Las vidas posibles de Mr. Nobody (2009)

Cine

Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody, 2009), 28 de julio de 2010.

Ante la pobreza de la cartelera veraniega, conviene arriesgar. Y como nos llega esta película del belga Jaco Van Dormael difícil de clasificar a las pantallas con cierto retraso, y ante algún comentario interesantes sobre la misma en algunos medios, nos metemos en una fresquita y amplia sala de cine a pasar la tarde de verano. Y veremos a ver lo que pasó.

Nos encontramos en el año 2092, y Nemo Nobody (Jared Leto) es el último hombre mortal sobre la Tierra, el único que no ha alcanzo la “cuasi-inmortalidad” a base de un tuneado constante de sus células, y está a punto de morir. Y esto es una noticia de interés público. Es entrevistado por un periodista que se infiltra en el hospital con el fin de que cuente su vida. Y ante la sorpresa del reportero, Nobody le cuenta la vida que tuvo, y también las que pudo tener dependiendo de las decisiones que tomó a lo largo de su vida. Con cuál de sus padres decide vivir cuando se separan. Lo que es capaz de decirle a esa chica que le gusta cuando la ve besando a otro hombre. Si se para o no a ver qué sucede con esa mendiga en la estación de tren. Pero también los condicionantes impuestos para echar al traste con su decisiones por el azar o el caos de los fenómenos naturales; el famoso efecto mariposa. Una tormenta imprevista causada porque un brasileño cuece un huevo. Un meteorito en la vecindad de Marte. Lo que sea.

El argumento es difícil de relatar. Estamos ante una película no lineal, en la que los saltos adelante y atrás en el tiempo en las distintas líneas vitales que dependen de sus decisiones pueden resultar confusas. Pero el conjunto está relatado con imágenes de gran fuerza visual. No importa que nos encontremos a orillas de un río en Canadá, en una estación de ferrocarril británica, en una estación orbital sobre Marte. Es un trabajo muy personal, en el que el director sabe lo que quiere, y cómo lo quiere trasladar a las imágenes.

En el plano interpretativo, Leto está bien, más teniendo que interpretar las distintas vidas de un hombre, que es lo mismo que decir que ha de interpretar a distintos personajes. Perto también está muy bien el adolescente que interpreta al personaje con quince años, Toby Regbo. Acompañándole, las distintas mujeres que condicionarán sus vidas según sus opciones. Por un lado Diane Kruger, dejando de lado su imagen más frívola y sensual, dibuja razonablemente bien a una Anna adulta. No obstante, este personaje es mucho más interesante en su etapa adolescente cuando es interpretado por la inquietante y algo morbosa Juno Temple. Por otro, Sarah Polley interpreta a Elise, una difícil y depresiva mujer, muy compleja, y lo hace con solvencia como suele ser habitual en esta actriz canadiense. La versión adolescente de este personaje, Clare Stone también es bastante competente. La tercera de las opciones femeninas, Jean, interpretada por Linh Dan Pham en su edad, tiene mucho menos peso en el conjunto del filme.

Concluyendo, un largometraje de difícil clasificación, que la mayor parte de los medios sitúan a caballo entre el drama romántico y el filme de ciencia ficción. Lo que es cierto es que es más bien una reflexión filosófica sobre el efecto de nuestras decisiones o del azar sobre nuestras vidas. No es la primera vez que el cine nos cuenta las distintas líneas temporales de una persona dependiendo del azar o de una decisión. Vease la británica Sliding Doors, o la española y muy interesante La vida en un hilo de Edgar Neville. Son las que me vienen a la memoria a bote pronto; pero hay otras. Pero ésta de hoy nos ofrece una profundidad en su planteamiento poco habitual y muy interesante. Y sobre todo con mucho interés visual como ya he dicho.

No obstante, la película es de difícil digestión. Exige la participación activa del espectador, cierta complicidad, cierta falta de prejuicios, para introducirse en un argumento sin una línea temporal y sin una sucesión de acontecimientos claros. Claro está, esto no es excusa para la mala educación del público, que cuando no entiende o no le gusta lo que ve, pierde los modos, habla, comenta, se ríe y molesta a los demás espectadores. Nunca me ha gustado el público de cine de mi ciudad, Zaragoza. Creo que es un público poco aficionado, que parece que no le den de comer en casa y que su única fuente de sustento sean las toneladas de palomitas que engullen ruidosamente en la sala de cine. Pero esto no deja de ser una falta de educación y de solidaridad con el prójimo. Para eso, que se queden en casa y allí que tocineen y vociferen lo que quieran. Claro que con este comentario, me gano el odio de los propietarios de las salas de cine, a quienes lo único que les importa es que la gente vaya y se deje sus cuartos en el ambigú. Claro. Con el tiempo, cuando la gente se va a comer las palomitas a otra parte, se quejan de que no se apoya el cine lo suficiente. Ufff… ¡qué cabreo llevaba, y cómo me he desahogado!

Dirección: ****
Interpretación: ***
Valoración subjetiva:
***

Por cierto, que la película tiene interés ferroviario, así que es probable que vuelva por estas páginas.

Micheline

Una "Micheline" francesa en la Cité du Train de Mulhouse; un vehículo similar tiene una importancia clave en la película que hoy comentamos - Panasonic Lumix GF1, G 20/1,7 ASPH.

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