Epílogo: trenes a la carrera y el día de vuelta

Viajes

Hoy ha sido el día de regreso a Zaragoza. Y de tan normal y sin incidentes, ha sido un aburrimiento. Ni ganas me han entrado de sacar la cámara. Ni el móvil. Pero vamos. Una sosada.

Eso sí, me he guardado en la recámara algo que sucedió ayer dos minutos despues de redacta la anterior entrada. En el plazo de dos minutos, en la estación de Lausana dieron salida a cinco trenes, tres de los cuales inicialmente iban en el mismo sentido, y dos de ellos iban al mismo destino. El InterRegio en el que yo viajaba y el RegioExpress que salió de forma prácticamente simultánea. Para aclarar conceptos. Los InterRegio comunican centros de población razonablemente importantes entre varias regiones o cantones, y los RegioExpres centros de población algo menos importantes, y por lo tanto con más paradas, dentro de una región o cantón, y si acaso con los vecinos. Pero el RegioExpress salió a la carrera, y parecía que iba a ir por delante del nuestro. Yo pensé que en la primera parada de aquel, le adelantaríamos y ya está, aunque me parecía una diferencia de tiempos muy pequeña. Pues no. Durante unos kilómetros circularon prácticamente en paralelo, ocupando las dos vías de la doble vía. Hasta que finalmente, el InterRegio, más rápido terminó de sobrepasarlo. Son finos estos suizos a la hora de operar sus numerosos trenes.

Por cierto que, el conjunto de entradas que he ido subiendo sobre la marcha conforman el diario de viaje provisional que podréis encontrar ya en la columna izquierda en el apartado Viajes. En los próximos días iré elaborando el definitivo y más bonito (en el momento en que elaboro esta entrada no hay nada sustancial todavía, id volviendo en próximos días).

Sigue el calor y la dura luz canicular, también en Sion, entre los Alpes

Viajes

Cuando a las tres y cuarto de la tarde ha salido de la estación de Sion el Eurocity con destino a la frontera italiana, me dirigido hacia la ciudad.

Teniendo en cuenta que estamos ya metidos en los Alpes me la imaginaba con otro ambiente. Es majica. Pulcra, organizada, con atenciones a los turistas. Pero no tiene ambiente de ciudad de montaña. Me parece que es una ciudad que mira más al valle.

Sus principales atracciones es la pequeña catedral y un par de castillos, el mejor conservado con una importante iglesia y un museo que recorre la historia del cantón, que es bilingüe, siendo Valais para los francófonos y Wallis para los germanófonos. Hace tres años estuvimos en la parte alta, que habla alemán. En Zermatt, con su Cervino y esas cosas.

El caso es que siendo castillos que hay conquistar a calcetín, cuesta arriba y con calor, hoy, pues se ha pasado la tarde y he llegado a la estación con un minuto de sobra para coger el ultimo tren directo a Ginebra. Después hubiera dependido de enlaces.

Escribo esto mientras estamos parados en Lausana, donde llevamos un rato y tras ver la puesta de sol en el Lemán.

Mañana día de regreso a Zaragoza.

Carlos Carreter
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Vevey y en ruta hacia Sión: cámaras de fotos y despedidas

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Hoy hemos alterado los planes iniciales que eran pasar el día en Sion. Pero mis compañeros de viaje, que tienen que llegar esta tarde noche a una hora prudente a Milán, han decidido adelantar algo la hora de su regreso, debido a alteraciones en el tráfico por obras en el túnel del Simplon. Así que cuando el tren el que vamos y en el que escribo esto llegue a la capital francófona del Valais nos tendremos que decir adiós. Tristemente.

Como ayer vimos en Vevey que había un museo dedicado a los aparatos fotográficos ahí que nos hemos ido. Pillaba de paso. Luego hemos paseado, conversado, comido algo, degustado vinos de la comarca,… Y bueno… A ver cuando coincidimos de nuevo. Triste.

Nos hemos puesto música compartiendo los auriculares, suena «Sensa fine» de Gino Paoli y unos amigos que hacen un jazz estupendo. Apropiado.

Carlos Carreter
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Un barco en el Lemán, unos viñedos patrimonio de la humanidad, un castillo muy mono y el Mont-Blan c desde Ginebra

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Nos habíamos quedado navegando en un bonito vapor por el Lemán. Me encanta que puedas cotilllear el trabajo del mecánico maquinista mientras curra.

Con mucha clima en el ambiente que impide contemplar los Alpes, lo más destacado del paisaje son los viñedos aterrazados de Lavaux. Están declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Hemos adelantado el regreso a Ginebra en tren para pasar entre ellos de día. Y merece la pena.

Hemos visitado el castillo fortaleza de Chillon. Casi en la cola del lago. Majo. Entretenido. Y hemos vuelto hasta Vevey en barco y luego en tren.

En Ginebra hemos descubierto que en tardes clara se ve el Mont-Blanc. Y no teníamos hambre pero nos estamos comiendo una fondue estupenda. Hasta mañana.

Carlos Carreter
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Calor y fotografia en Lausana

Viajes

Esta mañana la hemos pasado en Lausana, capital del Cantón de Vaud, también de habla francesa. No saldré de la Romandía en este viaje. Hace calor. Rondando los treinta grados. Así que no es especialmente agradable ir al sol por una ciudad llena de cuestas. Menos mal que tiene un eficaz metro que te las ahorra. Y así hemos visitado la catedral y la zona alta de la ciudad.

Luego otra vez el metro hacia abajo, para visitar el museo de l’Elysée, museo de fotografia muy agradable junto al palacio, jardines y museo olímpicos.

Nos hemos comido unas crepes y hemos embarcado en un vapor rumbo al castillo de Chillon. Y sigue haciendo calor. Pero atemperado por la masa de agua del Lemán.

Carlos Carreter
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Epilogo al día de hoy; y el chorro funcionó

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Se me había olvidado. Y ahora mientras llega la primera ronda de la noche lo cuento. En toda la tarde había funcionado el famoso chorro ginebrino (no digo chorro de Ginebra que es me ponen nerviosos los aficionados al gintonic), así que a saber el número de turistas que precisarán tratamiento psicológico por la frustración. Pero por la noche sí. Lo que producirá una epidemia de lamentables fotos nocturnas hechas con el móvil como la que ilustra esta entrada.

Adiós.

Carlos Carreter
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Paseamos por la ONU, cervecita, por el botánico, cervecita, por la orilla del Lemán, cervecita y a cenar

Viajes

Sigo aprovechando la relajada cena que estamos haciendo para hacer la crónica del día. Y la tarde ha quedado perfectamente resumida en el título de esta entrada. Así que nada os dejo que llega el postre. Hasta mañana.

Carlos Carreter
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El viejo centro de Ginebra en una colina y algo más

Viajes

Sale la mañana con nubes pero sin riesgo de lluvia. Un pequeño grupo (de dos) nos disponemos a conquistar el casco antiguo de la ciudad hasta la hora de comer. Recorremos con tranquilidad las recoletas canales de Ginebra y visitamos la catedral y el museo arqueológico, muy interesante, que hay bajo ella.

Terminamos el paseo en un parque donde hay unas horrendas efigies de los reformadores ginebrinos, com el fanático de Calvino (que era francés) al frente. Más agradables, jóvenes y mayores se retan a partidas de ajedrez y damas con tableros y piezas gigantes. Lo vimos hace años también en Lugano.

Por cierto, por aquí pasa una variante del camino de Santiago y lo hemos seguido varias veces.

Carlos Carreter
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Tarde de paseo, charra, chorro, cerveza y coroneles

Viajes

Magnifica tarde la que ha hecho en Ginebra. Especialmente a orillas del Lemán y el Ródano, que entre calles hacía más calorcito. Combatido con alguna cerveza que otra.

El hito turístico de la jornada, el gigantesco chorro de agua a orillas del Lemán que domina el paisaje ginebrino. Después a cenar. Mezcla de platos franceses e italianos que hemos compartido. De postre, tenían «coroneles». Lo que nos ha recordado las cenas alsacianas de hace dos años en las que cayeron no pocos de estos sorbetes de limón verde con lingotazo de vodka. Peligrosos. Y divertidos.

Hemos caminado un poco para bajar la cena. Y ahora nos tomamos unas cervecitas, y yo aprovecho para escribir estas líneas. Hasta mañana.

Carlos Carreter
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Recién llegado Ginebra, me sumerjo en el primer mundo

Viajes

Leía hoy que un ministro recomendaba que todos los españoles hiciéramos las vacaciones sin salir de España. Más barato, por el bien de la economía, por las atracciones del país. No pongo en duda sus argumentos.

Acabo de llegar a Ginebra, Suiza para los despistados. Apenas 25 minutos tras el aterrizaje del avión, me reciben en el hotel con una sonrisa, una buena habitación de precio razonable, una buena conexión a internet sin coste añadido, y una tarjeta de transporte público para el área metropolitana de la ciudad también sin coste añadido.

Me gustaría saber en que gran ciudad de España pasa lo mismo. A mi no, por lo menos.

Carlos Carreter
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En vísperas de la escapada,… suiza

Cine, Música, Televisión, Viajes

Mañana cojo los bártulos y me voy. Hasta el domingo. A Suiza. Básicamente Ginebra y lo que dé de sí en los alrededores de lago Leman. No tengo un plan muy definido. Este depende de otros factores que no controlo yo. Pero me da igual. Se trata de airearse, hacer algunas fotos, y otras cosas importantes que no vienen al caso. De cualquier modo, el domingo estaré de vuelta. No me voy a matar por estar en contacto a través del Cuaderno de ruta. Si es fácil, como hace una semanas en Noruega, pues ahí estaré con algún comentario. Si no, a la vuelta os lo cuento. Y elaboraré el correspondiente diario de viaje. Faltaría más. Si alguien tiene mono. Os dejo con los más recientes. Por tierras navarras, y por los fiordos nórdicos.

Tengo la sensación que en esta ocasión, las grandes cimas de los Alpes suizos las veré desde lejos, pero nunca se sabe. En la foto, las pistas de esquí a los pies del Kleine Matterhorn.

Para hoy, no tenía grandes temas. No ha habido cine estos días. En realidad sí. Pero la película ya está comentada, y sólo una combinación de factores ha hecho que repitiera. Me sigue pareciendo lo mismo. Lo que decía un tweet que leí hace unos días «Me gusta, pero no me gusta. Pero me gusta. Pero no me gusta…» Gran espectáculo visual al servicio de un guion realmente mediocre, que aun así te mantiene pegado a la butaca, aunque sales echando pestes. Menos mal que en cuestiones de extraterrestres, en un par de semanas o menos tenemos de vuelta al Doctor. Dicen que podría empezar temporada el sábado 25. A ver si es verdad. Y hablando de series británicas… se ha filtrado un trailer no de muy buena calidad de la tercera, y al parecer última, temporada de Downton Abbey. El megaculebrón de época británico de época que tanto me ha gustado. Y parece que viene dramón, dramón, dramón.

Grandes montañas con muchas nubes es el paisaje típico que vemos en Prometheus. Como lo que vimos en la cara norte del Eiger desde Grindelwald.

Y si los dramas de época también son conocidos como dramas históricos, será por tienen que ver con la historia. Y sobre personajes históricos estamos. Nos cuentan en Microsiervos que unos tipos han hecho un gráfico en el que comparan la longitud de los artículos dedicados en la Wikipedia a distintos personajes históricos. Que el artículo dedicado a George Washington tenga el triple de longitud que el dedicado a Socrates,… sip, normal. O el de Ghandi, gran pacifista, que es casi cuatro veces más largo que un gran guerrero como Gengis Kan,… vale, me alegro. Pero es que el dedicado a Optimus Prime, uno de los Transformers, que creo que son unos juguetes que han dado el paso a unas infames películas casi dobla la longitud que el más largo de los anteriores. La Wikipedia está muy bien, pero se nota que está hecha por seres humanos. Y hay que ver lo que llegan a desbarrar en ocasiones los seres humanos.

Hace un par de años casi, en Budapest, en la escalinata de la basílica de San Esteban, había un músico muy simpático tocando un instrumento muy raro. Como un platillo volante. O como dos ensaladeras enfrentadas una contra otra. Era curioso. Pero nunca supe que instrumento era ese. Creía que sería algún instrumento oriental, de los que usan los místicos y esas cosas. Pero no, resulta que es un instrumento salido de la inventiva de unos tipos en Berna. Me he enterado en Amazings. Y se llama hang, al parecer porque es la forma que tienen los berneses de pronunciar la palabra alemana que significa mano, y es un instrumento que se toca con las manos. Y ya que estamos en Berna, os vuelvo a recordar que mañana me escapo hasta el domingo a tierras suizas.

El simpático músico callejero que tocaba el hang en la escalinata de San Esteban, en la capital húngara.

[Deportes] Se apagó la llama olímpica; hasta… ¡yo que sé!

Deporte

Sí. Ayer terminaron los juegos olímpicos. De cuestiones fotográficas y de retransmisiones televisivas no hablaré más. Ya he dado la tabarra lo suficiente. Aunque si os interesa la ceremonia de clausura, como siempre en In Focus de The Atlantic nos traen bonitas y significativas imágenes a gran resolución. Yo aguanté un ratito, pero amenazaban con terminar bastante más tarde de la medianoche, y hoy había que ir a trabajar. Y la cosa, que giraba en torno a la música pop británica, tampoco me tiraba tanto. Me perdí a Eric Idle cantando Always look on the bright side of the life, pero me ahorré la visión de la Spice Girls de nuevo más o menos reunidas, lo cual, sin duda, me hubiera producido horribles pesadillas… durante los cuatro añoss que pasarán hasta los siguientes juegos.

Pero bueno. Se rompió la tradición de que la última prueba de los juegos fuera la maratón masculina, cuyo final era seguido por la ceremonia de clausura. Como la femenina, se corrió por la mañana, por el centro de Londres, con principio y final en The Mall. Está bien porque ves más de lo bonito de Londres, pero la tradición tampoco estaba mal.

El maratón se corrió con salida y llegada a The Mall, pasando varias veces ante el palacio de Buckingham. Mucho mejor ver correr a los delgaditos atletas africanos que desfilar a los estirados guardias Coldstreams.

Se jugó la final de baloncesto. Y por momentos, España (me niego a llamarle ÑBA, lo cual me parece renunciar a tener una personalidad propia) plantó cara a la todopoderosa NBA. Ganar era muy difícil; pero visto el torneo en su conjunto, también parecía difícil caer por un tanteo abultado. Y no, la cosa no se decidió hasta el último cuarto. Bien por ellos. Y porque querían más. Hasta estaban tristes a pesar de la plata conseguida.

El hecho de que los países anfitriones consigan sus mejores resultados en medallas cuando lo son, a mí me indica una cosa. Que no tiene que ver con la motivación, con el orgullo, con jugar en casa o tontadas por el estilo. Tiene que ver con la inversión económica que los países hacen en sus deportistas para quedar bien en sus juegos. Por lo tanto, opino que los buenos resultados depende de los recursos invertidos. Dada la triste situación económica de nuestro país, y teniendo en cuenta su trayectoria en las dos últimas décadas, con la desinversión en espectáculos deportivos distintos del pelotón que se ha producido tanto el sector público como en el privado, las 17 medallas se me antojan un éxito del copón. Y bien por las chicas que son las que más han aportado, sin quejarse (demasiado) de la horrenda vestimenta que en ocasiones se han visto obligadas a vestir. Estos es una coña. Bien por ellas, sin más. Incluidas las que pelearon y no lo consiguieron.

Las cámaras pillaron en alguna ocasión a las ardillas de St-James’s Park, cruzando The Mall, sorteando atletas.

Bien por Jamaica. Además de correr mogollón de deprisa, son mucho más simpáticos que sus contrincantes principales los velocistas yanquis, que no sólo desfilaron vestidos de militares en la apertura, sino que constantemente hacía saludos militares en sus triunfos. Parece que nos olvidamos que en la época clásica, la celebración de los juegos era un momento en el que los ejércitos cerraban por vacaciones. Eso sí, que cutres los jueces que no le querían dar al bueno de Bolt el testigo de la prueba del 4×100. Que eran las reglas decían. Serán memos… menos mal que hubo alguien con sentido común, y arreglaron la falta de tacto y diplomacia.

Me alegran mucho los éxitos de los corredores africanos en las medias y las largas distancias, pero no me gusta lo de las nacionalizaciones a la carta para llenar los equipos de otros países con corredores de estos orígenes. Creo que se desvirtúa el espíritu de los juegos. De todas formas, lo de la representación por países me parece bien, para que haya gente de todo el mundo. Pero se debería correr sin banderas. Todos bajo el emblema olímpico, y celebremos todos a los ganadores por su esfuerzo y habilidad en lugar de por su bandera. Dicho esto, no me gustan los éxitos de los países con dictaduras que usan este tipo de logros para su indecente propaganda populista. Sí. Estoy hablando de China.

También paso la prueba ante el mazacote barroco con tintes neoclásicos de la catedral de Saint Paul.

Me gusta ver deportes minoritarios. Ayer me encantó ver el final de la prueba de Pentatlón moderno femenino, en el que una chiqueta lituana de metro sesenta de estatura, con gran esfuerzo se imponía en la línea de meta, después de haber nadado, montado a caballo, tirado con espada, y tirado con pistola mientras se corren 3000 metros en un recorrido campo a través. Seguro que no se hace famosa como otros. Pero me resultó muy meritorio. Laura Asadauskaitė se llama la chica. Como para acordarse del apellido. Pero de lo más simpática.

En fin, podría comentar más cosas, pero se me acaba el tiempo. Tengo cosas que hacer y se me está haciendo tarde. Los próximos juegos se celebran en Río de Janeiro. Así que los horarios de televisión serán infames. Según sean las siguientes citas olímpicas, me puedo pegar otros 20 años sin ver este tipo de cosas. Bueno, siempre quedan los de invierno. Cuando se celebran en América, ya que como las pruebas de esquí son por la mañana y primeras horas de la tarde, entonces las vemos aquí entre la tarde y la noche… Que rollo lo del mundo redondo, ¿no?

Y corrieron los maratonianos a través de Leadenhall Market, mercado cubierto en la City, que siempre me ha gustado mucho. A ver por donde corren el maratón en la calurosa y húmeda Río. Pobres. ¿Por la playa de Copacabana? ¿Barra da Tijuca? ¿Ipanema, donde las garotas?