras griegas que significan dibujar con luz, pintar con luz, escribir con luz,… este es el origen etimológico de la palabra «fotografía». Pero uno escribe, dibuja o pinta sobre el papel… o por lo menos esa es la creencia que muchos tenemos. Sí, sí… ya sé que ahora hay mucha gente que pintad, dibuja o diseña en el ordenador… Y cuyas creaciones son realmente muy meritorias e interesantes. No pretendo desmerecer su trabajo en absoluto; el mayor de mis respetos. Mmm… pero cuando la imagen encuentra su soporte adecuado… es otra cosa.

Y con la fotografía es lo mismo. Ya sabemos que la inmensa mayoría de las fotografías actuales están «condenadas» a verse en la pantalla de un dispositivo personal portátil (teléfono inteligente, tableta…). Y probablemente a perderse y olvidarse en ellos. Si una fotografía ha de permanecer… tiene que haberse convertido en imagen sobre papel. O sobre otros medios físicos. Pero ha de hacerse material sólida, materia plástica. Suelo trasladar algunas de mis fotografías a papel a través de libros; de viajes, resúmenes anuales, dedicados a algún acontecimiento. Pero ahora he encontrado otra forma de hacerlo.

Lo explico en De los píxeles al papel – Fujifilm Instax Share SP-3. Y las fotos de hoy son escaneados de esas pequeñas fotografías que desde el viernes estoy en condiciones de crear.

[Fotocomentario] El tren, ese servicio público… se supone

Fotografía, Política y sociedad

Los ferrocarriles fueron un elemento decisivo durante el siglo XIX para impulsar la revolución industrial y el desarrollo tecnológico y social de muchos países. De forma muy irregular en otros. Las gentes, durante la mayor parte de la historia del ser humano, nacían, vivían y morían en un mismo sitio, o desplazándose de forma muy limitada en su entorno. Los viajes eran cosa de privilegiados o aventureros. O invasores militares. Las mercancías se movían con parsimonia, en cantidades pequeñas. Si tus campos producían, comías y también tus vecinos. Si no, había hambruna. El consumo era local. Y las tecnologías, básicas, artesanales. Con la máquina de vapor todo cambió. En el siglo XX, en muchos países el ferrocarril fue determinante para la vertebración y cohesión del territorio. También para las comunicaciones entre países. Y eso, en Europa y otros países del mundo, sigue sucediendo en el siglo XIX. Uno de los países con una red ferroviaria densa, amplia y bien organizada es Alemania, y durante unos días la pudimos disfrutar en este mes de agosto.

En España, sin embargo, la historia del ferrocarril siempre ha sido agridulce. Por supuesto que también contribuyó a la industrialización y vertebración del país… pero tarde, de forma irregular, con numerosos desequilibrios regionales. Fue fundamental para algunas regiones, especialmente las periféricas, pero no tuvo un impacto real en el interior agrícola y más vacío. Y eso sigue. Las comunicaciones transversales, las medias y largas distancias que no sean alta velocidad son testimoniales, poco usadas y poco vertebradoras. Sólo son realmente significativas algunas redes de cercanías en áreas metropolitanas importantes, y la red radial de alta velocidad, pensada para que la gente vaya y venga de Madrid. No hay red de alta velocidad transversal, o es muy testimonial. Una vez más, seguimos sin vertebrar el territorio. Como consecuencia, muchísimos camiones atufando la atmósfera y un excesivo uso del coche particular. Si a ello añadimos las dificultades de comunicación con otras redes por los distintos anchos de vía, escasamente paliados en los últimos tiempos en los trenes de alta velocidad… Y la experiencia en los últimos tiempos, así como los titulares de las noticias, nos hablan del impacto de las crisis económicas y financieras en el mantenimiento de las líneas, incluso las más prestigiosas. Aumentan los incidentes, los retrasos… y no digamos ya la manía de jugar a que los trenes son aviones, lo cual empieza a difuminar los derechos de los viajeros cuando se producen incidentes por culpa de esos billetes low cost, que no lo son tanto.

En fin, las fotos de hoy proceden de ese viaje a Alemania, y de ellas podréis saber más en Múnich y otras ciudades bávaras – Minox 35 GT-E con Ilford XP2 Super… una vez más.

[Recomendaciones fotográficas] Cuatro recomendaciones… menos habituales

Fotografía

Hoy me salgo un poco de los temas y estilos que habitualmente me llaman la atención. O esa impresión tengo mientras repaso los marcadores que he ido seleccionando en las últimas semanas. Porque entre el viaje a Múnich y la entrada del domingo pasado dedicada a la Pinakothek der Moderne de la ciudad bávara, hace varias semanas que no traigo a estas páginas recomendaciones fotográficas.

Parece que Lisetta Carmi y yo tenemos algo en común. A los dos nos fascinaron las esculturas del Cementerio Monumental de Staglieno en Génova. Yo lo visité en 2014… el año que la fotógrafa cumplió 90 años.

Hace un par de días, después de recoger un paquete en punto de recogida, dia un paseo con unos amigos por el Parque Grande de Zaragoza. Estuvimos hablando de viajes. Especialmente del frustrado viaje a China en la primavera de 2020, que vete tú a saber cuándo podremos realizar. Y empezamos a hablar del peligroso gigante asiático. Peligroso por la naturaleza de su régimen político. Reflexionábamos sobre la gente del país; la mayor parte de los españoles/europeos tienden a homogeneizar las características de sus habitantes. Craso error. Es un país tan diverso como su tamaño. Visitarlo es una forma de constatarlo. Pero también viendo fotografías. Como los de retratos de jóvenes chinas, en ámbito urbano, de Luo Yang (pero para ver sus fotos hay que ir a su cuenta en Instagram, de la que soy seguidor hacer ya un tiempo), y que recientemente pudimovs ver en AnOther Magazine.

Siguiendo con las gentes con origen en el país asiático, en Lenscratch me llamó la atención muy recientemente el artículo dedicado al trabajo de Thomas Holton, The Lams of Ludlow Street. Es uno de esos proyectos a largo plazo que me fascinan… fundamentalmente por mi incapacidad para llevarlo a cabo. Mi naturaleza curiosa, desde niño, hace que mis centros de interés vayan variando con facilidad. El caso es que Holton lleva fotografiando a la familia Lam en Nueva York desde 2003. Un matrimonio con tres hijos, muy niños entonces, ahora ya unos jóvenes adultos.

También en Lenscratch nos presentan una publicación que muestra el trabajo de dos fotógrafos que dirigen su mirada hacia el paisaje, profundamente modificado o influido por el ser humano, un tema que hace años que me interesa mucho. Y trata de la combinación de los trabajos de Nancy Holt, artista que trabajaba sobre el terreno, generando instalaciones y trabajando con una diversidad de técnicas audiovisuales a partir de ellas, y Richard Misrach, un fotógrafo al que ya me había acercado en alguna ocasión.. Visiones del paisaje muy conceptuales, pero también muy interesantes.

Finalmente, en Aperture homenajean y nos hablan de Lisetta Carmi, fotógrafa italiana recientemente fallecida a la muy venerable edad de 98 años. No la conocía. De su extensa vida, sólo dedicó dieciocho años, de 1960 a 1978, a la fotografía. Exiliada en Suiza por se de origen judío, huyendo de las leyes raciales del fascismo italiano, adquirió conciencia social, y durante ese tiempo dirigió su mirada hacia los menos desfavorecidos; estibadores de los puertos italianos, prostitutas, travestidos. Me han parecido muy curiosas sus fotos de la serie Erotismo e autoritarismo a Staglieno, el famoso cementerio monumental de Génova. También práctico el retrato, y fotografió a figuras públicas importantes. Definitivamente, una fotógrafa que conviene no olvidar. En 1978, lo dejó y se dedicó a otras cosas. De la misma forma que en 1960 comenzó a fotografiar de forma repentina e inopinada… en aquel momento tenía ya 36 años, y se había dedicado a la música. Fascinante la biografía de esta mujer.

[Fotocomentario] Cuando la gente te mira mal… por llevar una cámara de fotos

Sin categorizar

Quienes se acerquen con cierta frecuencia a estas páginas, especialmente en las últimas semanas, sabrán que, ante las repetidas olas de calor, con elevadas temperaturas en las horas centrales del día, aprovecho para caminar y hacer ejercicio en las primeras horas de la mañana, con una temperatura más agradable. De lunes a viernes es, tirando de refranero, «hacer de la necesidad virtud» o un «a la fuerza ahorcan». Si entro a trabajar a las 7:30 de la mañana, y voy caminando a trabajar los 3 kilómetros 700 metros que separan mi domicilio de mi centro de trabajo, es una forma como otra cualquiera de adoptar estilos de vida cardiosaludables. Y cuando llega el fin de semana, especialmente el sábado, acostumbrado a despertarme entre las 6:15 y las 6:30 de la mañana, muy a pesar me despierto espontáneamente a esa hora y me voy a caminar. Durante el verano he aprovechado para presenciar y fotografiar la salida del sol desde un cabezo que hay unos 10 minutos de mi casa caminando, el Cabezo Cortado, en la ribera del Canal Imperial de Aragón.

A esas horas te encuentras con poca gente. En frente del portal de mi casa hay un parada de autobús urbano, servida por dos líneas, en las que siempre hay algún trabajador que se dirige a su centro de trabajo. Menos en sábados y menos aún en domingos, pero siempre hay alguien. Y por las rutas de mis caminatas, hay poquita gente, generalmente personas que también hacen ejercicio, caminando, corriendo o pedaleando. También algunos que sacan a pasear a su perro. Diríase que los contactos humanos, por breves y escasos que sean a esas horas, deberían mostrar simpatía y solidaridad. Estamos casi todos a lo mismo o con fines parecidos. Pero yo marco una diferencia fundamental; llevo una o dos cámaras a cuestas. Siempre la mochila para el material, y en ocasiones algún trípode o monopié. Y eso hace que, con mucha frecuencia, las miradas que me dirigen sean de desconfianza, recelo o francamente hostiles. Como si la cámara de fotos fuera alguna especie de arma. No sólo pasa a estas horas. De unos años a esta parte, una cámara de fotos te convierte en sospechoso de no sé muy bien qué. Cuando todo el mundo lleva una de ellas en el teléfono móvil. También las llevan esos que miran con desconfianza. Y en el último año y medio he adelgazado una enorme cantidad de peso, y las miradas de desconfianza son menos intensas. Porque por lo que se ve, una persona de mediana edad, obesa y con poco pelo, para mucha gente, es indicador de todo tipo de perversiones y vicios. Lo cual es simplemente absurdo. Porque como es lógico, estas características no denotan ni más ni menos defectos del carácter que una chica mona o un joven guapetón. Pero así son las cosas. A veces… a los desconfiados en la mirada, le lanzo una sonrisa… pero me debe salir muy irónica, porque no cambian el rictus.

Las fotografías de hoy se comentan desde un punto de vista de técnica fotográfica con más amplitud en “Instant regret” con Fujifilm SQ6 e Instant Square color.

[Fotocomentario] Mirada amplia, mirada al detalle

Sin categorizar

Estos días atrás he estado procesando los negativos que hice en julio con una pequeña cámara compacta que ya tiene cincuenta años de antigüedad. No permite intercambiar el objetivo, por lo que sólo tiene un ángulo de visión, que corresponde a lo que los fotógrafos llaman un objetivo normal o estándar. Lo que según algunos equivale a la visión humana… aunque yo en eso no estoy totalmente de acuerdo. Es difícil trasladar al mundo de la fotografía la forma en que el ser humano ve a través de sus ojos y percibe a través de su cerebro. La cuestión es que algunos de los negativos los he unido, de tres en tres, para formar imágenes con un ángulo de visión más amplio. Lo que los fotógrafos llaman una focal u objetivo gran angular.

Los seres humanos somos distintos en cómo miramos al mundo. Unos tienden a mirar el conjunto, lo global, la gran escena en su conjunto. Otros tienden a prestar atención al detalle, al sujeto, a lo que resalta o les llama la atención. No existe una forma más adecuada que otra de mirar al mundo. Idealmente, debemos ser lo suficiente flexibles para adaptarnos y saber cuándo adoptar un tipo de mirada y cuando otro. La mayor parte de personas en mi profesión tienden al detalle… y eso es fuente de no pocos problemas. Porque cuando atiendes a personas, familias o comunidades, no podemos podemos perder de vista el escenario completo. Si no nos queremos equivocar. Pero la evolución de las ciencias, lleva a la extrema especialización y a la pérdida de la visión global. Y esto… acaba generándome dolores de cabeza. Porque justamente yo, aunque también estoy especializado, y aunque se me acusa de ser muy cartesiano, cuadriculado, tengo tendencia a ver el conjunto. Sin el conjunto, el detalle tiene poco sentido.

Las fotos de hoy, se fijen en el detalle, se fijen en la gran escena, corresponden con el rollo de película que describo en Panoramas a partir de pequeños negativos – Olympus Pen EE3 con Lomography Potsdam Kino 100.

[Fotocomentario] Ayer fue el Día Mundial de la Fotografía… pues pongamos algunas fotos

Fotografía

Ayer estuve realmente muy ocupado. Así que ignoré en gran medida las redes sociales, salvo para subir algunas fotos como tengo costumbre y actualizar este Cuaderno de ruta. Pero no revisé lo que decían mis contactos en las mismas, o mis suscripciones. «Amigos» los llaman. Algunos lo son,… claro. Así que nadie me recordó la efeméride hasta hoy por la mañana. Así que celebrémoslo poniendo algunas fotos. De hoy mismo. No he dormido bien los últimos días. Me despierto hacia las tres o las cuatro de la madrugada y luego me cuesta dormir de nuevo. Y hoy me he vuelto a despertar a la hora de todos los días, entre seis y cuarto y seis y media. Y he decidido salir a ver salir el sol y a caminar un rato.

Siempre he pensado que si se me olvida la fecha, el año pasado también, es porque me cae gordo que se homenajee indirectamente a Daguerre, que no inventó la fotografía. Adaptó los procesos a sus intereses comerciales. Aunque como el gobierno francés le compró el invento y lo puso en el dominio público, el daguerrotipo se extendió y la fotografía se popularizó. Así que el mérito está más en el gobierno francés que en Daguerre, que después de arrinconar a Niépce y sus herederos, buscaba su propio beneficio personal. Algo se llevaron estos, de todos modos.

La historia, que no Daguerre, hizo justicia con Niépce y sus aportaciones. No obstante, fue el procedimiento negativo-positivo de Talbot, que permitía hacer muchas copias del original, el que se puede considerar antecesor de la mayor parte de los procesos fotoquímicos que triunfarían posteriormente. Mientras que el daguerrotipo se puede considerar, al menos hasta cierto punto, una vía muerta.

Hoy en día, algunos todavía somos fieles en cierta medida a los procesos fotoquímicos. Pero la mayor parte de la gente, la inmensa mayoría, usa la fotografía electrónica digital. Aunque no sea más que porque la mayor parte de la gente toma fotos con sus teléfonos móviles. Existió una fotografía electrónica analógica que ya no se usa. Siempre me ha parecido un solemne tontería llamar «analógicos» a los procesos fotoquímicos. Las fotos de esta entrada son de cámara digital, la Fujifilm GFX 50R, a la que cada vez soy más aficionado a pesar de su tamaño grandote. También he hecho fotografías fotoquímicas, un cartucho de Polaroid en color. Ya las enseñaré otro día. Bueno… comencemos otro año de disfrutar de la afición fotográfica.