[TV] Cosas de series; famoseos, cenicientas y policías del cerebro

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En las últimas semanas he estado muy entretenido con algunas series surcoreanas absolutamente intrascendentes, sin ninguna pretensión, y que de alguna forma vuelven a reivindicar su papel en mi vida como guilty pleasures, frente a una época en la que parecía que iban llegando series del país asiático con calidad suficiente como para defender la recomendación de verlas por sus méritos. Estas, no.

Byeolttongbyeol [별똥별, estrellas fugaces], con título en inglés Shooting stars, es una comedia romántica de 2022 que se puede ver en Netflix, aunque no lleva el sello de la casa. El escenario es una agencia que representa a actores y cantantes, en la que el actor estrella (Lee Sung-kyung) y la jefa de relaciones públicas (Kim Young-dae), que fueron novios en los tiempos de la universidad, se llevan a matar, por una serie de eventos y malentendidos del pasado. Pero por supuesto… acabarán uno en los brazos de otros. Hay otras tramas paralelas, también de corte romántico. La serie no tiene mayor trascendencia, pero funciona por la buena química entre los protagonistas y el trabajo de otros secundarios que, como de costumbre, suelen ser todos muy guapos. A ratos se vuelve un tanto empalagosa. Pero bueno,… sin más. Y sin menos. Para fans del género. Bien valorado en IMDb, pero sin destacar sobre otras.

Sinderellawa ne myeong-ui gisa [신데렐라와 네 명의 기사, Cenicienta y los cuatro caballeros], con título en inglés Cinderella and the four knighs o Cinderella with four knights, también se puede ver en Netflix, sin llevar el sello de la plataforma, y es otra comedia romántica, en esta ocasión de 2016. Me entró la curiosidad porque fue el papel protagonista de Park So-dam, una de las actrices jóvenes de la oscarizada película surcoreana en la que, desde mi punto de vista, hacía un trabajo muy notable. Recientemente la vimos en un drama sobrenatural interpretando a la muerte. La serie no es nada original, porque recuerda mucho a otras anteriores y de similar planteamiento. Una chica en su último año de instituto, criada por una madrastra abusiva, y que aspira a ir a la universidad, en medio de una serie de adversidades, acaba contratada para vivir con cuatro jóvenes ricachones y caprichosos, con el fin de meterlos en vereda, dado que a la chica no le falta carácter. Por supuesto, un par de ellos acabarán peleándose por los favores de la chica. Más allá de que la protagonista está muy mona con el pelito corto, la serie es bastante floja. Y la chica protagonista ha recorrido mucho en madurez y calidad interpretativa con posterioridad… afortunadamente. Me entero de que Park So-dam, que actualmente tiene 32 años, se acaba de recuperar del tratamiento de un cáncer de tiroides. Pobre. A mí me cae bien. Me parece una actriz con mucho potencial, no en esta serie, y muy mona, pero sin ser el enésimo clon de las muchas actrices surcoreanas. Pero bueno, no es una serie especialmente recomendable.

Dunoegongjo [두뇌공조, cooperación cerebral], conocida en inglés como Brain works, es más reciente, de 2023, mucho menos orientada en los aspectos románticos, aunque algo hay, en la que un científico investigador del cerebro, excéntrico y de personalidad compleja, cae en desgracia al «robar» un cerebro de un psicópata, pierde su trabajo, y entra a trabajar en la brigada de investigación neurocientífica de la policía. Un grupo de extraños policías que investigan casos en los que alguien puede tener un problema de carácter neurológico, psicológico o psiquiátrico. Extraños porque el subcomisario es un tipo mayor altamente incompetente, la «capitana» es extraordinariamente tímida y retraída, hasta que deja de serlo, y el inspector es un buenazo simplón. Lo que pasa es que es el «culpable» del despido del científico, que busca venganza mientras trabajan. Un procedimental en tono de comedia, por supuesto se basa entre el antagonismo entre los dos protagonistas masculinos antagonistas. Que no funciona mal. Hay una trama de fondo, con un psicópata y con la muerte «accidental» de los padres del científico en su infancia, que se acaba resolviendo prematuramente dejando unos episodios finales sin mucho sentido. Serie también intrascendente, aunque divertida en no pocas ocasiones.

[TV] Cosas de series; culebrones Shondaland y drama legal japonés

Televisión

Como ya he comentado en alguna ocasión, la productora y creadora de series Shonda Rhimes es una de las más exitosas de Hollywood. Pero está especializada en las series con un toque culebronesco, que fácilmente entran dentro del espectro de los guilty pleasures, esos placeres culpables que ves a pesar de que sabes que, por muy lujosa que sea su producción, hacen aguas por muchos lados. Interpretación, guiones, mensajes… todos ellos suelen presentar goteras, defectos que deberían ser obvios para muchos, y sin embargo son obviados, y tienen éxito. Pues vamos con dos de ellas. Y añadiremos un drama legal japonés que terminé de ver recientemente.

Sigo sin poder explicara con claridad por qué sigo viendo Grey’s Anatomy, de la que hemos podido ver su vigésima temporada. Probablemente hace dieciséis que dejó de tener sentido. Pero quizá por costumbre, porque fue una de las primeras series a las que me enganché cuando empezó eso que algunos llaman la edad de oro de las series televisivas de ficción. Esta vigésima temporada sido la más corta de todas, diez episodios, solo superada en escasez de entregas por su primera temporada, con nueve episodios, porque comenzó muy avanzada la temporada regular de emisiones de las televisiones norteamericanas, como sustituta de alguna otra que se canceló. Si no recuerdo mal. Y la verdad es que la calidad de la serie, en sus guiones y en sus interpretaciones ha ido en constante declive. Sin embargo, ahí sigue. Supongo que porque vende y sale rentable. Siempre me planteo que hasta aquí he llegado con ella. Pero es como uno de esos parientes que hay en todas las familias, que es una pesadez, que no interesa, pero que como es de la familia… pues ahí lo tienes.

Continúo explotando las fotos del reciente viaje a Japón. En este caso a propósito de que la ficticia universidad en la que se conocen los protagonistas de la serie japonesa parece estar en una ciudad que podría corresponderse con Matsumoto.

Por el contrario, también de la misma factoría, Bridgerton, es una de las series estrella en la actualidad de Netflix. Esta ucronía de la Inglaterra de la época georgiana de la historia de este país, en la que las reinas consortes de origen alemán tiene la piel negra, todo sea por la representación en pantalla de la diversidad de la sociedad, estrenó recientemente su tercera temporada. Que conste que la diversidad de los orígenes étnicos de los intérpretes de la serie me trae sin cuidado. Llama la atención al principio, pero realmente creo que ni aporta ni quita. Sin los intérpretes son buenos funcionan, y si no, no funcionan. Por mucho que nos empeñemos. Y esta es una serie donde hay algunos intérpretes que está bien… y otros que no. De todos los colores de piel. Chirrían el presunto mensaje progresista de la serie, con la realidad de sus argumentos. Puesto que al fin y al cabo, todo circula con la rancia motivación de haber si casamos bien a la niña con un noble guapo y con tierras y buenas rentas. Leves tramas sobre mujeres pretendidamente independientes o en busca de su independencia, pero que al final acaban en lo mismo, en un matrimonio con un mozo con posibles, más o menos mono. Como en las dos primeras temporadas, de lo que va es de cómo van a casarse algunos de los hermanos de la prolífica familia Bridgerton, en esta ocasión dos de ellos. Pero al cabo, es más de lo mismo. Con el agravante que han acabado con uno de los pocos puntos de interés de la serie, el anonimato de la chismosa oficiosa de la alta sociedad inglesa. Nunca he sido muy fan de esta serie, pero tiene esos elementos de placer culpable que he mencionado y la veo. Aunque cada vez con menos entusiasmo. Es curioso que lo mejor que se ha hecho de este peculiar universo es la derivada, a modo de precuela, que centraba su interés en la reina alemana y negra. Ni siquiera me di cuenta de que uno de los personajes protagonistas de esta temporada, una de las hermanas casadera, había cambiado de actriz y tenía otra cara. Pero es que es uno de los personajes más mortalmente aburridos de los que han protagonizado los intentos casamenteros de los guionistas de la serie.

Finalmente, Destiny es un drama judicial japonés, que distribuye Netflix internacionalmente. Al contrario que otros dramas japoneses que se estrenan en Netflix un tiempo después de su emisión en la cadena japonesa que los produce, esta se ha ido estrenando simultáneamente, semana a semana. La vi porque sus primeros episodios parecía que prometían, y después de varias series del mismo país que recientemente me habían entretenido bastante, aunque no tenga la calidad global que las de otras nacionalidades. Una joven fiscal (Satomi Ishihara) en Yokohama se encuentra de repente con la tarea de investigar al que fue su novio (Masanobu Andō) durante la universidad. Un largo flashback nos contará cómo la joven estudiante de derecho encontró su sitio entre un grupo de compañeros de clase con los que hizo amistad. Con algunos de ellos mantiene relación todavía. Pero la buena época terminó cuando en un accidente de coche murió una de las chicas, y en el que estaba también implicado el novio de la joven, que desapareció de su vida. Cuando reaparece es para descubrir que detrás de la caída en desgracia y suicidio de su padre, también fiscal, veinte años atrás, hay un misterio, en el que está implicado el padre de su antiguo novio. Como ya digo, el comienzo presentó su interés. Pero lo cierto es que conforme avanzan los episodios, nueve en total de una hora aproximadamente de duración, el interés se estanca. Probablemente porque la premisa inicial no da para tanto… y al final se vuelve morosa. Las interpretaciones son mejorable, y hay un problema con el personaje protagonista, la fiscal, con la que es difícil empatizar. Y es que no basta ser mona. Tiene que haber un personaje con sustancia, y mayores capacidades interpretativas. Si Ishihara las tiene… en esta serie no se le aprecian siempre.

[TV] Cosas de series; algunas cosas del anime de esta primavera

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Intentaré no entretenerme mucho con la entrada de hoy, pero voy a comentar algunas series de animación japonesa que he ido viendo a lo largo de esta primavera. Un par de ellas en Netflix, y la otra, de otras plataformas.

La primera es un tanto anecdótica. Meitantei Konan [名探偵コナン, literalmente el gran detective Conan], comúnmente conocido en España como Detective Conan, es una serie de manga con adaptaciones al anime tanto en forma de series como de largometrajes, de carácter detectivesco como su título implica, y atemporal. Es decir, que no hay un paso del tiempo en su universo, e incluso pueden concurrir anacronismos internos y externos. Vamos, que lo que importa es la mera aventura, sin más concesiones. También tiene alguna adaptación en serie de acción real. Últimamente han llegado a las carteleras españolas algunos largometrajes de esta franquicia. Pero yo nunca había visto nada. Hace unos meses llegó a Netflix un derivado, centrado en un personaje secundario, Meitentei Konan: Zero no ti taimu[名探偵コナン ゼロのティータイム 日常], o internacionalmente, Detective Conan: Zero’s Tea Time, seis episodios de escasamente un cuarto de hora de duración. Con un personaje secundario, un detective que se oculta bajo la apariencia de alguien que trabaja en una cafetería, Zero. Es relativamente intrascendente, pero simpática, y se ve con facilidad. Y dura muy poco. No ha sido suficiente para que me decida a ver algo de la serie principal.

Bartender: Kami no gurasu [バーテンダー 神のグラス], o Bartender: Glass of God, es otra adaptación de un manga. Este es de hace 20 años. En la segunda adaptación en formato de animación que se hace. Y tiene un tono de animación con temas más adultos, y no me estoy refiriendo al sexo, del que no hay nada. Es una historia en torno a un barman, entendiendo como tal no un camarero al uso, sino el camarero de barra especializado en combinados y cócteles, que trabaja en un establecimiento de la zona de Ginza, en Tokio. El propietario de un lujoso hotel quiere contratarlo para su establecimiento, pero el se resiste. Y enviará a su nieta, que trabaja para él sin que sus compañeros sepan que es la nieta, y a otra empleada joven a convencerla. En los doce episodios que dura, iremos haciendo un recorrido por la vida de los personajes, y de otros personajes secundarios que van surgiendo entre los clientes del bar donde trabaja el protagonista y otras personas con la misma profesión y relacionados. La he visto por curiosidad, pero no ha terminado de engancharme porque la mística que desarrolla en torno a la profesión del protagonista me parece una memez, así como las sutilezas sobre los sabores y formas de preparar los combinados. Una pena, porque por lo demás, está bien hecha. Razonablemente bien valorada por los aficionados al anime en Myanimelist, no tanto por los votantes de IMDb.

Danjon meshi [ダンジョン飯, comida de mazmorra], en inglés Delicious in dungeon, e ingeniosamente en español Tragones y mazmorras, es una serie de fantasía, del tipo Dragones y mazmorras (ver Nota, más abajo), con 24 episodios de duración, abierta a continuación. Aunque tiene muchos momentos de aventura, y sus notas de drama, la mayor parte de la serie tiene un tono de comedia, me atrevería a decir que de parodia amable. Un grupo de aventureros entre los cuales un humano, una maga elfa, un mediano (similar a un hóbit de Tolkien) y un enano, se adentran en una mazmorra (entiéndase por tal NO un calabazo, sino una estructura subterránea con tesoros, monstruos, seres fantásticos y tal) para rescatar a la hermana del hombre, que fue atacada por un temible dragón. Para ahorrar y evitar peso, decidirán comer de lo que encuentren, por lo que cada episodio recibe un título relacionado con el plato que cocina a partir de los monstruos, animales y vegetales fantásticos que encuentran por el camino. Es muy entretenida, muy ingeniosa. Los caracteres se hacen de querer, porque son básicamente imperfectos, pero entrañables. Y los subtítulos están traducidos con mucho ingenio y mucha guasa, supongo que acorde con el tono general de la serie. Por lo que realmente me ha divertido bastante. Se ve en Netflix. Y si hay segunda parte, sin duda la veré. Está muy bien valorada, entrando entre las 100 series más valoradas de las miles que hay en Myanimelist.

Nota: Para quienes no se cosquen con la cosa de los juegos o aventuras de mazmorras, es un tipo de aventuras claramente inspirado por las compañías que en los libros de Tolkien se internan por diversos subterráneos para conseguir algo, como un tesoro o lo que sea. Por ejemplo, los enanos y Bilbo a por el tesoro de Smaug, o la Comunidad del Anillo atravesando las minas de Moria, y este tipo de situaciones, donde también hay elfos, enanos, hombres, medianos, dragones, orcos,…

[TV] Cosas de series; militares corruptos, periodistas que no mienten y familias de «superhéroes»

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Hace bastantes semanas que no dedico una entrada a las series surcoreanas. Y es que entre unas cosas y otras… últimamente me he enfriado bastante hacia este placer inconfesable. Últimamente he colgado varias tras ver uno o dos episodios. Quizá están dejando de divertirme. O no. Quién sabe. Pero aquí traigo tres de ellas, de muy distinto pelaje.

Gungeomsa Dobereuman [군검사 도베르만], en inglés Military prosecutor Doberman, es un drama militar y judicial, con toques de comedia y el inevitable romance, que se puede ver en Netflix, aunque sin doblaje ni subtítulos en español, hay que ponerlos en inglés, originalmente estrenado en su país de origen en 2022. Dos fiscales militares se alían contra un entramado de corrupción que abarca a altos grados militares y al mundo empresarial. Él, un vividor, que originalmente busca su propio beneficio, ella,… busca venganza. Y a partir de ahí, con un tono más desenfadado que dramático, una serie de aventuretas que se benefician del buen hacer de sus protagonistas (Ahn Bo-hyun y Jo Bo-ah) y de la buena química entre ellos. Un guilty pleasure bien hecho, pero bastante inverosímil, por lo demás.

Bimir-eun eops-eo [비밀은 없어, sin secretos] recibe en castellano el título de Hablando con franqueza o en inglés Frankly speaking. Parte de una premisa que no es nueva en series surcoreanas, ya la vi en una serie hace unos años. Un periodista o similar que es incapaz de mentir. En este caso un presentador de televisión (Go Kyung-pyo). Y eso le lleva a que le vaya mal profesionalmente. Para salir del atolladero, se alía con una guionista de reality shows (Kang Han-na), pasando a formar parte de los participantes en uno de sus programas. A partir de ahí, enredos y romances. Es una serie bastante intrascendente, estreno reciente de Netflix, y que se salva también por el buen hacer del reparto y porque los guiones no están mal.

Finalmente, una serie un tanto atípica, Hieoroneun animnidaman [히어로는 아닙니다만, no soy un héroe], que ha dado en titular en castellano/inglés como Una familia atítpica/The atypical family. Mezcla de comedia y drama romántico. Quizá más drama que comedia, aunque de todo hay. Una mujer joven (Chun Woo-hee), huérfana, que forma parte de una banda de estafadores, se infiltra en una familia con dinero, con el fin de casarse con el hijo viudo (Jang Ki-yong), con una hija preadolescente, y desplumarlos de su dinero. Pero con lo que no contaba es que fuese una familia con superpoderes. Aunque ahora no los pueden utilizar por culpa de las enfermedades asociadas a los estilos de vida modernos. La una vuela, pero no lo consigue porque se ha vuelto obesa. Otra tiene sueños premonitorios, en los que basan la riqueza familiar, pero no lo consigue por culpa del insomnio. El viudo es capaz de viajar al pasado, a sus momentos felices, pero no lo consigue porque está permanentemente deprimido desde que enviudó. Y en doce episodios se desarrolla un complejo enredo, en el cual, no faltan los dramas familiares y el romance, inicialmente ficticio pero luego… lo de costumbre. Tiene sus cosas originales, pero el ritmo y el desarrollo de la serie no siempre es acertado. Lo de los viajes en el tiempo es un plus, y está bien resuelto. Pero me he quedado con ganas. Podría haber sido muy buena. Quizá convertida en un largometraje, podría haber tenido su miga.

[TV] Cosas de series; un canalla antipático, varios canallas simpáticos y una familia nórdica

Televisión

Voy rápido que ando con poco tiempo. Tres series. Que llevo acumuladas unas cuantas sin comentar. Unas más interesantes que otras.

Con el Ripley por ahí, las fotos de la costa mediterránea de Italia o de Nápoles son obligatorias, casi.

Ripley. El de toda la vida. El de Patricia Highsmith. No sé cuantas versiones se han hecho de esta novela. Yo he visto tres. El largometraje de Alain Delon, el de Matt Demon, y esta serie que comento hoy, protagonizada por Andrew Scott. Tres ripleys muy diferentes para un mismo personaje. Tres interpretaciones muy diferentes de la misma historia. La historia tiene miga. Pero nunca me he sentido satisfecho con sus adaptaciones. No con los largometrajes. Especialmente el más moderno. Y con la serie actual, siento que estoy dividido. Con una factura exquisita, un blanco y negro suntuoso, un cuidado al componer el cuadro, al rodar como pocas veces se ve, mezcla algunos episodios absolutamente antológicos, especialmente el tercero y el quinto, con otros que me resultan pesados. El personaje siempre me resulta desagradable, lo cual no quiere decir que el actor lo haga mal, ni mucho menos, al contrario. Por lo que si lo que sucede en pantalla no tiene un plus… me tira para atrás. Pero creo que es una serie que hay que ver. Es distinta, y tiene cosas muy buenas. Aunque hay más libros sobre el personaje, parece que es temporada única. En Netflix.

The Gentlemen es una derivada de la película del mismo título que no tuve el gusto de ver. Una trama de mafias criminales, en las que se generan alianzas entre los capos de estas mafias y la más rancia de la nobleza británica. Con buena química entre los dos protagonistas, Theo James y Kaya Scodelario. Un reparto que funciona en general, por el buen hacer habitual de los elencos británicos. Y una trama que no es original. La típica de la persona que NO es en principio un criminal mafioso, pero acaba involucrándose en estos negocios, metiéndose en problemas, y utilizando como mecanismo para salir de ellos el típico huir hacia adelante, echándola más gorda. Aunque hay una serie de referencia en este esquema argumental que me parecerá siempre superior, al menos en sus primeras temporadas. Me lo pasé muy bien. Quizá esté sobrevalorada por muchos espectadores, pero es bastante recomendable. Ni idea si tendrá o no tendrá segunda temporada. En Netflix también.

Y también en Netflix, en temporada única, Midtsommernatt. El término se refiere a la noche del equinoccio de verano que se celebra con hogueras, juegos y fiestas en buena parte de Europa y derivados. Es equivalente a la noche de San Juan en España, aunque no coinciden en el mismo día (21 de junio frente a 24 de junio en España). En los países nórdicos coincide conque suele anochecer muy muy muy tarde. Incluso en el norte de estos países, más allá del círculo polar, no llega a anochecer. Sol de medianoche. En algún lugar de la costa noruega, una familia en la que hay miembros que son suecos, celebran una fiesta familiar. Está la familia y algunos amigos. La idea es comer, beber, hacer juegos, cantar canciones,… como mandan las tradiciones. Suecas o noruegas. Pero empiezan a aparecer conflictos familiares, unos larvados, otros que surgen de nuevo. Una serie simpática. Cinco episodios de media hora que se ven enseguida. Incluso se pueden ver de tirón, como un largometraje de dos horas y media de duración. No dejará mucho poso, pero entretiene. Reparto desconocido por estos lares, salvo Pernilla August, la virgenmaría de los midiclorianos de una galaxia muy lejana, hace mucho mucho tiempo.

[TV] Cosas de series; entre la fantasía y la ciencia ficción según la animación japonesa

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Me quedaban dos series por comentar del primer trimestre de anime de 2024. No tan brillantes ni mucho menos como las que comenté hace unas semanas. Pero al menos entretenidas. Y nos sirve para comentar la visión de los animadores nipones de algunos de los diversos géneros a los que se dedican. A veces con numerosos elementos predecibles. Otras… más originales.

Majo to yajū [魔女と野獣, la bruja y la bestia], en inglés, literalmente, The witch and the beast, es la típica adaptación de un serie de manga que se mueve en el terreno del fantástico. Presuntamente en el del terror, pero más bien funciona como una de aventuras entre buenos y malos. En un mundo ficticio donde existe la magia y los seres sobrenaturales, ambientado como la Inglaterra a caballo entre el siglo XIX y el XX, una curiosa pareja formada por un ser bestial atrapado en un cuerpo femenino y un mago que acarrea consigo a cuestas un ataud van por el mundo cazando brujas, buscando la que embrujó al ser bestial, de aspecto muy poco bestial. No voy a decir que me haya entusiasmado siempre el periplo de esta pareja, pero tiene algunos momentos conseguidos. Yo creo que le falta algo para terminar de atrapar. Quizá demasiado convencional en determinados aspectos. Si hay futuras temporadas, no tengo nada claro que me vaya a enganchar a ellas. He probado, he visto… y ya está.

Una de las series tiene en sus primeros episodios unas entretenidas aventuras ferroviarias… así que unas fotos de ferrocarriles nipones.

Metallic rouge (en inglés en el original) es una serie de ciencia ficción que va claramente de más a menos. Desgraciadamente, demasiado a menos. En un futuro más o menos cercano o lejano, el ser humano a colonizado ya algunos planetas del Sistema Solar, y ha entrado en conflicto con alguna raza extraterrestre. Estamos en una tregua. Uno de los elementos para luchar contra los extraterrestres es una raza de humanoides sintéticos, que llevan incorporadas, mira tú por donde, las leyes de la robótica de Isaac Asimov. En ese ambiente, tenemos a una androide en una misión en el planeta Marte, acompañada de una joven, donde debe acabar con una humanoide que por algún motivo es hostil al gobierno. La cosa empieza bien. En un Marte que quiere recordar, a veces, al de Cowboy Bebop, tenemos una aventura entretenida entre estas dos chicas y una fauna diversa de gentes de moral siempre dudosa. La cosa empieza a enredarse cuando resulte que alguno androides se convierten en unas especies de grandes robots que disparan muchos tiros, y lo que parecían unas aventuras simpáticas por Marte, se complica en una trama sobre conflictos entre humanos y humanoides, pero mal llevada, engorrosa, y que resuelven de forma poco sutil. Esta es prácticamente seguro que no la seguiré viendo. Esta es la típica que parte de ideas interesantes, aunque no originales, y que pretende darle originalidad a través de tramas enrevesadas y espectacularidad pirotécnica llevada al extremo.

En fin… que en esta ocasión, no hay mucho que recomendar. El problema de ver estrenos,… que no tienes referencias para elegir. Tienes que arriesgar.

[TV] Cosas de series; dictadores feudales japoneses y el fin del mundo van bien para las vacaciones

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Tengo unas cuantas series de televisión pendientes de comentario de antes de cogerme las vacaciones. Pero en la tónica de estos días, me apetece comentar cositas que he visto durante, o aprovechando, estas vacaciones. Porque en un viaje largo siempre hay tiempos muertos, o un rato antes de dormir, en los que aparte de la posibilidad de leer algo, puedes ver algo de lo que llevas en tu tableta por si acaso. Las dos series que comento las llevaba empezadas de antes del viaje a Japón, pero las he terminado durante el viaje.

Jongmar-ui babo [종말의 바보, el tonto del fin del mundo] es una serie surcoreana preapocalíptica, que en inglés se ha titulado Goodbye Earth y en castellano Adiós, Tierra. O sea, lo mismo que en inglés. Es una producción de Netflix que se basa en una novela japonesa que estoy dudando si leer o no, creo que no adapta exactamente la historia, se inspira en ella, y que en en doce episodios nos cuenta lo que pasa en una ciudad coreana en los 200 días que faltan para que quede destruida por la colisión con la Tierra de un asteroide. Pero antes de seguir, quiesiera hacer algunas puntualizaciones terminológicas. Que últimamente el personal adjetiva la ficción cinematográfica o televisiva.

En primer lugar, sí, he dicho preapocaliptica. No posapocalíptica como se puede leer en algunas reseñas o comentarios. La catástrofe no ha sucedido. Sucederá. Incluso se puede prever minimizar las consecuencias de la misma. Pero lo que analiza la serie no es lo que pasa después de la catástrofe. Lo que analiza es la descomposición de la sociedad cuando hay amenazas graves sobre la misma. Y eso puede ser de carácter catastrófico natural, pero podría ser por otros motivos. A lo largo de la historia de la humanidad, las sociedades, aparentemente estables y prósperas, se han desmoronado, los tejidos sociales destruidos, y la civilización se ha venido abajo. Sucedió en Mesoamérica con los mayas, sucedió en muchos lugares de Europa con el derrumbe del Imperio Romano, sucedió en el Mediterráneo oriental en la Edad de Bronce,… civilizaciones potentes, avanzadas para su época, que se desmoronan, hay un declive demográfico, y un abandono de la grandes ciudades y vuelta a la subsistencia básica. Pero antes de que eso suceda, hay un periodo de advenimiento del caos social.

En segundo lugar, el maldito término distopía/distópico que ahora se aplica a todo. Sobre la película sobre una hipotética guerra civil en Estados Unidos que comenté recientemente vi y comenté, la mayor parte de los medios hablan de una situación distópica. No tal. Es un escenario histórico alternativo o teórico, más bien una ucronía a futuro. Pero sobre una sociedad no diferente en esencia de la actual. Y a la serie actual también se le aplica en algunos medios el término distópica. No tal. Es un derrumbe social. No una distopía. Aunque ahora ha degenerado el término para abarcar muchas situaciones muy distintas, incluso los artículo en inglés y en castellano se lían mucho, originalmente la distopía se refería a sociedades que bajo la apariencia de una utopía, o sociedad ideal, se trata de sociedades o sistemas sociales y políticos deshumanizadores, que anulan la persona. Por lo tanto, relatos posapocalípticos, preapocalípticos, ucronías, o relatos sobre dictaduras hechas y derechas, sobre todo derechas, no son distopías. Lo importante, filosóficamente, de la distopía es su apariencia de sociedad ideal… cuando es todo lo contrario. No estamos en la situación.

Cuando comienza la serie, hace más de 150 días que se sabe que un asteroide colisionará contra la Tierra en algún lugar muy próximo a la península de Corea, por algún mapa que sacan en lo que la mayor parte del mundo llama el mar de Japón, y que ellos llaman el mar del Este… denominación que sólo tiene sentido para ellos, claro. Pero bueno, también al mar del Norte se le llama así aunque sólo tenga sentido para los europeos occidentales que no viven en los países escandinavos. En fin, no nos extenderemos mucho sobre el hecho de que la nomenclatura cartográfica está condicionada por el histórico impulso colonizador de la Europa occidental. Aquí estamos de nuevo. En esos 150 días, sabiendo que Corea, ambas Coreas, van a desaparecer como nación, en la del sur se ha producido una guerra civil y una descomposición del tejido social. Algunos coreanos son acogidos como refugiados en otros países, pero los criterios son egoístas, arbitrarios, injustos,… y no van a alcanzar a toda la población. Al mismo tiempo, mafias criminales campan por el país, y es infame la trata de personas, especialmente de niños y adolescentes.

En ese entorno, nos encontramos con cuatro amigos. Una profesora de educación intermedia, Ahn Eun-jin, el equivalente a la ESO, que vive con dificultad la desaparición o muerte de todos menos tres alumnos de su clase, víctimas de esas mafias. Su novio, un científico brillante, Yoo Ah-in, que se encuentra en Estados Unidos. Una capitana del ejército, Kim Yoon-hye, con un alto sentido del deber y que pretende proteger a la población de la ciudad. Y que en secreto es lesbiana, y está colada por la profesora. Y un sacerdote católico, Jeon Sung-woo, que tiene que confortar a su parroquia cuando el párroco titular desaparece. Y luego hay una pléyade de secundarios, más o menos habituales en los dramas coreanos, haciendo de buenos vecinos, o de malvados. En los doce episodios, desarrolla una serie de tramas personales, y otras globales, que ponen énfasis en como sobrevivir cuando no hay esperanza, o como mantener una cierta cohesión social, cuando las desigualdades y los egoísmos personales sobresalen en el «sálvese quien pueda». La propuesta es muy interesante, y la serie se deja vez con interés. Especialmente por el buen trabajo de muchos de sus intérpretes. Pero la historia no está siempre bien hilvanada, el peso de la trama está muy desequilibrado a lo largo de los episodios, y algunas situaciones caen en el tópico previsible. Pero algunos de los conflictos éticos que se plantean son interesantes. Al público no le ha gustado mucho. Aparte de los defectos señalados… la gente quiere finales felices. Siento haber destripado el final. Pero es que es obvio y consecuente. Es lo que hay.

En la plataforma Disney+ han celebrado recientemente su estreno estrella de los tiempos recientes. La producción es de FX, uno de los canales que distribuyen en la plataforma. Y se trata de la segunda adaptación televisiva de una novela superventas de los años 70 del mismo título, Shōgun. La primera fue en los años 80, cuando estaban de moda las series con cierto componente épico que, en TVE, solían venir agrupadas como Grandes relatos, aunque esta denominación se usó también para otros programas. Fue la época de (usaré las denominaciones en España) Raíces, Holocausto, Norte y sur (esta acabó teniendo varias temporadas), Séptima avenida, Hombre rico, hombre pobre, y otras que ahora no me vienen a la memoria. Eran muy populares… porque sólo había una televisión con dos canales, o sea que no podíamos elegir ver otras cosas. Así que eran objeto de comentario habitual por parte de todos tras la emisión del episodio semanal. Todas o casi todas eran adaptaciones de novelas del tipo superventas. O best-sellers para los que no son incapaces de prescindir de la superflua denominación inglesa. Novelas formulaicas, muy entretenidas, aunque de valores literarios discutibles en ocasiones, que seguían esquemas similares. Y que mucha gente, tras la serie, acababa comprando en el Círculo, aunque la mayor parte de esta gente no la llegaba a leer. Pero quedaban bien en las bibliotecas domésticas.

Pues bien, algunas de aquellas historias se están actualizando en nuevas series, más ambiciosas, con más medios técnicos y con la intención de atrapar al espectador para la plataforma de contenidos de turno. Shōgun es una ficcionalización de los acontecimientos históricos que rodearon la llegada al poder de Tokugawa Ieyasu como primer shōgun de su dinastía, que entre 1603 y 1868 procuró un periodo, llamado periodo Edo, por instalarse la sede del gobierno del shogunato en esta ciudad, hoy conocida como Tokio, en el que el país estuvo en paz. La capital oficial del país, donde residía el emperador, sin poder real, seguía siendo Kioto. Fue una dictadura militar, con una sociedad dividida en castas, pero que gozó de estabilidad, y se caracterizó por el mantenimiento de un sistema feudal en el territorio, al mismo tiempo que surgía una casta de comerciantes en las ciudades. Casta que combinaba la contradicción de estar en la base del sistema social, pero que era muy próspera económica y manejaba mucho dinero. Y por ello, aunque supuso un parón en el desarrollo tecnológico del país, fue un periodo de esplendor en la cultura y las artes.

El advenimiento al poder de Tokugawa Ieyasu, del clan Matsudaira, el tercero de los unificadores del país, y el definitivo, tras el convulso periodo Sengoku, se produjo cuando fue expulsado (o se rebeló) del consejo de cinco regentes del que formaba parte, durante la minoría de edad del heredero de Toyotomi Hideyoshi (en la serie Toranaga Yoshii, Hiroyuki Sanada), el segundo de los unificadores, tras Oda Nobunaga, el primero de ellos. Ieyasu fue lugarteniente de ambos, pero en un momento dado sintió que le llegaba el turno. Esta rebelión genero una serie de tensiones que amenazaban el desencadenamiento de una nueva guerra civil entre las dos facciones; el ejército del Este, al mando de Ieyasu, con base en Edo, y el ejército del Oeste, al mando de Ishida Matsunari (en la serie Ishido Kazunari, Takehiro Hira), con base en Osaka. El casus belli fue el intento de Ishida Matsunari de retener como rehenes en el castillo de Osaka a familiares de los señores feudales que apoyaban a Ieyasu en el ejército del Este. En este intento, murió la esposa de uno de los lugartenientes de confianza de Ieyasu, general destacado en su ejército, una mujer de origen noble que había adoptado la religión católica, originalmente llamada Akechi Tama, aunque pasaría a ser conocida como Hosokawa Gracia (en la serie Toda Mariko, Anna Sawai). La serie es ficción, y los nombres de los personajes son distintos pero basados claramente en estos personajes históricos. Y narra una sucesión de acontecimientos ficticia, que no se corresponde con la realidad histórica, que llevan a la muerte de la dama noble en Osaka y el desencadenamiento de la guerra. Mezclados con la llegada a Japón de un piloto naval inglés al servicio de los comerciantes neerlandeses, John Blackthorne (Cosmo Jarvis), que se basa en un la figura del marino William Adams, y que no consta que interviniese en modo alguno en los asuntos históricos que he comentado.

La serie es entretenida. Muy entretenida. Pero no me ha gustado tanto como a la peña. De verdad que no. Hay algunos «errores» de reparto. Anna Sawai no lo hace mal. En lo que yo la había visto hasta ahora… la consideraba una actriz mediocre, como en cierta serie de monstruos de Apple TV+. Me dicen que también salía en la excelente Pachinko, pero no en un papel de los más destacados. También salía en una serie de yakuzas en Londres que vi hace un tiempo, pero ni siquiera la mencioné en la reseña, porque no tenía un papel muy trascendente. Se ha movido sobretodo en el cine de acción, y en la serie se le nota más cómoda en las secuencias de acción que le ofrecen. Lo curioso es que hay dos actrices japonesas en la serie, en papeles secundarios, que desde mi punto de vista tenían más potencial, y en lo que les toca lo hacen mejor, como son Saeko Kimura y, especialmente, Fumi Nikaidō. Esta última sería una potencial antagonista para Toranaga en caso que decidieran por una segunda temporada, no prevista inicialmente. Ieyasu y Yodo-dono, la madre del heredero de Toyotomi Hideyoshi, acabaron enfrentándose en el castillo de Osaka catorce años después de la batalla de Sekigahara que fue el punto final a la historia original en la que se basa la serie. Y sobretodo… el inglés no pinta nada en todo esto. Incluso el relato fuerza una relación romántica entre la dama noble católica y el piloto inglés que está fuera de carácter por completo para una noble japonesa de la época, especialmente siendo una católica convencida. Eso me ha chirriado como pocas cosas. La necesidad del escritor original de poner un protagonista occidental para atraer lectores hace que la historia baje un montón de enteros. Existió una personaje real que estuvo por allí. Pero con nula trascendencia real, más allá de lo que algunos quieran ver en el posterior permiso a los holandeses para establecer un puerto franco en una isla frente a Nagasaki. Y hay elementos insuficientemente tratados, o con poca sutileza. Como la influencia del clero católico jesuita predominantemente portugués, pero que sería expulsado años más tarde, y prohibidas las religiones cristianas. Hemos de recordar por otra parte, parece que los ingleses y americanos no se han enterado, que en 1600 Portugal estaba integrado en la Monarquía Hispánica junto con el resto de los reino peninsulares, varios dominios por el resto de Europa y las correspondientes colonias por el resto del Mundo. En aquel momento, durante el periodo entre 1580 y 1640, no tenía sentido de hablar de «España» y «Portugal» como dos entidades políticas distintas en cuestiones internacionales.

En otro orden de cosas, el ambiente tétrico, brumoso permanentemente, oscuro, frío, con unos viñeteos en la fotografía muy excesivos… tampoco me ha convencido mucho. Da la impresión de que de un momento a otro van a empezar a salir dragones, elfos, orcos y demás… por allí. O sus equivalentes nipones. Y es que no es la imagen que tengo yo de un país que ya he visitado en tres ocasiones, y que, aunque llueve con cierta frecuencia… es bastante luminoso. Como decía, muy entretenida… pero no me parece tan maravillosa como algunos la ponen. Ni de lejos.

[TV] Cosas de series; en víperas de viaje al País del Sol Naciente, un par de series de por allí

Televisión

Pues sí. En breve, este blog pasará durante unos cuantos días al modo sólo fotos. Tocan vacaciones. Y toca viaje a Japón. El tercero. Por eso, la entrada televisiva de esta semana está dedicada, de alguna manera, a ese país. Un par de series de Netflix que, sin ser maravillas, son simpáticas y me han hecho pasar algún rato simpático.

Karakai Jōzu no Takagi-san [からかい上手の高木さん, la bromista de Takagi] es una adaptación más de un popular manga, o sea, tebeo japonés, que ha sido objeto ya de diversas adaptaciones en forma de serie de animación, de película animada y, finalmente, con esta serie, a serie de televisión de acción real. Es un estreno actual de este 2024, del cual Netflix tiene los derecho fuera de Japón. La historia es muy simplona. En un ambiente de provincias, en un isla del mar interior de Seto, la jovencita Takagi (Rui Tsukishima) y el jovencito Nishikata (Soya Kurokawa) son compañeros en el segundo curso de la escuela intermedia. O sea, algo así como segundo de ESO en España. Unos 14 años. Son vecinos y, en una población pequeña, se conocen de siempre. Takagi es vivaz e inteligente, mientras que Nishikata es más tranquilo y muy confiado. Por lo que Takagi lo somete a una sucesión de bromas sin mayores consecuencias, que Nishikata intenta devolver sin éxito. Pero claro, entre ellos surge una tensión romántica no declarada. De la que la chica es muy consciente… el chico, más bobo e inmaduro, no tanto. Había visto una temporada de la versión animada. Simpática. En esta versión de acción real, poco a poco se deja de dar importancia a las bromas, para dar trascendencia a la relación entre los dos adolescentes. Y esto es lo que da valor a la serie, ya que estas relaciones, inocentes e indecisas son muy majas. La chiqueta es mejor intérprete que el chaval. En general, y a pesar del agridulce final, la serie deja buen sabor de boca… y se ve en un pispás. Parece ser que la película largometraje de animación da resolución a la relación. En inglés se encuentra como Teasing master Takagi-san y alguna de las versiones en castellano aparecen como Maestra en bromas pesadas Takagi-san… pero no me gusta, porque nunca son bromas pesadas.

Unnatural (en inglés en el original) es una serie japonesa de diez episodios de 2018. Lo cual da un punto de ironía a alguno de sus episodios que trata de un brote de síndrome respiratorio grave causado por un coronavirus. Es una serie más o menos típica de investigadores forenses. Los protagonistas trabajan en un instituto autónomo de medicina legal, en el que trabajan dos forenses y otros técnicos. El personaje principal, Mikoto Misumi (Satomi Ishihara), es una joven forense muy dinámica, querida por sus compañeros, que fue adoptada tras perder a sus padres. El complementario, Kai Nakado (Arata Iura), es un hombre, también forense, osco y algo misántropo, marcado por el asesinato de su novia ocho años atrás, del que fue acusado. En principio es un procedimental en el que en cada episodio o cada dos episodios resuelven un caso. Pero hay un misterio global, relacionado con la novia de Nakado y con crímenes recientes, que se resolverá al final.

Aunque empecé a ver el primer episodio sin mucho convencimiento, pensando que probablemente abandonaría la serie directamente, lo cierto es que me enganché. Y el principal motivo no está tanto en las tramas, que son correctas, pero lejos de la espectacularidad de lo que series similares norteamericanas plantean (hacen bromas a costa de una de ellas), sino en la empatía con los personajes. Se hacen querer. La chica protagonista es de estas actrices japonesas ubercharming que no lo hace mal. Y el conjunto que la rodea no funciona mal. Dentro de que la interpretación de los actores japoneses en teleseries siempre me resulta un poco forzada. Pero está bien. Yo la he disfrutado.

[TV] Cosas de series; misterios astronáuticos, Lincoln asesinado y simpáticos neandertales

Televisión

Dos cuestiones que entran en conflicto me han venido pasando últimamente. Por un lado, se me han acumulado muchas series de televisión para comentar, a pesar de que tenía la sensación de que estaba muy irregular con estas cosas. Y por otro lado, voy con poco tiempo para comentarlas. Pero he sacado un poco de tiempo este viernes para sacar adelante el comentario de algunas de ellas. Aunque sea de forma telegráfica. Tres series. Y una película documental para televisión.

Los bosques suecos tienen un cierto papel en una de las películas de astronautas, así que pondré algunas fotografías alusivas.

Ha coincidido que en estos primeros meses del año se han estrenado dos miniseries con premisas argumentales muy similares. Una en Apple TV, Constellation. Otra en Netflix, Das Signal. La primera es una coproducción en la que participan productoras de Estados Unidos y algunos países europeos, ocho episodios, con el gancho de Noomi Rapace como protagonista. La segunda es una producción alemana de cuatro episodios. Ambas comparten algunas premisas. Una astronauta con una misión en órbita alrededor de la Tierra, un evento extraño, y un regreso a la Tierra accidentado. Y una conspiración. La primera, dándole vueltas a algunos conceptos de la mecánica cuántica, más bien hipótesis indemostrables sobre lo que significan algunas de sus matemáticas, como los multiversos, malentendiendolos las más de las veces. La otra, con una curiosidad que a algunos de los más aficionados trekies les sonará más o menos familiar. Pero resumiendo, para no aburrir, ninguna de las dos ha convencido mucho a la parroquia. Ni a mí tampoco. Entre lo pretencioso de la primera, y lo simplón de la segunda. Con guiones flojos, basadas en ideas que puedan estar lastradas de partida. No especialmente recomenables.

Sí que me parece recomendable Manhunt. Serie norteamericana para Apple TV que nos cuenta en siete episodios como fue el asesinato de Abraham Lincoln, como se persiguió a sus asesinos, y como fue el juicio, vinculándolo, de alguna forma, a la mala administración que hizo Andrew Johnson, el vicepresidente y sucesor de Lincoln, que tanto tergiversó la llamada Reconstrucción, con corrupción y secuelas que, tal vez, repercutan hasta hoy en día. Se apoya en una excelente ambientación y en las excelentes interpretaciones de Tobias Menzies como el secretario de guerra Stanton, que dirigió la persecución de los criminales, y Anthony Boyle interpretando al asesino John Wilkes Booth. No es una excelencia de las de recordar para toda la vida, pero está bastante bien, y es recomendable.

Finalmente, me vi recientemente el documental de 80 minutos de Netflix, Secrets of the neanderthals. Un producción británica en la que se recorren los hallazgos paleontropológicos y arqueológicos más importantes para comprender quienes fueron los miembros de esta especia humana que ocupó Europa y buena parte de Asia y de quien los euroasiáticos, incluidos los descendientes de los que emigraron a otros continentes, conservamos un 2-3 % de sus genes en nuestro propio genoma. Indicando que hubo reproducción cruzada fértil entre los neandertales y Homo sapiens. Pero la serie se centra en la interpretación de fósiles y restos arqueológicos que dejaron en Oriente Medio y distintas localizaciones de Europa. No está mal. Se deja ver. Es cierto que a mí me hubiera gustado algo de tiempo a profundizar un poquito en los descubrimientos realizados a través de la biología molecular y el estudio del genoma… pero bueno. Es que a mí me gustan estas cosas. Narrada por Patrick Stewart.

[TV] Cosas de series; médicos, bomberos, policías… y vampiros

Televisión

Vamos con mi última ronda de k-dramas… o sea, dramas coreanos, cuando drama es un genérico que incluye también la comedia. He de decir que estaban un poco de bajón estas series. Y de hecho algunas de las que he empezado últimamente las he abandonado. Son cosas que pasan si a unas producciones que tienen no poco de guilty pleasures se une una falta de empatía absoluta con los personajes protagonistas. Como por ejemplo en esta producción de guapos protagonistas que tan buen resultado dieron en otras ocasiones, que está siendo muy bien recibida por la mayor parte del grupo, pero que a mí se me ha vuelto estomagante. Pero vamos con las que no.

Ghost doctor (en inglés en el original) es una serie de 2022 que se puede ver en Netflix, pero creo que sólo con subtítulos en inglés. Un antipático pero tremendamente hábil y eficaz cirujano cardiovascular y un simpático pero torpón residente de primer año, pero heredero de la empresa que gestiona el hospital, se tienen que aliar para desentrañar los misterios que rodean algunas muertes y accidentes en el entorno del hospital. Pero con la peculiaridad de que el hábil cirujano es víctima de «un accidente», acaba en coma y es su fantasma temporal el que colabora con el torpón residente que, casualmente, es capaz de ver fantasmas desde niño. Entre la comedia de las situaciones que se producen por las «posesiones» del fantasma, y otros fantasmas, y el drama de la conspiración para hacerse con el control del hospital y despojar a una rica heredera, y neurocirujana, e interés romántico el hábil cardiovascular, de su herencia. En general, muy animada y entretenida. Con dos peros. La neurocirujana, una actriz muy guapa, hace una interpretación en su 85 % aburridísima. Hay otro personaje femenino, la joven residente, interés romántico del torpón residente, que es bien maja y está absolutamente desaprovechada en la trama. Pero ya está.

He podido ver la segunda temporada de Sobangseo Yeop Gyeongchalseo (소방서 옆 경찰서, la comisaría próxima al parque de bomberos), conocida en inglés como The first responders y en español como Unidad de primera intervención. Este drama de acción (y romance) con bomberos y policías como protagonistas (y los forenses) me pareció muy entretenido en su primera temporada de 12 episodios, que quedaba con las tramas abiertas y cerraba con un cliffhanger. Por eso me apetecía ver la segunda temporada. Que va en la misma línea… pero baja de interés notablemente. Se centra mucho más en el personaje del policía, y la chica, la enfermera de los bomberos, pasa a ser un florero en el conjunto de la serie. Sigue siendo entretenida, pero por esos y otros motivos que no menciono para no destripar la trama, pierde bastante. Pero cerrada está.

Finalmente, en Amazon Prime Video he podido ver Gaseum-i ttwinda (가슴이 뛴다, mi corazón late) conocida en inglés como Heartbeat, y en castellano El latido de mi corazón. Dramedia romántica, con el romance entre una tristona enfermera escolar que vive solitaria y con apuros y un vampiro que estaba sumido en un sueño de 100 años con el fin de convertirse en humano y al que despierta un día antes de lo que corresponde. A partir de ahí, chascarrillos, romance, y los elementos que pondrán palos en las ruedas de la relación. En el reparto de secundarios, los «payasos», los «rivales amorosos», y el vampiro perverso como contrapartida a los vampiros buenos. Y como en casi toda serie sobrenatural coreana, una historia de reencarnaciones y de romances y rivalidades que se extiende desde cientos de años atrás. Empieza bien… pero va decayendo. Tiene el problema que la chica protagonista no acaba de estar cómoda en el papel, en lo que a mí me parece. Le falta expresividad en algunos momentos. Normalita. Entretenida, pero poco memorable.

[TV] Cosas de series; una animación bien hecha que no es para mí y otra bien hecha que no está mal

Televisión

Hoy traigo dos series de animación japonesas. Con agilidad, porque no tengo mucho tiempo para dedicar. Una de ellas viene de Netflix y la otra es de otras plataformas, una de las pruebas que hago de vez en cuando para probar distintos géneros de animación japonesa. Unas con más fortuna, otras con menos.

Onmyōji (陰陽師), algo así como el maestro del yin y del yang) es una serie de Netflix, en la que retrocedemos al período Heian del Japón, con personajes reales, históricamente documentados, pero con un fuerte toque fantástico. Los protagonistas son Minamoto no Hiromasa, un noble de la corte y músico, nieto de un emperador, y Abe no Seimei, el onmyōji del título, unos funcionarios que eran astrólogos y consejeros del gobierno y el emperador a la hora de decidir la fecha y el momento adecuado para hacer los actos de gobierno. Pero en la serie se dedican a proteger a la corte de Heian-kyō (actualmente Kioto) y a sus funcionarios de los demonios que los acechan. Es curioso que la serie no está muy bien valorada por los espectadores, y sin embargo a mí me ha parecido muy entretenida. Especialmente cuando las tramas son más ligeras. Cuando se pone más seria… se hace un poquito más pesada. Y es cierto que no todas las interacciones están bien aprovechadas, como el personaje de la princesa Tsuyuko, que podría haber dado un poco de variedad al asunto. Pero a mí me resultó entretenida.

Yubisaki to renren (ゆびさきと恋々, el afecto y la punta de los dedos), conocida por A sign of affection/Signos de afecto es una de las series de animación con las que llevo explorando el género en los últimos tiempos. Es una serie muy bien valorada por los aficionados, pero destinada a un grupo demográfico muy determinado; las chicas jóvenes. Me ha costado terminar la temporada a pesar de las buenas críticas, precisamente por su grupo diana tan específico. Y porque los tópicos que se asocian al género me resultan muy indigestos. Nos cuenta la relación romántica entre una joven universitaria de primer curso, sordomuda (de ahí el título que hace referencia al lenguaje de signos), y un joven algo mayor, también universitario, muy cosmopolita, políglota, y muy viajado. Más todos los amigos y familiares que los rodean. La idea es buena. Pero hay algunas cosas que me cansan o empalagan mucho. Una, especialmente, es la voz en off que representa los pensamientos de la chica, y que parece una constante en este tipo de series. No sabéis hasta que punto odio las voces en off salvo que estén muy muy muy bien justificadas. Suelen ser signo de mala capacidad para contar historias audiovisualmente. Y hay formas de narrar la vida interior de una persona mucho más elegantes que una voz en off. Y luego otros aspectos visuales. No creo que repita en este género. Me resulta un tanto estomagante. Es de esos géneros que están tan dirigidos a un sector demográfico, que difícilmente pueden digerirse por quien no pertenezca al mismo. Y al mismo tiempo me resulta una representación extremadamente irreal e idealizada de las relaciones a esas edades. Por lo menos, en los tiempos que corren.

[TV] Cosas de series; curas peligroso y alienígenas… más peligrosos aún

Televisión

Dos series muy distintas. Pero es que no tengo tiempo para engarzar una entrada más homogénea y coherente. Una de las series me la encontré, me entró curiosidad y la vi. La otra era muy esperada desde hace meses; una de las adaptaciones de un libro de ciencia ficción más esperadas. Y como dije un 23 de agosto del año pasado, una adaptación que esperaba con cierto pesimismo. Ya he comentado en alguna ocasión que me estoy planteando mandar a Netflix a freír churros. Y esta serie llega de la mano de esta plataforma de contenidos en línea.

Ya que las series de hoy tienen un fuerte componente británico, nos daremos un paseo fotográfico por el West End londinense.

Pero vamos primero con Inside man, una serie de la BBC que es distribuida por Netflix fuera del Reino Unido. Me llamó la atención por su reparto. David Tennant como un clérigo anglicano al que cierta situación se le va de las manos, Stanley Tucci como un genio asesino que resuelve casos detectivescos desde el corredor de la muerte de una prisión de máxima seguridad de Arizona y Dolly Wells como la situación que se le va de las manos a Tennant. Un reparto muy prometedor. Y sólo cuatro episodios de una hora de duración… ¿Cómo no ponerse a ello? La cosa va de que una serie de malentendidos lleva a que el clérigo secuestre a la profesora de matemáticas de su hijo por miedo a que lo denuncie por algo que no ha hecho. Y eso lleva a una espiral de catastróficas consecuencias. Mientras una conocida de la profesora (Lydia West), una periodista que entrevista al asesino le pide que le ayude a encontrar a su desaparecida amiga. Indudablemente está bien interpretada y en general se ve bien, sin problemas. Pero es mucho más previsible de lo que creía, y al final te deja con la sensación de que tenía mimbres para haber resultado mucho más interesante de lo que es. Me pasa mucho últimamente…

3 body problem es la segunda adaptación, una fuerte apuesta de Netflix para este 2024, de la famosa novela de Liu Cixin, El problema de los tres cuerpos. En el enlace que ya he puesto antes, me explayé a gusto sobre la primera adaptación, la realizada en China. Una adaptación muy imperfecta, pero perfectamente asumible, entretenida, bastante fiel al original, que merecía una distribución de mejor calidad que la que se hizo a través de Youtube. He dicho imperfecta. Obviamente, los chinos no tienen el oficio de Estados Unidos, Reino Unido u otros países occidentales a la hora de realizar series de televisión. Hay alguna cutredad, el reparto es heterogéneo en calidad, el guion mejorable. Pero algo que sorprendió de inmediato es que la versión de Netflix encaja en 8 episodios lo que la producción china narraba en 30 episodios. Y no sólo eso, sino que en sus últimos episodios se mete ya en la trama del segundo libro de la trilogía. Esto ya marca alguna diferencias importantes. A eso hay que añadir que el reparto es mucho más internacional, que la mayor parte de la acción en la época actual transcurre en el Reino Unido y no en China, y que hay personajes nuevos que no existen en el original. Mientras que el original era un reparto, unos personajes, en un 90 % chinos, aquí estamos ante un elenco benetton, de todas las etnias y colores.

La trama es esencialmente la misma. Pero la serie de Netflix echa a correr y en los primeros cuatro episodios resume mucha de la trama de la novela de Liu. Modifica también los protagonismos. Aunque el reparto me parece muy coral, hay personajes más importantes que otros. Y el principal, a parte de Ye Wenjie (Rosalind Chao/Zine Tseng), es el de Jin Cheng (Jess Hong), que mezcla varios personajes de las novelas, sin ser fiel a ninguno en concreto. Y esta chica lo hace bien. El resto del reparto, con algunos nombres conocidos, tiene una calidad diversa. Demasiado diversa. Lo cierto es que en esos cuatro primeros episodios, la serie me estaba decepcionando. En la segunda mitad de la temporada mejora, tiene momentos buenos o muy buenos. Empieza a definir lo que quiere ser la serie. A unos les parecerá mejor y a otros peor, pero la peripecia de Ye Wenjie tiene importancia sólo como desencadenante de lo que la serie da importancia. En la novela y en la adaptación china, esa peripecia es una parte importante de la narración, que justifica la novela por sí misma. En la serie de Netflix, es un punto de partida para lo que quiere ser… una serie de guerras espaciales entre la humanidad y los trisolarianos. Que no es el enfoque de los libros de Liu Cixin. En su conjunto, la serie está bien. Seguro que veo una segunda temporada si se da, no sé si está confirmada… pero voy a asumir que no es lo mismo. Que está inspirada en, pero que el espíritu es otro, aunque los acontecimientos sean parecidos. Pero no va a ser una ficción de referencia en el ámbito de la ciencia ficción. Difícilmente se puede convertir en eso. No da para tanto. Ya veremos cómo sigue. Si sigue.