[Fotos] Fotografiar con cámaras clásicas y mi pequeña colección Leica

Fotografía, Fotografía personal

Hace ahora aproximadamente 15 años me regalaron un libro, Como coleccionar y usar las Cámaras Clásicas de Ivor Matanle, traducido y editado en España por Omnicon. En aquellos momentos, aunque en Chasseur d’Images veíamos algunas cámaras electrónicas, still video cameras les llamaban, no nos imaginábamos la revolución digital que se iba a producir. Así que, inmersos en la fotografía con película de toda la vida, yo tenía entonces montado en casa un laboratorio para el revelado y ampliado de mis copias, y me planteaba adquirir alguna de aquellas cámaras clásicas tan bonitas que veía en aquel libro.

Y la ocasión llegó en algún momento a finales de los años 90, cuando comenzaron las primeras ferias de material clásico y de ocasión en Huesca, con motivo del certamen de fotografía Huesca Imagen. Las cámara que más atraían mi atención eran las Leicas para película de 35 mm y las Rolleiflex binoculares para formato medio, película de 120/220. Pero valían mucho dinero. Así que opté por una cámara telemétrica de objetivo fijo retráctil, la Contessa de Zeiss Ikon, que además me parecía muy bonita. Y funcionaba. Y muy bien.

Zeiss Ikon Contessa con un objetivo fijo Tessar 45 mm f/2,8, fabricada a principios de los años 50. Era una cámara para aficionados, e incluía un fotómetro. Muy útil.

Zeiss Ikon Contessa con un objetivo fijo Tessar 45 mm f/2,8, fabricada a principios de los años 50. Era una cámara para aficionados, e incluía un fotómetro. Muy útil.

No obstante, uno de los objetos del deseo de todo aficionado a la fotografía son las cámaras Leica. Representantes de un tradición de fotografía documental que ocupó una gran parte del siglo XX, la precisión mecánica de los aparatos, la calidad óptica de sus objetivos, y la belleza funcional de sus líneas han atraído a muchos aficionados a la fotografía. Es cierto que a partir de los años 60 del siglo XX fueron perdiendo terreno rápidamente ante la evolución de las cámaras réflex. Pero son cámaras que perduran y conservan buena parte de su valor con el tiempo, si no lo incrementan. Por supuesto, funcionalmente las más agradecidas son las Leicas de la serie M, cuya estirpe continúa hoy en día en el mundo digital. El pasado sábado, compré un modelo que hace mucho tiempo que me había entrado por el ojo derecho; sólo hacía falta que apareciese el ejemplar adecuado para que acrecentase mi colección modesta de cámaras clásicas. Se trata de una Leica M2.

Leica M2 con el objetivo para montura de rosca Leitz Elmar 5 cm 1:2, con adaptador para bayoneta M.

Leica M2 con el objetivo para montura de rosca Leitz Elmar 5 cm 1:2, con adaptador para bayoneta M.

Auténtico caballo de batalla de los reporteros y de la fotografía documental de finales de los años 50 y en los años 60 del siglo XX, por poner algunos ejemplo diremos que la famosa fotografía del Che Guevara de Alberto Korda que luego se popularizó en tantos y tantos carteles por todo el mundo fue tomada con una M2 y un objetivo Elmar 90 mm f/4. O que recientemente se vendió en subasta la muy baqueteada M2 negra de Inge Morath. Con esta cámara o alguna muy similar probablemente tomó alguna de las fotografías de Marilyn Monroe en el rodaje de The Misfits (Vidas rebeldes). De fondo en la fotografía anterior, podemos ver la portada del libro The Road to Reno, que nos relata fotográficamente el viaje que realizó en coche desde Nueva YorkReno en compañía de Henri Cartier-Bresson para asistir al rodaje de la mencionada película. Ambos fotógrafos utilizaban en aquellos momentos cámaras telemétricas similares a la M2, y la mayor parte de las fotografías del libro seguro que fueron tomadas por alguna de estas cámaras.

Pero mi relación con Leica comenzó mucho antes. A principios de los 2000, en la misma feria de material fotográfico de Huesca, hoy ya desaparecida, compré una Leica CL con su estupendo Summicron-C 40 mm f/2. Que luego completé con un Elmar-C 90 mm f/4. Este último, con un adaptador, lo he utilizado con cierta frecuencia con mis cámaras digitales de sistema Micro Cuatro Tercios.

En otro momento, a través de internet compre la Leica IIIf de la que ya os he hablado, con el Leitz Elmar 5 cm f/2 que se ve montado en la fotografía de la M2. Un aparato realmente bonito, aunque más dificultoso de usar, ya que básicamente era una derivación del diseño de Oscar Barnack de los años 20. La serie M es ergonómicamente mucho más avanzada. Pero si te acostumbras funciona bien. Por aquel entonces compré un objetivo moderno gran angular, el Voigländer Snapshot-Skopar 25 mm f/4, y en unas vacaciones en París, un luminoso Canon-S 50 mm f/2 II. Ambos son de montura de rosca y con o sin adaptador se pueden usar en cualquier de las cámaras Leica que he mencionado.

Llevan la marca Leica aunque son fabricación de Panasonic, dos objetos fotográficos que poseo propios de la fotografía digital. El objetivo Panasonic Leica Macro-Elmarit 45 mm f/2,8 ASPH OIS, para sistema Micro Cuatro Tercios, y la compacta Leica D-Lux 5, pequeña cámara digital que ofrece una buena calidad de imagen. He realizado con ella ampliaciones notables. Pero ya no son material clásico.

Mi colección de chismes con marca Leica, o afines al sistema ante dos libros de usuarios de la marca, Inge Morath y Sebastião Salgado.

Mi colección de chismes con marca Leica, o afines al sistema ante dos libros de usuarios de la marca, Inge Morath y Sebastião Salgado.

Pero como decía, el libro que desencadenó todo esta sucesión de adquisiciones hablaba de coleccionar y usar cámaras clásicas. Y eso es lo que procuro hacer. Usarlas de vez en cuando. De las tres cámaras clásicas, todas ellas se enfocan mediante telémetro de coincidencia. Lo cual es muy fácil de hacer con el generoso y estupendo visor de la M2, relativamente fácil también con el de la CL, y más complicado con el de la IIIf. Muchas veces, especialmente con focales cortas, es más rápido enfocar por zonas, utilizando la escala de profundidades de campo que llevan todos estos objetivos.

Otra cuestión es la medición de la luz. La CL lleva un fotómetro bastante fiable, pero delicado de usar por manos inexpertas, porque es un fotómetro que mide selectivamente una zona de la imagen. Así que como no sepas donde apuntas, te puede salir cualquier cosa. Si sabes lo que haces,… yo he hecho una par de vacaciones con diapositivas, que tenían una escasa latitud de exposición y no perdonaban los errores de exposición, y tuve que tirar pocas por estar mal expuestas. Con las otras, o te buscas un exposímetro de mano, o aprendes a estimar la exposición adecuada. En exteriores, la latitud de exposición de la película fotográfica permite esto. En interiores, con condiciones de luz más diversas, puede ser más delicado.

Por lo demás, la mejor forma de aprende es haciendo, usando las cámaras. Y eso es lo que procuro hacer. Os dejo con algunas fotos tomadas en la Cincomarzada con la M2, el Leitz Elmar 5 cm f/2, y un carrete de película para negativos en blanco y negro Ilford XP2 Super.

Paseando por el Tubo de Zaragoza, después de la lluvia.

Paseando por el Tubo de Zaragoza, después de la lluvia.

Grupos de amigos se reunen en la calle Don Jaime para pasar el día de fiesta.

Grupos de amigos se reunen en la calle Don Jaime para pasar el día de fiesta.

El caballito del minutero, un monumento zaragozano con sabor fotográfico.

El caballito del minutero, un monumento zaragozano con sabor fotográfico.

Vistas del Pilar desde el puente de Piedra.

Vistas del Pilar desde el puente de Piedra.

El Ebro desbordándose ligeramente bajo el puente de Piedra.

El Ebro desbordándose ligeramente bajo el puente de Piedra.

La Cincomarzada siempre ha tenido un carácter reivindicativo por parte de las asociaciones ciudadanas.

La Cincomarzada siempre ha tenido un carácter reivindicativo por parte de las asociaciones ciudadanas.

La fiesta amenizada por el jazz de la Dubadú Band.

La fiesta amenizada por el jazz de la Dubadú Band.