[Libro] El despertar del Leviatán

Literatura

Tras la tercera temporada de The Expanse, me empezaron a entrar ganas de leer los libros originales en los que se basa la película. La serie está muy bien, pero no se puede negar la complejidad de la trama y la sensación de que hay momentos en la que se acelera y se están dando cosas por dadas, por sabidas, que no están tan claras. Así pues, y dado que la cuarta temporada tardará, por el retraso que producirá el cambio de plataforma que la va a producir, en este tiempo me puedo plantear y leyendo de vez en cuando alguno de los libros de la saga en la que se basa. Mi creencia era que cada temporada adapta uno de los libros. Ahora ya sé que no. También sé que no está toda la saga traducida al castellano. Y que me voy a tener que pensar si piso el argumento de la serie leyendo antes los libros, o estos los dejos para después de las distintas temporadas, para ir afianzando la historia.

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No tengo fotos de naves espaciales… así que nos conformaremos con las naves atmosféricas, las que necesitan la sustentación del aire para volar y desplazarse. Como los aviones en exposición el Museo Dornier de Freidrichshafen, Alemania.

De momento, he ido con el primero de la saga escrita por James S. A. Corey. Ejem… Primera cuestión, esta tal Corey no es un señor, son dos; Daniel Abraham y Ty Frank. El primero es un escritor relativamente prolífico en los géneros de ciencia ficción y fantasía, tanto en relato como guionizando historietas. En ocasiones para encargos de franquicias más o menos populares. Frank parece que viene de ser asistente de George R. R. Martin, el autor de la saga de Canción de hielo y  fuego (más popularmente, Juego de tronos). En general, se sitúan por lo tanto en medio de la producción más comercial de estos géneros. Lo cual no es bueno ni malo, pero sí nos habla de un cierto estilo.

Este libro, al contrario de lo que yo pensaba, no se corresponde con la primera temporada de The Expanse, sino que su acción se extiende hasta una buena parte de la segunda temporada. La historia, familiar a los aficionados a la serie televisiva, trata de las tensiones sociopolíticas en una humanidad que ha realizado su primera expansión por el Sistema Solar, colonizando la Luna, Marte, un cierto número de asteroides y algunos satélites de los gigantes gaseosos. Lo cual también ha provocado la pérdida de la unidad política, con el sistema Tierra-Luna como la potencia establecida, Marte como la potencia emergente, y con el sistema del cinturón de asteroides reivindicando su independencia. Y una serie de empresas aprovechando para obtener beneficios. En estas estamos cuando una serie de extraños eventos en los que se ve involucrados la tripulación de la nave espacial Canterbury, llevarán a tomar conciencia de que se ha descubierto una extraña forma de vida alienígena, ajena al sistema solar.

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Entre los elementos positivos de la serie está el rigor en el respeto a las leyes de la física que hace que pueda entrar dentro de la denominada ciencia ficción dura. La única disgresión que se permite, además de la especulación sobre la vida alienígena, claro, está en la alegría con la que consumen combustible para ir de un lado al otro por el sistema solar, en lugar de confiar en las leyes de la mecánica celeste. No sé combustible gastan esta naves… pero parece que cunde bastante.

Entre los elementos negativo… no carece de los recursos propios de la narración “prefabricada”, esa que deben enseñar las universidades americanas en sus seminarios de literatura creativa, y que parece que consisten en enseñar a los futuros escritores a escribir todos igual y utilizando los mismos recursos y los mismos esquemas argumentales. Pero no está nada mal. Es entretenida. No es literatura de primera, pero tampoco es vulgar “macdonald’s” literario, tiene un razonable nivel. No hay motivo para el sonrojo, aunque tampoco estén a la altura de los grandes escritores de la literatura de anticipación. Es un producto de consumo muy digno, y recomendable para los amantes de la space opera, que pueden acercarse a este libro sabiendo que hay muchas muchas muchas muchas mucho peores, y que no hay tomaduras de pelo, hay unas dosis más que razonables de rigor.

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[TV – Series] The Expanse,… el sistema solar en guerra

Televisión

Justo el día en que la leyes de la mecánica celeste determinan que nuestra Luna va a quedar ensombrecida y ruborizada por la impertinente interposición de la Tierra entre el satélite y el llamado astro rey, Sol, que no es más que una estrella más, vulgar y corriente, de clase espectral G2, como muchas muchas muchísimas que hay en nuestra galaxia y no digamos en el universo, me animo a comentar la temporada tercera de The Expanse. La expansión.

Casi con toda seguridad la mejor space opera, actual de la televisión. No es que haya muchas más. Pero alguna hay, y esta es una producción bastante interesante que ha ido ganando en interés con el tiempo. Y esta temporada, además, ha estado dividida en dos partes, cada una de las cuales ha tenido su dinámica propia y sus logros. El caso es que estoy lo suficiente enganchado a las aventuras de la tripulación de la Rocinante, antigua MRCN Tachi, como para que incluso haya empezado recientemente a leer las novelas de James S. A. Corey, seudónimo conjunto de los escritores norteamericanos Daniel Abraham y Ty Franck, con la primera de la saga, El despertar del Leviatán. Aun me falta bastante para terminarla, pero ya adelanto que es una novela más simpática y entretenida que brillante.

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En el Parc des Deux Rives (parque de las dos orillas) en Estrasburgo hay representado un sistema solar a escala, con los planetas exteriores, más allá del cinturón de asteroides, muy separados unos de otros…

Si la semana pasada hablábamos del miedo de los seres humanos a las inteligencias no humanas, refiriéndonos a la singularidad tecnológica o inteligencia que surge a partir de las creaciones de los propios humanos, en esta ocasión el miedo o el peligro procede de las inteligencias alienígenas. O incluso de la existencia de una vida alienígena que, con inteligencia o sin ella, tal y como la definimos, pueda ser una amenaza para la especie humana. Porque quien te dice que a una especie alienígena hipotética se le puedan aplicar los mismos caracteres que a la psique humana. Vulgar antropomorfismo del que a duras penas nos deshacemos. El caso es que, aunque de momento no hay señales que indiquen que vivamos en un vecindario estelar plagado de vida y civilizaciones alienígenas, el tema ha sido motivo de cierta preocupación desde el siglo XX y hasta nuestros días.

H.G. Wells y su guerra contra los marcianos llevada varias veces al cine y televisión, y que causó el “famoso” pánico de la retransmisión radiofónica de Orson Welles. Toda la neurosis de los avistamientos de platillos volantes tras la Segunda Guerra Mundial, y las teorías conspiranoicas del Área 51 y similares. Las múltiples imaginaciones que la literatura de anticipación ha realizado del primer contacto con una inteligencia alienígena. Alguna de ellas muy pesimista, como la teoría del bosque oscuro que comentaba hace unos meses a propósito de una celebrada trilogía de un escritor chino. El proyecto SETI, para buscar hombrecillos verdes a través del análisis de las señales recibidas por los radiotelescopios. Incluso algún destacado científico ha hecho hincapié en la conveniencia de NO buscar hombrecillos verdes, que podrían tener mala leche… o directamente provocar un choque cultural, en los que siempre sale perdiendo la cultura más atrasada tecnológicamente.

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… y los planetas interiores, entre el Sol y el cinturón de asteroides, muy cerquita unos de otros.

Pero si en la expansión de la humanidad por el Sistema Solar surge el problema del contacto con la vida alienígena, tema que ha cobrado una especial relevancia y trascendencia en la segunda mitad de esta tercera temporada, no deja de reflejar de fondo las miserias de la política y las relaciones sociales humanas. Esa lucha por la hegemonía en el sistema solar entre la potencia antigua, la Tierra representada por las Naciones Unidas, y la potencia emergente, la República Congresual de Marte, con las discriminadas y poco consideradas colonias del cinturón de asteroides y los planetas exteriores como pringaos de la función, no deja de representar situaciones similares en nuestra sociedad actual, cuando sólo una docena de hombres han caminado sobre un astro distinto de la Tierra, la Luna que se eclipsará esta noche, y unas cuantas decenas han estado en órbita alrededor del planeta.

Bueno. Pues muy entretenido oye. Tal es, que me llevé un disgusto cuando oí que Syfy no iba a renovar una cuarta temporada. Muchos esperaron que fuese Netflix que emite con posterioridad la serie por todo el mundo, retomase la producción, que no debe ser de las más baratas de la televisión. Pero no,… ha sido Amazon Studios la que ha recogido el desafío. Pues nada… A por ello.

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Y luego ya cruzas la pasarela y estás en otra galaxia, la Germánica Galaxia.

[Ciencia] Para hoy sábado, un viaje a las estrellas

Ciencia

Viaje a las estrellas. Quizá uno de los principales anhelos de los seres humanos. Que de momento, y ya hace cuarenta años de eso, en persona sólo hemos llegado a nuestro satélite, que es casi como no haber salido del portal de casa. Pero hay otras formas de viajar por el espacio. Visualmente, e incluyo aquí no sólo la recepción del espectro visible sino de todo el espectro electromagnético, no nos pongamos restrictivos a estas alturas, robóticamente, o con la imaginación. En los últimos días han ido apareciendo algunas noticias o artículos que me han llamado la atención al respecto y las quiero comentar aquí.

El excelente fotoblog In Focus de The Atlantic ha publicado estos días una entrada titulada Around the solar system, en el que se incluyen algunas de las imágenes más novedosas de lo que pasa por el vecindario en los últimos tiempos. Desde el Sol mandando enormes cantidades de materia al espacio en tremendas eyecciones de masa coronal, hasta las imágenes de la familia numerosa de Plutón, quien para muchos de nosotros, por motivos sentimentales, siempres será un planeta, digan lo que digan los astrónomos. Pasando eso sí por los autorretratos que la Curiosity nos está mandando desde la superficie de Marte, como si estuviera ahí de vacaciones en lugar de para trabajar en un duro entorno al que los seres humanos todavía no osamos ir en carne y hueso.

Aprovechando que la NASA pone sus imágenes en el dominio público con el fin de favorecer la difusión de la ciencia y de sus actividades, no me resisto a poner aquí un par de sus imágenes.

Enorme y reciente eyección de masa coronal en el Sol, que según me enseñaron los padres escolapios es el astro que nos da luz y calor. Y algunas cosas más, sé ahora. (NASA/GSFC/SDO)

Wall·E, perdón, quiero decir Curiosity, nos manda una postal de recuerdo desde Marte, donde pasa sus vacaciones científicas. (NASA/JPL-Caltech/Malin Space Science Systems)

También, a través de APOD (Astronomical picture of the day), nos llegan noticias de las sondas Voyager. A pesar de que una de ellas se encuentra ya a la enorme distancia de 18.000 millones de kilómetros, en realidad están aquí al lado, la luz solo tarda 17 horas en recorrer esa distancia, sigue mandando datos. Y uno de de ellos es la medición del flujo de partículas de alta energía que fluyen en el espacio interestelar en el que se encuentra. Pues bien, en los últimos meses está detectando un incremento constante y considerable en este flujo, lo cual nos habla de que está abandonando la heliosfera. La esfera de influencia del Sol. Efectivamente, podríamos decir que está abandonando el sistema solar. Ya ha salido del vecindario. Con tecnologías de los años 70.

Finalmente, hace unos días Microsiervos nos habló de nuevo de la ecuación de Drake, una ecuación que se supone puede servir para estimar cuántas civilizaciones con capacidad de comunicación interestelar puede haber en la galaxia, y la probabilidad de que entremos en contacto con ellas. Nos redirigía hacia una infografía en la cual se puede jugar con los distintos parámetros, si tienes una idea de lo que estas haciendo, y te salía una estimación de planetas habitados por una civilización inteligente con capacidad de comunicación. A mi me salía un número de 4 para toda la galaxia, lo cual está cerca de la estimación más pesimista. Y convierte la búsqueda de estas civilizaciones en aquello de buscar una aguja en un pajar. Siempre he sido muy escéptico, no con la posibilidad de existencia de vida o vida inteligente en algo tan grande como es el universo, sino en la probabilidad de encontrarnos. Desgraciadamente, el universo, incluso nuestra galaxia, es enorme, y la luz se arrastra por el con la desesperante lentitud que imponen los aproximadamente 300.000 km/s que tiene de velocidad en el vacío. Y hay otra fuente en mi pesimismo… tal y como nos comportamos, me resulta difícil pensar que las civilizaciones con capacidad de comunicarse duren mucho. Realmente apenas llevamos unas decenas de años con esa capacidad, y de forma modesta. Y hay datos pesimistas sobre cuánto puede durar esta civilización.

Broken Chair

Mientras las noticias de la ciencia nos dan siempre un empujoncito a la autoestima como seres humanos por nuestra capacidad de conocer, aprender y explorar, la “Broken Chair” nos recuerda lo burros que podemos llegar a ser, especialmente en nuestra capacidad de arremeter contra nuestros semejantes. Está levantada en memoria de las víctimas de los dispositivos explosivos antipersona. La especie humana parece que va dando un pasito hacia delante, y dos hacia atrás.