[Recomendaciones fotográficas] Leopoldo Pomés y otras cosas

Fotografía

Una publicación en Instagram del museo Reina Sofía me avisó por primera vez de la noticia. El fotógrafo catalán Leopoldo Pomés (1931 – 2019) falleció hace pocos días. Es de estos fotógrafos que, a pesar de ser conocido y reconocido dentro del mundillo, ha tardado en recibir los reconocimientos oficiales. Premio Nacional de Fotografía 2018… sólo un año antes de morir, cuando ya contaba 87 años, cuando ya difícilmente se le podría contar como un fotógrafo en activo. Esos premios tardíos, por merecidos que sean, no me satisfacen. Creo que los reconocimientos hay que hacerlos cuando la persona que los merece está en activo y es un referente contemporáneo de quienes empiezan o están en el ajo. Si no, cuando llegan tarde, parece casi que nos están dando una clase de historia. Porque Pomés, que trabajó esencialmente en el sector de la publicidad, donde fue un creativo más allá de la fotografía, con una visión mucho más amplia, es historia, importante de la publicidad y la fotografía del país. Pero al mismo tiempo, muchas de sus obras o creaciones sea necesario interpretarlas ya en los términos del “aquí y ahora” propio de la historia de las artes. Algunas de sus creaciones, hoy en día no se sostendrían. Lo que no les quita valor, en absoluto. Simplemente, fueron productos de su tiempo. Es lo que tiene el mundo de la publicidad. Sus creaciones periclitan con mayor facilidad que las de otras disciplinas creativas o artísticas. Pero es recomendable, muy recomendable, conocer la obra de Pomés. Claro que sí.+

Las fotografías que acompañan esta entrada son de la mansión donde se celebro la infame Conferencia de Wannsee, donde se decidió el modo en se procedería al exterminio de los judíos de Europa. Tiene que ver con el contenido del artículo de hoy…

Un par de recomendaciones extraídas de Magnum Photos.

Lo he dicho un montón de veces ya. Inge Morath es una de mis fotógrafas favoritas. Por diversos motivos. Y una de los momentos que hicieron que mi mirada se desviara hacia el trabajo de Morath tiene que ver con mi afición al cine. El hecho de que formara parte del grupo de fotógrafos de Magnum Photos que documentó el rodaje de The Misfits (Vidas rebeldes en España) necesariamente me llamó la atención sobre sus fotos. El libro que narra visualmente el viaje en coche que hizo desde Nueva York a Reno, donde se rodó la película, en compañía de Cartier-Bresson, y que es uno de mis favoritos de mi biblioteca, afianzó mi querencia por el trabajo de la austriaca. El conocimiento del resto de su obra poco a poco la hizo imprescindible. Pero no sólo fue en The Misfits donde trabajó como fotógrafa de plató. En 1959 documentó el rodaje de The Unforgiven, donde orientó su cámara y su mirada especialmente hacia Audrey Hepburn. Uno de los pocos western clásicos que lanzaban un piedra contra el racismo y la intolerancia. ¡Y yo que no conocía estas fotos…!

Hice una escapada a Berlín y otras ciudades alemanas a mitad de agosto, de donde proceden las fotos de hoy. Un grupo numeroso. Viajamos juntos hasta la capital alemana ocho personas un sábado. Yo me volví a Zaragoza el jueves siguiente; el viernes trabajaba. No eran vacaciones, sino unos pocos días libres. Buena parte del resto del grupo siguió recorriendo Alemania durante dos semanas. Ocho personas es mucha gente, sobretodo a ciertas edades, en las que has consolidado tus gustos y tus formas de viajar. Por ello, y muy civilizadamente, nos dividíamos en grupos más pequeños para atender a nuestros centro de interés, para luego reunirnos para visitar determinados lugares o para cenar juntos y tomar unas cervezas. Resultó bien.

El pequeño grupo de tres personas en el que yo me integré decidimos visitar a orillas del lago de Wannsee la mansión donde se reunieron unos cuantos jerarcas de la administración alemana nazi para decidir el modo en que se realizaría el exterminio de los judíos en Europa. Si alguno accedéis a HBO, tienen en catálogo una excelente película que lo explica muy bien, y está rodada en esa misma mansión. En la cena de ese día, algunos de los miembros del gran grupo nos acusaron de ser adeptos al “dark tourism”, concepto sobre el que se reflexiona en un reciente artículo de Magnum Photos. El placer que encuentra alguna gente en visitar y fotografiarse en lugares reconocidos por las atrocidades que en ellos se cometieron. Argumentamos contra esa acusación, por supuesto. En primer lugar, en Berlín es difícil no visitar lugares célebres por las atrocidades que se cometieron en ellos. El siglo XX está llena de negros borrones en la historia alemana y de la humanidad, que tuvieron su epicentro en la capital alemana. Pero es que además no podemos confundir la necesidad que podemos sentir algunos de respirar la trascendencia de algunos momentos de la historia de la humanidad, con el morbo y la frivolidad de hacerse un selfi haciendo el memo sobre las teselas del monumento a los judíos asesinados en Europa que hay en Berlín o haciendo equilibrios en las vías del tren de Auschwitz. En esos lugares y en otros muchos, me he sorprendido viendo como la gente no entiende nada de lo que allí se conmemora. Quizá el lugar donde más agradablemente me sorprendí por el respeto generalizado de los visitantes fuese el Parque de la Paz de Hiroshima. Pues así siempre.

Para finalizar, referirme a un artículo reciente en la versión en línea del British Journal of Photography, sobre qué hace de una fotografía una buena fotografía. En diálogo con Clément Chéroux, el conservador de fotografía del SFMoMA (Museo de Arte Moderno de San Francisco). Os dejo un vídeo con los puntos de vista de este experto.

[Recomendaciones fotográficas] Desde los libros de Rinko Kawauchi hasta la China de Lu Nan

Fotografía

Recibí hace unos días mi primer libro de la fotógrafa Rinko Kawauchi [川内倫子], Illuminance, Ametsuchi, Seeing Shadow [照度 あめつち 影を見る]. Esta fotógrafa japonesa nacida en Shiga, no lejos de Kioto, y establecida en Tokio, hace tiempo que abandonó cualquier intento de uso documental de la fotografía. Con sus paisajes, en el campo o en la ciudad, en los que inevitablemente percibimos la presencia o la acción del ser humano, busca más los significados que la descripción de la realidad. Y lo consigue. El libro agrupa fotografías de distintas series de la fotógrafa, muchas de ellas realizadas con la sencillez que proporciona el formato cuadrado de una Rolleiflex, y tiene muchas capas de significados. Para dedicar muchos ratos desentrañando el mensaje de la fotógrafa, una de las más significativas de la fotografía contemporánea nipona.

Para ilustrar la entrada de hoy, viajo en el tiempo, casi doce años, cuando mi primera cámara réflex digital, la Canon EOS D60 que compré de segunda mano, no habían entregado todavía el alma. Es decir, no había fallado su obturador.

Muchas veces he manifestado que Inge Morath es una de mis fotógrafas preferidas, una de las mujeres fotógrafas más importantes de las primeras épocas de Magnum Photos. Lo que muchos no saben es que Morath, en 1962, se casó con el escritor Arthur Miller, que no hacía mucho que se había divorciado de Marilyn Monroe, y con quienes coincidió en el rodaje de The Misfits (1961) cuando este divorcio no se había consumado. Y permanecieron casados durante 40 años. Y optaron por una vida tranquila, en una comarca rural de Connecticut. Que Morath documentó fotográficamente, y que Miller glosó con palabras. Y ahora Magnum nos habla de ello.

Siguiendo con la famosa hacienda, nos ha ofrecido un repaso a la obra del fotógrafo chino Lu Nan, que ha presentado recientemente un libro con la obra de quince años reflejando realidades diversas de Tibet y China. Tres realidades en concreto, la difícil vida de los pacientes psiquiátricos en China, la vida diaria de los católicos en China, y la crónica de los campesinos en el Tibet. Quien no sienta algo, quien no se emocione con las fotografía de Lu Nan… es que está hecho de piedra.

Conforme me voy poniendo en disposición mental de que el 28 de mayo volamos a Shangái, para visitar esa región china, me siento más interesado por la realidad del país vista por los fotógrafos. Uno de los fenómenos más marcados de la realidad del gigante asiático es la fuerte migración de personas del campo a la ciudad, de las provincias más excéntricas a las grandes ciudades de las regiones orientales. El fotógrafo Christopher Anderson busca reflejar a través de su trabajo Aproximate Joy, que también nos han mostrado en Magnum Photos, la melancolía, la sensación de soledad que asalta a las personas que viven en estas megaurbes, a través de retratos callejero llenos de melancolía.

Y termino con una de las fotógrafas que recientemente nos han recomendado en Cada día un fotógrafo/Fotógrafos en la red. Gema Polanco Asensi es un fotógrafo joven, muy joven teniendo en cuanta que hoy en día lo de “fotógrafo joven” es un concepto que se extiende hasta casi los cuarenta año de edad. Pues no Mucho más joven. Y todas las pintas tiene de ser niña de una familia bien. Pero dirigiendo su cámara hacia las personas que componen esa familia, compone una visión del mundo propia, particular, más generalizable en ciertos aspectos de lo que parece al común de las personas, que ha hecho que me llame la atención muy positivamente. También ha jugado con otros temas, y con otras técnicas como el collage. Supongo que es una de esas fotógrafas emergentes que habrá que ir observando.

[Recomendación fotográfica] Despidiendo a Ara Güler (1928-2018) e Inge Morath en España

Fotografía

Me percaté ayer del fallecimiento del fotógrafo turco de origen armenio Ara Güler (1928 – 2018) mientras me desplazaba por mis suscripciones en Tumblr. De repente, me encontré con una entrada de How to see without a camera con unos cuantos retratos del fotógrafo, a distintas edades, posando con sus Leicas. Bueno… también con un teléfono móvil moderno. Venían las fotos con un escueto “RIP Ara Güler”; desconozco si el “RIP” es por requiescat in pace o por rest in peace. Pero es lo mismo; sit tibi terra levis, que la sierra te sea leve, amigo Ara, epitafio tradicional de la Roma republicana y precristiana. Unas horas más tarde, Magnum Photos daba la noticia del fallecimiento de quien fue uno de sus más destacados miembros, aunque quizá no tan conocido como otros.

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Con un tono crepuscular y algo melancólico, unas cuantas fotos de hace unos días en el ocaso en Zaragoza.

Tengo un libro de Güler dedicado a Estambul, o más bien dicho a la vida en las calles de Estambul. Güler era un fino fotógrafo documental, con gran dominio de la luz y con gran capacidad para reflejar el detalle significativo en sus fotografías, despojándolas de lo superfluo. Siempre con un tono que nos lleva más a pensar en una ciudad laboriosa, pero melancólica, más que la ciudad luminosa y mediterránea que en otras ocasiones se nos quiere transmitir. También pude contemplar algunas de sus fotografías en el 2010 en la ciudad húngara de Pécs, en una exposición sobre fotógrafos turcos en el marco de la capitalidad cultural europea que esta ciudad ostentó durante aquel año. En cualquier caso, es uno de los fotógrafos que cualquier fotógrafo documentalista, de los que ahora un poco pedantemente se denominan así mismos siempre en inglés como street photographers, debiera conocer. Especialmente para que entiendan que uno puede reflejar la realidad de las calles y el espíritu de quienes las habitan sin ser intrusivo, sin soltar flashazos a diestro y siniestro y sin ir asustando al persona plantándole la cámara a un palmo de la nariz. Muy elegante en sus composiciones.

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Para que todo no sea fúnebre, aprovecharé para comentar otra publicación reciente en Magnum Photos, en esta ocasión dedicada a Inge Morath. También fotógrafa documental, también asociada a la famosa agencia de fotografía, es una de mis fotógrafas favoritas, por lo que la menciono frecuentemente en mis recomendaciones fotográficas. Y en esta ocasión, me viene al pelo porque es la primera vez que la menciono en relación con su trabajo en España. Aprendiz de Cartier-Bresson con quien mantuvo una relación que fue más allá de lo profesional hasta que la fotógrafa se casó con Arthur Miller en 1962. Y como aprendiz de Cartier-Bresson viajó con él por el mundo. También España, un país en el que ambos realizaron abundantes y significativas fotografías, que muestran la visión que los ajenos al país tenían de ese país gris que era el del franquismo de posguerra. Sin que eso signifique que la visión de Morath fuera pesimista o deprimente. Al contrario, no dudó en fotografiar los momentos de alegría, de fiesta, o a retratar personas dando lo mejor de sí mismas. Y no le faltaron pretendientes españoles a la fotógrafa austriaca, que aunque siempre la vemos austera y sencilla, no debía carecer de atractivo ni mucho menos. En cualquier caso, como he dicho, en 1962 se casó con Arthur Miller, tras el divorcio de este de Marilyn Monroe. Y si Miller estuvo algo más de cuatro años con Marilyn, lo estuvo después durante cuarenta con Morath… hasta el fallecimiento de esta. Ya lo decía la canción, “que no hay que llegar primero sino que hay que saber llegar“.

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[Recomendación fotográfica] Morath y Woodman, dos estilos, dos conceptos y dos referentes

Fotografía

En el mundo de la fotografía se dan, sin duda, las mismas brechas entre personas de distinto sexo que en cualquier otro sector artístico, productivo, o como lo queramos considerar. Hoy, desde que esta mañana he decidido no leer en el autobús urbano el libro que comencé hace unos días, y en su lugar he estado leyendo las noticias en el teléfono móvil, llevo dándole vueltas a cómo se entiende el equilibrio entre las personas de distinto sexo, y si llevamos el mejor camino. El tema tenía que ver con el deporte. Pero como no he llegado a ninguna conclusión clara… no sé si en algún momento hablaré de ello o no. Pero preocupado estoy sobre la futura evolución de la sociedad en estos aspectos.

Como decía, en la fotografía se dan las brechas. Recientemente surgió el movimiento en redes sociales #nosinfotografas, a imagen y semejanza del #nosinmujeres en otros ámbitos, para reclamar la presencia de las fotógrafas en distintos ámbitos de la sociedad. Pero además de la baja representación de las numerosas profesionales o aficionadas que existen, está también la distinta valoración de los temas o enfoques que adoptan. Ahí también se pueden apreciar discriminaciones. Quizá por eso hoy he traído a estas páginas dos fotógrafas. Una que siempre me ha gustado, otra cuya obra se ha revalorizado mucho últimamente, aunque desgraciadamente ella nunca podrá disfrutarlo.

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A principios de agosto descubrí que tenía una cámara, la Pentax MX, cargada con un carrete en color, luego supe que era un Kodak Portra 400, y no me acordaba para qué la había cargado… terminé el carrete con algunas fotos y lo mandé a revelar. Y ya me acordé… pero sin continuidad, las fotos han quedado un poco anecdóticas. Os dejo aquí algunas.

Inge Morath es desde hace unos años una de mis fotógrafas favoritas. Y no me refiero sólo a favorita entre las mujeres fotógrafas, sino favorita entre todos los fotógrafos, todos los sexos mezclados. Morath fue una fotógrafa austriaca que llegó a la fotografía después de la guerra mundial y a través del periodismo. Al principio escribía, luego fue adoptando el lenguaje de la fotografía para expresarse. Fue por lo tanto una fotógrafa documental fundamentalmente.

Sin embargo, recientemente nos han recordado en Magnum Photos uno de sus trabajos, de 1962, que hoy no dudaríamos de calificar como de fotografía conceptual. Fue una colaboración con el caricaturista e ilustrador norteamericano de origen rumano, Saul Steinberg. Un trabajo conjunto en el que Steinberg comenzó a diseñar una máscaras, sencillas, realizadas con bolsas de papel sobre las que dibujaba unos rostros con diferentes expresiones, y con las que posaban ante Morath, primero él, después otras personas, en situaciones cotidianas, habituales, que quedaban totalmente puestas en cuestión por la presencia de las máscaras y la expresión que en cada una de ellas se presenta. Una profunda reflexión sobre la identidad, proveniente de dos inmigrantes centroeuropeos con residencia en Manhattan. Algunas de las fotografías de la serie me parecen simplemente geniales. Y en su conjunto, me parece que está llena de significados y cuestionamientos sobre la sociedad del momento. Impresionante.

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Francesca Woodman fue una fotógrafa nacida 25 años después que Morath. Y esta no fue inmigrante, sino norteamericana de nacimiento, criada en una familia de artistas y creadores. Desde muy joven empezó a utilizar la cámara de fotos para plasmar los conceptos que le preocupaban, muchas veces dirigiendo el objetivo hacia sí misma, en autorretratos en los que se presenta como ella mismo o como otras personas, muchas veces despojada de todo camuflaje, desnudad, muchas veces en entorno desolados. Murió joven. Afectada por alguna enfermedad mental, se suicidó con sólo 23 años. Durante mucho tiempo su obra quedó en el olvido, pero en los últimos años ha comenzado a ser muy valorada, se han publicado libros sobre ella, y los museos de arte contemporáneo y de fotografía se han lanzado a comprar obra de la fotógrafa, así como no pocos particulares.

En Cartier-Bresson no es un reloj han dedicado recientemente un artículo a la artista con abundancia de material gráfico y audiovisual para mejor comprender su obra. También hace un par de años largos, Oscar Colorado elaboró un informe especial sobre la fotógrafa, que también ayuda y mucho a comprender la obra de la joven malograda artista.

Bueno. Pues estas son la recomendaciones de hoy. Dejando claro que en estas páginas si contamos con las personas de todos los sexos.

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[Fotógrafa] Inge Morath

Fotografía

Me resulta curioso comprobar que no haya hablado en estas páginas de esta fotógrafa de origen austriaco, aunque nacionalizada estadounidense con el tiempo. Porque Inge Morath es una fotógrafa que siempre me ha gustado. Ni siquiera cuando compre hace un tiempo, pero no mucho, el libro The Road to Reno, un libro de viaje en el que se nos muestran imágenes y textos del desplazamiento que realizó de Nueva York a Reno, vía Gettysburg, Memphis y Albuquerque, en compañía de Henri Cartier-Bresson, donde participaron en el rodaje de The Misfits como fotógrafos fijos junto con otros igualmente prestigiosos como Eve Arnold, la mítica película que sería la última que estrenó Marilyn Monroe (rodó una más que quedó inacabada) y la última que rodó Clark Gable (murió poco después de terminar el rodaje). En fin, ¿a alguien que siga un poco los temas de los que suelo hablar en este Cuaderno de ruta le extraña que me comprase el libro?

Hay un acuerdo bastante unánime sobre que la principal característica de las fotografías de Morath fue el humanismo. La aproximación empática, sincera y respetuosa hacia los seres humanos, tanto en sus reportajes como en sus retratos. Fotografió, como muchos de su generación, principalmente en blanco y negro, aunque recientemente se ha publicado un libro con sus primeras imágenes en color. Después de haber sufrido las consecuencias de la guerra en Berlín durante su juventud, no quiso fotografiar la realidad bélica aunque sí las consecuencias de la guerra. Se puso más del lado de los que sufren que de los que luchan. Son notables sus retratos así como la fotografía espontánea de las gentes en las calles o en los campos. Recorrió Europa con su cámara y otras partes del mundo. A sus imágenes no les falta el humor y, en ocasiones, adquieren tintes surrealistas. A mí me gustan mucho.

¿Donde se pueden encontrar sus imágenes?

Un lugar que deberíamos indicar es la Inge Morath Foundation, lógicamente. Aunque hay que bucear un poco para encontrar pases de imágenes de distintos proyectos y publicaciones.

No hay que perderse el porfolio de la autora que ofrece Magnum Photos.

Siempre podemos hacer una búsqueda en Google Imágenes.

Recomendación musical

Ayer encontré un blog que tal vez tenga su interés para conocer alguna cosa más de la música, aunque creo que está fundamentalmente dirigido a educadores y alumnos de secundaria. Lo seguiré, aunque no sea más que durante un tiempo para ver que tal. En cualquier caso, me encontré en el con una entrada dedicada a Benny Goodman, en la que comentaba su capacidad como concertista clásico de clarinete. Y nos habla de los Contrastes de Béla Bartók, un trío en tres movimientos para piano, clarinete y violín. Curioso. Aunque no sé que me da que yo lo prefiero con su big band. Siempre me han gustado las big bands. Siempre.

Un paseo matutino

Un paseo, en una fría mañana, por el Parque Grande de Zaragoza - Pentax K-x, SMC-M 200/4