Estoy en Trieste, trabajando (o reunido, vamos) y llueve… mucho

Viajes

Pues eso, que ayer salí de Zaragoza en dirección a Trieste. Hasta hoy no he podido informar de la cuestión, pero bueno aquí estoy. Como el tiempo es malo, y me he pegado casi todo el día reunido, pocas fotos hay. Pero algo es algo y menos es nada.

Salí de Madrid, de la temida T4, que no resultó para tanto. Es grande. Y todo está lejos. Pero por lo demás, despejada y con poco follón.

En Venecia, notas el caos al que tienden los italianos, pero como llegamos puntuales y el transporte en autobús a Mestre fue bien, a la hora prevista estaba en la bulliciosa estación de esta ciudad satélite de Venecia para coger el tren hacia Trieste. Como de costumbre, los trenes italianos tienen ese aspecto cutre indefinible, pero hay muchos, y no van mal… para ser regionales.

Desde que llegué a Trieste, el tiempo ha estado muy nublado y hoy ha llovido todo el día. Ayer lunes, por la noche aún me dio para tomar alguna toma nocturna de la Piazza dell’Unitá d’Italia.

Hoy, todo el día reunido. El entorno del lugar donde nos encontramos, perteneciente a la administración pública de salud del lugar, es muy agradable, pero tan apenas me ha dado tiempo a tomar ninguna imagen. Y además, no sé si lo he dicho, todo el día lloviendo. A ver si mañana os puedo contar algo más.

Día internacional de los museos, la tetera de Russell y me voy a Italia

Ciencia, Política y sociedad, Viajes

Proclaman hoy en las radios que es el Día Internacional de los Museos. Por ello, organizan actividades especiales y se entra gratis o a precio reducido. Me ha producido cierta amargura esta noticia. Recuerdo que en 1990, año en el que viví en Madrid, cualquier ciudadano de la Comunidad Europea (todavía no se llamaba Unión Europea entonces) entraba a los museos públicos españoles gratis en cualquier momento simplemente mostrando el DNI o el pasaporte. Cualquier día era el Día de los Museos. Pero llegaron los burócratas de Bruselas y decidieron que eso no podía ser. Que qué tontería lo de la cultura. Que toda actividad económica tenía que ganarse la vida por si misma, sin subvenciones, y que había que cobrar. Es el problema. No hemos superado todavía la Europa de los Mercaderes. No hemos sido capaces de avanzar hacia la Europa del Ciudadano, de las Culturas, de las Ausencia de Fronteras, de…

En otro orden de cosas, un amigo me manda una nota sobre la Tetera de Russell. Russell es Bertrand Russell, uno de esos filósofos de los que muchos hablan pero a los que casi nadie lee. Os pongo un párrafo que muestra la idea.

Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se la enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se la instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara ameritaría la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores.

Bertrand Russell

Hoy día se han propuesto analogías similares para luchar contra la superstición en tono divertido, como el Unicornio Rosa Invisible o el Monstruo Volador de Espagueti. Yo soy especialmente adepto a este último. Aunque siempre me provoca cierta tristeza que en la sociedad actual se encuentre en desventaja quien utiliza la razón y la experimentación para adquirir conocimiento, frente a quien transmite creencias basadas en supersticiones, en mitos, en… nada.

Pero nadie me va a amargar el día. Porque mañana salgo de viaje hacia Italia. Que a pesar de su deriva política, sigue siendo un país bellísimo. Estaré seis días. La mitad de ellos tengo una reunión de trabajo. En Trieste. La otra mitad, aprovecharé para darme unos paseos por Venecia. Si no se hunde mientras tanto, claro. Os dejo una foto de la ciudad ducal.

(Pentax P30N; Sigma 28-70/3,5-4,5)

Un día libre en Barcelona

Viajes

Ayer lunes. Decidí tomarme un día libre e ir a visitar a algunos amigos a Barcelona. Hay que aprovechar el AVE, ya que lo han puesto. Es cómodo. Saqué billete para las 8:55 de la mañana, que tampoco es cosa de madrugar si no se va a trabajar. Dos horas más tarde, estaba cogiendo el metro en la estación de va a trabajar. Dos horas más tarde estaba cogiendo el metro en la estación de Sants. Quedamos pronto, antes de lo que yo pensaba. Problemas de agenda. En petit comité. No como sucede periódicamente, que quedamos un grupo a comer. Primero fui de compras. Un complemento para mi laboratorio fotográfico digital.

Habíamos quedado al final de la Diagonal. Como yo no los conocía, nos dimos un garbeo por los encants. Muy animados, pero no me parecieron nada del otro mundo. Un mercadillo donde se venden más zarrios que otra cosa. Pero terminamos de pasar la mañana. Hacía bueno.

Vendemos el tiempo

Comimos un picoteo. Un bocata. Apetecía más charlar mientras paseábamos. No sé como salió el tema, pero comenté que hacía siglos que no estaba en la Sagrada Familia. Así que fuimos. Apoquinamos los ocho euros que cuesta entrar a verla. Y lo que ves es un sitio en obras… dicen que es la gracia. Es un monumento que siempre me ha producido sensaciones contrapuestas. Hay cosas que me gustan, pero otras no. La verdad es que la arquitectura de Gaudí no siempre me gusta. Algunas de sus obras me cargan un poco. Prefiero la arquitectura de líneas más sencillas o austeras.

Pináculos

Habíamos hecho idea de ir a pasear luego por el Parque Güell, pero a alguien se le cruzó una llamada imprevista en el móvil. Eran las cinco de la tarde y había que despedirse. Yo tenía billete para las 21:00 horas. Pero como se había nublado y la luz era muy pocha decidí acortar la estancia. Lo importante era charrar un rato y llevábamos más de cuatro horas dándole. Objetivo cumplido. Me fui a la estación y cambié el billete. A las ocho y cuarto estaba en casa. Cansado y un poco melancólico. Es lo que pasa, cuando ves que el tiempo también pasa.

(Todas las fotos: Pentax K10D; SMC-DA 21/3,2 y SMC-A 50/2)

Shackleton y los náufragos del Endurance en la Lonja de Zaragoza

Ciencia, Fotografía, Viajes

Hoy he tenido la oportunidad de visitar la exposición Atrapados en el hielo en el que se relata la odisea de la Expedición Imperial Trans-antártica. La expedición, que partió el 1 de agosto de 1914 de Inglaterra, consistía en dos barcos, el Endurance y el Aurora. El Aurora era un barco de apoyo. El barco principal era el Endurance, en el que viajaba el líder de la expedición Ernest Shackleton, cuyo propósito era atravesar el continente antártico. Ambas tripulaciones sufrieron sendas odiseas, pero la que aquí nos interesa es la del Endurance.

¿Por qué la expedición del Endurance se hizo especialmente famosa? Entre otros motivos, por que el aguerrido australiano Frank Hurley, fotógrafo oficial de la expedición, frente a todas las adversidades, consiguió salvar numerosos negativos, copias y diapositivas en color de los avatares de la expedición. Estas fotografías son la base de la exposición, aunque hay otros elemntos audiovisuales, interactivos o explicativos que la complementan.

No vamos aquí a relatar los pormenores de la expedición. Diremos solamente que el Endurance quedó atrapado en un mar de hielo del que no pudo salir, que cuando naufragó dejando sin refugio a los expedicionarios estos trataron de regresar hacia el norte para ser rescatados, y que finalmente lo consiguieron. Ninguno murió, aunque la salud de varios quedó gravemente tocada. En total, estuvieron casi dos años, con dos inviernos antárticos casi completos en la región antártica. Una auténtica proeza. Aunque los objetivos de la expedición fracasaron casi por completo.

Si estáis por Zaragoza, la tenéis abierta hasta el 4 de mayo. No os la perdáis. Personalmente, creo que iré más de una vez a visitarla. En la imagen, la fila que había esta mañana de domingo para entrar.

Shackleton en la Lonja

 

(Canon EOS D60; EF 28/2,8 USM)

Camden Market se quema

Viajes

Fachada en Camden Town

Casi seguro que el mercadillo más famoso de Londres para mucha gente es el de Portobello Road, en el distrito de Notting Hill, dentro de los límites del Royal Borough of Kensington and Chelsea. Incluso una mala película, presuntamente una comedia romántica, contribuyó a aumentar más su fama fuera del Reino Unido. Pero a mí, desde hace muchos años, los que más me gustan son los de Camden Town.

Son varios los mercados y mercadillos callejeros que encontramos, siendo el más importante el de Camden Lock, pero hay otros, cada uno con su interés. El sitio es muy llamativo. Situado al lado del Regent’s Canal, muchas de las casas en las alrededores tienen las casas llamativamente

decoradas. Es un sitio estupendo para pasear. La mayor animación se produce los domingos, y conviene madrugar para no

encontrar demasiado follón ni el metro ni el propio mercado.

Asomados al Canal

Pues bien, ayer comenzó un incendio y parece que ha afectado a buena parte de Camden Lock Market. Así que hoy me siento un poco triste, y por eso estoy dedicando esta entrada a este estupendo lugar, en vez de dedicarla a la película que vi ayer. Consuela saber que los laboriosos londinense no tardarán mucho en volver a ponerlo en marcha. Incluso mejorado. Espero. Pero que no le quiten su saborcillo. Os pongo unas fotos, tomadas en un domingo de principios de septiembre de 2004. Están tomadas con mi ya difunta, pero fiel mientras vivió, Canon Ixus 400. No sé yo si no tendría que volver a las Ixus… aunque mi Finepix F10 no va nada mal… Bueno, las fotos, para que os hagáis una idea de lo que hay.

Esclusas en Regent's Canal

Interior de Camden Lock

Compras, trenes, una aguja, la línea 100 y a volver

Alemania, Berlín 2007, Viajes

Ayer fue mi último día de escapada a tierras germánicas. Me lo tome con calma. Dejé en el apartamento los bultos gordos, y salí a pasear con la compacta. Primero me dirigí desde Savignyplatz hasta los grandes almacenes KaDeWe para mirar de comrpar unas cosas. Una pena, las tienditas de cosas monas de Savignyplatz no abren hasta las 11 ó 12 de la mañana. Mala suerte. A comprar en los grandes almacenes. De paso, terminé de despedirme de unas colegas de piedra e hice una de las fotos más tópicas de Berlín.



Después de las compras, cogí el metro en la bonita estación de Wittenbergerplatz y decidí acercarme al Deutsches Technikmuseum (Museo Alemán de la Tecnología o Museo de la Tecnología Alemana, no sé muy bien como se traduce) de Berlín, donde me encantan dos cosas. Por un lado, el avión que tienen colgado en la fachada como homenaje al puente aéreo organizado por los occidentales para burlar el bloqueo soviético a la entonces dividida ciudad, y la sección dedicada al ferrocarril, que me parece estupenda con sus dos rotondas en impecable estado. Estuve un rato viendo como trabajaban unos operarios para mejorar la exhibición de una de las locomotoras de vapor.





Con el tiempo apretando ya un poco me acerqué hasta Alexanderplatz, donde me comí una típica salchicha berlinesa antes de coger una vez más, y a modo de despedida, el autobús de la línea 100, de forma que pude echar un nuevo vistazo a los monumentos más característicos de la ciudad. Y ya, al apartamento a por el equipaje y de vuelta al charco. Ay, que pronto se pasarán los benéficos efectos del viaje…


Todas las fotos:
Fujifilm Finepix F10

Dresde, bonita bajo el sol, la lluvia y el viento

Alemania, Berlín 2007, Viajes

Alguno al ver alguna de las imágenes dirá: “Este jodido, que suerte tiene. Otra vez le ha hecho bueno”. Pues cuidado, no hay que engañarse. Hoy ha hecho un auténtico día otoñal, para compensar los primaverales días pasados en Berlín. Y va y lo hace justo el día que decido hacer una excursión a Dresde. Un paraíso para los tranvías.
La que fue ciudad mártir por los bombardeos aliados que la dejaron reducida literalmente a cenizas, fue reconstruida con su antiguo esplendor de capital sajona.



Además de los bonitos edificios barrocos como el de la foto anterior, también llaman la atención los esbeltos vapores que surcan el Elba, y lo gracioso que resulta verlos “arriar” la chimenea para poder pasar los puentes.


Uno de los monumentos más característicos de la ciudad es la Frauen Kirche. En mi vida había visto una iglesia tan llena de gente, y ninguno rezando. Bueno, alguno sí.



También me ha llamado la atención el enorme “puzzle” que constituye el Fürstenzug, un relicario de los príncipes electores sajones a través de los siglos. Así como el comercio cercano donde vendía bragas de lana… sí hechas de punto. Y no parecía una tienda barata, ni mucho menos. Supongo que es para abrigar la cosa en el frío invierno sajón. Ganas me han entrado de entrar y preguntar si son cómodas.



Después de comer, he cogido el tranvía y me he acercado al Parque Grande. Allí he visto una modernísima fábrica de Volks Wagen, así como las instalaciones de un tren en miniatura. No he visto el tren. No sé si funcionaba. De repente se ha puesto a llover con viento racheado y he emigrado con el tranvía a algún sitio más protegido que un parque.


Me he pasado al Neustadt (ciudad nueva), donde después de alternativas de sol y lluvia (cada 10 minutos sucedía una cosa y la contraria), he aprovechado para hacer alguna foto con buena luz, así como para echar un vistazo en alguna tienda de artesanías de la Hauptstrasse (algo así como la Calle Mayor).



Mañana último día y regreso. Un paseo por Berlín, alguna compra y por la tarde de vuelta al charco. Todo lo bueno se acaba.

Todas las fotos:
Pentax *ist DS
Objetivos: SMC-DA 21/3,2 – SMC-A 50/2 – SMC-A 100/4 Macro
Fujifilm Finepix F10

Berlín bajo un sol radiante de octubre, 23º a la sombra

Alemania, Berlín 2007, Viajes

Tras cerrar la tarde de ayer con un nublado de cuidado, hoy a amanecido con un sol radiante sobre la capital alemana. Entendámonos, aquí el sol viaja por el cielo mucho más bajo que en España. Lo que está muy bien, porque las horas con buena luz para la fotografía son más. El sol ibérico es muy duro durante muchas horas. La mañana en todo caso empieza ante un oxidado cartel en el patio del edificio de apartamentos.


Ante tanta luminosidad, decido dar una vuelta por el Tiergarten, empezando desde los alrededores del Zoo. La línea 100 me permitirá ir subiendo y bajando cuando no me apetezca pasear.



Entre Lützowplatz y la Grosser Stern encontramos edificios de embajadas y de otros usos culturales, sociales y políticos. Algunos tienen arquitecturas interesantes, o cuando menos originales. Paseo por la zona hasta llegar al monumento a la Victoria. Como no lo conocía, me acerco y subo. No me agrada mucho. Aunque la figura alada era evocada por la película Cielo sobre Berlín, que me gusta, la verdad es que un monumento al pangermanismo, con las violencias que acarreó en el siglo XIX el sueño prusiano de una Alemania unida. Miedo dan éstos cuando se les mete en la cabeza los sueños imperiales.




Sigo el paseo por el Tiergarten, que se encuentra estupendo con tonos verdes todavía, pero con matices amarillos y rojizos. Yo pensaba que el otoño estaría mucho más avanzado; pero claro, si lleva haciendo días como el de hoy… 23º a la sombra por estas latitudes y con el otoño tan avanzado.



Me cojo la línea 100, y vuelta hacia el Zoo. En los alrededores se encuentra la Fundación Helmut Newton y el Museo de la Fotografía, y aprovecho las horas centrales del día para esta obligada visita. No se pueden tomar fotos, así que no hay documento gráfico. Después, me dedico a mirar algunos comercios, y una curiosidad me lleva de nuevo a Potsdamer Platz, al Sony Center. Como siempre lleno de gente. Y el caso es que este invento de Potsdamer Platz cada vez me gusta menos.


Me planteo ir hacia Prentzlauerberg, y subo caminando hacia la Puerta de Brandenburgo para coger el metro. Paso por el Monumento al Holocausto. Hoy caigo en la cuenta que está en los terrenos donde los antiguos búnkeres de los nazis. Mucho adolescente haciendo deberes para el instituto. En Unter den Tilen, el seudo soldadito de la Alemania Oriental sigue montando su numerito.



Cojo el S-bahn, pero cuando me bajo caigo en la cuenta de que me he equivocado. Tenía que haber cogido el U-bahn. Pero es que por esta zona, los dos van bajo la tierra. Paseo un poco pero no llego donde quería. Han vuelto las nubes, así que dedico echarle unas fotos a unos tranvías y me vuelvo al apartamento a descansar un rato.

Todas las fotos:
Pentax *ist DS
Objetivos: SMC-DA 21/3,2 – SMC-A 50/2 – SMC-A 100/4

Una ciudad cambiante, sin lugar a dudas

Alemania, Berlín 2007, Viajes

Hoy primer día de visita completa a Berlín. Fundamentalmente, la idea para hoy era pasear y ver qué cambios se han producido desde mi última visita, hace cinco años. No obstante, en primer lugar, y dado que no me pilla muy lejos del apartamento, lo primero que he hecho ha sido acercarme a una tienda de fotografía en una bocacalle de la Ku’damm. El día ha amanecido nublado, pero pronto unos rayos de sol han empezado a iluminar las hojas otoñales de los árboles de la famosa calle comercial de Berlín.


Ya que estaba cerca, me he acercado a los alrededores de la Iglesia Conmemorativa y de la Estación de Zoologischergargen. El ambientillo aquí era el mismo que recordaba. Mucho mogollón, mucha tienda, chiringuitos que buscan sacarles los cuartos a los turistas que se acercan a la ruinosa iglesia con su pegote moderno. Quizá lo que más me ha llamado la atención han sido unos curiosos urinarios, totalmente alejados de algunos clásicos que vi en algún viaje anterior. Por cierto, que el muñequito no es berlinés, que es belga.



Desde Zoologischergarten he cogido la línea 100, con sus autobuses de dos pisos, para disfrutar de un “sightseeing” por la ciudad a precio de billete normal. En mi caso, con mi bono de varios días, pues muy poco. Me he bajado en Mitte, a la altura de la Universidad Humboldt, para luego acercarme a la esplanada delante de la catedral, donde dominaban las esculturas de Botero, que se pueden ver por varios sitios de la ciudad. Luego he ido paseando por las orillas del Spree hasta la estación de Friedrichstrasse, para dar un microsalto en el hiperespacio (el S-Bahn) hasta la nueva y flamante Hauptbanhof (Estación Central), con sus andenes a distintos niveles.





De ahí, un paseo por la nueva zona gubernamental, muy desangelada, hasta la puerta de Brandemburgo, ¡¡¡que por fin puedo ver sin andamios!!! ¡¡¡a la tercera va la vencida!!! Mucha animación. El más simpático, un organillero. Aunque no faltaban las clásicas estatuas vivientes o algún pavo disfrazado de soldado de la ex DDR. A un paso de aquí, el nuevo monumento al holocausto, que tampoco conocía, y que todavía no sé qué me parece. En un edificio próximo, una colección de coloridos ositos (el símbolo de Berlín), cada uno representando a un país, ha sido de los últimos momentos en los que se ha podido fotografiar con buena luz.





Luego un nublado notable ha empañado mi paseo por la Postdammer Platz y mi visita a la cúpula de Foster en el Bundestag (que no Reichstag, que ese es de antes de la guerra, aunque el edificio se el mismo, aunque menos chamuscado).


Todas las fotos
Pentax *ist DS
Objetivos: SMC-DA 21/3,2 – SMC-A 50/2 – SMC-A 100/4 Macro

Me he escapado; estoy en Berlín

Alemania, Berlín 2007, Viajes

Pues eso que me quedaban unos días de vacaciones tontos y he aquí que me he escapado cinco días a la capital alemana. De momento no me he enterado mucho. Aquí se hace de noche pronto; no he podido disfrutar de horas de luz, ya que a las seis y media de la tarde el sol ya se ha puesto.

No sé si será porque poco a poco se adentra el otoño y la estación más oscura, o porque es un lunes tontorrón, pero incluso las más animadas estaciones como la de Friedrichstrasse están poco animadas.

El paseo entre Friedrichstrasse y Alexanderplatz está realmente muerto, con algún turista despistado, pocos berlineses cogiendo los transportes públicos y, eso sí, siempre con alguna originalidad en Unter den Linden. En esta ocasión cada uno de los tilos («linden») se encuentra iluminado por focos de colores.


La mastodóntica mole de la catedral, que la verdad no me gusta mucho, aparenta algo más con la iluminación artifical, y con unas esculturas de botero en la esplanada ante su frontispicio.

En Alexanderplatz encontramos un poco más de animación. Pero ni en estas nuevas galerías que contrastan con la austeridad de la antigua plaza «soviética», encontramos mucho que rascar. Sólo algún que otro tranvía, propios de lo que fue el Berlín Oriental, anima y hace un poco de ruido por las calles.


De vuelta al apartamento, cojo el S-Bahn en Hackerscher Markt en el límite entre y MittePrentzlauerberg. Las calles de alrededor están más animadas con cervecerías y restaurantes que atraen a algunos animados.

Todas las fotos:
Pentax *ist DS
Objetivos: SMC-DA 21/3,2 y SMC-A 50/2

Un último paseo en un "caluroso" Helsinki… y vuelta a casa

Finlandia, Finlandia 2007, Viajes

Ayer tocó volver. Qué pena. Pero las cosas son así. Se acababa nuestro viaje por el sur de Finlandia y Tallinn, la capital de la República de Estonia.

Antes de dirigirnos al aeropuerto, hubo tiempo para dar un último paseo por Helsinki. Como hacía bueno y no nos caía lejos del hotel, decidimos ir hacia la costa de Laajalahti, uno de los múltiples recovecos por los que el mar se introduce en Helsinki, creando grandes «lagos» interiores, donde los finlandeses de la capital establecen sus áreas de recreo.

Pronto vimos que aunque la temperatura del aire no era alta, caminar al sol sí que producía una sensación notable de calorcico. Así que decidimos acercarnos hacia la orilla del Laajalahti a través del umbroso cementerio, donde encontramos algunas bonitas tumbas.

La orilla no estaba muy animada a esas horas, pero pudimos observar cómo alguna gente mayor lavaba sus alfombras en unas plataformas con unas mesas de madera dispuestas a tal fin. Un amable señor nos comentó que era así como lo solían hacer, que como el agua del Báltico tiene muy bajo grado de salinidad, con esa misma agua y detergente, ya les quedaban bien. Pues nada. Cada uno con sus costumbres.

Nos llegamos hasta el mazingueresco monumento a Jan Sibelius, de quien nos despedimos alegremente, aunque el insigne compositor «suomen» no se dignó en dejar de fruncir el ceño. Tras lo cual, nos dirigimos al aeropuerto de Vantaa para coger el Airbus A-320 de Finnair que tras tres largas horas y media nos dejó en el aeropuerto del Prat de Llobregat.


El viaje transcurrió monótono y sin problemas, salvo un considerable retraso en la salida de equipajes, con desconcierto generalizado incluido al apagarse los indicadores sobre la cinta en que debían aparecer. Al final salieron, y todos para casa. Mañana, un comentario sobre la estación de autobuses de Zaragoza y los taxis. Pero de momento, esto es todo, amigos.

Nos despedimos con sol de Tallín, y volvemos a Helsinki; es la última noche de viaje

Estonia, Finlandia, Finlandia 2007, Viajes

Después de dos días de predominio de nubes y lluvia, amanece fresco pero soleado en Tallín. Nuestro barco hacia Helsinki no sale hasta las 12, por lo que aprovechamos para dar un paseo y volver a ver algunas de las cosas que más nos han gustado, como la estupenda plaza del Ayuntamiento, la Casa de las Cabezas Cortadas o algunas de las bonitas casas «hanseáticas» que todavía se conservan en la capital estonia.



El barco que nos ha devuleto a Helsinki no ha sido tan mono como el moderno catamarán «Merilin» que nos trajo. Esta vez a sido un hidrofoil, bastante ruidoso y con un tremendo olor a gasóleo. Eso sí, también muy rapidito.

En Helsinki, nos dirigimos al nuevo hotel, el «Helka Hotel» que nos llamó la atención por lo bonitas que aparecía las habitaciones en las fotos. Y nos ha defraudado, aunque algo pequeña, está bien organizada, preparada para la vida moderna y bien decorada. Seguiremos por Helsinki, dando un paseo.


Paseo por Helsinki que nos servirá, entre otras cosas, para despedirnos de sus animadas calles y sus gentes, con sus puestos donde venden las fresas y las judías verdes por litros (sí, sí, litros, no kilogramos), su animación callejera, sus invasiones de parques y jardines para tomar unas cervecitas, o sus animadas terrazas a la orilla del Báltico.




Y cómo no, despedirnos de aspectos ambientales, como la imperiosa necesidad de indicar claramente por dónde han de circular los peatones, que es distinto lugar de por donde circulan los ciclistas y patinadores, con o sin bastones, que por supuesto es distinto lugar que por donde se aglomeran los coches, que a su vez han de respetar los lugares por los que circulan los tranvias. Todo es cuestión de organización y de protección del más débil. Y cómo no, despedirnos de los laaaaargos atardeceres de luz suave que se extienden hasta entrada lo que más al sur consideraríamos noche.


En fin. Que hasta la próxima. Mi siguiente artículo, será ya desde Zaragoza, probablemente este sábado. Ya veremos de qué hablo. Tal vez todavía de mis vacaciones… para que duren un poquito más…