De momento el día no pinta mal. Se ruega porque no haya perdido mi habilidad para traer la sequía donde voy. En Noruega fracasé. Veremos.
Viajes
[Viajes] Follón y lluvia en Londres
ViajesUn follón terrible al llegar a Londres. Colas en el control de pasaportes (esto está fuera de Schengen). Colas en las taquillas del metro. Lluvia al salir del metro. Un hotel liliputiense desde muchos puntos de vista aunque no desagradable. Lluvia cuando hemos salido a ver algo y cenar. Colas en el cajero automático. Intentar no olvidarnos que los coches vienen por donde no te lo esperas (en la foto). Y nuestros cuerpos diciéndonos que es una hora más de la que marca el reloj. No hemos tardado mucho en volvernos al hotel. Mañana será otro día.
[Viajes] Nubes y claros, aumentando las nubes progresivamente
Viajes[Viajes] Noruega y Ginebra en Issuu
Fotografía personal, ViajesSuelo subir una copia, a partir de un pdf, a Issuu con los álbumes de fotografías que hago de mis viajes. Se ven mejor o más ágiles que en el previsualizador de Blurb. Pero este verano he estado descuidado, y hasta hoy no había subido los de los viajes de este verano. Así que aquí os dejo las portadas y los enlaces.
Si prefieres el enlace a Blurb: Noruega 2012 – Diario de viaje (I).
Si prefieres el enlace a Blurb: Noruega 2012 – Diario de viaje (II).
Si prefieres el enlace a Blurb: Ginebra y lago Lemán – 2012.
[Fotos] ¿Por las hoces u hocinos de Martín del Río?
Fotografía personal, ViajesHace casi ocho años, entre el 10 y el 12 de octubre de 2004, pasé un fin de semana con unos amigos por la provincia de Teruel. Nos alojábamos en Torre los Negros, y nos movíamos haciendo excursiones por la provincia. El día que volvíamos a Zaragoza visitamos un entorno natural que estaba muy bien. Unas hoces atravesadas por un riachuelo, que aparentemente es el que daba lugar unos kilómetros aguas abajo al río Martín.
Ayer debatía con un amigo cuya familia es oriunda de Martín del Río, a pocos kilómetros del lugar por el que paseamos, si el paraje que yo visité es el mismo u otro por el que estuvo paseando hace unos días. El conoce la zona mucho mejor que yo. Y yo tengo el problema de que tengo «memoria fotográfica». Vamos, que cuando pasa un tiempo, no me acuerdo bien de las cosas, pero si miro las fotos, entonces ya me voy acordando. El tema es que me vine a casa con la sensación de que me había liado un montón al contar como fue aquello.
He repasado tirando de «memoria fotográfica» y he «recordado» como fue aquello. Y os lo cuento con fotos, a ver si así, cuando José Antonio lea/vea esta entrada, nos aclaramos de donde estuve yo. Porque seguro que el sabe dónde está cuando visita los hocinos del río Martín.

Ayer no atiné bien a recordar como llegamos. Pero hoy, con la «memoria fotográfica» me he acordado. No veníamos de Torre los Negros, sino de la sucursal de Territorio Dinópolis en Galve. Y antes de dejar aparcado el coche junto a una borda en el campo, pasamos por lo que después de mirar el mapa estoy casi seguro que era el núcleo de población de Las Parras.

El día había estado nublado y de llover. Mejor por que eso permitió que los contrastes no fueran fuertes por el sol, y las fotos salieran mejor. En el año 2004, llevaba una Canon Ixus 400 de 4 megapíxeles que en buenas condiciones daba un resultado digno, pero que no funcionaba muy allá si pasabas de los 200 ISO de sensibilidad, y la latitud de exposición del captor era más bien flojita.

Conforme comenzamos el paseo fue asomando tímidamente el sol. Y ambiente de gotas de agua con rayos de sol a ras… toca arco iris claro.

Antes de llegar a las hoces atravesamos un bosquecillo, por el que corría el cauce del río, que nosotros en aquel entonces suponíamos el Martín. Pero puede ser alguno de los afluentes que lo originan.

Finalmente, llegamos a una poza al pie de las hoces, que se formaba con los saltos de agua que caían entre ellas.

Poco a poco fuimos subiendo hasta la parte superior, con el tiempo ya un poco más seguro, sin miedo ya a la lluvia que nos había acompañado parte del día.

En un momento dado encontramos las ruinas de lo que podría haber sido una especie de ermita, o algo así. Quizá otro tipo de construcción, pero lo recuerdo así.

Desde allí nos asomamos a los saltos de agua desde arriba. Era principio de otoño de un año que no debió ser muy lluvioso en general y tampoco caía una gran cantidad de agua. Pero caía.

Como ya se nos hacía tarde, y no iban a haber muchas horas más de luz, empezamos el regreso, cuando el cielo empezaba a estar completamente despejado.
Y ahora veremos si estas fotos y comentarios sirven para determinar en qué hoces estuve yo aquel día del Pilar del año 2004.
[Viajes] Hopper, Hanzlová y una maleta mejicana; un día en Madrid
ViajesYa ayer comenté que el sábado pasé el día en Madrid. Bueno el día, tampoco madrugué mucho. Que eran casi las doce cuando llegué a la capital. Un café, un poquito de charla y a lo que íbamos a visitar la exposición de Edward Hopper en el Museo Thyssen. Ya he mencionado en otras ocasiones que Hopper es uno de mis pintores favoritos. No soy un gran entendido en arte en general ni en pintura en particular. Mi interés por las disciplinas artísticas nació de mi interés por la fotografía. Y poco a poco, con lo años se ha ido extendiendo. Intento modestamente ir tapando lagunas en mi formacion al respecto. Pero hace muchos años que me quedé encantado con la obra de este pintor tan norteamericano. Y ver una recopilación de la obra de este artista de golpe está muy bien, pero que muy bien. Y especialmente, si eres aficionado a la fotografía. En alguna entrada anterior, que encontraréis siguiendo el enlace previo, ya he mencionado la influencia del pintor en la fotografía norteamericana del siglo XX. Y desde luego, viendo la exposición es algo que se mastica. Pero es que además, estudiando la composición, analizando la luz de los cuadros de Hopper, reflexionando sobre cómo eso se puede aplicar a la fotografía, uno aprende mucho de este último arte. Y no hablo precisamente de los estilos pictorialistas, o de simplemente imitar al pintor. No. La cosa es mucho más profunda. Un excelente experiencia que recomiendo sin duda.

Prohibidas las fotos en la exposición, salvo en el set que el director de fotografía Ed Lachman (muy prolifíco, pero con cosas muy interesantes en su obra) ha diseñado para recrear con nuestros móviles y cámaras el famoso cuadro de Hopper «Sol de la mañana».
Como teníamos la entrada para la una menos cuarto de la tarde, después nos fuimos directamente a tomar un aperitivo y comer algo en la zona de Huertas, en la que siempre puedes encontrar alguna cosa y escenas interesantes, incluso en el mediodía de verano madrileño.

«El punto medio es el punto miedo», literatura callejera en el barrio de las letras en torno a la calle Huertas de Madrid.

El Jardín del Ángel, que participa del mercado de las Ranas que los primeros sábados de cada mes se celebra en el barrio de las letras.
Nada más comer nos cogimos el metro y nos acercamos a esa mezcla de horrores que para mí constituye la combinación de los Nuevos Ministerios y AZCA. Quizá este último por separado no estaría mal, pero con los talabartes neoministeriales cerca queda,… no sé raro. En cualquier caso, nos apetecía visitar la exposición de la fotógrafa checa afincada en Alemania, Jitka Hanzlová. En la sala de exposiciones de la Fundación Mapfre en AZCA. Me habían hablado muy bien de ella. Fotografías procedentes probablemente de una cámara de formato 24×36, que de alguna forma recorren la biografía de la artista. Copias no excesivamente grandes. En formato vertical todas ellas, lo cual no deja de ser una apuesta compositiva y creativa arriesgada, trabajadas por ella misma. Con un estilo muy consistente desde las más antiguas de 1990 hasta las más actuales de series todavía en proceso, pero en absoluto repetitivas. No voy a decir que todo lo que esta extensa exposición retrospectiva me interesó, pero encontré algunas imágenes muy interesantes. Y me parece una excelente retratista.

Una de las cosas que a veces me encanta y otras aborrezco de Madrid son sus continuas contradicciones e inconsecuencias. Si sales de la estación de Nuevos Ministerios, verás que hay un indicador en el subterráneo que te indica dos salidas. Una a los pares de Castellana y otra a los impares. Eliges los impares, porque es la que toca. Pues bien. Las dos dan al lado de los impares, pero nos hubiera ido mejor cogiendo la de los «pares». Enervante. A veces, por lo menos.

Deformación en la geometría de uno de los rascacielos de AZCA para colocar un mirador suspendido en el vacío.
Tras pasar brevemente por la sucursal de la Librería Central de Barcelona que tiene en la sala de exposiciones de la Fundación Mapfre en Recoletos, a por el catálogo de la exposición de Hanzlová y alguna cosa más, nos dirigimos al Círculo de Bellas Artes para visitar la exposición de La Maleta Mejicana. Hace tiempo que conozco la historia y las características de este hallazgo de hace unos años de los negativos perdidos de la Guerra Civil española de los fotógrafos Robert Capa, Gerda Taro y Chim. Tengo desde hace tiempo la publicación en forma de maletín sobre el tema, en versión inglesa. Con motivo de la exposición, está publicada ya en versión española. En esta ocasión, además del interés fotográfico está el interés de los documentos históricos que se presentan. Copias de época, copias modernas, hojas de contactos, revistas de la época, y un documental de la época norteamericano en el que desbarraban notablemente. Según sus análisis de lo que sucedía en la guerra española, la guerra relámpago de avance rápido de infantería con el apoyo combinado de los carros de combate. No hay más que mirar la extensión del máximo avance del ejército nazi y la larga duración de la guerra como consecuencia para entender que el término «inteligencia militar» sean considerado con cierta frecuencia como un oxímoron.
En cualquier caso, un feliz encuentro de una de mis acompañantes con un amigo nos permitió que nos invitaran a tomar una cerveza en la terraza del Círculo donde para subir habitualmente hay que pagar un impuesto revolucionario. Precios, un euro si quieres entrar a la cafetería de la institución, dos euros si quieres optar por visitar las exposiciones, tres euros si añades la visita a la terraza. En este caso nos ahorramos el último euro. Normalmente no hubieramos subido porque considero que sólo merece la pena subir cuando las condiciones de luz son óptimas en las horas próximas al crepúsculo.
Ya conté ayer la historia de la invasión futbolera como consecuencia de los éxitos de un club de fútbol local, así que no me repetiré. Solo diré que aún nos dio tiempo a pasarnos un momento por la librería de Caixaforum Madrid, que lleva la Librería Laie de Barcelona, aunque sin exito para el objetivo que llevábamos. Pero me dio ocasión de admirar el jardín vertical contiguo en su mejor hora cuando se encuentra en sombra por la tarde.
Con tiempo suficiente pero no de sobra, me dirigí a continuación a coger el tren. Que extrañamente no era un AVE, sino un Alvia, lo que prolongó la duración del viaje casi media hora más que en el de ida. Desconozco porque utilizan este tren para un trayecto que no implica cambios en el ancho de vía. Supongo que Renfe anda escasa de material. Parece que el otros días de la semana no hay servicios con este material. Pero bueno, salvo por la duración más larga, el viaje fue cómodo y sin problemas. Hasta la próxima.
[Viajes] Diario de viaje a Ginebra y Lago Lemán completo
Páginas personales, ViajesComo venía diciendo estos días atrás, era cuestión de tiempo que el Diario de viaje a Ginebra y Lago Lemán estuviera completo. Y ya está. En la siguiente dirección:
Sigue una estructura similar al de Noruega, y el enlace aparecerá permanentemente en el apartado de Viajes en la columna lateral derecha. De donde desaparecerá el provisional, que podéis seguir visitando en este enlace.
Ahora estoy en proceso de pensar cómo se trasladará esto al libro impreso. Lo más lógico es que entre las fotos del diario y alguna otra, escoja las imágenes en color que lo ilustrarán. Pero dado que fundamentalmente he tenido luces duras y difíciles, también había considerado hacerlo en blanco y negro. O tanto en color como en blanco y negro según temas o lugares. Ya veremos. De momento, esta entrada la ilustro con algunas imágenes en blanco y negro de lugares representativos.

Cámara Ermanox con objetivo 12,5 cm f/1,8 para placas fotográfcias de 4,5 x 6 cm, creo, en el Musée de l’Appareil Photographique de Vevey.
[Viajes y fotografía] Ansiedad
Fotografía, ViajesLo comentaba hace un par de días con alquien que se juega los cuartos todos los días con esto de la fotografía. Que no es mi caso. Para mí es una mera afición. Hoy en día, la fotografía produce ansiedad. Mucha. La exposición continua a través de internet, con las modas que surgen sobre cómo deben ser las fotos guays en los viajes, produce más ansiedad todavía. Se supone que si estás de viaje con una cámara de fotos, especialmente si es una cámara del copón, tienes que hacer una fotos estupendas, muy personales, a ser posible con su toque de street photography, y si además frecuentas 500px, es obligatorio sacar una cascada con un nombre que termine en foss, incluso si no estás de viaje por un país nórdico. Y mucho HDR, con colores abundantemente chillones, y unos halos tremendos, claro.

Comenzamos la travesía por el lago Lemán; la luz de las horas centrales del día y la calima no son muy prometedoras. Mejor tomarse las cosas con calma.
Yo he sufrido la ansiedad del viajero con cámara de fotos. Esa sensación de que llegas a un sitio, cámara al hombro, y de repente notas que no estás haciendo fotos. Muchas fotos. Y además de las chachis. No entiendes lo que te pasa, y empiezas a pulsar el disparador de la cámara… y luego te pasas media hora borrando en casa las fotografías de los veinte primeros minutos de tu visita a un lugar nuevo tras acomodarte en el hotel. No vale casi nada. Ansiedad.

Por supuesto, son frecuentes las gentes que con sus sencillas compactas y sus móviles, se retratan a bordo del barco para tener un recuerdo. Bien por ellos, que no se complican innecesariamente la vida.

Pero no falta quien sufriendo de algún tipo de problema neurológico dispara constantemente su cámara, pequeña o grande. Incluso a las anodinas urbanizaciones turísticas que bordean el Lemán en Vevey o en Montreux.
En estos días por Ginebra he estado con tres amigos italianos. Hasta ahora siempre habían funcionado con cámaras compactas, y lo de las fotos, más allá de tener un recuerdo les daba igual. Eran básicamente felices zascandileando por el mundo sin grandes preocupaciones. En los ratos de reposo, una de ellas, saca su cuaderno y sus lapiceros y haces unos impresionantes dibujos que son sin contestación alguna las mejores imágenes del viaje. Pero se niega a hacerlos públicos. Una pena. Los otros dos se han agenciado cámaras de cierto nivel. Él, una reflex de Canon, de reconocido prestigio y poderío, dentre del sistema APS-C, con un objetivo de focal variable bastante fálico. Ella, más joven y elegante, una cuca compacta de sistema con objetivos intercambiables, capaz de obtener excelentes imágenes, pero más pensada para quedar monísima con los sencillos, que no simples, complementos con los que acompaña su siempre cuidada aunque discreta indumentaria. Bueno, son italianos, y hay cosas que les preocupan y las llevan en los genes. El caso es que discutimos en más de una ocasión este «síndrome de ansiedad viajero-fotográfica». Hasta que tomándonos el viaje con tranquilidad nos olvidamos del caso, y nos dedicamos alo de siempre. A ir zascandileando por el mundo sin grandes preocupaciones, y haciendo alguna foto de vez en cuando.

La campana. Todo el mundo fotografío la puñetera campana del «Montreux», que ni era especialmente mona, ni brillante, ni cuidada. De hecho tenías que tener cuidado para que las telarañas no te vinieran a la cara. Pero quedo inmortalizada con el más sencillo «android» y con una exclusiva Leica para película tradicional. Y no creo que la foto final fuera muy diferente. Salvo en el coste monetario de hacerla.
No obstante, ya con la distancia que nos dio la reflexión sobre el tema, la tarde en la que embarcamos en el vapor «Montreux» para ir desde Lausanne-Ouchy hasta el castillo de Chillon. Observamos a nuestro alrededores el síndrome mencionado en otras viajeros del vapor. Hubo un rato en que nos pusimos de acuerdo para apuntar simultáneamente nuestras cámaras hacia algún punto del lago, por anodino que fuera. Y a continuación los ansiosos viajeros que nos rodeaban, empuñaban sus cámaras, apuntaban en la misma dirección, fruncían el ceño con extrañeza, supongo que no tenían ni idea de que podía haber interesante en esa inmensidad azulada llena de calima, pero al final, muchos de ellos pulsaban el botón del obturador. Y luego miraban dubitativos las posibilidades artísticas de la imagen que aparecía en su visor.

Este desplazamiento masivo a la amura de babor fue provocado por nosotros. Afortunadamente, el barco tiene gran estabilidad y no se escoró y zozobró bajo el peso de quienes buscaban «la foto».
El momento supremo llegó cuando por allí aparecieron, por separado pero coincidiendo dos aguerridos fotoviajeros. Uno de ellos con una Canon EOS 5D calzada con un fálico objetivo de la serie L, inconfundible por el aro rojo del barrilete, que no identifiqué. El otro con una Leica M6 y un Summicron, que no pude distinguir si se trataba de un 50 mm o más probablemente un 35. Da igual. Se pasearon por proa inquietos. Con ese comezon interior que les debía decir que con semejantes equipos tenían que estar haciendo fotos, únicas, de inmediato. Ambos hicieron sendas fotos a la puñetera campaña mil millones de veces fotografíada con los móviles de los turistas indiferentes a este fenómeno, y se perdieron entre el pasaje buscan la mejor forma de emular a Henri y otros ilustres.

Como siempre, cuando tienes por delante dos horas de travesía, las cosas se calman. Y la gente se amodorra con el sol del «après-midi», que es un buen ansiolítico.
Conclusión. Si viajas con una cámara de fotos, pero no eres un fotógrafo con un proyecto concreto, limítate a disfrutar del viaje. Entérate de lo que ves, disfruta de la compañía. Si las condiciones de luz y entorno no acompañan, limítate a documentar aquellas cuestiones que quieras recordar o mostrar luego a la gente. Limítate a la corrección técnica. Es difícil hacer «arte» cuando las condiciones no se dan. Y cuando llegue la confluencia de condiciones adecuadas, luz, inspiración, objeto motivante, entonces echa el resto en la medida de tus posibilidades. Y disfruta. Que para eso estamos.
Por cierto, más imágenes de esta travesía en barco en mi Diario de viaje de Ginebra y el Lago Lemán. Que espero acabar en algún momento a lo largo del fin de semana.

Pero comentó Ugo que esta chica estuvo sola toda la travesía porque el maromo que la acompañaba se dedicó a jugar a Robert Capa las dos horas. Que la teníamos que haber adoptado, dijo. No sé. El tipo en cuestión tenía cara de poco amigos. En cualquier caso, yo no constaté los hechos expuestos por mi amigo italiano.
Epílogo: trenes a la carrera y el día de vuelta
ViajesHoy ha sido el día de regreso a Zaragoza. Y de tan normal y sin incidentes, ha sido un aburrimiento. Ni ganas me han entrado de sacar la cámara. Ni el móvil. Pero vamos. Una sosada.
Eso sí, me he guardado en la recámara algo que sucedió ayer dos minutos despues de redacta la anterior entrada. En el plazo de dos minutos, en la estación de Lausana dieron salida a cinco trenes, tres de los cuales inicialmente iban en el mismo sentido, y dos de ellos iban al mismo destino. El InterRegio en el que yo viajaba y el RegioExpress que salió de forma prácticamente simultánea. Para aclarar conceptos. Los InterRegio comunican centros de población razonablemente importantes entre varias regiones o cantones, y los RegioExpres centros de población algo menos importantes, y por lo tanto con más paradas, dentro de una región o cantón, y si acaso con los vecinos. Pero el RegioExpress salió a la carrera, y parecía que iba a ir por delante del nuestro. Yo pensé que en la primera parada de aquel, le adelantaríamos y ya está, aunque me parecía una diferencia de tiempos muy pequeña. Pues no. Durante unos kilómetros circularon prácticamente en paralelo, ocupando las dos vías de la doble vía. Hasta que finalmente, el InterRegio, más rápido terminó de sobrepasarlo. Son finos estos suizos a la hora de operar sus numerosos trenes.
Por cierto que, el conjunto de entradas que he ido subiendo sobre la marcha conforman el diario de viaje provisional que podréis encontrar ya en la columna izquierda en el apartado Viajes. En los próximos días iré elaborando el definitivo y más bonito (en el momento en que elaboro esta entrada no hay nada sustancial todavía, id volviendo en próximos días).
Sigue el calor y la dura luz canicular, también en Sion, entre los Alpes
ViajesCuando a las tres y cuarto de la tarde ha salido de la estación de Sion el Eurocity con destino a la frontera italiana, me dirigido hacia la ciudad.
Teniendo en cuenta que estamos ya metidos en los Alpes me la imaginaba con otro ambiente. Es majica. Pulcra, organizada, con atenciones a los turistas. Pero no tiene ambiente de ciudad de montaña. Me parece que es una ciudad que mira más al valle.
Sus principales atracciones es la pequeña catedral y un par de castillos, el mejor conservado con una importante iglesia y un museo que recorre la historia del cantón, que es bilingüe, siendo Valais para los francófonos y Wallis para los germanófonos. Hace tres años estuvimos en la parte alta, que habla alemán. En Zermatt, con su Cervino y esas cosas.
El caso es que siendo castillos que hay conquistar a calcetín, cuesta arriba y con calor, hoy, pues se ha pasado la tarde y he llegado a la estación con un minuto de sobra para coger el ultimo tren directo a Ginebra. Después hubiera dependido de enlaces.
Escribo esto mientras estamos parados en Lausana, donde llevamos un rato y tras ver la puesta de sol en el Lemán.
Mañana día de regreso a Zaragoza.
Carlos Carreter
http://carloscarreter.com
Vevey y en ruta hacia Sión: cámaras de fotos y despedidas
ViajesHoy hemos alterado los planes iniciales que eran pasar el día en Sion. Pero mis compañeros de viaje, que tienen que llegar esta tarde noche a una hora prudente a Milán, han decidido adelantar algo la hora de su regreso, debido a alteraciones en el tráfico por obras en el túnel del Simplon. Así que cuando el tren el que vamos y en el que escribo esto llegue a la capital francófona del Valais nos tendremos que decir adiós. Tristemente.
Como ayer vimos en Vevey que había un museo dedicado a los aparatos fotográficos ahí que nos hemos ido. Pillaba de paso. Luego hemos paseado, conversado, comido algo, degustado vinos de la comarca,… Y bueno… A ver cuando coincidimos de nuevo. Triste.
Nos hemos puesto música compartiendo los auriculares, suena «Sensa fine» de Gino Paoli y unos amigos que hacen un jazz estupendo. Apropiado.
Carlos Carreter
http://carloscarreter.com
Un barco en el Lemán, unos viñedos patrimonio de la humanidad, un castillo muy mono y el Mont-Blan c desde Ginebra
ViajesNos habíamos quedado navegando en un bonito vapor por el Lemán. Me encanta que puedas cotilllear el trabajo del mecánico maquinista mientras curra.
Con mucha clima en el ambiente que impide contemplar los Alpes, lo más destacado del paisaje son los viñedos aterrazados de Lavaux. Están declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Hemos adelantado el regreso a Ginebra en tren para pasar entre ellos de día. Y merece la pena.
Hemos visitado el castillo fortaleza de Chillon. Casi en la cola del lago. Majo. Entretenido. Y hemos vuelto hasta Vevey en barco y luego en tren.
En Ginebra hemos descubierto que en tardes clara se ve el Mont-Blanc. Y no teníamos hambre pero nos estamos comiendo una fondue estupenda. Hasta mañana.
Carlos Carreter
http://carloscarreter.com





































