[Viajes y fotografía] Ansiedad

Fotografía, Viajes

Lo comentaba hace un par de días con alquien que se juega los cuartos todos los días con esto de la fotografía. Que no es mi caso. Para mí es una mera afición. Hoy en día, la fotografía produce ansiedad. Mucha. La exposición continua a través de internet, con las modas que surgen sobre cómo deben ser las fotos guays en los viajes, produce más ansiedad todavía. Se supone que si estás de viaje con una cámara de fotos, especialmente si es una cámara del copón, tienes que hacer una fotos estupendas, muy personales, a ser posible con su toque de  street photography, y si además frecuentas 500px, es obligatorio sacar una cascada con un nombre que termine en foss, incluso si no estás de viaje por un país nórdico. Y mucho HDR, con colores abundantemente chillones, y unos halos tremendos, claro.

Embarcados en el lago Lemán

Comenzamos la travesía por el lago Lemán; la luz de las horas centrales del día y la calima no son muy prometedoras. Mejor tomarse las cosas con calma.

Yo he sufrido la ansiedad del viajero con cámara de fotos. Esa sensación de que llegas a un sitio, cámara al hombro, y de repente notas que no estás haciendo fotos. Muchas fotos. Y además de las chachis. No entiendes lo que te pasa, y empiezas a pulsar el disparador de la cámara… y luego te pasas media hora borrando en casa las fotografías de los veinte primeros minutos de tu visita a un lugar nuevo tras acomodarte en el hotel. No vale casi nada. Ansiedad.

Embarcados en el lago Lemán

Por supuesto, son frecuentes las gentes que con sus sencillas compactas y sus móviles, se retratan a bordo del barco para tener un recuerdo. Bien por ellos, que no se complican innecesariamente la vida.

Embarcados en el lago Lemán

Pero no falta quien sufriendo de algún tipo de problema neurológico dispara constantemente su cámara, pequeña o grande. Incluso a las anodinas urbanizaciones turísticas que bordean el Lemán en Vevey o en Montreux.

En estos días por Ginebra he estado con tres amigos italianos. Hasta ahora siempre habían funcionado con cámaras compactas, y lo de las fotos, más allá de tener un recuerdo les daba igual. Eran básicamente felices zascandileando por el mundo sin grandes preocupaciones. En los ratos de reposo, una de ellas, saca su cuaderno y sus lapiceros y haces unos impresionantes dibujos que son sin contestación alguna las mejores imágenes del viaje. Pero se niega a hacerlos públicos. Una pena. Los otros dos se han agenciado cámaras de cierto nivel. Él, una reflex de Canon, de reconocido prestigio y poderío, dentre del sistema APS-C, con un objetivo de focal variable bastante fálico. Ella, más joven y elegante, una cuca compacta de sistema con objetivos intercambiables, capaz de obtener excelentes imágenes, pero más pensada para quedar monísima con los sencillos, que no simples, complementos con los que acompaña su siempre cuidada aunque discreta indumentaria. Bueno, son italianos, y hay cosas que les preocupan y las llevan en los genes. El caso es que discutimos en más de una ocasión este «síndrome de ansiedad viajero-fotográfica». Hasta que tomándonos el viaje con tranquilidad nos olvidamos del caso, y nos dedicamos alo de siempre. A ir zascandileando por el mundo sin grandes preocupaciones, y haciendo alguna foto de vez en cuando.

Embarcados en el lago Lemán

La campana. Todo el mundo fotografío la puñetera campana del «Montreux», que ni era especialmente mona, ni brillante, ni cuidada. De hecho tenías que tener cuidado para que las telarañas no te vinieran a la cara. Pero quedo inmortalizada con el más sencillo «android» y con una exclusiva Leica para película tradicional. Y no creo que la foto final fuera muy diferente. Salvo en el coste monetario de hacerla.

No obstante, ya con la distancia que nos dio la reflexión sobre el tema, la tarde en la que embarcamos en el vapor «Montreux» para ir desde Lausanne-Ouchy hasta el castillo de Chillon. Observamos a nuestro alrededores el síndrome mencionado en otras viajeros del vapor. Hubo un rato en que nos pusimos de acuerdo para apuntar simultáneamente nuestras cámaras hacia algún punto del lago, por anodino que fuera. Y a continuación los ansiosos viajeros que nos rodeaban, empuñaban sus cámaras, apuntaban en la misma dirección, fruncían el ceño con extrañeza, supongo que no tenían ni idea de que podía haber interesante en esa inmensidad azulada llena de calima, pero al final, muchos de ellos pulsaban el botón del obturador. Y luego miraban dubitativos las posibilidades artísticas de la imagen que aparecía en su visor.

Embarcados en el lago Lemán

Este desplazamiento masivo a la amura de babor fue provocado por nosotros. Afortunadamente, el barco tiene gran estabilidad y no se escoró y zozobró bajo el peso de quienes buscaban «la foto».

El momento supremo llegó cuando por allí aparecieron, por separado pero coincidiendo dos aguerridos fotoviajeros. Uno de ellos con una Canon EOS 5D calzada con un fálico objetivo de la serie L, inconfundible por el aro rojo del barrilete, que no identifiqué. El otro con una Leica M6 y un Summicron, que no pude distinguir si se trataba de un 50 mm o más probablemente un 35. Da igual. Se pasearon por proa inquietos. Con ese comezon interior que les debía decir que con semejantes equipos tenían que estar haciendo fotos, únicas, de inmediato. Ambos hicieron sendas fotos a la puñetera campaña mil millones de veces fotografíada con los móviles de los turistas indiferentes a este fenómeno, y se perdieron entre el pasaje buscan la mejor forma de emular a Henri y otros ilustres.

Embarcados en el lago Lemán

Como siempre, cuando tienes por delante dos horas de travesía, las cosas se calman. Y la gente se amodorra con el sol del «après-midi», que es un buen ansiolítico.

Conclusión. Si viajas con una cámara de fotos, pero no eres un fotógrafo con un proyecto concreto, limítate a disfrutar del viaje. Entérate de lo que ves, disfruta de la compañía. Si las condiciones de luz y entorno no acompañan, limítate a documentar aquellas cuestiones que quieras recordar o mostrar luego a la gente. Limítate a la corrección técnica. Es difícil hacer «arte» cuando las condiciones no se dan. Y cuando llegue la confluencia de condiciones adecuadas, luz, inspiración, objeto motivante, entonces echa el resto en la medida de tus posibilidades. Y disfruta. Que para eso estamos.

Por cierto, más imágenes de esta travesía en barco en mi Diario de viaje de Ginebra y el Lago Lemán. Que espero acabar en algún momento a lo largo del fin de semana.

Embarcados en el lago Lemán

Pero comentó Ugo que esta chica estuvo sola toda la travesía porque el maromo que la acompañaba se dedicó a jugar a Robert Capa las dos horas. Que la teníamos que haber adoptado, dijo. No sé. El tipo en cuestión tenía cara de poco amigos. En cualquier caso, yo no constaté los hechos expuestos por mi amigo italiano.

Epílogo: trenes a la carrera y el día de vuelta

Viajes

Hoy ha sido el día de regreso a Zaragoza. Y de tan normal y sin incidentes, ha sido un aburrimiento. Ni ganas me han entrado de sacar la cámara. Ni el móvil. Pero vamos. Una sosada.

Eso sí, me he guardado en la recámara algo que sucedió ayer dos minutos despues de redacta la anterior entrada. En el plazo de dos minutos, en la estación de Lausana dieron salida a cinco trenes, tres de los cuales inicialmente iban en el mismo sentido, y dos de ellos iban al mismo destino. El InterRegio en el que yo viajaba y el RegioExpress que salió de forma prácticamente simultánea. Para aclarar conceptos. Los InterRegio comunican centros de población razonablemente importantes entre varias regiones o cantones, y los RegioExpres centros de población algo menos importantes, y por lo tanto con más paradas, dentro de una región o cantón, y si acaso con los vecinos. Pero el RegioExpress salió a la carrera, y parecía que iba a ir por delante del nuestro. Yo pensé que en la primera parada de aquel, le adelantaríamos y ya está, aunque me parecía una diferencia de tiempos muy pequeña. Pues no. Durante unos kilómetros circularon prácticamente en paralelo, ocupando las dos vías de la doble vía. Hasta que finalmente, el InterRegio, más rápido terminó de sobrepasarlo. Son finos estos suizos a la hora de operar sus numerosos trenes.

Por cierto que, el conjunto de entradas que he ido subiendo sobre la marcha conforman el diario de viaje provisional que podréis encontrar ya en la columna izquierda en el apartado Viajes. En los próximos días iré elaborando el definitivo y más bonito (en el momento en que elaboro esta entrada no hay nada sustancial todavía, id volviendo en próximos días).

Sigue el calor y la dura luz canicular, también en Sion, entre los Alpes

Viajes

Cuando a las tres y cuarto de la tarde ha salido de la estación de Sion el Eurocity con destino a la frontera italiana, me dirigido hacia la ciudad.

Teniendo en cuenta que estamos ya metidos en los Alpes me la imaginaba con otro ambiente. Es majica. Pulcra, organizada, con atenciones a los turistas. Pero no tiene ambiente de ciudad de montaña. Me parece que es una ciudad que mira más al valle.

Sus principales atracciones es la pequeña catedral y un par de castillos, el mejor conservado con una importante iglesia y un museo que recorre la historia del cantón, que es bilingüe, siendo Valais para los francófonos y Wallis para los germanófonos. Hace tres años estuvimos en la parte alta, que habla alemán. En Zermatt, con su Cervino y esas cosas.

El caso es que siendo castillos que hay conquistar a calcetín, cuesta arriba y con calor, hoy, pues se ha pasado la tarde y he llegado a la estación con un minuto de sobra para coger el ultimo tren directo a Ginebra. Después hubiera dependido de enlaces.

Escribo esto mientras estamos parados en Lausana, donde llevamos un rato y tras ver la puesta de sol en el Lemán.

Mañana día de regreso a Zaragoza.

Carlos Carreter
http://carloscarreter.com

Vevey y en ruta hacia Sión: cámaras de fotos y despedidas

Viajes

Hoy hemos alterado los planes iniciales que eran pasar el día en Sion. Pero mis compañeros de viaje, que tienen que llegar esta tarde noche a una hora prudente a Milán, han decidido adelantar algo la hora de su regreso, debido a alteraciones en el tráfico por obras en el túnel del Simplon. Así que cuando el tren el que vamos y en el que escribo esto llegue a la capital francófona del Valais nos tendremos que decir adiós. Tristemente.

Como ayer vimos en Vevey que había un museo dedicado a los aparatos fotográficos ahí que nos hemos ido. Pillaba de paso. Luego hemos paseado, conversado, comido algo, degustado vinos de la comarca,… Y bueno… A ver cuando coincidimos de nuevo. Triste.

Nos hemos puesto música compartiendo los auriculares, suena «Sensa fine» de Gino Paoli y unos amigos que hacen un jazz estupendo. Apropiado.

Carlos Carreter
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Un barco en el Lemán, unos viñedos patrimonio de la humanidad, un castillo muy mono y el Mont-Blan c desde Ginebra

Viajes

Nos habíamos quedado navegando en un bonito vapor por el Lemán. Me encanta que puedas cotilllear el trabajo del mecánico maquinista mientras curra.

Con mucha clima en el ambiente que impide contemplar los Alpes, lo más destacado del paisaje son los viñedos aterrazados de Lavaux. Están declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Hemos adelantado el regreso a Ginebra en tren para pasar entre ellos de día. Y merece la pena.

Hemos visitado el castillo fortaleza de Chillon. Casi en la cola del lago. Majo. Entretenido. Y hemos vuelto hasta Vevey en barco y luego en tren.

En Ginebra hemos descubierto que en tardes clara se ve el Mont-Blanc. Y no teníamos hambre pero nos estamos comiendo una fondue estupenda. Hasta mañana.

Carlos Carreter
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Calor y fotografia en Lausana

Viajes

Esta mañana la hemos pasado en Lausana, capital del Cantón de Vaud, también de habla francesa. No saldré de la Romandía en este viaje. Hace calor. Rondando los treinta grados. Así que no es especialmente agradable ir al sol por una ciudad llena de cuestas. Menos mal que tiene un eficaz metro que te las ahorra. Y así hemos visitado la catedral y la zona alta de la ciudad.

Luego otra vez el metro hacia abajo, para visitar el museo de l’Elysée, museo de fotografia muy agradable junto al palacio, jardines y museo olímpicos.

Nos hemos comido unas crepes y hemos embarcado en un vapor rumbo al castillo de Chillon. Y sigue haciendo calor. Pero atemperado por la masa de agua del Lemán.

Carlos Carreter
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Epilogo al día de hoy; y el chorro funcionó

Viajes

Se me había olvidado. Y ahora mientras llega la primera ronda de la noche lo cuento. En toda la tarde había funcionado el famoso chorro ginebrino (no digo chorro de Ginebra que es me ponen nerviosos los aficionados al gintonic), así que a saber el número de turistas que precisarán tratamiento psicológico por la frustración. Pero por la noche sí. Lo que producirá una epidemia de lamentables fotos nocturnas hechas con el móvil como la que ilustra esta entrada.

Adiós.

Carlos Carreter
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Paseamos por la ONU, cervecita, por el botánico, cervecita, por la orilla del Lemán, cervecita y a cenar

Viajes

Sigo aprovechando la relajada cena que estamos haciendo para hacer la crónica del día. Y la tarde ha quedado perfectamente resumida en el título de esta entrada. Así que nada os dejo que llega el postre. Hasta mañana.

Carlos Carreter
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El viejo centro de Ginebra en una colina y algo más

Viajes

Sale la mañana con nubes pero sin riesgo de lluvia. Un pequeño grupo (de dos) nos disponemos a conquistar el casco antiguo de la ciudad hasta la hora de comer. Recorremos con tranquilidad las recoletas canales de Ginebra y visitamos la catedral y el museo arqueológico, muy interesante, que hay bajo ella.

Terminamos el paseo en un parque donde hay unas horrendas efigies de los reformadores ginebrinos, com el fanático de Calvino (que era francés) al frente. Más agradables, jóvenes y mayores se retan a partidas de ajedrez y damas con tableros y piezas gigantes. Lo vimos hace años también en Lugano.

Por cierto, por aquí pasa una variante del camino de Santiago y lo hemos seguido varias veces.

Carlos Carreter
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Tarde de paseo, charra, chorro, cerveza y coroneles

Viajes

Magnifica tarde la que ha hecho en Ginebra. Especialmente a orillas del Lemán y el Ródano, que entre calles hacía más calorcito. Combatido con alguna cerveza que otra.

El hito turístico de la jornada, el gigantesco chorro de agua a orillas del Lemán que domina el paisaje ginebrino. Después a cenar. Mezcla de platos franceses e italianos que hemos compartido. De postre, tenían «coroneles». Lo que nos ha recordado las cenas alsacianas de hace dos años en las que cayeron no pocos de estos sorbetes de limón verde con lingotazo de vodka. Peligrosos. Y divertidos.

Hemos caminado un poco para bajar la cena. Y ahora nos tomamos unas cervecitas, y yo aprovecho para escribir estas líneas. Hasta mañana.

Carlos Carreter
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Recién llegado Ginebra, me sumerjo en el primer mundo

Viajes

Leía hoy que un ministro recomendaba que todos los españoles hiciéramos las vacaciones sin salir de España. Más barato, por el bien de la economía, por las atracciones del país. No pongo en duda sus argumentos.

Acabo de llegar a Ginebra, Suiza para los despistados. Apenas 25 minutos tras el aterrizaje del avión, me reciben en el hotel con una sonrisa, una buena habitación de precio razonable, una buena conexión a internet sin coste añadido, y una tarjeta de transporte público para el área metropolitana de la ciudad también sin coste añadido.

Me gustaría saber en que gran ciudad de España pasa lo mismo. A mi no, por lo menos.

Carlos Carreter
http://carloscarreter.com

En vísperas de la escapada,… suiza

Cine, Música, Televisión, Viajes

Mañana cojo los bártulos y me voy. Hasta el domingo. A Suiza. Básicamente Ginebra y lo que dé de sí en los alrededores de lago Leman. No tengo un plan muy definido. Este depende de otros factores que no controlo yo. Pero me da igual. Se trata de airearse, hacer algunas fotos, y otras cosas importantes que no vienen al caso. De cualquier modo, el domingo estaré de vuelta. No me voy a matar por estar en contacto a través del Cuaderno de ruta. Si es fácil, como hace una semanas en Noruega, pues ahí estaré con algún comentario. Si no, a la vuelta os lo cuento. Y elaboraré el correspondiente diario de viaje. Faltaría más. Si alguien tiene mono. Os dejo con los más recientes. Por tierras navarras, y por los fiordos nórdicos.

Tengo la sensación que en esta ocasión, las grandes cimas de los Alpes suizos las veré desde lejos, pero nunca se sabe. En la foto, las pistas de esquí a los pies del Kleine Matterhorn.

Para hoy, no tenía grandes temas. No ha habido cine estos días. En realidad sí. Pero la película ya está comentada, y sólo una combinación de factores ha hecho que repitiera. Me sigue pareciendo lo mismo. Lo que decía un tweet que leí hace unos días «Me gusta, pero no me gusta. Pero me gusta. Pero no me gusta…» Gran espectáculo visual al servicio de un guion realmente mediocre, que aun así te mantiene pegado a la butaca, aunque sales echando pestes. Menos mal que en cuestiones de extraterrestres, en un par de semanas o menos tenemos de vuelta al Doctor. Dicen que podría empezar temporada el sábado 25. A ver si es verdad. Y hablando de series británicas… se ha filtrado un trailer no de muy buena calidad de la tercera, y al parecer última, temporada de Downton Abbey. El megaculebrón de época británico de época que tanto me ha gustado. Y parece que viene dramón, dramón, dramón.

Grandes montañas con muchas nubes es el paisaje típico que vemos en Prometheus. Como lo que vimos en la cara norte del Eiger desde Grindelwald.

Y si los dramas de época también son conocidos como dramas históricos, será por tienen que ver con la historia. Y sobre personajes históricos estamos. Nos cuentan en Microsiervos que unos tipos han hecho un gráfico en el que comparan la longitud de los artículos dedicados en la Wikipedia a distintos personajes históricos. Que el artículo dedicado a George Washington tenga el triple de longitud que el dedicado a Socrates,… sip, normal. O el de Ghandi, gran pacifista, que es casi cuatro veces más largo que un gran guerrero como Gengis Kan,… vale, me alegro. Pero es que el dedicado a Optimus Prime, uno de los Transformers, que creo que son unos juguetes que han dado el paso a unas infames películas casi dobla la longitud que el más largo de los anteriores. La Wikipedia está muy bien, pero se nota que está hecha por seres humanos. Y hay que ver lo que llegan a desbarrar en ocasiones los seres humanos.

Hace un par de años casi, en Budapest, en la escalinata de la basílica de San Esteban, había un músico muy simpático tocando un instrumento muy raro. Como un platillo volante. O como dos ensaladeras enfrentadas una contra otra. Era curioso. Pero nunca supe que instrumento era ese. Creía que sería algún instrumento oriental, de los que usan los místicos y esas cosas. Pero no, resulta que es un instrumento salido de la inventiva de unos tipos en Berna. Me he enterado en Amazings. Y se llama hang, al parecer porque es la forma que tienen los berneses de pronunciar la palabra alemana que significa mano, y es un instrumento que se toca con las manos. Y ya que estamos en Berna, os vuelvo a recordar que mañana me escapo hasta el domingo a tierras suizas.

El simpático músico callejero que tocaba el hang en la escalinata de San Esteban, en la capital húngara.