Hace unas semanas ya publiqué en estas páginas un par de entradas, esta y esta, con fotografías en blanco y negro realizadas con la Pentax Spotmatic con la que me hice para aprovechar los objetivos que tengo de montura M42. Las cuestiones más técnicas las publico en Substack. Hoy voy con las primeras fotografías con película en color que hice con la cámara, y que me llegaron reveladas hace un par de semanas. Pero como he priorizado el comentario de los viajes a Madrid y Pamplona, no había tenido la ocasión de hablaros de ellas todavía.
Por supuesto, en Substack, el comentario técnico de turno. En el cual aprovecho para dar un repaso a un objetivo muy interesante, fabricado por Asahi Pentax hacia finales de los años 60 o principios de los años 70, y que es el más adecuado para usarlo con esta Pentax Spotmatic. Todas las fotos que muestro están hechas con esa combinación de cámara y óptica.
Ya hace un mes del viaje en el día a Pamplona para cuestiones particulares, pero que aprovechamos para visitar con tranquilidad, dedicando la tarde para ello, el centro histórico de la ciudad. Una ciudad, que como ya comenté, había visitado en diversas ocasiones, pero que no había tenido la ocasión de recorrer con calma todavía.
Por supuesto, además de las fotografías digitales que me sirvieron para comentar en los días siguientes cómo fue el viaje, me llevé también una cámara con unos rollos de película fotográfico. Como es habitual, las cuestiones técnicas de las fotografías las podéis conocer en la correspondiente publicación en Substack. Ya he tomado la decisión de abandonar los blogs que dedicaba a esto, y utilizar sólo Substack, que va muy bien, es cómodo de usar, y rápido. Con el tiempo, el contenido anterior se perderá de la web… pero realmente casi nadie echa la vista atrás en internet, por lo que tampoco me penará. Y si algo quiero que esté, ya realizaré una publicación en Substack. Como hice ayer sobre la Leica D-Lux (Typ 109). Os dejo con unas cuantas fotos de Pamplona.
Hoy voy en plan breve comentando un libro de fotografía que me llegó recientemente, tras comprarlo a través de la red de redes. Se trata de un libro de Todd Hido, uno de los fotógrafos contemporáneos que poco a poco han ido encontrando un hueco importante en mi corazón de aficionado a la fotografía, hasta convertirse en uno de mis favoritos. Así que os cuento de qué va este último libro que ha sacado a la venta, y que tanto me está gustando. Las fotografías acompañantes proceden de un comentario que he hecho en Substack a propósito de esas cámaras compactas digitales que se vende como churros hasta tal punto que es prácticamente imposible comprar una.
A Todd Hido empecé a seguirlo en Tumblr hace muchos años. Me gustaban sus paisajes. Especialmente los nocturnos. Pero mi impresión de su obra cambió cuando me hice con uno de los libros de Aperture de la serie The Protographer Workshop. Una serie de la que tengo varios ejemplares, en las que destacados fotógrafos nos muestran sus fotografías, y nos hablan de porqué y cómo las hacen. Muy interesantes, se aprende mucho, realmente. Inspiran. Uno de los que más hojeo de esa serie es precisamente el de Hido. Por eso, cuando me enteré de la publicación del que nos ocupa hoy, me puse alerta para cuando estuviese disponible.
El libro tiene un formato grande. Páginas de 42 x 30 cm en las que la fotografía muchas veces ocupa casi toda la superficie de la página. En su mayor parte, paisajes nocturnos o crepusculares. Muchas veces invernales. En ocasiones, como en otras series suyas, mezclando la luz natural y la artificial. Y con frecuencia, también, elementos que delatan la presencia humana en esos paisajes, aunque sin la figura humana. Las fotografías están tomadas en las zonas agrestes de las islas Hawai, en las tierras a orillas del estrecho de Bering, y en otras tierras al norte del círculo polar ártico. Y como tantas veces están tomadas desde la ventanilla del coche. Es muy parco en palabras. No hay textos, ni del propio autor, ni de invitados, o de un colaborador que nos guíe en la comprensión de las imágenes. Solamente, de vez en cuando, adheridas a las páginas del libro, pequeñas fotos en papel fino, o desplegables, o un cuadernillo con fotografías en las que aparecen retratos de personas, y objetos, que parecen haber salido de un álbum de fotografías familiar.
El libro está bellamente impreso en papel de muy alta cualidad. No sólo es un placer contemplar las imágenes, sino también la sensación táctil de pasar las hojas para que vayan apareciendo ante nuestros ojos. No es un libro para hojear en un sillón. Es para sentarse cómodamente en una mesa despejada, y detenerse contemplativamente en cada fotografía. En cualquier caso, uno de los mejores libros de fotografía que tengo. No es barato, cuesta sus buenos 85 euros.
Convencido estaba de que este domingo iba a ser un día tranquilo, que me daría tiempo a hacer de todo. Además, con la cosa del fútbol, sumado al calor, daba por hecho que la gente se estaría quieta, no daría mal, preparándose para vociferar ante el televisor, viendo un partido del que considero uno de los deportes más aburridos que conozco, con una cultura a su alrededor bastante nefasta; racismos, machismos, nazionalismos,… y otros de los diversos ismos que me desagradan. Pero no… ha sido un día muy liado, en el que por lo menos, entre otras cosas buenas, hemos degustado un jamón buenísimo, y hemos visto una estupenda película que seguramente verán cuatro gatos en este país. Las fotos acompañantes, un adelanto de algunos rollos de Fujicolor Superia Premium 400, que me traje de Japón, que expuse en Madrid y Pamplona hace poquitas semanas, y de las que hablare o que mostraré dentro de poco, en este Cuaderno de ruta, o en Carlos en Plata.
La principal recomendación que tengo esta semana es repasar la Thomas Hoepker (1936-2024) que falleció esta semana. Nos avisó la agencia Magnum Photos, a la que pertenecía. El fotógrafo bávaro, pero radicado en Nueva York desde hace muchos años, era de los que se consideraba hacedor de imágenes, pero no artista. La semana pasada hablábamos de algunos otros fotógrafos con la misma filosofía, pero que nos han legado fotos maravillosas. Menos conocido que otros fotógrafos documentales, adquirió renombre por una fotografía realizada el 11 de septiembre de 2001, sí, ese día, en el que se veía el World Trade Center humeante en el horizonte, con unas gentes con aspecto relajado, en un parque a la orilla del East River (creo), conversando tranquilamente. Pero reducir su obra a esta foto, sería muy injusto, puesto que su carrera fue larga y su obra amplia e interesante.
En una entrada en el Tumblr de The Night Picture Collector se reblogueaba hace unos días otra de Last Picture Show… que creo que es la misma gente (o tienen estilos muy parecidos), con unas fotografías de Bruce Davidson, uno de mis fotógrafos documentales favoritos. Pero lo que hace especialmente interesante esta entrada es que, mientras que la mayor parte de los aficionados y amantes de la fotografía son conocedores de la fotografía en blanco y negro de Davidson, estas eran una estupendas fotografías en color, probablemente Kodachromes, realizadas entre las comunidades mineras de País de Gales. Estupendas. También en color, mirad también estas sobre el metro de Nueva York.
En Lensculture han hablado de fotógrafos que hablan con sus fotografías de la gente. En primer lugar, de las adolescentes que viven en las comunidades del norte del estado de Nueva York, tan distinto del sur del estado con la megaurbe neoyorquina, de la mano de la cámara fotográfica de Logan White. Y en segundo lugar, cambiando de continente, de los inmigrantes africanos, muchos de ellos irregulares, que se mueven por Italia y el sur de Francia, tras la arriesgada travesía del Mediterráneo, de la mano de la cámara fotográfica de Alisa Martynova.
Y en el boletín diario de Photosnack, esta semana han recomendado dos fotógrafos que llevo un tiempo siguiendo en Instagram. En primer lugar, el surtirolés Ando Fuchs (Instagram), radicado en el Tirol austriaco, realmente a pocos kilómetros de la población del Tirol italiano donde nació, y que suele ofrecer unas fotografías en blanco y negro, contrastado muy expresivo, siendo las montañas de su tierra y las calles y canales de Venecia sus motivos más habituales. Y como son lugares que me gustan y de los que guardo excelentes recuerdos… En segundo lugar, el británico Marc Wilson (Instagram), de quien tengo algún libro, y que suele fotografiar los paisajes bajo la impronta del ser humano, que es un tema que siempre me ha interesado.
Nada de especial hoy. Algo rápido, porque tengo el día muy ajetreado. Incluso tengo que trabajar por la tarde, algo absolutamente extraordinario en un viernes. Incluso tuve que trasladar a ayer jueves mis compras habituales semanales.
Pero aun así, ayer dejé programado un comentario en Substack, sobre unas fotos que hice para comprobar que los problemas que me dio la Minox 35 GT-E durante el viaje a Japón fueron unas baterías a punto de agotarse y nada más. Como así ha resultado, afortunadamente.
Ya mostré hace unos días algunas fotografías realizadas con una cámara que compré recientemente para usar con mis ópticas, la mayor parte de ellas fabricadas en los países que estuvieron bajo la influencia soviética y durante los años de la Guerra Fría. Probando la compra mientras paseo por Zaragoza, fotografiando algunos de los paisajes urbanos típicos de la ciudad.
Por supuesto, en el apartado técnico, sigo comentando las características de la cámara, pero eso lo podéis leer en mi publicación en Substack correspondiente. Ya sabéis que los interesado en las cuestiones técnicas podéis visitar carlosenplata.substack.com, que es donde en estos momentos estoy publicando mis comentarios técnicos. Es una plataforma muy cómoda para ello. Muy ágil y rápida.
Sigo en situación de mucho trabajo. De tal forma que, incluso si tengo la tarde libre, no me apetece mucho plantarme delante del ordenador aunque sea para temas de ocio y de aficiones. Por eso, llevo muy poco avanzada la revisión de las fotografías del viaje a Japón. Y no reviso a fondo mis fuentes de recomendaciones fotográficas habituales. A ver si va pasando un poco la racha, voy menos cansado, y me centro más en otras cosas. En cualquier caso, algunas cositas he guardado para este domingo. Que van acompañadas de algunas fotos de ayer por la tarde con el objetivo soft focus de Pentax; hace años que no lo usaba.
Monique Sabine Weber, conocida como Sabine Weiss por su apellido de casada, fue una fotógrafa suiza, nacionalizada francesa, que representó perfectamente el movimiento de los llamados fotógrafos humanistas del siglo XX, que tan maravillosas fotógrafas nos dejó a lo largo de tan turbulento siglo. Rechazó ser considerada como artista, viéndose a sí misma como un testigo que documenta las vidas de las gentes, a las que mira con ojos llenos de empatía. Frente a la fotografía callejera actual, muy bruta, más efectista que otra cosa, la fotografía de Weiss está cargada de sentimiento, de una necesaria sensibilidad, en unos años en los que el mundo vio con frecuencia alterada la paz de formas brutales. También hizo moda y, eventualmente, fotografía publicitaria. Y es que,… hay que ganarse la vida, que está muy achuchada. Nos lo recordaron en Aesthetica Magazine.
Y otro fotógrafo que también demostró que la buena fotografía callejera no tiene que ver con lo que ahora nos venden en las redes sociales fue el chino Fan Ho, nacido en Shanghái. Un maestro del uso y control de la luz, las formas, las geometrías, el uso de la figura humana como medida de todas las cosas. Podría, perfectamente, incluirse también dentro de la corriente de fotografía humanista. Y aunque menos conocido por su origen asiático, poco a poco ha ido adquiriendo reconocimiento y situándose en la historia de la fotografía en el lugar que le corresponde. Al igual que Weiss, por qué será que algunos de los fotógrafos más brillantes, y que más corazón ponen en su trabajo, son al mismo tiempo de los más modestos y sencillos. Qué diferencia con los tiempos que corren en los que tanto fotógrafos pontifican sobre las excelencias de su propio trabajo y sus métodos, cuando carecen de profundidad y probablemente caerán el olvido, suplantados por otros que se pongan de moda en las redes sociales. Nos lo recordaron en Photosnack.
Y otro que tal baila, contemporáneo de los anteriores, pero en otro continente, fue el sudafricano David Goldblatt, cuyo trabajo de reportaje se vio condicionado y marcado por el infame régimen racista en su país. Aunque con frecuencia enfocó su cámara en las personas, en retratos también llenos de empatía y solidaridad, insistiendo en la condición digna y humana de las gentes discriminadas por el apartheid, en otras cosas nos habló de las mismas a través de paisajes urbanos o fotografías arquitectónicas, o de ambientes y objetos, desprovistos de la presencia humana, pero donde esta se siente de forma intensa. Otro fotógrafo que no se veía como artista, sino como testigo, y que encuadraba con maestría estética. No lo han contado en Plataforma de arte contemporáneo.
Finalmente, en otro orden de cosas, las fotografías de Ellen Mahaffy, des las que nos han hablado en Lenscratch. Cuando visité Hiroshima, en el Museo Memorial de la Paz, dentro del Parque Memorial de la Paz (Heiwa Kinen Kōen 平和記念公園), encontré fotografías de la japonesa Miyako Ishiuchi, en las que aparecía objetos recogidos entre las ruinas de la ciudad tras el bombardeo atómica. Sencillas. Directas. Pero eficaces a la hora de guardar la memoria de quienes allí vivieron. Ishiuchi realizó un trabajo similar fotografiando los objetos que usó su madre, también en un ejercicio de memoria, de recuerdo. Desde entonces he valorado mucho este tipo de fotografía. Mahaffy también acude al mismo concepto. Sus naturalezas muertas, basadas en objetos de su padre, de las cosas que le relacionan con su padre, que lo vinculan a él, incluso si no fue precisamente un modelo, ya que careció de afecto hacia la fotógrafa en su niñez y adolescencia, generando una relación tóxica.
He comenzado una serie de publicaciones en Substack sobre una estupenda cámara comercializada en 1964, aunque mi ejemplar vendría a ser fabricada entre el 1967 y el 1968. Poco a poco iré comentando allí sobre sus características. Y aquí poniendo algunas de las fotos realizadas con ella.
Pero en la primera publicación aprovecho para insinuar el morro de algunos fabricantes actuales de objetivos que venden versiones de ópticas de hace siete u ocho décadas, muchas de ellas de gama baja por su concepción, a precios de artículos de lujo… o casi. En fin…
Nuevamente un paseo a la Cartuja Baja como los que ya comenté aquí y aquí. Me llevé también un cámara con un rollo de película fotográfica tradicional, pero esas fotos llegarán más adelante, en unas semanas. De momento aquí, algunas fotos realizadas con cámara digital.
La forma de mirar y pensarte la foto según utilices una cámara digital o película fotográfica es muy distintas. O debería ser. Porque uno de los principios más importantes para el fotógrafo, sea aficionado o profesional, es previsualizar el resultado. Proyectar en tu imaginación cómo va a quedar la fotografía en un futuro. En cualquier caso, hoy en día, hasta los equipo más sencillos son extremadamente eficaces, como la cámara que utilicé en esta ocasión, comprada hace unos años en un outlet por un precio muy conveniente. Pensando en lo que pagué por ella, es una de las mejores relaciones calidad precio que he tenido en los últimos… ¿20 años? Muchos no lo creerán.
No traigo mucha cosa hoy a las recomendaciones fotográficas de este domingo. Como ya he comentado en alguna otra entrada últimamente, en este final de primavera y principio del verano no ando con mucho tiempo disponible. Pero bueno, alguna cosa tengo. Vamos a verlo.
Hacía mucho que no se publicaba nada, o que yo no lo veía, en Cartier-Bresson no es un reloj. Parece que su autora está más entretenida con sus videos y esas cosas que con el blog. Una pena. Siempre he pensado que la lectura proporciona más poso y conocimiento que los vídeos, mucho más pasivos en la actitud del receptor. En cualquier caso, recientemente hacía un repaso a la figura de Francesca Woodman, esta joven fotógrafa que trágicamente se suicidó con 22 años hace más de 40 años, y que al ser descubierta en los últimos diez años se ha convertido en una figura importante de referencia, especialmente entre las féminas. Pero el artículo demistifica algunas de las ideas preconcebidas sobre Woodman. No rebaja ni un ápice su calidad como artista, pero si contextualiza su obra en las coordenadas de edad, tiempo, época, lugar, entorno,… que me parece muy apropiada. Por cierto, me parece muy acertada la reflexión sobre el hecho de que NO es lo mismo un selfi que un autorretrato. Muy acertada.
Akihiko Okamura es un fotógrafo japonés de quien pocos se acuerdan en estos tiempos. Falleció en 1985 con unos 55 o 56 años. Pero fue un fotógrafo que se batió el cobre por el mundo fotografiando los múltiples conflictos que «calentaron» la mal llamada «guerra fría»… como si realmente no hubieran habido abundancia de tiros, bombas y muerte en esa época de la historia reciente de este loco mundo. El caso es que Okamura se trasladó con su familia a Irlanda, donde vivió hasta su muerte. Y durante ese tiempo documentó dos realidades muy distintas. La pacífica, e incluso poética, vida con su familia en la República de Irlanda, confrontada con la compleja y violenta realidad del conflicto de Irlanda del Norte. Me enteré de ello en Conscientious Photography Magazine.
La primera de ellas es la fotografa neerlandesa Nanda Hagenaars, especialmente sus interesantes estudios de la figura humana, con perspectivas y contrastes poco usuales, un bello blanco y negro sobre película fotográfica tradicional, en el que la estructura de la emulsión ayuda a dotar la imagen de una cualidad orgánica muy interesante.
La segunda de ellas es el fotógrafo Jack Sorokin. Nacido en la vecina Nueva Jersey, vive y trabaja en Nueva York, donde realiza un trabajo de fotografía documental con unos colores muy expresivos. Hay tantos fotógrafos apuntando su cámara hacia las escenas que transcurren en las calles de la Gran Manzana, que a veces siento cierto hartazgo sobre este tema. Pero el color de la fotografía de Sorokin me parece muy interesante; su forma de ver en general. También hace mucho retrato y trabajo comercial.
La tercera de ellas es Jaschi Klein. Para esta fotógrafa alemana, la fotografía es más bien una forma de inmortalizar, o de presentar, su trabajo basado en instalaciones más o menos estables, más o menos temporales, y las performances que realiza con actores o danzantes, y en las que el paisaje adquiere un protagonismo esencial, al mismo tiempo que es reinterpretado. Muy interesante.
Ya os hablaba el martes de la caminata a la Cartuja Baja y el paseo entre sus calles reconociendo las estructuras de la antigua cartuja de la Concepción que da nombre al barrio. En un futuro, habrá que seguir explorando fotográficamente el lugar. Pero más hacia el otoño. Que ahora hace mucho calor, y para conseguir buena luz, o hay que madrugar una enormidad, o hay que esperar hasta muy tarde.
En cualquier caso, también hice unas cuantas fotografías con película en color. Que me quedaron mejor que las de blanco y negro. La película que llevé se adapta bien a las circunstancias de luz intensa y dura que tuvimos esa mañana de sábado. Para saber más de las cuestiones técnicas fotográficas, podéis visitar la correspondiente publicación en Substack. Para los que no os interese, como de costumbre, os dejo algunas fotos. Con más interés documental que artístico.
A principios de mayo me entró el interés por explorar los restos de la antigua cartuja de la Concepción, que dan nombre al barrio rural de la Cartuja Baja de Zaragoza. Se cuenta que Zaragoza tenía un cinturón de nueve monasterios cartujos de los que queda íntegra la cartuja de Aula Dei, y elementos del antiguo monasterio que he comentado en este barrio zaragozano.
En un primer acercamiento, un sábado por la mañana, hice unas cuantas fotografías, tanto con película para negativos en blanco y negro como en color. En esta entrada muestro algunas fotos del rollo en blanco y negro, de cuyas cuestiones técnicas hablo en la correspondiente publicación en Substack. Más adelante pondré fotografías en color. Pero me quedó pendiente el volver a una hora con una luz más agradable para fotografiar, que no sean las horas centrales del día. Estamos ya en pleno verano, tiempo poco propicio para esa luz agradable… así que probablemente será ya en otoño cuando retomemos esta cuestión.