Nos vamos a pasear por los montes. En tren de vapor.

Carlos Carreter
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Nos vamos a pasear por los montes. En tren de vapor.

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Antes de cenar. Berlín cada vez es más ruidosa.

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… sí, esas Baccara… Yes sir, I can boogie…

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Como ya suponía, no he podido mantener el ritmo de comentar un volumen de la saga Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin cada semana. Me costaba algo más de una semana leer cada volumen, y el último de los publicados hasta la fecha es especialmente largo y denso. Así que casi dos semanas después de comentar el volumen cuarto, aquí estoy con las impresiones que me ha producido este último. Es muy posible que dentro de unos días haga un comentario sobre la marcha de la serie en su conjunto. Que me parece que tiene para mucho que decir. Espero no merecer las iras de los incondicionales de la saga, porque no todo me parece tan estupendo como lo pintan. Y algo de eso se verá en el comentario de este quinto volumen.
Juego de tronos – Canción de hielo y fuego/IV
George R.R. Martín; traducción de Cristina Macía
Editorial Gigamesh

En la primera entrada dedicada a la saga de «Canción de hielo y fuego», no podía dejar de pensar entre las similitudes entre el norte de la Gran Bretaña e Invernalia (Westeros). Pero muchos otros parecidos han ido surgiendo. Por ejemplo, el Bósforo junto con los estrechos de los Dardanelos podría ser equivalentes a los estrechos que unen el Golfo de las Penas con la Bahía de los Esclavos.
Como ya comentaba en la reseña de Festín de cuervos, en este volumen cogemos la acción donde termina el tercero de los volúmenes de la saga, Tormenta de espadas. Si en el volumen cuarto, seguíamos la acción en el ámbito de los antiguos siete reinos de Poniente (Westeros), en esta ocasión nos vamos a mover por terrenos más periféricos, y sobre todo fuera del continente occidental. En este volumen vamos a conocer lugares de los que hasta el momento sólo habíamos oído hablar. Desde luego, volveremos a seguir las andanzas de Danaerys Targaryen en la Bahía de los Esclavos. Pero conoceremos también algo del paisaje de Pentos y Volantis, o navegaremos por el Rhoyne o por los mares de la antigua Valyria. Y conoceremos con detalle los problemas de la vida y la gestión del Muro, y las dificultades para llevar a cabo una campaña militar en el Norte. Hacia la mitad del volumen, o algo más allá de la mitad, volveremos a ir rescatando algunas de las líneas argumentales que seguimos en el volumen cuarto, no todas, y volverán a reunirse las líneas temporales a la espera de la sexta entrega de la saga.
Como veis, no soy especialmente detallista en las cuestiones argumentales, para evitar destripar el argumento a quienes quieran leer los libros, o a quienes esperan su desarrollo televisivo. Ninguno de los acontecimientos que se narran en este quinto volumen se han visto en las tres temporadas de la serie de televisión, salvo quizá alguna de las partes que afectan a Theon Greyjoy. En la serie, sus desventuras son narradas de forma simultánea a otros acontecimientos, mientras que en los libros, lo habíamos perdido de vista allá por el segundo volumen (o a principios del tercero, no lo recuerdo bien), y en este quinto se nos resume en flashback lo que acontece con este personaje.
Pero ¿cuál es mi sensación global? Pues que la acción se ha dispersado tanto, que tengo la sensación de que hay líneas argumentales aparentemente muertas o intrascendentes. Veremos cómo en un futuro consigue Martin que toda la información que nos ha suministrado esté justificada. Cuando empecé a leer la saga era reticente. Me encuentro más a gusto con los autores que optan por una cierta economía de elementos narrativos. Todo debe ser importante. Las descripciones superfluas, los elementos narrativos que no llevan a ninguna parte, los personajes prescindibles que no aportan nada… Supongo que estoy deformado por mi afición al cine, cuyo lenguaje obliga a esta economía para encajar historias más o menos complejas en 120 minutos de duración. Pero en cualquier caso, son valores que también me parece que son importantes en literatura. Y en este quinto volumen de la saga, las dudas me han entrado sobre la necesidad de tanta página escrita y tanto personaje, muchos de los cuales me aportan poco a la narración. Pero probablemente dentro de unos días haré una entrada que resuma mi parece sobre el conjunto hasta la fecha, e intentaré explicarme mejor. Como resumen, este quinto volumen me parece el menos conseguido de la serie hasta el momento.
Comentaba ayer que durante el fin de semana que pasé con unos amigos en Martín del Río, en la provincia de Teruel, habíamos dado un paseo para bajar la cena y, de paso, ver algunas perseidas. Y publicaba una fotografía de lo que podía ser una de ellas en una exposición de tres minutos con un angular de 24 mm en dirección hacia la constelación de Perseus. Durante el día he recibido algunos mensajes, alguno apoyando la tesis de que realmente se trataba de un meteorito y algunos con la otra posibilidad que planteaba ayer. Que se tratase de un origen artificial, algún vehículo humano. En estos momentos, parece que lo probable es que se trate de esto último. Pongo un recorte de la fotografía de ayer.

Estela de lo que posiblemente no fue una perseida, sino la trayectoria de un vehículo de origen humano.
Hay que tener en cuenta que no planifiqué estas tomas. Llevaba una cámara muy competente, una Canon EOS 5D Mk. II, pero con unos objetivos generalistas, con un trípode no excesivamente bueno, que llevo por si acaso en el maletero del coche, y sin cable disparador. Lo cual quiere decir que para mantener las exposiciones prolongadas, hay que estar con el dedo apoyado en el botón disparador. Una cutredad. Pero es lo que había.
No obstante, he estado revisando el resto de las fotografías. Yo sabía que en algunas de las imágenes, algunas con exposiciones de tres minutos, habíamos visto caer algún meteorito en el campo de visión del objetivo. Por lo que no hay que desdeñar que fueran demasiado débiles para que se vean con claridad en la foto, lo cual apoyaría el origen artificial de la trayectoria de la foto anterior. Hay que decir también que aunque no había luna, la contaminación lumínica era mayor de la que nos parecía. Claro, muchísimo menor de lo que estamos acostumbrados en la ciudad. Pero veamos una de las fotografías obtenidas apuntando a Perseus.

Fotografía tomada con una exposición de 3 minutos con una focal de 24 mm, apuntando hacia Perseus.
Pero si hacemos un recorte justo donde está la constelación de Perseus, encontramos una debil trayectoria de lo que sí tiene toda la pinta de ser un meteorito de la familia de las Perseidas. Es muy débil pero se ve.

Recorte de la fotografía anterior en la que podemos ver en el ángulo superior izquierdo la débil traza de un meteorito.
Como durante unos minutos, a simple vista vimos varios meteoritos en la región de la Osa Mayor, apunté con la cámara hacia esa región del espacio. Durante los tres minutos que duró la exposición, vimos un meteorito que seguro que estaba en el campo de visión del 24 mm. Pero aparentemente no se impresionó en el sensor de la cámara. ¿O sí? Todo es cuestión de mirar con cuidado, y tratar con cariño la imagen en el Lightroom. Veamos un fuerte recorte de la imagen en cuestión.

Débil trazo de un meteorito por debajo de la Osa Mayor, apenas visible en el centro de la imagen. Las débiles líneas que recorren la parte superior de izquierda a derecha son líneas de alta tensión.
Realmente, el «oficio» de fotografía de meteoritos, y otros aspectos de la fotografía astronómica. Hay que cuidar la elección de la localización, el equipo, y una cuidadosa planificación, con el fin de controlar todas las variables que afectan a la toma fotográfica. No hay buenos resultados en fotografía, y menos en astrofotografía, sin trabajo y dedicación. La casualidad puede dar algún resultado, pero… difícil. Si alguien, que se maneje con el inglés, quiere saber algo sobre el tema, puede ver lo que nos cuenta David Kingham.
Hablando de otra cosa. Cuando era jovencito, al final de la mejor de las películas de la saga de Star Wars, me refiero a esa maravilla que es The Empire Strikes Back (El imperio contraataca), estupenda película de aventuras cuyo guion firmó Leigh Brackett, lo que en mi opinión marcó la diferencia, aparecía una maravillosa imagen de los protagonistas observando el esplendor de la galaxia desde una nave espacial situada fuera de ella. Lo que daría yo por poder experimentar una visión similar en directo. Aun a riesgo de hacer enfadar a los dueños de los derechos del fotograma, lo reproduzco aquí de modo ilustrativo.

Emblemático plano final de The Empire Strikes Back.
Pues bien. Eso es imposible. Por enormes que sean las galaxias, para verlas en su totalidad hay que ponerse muy lejos, y la intensidad de su luz llega muy desvanecida. Si brillasen tanto como para que ese fotograma fuese real, el propio centro de nuestra galaxia, que podemos ver sobre nuestras cabezas en esa estela lechosa que llamamos Vía Láctea, sería tan luminoso que no habría noches. Siempre habría abundancia de luz sobre nuestras cabezas. Y vamos a ver en realidad como aparece ese galaxia nuestra en la realidad, que está mucho más cerca de nosotros que la galaxia de ficción respecto a los protagonistas de la película.

El centro de nuestra galaxia tras 30 segundos de exposición a 1250 ISO y f/2,8. Un espectáculo magnífico, pero nada que ver con la ficción galáctica.
Las maravillosas imágenes de galaxias extremadamente luminosas que nos ofrecen los astrónomos se consiguen con exposiciones larguísimas o con acúmulos de muchísimas exposiciones superpuestas, para recolectar pacientemente los escasos y cansados fotones que llegan hasta nosotros o los dispositivos que hemos colocado en órbita de nuestro planeta. Veamos por ejemplo la Galaxia Andrómeda (M31) en una fotografía que podemos encontrar en Wikipedia.

Messier 31, Galaxia Espiral Andromeda, 2006, Autor Boris Štromar
Pues bien. Fijaos bien. La galaxia de la fotografía anterior, la más cercana a la Vía Láctea a sólo 2 millones de años-luz de distancia, tiene un diámetro aparente en el cielo terrestre mayor al de la luna. Sin embargo, habitualmente no podemos verlo. Aunque se coló en una de las fotografías que tomé hace dos noches, y la podemos ver débilmente en un recorte de la misma.

En el cuadrante superior derecha, como una «nebulosa», así se les llamaron al principio, la galaxia Andrómeda (Messier 31, M31).
Lo que me ha dado de sí unas pocas fotos del cielo tomadas de forma un poco chapucera durante un paseo en una noche de verano. Lo que podría ser con trabajo y planificación.