Hoy hemos llegado hasta Madrid donde me quedo a pasar un día. Pero nos ha dado tiempo a un paseo romano en la escala en Fiumicino.



Hoy hemos llegado hasta Madrid donde me quedo a pasar un día. Pero nos ha dado tiempo a un paseo romano en la escala en Fiumicino.



Ultima tarde a orillas del Adriático, lamentablemente con nubes.



Recorriendo el barroco en la capital del tacón de la bota.



Tarde en el puerto y el centro histórico de la ciudad.



I trulli, patrimonio mundial UNESCO.



Un pequeño centro histórico y la costa del Adriático.



Fundamentalmente, recorriendo el casco histórico



Corta estancia en Apulia, con base en Bari, empezando hoy.



En los meses menos calurosos del año, cuando salgo de trabajar, entre las tres y las cuatro de la tarde, me gusta caminar. A veces mientras hago compras a unas horas de poca afluencias en los comercios. Otras por el simple placer de hacer ejercicio. Caminando a buen ritmo. Son meses en los que no hace calor, y es agradable hacerlo a esas horas. Cuando llegue el final de la primavera y el verano… la cosa ya no será tan agradable.


Y como siempre que salgo a caminar, llevo siempre una cámara conmigo. Muchas veces una compacta que no me ocupa mucho espacio, ni me suponga mucho peso. De ahí proceden muchos de mis pasajes urbanos que se ven con frecuencia en estas págians, como los de hoy. Para los detalles técnicos, como de costumbre, me extiendo en otras páginas. Visitad el enlace Ciudad, buen tiempo, película de grano fino – Olympus Trip 35 con Rollei Ortho 25 Plus.


Deep water (2022; 22/20220330)
Adelanto ya que me arrepiento mucho de haber decidido ver este thriller «erótico» de Adrian Lyne. Un director que tuvo su momento de gloria en este género con una serie de películas que tuvieron un notable impacto en taquilla, y que se hicieron muy populares en los años 80 y 90 del siglo XX. Aunque pocas de ellas me convencieron realmente. E incluso alguna que me gustó en su momento, con el tiempo, la perspectiva y la experiencia, ahora la percibo de forma mucho menos favorable. Vamos… que no lo tenía muy claro…

Pero la película está libremente disponible en Amazon Prime Video, y se han leído comentarios en los medios que abrían una cierta esperanza a que la cosa no estuviese mal. Así que tranquilamente en casa, después de cenar, un miércoles me dispuse a ver esta adaptación de una novela del mismo título de Patricia Highsmith. Y nos encontramos ante un matrimonio en el que la mujer (Ana de Armas) toma esporádicamente amantes diversos, de forma tolerada por el marido (Ben Affleck), a pesar de que ambos dicen quererse mutuamente. La descripción de la situación en la sinopsis de la novela de Highsmith parece… «menos cariñosa». El caso es que uno de los amantes desapareció o falleció en un pasado, y el actual, tras una discusión con el marido en una fiesta… aparece ahogado. Y a partir de ahí podéis imaginar. Especialmente si hay un periodista (Tracy Letts) mosqueado con el asunto.

Lo malo de esta película no es que Affleck sea un actor mediocre que sólo de vez en cuando nos ofrece una interpretación interesante. Tampoco que intente explotar los encantos de de Armas, más que el talento interpretativo que ya ha manifestado anteriormente. Lo malo es que la película es inane. Vacía. Sin mucho recorrido. Hasta cierto punto previsible. Sin que sientas especiales emociones. Ni empatizas con los protagonistas o su supuestas víctimas, ni sientes una especial emoción erótica en las escenas teóricamente pensadas para ello, ni hay sensación de suspense… nada.
De verdad. Aunque la tengáis «gratis» porque tengáis la suscripción a Amazon Prime Video… no malgastéis vuestro tiempo. Seguro que hay cosas más interesantes que ver.

Probablemente la fotografía instantánea no parece el medio más adecuado para la fotografía de naturaleza. ¿O es un medio más? En cualquier caso tienes que conocer las fortalezas y debilidades del medio para sacarle algún partido.




Eso es lo que he estado haciendo últimamente, revisando las fortalezas y debilidades de la Fujifilm Instax SQ6. Incluso para dedicarla a algo tan complicado como las bulbosas del Parque Grande de Zaragoza. Los detalles técnicos en Afinando mis Instax – Fujifilm Instax SQ6.




Últimamente me cuesta más aguantar los períodos entre vacaciones. Y no me canso de trabajar; mi trabajo me gusta. Pero no me gusta mi empresa ni su cultura imperante. Y no me gustan algunas gentes que en ella están y con las que no me queda más remedio que relacionarme. Y acabo agotado los viernes. Y cada viernes que pasa, acumulo cansancio… que no libero hasta que llegan algunas vacaciones. A ser posible con viaje incluido. Como dentro de poco… A ver si limpio un poco la mente. Esto me ha llevado a ver más fotos últimamente, porque para hacer fotos, antes hay que ver fotos. Para tener referentes. Luigi Ghirri ha sido un referente necesario, dado el lugar donde vamos a viajar.
En los últimos tiempos he registrado dos obituarios de fotógrafos. Uno de un fotógrafo de modas de sobra conocido, Patrick Demarchelier. El otro, a través del perfil de Instagram de Revela-t, no lo conocía. Pero las fotocomposiciones de Jerry Uelsman, realizadas en el cuarto oscuro, sin photoshops o similares, me han parecido impresionantes. Ambos fotógrafos son recomendables.

Hace ya casi tres años que visitamos por última vez China y Japón. En aquel 2019, antes de este enojoso apocalipsis que no acaba de ser, como no lo ha sido ninguna pandemia que en el mundo ha sido se pongan como se pongan prensa, políticos y demás histéricos irracionales, que la sinrazón es la peor receta para afrontar estos eventos ecológicos, sí, esto también es ecología,… desvarío… en aquel 2019 estábamos convencidos que a estas alturas de 2022 habríamos vuelto a visitar China y estaríamos pensando ya en volver al País del Sol Naciente. Ni lo hemos hecho… ni nos lo podemos plantear todavía. Los nipones tienen su país cerrado al turismo de forma indefinida. Y China, que tanto se pavonea por su «éxito» frente a la pandemia… prácticamente tiene declarada en estos momentos en Shanghái y otras ciudades la ley marcial por los brotes que están surgiendo. Los «éxitos» de los países totalitarios son así… El caso es que nos siguen interesando esas culturas. Por ejemplo, el trabajo de la fotógrafa Wang Lu, expatriada china en Tokio, donde se fue a estudiar hace cinco años, y donde ha reflexionado con su trabajo artístico sobre las vicisitudes de la adaptación a un país tan influido por el suyo, como extraño al mismo tiempo.
Y más al oriente todavía… ¿o quizá deba decir «yéndonos al extremo occidental del mundo»?… se encuentran las islas Diomedes, dos remotas islas en el estrecho de Bering, muy próximas una de otra, pero muy separadas al mismo tiempo. Una pertenece a Rusia, la otra a Estados Unidos. La rusa, la Gran Diomedes, fue convertida por el régimen soviético en base militar; la otra, la americana, aloja a un puñado de nativos viviendo de la pesca, y con un futuro incierto. Y entre ambas, la línea del cambio de día. A pesar de su cercanía, entre ambas hay una diferencia horaria de 23 horas… Y allí se fue Juan Herrero (instagram), fotógrafo español establecido en Estados Unidos, para hacer un reportaje sobre la vida de las gentes de la Pequeña Diomedes.

Como es tristemente natural, cada vez tenemos más «bombardeo de imágenes» sobre los bombardeos criminales de los rusos en Ucrania, y otros desmanes. Algunos de estos actos son denominados «crímenes de guerra». Como si todos y cada uno de los actos de quien desencadena una guerra no fueran un crimen en sí mismo. Como si hubiera actos de guerra no criminales. Ese es uno de los problemas que evitan que no haya guerras. Que la mayor parte de la humanidad justifica un tipo u otro de guerra. Cuando luego sucede que TODOS los ejércitos en guerra, «buenos» o «malos», asesinan a gente inocente, violan mujeres, saquean, destruyen y deshumanizan. TODOS. Unos más, «los malos», y otros menos, «los buenos». Pero TODOS LOS EJÉRCITOS lo han hecho, lo hacen o lo harán si entran en acción. Me quedo de todos los reportajes con uno muy ferroviario. El francés Rafael Yaghobzadeh ha apuntado su mirada hacia las estaciones ferroviarias y hacia los trenes en las noches ucranianas, y hacia las gentes que allí se instalan para coger los primeros trenes que por la mañana les alejen de las bombas, de los asesinatos y de las violaciones.
Y termino con un tema más ligero. El selfi. Algo que es muy ridiculizado por muchos fotógrafos, profesionales o aficionados. La proliferación del autorretrato debida a la omnipresencia del teléfono móvil con cámara incorporada ha hecho de este acto fotográfico un acto banal. Generalmente se asocia a la vanidad, o al deseo de dejar constancia que se está en el mundo en ese momento; muchas veces imitando a los «famosos» o declarando que uno está en un lugar «interesante», donde «hay que estar. Vanitas vanitatum et omnia vanitas. Pero como nos recuerdan en Lenscratch, el autorretrato no es cosa de hoy. Es de ayer. Y de antes de ayer. Y si no era masivo era porque era difícil, caro, complejo o no accesible. Pero que la gente de hoy no es en esencia diferente, ni mejor ni peor que la de antaño. Ni más vanidosos, ni menos. Ni más envidiosos, ni menos. Ni más deseos de sus 15 «segundos» de fama (no creo que dé para más), ni menos. Y que después de todo, también hay autorretratos que son significativos. Si no para todos, sí para algunos. O al menos para quien decide mirarse a sí mismo.
