[Cine] Inside Out – Del revés (2015)

Cine

Inside Out – Del revés (2015): vista el 20 de julio de 2015 (VOSE) y el 22 de julio de 2015 (doblada).

Si. La he visto dos veces. Mi primera intención es verla siempre en versión original. Más cuando ya la traducción del título indica que el sociópata traductor del títulos, que merecería ser juzgado por delitos de lesa humanidad, actúa de nuevo. Y probablemente con la versión original me hubiera conformado si no fuera porque inmediatamente al salir del cine me surgió una idea y una duda que sólo podía resolver de una forma. Yendo a ver de nuevo la película con mi sobrino Diego de seis años. Y ver su reacción. Porque cuando vi por primera vez la película firmada por Pete Docter y Ronaldo Del Carmen me sorprendió la complejidad de algunos de los conceptos que se manejaban. Complejos incluso para algunos/muchos adultos… Más adelante hablaré sobre mi sobrino Diego y ciertas películas de animación. Vayamos con el argumento…

Esto trata de una niña de 11 años que con sus padres se muda a otro lugar, viéndose obligada a dejar su hogar, su colegio, sus amigos, sus aficiones,… y que se llama Chihiro. Uy, perdón… se llama Riley. Sí, bueno. Aquí viene mi primera sorpresa. El planteamiento de base de la película recuerda muchísimo a una de las mejores películas de animación que he visto yo en mi vida, y que no fue otra que El viaje de Chihiro (千と千尋の神隠し), una película del Studio Ghibli, dirigida por el maestro Hayao Miyazaki, que se llevó el óscar a la mejor película de animación en 2002, en la segunda edición de estos premios en los que figuraba esta categoría.

La entrada de hoy va de una nueva película de animación americana, pero estoy aprovechando también para recordar la excelente "El viaje de Chihito" por lo que nos pasearemos por los santuarios shintoistas de Kioto.

La entrada de hoy va de una nueva película de animación americana, pero estoy aprovechando también para recordar la excelente “El viaje de Chihito” por lo que nos pasearemos por los santuarios shintoistas de Kioto.

Volvamos al tema de mi sobrino Diego. En su momento, Diego fue la excusa para reunir en mi casa una pequeña colección de películas de animación. Para “cuando el peque venga a casa”. Excusas digo, porque a mí me encanta el cine de animación. Y puesto que en su propia casa y otras parentelas era más que probable que reinase el oligopolio de la animación norteamericana, especialmente Disney y sus filiales como la mucho más interesante Pixar, yo opté por el Studio Ghibli y precursoras. Así que en mi casa ha tenido la oportunidad de conocer a Ponyo, Arriety, Mononoque, Nausícaa… y por supuesto, Chihiro. El viaje de Chihiro me parece una película maravillosa, con una riqueza visual y conceptual impresionante, y con un personaje infantil femenino que debería ser una referencia obligada para el género. El proceso de maduración de una niña de once años que sufre sus primeros cambios importantes en su vida, y ese proceso se muestra con una magnífica metáfora sobre su aventura en un mundo onírico y de fantasía, emparentado con el panteón de ocho millones de dioses del Shinto japonés. Y donde el valor personal y la autodeterminación como persona son las claves para el paso adelante de la joven Chihiro. Entra en el mundo onírico y de fantasía como una niña, y sale ya como la persona adulta incipiente en que se convertirá.

Si la película de Pixar basa su fantasía en temas y referentes fundamentalmente occidentales, la del Studio Ghibli se apropia con habilidad de los mitos del shinto nipón.

Si la película de Pixar basa su fantasía en temas y referentes fundamentalmente occidentales, la del Studio Ghibli se apropia con habilidad de los mitos del shinto nipón.

Si uno está al tanto de la literatura infantil, no hace falta mucho esfuerzo para emparentarla conceptualmente con la Alicia de Carrol o el Pinocchio de Collodi, por mencionar a los más populares, pero ya digo que impregnada de las tradiciones y los mitos nipones.

Y nuestra Riley es una más que digna sucesora de Chihiro. Nuevamente estamos ante una situación de cambio. Una situación de pérdida. Una situación de duelo. A través de las cinco emociones que nos proponen los creadores de la película de Pixar, vamos a atravesar las cinco etapas del duelo. O al menos cuatro de ellas. Con el Miedo/Fear nos plantearemos la fase de negación, con la Ira/Anger el enfado con el mundo, con la encantadora Tristeza/Sadness la depresión, y con la pizpireta Alegría/Joy llegaremos a la aceptación, a la reconstrucción de la personalidad y el avance hacia nuevas etapas del crecimiento y la maduración. Desde mi punto de vista se saltan una etapa, entre la depresión y la aceptación, que es la negociación, en la que interviene la parte racional de la persona. Una racionalidad, que aunque pocas veces nos gobierna, está ahí, y también en los niños, más si ya han llegado a los once años. No aparece la racionalidad en el fantástico mundo de la psicología humana que nos muestra la pelicula. Está la imaginación, los sueños, el pensamiento abstracto (absolutamente magistral la secuencia en el mundo del pensamiento abstracto; sólo ella justifica ver dos veces o las que sea la película), el subconsciente, la evocación de recuerdo, el olvido,… Pero me falta la razón.

Todo ello aderezado con la creación de un maravilloso mundo de fantasía y color, también digno pariente de los mundos oníricos y fantásticos de Alicia, Pinocchio o Chichiro. Pero en esta ocasión tamizado o adaptado a la cultura, las tradiciones y los hitos vitales de la sociedad norteamericana y los relativamente conservadores valores de la misma.

Ocho millones de dioses, espíritus, diablos, animales sagrados,... o lo que es lo mismo, una infinidad de seres propios de la fantasía  y el mito pueblan las tradiciones japonesas.

Ocho millones de dioses, espíritus, diablos, animales sagrados,… o lo que es lo mismo, una infinidad de seres propios de la fantasía y el mito pueblan las tradiciones japonesas.

Me sorprendió en su momento que mi sobrino Diego, cuando vio por primera vez El viaje de Chihiro con cuatro años, le gustase muchísimo, y durante un tiempo me la pidiese cada vez que venía a casa. A mi me parecía una película muy compleja, y siempre me pregunté qué podía entender y qué no. Pero le gustaba mucho. Tenía curiosidad por su reacción ante el viaje de Riley. Como habéis podido ver, los conceptos que se manejan son complejos, por mucho que se enmascaren en el mundo de la animación. La conclusión es que hay que confiar en los niños, en su capacidad de asimilación y de comprensión. Evidentemente, lo que el entiende de la película no tiene que ver con lo que entiendo yo. Pero comprende más que suficiente, nos lo demostró. Estuvo atento en todo momento, como todo el cine, y los comentarios posteriores mostraron perfectamente que había entendido a sus seis años mucho y bien.

La versión original tiene algunos extras añadidos. Podemos escuchar las voces de Diane Lane, de Kyle MacLachlan, de Frank Oz o de Amy Poehler, entre otros… En la traducción, además, siempre hay errores que algunas veces se notan más y otras menos. Cierto que la traducción en subtítulos de la versión original también tiene alguna metedura de gamba que otra.

La película es altamente recomendable para todos los públicos. A mí me ha encantado por muchos motivos. Por los técnicos, por el dinámico guion, por el disfrute visual, por la banda sonora, por la empatía de los personajes. Una de las cuestiones que más me ha gustado es que en un mundo donde se nos bombardea constantemente con el mensaje de que hay que sonreír aunque no tengas ganas, donde tienes que aparentar constantemente felicidad, donde estas hasta las narices de las frases hechas de pensamiento positivo que plagan las redes sociales, haya otras emociones útiles. Uno de los mensajes que se nos transmite es que también tenemos derecho a estar airados cuando asistimos a una injusticia, a tener miedo de lo que nos hace daño o amenaza a quienes queremos, y a estar tristes ante las perdidas que inevitablemente vamos a sufrir. Ya vale de estúpido pensamiento positivo fuera de tiesto. Es hora de que maduremos un poco y aceptemos nuestras emociones, sin que por ello nos dejemos dominar patológicamente por ellas. Ya he dicho que he echado en falta la presencia de la razón en el filme.

Todo ello se refleja en la riqueza visual de la película. La película estadounidense tiene que acudir a otros referentes, muchos de ellos populares por la televisión y el cine de ese país.

Todo ello se refleja en la riqueza visual de la película. La película estadounidense tiene que acudir a otros referentes, muchos de ellos populares por la televisión y el cine de ese país.

Cualquier adulto debería ir a verla sin complejos aunque no acompañe a ningún pequeño. Hay sustancia para aprovechar para todos. Pero también diré algo… Si me dan a elegir… Mejor dicho, si me obligasen a elegir,… yo me quedaría con Chihiro. Ella llegó antes. Llegó de otra cultura mucho más distinta. Llegó con valores muy interesantes y más osados que los procedentes del moderado conservadurismo de Pixar. Y frente al control que sobre la personalidad de Riley tienen las emociones, Chihiro aprende a tener valor, a afrontar los problemas, a ser mucho más proactiva, a salvarse a sí misma y a sus padres. Me gustan más las heroínas de Ghibli que de Disney/Pixar. Pero demos tiempo a Riley… porque han dejado convenientemente abierto el camino a una segunda parte a través de ese misterioso dispositivo que aparece en la mesa de control de la personalidad de Riley denominado “pubertad”.

Valoración

  • Dirección: *****
  • Interpretación: *****
  • Valoración subjetiva: *****
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El Studio Ghibli siempre ha apostado por los personajes femeninos fuertes, liberándolos del papel secundario que la sociedad nipona destina a las mujeres, pero manteniendo sus raíces y tradiciones.

[Libros] El 10% de inacabados, a propósito de Algernon, y una historia sobre sumerios y Tesla

Literatura

Es un hecho constante en mi vida como lector de libros. Alrededor de un 10% de los libros que empiezo, sean de ficción, de ensayo o de divulgación, no los acabo. Los abandono en un momento dado. Lo comento ahora porque al poco de volver de mis vacaciones de Pascua y terminar de leer la última novela de John Irving que ya os comenté, empecé con un nuevo libro, Flowers for Algernon de Daniel Keyes.

Este es un libro que está considerado como uno de los mejores relatos de ciencia ficción de la historia de la literatura y, con frecuencia, forma parte de las listas de libros recomendados o que hay que leer. El campo científico en el que anticipa es el de la psicología y la neurocirugía, y nos habla de Charlie Gordon, un hombre de 32 años con una discapacidad intelectual desde su nacimiento, y que es sometido a una intervención que le dota no sólo de una inteligencia convencional, sino de una inteligencia superior. Pero que a su vez le genera una serie de problemas de adaptación… y siempre con la posibilidad de que el proceso sea reversible a su estado original. En lo que he leído del libro, un 40% aproximadamente, lo importante del mismo no es tanto las cuestiones de carácter científico, sino las consecuencias éticas y morales de la cuestión, así como las cuestiones éticas de nuestro trato con personas con discapacidad intelectual. Así como los miedos ante lo desconocido y ante los avances de la ciencia y sus consecuencias.

Pont Couverts

El relato que recomiendo más adelante comienza, en su segunda parte, con un viaje de Nikola Tesla que parte de Estrasburgo tomando el Orient Express (sí el Orient Express original iba por Estrasburgo, no por Venecia).

Sin embargo, este relato escrito en primera persona y forma de diario, me ha resultado extraordinariamente desasosegante. Y llegado cierto punto he decidido abandonar las aventuras y desventuras de Charlie. No sé si en algún momento lo volveré a retomar. Mi experiencia sobre casos similares me hace dudarlo.

Sobre este fenómeno de los libros abandonados, que cuando eran de “árboles muertos” acababan en una estantería específica para ellos de mi mueble librería, tendré que crear una carpeta para los que tienen formato electrónico, he reflexionado de vez en cuando. No tiene que ver con la calidad literaria del libro. He terminado en mi vida mucho libros infumables, sin embargo no he conseguido terminar con otros muy bien considerados. Como este que acabo de comentar. O Un saco de canicas de Joseph Joffo, que he empecé en dos ocasiones. O el caso más flagrante, La conjura de los necios de John Kennedy Toole, cuyo protagagonista, Ignatius J. Reilly, me causa tal grima que ha impedido que lo termine ¡¡¡en cuatro ocasiones que lo he comenzado!!! Habría otros ejemplos pero no me quiero extender. Simplemente, me apetecía comentar que es algo que me pasa, y que me gustaría saber en qué medida les pasa a otras personas.

Concorde y Torre Eiffel

Sigue por París, donde el pobre de Tesla empieza a tener sus problemas con Edison y su compañía.

Bueno, se me olvidaba el caso más célebre. También he comenzado en tres ocasiones a leer el Quijote, y tampoco he podido con él. Tuve un profesor en la EGB que nos profetizó que quien no se leyese el Quijote era un “mal español”. Hace tiempo que me resigné a ser un “mal español”. Tampoco me importa mucho. Hace tiempo que he descubierto que hay muchas más características de mi personalidad que me descalifican como “buen español”, y que lo prefiero así. Siempre he sentido por contra simpatía por George Brassens,… qué cosas

London St Pancras

Pasa discretamente por Londres , aquí la estación de St Pancras, ya que se siente perseguido por unos británicos debido a un tesoro arqueológico que porta.

Como sé que cuando pincho con un libro luego permanezco en estado de desconcierto lector durante un tiempo, para evitarlo me he merendado en un día un relato corto de Miguel Santander, La epopeya de los amantes, que me ha parecido estupendo. Mucho más ingenioso y mejor tejido que el tocho de este autor que me leí hace poco, es una aventura en el tiempo protagonizada por Nikola Tesla, el presunto Noé del diluvio y una belleza mesopotámica que debía cortar el hipo. Siempre me han gustado las historias de viajes en el tiempo bien hiladas. Por tres euros escaso que cuesta la versión electrónica, os lo recomiendo sin dudarlo.

Creo que he entrado en una fase de cierta “confusión mental”. Seguiré con alguna lectura no excesivamente seria o trascendente.

Arte egipcio en el Met

Tesoro arqueológico que pensaba llevar al Met de Nueva York, si no fuera porque se pierde en el barco transatlántico en el que viaja por el morro.

Más obras maestras en 23 minutos, más In Treatment

Televisión

Ya hace más de un año, por mayo de 2008, recomendaba entusiastamente la serie de televisión In Treatment. Es esta serie una mirada de cerca al trabajo y a la vida de un psicólogo ya maduro, que ejercía en algún lugar de Nueva Inglaterra, quien durante la primera temporada entraba en crisis ante su imposibilidad de guardar la neutralidad con sus pacientes en los profesional, y ante las dificultades por las que pasaba su matrimonio y su vida familiar en lo personal. Cada uno de los 42 episodios de menos de 25 eran pequeñas obras de teatro, con diálogos e interacciones entre los personajes de gran intensidad emocional, excelentemente interpretados por Gabriel Byrne y una pequeña pléyade de actores que le acompañaban en su devenir cotidiano.

Este año, la serie ha vuelto con 35 nuevos episodios, siete semanas de tratamiento, en las que nuevos paciente han compartido sus sinsabores con Paul, más el añadido, continuidad de la temporada pasada de Dianne Wiest como su terapeuta supervisora, Gina. He de decir que ambos actores son explendidos, y siempre me quedo sorprendido al contemplar la capacidad de la veterana actriz para dotar de matices su actuación, para decir tanto con tan pocas palabras. Una delicia.

Pero claro, también están los pacientes. Y puesto que el esquema se ha repetido, aunque trasladando la consulta a Brooklyn tras el divorcio de Paul, y con una amenaza de demanda de fondo por mala praxis tras la muerte de uno de sus pacientes de la temporada pasada, había que dotar de nuevas actitudes y nuevas interacciones interesantes a los personajes para no repetirse. Si el amor y la relaciones de pareja dominaban la temporada pasada, las relaciones familiares, y especialmente las paternofiliares, y la muerte han sido los temas de interés en la que acaba de terminar. Todos han estado bien, pero yo destacaría dos personajes.

Mia, una abogada de éxito, soltera, antigua paciente de Paul en su juventud, vuelve a la terapia mostrando una personalidad rica y compleja, con problemas en la relación con los hombres, con una frustración profunda por no ser madre, y con asuntos sin resolver en el entorno familiar desde su infancia. Es interpretada por Hope Davis, una actriz a la que hemos visto pocas veces como protagonista, y que en mi opinión ha sido de lo mejor de la temporada. También llena de matices, una mujer en sus cuarenta y… ha sabido mostrarse al mismo tiempo atractiva y seductora como débil y desamparada. Me ha gustado mucho.

April, una joven universitaria en un programa de postgrado, se enfrenta a la muerte tras el diagnóstico de un linfoma, sin saber como reaccionar. Muchos años cuidando de los demás, de su entorno y de sí misma, le dejan sin recursos para enfrentarse a su amenaza más grave. Interpretada por Alison Pill, su actuación es tanto más meritoria cuanto es una actriz muy joven todavía, pero que también ha llenado de matices su personaje, así como por la naturalidad con la que ha asumido sus cambios de aspecto físico como consecuencia de la enfermedad.

El resto de actores y actrices han estado también muy bien, pero he querido destacar aquellos que más me han gustado. Una serie muy recomendable. De lo mejor que he visto en los últimos… en todo los años que recuerdo. A por ella.

Ya que la muerte ha tenido una importancia notable en las tramas de la serie, os dejo con un cementerio. En un día gris y lluvioso.

Cementerio San Pedro

Cementerio de la Peterkirche en Salzburgo, Austria - Pentax K10D, SMC-DA 21/3,2 Ltd.