[TV] Cosas de series; tele-cebolla y romance de oficina

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Como últimamente veo menos televisión entre semana, en proporción a los días que les dedico, veo más series surcoreanas los fines de semana que de otro tipo en el resto de la semana. Hasta cierto punto. Después de las dos de hoy, todo lo que tengo acumulado es de otros países. Todo se irá comentando. Pero vamos con estas dos series, que tienen a su favor también, para terminar de verlas pronto, que son de 12 episodios cada una en lugar de los 16, a veces 20, de los que normalmente constan las series del país asiático. Y con episodios de 60 minutos en lugar de los 70 o más que tienen a veces. Un defecto compartido con las series españolas.

Las fotos de hoy están realizadas en el Namsangol Hanok, un entorno de edificios tradicionales coreanos próximo al monte Namsan, conservado como museo en Seúl. En otras ocasiones he mostrado el Bukchong Hanok, también un entorno de edificios tradicionales que data de hace varios siglos, pero que sigue habitado como una barriada más de la capital surcoreana.

Alguien denominó como cine cebolla aquellas películas destinadas a producir un efecto abundantemente lacrimógeno en los espectadores. Dentro de los conceptos habitualmente sexistas de la industria del entretenimiento, fundamentalmente en las espectadoras. Pues podríamos decir que Seoreun, Ahop 서른, 아홉, o sea Thirty-nine o Treinta y nueve, es tele cebolla. Con un reparto en el que participan actrices que ya me han gustado en otras series como Son Ye-jin en una dramedia romántica que vi hace un tiempo, o Jeon Mi Do en la simpática dramedia hospitalaria que tanto me gustó. Lo cual elevó mis expectativas. En esta serie, tres amigas que han cumplido los 39 años viven sus vidas con el vértigo de entrar en una nueva década, y sin tener algunas cuestiones, sobretodo en temas de amores, resueltas (no sé si cuentan las edad a la coreana o a la occidental, ver el comentario final aquí, pero con esas edades no importa mucho). Pero no todas van a cumplir los 40. Una de ellas va a ser diagnosticada de un cáncer pancreático terminal. Así que… ya os podéis imaginar. Son buenas actrices. Pero lo serie… demasiado previsible, blandita y con poca chicha.

Y luego está Sanae Matseon 사내 맞선, que parece que sería cita a ciegas en la oficina, pero traducida internacionalmente como A business proposal o en castellano Propuesta laboral. La chica protagonista, Kim Se-Jeong, en esta serie también había aparecido en una serie que vi en su momento, aunque con un papel con un tono muy diferente. Uno deduce de las series surcoreanas, no sé si será tan frecuente en la realidad, que los amigos y las familias de los jóvenes (o no tan jóvenes) solteros, les conciertan citas con otras personas en similares condiciones, para ver si se hacen tilín y acaban casándose. Pues bien, el abuelo de un joven presidente de una potente industria de la alimentación concierta una cita con la hija de otro gran empresario (la robaescenas de la serie interpretada por una guapa y simpática Seol In-ah o Seorina). Pero esta convence a su mejor amiga (la mencionada Kim Se-jong) para que vaya en su lugar y ahuyente al tipo. Lo que pasa es esta última trabaja como investigadora científica en la empresa de joven empresario. Y acaban metidos los tres, más el secretario del tipo, en un enredo que resulta bastante divertido en muchas ocasiones. Reconozco que al principio de la serie no esperaba gran cosa, pero acabé pasando bastantes buenos ratos. La protagonista empezó en el mundo de la música, y canta bastante bien bajo el nombre artístico de Sejeong, aunque su estilo de música no es de las que yo prefiera.

Y esto es todo por hoy… no están mal para pasar el rato sin romperse los cascos.

[TV] Cosas de series; crimen y comedia

Televisión

Es curioso, ¿no? En algún momento en los últimos meses he comentado que me cuesta concentrarme en nuevas series o en lo que quiero ver. He disminuido progresivamente, además, las horas que veo. Desde que hace casi un año decidí quitarme kilos de encima, muchos han sido, afortunadamente, también he aumentado el tiempo que dedico a caminar, y por lo tanto veo menos televisión. Algo fundamental. Pero en lo que se refiere a lo estrictamente televisivo, me da pereza ver segundas, terceras o cuartas temporadas de series, cada vez prefiero más las series de temporada única, y me cuesta más elegir qué es lo que quiero ver. He opinado en alguna ocasión que el número de estrenos es tan elevado que es difícil seguir la pista y decidir que ver. Sólo mi dedicación los fines de semana, y sólo los fines de semana, a las series surcoreanas, hace que sea fácil decir qué voy a ver el sábado y el domingo, quizá el viernes por la noche. Y en medio de todo esto… llega la crisis de Netflix… y resulta que algunos atribuyen la crisis a factores que tienen que ver con mi cansancio seriéfilo. Como decía… es curioso, ¿no?

Nueva York es apropiado para la entrada de hoy. Ha pasado por nuestra cabeza volver a la Gran Manzana esta primavera, pero en estos momentos parece improbable que vaya a suceder.

Y las series que traigo hoy, comedias con investigación criminal… ni siquiera son de Netflix. Only murders in the building está en el catálogo de Disney+. Ya lleva un tiempo. De hecho, comencé a verla cuando la estrenaron en agosto del año pasado… pero la dejé y no la retomé hasta hace unas semanas. El caso es que no está mal esta comedia protagonizada por Steve Martin, Martin Short y Selena Gomez, con destacadas intervenciones de Nathan Lane y, especialmente, de Amy Ryan, en la que los protagonistas son inquilinos de un exclusivo edificio de apartamentos en el centro de Manhattan que lanzan un podcast donde van narrando la investigación de una muerte, ¿suicidio? ¿asesinato?, en el edificio. Comedia, con tonos tristes, de corazones solitarios buscando alicientes para su vida mientras investigan un presunto crimen. Va de menos a más. Si se le das una oportunidad acaba por engancharte. Y son episodios de sólo 30 minutos… diez de ellos. Así que… no es difícil de ver.

The Afterparty es otra comedia con ¿suicidio? ¿asesinato? y la investigación correspondiente, esta vez en Apple TV+. Un grupo de adultos se reúnen quince años después de terminar el instituto en una fiesta de exalumnos, cada uno con sus éxitos y sus fracasos en la vida, y continúan la fiesta en el casoplón de uno de ellos, que se ha convertido en un cantante de éxito. El grupo en su conjunto es peculiar, no hay ni uno que tenga su cabeza bien amueblada… y los policías al cargo también lleva su «carga» a cuestas. Con un tono de comedia escasamente irreverente, viniendo de la casa de la manzana es difícil que se salga mucho de lo políticamente correcto, aunque la historia se preste a ello, esta comedia coral es también bastante divertida. Son nueve episodios de 35 minutos.

Dos series que no pasarán a la historia de la televisión como obras maestras, pero que entretienen bastante y se ven rápido.

[TV] Cosas de series; Corea del Sur al rescate de Netflix

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Los resultados económicos y financieros de Netflix han sido malos últimamente. Y como a perro flaco todo son pulgas, tras anunciarse esos resultados, las reacciones han empeorado más la situación. Como de costumbre, hay muchísimos más «problemólogos» que «solucionólogos». Todo el mundo opina, pero casi nadie sabe. No voy a entrar… porque ni sé ni me importa. Si un día la plataforma deja de convencerme, me daré de baja y a otra cosa mariposa. Pero me ha llamado la atención que Elon Musk, un señor que cree que sabe de todo porque es multimillonario, ha dicho que la culpa de todo la tiene lo «políticamente correcto». Lo ha llamado de otra forma, pero es eso. Hay tanto miedo a ofender a tantas y tantas minorías, mayorías o grupos de presión… que todo pierde interés rápidamente. Creo que es una simpleza, aunque pueda tener algo de razón. El caso es que ha dicho que eso es así con la excepción de las producciones coreanas y japonesas. Y eso… me ha hecho gracia. Porque realmente, en estos momentos, uno de los motivos para permanecer fiel a Netflix es mi enganche a las teleseries surcoreanas, por mucho que en muchos casos sean auténticos placeres inconfesables. Pero cada vez menos. Vamos con algunos ejemplos.

Celeb Five: Behind the Curtain es un especial de 55 minutos sobre un colectivo de cuatro humoristas femeninas surcoreanas. Monologuistas con edad que van entre los treinta y muchos y los cincuenta y tantos. En origen eran cinco, y de ahí el nombre del colectivo. Pero ahora son cuatro. El caso es que, sin parecerme una maravilla, me lo pasé bien con este programa. Efectivamente, con buenas humoristas, tienen NECESARIAMENTE su punto transgresor. Es decir, para seguir adelante y progresar en las ideas ES NECESARIO INCOMODAR. Con la intención de NO OFENDER, aunque esto depende también de la suspicacia o sensibilidad de quien se incomoda. Grupos dogmáticos como los religiosos no es que se ofendan, es que quieren acabar con la libertad de expresión para evitar la crítica a sus sinrazones. Sin transgresión no hay avance en las ideas. Los pantalones vaqueros y los pelos largos en los adolescentes eran transgresores en 1950. Ahora son la norma y plenamente aceptados. Los tatuajes en España eran propios de legionarios y patibularios hasta hace cuarenta años. Ahora no hay niña pijita que no lleve varios distribuidos por su anatomía. Pero en algún momento que una joven que, ni era legionaria ni patibularia, se hiciera un tatuaje fue una transgresión escandalosa. Quizá las plataformas de contenidos debieran ser, efectivamente, más osadas.

Lo cierto es que las dos series surcoreanas que traigo hoy son mucho menos transgresoras. O nada transgresoras. Gisangcheong Saramdeul: Sanaeyeonae Janhoksa Pyeon 기상청 사람들: 사내연애 잔혹사 편 es una comedia-drama romántico al uso. El título original se traduce algo así como Gente de la agencia meteorológica: la crueldad del romance de oficina (en inglés Forecasting Love & Weather, en castellano Las inclemencias del amor). Creo que eso lo explica todo no. La jefe de uno de los equipos de predicción y vigilancia meteorológica de la Agencia meteorológica de Corea se lía con uno de sus jóvenes y más prometedores meteorólogos, tras suspender su boda con su novio, que trabaja en el departamento de comunicación de la misma agencia, al sorprenderlo en el «acto» con una periodista de información meteorológica que, casualmente, era la novia del joven y prometedor meteorólogo. Impresionante, verdad. Esta serie no es nada excepcional, pero sus protagonistas lo hacen bien y generan la suficiente empatía hacia sus personajes para que se vea con agrado. Hay otras historias colaterales con mayor o menor interés, y sabe alternar el drama con momentos de alivio más ligero. Estándar, pero digna.

Y luego está Seumuldaseot Seumulhana 스물다섯 스물하나, literalmente Veinticinco veintiuno. Por lo que se ve se ha convertido en uno de los dramas coreanos más valorados de la televisión por suscripción del país oriental, y ha alcanzado un buen éxito internacional también. A mí me llamó la atención por su protagonista femenina, Kim Taeri, a quien conocimos por su excelente trabajo en una destacada película surcoreana reciente, que formaba parte del ciclo de cine surcoreano que hemos podido disfrutar hasta ayer (de eso hablo otro día). La he visto en otros trabajos como lo que comento aquí y aquí, y me parece una actriz muy versátil e interesante. Y aquí interpreta a un joven adolescente, cuya pasión es la esgrima, alegre y muy dinámica, huérfana de padre, y que se cría casi sola porque su madre, una famosa presentadora de televisión, está siempre ocupada con su trabajo. Su sueño es triunfar como la reciente medallista en esgrima de su país… de su misma edad (Kim Jiyeon, también conocida como Bona). Y acaba conformando a su alrededor a un grupo de amigos y un algo más que amigo (Nam Joohyuk), que convivirán y compartirán sus penas y alegrías hasta que él cumpla los 25 años y ella los 21. Siempre dentro de la forma de contar los años coreana que expliqué en esta entrada. Conviene tener en cuenta esto para no desorientarse demasiado.

La serie, teniendo en cuenta que es una combinación también de comedia y drama románticos bien dosificados, se puede calificar como bastante buena siempre y cuando estés interesado en el género. Las interpretaciones tienen un buen nivel. Una cosa que pensaba que me causaba algo de escepticismo es que Kim Taeri tiene 31 años (occidentales) e interpreta a una chica de 16 o 17 años (occidentales) en el momento en que nos es presentada en la serie. Pero funciona, y muy bien. La serie es previsible en su desenlace. Más que nada porque la historia, que transcurre desde la crisis financiera asiática de 1997 hasta los primeros años del siglo XXI es contada de forma retrospectiva cuando la hija adolescente en la ficción de la protagonista, en tiempos de la pandemia actual, sufre una lesión en una prueba de ballet clásico que le hace plantearse dejar la danza y se refugia en casa de su abuela donde descubre los diarios de juventud de su madre. Algunos se han quejado del desenlace, algo tristón. Pero estaba ahí desde el principio. Es cierto que la serie pierde un poquito de fuelle en los guiones de los dos o tres últimos episodios, pero el nivel global es alto. Es una bonita y optimista historia de amores juveniles, amistad y superación personal, con muy buen rollo y personajes con carisma. Se ve bien… de tirón… y te deja de buen humor. Y está muy currada en su producción y preparación. Tendrá razón Musk que la principal razón para ver Netflix son las series coreanas.

La serie parece estar inspirada en una canción del mismo título de un grupo de pop-rock alternativo coreano, Jaurim, que ya adelanta el tema de un amor de juventud perdido.

[TV] Cosas de series; una de las mejores series de la actualidad, y una entretenida curiosidad

Televisión

Hace unas semanas, mientras tomábamos unos chismes antes de entrar a una sesión de cine, dialogábamos un grupo de amigos sobre los gustos literarios de los niños y adolescentes actuales. Libros que considerábamos clásicos cuando teníamos entre 12 y 14 años, ahora no son considerados, ni conocidos, por los jóvenes de esa edad. No había datos objetivos en la conversación; eran las opiniones de quienes tienen vástagos que están pasando o han pasado recientemente por esas edades. Yo escuchaba más que hablaba… porque no estaba en esa situación. Pero parece que Julio Verne, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson, Mark Twain, Jonathan Swift, Walter Scott, Daniel Defoe, por mencionar algunos autores que a mí me apasionaban. En aquellas edades en las que viajaba durante 20.000 leguas bajo el mar, me adentraba en las entrañas de la Tierra por el Snaefellsjökull en Islandia, buscaba tesoros de piratas en islas tropicales, participaba en la Guerra de la Dos Rosas, recorría la estepa rusa como mensajero del zar, enamorándome de paso de una guapa y rubia chica livonia, me enriquecía y empobrecía gracias a un diablo embotellado, luchaba en la guerra de la independencia americana junto a los corsarios bretones, recorría el Misisipí en un barco de vapor, tenía un amigo indígena llamado «Viernes»… o daba la vuelta al mundo en 80 días enamorándome de simpática y joven viuda en la India. Entre otras vidas, como cantaba Sabina. Y por lo que me cuentan, encuentran risible cosas «más modernas» como las aventuretas de adolescentes británicos que bebían «cerveza de jengibre» tal y como las contaba Enid Blyton.

Y todo esto viene a cuento de que recientemente se ha podido ver, o se puede ver, una coproducción de televisiones europeas, que adapta una de las más famosas novelas de aventuras de Jules Verne, Around the world in 80 days. Aunque la serie incluye suficientes cambios en los personajes protagonistas como para decir que se basa en la novela de Verne, más que ser una adaptación de la misma. El carácter de Phileas Fogg (David Tennant) es marcadamente distinto, así como el de Passepartout (Ibrahim Koma). Y no digamos el personaje de Fix (Leonie Benesch), que pasa de ser un torpe detective de Scotland Yard, personaje secundario de la historia, a convertirse en una osada reportera en un mundo de hombres, con un rol protagonista. Con un tono que alterna la aventura con más o menos humor, con dramas más oscuros en las vidas de los protagonistas, esta reinterpretación modernizada de la aventura que imaginó Verne, no acaba siendo todo lo redonda que podría haber sido, pero es bastante entretenida y visible. Aunque sinceramente, el Fogg de Tennant hay algunos momentos en que me resulta un tanto cargante. El final de la serie deja abierta una posible continuación que se basaría en otra novela del imaginativo escritor francés. Aunque no me consta que se haya confirmado la misma.

Y ya que estamos con adolescentes, nos vamos al mundo de los californianos protagonistas de Euphoria, una de las mejores series de televisión que se puede ver en la actualidad. Con una inspiradísima Zendaya en estado de gracia interpretativo a la cabeza del reparto, la primera temporada de esta serie, emitida en 2019, ya nos dejó grandes momentos. Pero estos se vieron muy superados por los superlativos especiales emitidos entre diciembre de 2020 y enero de 2021. Con su segunda temporada, el interés de la serie no sólo se ha mantenido, sino que ha aumentado, con episodios absolutamente antológicos como el 5º de la temporada, Stand Still Like the Hummingbird, uno de los más inspirados descensos a los infiernos de un drogadicto que se haya filmado para la pequeña pantalla, en el que el significado de la expresión «huida hacia delante» toma nuevos significados, hasta que delante sólo hay un enorme y terrorífico abismo. Aunque sería absolutamente injusto no mencionar el 7º de la temporada, The Theater and Its Double, que convierte el drama de los protagonistas en un musical, con protagonismo para la discreta Lexi (Maude Apatow). Como digo, una de las imprescindibles del panorama televisivo actual, que justifica suscribirse a HBO por un mes para verla. Y no he mencionado más un par de los muchos memorables momentos que ofrece la serie.

[TV] Cosas de series; samuráis y mujeres en la pecera

Televisión

Una entrada breve y rápida sobre dos series japonesas que he visto en las últimas semanas. Bueno… en realidad una de ella parece coproducción entre animadores de EE.UU y Japón, aunque el tema nos lleva a un periódico histórico de Japón. Vamos con ella.

Para una serie con samuráis, como la de animación de hoy, nada mejor que un castillo de daimyo como el de Himeji… que es bien bonito.

Yasuke es una serie de animación de Netflix, con seis episodios de media hora de duración, hasta el momento. Queda abierta a posibles segundas temporadas, aunque también podría quedar como una miniserie. Creada por un norteamericano, de la animación se ha hecho cargo un estudio japonés. El idioma original… parece que se generaron dos versiones originales, una en inglés y otra en japonés. Dado que la acción se sitúa en algo parecido al final del periodo Sengoku de la historia de Japón, yo opté por el doblaje japonés. Pero el movimiento de los labios de los personajes animados sigue más al idioma inglés.

La acción se sitúa como digo en los tiempos de Oda Nobunaga, el primero de los señores feudales guerreros que encaminó la unión del país tras décadas de inestabilidad y constantes guerras. Históricamente sabemos que Nobunaga acogió a un vasallo africano, probablemente originario de lo que hoy es Mozambique, que recibió el nombre de Yasuke, y que habría sido llevado allí por misioneros jesuitas portugueses, en aquellos momentos súbditos de la monarquía hispánica. Pues bien, a partir de este personaje histórico, se desarrolla una historia alternativa en la que hay elementos mágicos y elementos tecnológicos ucrónicos, y en el que la muerte de Nobunaga se debe una misteriosa maga negra, inspirada por una mujer política y guerrera de la historia real, que vivió 200 o 300 años antes en la realidad, y que será la principal antagonista del héroe de la animación. El experimento es curioso, tiene buenos momentos, pero también tiene alguna irregularidad. De todos modos, si hay una segunda temporada, la veré.

Kingyo tsuma 金魚妻 (esposas peces dorados), traducida al castellano con el título Como peces dorados [Fishbowl wives, esposas en la pecera], es un drama japonés de acción real, dejamos por una vez la animación, con un reparto coral, sobre un grupo de mujeres, vecinas de un edificio de apartamentos de cierto nivel, y que viven en crisis o aburridas de sus matrimonios, que no funcionan como ellas esperarían. Hay una protagonista principal que sirve de hilo conductor a toda la serie, que huye de un marido maltratador y se refugia con el dueño de una tienda de peces, y que aparece en todos los episodios. Mientras, en cada episodio se nos cuenta el caso de otra de las mujeres. Es por lo tanto una disección de los problemas del matrimonio contemporáneo en el País del Sol Naciente, especialmente desde la vivencia de las mujeres. No está mal… pero el final me resultó insatisfactorio… irregular… insatisfactorio… Pero puede haber un problema de diferencias culturales por el medio. No sé.

[TV] Cosas de series; las aventuras y desventuras de dos «princesas» de ficción

Televisión

Hoy tenemos dos series, muy distintas, con protagonistas femeninas. Protagonistas nacidas, al parecer, para ser «princesas». E insisto en las comillas porque, como veremos, las «princesas» de los cuentos… no parecen existir o, al menos, encontrarse con facilidad.

Nacida en Rusia, la vida infantil y adolescente de Anna Sorokin transcurrió en algún lugar de las regiones occidentales o noroccidentales de Alemania, donde están tomadas estas fotografías.

Disenchantment, serie de animación de Matt Groening, que por lo que algunos han investigado sucedería en uno de los ciclos de regeneración de un mismo universo cíclico en el que sucedía Futurama, quien sabe si también The Simpsons, ha llegado ya a su cuarta temporada de diez episodios. Ambientada en un reino ubicado en una edad media mágica, nos habla de las aventuras y, más bien, desventuras, de la princesa Tiabeanie Mariabeanie de la Rochambeau Grunkwitz (voz de Abbi Jacobson), familiarmente conocida como Bean, en compañía de Luci, su demonio particular, y Elfo… un elfo mestizo con trol si no recuerdo mal. Pendenciera, alcohólica y drogadicta, sufre una familia, con su padre el rey Zøg al frente, y una serie de parientes y cortesanos que provocarían el suicidio a cualquiera. Resumir en estos momentos el hilo argumental de la serie me parece complicado… y poco útil. Simplemente decir que es una serie que ha ido de menos a más, que me lo paso estupendamente, que es una crítica ácida y conveniente a muchos aspectos de las convenciones familiares, sociales y políticas del mundo contemporáneo, y que es imprescindible para los aficionados a la ficción adulta.

Y por otro lado tenemos, también en Netflix, la miniserie de nueve episodios Inventing Anna, de la factoría de Shonda Rhimes, que construyó su prestigio e imperio seriéfilo sobre el éxito de Grey’s Anatomy, y que se sale un poco de lo que es el tono habitual de las series de esta productora. Y la serie se fija en la joven Anna Sorokin (Julia Garner), ciudadana alemana de origen ruso, que aterriza en Nueva York asegurando que tiene un proyecto estupendo para generar un entorno de mecenazgo y protección de artistas de alto nivel, para el que busca apoyos y financiación, enredando durante un tiempo a destacadas figuras de las finanzas y de la alta sociedad neoyorquina. Como aval, aseguró que su padre era adinedaro y que ella misma tenía una importante cantidad de dinero en forma de fideicomiso. La historia se cuenta a partir de la periodista quiso saber más, Vivian Kent (Anna Chlumsky) como alter ego de la periodista real Jessica Pressler, y la investigación que hizo del caso cuando Sorokin estaba a la espera de juicio por estafadora. Y se cuenta a través del testimonio de la gente con quien se relacionó; abogados, mecenas, artistas, amigas… La serie no es perfecta, pero merece la pena echarle un vistazo, especialmente por el estupendo trabajo actoral, destacando el de Garner, una actriz más habitual del medio televisivo que del cinematográfico, pero que me parece muy solvente.

[TV] Cosas de series; los mejores zombis… ¿son coreanos?

Televisión

Esta semana toca una de mis ya clásicas rondas de teleseries surcoreanas. Lo que veo los fines de semana. Son tres las que traigo, de las cuales seré somero en el comentario de dos de ellas, y me extenderé más con la tercera.

Sonyeon Simpan 소년 심판, traducida como Juvenile Justice o Tribunal de menores según cómo se denomine esta jurisdicción en cada país, es un drama judicial que tiene como escenario un juzgado de menores en un ciudad ficticia surcoreana, y los dramas a los que allí se enfrentan los jueces y menores que pasan por el juzgado. Me interesó por que a su protagonista, Kim Hye-su, ya la conocía de alguna serie o película previa y me parecía interesante. Pero lo cierto es que me ha convencido muy poco. Tira de mucho sensacionalismo en los casos, los papeles de los jueces no tienen nada que ver con la realidad que yo conozco, y que no será tan distinta en el país asiático, y en varias ocasiones resulta inverosímil y excesiva. La terminé por ser más corta de lo habitual en las series surcoreanas, 10 episodios de una hora frente a los 16 de 70 minutos habituales. Ha gustado más al público que a la crítica.

El área metropolitana de Seúl es tan enorme… que no sé si Suwon entra o no, como la ficticia ciudad de la serie de zombis de hoy. Está a unos 30 kilómetros. En cualquier caso, algunas escenas de la ciudad en día de fiesta me servirán para ilustrar la entrada de hoy.

Bulgasal 불가살 es una serie fantástica, con demonios inmortales, reencarnaciones y maldiciones que siguen a sus protagonistas en todas sus vidas, aunque centrada en sus reencarnaciones de finales del siglo XX y principios del XXI. Su protagonista femenina, Nara, una cantante de k-pop que también tenía un papel destacado en otra serie que vi recientemente, me llamó la atención… hace un papel digno, pero no es una gran actriz. Tiene su lado oscuro, y momentos muy entretenidos, aunque no creo que explote todas sus posibilidades. Queda deslucida por el falso happy end, algo que acostumbran los coreanos en sus series…

Y con interesantes antecedentes en el cine (y su precuela de animación) y en series de televisión, llegó recientemente una de zombis,  Jigeum Uri Hakgyoneun 지금 우리 학교는 [se traduce como ahora, en nuestro instituto], conocida como All of us are dead en inglés o Estamos muertos en castellano. Zombis en el instituto… lo cual me hizo pensar si estaría relacionada con una animación japonesa que vi hace un tiempo, pero no. Su origen está en webtoon publicado entre 2009 y 2011, con una estética muy distinta a la de la serie actual, y con un tono definitivamente muy distinto al anime referenciado. El caso es que, siendo que a mí los zombis me cansan pronto, salvo que aporten algo distinto a lo de siempre, esta variante del terror, cuando es de nacionalidad surcoreana, siempre tiene algo que me atrae. Y esta ocasión no ha sido distinta.

En una ficticia ciudad satélite del área metropolitana de Seúl, en un instituto grande, normal y corriente, se da el caso 0 de una epidemia vírica desencadenada por un científico que pretendía dotar a su hijo de la capacidad de enfrentarse a los abusadores del instituto. Pero lo que sucede es que convierte a los infectados… en zombis, claro. La epidemia se extiende rápidamente, y la serie sigue a varios grupos de gentes. La principal línea argumental es un grupo de adolescentes del instituto que las pasan canutas intentando sobrevivir, algunos, no todos lo conseguirán, a la invasión de zombis. Luego está el militar que tiene la misión de contener y combatir la plaga, a veces con métodos de ética dudosa. Finalmente, diversos individuos, bomberos, policías, políticos, yutubers, otros… que se ven metidos en el área infectada con distintos objetivos y propósitos.

Como buena fanta-ciencia-ficción, la serie usa su planteamiento de fantasía/ciencia ficción, cada cual que lo califique como le parezca, para realizar crítica social a distintos niveles. El acoso escolar, la presión sobre el estudiante, los abusos sexuales, el embarazo adolescente, la discriminación ante las personas enfermas, el militarismo irracional, el oportunismo político… y todo ello con una serie de dramas y conflictos internos, especialmente en el grupo de adolescentes, que hacen la serie especialmente disfrutable. A lo que se añade unas escenas de acción muy divertidas, aunque no muy verosímiles. Pero a quién le preocupa la verosimilitud si de entrada estamos hablando de zombis… Su principal lastre es que se alarga quizá en exceso, por lo que algunas situaciones se empiezan a vivir como repetitivas. Todo ello nos lleva a un final abierto en una última escena ante los ojos de los adolescentes supervivientes, que para mí es un final perfecto, que cada cual puede interpretar y darle el significado que prefiera. Aunque dadas las buenas cifras de visionado de la serie, no sería de extrañar una segunda temporada. No está confirmada de momento, que yo sepa.

[TV] Cosas de series; mujeres con problemas y astronautas como pollos sin cabeza

Televisión

Si os he de ser sincero, en estos tiempos no me siento muy motivado por muchas series que en el pasado me atraían. Hoy en día, quizá por otras cosas que llevo en la cabeza, lo intrascendente, bien hecho si es posible me atrae más que lo sesudo. Y las historias autoconclusivas en una temporada me apetecen más que las temporadas sucesivas. También me pasa que he empezado varias series que he abandonado al segundo o tercer episodio… No me centro. Además, dedico menos tiempo a las series. Pero a pesar de todo, hoy tengo tres series o temporadas de series que he visto en las últimas semanas, aunque me ha costado terminarlas más de lo que hubiera pensado en el pasado.

La acción de la serie de espías de hoy transcurre la mayor parte del tiempo en Viena, así que me voy fotográficamente a las calles y parques de la capital austriaca.

Con un título tan largo como The Woman in the House Across the Street from the Girl in the Window, tenía varios atractivos a priori. Su protagonista, Kristen Bell, que nos ha gustado en varias series; la duración de sus episodios, en torno a los 30 minutos de promedio; y su presunto tono de parodia de alguna película que no he visto, que recibió muchos palos de la crítica, y de cierto tipo de literatura que se está convirtiendo en los últimos años en un tópico. Bell es una mujer que perdió a su hija en un accidente y se ha vuelto agorafóbica por miedo a la lluvia, que caía cuando la muerte de la niña. Se ha separado de su marido, bebe demasiado tintorro, y sus amistades empiezan a cansarse de ella. Un día, un padre viudo y su hija se mudan a la casa de enfrente. Y la protagonista presencia el asesinato de la novia del padre, acuchillada, a través de la ventana… pero nadie va a creer en lo que vio. El problema es que la serie es inconsistente en su narración, para ser una parodia no te genera excesivas sonrisas ni buen humor, y sus continuos giros argumentales, que abundarían en lo paródico, se convierten en una pesadez. Floja, floja. Menudo pinchazo de Netflix y de Bell, que hace lo que puede, pero sin llegar a salir adelante.

Hanna es la adaptación a serie de televisión de una entretenida película de espías con protagonista adolescente. Y ha llegado a su tercera y última temporada en Amazon Prime Video. Es una serie con momentos entretenidos, con un reparto razonablemente competente, pero que no acaba de destacar en ningún aspecto en concreto. Y con algunos vaivenes argumentales que no siempre son bien digeribles. Le pasaba lo mismo a la película original. No obstante, en muchos momentos funciona como entretenimiento no demasiado trascendente, está razonablemente bien realizada y, junto con el trabajo de sus intérpretes, es el motivo por el que he llegado hasta el final. Pero,… sin más.

Y finalmente, Space Force sí que es una comedia que me divierte. Y con episodios muy cortos, tipo comedia de situación, se ve con facilidad. Y aunque tiene un tono ligero, no deja de tirar alguna china crítica contra la sociopolítica actual. Incluso si la triste actualidad sociopolítica actual ha descontextualizado el hecho de que el enemigo actual más amenazante es Rusia y no China. En cualquier caso, esta rama paródica de la de más reciente creación de las fuerzas armadas estadounidenses, y que inspiró la serie, ha generado una serie de personajes con grandes debilidades y carencias, pero que inspiran simpatía. Una rama militar para una serie claramente antimilitarista, pero que no hace sangre de las personas sino de determinados conceptos y estereotipos. No es brillante, y le costó arrancar, pero a mí me entretiene.

[TV] Cosas de series; animación en Japón y juerga en Asia

Televisión

Dos series de animación japonesa para esta semana, junto con un documental sobre la juerga nocturna en algunas de las principales metrópolis asiáticas. Vamos con ello.

El templo de Kennin-ji y alrededores dentro del popular y turístico distrito de Higashiyama-ku en Kioto.

Chikyūgai Shōnen Shōjo 地球外少年少女 [Chicos y chicas en órbita], traducido bastante literalmente en sus versiones en castellano y en inglés como Jóvenes en órbita y The orbital children, respectivamente, es una serie de animación japonesa, anime, en Netflix sobre un grupo de chavales que se ven atrapados en una estación espacial en órbita de la Tierra cuando aparece la amenaza de impacto de un cometa sobre el planeta y un grupo terrorista, que se inspira en los textos elaborados por una inteligencia artificial, decide intervenir para provocar una catástrofe planetaria, porque eso «será mejor para la humanidad». Aunque inicialmente entretenida, a la serie le cuesta mantener una coherencia argumental razonable, con varias huidas hacia adelante en la historia, que aumentan innecesariamente su complejidad. Y mucha tontá pseudocientífica, que se identifica fácilmente por el abundante uso de la expresión «AI» (inteligencia artificial) y «cuántico/a»… claros identificadores de palabrería sin sentido en la ciencia ficción de bajo nivel. La terminé porque sólo eran seis episodios. En Japón está dividida en dos largometrajes, y estos seis episodios corresponden al primero de ellos. No tengo claro que vea la segunda parte. Por supuesto, está basada en un manga.

Kimetsu no yaiba 鬼滅の刃 [la hoja que destruye demonios], conocida internacionalmente como Demon Slayer, es otro cantar. Uno de los manga más populares y valorados en la última década generó esta serie que se puede ver en Amazon Prime Video, una de las plataformas que más fuerte apuesta por la animación japonesa, y que ha dado lugar también a un largometraje, Gekijō-ban «Kimetsu no Yaiba» Mugen Ressha-hen 劇場版「鬼滅の刃」 無限列車編 [Kimetsu no yaiba: compilación Tren infinito, la película], en España Guardianes de la noche: Tren infinito, que incluyo en este comentario, que se pudo ver el año pasado en las salas y que también se pueden ver ahora en la misma plataforma de contenidos en línea.

El protagonista es un mozo entre la adolescencia y la juventud, hermano mayor en una familia en el que el padre murió, que vive aislada en el bosque. Familia que es asesinada por un demonio [oni 鬼] una noche de mal tiempo en la que se tiene que refugiar cuando vuelve del poblado. Sólo sobrevive una de sus hermanas, convertida también en demonio. Así se enterará que existe un cuerpo secreto de agentes que lucha contra los oni, a los que se unirá en un difícil entrenamiento y aprendizaje. A partir de ahí se irán sucediendo una serie de arcos argumentales, divididos en varios episodios de 20 minutos, en los que se irá enfrentando a diversos contrincantes, y en los que irá conociendo nuevos aliados y compañeros. Una originalidad de la serie es que transcurre en la era Taishō (1912 – 1926), época en la historia de Japón de avance democrático parlamentario, entre el desconcierto de la era Meiji y la vuelta al militarismo y el totalitarismo de las primeras décadas de la era Shōwa. Lo cual mezcla el aspecto del periodo feudal japonés en las zonas rurales, con la modernidad de la zonas urbanas, en unos contrastes visualmente muy interesantes. La primera temporada tiene 26 episodios. La película es un montaje en versión en largometraje de la tanda de episodios que constituyen el arco argumental Mugen ressha [Tren infinito] de la segunda temporada de la serie. Una serie de aventuras bien hecha, con algún altibajo en su historia, normal siendo tan larga, que puede gustar mucho a los más jóvenes. Los oni japoneses, tal y como los presentan, tienen mucho en común con los vampiros europeos.

Finalmente, he visto una serie documental de seis episodios de Netflix con origen en Singapur, Midnight Asia: Eat, dance, dream, que hace un repaso de la vida nocturna de seis metrópolis asiáticas, Tokio, Seúl, Bombai, Bangkok, Taipéi y Manila. Curiosamente… falta Singapur. Con 35 minutos de duración por episodio, es cómoda de ver, y muy entretenida. Eso sí, no esperéis gran profundidad en los contenidos. Está llena de tópicos, lugares comunes que se repiten muchas veces entre las distintas ciudades. Por haber visitado estas ciudades, los episodios que me resultaron más interesantes fueron los dedicados a Tokio, Seúl y Taipéi. Algunos de los lugares que aparecen en estos episodios los visité personalmente en su momento. Sin más que un entretenimiento fácil, buenrollista, que aboga por la diversidad y la apertura a distintas culturas, va bien por ejemplo para ver mientras cenas tranquilamente un día cualquiera, sin complicaciones.

[TV] Cosas de series; placeres inconfesables surcoreanos pendientes de comentario

Televisión

En las últimas semanas se me habían acumulado muchos finales de temporada, y he ido comentando semana a semana primero las que me parecían más interesantes. Y por ello tenía varias series surcoreanas, muchas de ellas se remontan a los días de Navidad, pendientes de comentario. Aunque en el título de la entrada las he calificado de placeres inconfesables, el guilty pleasure de los anglófonos, no necesariamente merezcan todas ellas este calificativo.

Para ilustrar la entrada, unas fotos realizadas paseando una tarde de principios de octubre por la histórica ciudad de Gyeongju, República de Corea (o Corea del Sur, como prefiráis llamar al país).

Gan Tteoreojineun Donggeo 간 떨어지는 동거 [probablemente algo así como un desastre de compañeros de piso], conocida internacionalmente como My roommate is a gumiho [Mi compañero de piso es un ‘gumiho’] probablemente sí que merezca el calificativo. Es una de las dos series que he podido ver sin necesidad de suscripción de la plataforma china iQIYI, que en general no me interesa más. Sinceramente, tal y como se las gasta el gobierno chino con los datos personales, paso de cualquier servicio que propongan. Y es un drama romántico de carácter preternatural, que mezcla a un tipo guapo (Jang Ki-Yong) que interpreta a un gumiho de casi mil años de edad, zorro de varias colas mítico del folclore coreano, con una estudiante de historia actual (Lee Hyeri, cantante de un grupo de k-pop reconvertida en actriz), que por un accidente acaban compartiendo casa. Y por supuesto, acabaran siendo algo más que compañeros de vivienda. La serie es entretenida, no especialmente original; aunque sus protagonistas funcionan bien, especialmente ella, los mejores momentos los proporcionan algunos secundarios, especialmente otra gumiho recientemente convertida en humana (Kang Han-na), que interpreta cualquier cosa que se dice al pie de la letra, especialmente las frases hechas. Aunque es la más sensata de todos, a pesar de su bisoñez como humana. Bien valorada por la peña votante en internet, agradable de ver, con todos los vicios y virtudes de las comedias románticas del país asiático, puede funcionar como una introducción agradable para quien quiera iniciarse en este peligroso vicio. La principal pega… que se ve a través de una plataforma china… o pirateándola.

Siendo Kang Han-na la intérprete más interesante de la serie anterior, y que ya he visto en alguna otra serie, recalé en otra serie que se puede ver libremente en Youtube, Bite Sisters. Una web serie de diez episodios entre 9 y 13 minutos de duración, que se puede ver de una sentada, y que nos presenta a tres hermanas vampiras, que regentan una tienda de ropa de moda en el Seúl actual, pero que llevan viviendo durante siglos. Y que no son mala gente, puesto que para matar el aburrimiento de una existencia eterna, se dedican más a ayudar a otros que a comérselos. Producto sencillo, elegante, de gente guapa, pero también absolutamente intrascendente, donde Kang es la figura central. Realmente, no se puede negar que, además de sus aptitudes interpretativas, la chica es muy guapa.

Y finalmente, Gu Gyeong-i [la maravillosa Gu (o Ku)], conocida internacionalmente como Inspector Koo [Detective Ku (o Gu); lo de la transcripción fonética del coreano a lenguas indoeuropeas varía, con g (sonido en ga, gue, gui, go, gu) y k como un único fonema, y con determinadas vocales que se transcriben distinto según el idioma, como u en castellano y oo en inglés)]. La historia va de un equipo investigador en horas bajas dentro de una compañía aseguradora, que contrata a una alcohólica, otaku, y ludópata exdetective de policía (Lee Yeong-ae) para investigar unas muertes accidentales que podrían ser criminales. Y se tendrán que enfrentar a una joven asesina en serie (Kim Hye-jun), con quien la exdetective ya se cruzó en el pasado cuando la chica era una adolescente y murió alguien, así como el esposo de la protagonista. No es un placer inconfesable, está bien hecha y es muy entretenida. Mezcla acción, suspense, investigación criminal, corrupción política, en tono mezclado de comedia y drama, todo en dosis adecuadas para hacer de la serie, de 12 episodios de 70 minutos, muy divertida de ver. No es la octava maravilla del mundo, pero es un producto más que digno, y estupendo para evadirse Los intérpretes, tanto los protagonistas como los secundarios, lo hace bastante bien. Y el rollo entre la veterana expolicía y la psicópata veinteañera funciona de maravilla. Algunos la describen como una versión asiática de Killing Eve… pero no lo veo así… este tipo de interacciones entre policía y asesino simpático son un subgénero en sí mismo. Es divertido que los nombres de pila de los dos personajes protagonistas, Gu Kyung-yi y Song Yi-kyung, son muy similares, invitando a pensar que son dos variantes de una misma personalidad.

[TV] Cosas de series; al espacio, a por la aventura

Televisión

Dos series centrarán nuestra entrada de aventuras espaciales de esta semana. Con una no nos detendremos mucho… con la otra… ya veremos.

Sol y futurismo en las fotos que acompañan a la entrada de hoy. Desgraciadamente, de este sistema solar en el que vivimos, sólo tengo fotos de un planeta. Y no creo que pueda resolver esta carencia en mi vida actual… ¿Quizá en la siguiente?

The Book of Boba Fett se puede considerar como un derivado, spin-off que se dice en inglés, de las aventuras del Mandaloriano y Baby Yoda (me niego a llamarlo por su nombre que, al menos en castellano, es H O R R I B L E). Boba Fett, en la trilogía original, era un villano instrumental, que no tenía mucho tiempo en pantalla, y que finalmente se convertía en un personaje chusco por su final en las azarosas manos de un Han Solo cegato. Sinceramente, nunca tuvo más trasfondo, un personaje utilitario dentro de la historia. La flojísima trilogía de los episodios I, II y III lo presentaba de niño, como un clon del mercenario original del ejército de clones, cuyo actor, el adulto (Temuera Morrison), ha sido rescatado para dar cara al Boba Fett adulto… como son clones. El personaje ya apareció en la interesante que precedió a esta, y Disney vio una oportunidad de explotar al personaje, acompañándolo de otro personaje, que no aparece en las películas, la asesina Fennec Shand, interpretada por una mucho más interesante Ming-Na Wen. Y aquí viene mi principal crítica a la serie. Aparte de estar rodada claramente con menos medios que sus predecesora, ni el personaje principal ni su actor tiene el nivel para arrastrar esta serie. Si además la historia no está especialmente bien trenzada, con idas y venidas a base de flashbacks,… pues ha tendido en muchas ocasiones al aburrimiento. Lo cual… es una lástima, por que una serie con más acción, y buenas dosis de humor e ironía protagonizada por Wen, hubiera funcionado sin duda mucha mejor. Pero se está viendo que los fans de Star Wars son en su mayoría misóginos… muy lamentablemente, y Disney dosificará los protagonismos femeninos lo justito para no ser acusada de ser poco diversos. Creo que sus creadores eran tan conscientes de las debilidades de la serie, que acabaron cediendo el protagonismo de dos de los siete episodios al muñequito más famoso de la actualidad y al cara de metal brillante que le acompaña. Producto fallido, aunque no catastrófico.

Y hemos asistido a la temporada final de The Expanse. Sin duda, la mejor aventura espacial televisiva desde la versión renovada de Battlestar Galactica. No es casualidad que el creador de estas aventuras rebautizase la abandonada MCRN Tachi como Rocinante, el jamelgo sobre el que Don Quijote, acompañado del realista Sancho inició sus aventuras por las llanuras manchegas y más allá en el llamado Siglo de Oro español. Siglo de Oro en la cultura, porque al final significó el retroceso de la capacidad política del país a unos niveles de los que nunca se ha acabado de recuperar, gracias a una tradición de gobernantes incompetentes, sólo salpicada por breves y honrosas excepciones en estos últimos 400 años. Y hago este comentario al parecer no pertinente, porque la serie en cuestión es ante todo una reflexión sobre la política y la dirección de los asuntos humanos como especie social, como la sociedad que conformamos. Una sociedad que, en este universo imaginado, se ha extendido por el Sistema Solar y comienza su expansión más allá.

Debemos considerar que toda la historia de la protomolécula no es más que el enorme macguffin que sirve para desarrollar lo que realmente importa en esta serie sobre la expansión de la serie humana en el espacio y en el humano. Que lo que importa realmente es hablar de los desequilibrios del poder, de las desigualdades de la especia humana en el acceso a los recursos, a la riqueza, de la carencia de ética de los políticos, del militarismo como peligro constante para la resolución justa de los asuntos, de la importancia de la diversidad cultural y humana… esos son los temas importantes de la serie. Y Holden (Steven Strait) a bordo de la Rocinante, junto con su conflictiva pero leal tripulación de sanchos más o menos juiciosos, se convierte en el quijote idealista que intenta ofrecer un punto de vista ético, justo y equitativo a las soluciones a la sucesión de crisis que amenazan constantemente a la especie humana. Sin pararse en concesiones a las consecuencias de los actos injustos, que ocasiones millones de víctimas humanas. Y sin maniqueísmos, pues el presunto canalla criminal puede tomar la decisión ética adecuada si se le da la oportunidad, mientras que el respetable político u hombre de negocios, en el fondo, y también muchas veces en la superficie, es y siempre será un desalmado sin escrúpulos. Mención especial a algunos intérpretes de un reparto muy coral como para hacer justicia a todos; Shohreh Aghdashloo en uno de los más complejos e interesantes papeles, la secretaria general de Naciones unidas Avasarala, Thomas Jane en su limitado papel de detective Joe Miller, unos de los impulsores de la acción inicial, y Cara Gee, la cinturiana Camina Drummer, de cuyo personaje no me importaría nada ver un buen spin-off. Muy recomendable. Altamente recomendable. Aunque hay que verla con paciencia y atención para encontrarle la sustancia. Porque, en muchas ocasiones, es un buen guiso que se cuece a fuego lento.

[TV] Cosas de series; la chica de «La Bruja», auténtica robaescenas…

Televisión

Comentaba hace unos días la sorpresa que me di al ver una película coreana en Netflix que había desechado hasta el momento, porque tenía una confusión sobre el género al que pertenecía, e incluso, correctamente encuadrada, no era un tipo de película que habitualmente disfruto. Sin embargo, la película, sin ser una gran maravilla, funcionaba muy bien como entretenimiento. Y buena parte de su mérito radicaba en la idoneidad de su protagonista principal, una joven actriz surcoreana de nombre Kim Da-mi o Kim Dami. Yo creo que habría que escribirlo de la segunda manera, pero se suele ver de la primera. En cualquier caso, recordar que en Corea, como en otros muchos países asiáticos, el apellido, Kim, va delante del nombre propio, Dami. La cuestión es que esta actriz ha trabajado muy poquito todavía, pero siempre con éxito. Y tiene dos series en Netflix que paso a comentar, porque las he visto en las últimas semanas.

El barrio por donde se mueven los protagonistas de la segunda de las series que comento hoy recuerda al Bukchon Hanok, donde abundan las casas de estilo tradicional coreano. Por ello traigo algunas fotografías de ese barrio de Seúl para ilustrar esta entrada.

Itaewon Class 이태원 클라쓰 es una serie distribuida por Netflix fuera de Corea de Sur, lleva el apelativo de «una serie de Netflix», que lleva ya un tiempo en programación, a muchos les alivió el confinamiento por la pandemia de la primavera de 2020. Cuando se estrenó, vi el primer episodio, en el que no aparecía Kim Dami, y no me enganchó. Me parecía la típica serie de tipo pobre y desgraciado (Park Seo Jun) que se enfrenta al ricachón poderoso y sumamente malvado (Yoo Jae-myung)… todo lleno de tópicos… y, no sé… en aquellos tiempos me apetecía algo más ligero. De hecho, parecía que la chica protagonista e interés romántico del chico era otra (Kwon Nara, nombres cogidos de IMDb, obsérvese la falta de homogeneidad en como transcribir el nombre de pila, casi siempre bisílabo; a esta actriz volveré cuando termine una serie que tengo ahora en marcha). Lo dejé… y se me olvidó. Pero con el tiempo me sorprendió la cantidad de buenas referencias que había a la serie, y los premios y reconocimientos que había recibido en su momento. Tras ver la película mencionada de Kim Dami, le di una segunda oportunidad y…

… la serie gana muchísimos enteros cuando entra en escena nuestra protagonista de hoy. Que incluso al principio parece ser un personaje secundario que funciona como una auténtica robaescenas, en las que siempre destaca sobre sus interlocutores, sea el protagonista de la película, sea su rival femenina, la ya mencionada Kwon Nara. Su papel es la de una jovencita influencer en las redes sociales, de buena familia, que asume el papel de gerente en la empresa de ocio y restauración que ponen en marcha el protagonista junto con un par de marginados sociales, para pelear y desbancar al malvado ricachón. Su presencia en pantalla hace que la serie funcione a un nivel superior que cuando no está. La serie, en su conjunto, resulta bastante entretenida. Como casi todas las series coreanas, dieciséis episodios de 70 minutos son excesivos para lo que ha de contar… pero se sostiene bastante bien. Y se nota el interés de tentar a otros mercados, planteando temas de mayor diversidad e integración, con un personaje transexual, interpretado por una mujer, eso sí, y un coreano de piel negra, que nadie reconoce como tal coreano. Sin provocar demasiado al conservador público de su país eso sí. Hay una tensión sexual no resuelta entre el personaje transexual y un compañero de trabajo masculino, no formalmente declarada, y que mantienen dentro de los límites de la amistad… sin atreverse a dar el paso siguiente. Nunca sabré si realmente estaba planteado que Kim Dami fuese la coprotagonista femenina de la serie, o que fuese Kwon Nara, como parecía al principio. Quizá fuese este segundo caso, pero los responsables de la serie, viendo como funcionaban, la adaptaron para dar el protagonismo a la primera. Esa es la sensación que me da en ocasiones. El caso es que funciona. Y la serie es perfectamente visible, sin necesidad de incluirla en el cajón de los placeres inconfesables.

Geu hae urineun 그 해 우리는 (Aquel año, nosotros…), titulada en inglés y castellano respectivamente Our beloved summer o Aquel verano inolvidable es una serie muy reciente también en Netflix. Comedia romántica en la que los protagonistas son dos personas de 28, 29 años, que fueron pareja durante cinco años, desde que terminaron el instituto y hasta que ella cortó cinco años antes de la época actual. Se conocieron en el instituto cuando protagonizaron un documental debido a sus caracteres opuestos, siempre discutiendo. Ambos arrastraban complejos desde la infancia, por pérdidas importantes en su vida. Él, poco ambicioso, tranquilón (Choi Woo-sik), mal estudiante, ha acabado por tener éxito y dinero como dibujante e ilustrador. Ella, muy ambiciosa, nerviosa (Kim Dami), con calificaciones altas, trabaja con intensidad por su salario en un empresa de relaciones públicas. Diez años más tarde, por el éxito del antiguo documental en las redes sociales, un amigo y compañero común, les propone rodar un nuevo documental.

De Kim Dami ya he hablado. Su coprotagonista fue conocido por ser uno de los personajes de la afamada película coreana que triunfó en los Oscar. Y ambos coincidieron en la película a la que me he referido al principio de esta entrada,… donde se hicieron novios. Son pareja en la vida real. Y eso se nota. La serie es una comedia romántica amable, sobre personas que arrastran sus lastres emocionales y tienen que encontrar su rumbo. Todos los personajes, principales o secundarios, arrastran consigo la tristeza de la pérdida o el abandono. Con dificultades. Pero también con buen rollo, en realidad. Son buena gente. Todo el reparto cumple muy bien con su tarea, aunque sea con personajes más o menos estereotipados. Pero que despiertan la empatía del espectador. La gran baza de la serie es la enorme química que hay entre los dos protagonistas. Supongo que el ser pareja en la vida real hace que se sientan cómodos interactuando, y eso se nota. Todavía faltan de emitir dos episodios, para el 14 de febrero, casualmente, pero yo he tenido la oportunidad de verlos ya. Tiene un final muy típico de las comedias románticas coreanas. Muchos piden una segunda temporada. Pero yo lo dejaría como está. Aunque la vería.