[Recomendaciones semanales] De Middel presidenta y alguna cosa más

Fotografía

Una nueva semana en la que tengo poquitas recomendaciones fotográficas para el domingo. Me cuesta concentrarme en estos temas últimamente. Tengo muchas historias en la cabeza a la vez. Pero bueno, algo habrá que contar.

Voy avanzando muy poco a poco en mi repaso de las fotografías del viaje al Tirol y Venecia. Con algunas sorpresas, como este panorama no previsto ni planificado, pero que ha encajado, con algún defectillo, del Nordkette de Innsbruck. Quizá a lo largo de los próximos días tenga preparado mi libro de fotografías, tanto digitales como con película fotográfica en blanco y negro. Todas las fotos que ilustran esta entrada están tomadas en Innsbruck.

La conocida agencia cooperativa de fotógrafos Magnum Photos celebra su 75º aniversario. Caracterizada por la calidad e independencia de sus miembros, han definido en gran medida lo que ha sido el fotoperiodismo del siglo XX, sin que eso signifique despreciar, ni mucho menos, otros reporteros gráficos que no han sido miembros de la agencia y que han aportado otras visiones. En su 75º aniversario, han renovado cargos y la española Cristina de Middel (instagram) han sucedido a la británica Olivia Arthur (instagram). Ambas fotógrafas me parecen muy interesantes y cualquier aficionado a la fotografía debe acercarse a su obra. Hace 10 años, de Middel era escasamente conocida cuando publicó sus Afronautas, con su peculiar forma de acercarse fotográficamente a temas interesantes o de actualidad. Y desde entonces ha sido un valor constante en acceso. Aunque a mí lo que me acercó a la fotógrafa fue su visión de la sociedad china en Party. Su condición de miembro de pleno derecho es reciente. No hace tanto que leíamos de su condición de aspirante (2017) y de asociada (2019), pasos previos a ser miembro de pleno derecho. No todo el mundo comulga con las formas de de Middel, pero en mi opinión hay mucho conservadurismo en el sector.

En Oldskull he visto un trabajo, An incomplete Dictionary of Show Birds, de Luke Stephenson, que me ha encantado. Lo califican de retratos minimalistas de pájaro. Sobre un escenario mínimo, un sencillo lugar donde posarse, un fondo liso y uniforme de color que acompañe o complemente el color del plumaje del ave, busca acercarse a la esencia del carácter y comportamiento de la especie, y mostrar al mismo tiempo la diversidad entre estos dinosaurios volantes, sin renunciar ni un ápice a la vertiente estética y artística del proyecto. De tan sencillo, me encanta y me pasaría rato y rato contemplando estos retratos aviares.

Finalmente, en AnOther Magazine se han acordado de uno de los fotógrafos que más me influyen y al que vuelvo una y otra vez. Se trata de Stephen Shore, fotógrafo y teórico de la fotografía, práctico y académico. En este caso nos hablan de un trabajo suyo de los años 70 que hablaba de la decadencia de las acerías y otras grandes metalurgias del Medio Oeste americano, Steel Town, con el impacto correspondiente en el empleo y en la vida de las personas y las comunidades de aquellos lares. Como es habitual en él, fotografía de gran formato, con composiciones absolutamente impecables, en el estilo de la New Topographics, redefiniendo y actualizando el concepto de paisaje, siempre con el componente del ser humano o la actividad del ser humano en ese paisaje. Esta serie también contiene retratos y, al mismo tiempo, el sabor de los road trip, tan propios de la literatura, el cine y la fotografía en Estados Unidos.

[Fotocomentario] Las ausentes fotos en papel

Fotografía

Hoy, sábado, he quedado a cenar con unos amigos. Quedamos periódicamente. Ahora que ya tienen los hijos mayores, y están más libres, con más frecuencia que durante los tiempos en que eran niños o más jovencitos. Y está muy bien. Algunos de ellos los conozco desde hace cuatro décadas largas. Y entre ellos, aún más. La ultima vez que quedamos, un día antes de salir de viaje en vacaciones, hicimos unas risas con unos retratos sobre película Polaroid en blanco y negro.

Las fotos se las di a ellos. Sólo me quedé la mía… que evidentemente no hice yo. Hoy en día se hacen más fotos que nunca. Constantemente, millones de ellas, en todo el mundo. Pero son fotografías que se perderán. Casi nadie hace copias en papel, para los álbumes familiares, personales, de viaje o lo que sea, como hacíamos antes. Y toda esa riqueza documental se perderá. Bueno. Tampoco hay que dramatizar. Tantas se hacen, que el pequeño porcentaje que se convierte en objetos físicos en papel pueden bastar para que los historiadores, sociólogos, archivistas, conservadores de arte, etc… hagan su tarea en un futuro. Pero mucha gente se quedará sin recuerdos físicos con el tiempo. Yo intento pasar a papel fotos. En forma de libros. Ahora estoy elaborando el de las fotos del Tirol y Venecia. Nunca sabes cuando se va a estropear el ordenador y perder todas esas fotos. Aunque confío en que mi sistema de respaldo me permita recuperarlas. Espero.

Los datos técnicos de las fotos están en Retratos improvisados sobre Polaroid 600 blanco y negro – Polaroid Supercolor 635.

[TV] Cosas de series; animación japonesa con la que lo he pasado francamente bien

Televisión

Tenía varias posibilidades para la entrada televisiva de esta semana. También estoy en planteamiento de cómo evoluciona mi forma de responder a la oferta de series a través de las plataformas en línea. Porque las televisiones de toda la vida, con los anuncios y esas cosas, ya no entran en mis cálculos. Ni siquiera tengo el televisor conectado a la antena terrestre. Por ejemplo, he observado que la oferta de Netflix me empieza a interesar poco, salvo en lo que se refiere a series de animación y mi placer inconfesable favorito, los culebrones surcoreanos de los fines de semana. ¿Merece la pena pagar por eso? Mientras, cada vez encuentro más interesante la oferta de Apple TV+ por la que pago menos dinero, más reducida, pero más interesante para mí. Entre otras cosas que sería muy prolijo comentar. En fin… al final he decidido dedicar la entrada a la animación japonesa, con unas series con las que me he entretenido mucho, de menor a mayor interés.

De acuerdo a la serie que más me ha gustado de las que hablo esta semana, no sabía si traer motivos fotográficos berlineses o japoneses. Al final, he optado por estos últimos, con fotos de nuestra visita a Kamakura en 2014.

Hay una cosa de la que hay que partir. En general, la animación japonesa tiene una población objetivo muy definida, los adolescentes y jóvenes de uno u otro sexo, según la serie. A partir de ahí, algunas series son entretenidas para un adulto… otras… pues no. Y eso depende de factores diversos, como la calidad de la animación, los temas de fondo, o la calidad de los guiones.

Por ejemplo, un serie ya «viejuna», de 2013, que se puede ver en Netflix. Toaru Kagaku no Rērugan [とある科学の超電磁砲], A certain scientific Railgun, es una serie que a priori no me hubiera interesado nunca si no hubiera leído un comentario favorable. Tiene un aspecto de serie para chicas adolescentes o preadolescentes, salvo que en cuanto ves un poco y compruebas el fan service, entiendes que está pensada para chicos adolescentes… y de repente te encuentras que dejando de lado estas cuestiones, es una serie de aventuras con ritmo y muy entretenida, en una ciudad (más bien un distrito dentro de Tokio), diseñada para jóvenes con poderes especiales. No es que sea realmente recomendable de forma general salvo para su población diana, pero si le echas un vistazo, te entretiene mucho. Y eso que lo del fan service resulta en muchas series un tanto casposo/baboso. Por lo que sirve para rellenar tiempos muertos con episodios de poco más de 20 minutos de duración. Es un spin-off de otra serie de 2010, a la que le estoy echando un vistazo ahora, y tiene una segunda temporada que, si eso, ya llegará.

Con más interés, bastante más, tanto a nivel conceptual como de realización, tenemos BNA: Brand New Animal [BNA ビー・エヌ・エー], en Netflix, que se suma a la moda de los animales antropomorfizados, que tan buenos resultados da como por ejemplo en otra serie reciente. Estamos en una realidad alternativa en la que además de seres humanos existen los animanos [獣人, leído alternativamente como kemonobito o jūjin], gentes con una alteración genética que les permite alternar entre una forma animal y una forma humana. En Japón se han reunido para vivir en una ciudad propia, Animal City, pero con no pocos problemas de tolerancia entre humanos y animanos, y con problemas de coexistencia internos también. La protagonista es Michiru, una joven humana, estudiante de instituto, que tras un accidente con su mejor amiga del que se recupera en un hospital, se convierte en una animana con forma de tanuki [狸, y también en katakana, タヌキ], el perro mapache japonés (un cánido que en alguna ocasión se confunde con el auténtico mapache, no presente en el archipiélago nipón, que no es un cánido; una conocida película de Studio Ghibli tiene a los tanuki como protagonistas, pero es frecuente que en los doblajes occidentales se les llame mapaches). La joven Michiru se refugia en Animal City, donde no deja de meterse en líos por su sentido de la justicia, y donde se alía con un animano lobo, Shirō, aunque este al principio este no la acepta bien. Con los temas de aceptación de la diversidad de fondo, la serie es realmente muy entretenida. Y aunque enfocada a los jóvenes, la puede ver cualquiera sin desdoro.

Y finalmente tenemos la revelación de la temporada, Spy x family [léase como Spy family, la x no sería una letra en sí misma]. En una realidad alternativa inspirada por la Alemania de la guerra fría, tenemos dos países rivales, Westalis y Ostania, cuya capital es Berlint. Así… tal cual. Y un agente de los servicios de inteligencia de Westalis, el espía Tasogare [黄昏, Twilight en inglés], o Loid Forger, es encargado de una misión para lo cual tendrá que hacerse pasar por un médico psiquiatra de Ostania. Y tendrá que montarse una familia falsa. Para ello elige a Anya, una niña de un orfanato que, aunque nadie lo sabe, es telépata y escucha el pensamiento de los demás. Y se casa con una funcionaria discreta y tímida del ayuntamiento de Berlint, Yor Briar, cuyo alter ego es Ibara Hime [いばら姫, Thorn Princess], un peligrosa y letal asesina a sueldo, cuyo hermano, de incógnito, trabaja para los serivcios secretos de Ostania. La cuestión es que, por su naturaleza de telépata, la única que conoce todo el tinglado es Anya, los demás desconocen la real identidad de los otros. Y por añadidura, nadie tiene experiencia ni habilidades para ser padre/madre/hija de una familia, por su pasado y origen disfuncional. La serie va alternando las aventuras de intriga de espionaje, con las muy divertidas peripecias de querer pasar por una familia normal. Un trío de caracteres que, poco a poco, se van haciendo entrañables, porque, evidentemente, aunque son una familia falsa, van creando los lazos propios de una familia real. Su primera tanda de 12 episodios, está previsto que su primera temporada tenga otra tanda de 13 episodios en otoño, me ha sabido a poco. Es realmente muy divertida y muy recomendable.