[Televisión] Cosas de series; retorno a “the Creek”, casi veinte años después

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Aviso: voy a comentar una serie que comenzó a emitirse hace casi veinte años y terminó hace casi quince años. Seguro que hay elementos que desvelan la trama. Ha pasado demasiado tiempo como para que no sea así. Quedáis avisados.

El triángulo. El polígono más sencillo posible. Sólo tres lados, sólo tres ángulos. Y sin embargo, símbolo de múltiples creencias, humanas y divinas. Símbolo de un dios en las religiones monoteistas occidentales actuales. Pero también uno de los recursos argumentales preferidos de los escritores de ficción, guionistas,… creadores de historias en general.

El sexismo imperante en la mayor parte de las sociedades que pueblan la superficie de nuestro planeta ha hecho que en la mayor parte de las ocasiones, el triángulo romántico sea un triángulo rectángulo clásico, una hipotenusa y dos catetos que se la disputan. Generalmente, escaleno, con la hipotenusa como centro de interés, uno de los catetos tendrá más longitud que el otro, será más importante que el otro, será el que se lleve a la chica. Pero es concebible el triángulo isósceles en los que ambos catetos peleen de igual a igual por la chica. Con caracteres distintos, sabiendo que sólo uno de ellos se hará con el preciado premio, el amor de la protagonista. Aunque algún ejemplo hay de que los dos catetos se quedan con un palmo de narices, despreciados ambos por una hipotenusa con carácter.

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¿Qué pinta París en una serie rodada en Carolina del Norte, pero que se supone transcurre en Nueva Inglaterra?

En los más raros casos en los que se opta por la difícil situación de un cateto al que se lo disputan dos hipotenusas, ese sexismo que empaña las creaciones de nuestras sociedades llevará a que una de las chicas sea “la mala”, “la otra”, “el pendón desorejado”. Parece inconcebible que dos mujeres en igualdad de condiciones opten a las atenciones del mozo. La moral conservadora imperante en la historia de las producciones televisivas o cinematográficas parece que lo impide. Cuando hace casi 20 años, empecé a ver capítulos de una serie sobre adolescentes que hablaban con un nivel lingüístico y conceptual imposible, Dawson’s Creek, creí que alguien había tenido la idea de reivindicar el triangulo de las dos hipotenusas, con dos contendientes en igualdad de condiciones. Me llamó la atención. Eso y el extraño aire de la Jen Lindley que encarnaba Michelle Williams, que me recordaba a la Monika que representó Harriet Andersson en una de las más célebres y sensuales películas de Bergman. Supongo que, aunque no recuerdo con precisión, vi el primer episodio y la escena de Jen bajándose del taxi que la va a dejar varada en la casa de su abuela, alejándola de los pecados de la Babilonia neoyorquina, al mismo tiempo que actúa como detonante que liberará de sus represiones a los vecinos del arroyo de Capeside. Probablemente, en las seis temporadas que duró la serie, la escena más sensual de la misma.

Pero no fue así. Al final, la serie cayó en el convencionalismo, y el triángulo alrededor del cual giraron todos sus personajes fue el más convencional de los dos amigos de la infancia que se disputan los favores de la vecinita morenita y mona. Y sosa. Y fría. Y distante. Y pedante. Y caprichosa. Y enfadica. Pero eso no lo supe en su momento. En aquel tiempo, en los años postreros del siglo XX dedicaba un tiempo muy reducido a la televisión, y nunca vi más que algunos capítulo de aquella primera temporada de la serie. Pero me quedé siempre con la duda de qué pasaba con aquel grupo de adolescentes. Ahora la tenemos disponible íntegra en Prime Video de Amazon, y en los últimos meses la he visto entera. Así como el año pasado rescaté las aventuras en Star’s Hollow, este año he rescatado la aventuras en Capeside.

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Pues la clave está en varios finales de temporada.

Dawson’s Creek (Dawson crece en España) es comentada con frecuencia como una serie de referencia en lo que se refiere al género de adolescentes que se acercan progresivamente a la edad adulta, con sus conflictos y sus dudas. No faltan los fans de la serie, que ya hace casi quince años que dejó de emitirse, y casi veinte años desde que comenzó. Levantó polémicas en su país de origen por el presunto atrevimiento con el que trataba determinados temas, especialmente la sexualidad de los adolescentes. Vista desde la perspectiva que ofrece el tiempo y vivir al otro lado del Atlántico, lejos de parecerme una serie progresista, me parece cargada de moralina conservadora, en la que los que se portan mal reciben su justo castigo, y donde se adoctrina con frecuencia a los adolescentes y jóvenes sobre lo que se debe hacer o no.

Porque hay que reconocerlo. Si su primera temporada despierta el interés del espectador, progresivamente la serie se va adormeciendo en una rutina de idas y venidas de sus personajes protagonistas en un tratado de matemática combinatoria, donde se realizan combinaciones de seis elementos tomados de dos en dos. Pocas combinaciones se quedan sin explorar. Antes he mencionado las aventuras de las Gilmore… Aunque el elemento romántico ocupe un lugar importante siempre en este tipo de series, en el crecimiento de Rory Gilmore aparecen otros intereses y otros motores que condicionan su vida. No tal en Capeside, donde pocas cosas apartan a sus protagonistas de su eterna “umbilicoscopia” y de sus rollos románticos. Si quitas la monomanía cinéfila de Dawson (James Van Der Beek), nada más les interesa aparentemente. Incluso el interés académico de Joey (Katie Holmes) acaba siendo la gran piedra que hace fracasar su relación en el instituto con el menos aplicado estudiante Pacey (Joshua Jackson).

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Incluido el “primer” final de la serie. Por que la serie tiene dos finales, uno en el episodio 22 de la 6ª temporada, que termina en… París.

Y ahora que están mencionados los cuatro principales protagonistas, habremos de hablar un poco del reparto. Un reparto desafortunado, para los roles que tienen que desempeñar. Aunque ese Dawson’s Creek, el arroyo de Dawson, es una metáfora del discurrir de la vida del joven cinéfilo, fanático de Spielberg, la verdad es que la serie en su conjunto debería llamarse de modo más apropiada Joey’s Creek. Porque a la postre, es este el personaje central de la serie, alrededor del cual se condiciona el devenir de la misma. Pero Katie Holmes es una actriz muy mediocre. Ciertamente mona. Hay que decir que de los protagonistas, la única que se acercaba a la edad de su persona fue Michelle Williams. Los otros rondaban los veinte años o más cuando se suponían que tenía quince. Curiosamente fue Williams la que fue despuntando poco a poco como intérprete en la serie, convirtiéndose como es en una de las mejores intérpretes femeninas de su generación. Holmes, además de por los repetitivos mohínes con los que encarnaba a Joey Potter, es más conocida en la actualidad por su tormentos matrimonio y divorcio de un famoso actor, miembro de una peligrosa secta religiosa. La Joey Potter que interpreta Katie Holmes llega a resultarme cargante. Como lo llega a ser el Dawson Leery de James van der Beek. Y el protagonismo de ambos condiciona en gran medida la serie, que tenía muchas potencialidades nunca suficientemente explotadas, por estar al servicio de esta pareja. No es de extrañar que con el tiempo, los/las partidario/as de Pacey como vencedor de la pugna triangular fueran superiores a los de Dawson. Aunque para mí esto sea augurar una vida de amargura para el pobre Pacey. A pesar del final de la serie, estoy segura que a estas alturas Pacey ha tenido que mandar a freir espárragos a la estirada de Josephine.

Uno de los principales problemas de la serie es el humor. O mejor dicho, la escasez de humor. Lo hay. Tiene sus momentos de comedia, de relajo argumental. Generalmente en episodios de relleno. Estamos hablando de una serie con temporadas de 23 episodios salvo la primera, mucho más corta. Hay episodios de relleno. La cuestión es que algunos de estos episodios son de los mejores. Se nota mucho en la quinta temporada, la primera de las que transcurren en Boston, con los protagonistas en edad universitaria, donde la serie parece recuperar ritmo y tirón gracias a la introducción de elementos de humos, y de tramas paralelas más dinámicas e interesantes que la principal. No tiene nada de extraño que muchas veces en estas tramas sean Jen/Michelle Williams o Pacey/Joshua Jackson los protagonistas, sin la presencia de la pareja principal. Jen Lindley es continuamente el personaje más maltratado de la serie. Parece como si no supieran nunca muy bien qué hacer con él. Paradojamente, a pesar de las incongruencias de las que los guionistas dotan a este personaje, la solidez interpretativa de Williams y otros elementos hace que al final sea el personaje que mejor se ha desarrollado. Pese a los guionistas. Comentaba el otro día la hija de una amiga mía, que tiene una edad más apropiada al público destinatario de la serie, que no es de extrañar que la eligieran para el dramático final de la serie. Era la única capaz de morirse con gracia en esta serie.

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El otro final de la serie es el doble episodio final que añadieron después, el 23-24 de la sexta temporada, donde no sale París.

Por cierto, hay un momento más que digno de haberlo tratado con un mínimo de humor, y que sin embargo acaban arruinando por tomárselo demasiado en serio. El hecho de que la primera y única vez que Dawson se acuesta con Joey sea engañando a la que es la pareja actual del aprendiz de cineasta tiene una gracia tremenda. Desaprovechada por completo… Lo dicho. Se tomaron demasiado en serio a sí mismos y a la serie. No voy a repasar las situaciones absurdas o incogruentes de la serie… que son muchas, lamentablemente. El tratamiento de la homosexualidad de Jack (Kerr Smith) resulta un poco ridícula desde la perspectiva histórica. La intoxicación con éxtasis de su hermana Andie (Meredith Monroe) resulta tan previsible como mal desarrollada. Y la presunta promiscuidad de Audrey (Busy Philipps), que pasa de habérselo montado con media universidad a ser casi una mojigata, es una “tontá” de mucho cuidado. Esto último me ha permitido mencionar a los otros tres protagonistas menos protagonistas, también frecuentemente infrautilizados. Las dos chicas podía haber dado mucho más de sí. Tanto por que sus personajes podrían haber sido más ricos, como porque la calidad de sus intérpretes superaban la de algunos de los protagonistas.

Luego es gracioso ver aparece gente que en años posteriores se hará más conocida. Una vistosa y neumática Ali Larter, un jovencita y rubísima Jennifer Morrison, un Michael Pitt que ya anunciaba ser un actor pedante y poco interesante, Jane Lynch desaprovechada en un papel mínimo, Ken Marino no haciendo de sinvergüenza, Sasha Alexander como uno de los personajes femeninos potencialmente más interesantes de la serie,… Y un par de ex-Twin Peaks, también con sus potencialidades infrautilizadas, Mädchen Amick y Sherilyn Fenn. Entre otros muchos.

Creo que el balance final que hago de la serie lo podéis deducir. Esperaba más y mejor. Y ha resultado una serie más mediocre de lo que imaginaba, aunque con un potencial notable para convertirse en un guilty pleasure. La primera temporada está bien, aunque sigue resultando extraño que adolescentes de quince años se expresen como lo hacen estos. No resulta natural. Pero se puede aceptar como servidumbre a otros fines. El problema es que luego no desarrollan la potencialidad de la situación hasta sus últimas consecuencias, y queda convertida en una situación banal. Hemos de agradecer que nos descubrieran a Michelle Williams. Cada vez que recuerdo su papel en Blue Valentine, o el diálogo del almuerzo en Manchester by the Sea, agradezco la existencia de la serie que nos ha ocupado por ahí por haber sido el papel que la dio a conocer.

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En cualquier caso, me ha parecido que París es el símbolo perfecto de que la chica protagonista, Joey, es una mema.

[Televisión] Cosas de series: se nos va por un tiempo lo mejor de la temporada hasta ahora

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En primer lugar, felices fiestas a todos. Espero que lo estéis pasando realmente bien. Ya advierto que no son mis fiestas favoritas. Ni de lejos. Y en los últimos años, menos. Sólo la presencia de algún pequeño por ahí de cinco años las hace llevaderas. Dichosa credulidad… está visto que son más felices aquellos que menos se preguntan sobre cómo es el mundo. Los que lo aceptan tal y como se lo cuentan, sin sentido crítico. Lo cual está muy bien cuando tienes cinco años… ¡pero a los cincuenta! En fin. Vamos a lo que toca. Que es jueves. La tele.

Pues sí. Hemos llegado al final de temporada de las que probablemente han sido las mejores series de la temporada de otoño e invierno. Por lo menos de las que yo tengo en cartelera y he seguido. Os comento.

Desde el Reino Unido, nos llega esta serie policíaca con asesino en serie que es The Fall, que si ya en su primera temporada nos dejó momentos buenísimos, en esta segunda ha rozado la excelencia total. Intensidad, introspección, desarrollo de caracteres, buena ligazón entre todas las tramas, temas desasosegantes, interpretaciones buenísimas. Absolutamente sobresalientes sus dos protagonistas Gillian AndersonJamie Dornan, a quienes los guionistas han sabido dotar de innumerables matices y de una evolución personal durante la acción. Pero no son los únicos, ya que están rodeados de un buen número de secundarios que dan un excelente soporte a la acción. Rodada en Belfast, dosifica como pocas el examen psicológico y social del entorno y los personajes, y el justo grado de acción, siempre creíble y proporcionada. Aquí no hay fuegos artificiales. La serie se planeo para doce episodios, que ya sean cumplido, más o menos. Creo que en realidad, entre las dos temporadas han sido once.  En cualquier caso, el final nos da pie a una posible continuación que no me importaría ver, aunque el caso esté resuelto. La verdad es que lo que menos importaba era la resolución del caso, ya que siempre hemos sabido quien era quien.

Los motivos navideños de este año los encuentro en una escapada que hice el año pasado a Barcelona en diciembre (En el Born).

Los motivos navideños de este año los encuentro en una escapada que hice el año pasado a Barcelona en diciembre (En el Born).

Cuando Homeland alcanzó tamañas las cotas de éxito y aplauso de audiencia y crítica en su primera temporada, se lo puso muy difícil a sus guionistas para sus eventuales continuaciones. Ciertamente, la segunda y tercera temporadas que cerraban el ciclo en torno a Brody tuvieron momentos de irregularidad. Pero a mí no me ha dejado de gustar nunca. Lo único que no siempre brilló con la misma intensidad y paso de momentos sublimes a otros donde simplemente era entretenida. En esta cuarta temporada, de alguna forma se ha tenido que reinventar, encontrar su propio camino, independientemente de Brody, y ya con Carrie Mathison (Claire Danes) como protagonista absoluta, aunque comparta plató con excelentes secundarios. Lo cierto es que en la cuarta temporada nos hemos encontrado una trama más cercana a las tradicionales de espías británicas, con su grupo de espías, trabajando juntos, con sus disensiones, con sus lealtades dudosas, con sus meteduras de pata, con su más que probable topo, y con un resultado final más que incierto. No han faltado momentos de acción más a la americana. Pero contenidos y bien realizados. Y en el aspecto interpretativo Danes ha estado más contenida, más creíble, hemos tenido en Peter Quinn (Rupert Friend) un excelente segundo protagonista, y hemos contado con la siempre estimable presencia de Mandy Patinkin, siempre a buen nivel. Yo creo que ha encontrado su sitio y realmente he disfrutado de temporada. Y espero con ganas, qué pasa en la siguiente.

Supongo que hay muchos elementos que son muy universales en estas celebraciones; los adornos, las luces,... (Mercadillo de la plaza de la Catedral)

Supongo que hay muchos elementos que son muy universales en estas celebraciones; los adornos, las luces,… (Mercadillo de la plaza de la Catedral)

Una excepción al buen tono que vengo comentando hoy es la miniserie Ascension. Pensada como seis episodios de 40 minutos, al final han sido tres de 80 minutos. La idea de su productora era iniciar un fenómeno similar a Battlestar Galactica, siendo también una serie de presunta ciencia ficción. Lanzar una miniserie que enganchase al público, y si todo iba bien, luego lanza una serie con temporadas regulares. He de decir que esta historia alternativa en la que supuestamente los americanos lanzan un enorme cohete con cientos de personas hacia Proxima Centauri en los años 60, pero en la que nada es lo que parece, no ha acabado de engancharme. La calidad está varios enteros por debajo de Galactica, las tramas son muy banales, aunque tuviesen mucho potencial, y las interpretaciones, tamaño de los pechos de las chicas aparte, son menores. Pero parece que no ha disgustado al potencial público objetivo de esta producción y a lo mejor, o a lo peor, vuelve. Ya veremos que hago entonces. Si le dos alguna oportunidad, o no. Si Galactica fue para los aficionados de la ciencia ficción lo que Lost a los aficionados a los misterios sobrenaturales, parece que al igual que estos últimos, no hemos encontrado una serie que la sustituya en nuestros corazoncitos.

Y la música, que no falte la música (En los alrededores de la catedral).

Y la música, que no falte la música (En los alrededores de la catedral).

Finalmente, uno de los mejores estrenos de la temporada, sino el mejor, ha llegado a su final de temporada. Con todo abierto para el desarrollo de todo tipo de tramas en un futuro. The Affair nos cuenta la historia de una aventura entre un hombre, padre de familia, de Nueva York, que veranea en Montauk, en el extremo de Long Island con su familia política, y una mujer local, una esposa relativamente joven que ha perdido a su único hijo en un tremendo accidente. Este adulterio de verano tendrá consecuencias importantes en sus vidas y en las de quienes los rodean. Cada capítulo está contado desde dos puntos de vista distintos, el de Noah (Dominic West) y el de Alison (Ruth Wilson), los dos protagonistas de esta aventura. No nos cuentan exactamente lo mismo, ya que no siempre están juntos, y desde su punto de vista también vemos lo que sucede cuando están con otras personas. Con Helen (Maura Tierney), la mujer de Noah, con Cole (Joshua Jackson), el marido de Alison, o con los hijos y otros familiares y amigos o vecinos de todos ellos. La gracia es que los momentos comunes no siempre son contados de la misma forma. Y la intriga viene de que son contados a unos detectives de la policía que están investigando una muerte. Y cuándo esta muerte comienza a tomar importancia, llegamos al parcialmente sorprendente final de temporada. Uno de los principales atractivos de la serie, aparte de la originalidad del guion, son las excelentes interpretaciones. De todos en general, pero de las féminas en general. Reconozco que yo siento debilidad por Wilson por distintos trabajos, y por Tierney, mayormente por su personaje en E.R. (Urgencias). Pero la verdad es que son las que mejor están. La que más se luce es la primera, como protagonista. Pero Tierney tiene algunos momentos espléndidos.

Y con esto llego al final de esta entrada del día de Navidad. Probablemente, el próximo jueves vendrá el comentario de los especiales navideños de las series británica. Que hay cuatro o cinco este año. Lo dicho al principio, que las navidades os sean leves y lo paséis bien.

Y la comida... mucha comida,... espero que no os empachen las fiestas (Mercado de la Boquería).

Y la comida… mucha comida,… espero que no os empachen las fiestas (Mercado de la Boquería).

[Televisión] Especial cosas de series; adiós al universo Fringe… es decir, adiós a unos personajes que se quedarán en nuestro corazoncito de ficción

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Hemos despedido en este fin de semana a una serie que cuando empezó nunca pensé que llegaría a ver más allá de uno o dos episodios. Pero aguanté… y hasta el final. Se trata de Fringe, una serie que se inauguró como la “nueva Lost (Perdidos)” o la “nueva The X Files (Expediente X)“, pero que al final cogió su propia personalidad, que la ha hecho grande, aunque probablemente le haya costado la vida con “sólo” cinco temporadas, una de ellas, la última, cortita.

La primera temporada de la serie sólo me interesó por los personajes. La verdad es que un procedimental con tintes sobrenaturales o de ciencia rara no me llamaba la atención. Pero pronto, el grupo humano que formaban Olivia Dunhan (Anna Torv), los BishopPeter (Joshua Jackson)Walter (John Noble), así como la discreta pero eficaz Astrid Farnsworth (Jasika Nicole) me interesó. Tenían unas interacciones muy interesantes, y empatizabas con ellos. Y así aguanté con una serie cuyo tema inicialmente no me atraía.

En la segunda temporada, la cosa se fue animando. Se empezaba a crear una mitología, una continuidad en la historia, era algo más que un procedimental. Y además, comenzaron a hacerse importantes una serie de personajes secundarios que te atraían también mucho, y que aportaban mucha sal y pimienta a la acción. Broyles (Lance Reddick)Nina Sharp (Blair Brown)Lincoln Lee (Seth Gabel)William Bell (Leonard Nimoy),… la vaca… Y llega el final de la segunda temporada y la serie se revoluciona. Deja de ser un procedimental, y se convierte en ciencia ficción pura y dura, con universos paralelos y todo el monario. A mí me tenían ya completamente enganchado. Si eso lo rematas con la duplicación de todos los personajes con otras personalidades y otros puntos de vista en el universo alternativo, me entusiasmó. Y la tercera temporada de la serie me tuvo pegado al televisor como pocas. He de decir que el principal activo de la serie seguían siendo los personajes, aunque yo siempre he sentido más debilidad por la Olivia alternativa que por la de “este mundo”. Y con la Astrid también.

Soy consciente que la escasa audiencia probablemente ha hecho que la trama, en un serie siempre en peligro de cancelación haya sido entrecortada. Lo que la ha obligado a reinventarse de vez en cuando. La cuarta temporada supuso un bajón respecto a la segunda mitad de la segunda y la tercera completa. Pero también fue interesante sin duda. Y finalmente, hemos llegado a la quinta. Que a mí, hasta ayer, me parecía como un spin-off de la serie original con su traslado al futuro. Hasta ayer. En el que se ha visto que ha sido en realidad un largo preparativo para los dos capítulos finales que son muy entretenidos y que homenajean en toda regla al conjunto de la serie, a sus excelentes personajes, y son un agradecimiento en toda regla con un montón de guiños cómplices a los fieles seguidores. Ha merecido la pena. Y qué queréis que os diga. La Olivia alternativa, siendo la misma actriz que la de “este mundo”, siempre me ha parecido más guapa y atractiva. Incluso cuando tiene 20 años más. Desde luego mucho más estilosa.

Y gracias por la diversión.

Lluvia / llora

Parece llorar esta escultura en la Gran Vía de Zaragoza bajo la lluvia; y algo de emoción sí que hemos sentido en el final de esta entretenida serie de ciencia ficción.