Aquella Eurovisión (5): Mi corazón quedó con unos grandes ojos y una falda cortita

arte música y literatura, sociedad, Televisión

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Una año después del éxito de Massiel, España organiza el festival por primera y última vez. Teniendo en cuenta que sólo lo organizan los ganadores de la edición anterior, todos entenderemos las malas noticias que esto supone. Pero bueno, todo el mundo estaba encantado. Los españolitos un poco menos acomplejados por una Europa que nos despreciaba; el régimen de Paquito Chocolatero, principal responsable del desprecio de Europa, sacando pecho ante las glorias hispanas. Había que echar el resto.

La representante elegida fue Salomé. Particularmente, no tengo recuerdos previos de esta cantante (difícil dada mi corta edad), pero tampoco los tengo posteriores. Para mí sólo existe como protagonista por una noche del festival de Eurovisión. No recuerdo ninguna otra canción suya. Sólo recuerdo aquel Vivo cantando, una pachanguita de letra mínima, repetitiva y machacona, con música festivalera y poco interesante. La interpretación se veía acompañada de unos movimientos espasmódicos por parte de la cantante, cual ataque comicial, que supongo pretendían estar relacionados con la modernidad de la época. Obviamente, visto en la distancia, una representación malísima. Y lo que son las cosas. Ganó. Para mí, incomprensiblemente, pero ganó. En cualquier caso, juzguen ustedes.

A destacar, el vestidito de color azul clarito, verdadero causante de desprendimientos de retina en el resto de Europa, donde ya tenían tele en color. En España, sin embargo, sumidos en una sociedad gris con la tele en blanco y negro, ese color daba un tono blanco más agradable que si el vestido hubiese sido realmente blanco. Menos mal que tenemos grabaciones alemanas para apreciarlo en todo su esplendor.

Si el año anterior se hizo famoso el “trío lalalá”, en esta ocasión, los acompañantes de Salomé eran tres aguerridos varones, los componentes masculinos de Los Valldemosa. Por esto que no quede.

Pero no todo fue perfecto. España ganó, pero… empatada a puntos con los representantes de otros tres países. Y ahí, en esos tres, está la cantante que robó mi corazón de niño. Se trataba de la británíca Lulu con su Boom Bang a Bang, cantante de grandes ojos y falda cortita, que aportaba un poco del estilo del Swinging London, y una picardía travestida de ingenuidad que no se encontraba en el solar ibérico ni aunque los buscaras con lupa y candil. Para mí, siempre será la auténtica ganadora de aquel festival. Y si no, vean y comparen,… con olé incluido al final.

La canción fue tan popular que hasta los Monty Python hicieron una parodia de la misma. También, por algún motivo que desconozco, me he enterado que fue prohibida en la BBC durante la primera Guerra del Golfo. A saber.

A Lulu también le debemos algún papel en el cine. El que más recuerdo fue en la película To Sir, with love, que en España conocimos con el más dramático título de Rebelión en las aulas, donde Sidney Poitier en su papel de profesor enrollado intentaba domar a unos adolescentes británicos de clase baja, entre los cuales se encontraba nuestra cantante que además cantaba el tema central del filme, con el mismo título.

Una película que siempre me gustó.Para hoy (aunque con retraso), una imagen de la londinense Leicester Square con sus caricaturistas a la caza del turista incauto.

Canon EOS D60
EF 28-135/3,5-5,6 IS USM